"colegio" poems
A cocachos aprendí
mi labor de colegial
en el Colegio Fiscal
del barrio donde nací.
Tener primaria completa
era raro en mi niñez
(nos sentábamos de a tres
en una sola carpeta).
Yo creo que la palmeta
la inventaron para mí,
de la vez que una rompí
me apodaron "mano 'e fierro",
y por ser tan mataperro
a cocachos aprendí.
Juguetón de nacimiento,
por dedicarme al recreo
sacaba Diez en Aseo
y Once en Aprovechamiento.
De la Conducta ni cuento
pues, para colmo de mal
era mi voz general
"¡chócala pa' la salida!"
dejando a veces perdida
mi labor de colegial.
¡Campeón en lingo y bolero!
¡Rey del trompo con huaraca!
¡Mago haciéndome "la vaca"
y en bolitas, el primero...!
En Aritmética, Cero.
En Geografía, igual.
Doce en examen oral,
Trece en examen escrito.
Si no me "soplan" repito
en el Colegio Fiscal.
Con esa nota mezquina
terminé mi Quinto al tranco,
tiré el guardapolvo blanco
(de costalitos de harina).
Y hoy, parado en una esquina
lloro el tiempo que perdí:
los otros niños de allí
alcanzaron nombre egregio.
Yo no aproveché el Colegio
del barrio donde nací...
1.4k
Colegio
Ruidoso, Bullicioso
Jugando, Riendo, Gritando
Tal vez debemos estudiar?...
...Jovenes...
School
Noisy, Rambunctious
Playing, Laughing, Shouting
Maybe we should study?...
...Youth...
Sep 16, 2018
Sep 16, 2018 at 1:11 AM UTC
¡Oh sombra vaga, oh sombra de mi primera novia!
Era como el convólvulo -la flor de los crepúsculos-,
y era como las teresitas: azul crepuscular.
Nuestro amor semejaba paloma de la aldea,
grato a todos los ojos y a todos familiar.
En aquel pueblo, olían las brisas a azahar.
Aún bañan, como a lampos, mi recuerdo:
su cabellera rubia en el balcón,
su linda hermana Julia,
mi melodía incierta... y un lirio que me dio...
y una noche de lágrimas...
y una noche de estrellas
fulgiendo en esas lágrimas en que moría yo...
Francisco, hermano de ellas, Juan-de-Dios y Ricardo
amaban con mi amor las músicas del río;
las noches blancas, ceñidas de luceros;
las noches negras, negras, ardidas de cocuyos;
el son de las guitarras,
y, entre quimeras blondas, el azahar volando...
Todos teníamos novia
y un lucero en el alba diáfana de las ideas.
La Muerte horrible -¡un tajo silencioso!-
tronchó la espiga en que granaba mi alegría:
¡murió mi madre!... La cabellera rubia de Teresa
me iluminaba el llanto.
Después... la vida... el tiempo... el mundo,
¡y al fin, mi amor desfalleció como un convólvulo!
No ha mucho, una mañana, trajéronme una carta.
¡Era de Juan-de-Dios! Un poco acerba,
ingenua, virilmente resignada:
refería querellas
del pueblo, de mi casa, de un amigo:
«Se casó; ya está viejo y con seis hijos...
La vida es triste y dura; sin embargo,
se va viviendo... Ha muerto mucha gente:
Don David... don Gregorio... Hay un colegio
y hay toda una generación nueva.
Como cuando te fuiste, hace veinte años,
en este pueblo aún huelen las brisas a azahar...»
¡Oh Amor! Tu emblema sea el convólvulo,
la flor de los crepúsculos!
753
Pureza amada, que mis ojos nunca
llegaron a gozar. Pureza absurda!
Yo sé que estabas en la carne un día,
cuando yo hilaba aún mi embrión de vida.
Pureza en falda neutra de colegio;
y leche azul dentro del trigo tierno
a la tarde de lluvia, cuando el alma
ha roto su puñal en retirada,
cuando ha cuajado en no sé qué probeta
sin contenido una insolente piedra.
Cuando hay gente contenta; y cuando lloran
párpados ciegos en purpúreas bordas.
Oh, pureza que nunca ni un recado
me dejaste, al partir del triste barro
ni una migaja de tu voz; ni un nervio
de tu convite heroico de luceros.
Alejáos de mi, buenas maldades,
dulces bocas picantes...
Yo la recuerdo al veros oh, mujeres!
Pues de la vida en la perenne tarde,
nació muy poco pero mucho muere!
