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"clavada" poems
La vida ya no tiene mucho sentido Podría estar atrapada en el limbo Podría estar muerta; pero sólo traería un poco de tristeza y sería una mancha que borrar. Estoy en una rutina en la que no hay por donde escapar El tiempo es mi aliado y mi peor enemigo Tengo tiempo de sobra, pero ansío momentos por llegar La espera es eterna, y la eternidad se siente lenta, espesa y con mal sabor de boca que te llena de ansiedad. Estoy clavada en el piso Con pesadas cadenas que no me dejan volar Y una jaula que evita mi escape final si es que me llego a liberar. Soy una infante que se subió a un carrusel Aquellos que se quedaron fuera para admirarla vagar, se distrajeron con algo más. Soy una infante en un carrusel averiado Que da vueltas y no hay un control para un final. Todo es igual; la misma rutina, la misma jaula, y las mismas vueltas del carrusel. Yo soy igual; la misma criatura que esta encerrada y que ansía por salir. Necesito algo que me libere de la rutina, algo que me quite las cadenas y abra la jaula; algo que tome el control y detenga el carrusel. Tiempo, ven ya. Te necesito.
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Jul 20, 2013
Jul 20, 2013 at 11:41 AM UTC
Sin título.
Los frescos pintados en la pared transforman el "Salón Reservado" en una "Plaza de Toros", donde el suelo tiene la consistencia y el color de la "arena": gracias a que todas las noches se riega la tierra con jerez. Jinetes en sillas esqueletosas, tufos planchados con saliva, una estrella clavada en la corbata, otra en el dedo meñique, los tertulianos exigen que el "cantaor" lamente el retardo de las mujeres con ¡aves! que lo retuercen en calambres de indigestión. De pronto, en un sobresalto de pavor, la cortina deja pasar seis senos que aportan tres **** Los párpados como dos castañuelas, las pupilas como dos cajas de betún, ***** el pelo, negras las pestañas y las extremidades de las uñas, las siguen cuatro "niñas", que al entrar, provocan una descarga de ¡oles! que desmaya a las ratas que transitan el corredor. La servilleta a guisa de "capote", el camarero lidia el humo de los cigarros y la voracidad de la clientela, con "pases" y chuletas "al natural", o "entra" a "colocar" el sacacorchos como "pone" su vara un picador. Abroqueladas en armaduras medioevales, en el casco flamea la bandera de España, las botellas de manzanilla se agotan al combatir a los chorizos que mugen en los estómagos, o sangran en los platos como toros lidiados. Previa autorización de las **** las "niñas" van a sentarse sobre las rodillas de los hombres, para cambiar un beso por un duro, mientras el "cantaor", muslos de rana embutidos en fundas de paraguas, tartamudea una copla que lo desinfla nueve kilos. Los brazos en alto, desnudas las axilas, así dan un pregusto de sus intimidades, las "niñas" menean, luego, las caderas como si alguien se las hiciera dar vueltas por adentro, y en húmedas sonrisas de extenuación, describen con sus pupilas las parabólicas trayectorias de un espasmo, que hace gruñir de deseo hasta a los espectadores pintados en la pared. Después de semejante simulacro ya nadie tiene fuerza ni para hacer rodar las bolitas de pan, ensombrecidas, entre las yemas de los dedos. Poco a poco, la luz aséptica de la mañana agrava los ayes del "cantaor" hasta identificar la palidez trasnochada de los rostros con la angustiosa resignación de una clientela de dentista. Se oye el "klaxon" que el sueño hace sonar en las jetas de las **** los suspiros del "cantaor" que abraza en la guitarra una nostalgia de mujer, los cachetazos con que las "niñas" persuaden a los machos que no hay nada que hacer sino dejarlas en su casa, y sepultarse en la abstinencia de las camas heladas.
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Juerga
Los frescos pintados en la pared transforman el "Salón Reservado" en una "Plaza de Toros", donde el suelo tiene la consistencia y el color de la "arena": gracias a que todas las noches se riega la tierra con jerez. Jinetes en sillas esqueletosas, tufos planchados con saliva, una estrella clavada en la corbata, otra en el dedo meñique, los tertulianos exigen que el "cantaor" lamente el retardo de las mujeres con ¡aves! que lo retuercen en calambres de indigestión. De pronto, en un sobresalto de pavor, la cortina deja pasar seis senos que aportan tres **** Los párpados como dos castañuelas, las pupilas como dos cajas de betún, ***** el pelo, negras las pestañas y las extremidades de las uñas, las siguen cuatro "niñas", que al entrar, provocan una descarga de ¡oles! que desmaya a las ratas que transitan el corredor. La servilleta a guisa de "capote", el camarero lidia el humo de los cigarros y la voracidad de la clientela, con "pases" y chuletas "al natural", o "entra" a "colocar" el sacacorchos como "pone" su vara un picador. Abroqueladas en armaduras medioevales, en el casco flamea la bandera de España, las botellas de manzanilla se agotan al combatir a los chorizos que mugen en los estómagos, o sangran en los platos como toros lidiados. Previa autorización de las **** las "niñas" van a sentarse sobre las rodillas de los hombres, para cambiar un beso por un duro, mientras el "cantaor", muslos de rana embutidos en fundas de paraguas, tartamudea una copla que lo desinfla nueve kilos. Los brazos en alto, desnudas las axilas, así dan un pregusto de sus intimidades, las "niñas" menean, luego, las caderas como si alguien se las hiciera dar vueltas por adentro, y en húmedas sonrisas de extenuación, describen con sus pupilas las parabólicas trayectorias de un espasmo, que hace gruñir de deseo hasta a los espectadores pintados en la pared. Después de semejante simulacro ya nadie tiene fuerza ni para hacer rodar las bolitas de pan, ensombrecidas, entre las yemas de los dedos. Poco a poco, la luz aséptica de la mañana agrava los ayes del "cantaor" hasta identificar la palidez trasnochada de los rostros con la angustiosa resignación de una clientela de dentista. Se oye el "klaxon" que el sueño hace sonar en las jetas de las **** los suspiros del "cantaor" que abraza en la guitarra una nostalgia de mujer, los cachetazos con que las "niñas" persuaden a los machos que no hay nada que hacer sino dejarlas en su casa, y sepultarse en la abstinencia de las camas heladas.
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Fue domingo en las claras orejas de mi burro, de mi burro peruano en el Perú (Perdonen la tristeza) Mas hoy ya son las once en mi experiencia personal, experiencia de un solo ojo, clavado en pleno pecho, de una sola burrada, clavada en pleno pecho, de una sola hecatombe, clavada en pleno pecho. Tal de mi tierra veo los cerros retrasados, ricos en burros, hijos de burros, padres hoy de vista, que tornan ya pintados de creencias, cerros horizontales de mis penas. En su estatua, de espada, Voltaire cruza su capa y mira el zócalo, pero el sol me penetra y espanta de mis dientes incisivos un número crecido de cuerpos inorgánicos. Y entonces sueño en una piedra verduzca, diecisiete, peñasco numeral que he olvidado, sonido de años en el rumor de aguja de mi brazo, lluvia y sol en Europa, y ¡cómo toso! ¡cómo vivo! ¡cómo me duele el pelo al columbrar los siglos semanales! Y cómo, por recodo, mi ciclo microbiano, quiero decir mi trémulo, patriótico peinado.
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Fue domingo en las claras orejas de mi burro...
La luna pudo detenerse al fin por la curva blanquísima de los caballos. Un rayo de luz violenta que se escapaba de la herida proyectó en el cielo el instante de la circuncisión de un niño muerto. La sangre bajaba por el monte y los ángeles la buscaban, pero los cálices eran de viento y al fin llenaba los zapatos. Cojos perros fumaban sus pipas y un olor de cuero caliente ponía grises los labios redondos de los que vomitaban en las esquinas. Y llegaban largos alaridos por el Sur de la noche seca. Era que la luna quemaba con sus bujías el falo de los caballos. Un sastre especialista en púrpura había encerrado a tres santas mujeres y les enseñaba una calavera por los vidrios de la ventana. Las tres en el arrabal rodeaban a un camello blanco, que lloraba porque al alba tenía que pasar sin remedio por el ojo de una aguja. ¡Oh cruz! ¡Oh clavos! ¡Oh espina! ¡Oh espina clavada en el hueso hasta que se oxíden los planetas! Como nadie volvía la cabeza, el cielo pudo desnudarse. Entonces se oyó la gran voz y los fariseos dijeron: Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de leche. La muchedumbre cerraba las puertas y la lluvia bajaba por las calles decidida a mojar el corazón mientras la tarde se puso turbia de latidos y leñadores y la oscura ciudad agonizaba bajo el martillo de los carpinteros. Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de perdigones, dijeron los fariseos. Pero la sangre mojó sus pies y los espíritus inmundos estrellaban ampollas de laguna sobre las paredes del templo. Se supo el momento preciso de la salvación de nuestra vida. Porque la luna lavó con agua las quemaduras de los caballos y no la niña viva que callaron en la arena. Entonces salieron los fríos cantando sus canciones y las ranas encendieron sus lumbres en la doble orilla del rio. Esa maldita vaca, maldita, maldita, maldita no nos dejará dormir, dijeron los fariseos, y se alejaron a sus casas por el tumulto de la calle dando empujones a los borrachos y escupiendo sal de los sacrificios mientras la sangre los seguía con un balido de cordero. Fue entonces y la tierra despertó arrojando temblorosos ríos de polilla.
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Crucifixión
La luna pudo detenerse al fin por la curva blanquísima de los caballos. Un rayo de luz violenta que se escapaba de la herida proyectó en el cielo el instante de la circuncisión de un niño muerto. La sangre bajaba por el monte y los ángeles la buscaban, pero los cálices eran de viento y al fin llenaba los zapatos. Cojos perros fumaban sus pipas y un olor de cuero caliente ponía grises los labios redondos de los que vomitaban en las esquinas. Y llegaban largos alaridos por el Sur de la noche seca. Era que la luna quemaba con sus bujías el falo de los caballos. Un sastre especialista en púrpura había encerrado a tres santas mujeres y les enseñaba una calavera por los vidrios de la ventana. