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"comido" poems
Libro, cuando te cierro abro la vida. Escucho entrecortados gritos en los puerros. Los lingotes del cobre cruzan los arenales, bajan a Tocopilla. Es de noche. Entre las islas nuestro océano palpita con sus peces, Toca los pies, los muslos, las costillas calcáreas de mi patria. Toda la noche pega en sus orilla; y con la luz del día amanece cantando como si despertara una guitarra. A mí me llama el golpe del océano. A mí me llama el viento, y Rodríguez me llama, José Antonio, recibí un telegrama del sindicato «Mina» y ella, la que yo amo (no les diré su nombre), me espera en Bucalemu. Libro, tú no has podido empapelarme, no me llenaste de tipografía, de impresiones celestes, no pudiste encuadernar mis ojos, salgo de ti a poblar las arboledas con la ronca familia de mi canto, a trabajar metales encendidos o a comer carne asada junto al fuego en los montes. Amo los libros exploradores, libros con bosque o nieve, profundidad o cielo, pero odio el libro araña en donde el pensamiento fue disponiendo alambre venenoso para que allí se enrede la juvenil y circundante mosca. Libro, déjame libre. Yo no quiero ir vestido de volumen, yo no vengo de un tomo, mis poemas no han comido poemas, devoran apasionados acontecimientos, se nutren de intemperie, extraen alimento de la tierra y los hombres. Libro, déjame andar por los caminos con polvo en los zapatos y sin mitología; vuelve a tu biblioteca, yo me voy por las calles. He aprendido la vida de la vida, el amor lo aprendí de un solo beso, y no pude enseñar a nadie nada sino lo que he vivido, cuanto tuve en común con otros hombres, cuanto luché con ellos: cuanto expresé de todos en mi canto.
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Oda al libro (1)
Libro, cuando te cierro abro la vida. Escucho entrecortados gritos en los puerros. Los lingotes del cobre cruzan los arenales, bajan a Tocopilla. Es de noche. Entre las islas nuestro océano palpita con sus peces, Toca los pies, los muslos, las costillas calcáreas de mi patria. Toda la noche pega en sus orilla; y con la luz del día amanece cantando como si despertara una guitarra. A mí me llama el golpe del océano. A mí me llama el viento, y Rodríguez me llama, José Antonio, recibí un telegrama del sindicato «Mina» y ella, la que yo amo (no les diré su nombre), me espera en Bucalemu. Libro, tú no has podido empapelarme, no me llenaste de tipografía, de impresiones celestes, no pudiste encuadernar mis ojos, salgo de ti a poblar las arboledas con la ronca familia de mi canto, a trabajar metales encendidos o a comer carne asada junto al fuego en los montes. Amo los libros exploradores, libros con bosque o nieve, profundidad o cielo, pero odio el libro araña en donde el pensamiento fue disponiendo alambre venenoso para que allí se enrede la juvenil y circundante mosca. Libro, déjame libre. Yo no quiero ir vestido de volumen, yo no vengo de un tomo, mis poemas no han comido poemas, devoran apasionados acontecimientos, se nutren de intemperie, extraen alimento de la tierra y los hombres. Libro, déjame andar por los caminos con polvo en los zapatos y sin mitología; vuelve a tu biblioteca, yo me voy por las calles. He aprendido la vida de la vida, el amor lo aprendí de un solo beso, y no pude enseñar a nadie nada sino lo que he vivido, cuanto tuve en común con otros hombres, cuanto luché con ellos: cuanto expresé de todos en mi canto.
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Tuas parcas impressões não me comovem Irrito-me a cada interrupção gentil que tu fazes e Devoro a mim mesmo em lúgubre fome, A lamentar o que de bom poderia ter feito Se e se Mas Às três da tarde Apodreço numa cadeira áspera Quase tão fétido quanto a fruta do vômito Passada do ponto de colheita Às cinco da tarde Eu já sou molho estragado Setenta por cento aglomerado literal de leucócitos degenerados Pus integral Ao cair do sol, Sou um alface hidropônico Pronto para ser vendido, lavado e comido por ti Interruptor imbecil. Voltar-me-ei ao mar Ao esgoto Num estado de paz surda A solidão é um inspirar sufocado Sufoca Oxida as ideias É tortura comodamente induzida Se hoje fervilho, é sorte Pura boa-aventurança; Pois do profundo cócito Fui e voltei E cá estou Inteiro Longe dos dentes de Deus.
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Sep 28, 2014
Sep 28, 2014 at 5:16 AM UTC
Motivos empáticos
La gaviota sobre el pinar. (La mar resuena.) Se acerca el sueño. Dormirás, soñarás, aunque no lo quieras. La gaviota sobre el pinar goteado todo de estrellas.Duerme. Ya tienes en tus manos el azul de la noche inmensa. No hay más que sombra. Arriba, luna. Peter Pan por las alamedas. Sobre ciervos de lomo verde la niña ciega. Ya tú eres hombre, ya te duermes, mi amigo, ea...Duerme, mi amigo. Vuela un cuervo sobre la luna, y la degüella. La mar está cerca de ti, muerde tus piernas. No es verdad que tú seas hombre; eres un niño que no sueña. No es verdad que tú hayas sufrido: son cuentos tristes que te cuentan. Duerme. La sombra toda es tuya, mi amigo, ea...Eres un niño que está serio. Perdió la risa y no la encuentra. Será que habrá caído al mar, la habrá comido una ballena. Duerme, mi amigo, que te acunen campanillas y panderetas, flautas de caña de son vago amanecidas en la niebla.No es verdad que te pese el alma. El alma es aire y humo y seda. La noche es vasta. Tiene espacios para volar por donde quieras, para llegar al alba y ver las aguas frías que despiertan, las rocas grises, como el casco que tú llevabas a la guerra. La noche es amplia, duerme, amigo, mi amigo, ea...La noche es bella, está desnuda, no tiene límites ni rejas. No es verdad que tú hayas sufrido, son cuentos tristes que te cuentan. Tú eres un niño que está triste, eres un niño que no sueña. Y la gaviota está esperando para venir cuando te duermas. Duerme, ya tienes en tus manos el azul de la noche inmensa. Duerme, mi amigo...                                       Ya se duerme mi amigo, ea...
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Canción de cuna para dormir a un preso
La gaviota sobre el pinar. (La mar resuena.) Se acerca el sueño. Dormirás, soñarás, aunque no lo quieras. La gaviota sobre el pinar goteado todo de estrellas.Duerme. Ya tienes en tus manos el azul de la noche inmensa. No hay más que sombra. Arriba, luna. Peter Pan por las alamedas. Sobre ciervos de lomo verde la niña ciega. Ya tú eres hombre, ya te duermes, mi amigo, ea...Duerme, mi amigo. Vuela un cuervo sobre la luna, y la degüella. La mar está cerca de ti, muerde tus piernas. No es verdad que tú seas hombre; eres un niño que no sueña. No es verdad que tú hayas sufrido: son cuentos tristes que te cuentan. Duerme. La sombra toda es tuya, mi amigo, ea...Eres un niño que está serio. Perdió la risa y no la encuentra. Será que habrá caído al mar, la habrá comido una ballena. Duerme, mi amigo, que te acunen campanillas y panderetas, flautas de caña de son vago amanecidas en la niebla.No es verdad que te pese el alma. El alma es aire y humo y seda. La noche es vasta. Tiene espacios para volar por donde quieras, para llegar al alba y ver las aguas frías que despiertan, las rocas grises, como el casco que tú llevabas a la guerra. La noche es amplia, duerme, amigo, mi amigo, ea...La noche es bella, está desnuda, no tiene límites ni rejas. No es verdad que tú hayas sufrido, son cuentos tristes que te cuentan. Tú eres un niño que está triste, eres un niño que no sueña. Y la gaviota está esperando para venir cuando te duermas. Duerme, ya tienes en tus manos el azul de la noche inmensa. Duerme, mi amigo...                                       Ya se duerme mi amigo, ea...
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Y porque te llaman viralata? Te gusta virar latas? Me pregunto si es porque tu tienes hambre? Claro que si. busca algo de comer porque no has comido en dias. Ven aqui, viralata te gualde una comida cocinada ha tu gusto. Lo quieres viralata? No? Prefieres comer de la basura viralata? Pues, bien provecho viralata. Que disfrute!
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Apr 28, 2013
Apr 28, 2013 at 7:51 PM UTC
Viralata
cuando arthur donovan vino del sur hizo una parva con sus maldades resentimientos tristezas les prendió fuego en el crepúsculo para espantar a los mosquitos de paso quedó solísimo apoyado en bellezas "y qué va a hacer" decía arthur donovan con luz o suavidad o dulzura pechonas contando su poquito "y qué va a hacer" decía pero una mirada que le dieron como amparo o amor le sostenía el esqueleto en esa mirada arthur donovan estaba parado y hacía señales contra el mundo "ah mirada" decía arthur donovan el entendido en sombras "solos estamos por aquí" decía y ya la noche le rebajaba el sufrimiento a pájaros a tierra mojada respirando cuando arthur donovan murió sacó una mano afuera extendiéndola como quien pide lluvia o nido o no tanta soledá olvido si no hay caso cómo llovió sobre esa mano no hubo gente que no llorara por allí pero ni hojita le creció al puro hueso comido por el aire "y qué va a hacer" decía arthur donovan mientras el viento lo limpiaba y él levantaba su mirada famosa como calor desobediente a la suerte fatal
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Lamento por la mano de arthur donovan
Yo, señor, soy acontista. Mi profesión es hacer disparos al aire. Todavía no habré descendido la primera nube. 1 Mas, la delicia está en curvar el arco y en suponer la flecha donde la clava el ojo. 2                     Yo, señor, soy acontista. ¡Azores y neblíes, gerifaltes, tagres, sacres, alcotanes, halcones acudid a la voz del acontista! y enderecemos nuestras garras a la conquista de las nubes, volubles como los corazones... 3 y -cual los corazones- inmutables.                     Yo, señor, soy acontista. También he sido juglar en los mesones. Revendedor de bulas. Tañedor de laúd. Y tragador de fuego y engullidor de sables. Y bufón en las ferias. Damas de los castillos a catar diéronme frutos de acendrada virtud: ¡noches de bendición! Otras noches fueron bien miserables.                     Yo, señor, soy acontista. También me he entretenido en cosas serias: conocí al asno de Buridán 4 y al propio Buridán, que estuvo en la Tour de Nesle 5 (alguna vez fui con él, pero me devolví de la poterna) y vi ahorcar en Montfaucon 6 a Messire Enguerrand de Marigny. Poco en letras leí... 7 mas sí he bebido buenos vinos, paladeado vianda tierna, y comido del mejor pan.                     Yo, señor, soy acontista. Mi profesión es hacer disparos al aire. ¿Todavía no habré descendido la primera nube? 8 También soy jugador de dados y tengo mis ribetes de asesino. Presumo haber -en lontana ocasión- hurtádome los vasos sagrados 9 de ya no sé qué iglesia, abadía o convento. (Creo que han sido mías varias esposas de Jesús, cuyos votos de castidad y su amor al esposo divino fueron plumas al viento y golondrinas migratorias que soltaron su vuelo desde la Cruz...) ¡Azores y neblíes, gerifaltes, tagres, sacres, alfaneques, halcones: acudid a la voz del acontista! Y enderecemos nuestras garras y nuestros picos a la conquista de las nubes volubles como los corazones... 10 y -cual los corazones- siempre iguales.                     Yo, señor, soy acontista. También resulto un poco lento y un mucho largo en las mis relaciones... Juzgo que hay caso de fantasía en mi rapsodia: pero ni yo soy Tácito, ni aquestos son Anales... ¡Tampoco he de cantar la palinodia ni de irrumpir en monótonos trenos!                     Yo, señor, soy acontista. Nada más. Nada menos. Y tengo sueño y tengo sed, señor. ¡Salud! ¡Y abur! señor, ¡abur! Y hasta otra vista.
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Relato de guillaume de lorges
Yo, señor, soy acontista. Mi profesión es hacer disparos al aire. Todavía no habré descendido la primera nube. 1 Mas, la delicia está en curvar el arco y en suponer la flecha donde la clava el ojo. 2                     Yo, señor, soy acontista. ¡Azores y neblíes, gerifaltes, tagres, sacres, alcotanes, halcones acudid a la voz del acontista! y enderecemos nuestras garras a la conquista de las nubes, volubles como los corazones... 3 y -cual los corazones- inmutables.                     Yo, señor, soy acontista. También he sido juglar en los mesones. Revendedor de bulas. Tañedor de laúd. Y tragador de fuego y engullidor de sables. Y bufón en las ferias. Damas de los castillos a catar diéronme frutos de acendrada virtud: ¡noches de bendición! Otras noches fueron bien miserables.                     Yo, señor, soy acontista. También me he entretenido en cosas serias: conocí al asno de Buridán 4 y al propio Buridán, que estuvo en la Tour de Nesle 5 (alguna vez fui con él, pero me devolví de la poterna) y vi ahorcar en Montfaucon 6 a Messire Enguerrand de Marigny. Poco en letras leí... 7 mas sí he bebido buenos vinos, paladeado vianda tierna, y comido del mejor pan.                     Yo, señor, soy acontista. Mi profesión es hacer disparos al aire. ¿Todavía no habré descendido la primera nube? 8 También soy jugador de dados y tengo mis ribetes de asesino. Presumo haber -en lontana ocasión- hurtádome los vasos sagrados 9 de ya no sé qué iglesia, abadía o convento. (Creo que han sido mías varias esposas de Jesús, cuyos votos de castidad y su amor al esposo divino fueron plumas al viento y golondrinas migratorias que soltaron su vuelo desde la Cruz...) ¡Azores y neblíes, gerifaltes, tagres, sacres, alfaneques, halcones: acudid a la voz del acontista! Y enderecemos nuestras garras y nuestros picos a la conquista de las nubes volubles como los corazones... 10 y -cual los corazones- siempre iguales.                     Yo, señor, soy acontista. También resulto un poco lento y un mucho largo en las mis relaciones... Juzgo que hay caso de fantasía en mi rapsodia: pero ni yo soy Tácito, ni aquestos son Anales... ¡Tampoco he de cantar la palinodia ni de irrumpir en monótonos trenos!                     Yo, señor, soy acontista. Nada más. Nada menos. Y tengo sueño y tengo sed, señor. ¡Salud! ¡Y abur! señor, ¡abur! Y hasta otra vista.
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El bien de este diablo, se mantubo en un original plan, el de masturbarse y comer al mismo tiempo. Tubiera que decirle que la marea, ya no era navegable y el aire se movia en absoluta, idiomas y plumas. Acelerando una mano al escribir se mueve con dedos cargando, algo inesperado y insuficiente. En el lugar cualquiera y el negocio de hablar, de manera obsesiva. Era ya la noche y el calido placer de otra manera, el absoluto, se escapa. La idea de la pesa de metal obsesiva la otra mano al caminar, era bombola de otro lado aca. El retorcijon era merecido y aplastado, en involucramiento.
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May 5, 2015
May 5, 2015 at 4:30 PM UTC
Bien Comido
hemos comido hemos bebido hemos hecho el amor como es debido ¿te puedo hablar oh cuerpo que abrigaste mis furias? hemos andado toda la noche y gemido y gozado y creído en la vida pero mejor callar ahora hay sol y eso es bueno o llueve y es mejor y cantan todos los pajaritos del mundo o todos los pajaritos que nacen vuelan y mueren entre nosotros dos entre nosotros dos
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Hemos comido...
hasta mañana/compañeros/ahora siguen las lógicas del muerto/ la pudrición/la descomposición/ hasta mañana hasta mañana/ aplaudiría al pajarito que se volara de vos/rodolfo/ después de haber comido sangre que resbalaba por tus lentes/ a la iguana llena de luz que revisó las entrañas del haroldo y comió de haroldo/ iguana rápida de luz/ será mañana que veamos o nos veamos/no nos veamos/ o sea que muerto yo alcanzara a ver tu talón/paco/brillar bajo el suelo donde yacés con calavera pensativa por nosotros/pobres de vos/ talón nocturno crepitando como políticas rabiosas para matar al enemigo hoy absolutamente hoy/ talón que pisa el tiempo y parte/
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Nota viii
Debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato. Debajo de las divisiones hay una gota de sangre de marinero. Debajo de las sumas, un río de sangre tierna; un río que viene cantando por los dormitorios de los arrabales, y es plata, cemento o brisa en el alba mentida de New York. Existen las montañas, lo sé. Y los anteojos para la sabiduría, lo sé.  Pero yo no he venido a ver el cielo. He venido para ver la turbia sangre, la sangre que lleva las máquinas a las cataratas y el espíritu a la lengua de la cobra. Todos los días se matan en New York cuatro millones de patos, cinco millones de cerdos, dos mil palomas para el gusto de los agonizantes, un millón de vacas, un millón de corderos y dos millones de gallos que dejan los cielos hechos añicos. Más vale sollozar afilando la navaja o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías que resistir en la madrugada los interminables trenes de leche, los interminables trenes de sangre, y los trenes de rosas maniatadas por los comerciantes de perfumes. Los patos y las palomas y los cerdos y los corderos ponen sus gotas de sangre debajo de las multiplicaciones; y los terribles alaridos de las vacas estrujadas llenan de dolor el valle donde el Hudson se emborracha con aceite. Yo denuncio a toda la gente que ignora la otra mitad, la mitad irredimible que levanta sus montes de cemento donde laten los corazones de los animalitos que se olvidan y donde caeremos todos en la última fiesta de los taladros. Os escupo en la cara. La otra mitad me escucha devorando, cantando, volando en su pureza como los niños en las porterías que llevan frágiles palitos a los huecos donde se oxidan las antenas de los insectos. No es el infierno, es la calle. No es la muerte, es la tienda de frutas. Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles en la patita de ese gato quebrada por el automóvil, y yo oigo el canto de la lombriz en el corazón de muchas niñas. óxido, fermento, tierra estremecida. Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina. ¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes? ¿Ordenar los amores que luego son fotografías, que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre? No, no; yo denuncio, yo denuncio la conjura de estas desiertas oficinas que no radian las agonías, que borran los programas de la selva, y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas cuando sus gritos llenan el valle donde el Hudson se emborracha con aceite.
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New york (oficina y denuncia)
Debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato. Debajo de las divisiones hay una gota de sangre de marinero. Debajo de las sumas, un río de sangre tierna; un río que viene cantando por los dormitorios de los arrabales, y es plata, cemento o brisa en el alba mentida de New York. Existen las montañas, lo sé. Y los anteojos para la sabiduría, lo sé.  Pero yo no he venido a ver el cielo. He venido para ver la turbia sangre, la sangre que lleva las máquinas a las cataratas y el espíritu a la lengua de la cobra. Todos los días se matan en New York cuatro millones de patos, cinco millones de cerdos, dos mil palomas para el gusto de los agonizantes, un millón de vacas, un millón de corderos y dos millones de gallos que dejan los cielos hechos añicos. Más vale sollozar afilando la navaja o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías que resistir en la madrugada los interminables trenes de leche, los interminables trenes de sangre, y los trenes de rosas maniatadas por los comerciantes de perfumes. Los patos y las palomas y los cerdos y los corderos ponen sus gotas de sangre debajo de las multiplicaciones; y los terribles alaridos de las vacas estrujadas llenan de dolor el valle donde el Hudson se emborracha con aceite. Yo denuncio a toda la gente que ignora la otra mitad, la mitad irredimible que levanta sus montes de cemento donde laten los corazones de los animalitos que se olvidan y donde caeremos todos en la última fiesta de los taladros. Os escupo en la cara. La otra mitad me escucha devorando, cantando, volando en su pureza como los niños en las porterías que llevan frágiles palitos a los huecos donde se oxidan las antenas de los insectos. No es el infierno, es la calle. No es la muerte, es la tienda de frutas. Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles en la patita de ese gato quebrada por el automóvil, y yo oigo el canto de la lombriz en el corazón de muchas niñas. óxido, fermento, tierra estremecida. Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina. ¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes? ¿Ordenar los amores que luego son fotografías, que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre? No, no; yo denuncio, yo denuncio la conjura de estas desiertas oficinas que no radian las agonías, que borran los programas de la selva, y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas cuando sus gritos llenan el valle donde el Hudson se emborracha con aceite.
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Después de haber comido entrambos doce nécoras, alguien dijo a Pilatos:                                -¿Y qué hacemos ahora? Él vaciló un instante y respondía (educado, distante, indiferente): -Chico, tú haz lo que quieras.                                     Yo me lavo las manos.
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Final conocido
Como el día que madura de hora en hora hasta no ser sino un instante inmenso, Gran vasija de tiempo que zumba como una colmena, gran mazorca compacta de horas vivas, Gran vasija de luz hasta los bordes henchida de su propia y poderosa sustancia, Fruto violento y resonante que se mece entre la tierra y el cielo, suspendido como el trueno, Entre la tierra y el cielo abriéndose como una flor gigantesca de pétalos invisibles, Como el surtidor que al abrirse se derrumba en un blanco clamor de pájaros heridos, Como la ola que avanza y se hincha y se despliega en una ancha sonrisa, Como el perfume que asciende en una columna y se esparce en círculos, Como una campana que tañe en el fondo de un lago, Como el día y el fruto y la ola, como el tiempo que madura un año para dar un instante de belleza y colmarse a sí mismo con esa dicha instantánea, La vi una tarde y una mañana y un mediodía y otra tarde y otra y otra (Porque lo inesperado se repite y los milagros son cotidianos y están a nuestro alcance Como el sol y la espiga y la ola y el fruto: basta abrir bien los ojos) y desde entonces creo en los árboles Y a veces, bajo su sombra, he comido sin miedo los frutos de una amistad parecida a las manzanas Y he conversado con ella y con su marido y su cuñado como hablan entre sí el agua y las hojas y las raíces.
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Elogio
Aquí, Ramón Collar, prosigue tu familia soga a soga, se sucede, en tanto que visitas, tú, allá, a las siete espadas, en Madrid, en el frente de Madrid. ¡Ramón Collar, yuntero y soldado hasta yerno de tu suegro, marido, hijo limítrofe del viejo Hijo del Hombre! Ramón de pena, tú, Collar valiente, paladín de Madrid y por cojones; Ramonete, aquí, los tuyos piensan mucho en tu peinado! ¡Ansiosos, ágiles de llorar, cuando la lágrima! ¡Y cuando los tambores, andan; hablan delante de tu buey, cuando la tierra! ¡Ramón! ¡Collar! ¡A ti! Si eres herido, no seas malo en sucumbir; ¡refrénate! Aquí, tu cruel capacidad está en cajitas; aquí, tu pantalón oscuro, andando el tiempo, sabe ya andar solísimo, acabarse; aquí, Ramón, tu suegro, el viejo, te pierde a cada encuentro con su hija! ¡Te diré que han comido aquí tu carne, sin saberlo, tu pecho, sin saberlo, tu pie; pero cavilan todos en tus pasos coronados de polvo! ¡Han rezado a Dios, aquí; se han sentado en tu cama, hablando a voces entre tu soledad y tus cositas; no sé quién ha tomado tu arado, no sé quién fue a ti, ni quién volvió de tu caballo! ¡Aquí, Ramón Collar, en fin, tu amigo ¡Salud, hombre de Dios, mata y escribe.
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Viii
el caballo de Juan Velázquez dio de cenar a muchos aquella noche americana y más piadosa que otras donde los que morían eran hechos tasajo por los demás y el último que murió fue Sotomayor y Esquivel lo hizo tasajo y comiendo de él se mantuvo hasta que lo encontraron los indios destino aciago pero ¿cuál? ¿el de Sotomayor o el de los devorados por Sotomayor? ¿el destino de Sotomayor comido por Esquivel o el de Esquivel? y esos españoles que comían caballo y caballeros ¿qué venían a hacer por aquí? ¿quién los mandó llamar? y Lubchik Nachalnik y demás polacos presos en la celda 13 del Pabellón de la Muerte en Auschwitz muertos de hambre allí como los compañeros de Álvar Núñez y devorados por sus compañeros especialmente el hígado ¿oyeron como en un relámpago el galope del caballo de Juan Velázquez cayendo en el río Suwanee? ¿olieron las tunas bermejas y negras tamañas como huevos de la isla del Mal Hado donde Esquivel comió de Sotomayor y Sotomayor de otros? y Lope de Oviedo Dorantes Castillo Estebanico ¿alcanzaron a divisar apagándose el cuerpo de Lubchik disputado por los presos políticos de Auschwitz bajo la noche europea consumida por los fuegos del año 1943? ¿disputado por Ciranciewicz después Primer Ministro de la República Popular de Polonia muchos años? y el canario de la jaula en la cocina ¿qué vio? hace meses que la compañera se le ha muerto y él come y salta entre los olores y los besos de la tarde y hasta empezó a cantar bajo el otoño ¿canta para Ciranciewicz o Esquivel? ¿canta por Sotomayor o Lubchik? estas y otras cosas me pregunto la gente camina como antes ríe y se preocupa como antes ¿para siempre? ¿o dónde se desgarra por los devorados de Auschwitz Suwanee? el canario empezó a cantar como antes es el otoño caen las hojas como pedazos de sol
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Comidas
el caballo de Juan Velázquez dio de cenar a muchos aquella noche americana y más piadosa que otras donde los que morían eran hechos tasajo por los demás y el último que murió fue Sotomayor y Esquivel lo hizo tasajo y comiendo de él se mantuvo hasta que lo encontraron los indios destino aciago pero ¿cuál? ¿el de Sotomayor o el de los devorados por Sotomayor? ¿el destino de Sotomayor comido por Esquivel o el de Esquivel? y esos españoles que comían caballo y caballeros ¿qué venían a hacer por aquí? ¿quién los mandó llamar? y Lubchik Nachalnik y demás polacos presos en la celda 13 del Pabellón de la Muerte en Auschwitz muertos de hambre allí como los compañeros de Álvar Núñez y devorados por sus compañeros especialmente el hígado ¿oyeron como en un relámpago el galope del caballo de Juan Velázquez cayendo en el río Suwanee? ¿olieron las tunas bermejas y negras tamañas como huevos de la isla del Mal Hado donde Esquivel comió de Sotomayor y Sotomayor de otros? y Lope de Oviedo Dorantes Castillo Estebanico ¿alcanzaron a divisar apagándose el cuerpo de Lubchik disputado por los presos políticos de Auschwitz bajo la noche europea consumida por los fuegos del año 1943? ¿disputado por Ciranciewicz después Primer Ministro de la República Popular de Polonia muchos años? y el canario de la jaula en la cocina ¿qué vio? hace meses que la compañera se le ha muerto y él come y salta entre los olores y los besos de la tarde y hasta empezó a cantar bajo el otoño ¿canta para Ciranciewicz o Esquivel? ¿canta por Sotomayor o Lubchik? estas y otras cosas me pregunto la gente camina como antes ríe y se preocupa como antes ¿para siempre? ¿o dónde se desgarra por los devorados de Auschwitz Suwanee? el canario empezó a cantar como antes es el otoño caen las hojas como pedazos de sol
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¡Canastito repleto de fresas! ¡Ay, si él estuviese esta tarde conmigo en la mesa! ¡Tanto como gusta de las últimas fresas redondas que las lluvias de Marzo maduran! Y después que las hemos comido, lentamente besarme en los labios que ellas ponen fragantes y vivos. ¡Oh cestito cestito de fresas que forrado de pámpanos verdes has traído la pena a mi mesa! ¿Dónde se halla a esta hora el ausente? ¿Con quién come? ¿Qué piensa? ¿Qué hace que sabiéndome triste no vuelve? ¡Para qué habrán traído estas fresas! ¡Para qué quiero aroma en los labios si él no está hoy a mi lado en la mesa!
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La merienda triste
Al que extraño es al viejo *** del zoo, siempre tomábamos café en el Bois de Boulogne, me contaba sus aventuras en Rhodesia del Sur pero mentía, era evidente que nunca se había movido del Sahara. De todos modos me encantaba su elegancia, su manera de encogerse de hombros ante las pequeñeces de la vida, miraba a los franceses por la ventana del café y decía «los idiotas hacen hijos». Los dos o tres cazadores ingleses que se había comido le provocaban malos recuerdos y aún melancolía, «las cosas que uno hace para vivir» reflexionaba mirándose la melena en el espejo del café. Sí, lo extraño mucho, nunca pagaba la consumición, pero indicaba la propina a dejar y los mozos lo saludaban con especial deferencia. Nos despedíamos a la orilla del crepúsculo, él regresaba a son bureau, como decía, no sin antes advertirme con una pata en mi hombro «ten cuidado, hijo mío, con el París nocturno». Lo extraño mucho verdaderamente, sus ojos se llenaban a veces de desierto pero sabía callar como un hermano cuando emocionado, emocionado, yo le hablaba de Carlitos Gardel.
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Anclao en parís
Ha muerto un hombre y están juntando su sangre en cucharitas, querido Juan, has muerto finalmente. De nada te valieron tus pedazos mojados en ternura. Cómo ha sido posible que te fueras por un agujerito y nadie haya ponido el dedo para que te quedaras. Se habrá comido toda la rabia del mundo por antes de morir y después se quedaba triste triste apoyado en sus huesos. Ya te abajaron, hermanito, la tierra está temblando de ti. Vigilemos a ver dónde brotan sus manos empujadas por su rabia inmortal.
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272
Final