682
Antes de echar el ancla en el tesoro
del amor postrimero, yo quisiera
correr el mundo en fiebre de carrera,
con juventud, y una pepita de oro
en los rincones de me faltriquera.
Abrazar a una culebra del Nilo
que de Cleopatra se envuelva en la clámide,
y oír el soliloquio intranquilo
de la Virgen María en la Pirámide.
Para desembarcar en mi país,
hacerme niño y trazar con mi gis,
en la pizarra del colegio anciano,
un rostro de perfil guadalupano.
Besar al Indostán y a la Oceanía,
a las fieras rayadas y rodadas,
y echar el ancla a una paisana mía
de oreja breve y grandes arracadas.
Y decir al Amor: -«De mis pecados,
los mas negros están enamorados;
un miserere se alza en mis cartujas
y va hacia ti con pasos de bebé,
como el cándido islote de burbujas
navega por la taza de café.
Porque mis cinco sentidos vehementes
penetraron los cinco Continentes,
bien puedo, Amor final, poner la mano
sobre tu corazón guadalupano...»
644
Al caer la tarde, absorto
Tras el cristal, el niño mira
Llover. La luz que se ha encendido
En un farol contrasta
La lluvia blanca con el aire oscuro.
La habitación a solas
Le envuelve tibiamente,
Y el visillo, velando
Sobre el cristal, como una nube,
Le susurra lunar encantamiento.
El colegio se aleja. Es ahora
La tregua, con el libro
De historias y de estampas
Bajo la lámpara, la noche,
El sueño, las horas sin medida.
Vive en el seno de su fuerza tierna,
Todavía sin deseo, sin memoria,
El niño, y sin presagio
Que afuera el tiempo aguarda
Con la vida, al acecho.
En su sombra ya se forma la perla.
492
Llegaron mis amigos de colegio
Y absortos vieron mi cadáver frío;
«¡Pobre!» exclamaron, y salieron todos...
Ninguno de ellos un adiós me dijo.
Todos me abandonaron. En silencio
Fui conducido al último recinto;
Ninguno dio un suspiro al que partía,
Ninguno al cementerio fue conmigo.
¡Cerró el sepulturero mi sepulcro...
Me quejé, tuve miedo y sentí frío,
Y gritar quise en mi cruel angustia,
Pero en los labios espiró mi grito!
El aire me faltaba, y luché en vano
Por destrozar mi féretro sombrío.
Y en tanto.., los gusanos devoraban,
Cual suntuoso festín, mis miembros rígidos.
¡Oh mi amor! dije al fin, ¿y me abandonas?
Pero al llegar su voz a mis oídos
Sentí latir el corazón de nuevo,
Y volví al triste mundo de los vivos.
Me alcé y abrí los ojos. ¡Cómo hervían
Las copas de licor sobre los libros!
El cuarto daba vueltas, y dichosos
Bebían y cantaban mis amigos.
464
Este concurso de células,
unánimes en su intento
misterioso de que dure
la intensa vida en mi cuerpo;
esos miles de millones
de pequeñitos cerebros,
que, con disciplina
admirable en el esfuerzo,
se dividen el trabajo
de mis órganos diversos,
y mantienen el fenómeno
de mi existir en el tiempo,
un día, quizá cercano
(mañana, tal vez hoy mesmo),
han de declararse en huelga,
porque en el reloj eterno
sonó el instante...
¡Qué júbilo
entonces el del colegio
aquel, más de cuarenta años
a mi espíritu sujeto!
¡Qué alegría en el cotarro
innúmero y turbulento!
Cada grupo ha de tirar
por su lado, con estruendo:
-¡Vuelvo a la rosa!, dirá
uno; y otro: ¡Al aire vuelvo!
y otro: ¡Al agua!; y otro: ¡Al barro!
y otro: ¡Al carbón!; y otro: ¡Al hierro!;
y otro: ¡Al la cal!; y otro: ¡Al fósforo!;
y otro: ¡Al la mar!; y otro: ¡Al cielo!
Y mi espíritu entretanto,
verá feliz, sonrïendo,
la disociación bendita
que restituye al Acervo
lo prestado...
Mas de pronto,
movido por el recuerdo
más hondo, más persuasivo,
más amante, más inmenso,
se preguntará a sí mismo:
-Bien, y yo, ¿adónde me vuelvo?
-¡A mis brazos!-gritará
en la eternidad tu acento...
Y cuando los dos, fundidos
en una sola alma estemos,
el océano infinito
nos absorberá en silencio...
420
Los domingos salía del colegio,
Después de misa, parlanchina y bella,
Y bajo el brazo, un libro: el «Florilegio»
De mis versos a ella.
Su hermanita mayor iba a su lado,
Pero trazas se daba en cada esquina
De volver a mirar. Yo, emocionado,
Y ella, siempre divina.
Y yo pensaba, oyendo rumorosas
Risas en el jardín: «¡Ave quién fuera!»
Mi corazón, para ofrecerle rosas,
Era una primavera.
¡Primeros versos! ¡Cantos de quince años!
¡Alegría, ilusión, placer y calma!
Hoy la lucha, el recuerdo y desengaños...
¡Y el dolor en el alma!
380
Hola, soy yo de nuevo
¿Me acuerdas?
De pronto no,
Y sinceramente no importa.
Hola, soy yo de nuevo,
Vine a buscarte a tu colegio
¿Me recuerdas?
Olvídalo, soy un desconocido.
Hola, soy yo de nuevo
Te sigo pensando a pesar de todo,
¿Me recuerdas?
Uh... Me miras feo,.disculpa me equivoqué.
Hola, soy yo de nuevo,
Vaya, al parecer no me reconoces,
Bueno, gracias por tu tiempo,
Aunque no lo sepas un desconocido te extraña...
Hola, soy yo de nuevo,
Perdón tanta insistencia,
Sigo sin dejar de pensarte,
Ojalá te vuelva a ver.
Hola soy yo de nuevo,
Ojalá dejar de escribir esto,
Y simplemente te vuelvas a aparecer,
Si, estos son gritos de ayuda.
Aug 1, 2025
Aug 1, 2025 at 7:51 PM UTC
En el fondo de la calle, un edificio público aspira el mal olor de la ciudad.
Las sombras se quiebran el espinazo en los umbrales, se acuestan para fornicar en la vereda.
Con un brazo prendido a la pared, un farol apagado tiene la visión convexa de la gente que pasa en automóvil.
Las miradas de los transeúntes ensucian las cosas que se exhiben en los escaparates, adelgazan las piernas que cuelgan bajo las capotas de las victorias.
Junto al cordón de la vereda un quiosco acaba de tragarse una mujer.
Pasa: una inglesa idéntica a un farol. Un tranvía que es un colegio sobre ruedas. Un perro fracasado, con ojos de prostituta que nos da vergüenza mirarlo y dejarlo pasar (1).
De repente: el vigilante de la esquina detiene de un golpe de batuta todos los estremecimientos de la ciudad, para que se oiga en un solo susurro, el susurro de todos los senos al rozarse.
375
De viaje, cuántas veces de un tren en la fatiga,
Sin que oigamos al lado ninguna voz amiga,
O cuando despertamos al alba, de repente
Un remoto recuerdo destella en nuestra mente,
-Recuerdo que dormía desde tiempo lejano;-
Y cerramos los ojos, con la frente en la mano,
Y del pasado entonces, al dulce sortilegio, Pensamos:
«Fue en un baile, y en años de colegio»;
Después, versos o cartas; y después la partida...
¡Y nunca, desde entonces, la vimos en la vida!
O en un tren de provincia: primero, indiferente
Nos respondía, y luego, jovial y sonriente;
Y al separarnos, mientras el tren se iba alejando,
Recordábamos que ella nos preguntó: «¿Hasta cuándo?»
Y no volvimos nunca...
Quizá fue junto a un río
Cuando en campestre jira,
y en tarde azul de estío
Nos dijo: «¡Siempre... siempre!» Fue un despertar de gloria...
Mas sólo su sonrisa nos queda en la memoria.
Triste adiós de un pañuelo. Suave presión de mano
Como una ardiente y muda promesa junto a un piano;
Virgen de los primeros amores, fugitiva
Visión, que no sabemos si estará muerta o viva;
Reja donde una novia, por entre madreselvas,
Nos decía una noche llorando: «Cuando vuelvas»...
Amada que en los tiempos de pubertad divina
Vestías un sencillo traje de muselina,
Y que a una margarita, sin sospechar engaños,
Pedías el secreto de tu amor de quince años;
Flores que con sus lágrimas de adiós humedecidas
Nos dio, diciendo: «¡Guárdalas, pero si no me olvidas!»
Beso de boca amada que duerme ya en la sombra,
Y al través del recuerdo parece que nos nombra;
Carta ya amarillenta que encontramos un día,
Donde cada palabra sollozo parecía;
Perfume que era el suyo, retrato desteñido...
¡Oh Pasado! ¡Oh recuerdos... «Lo que pudo haber
sido»!
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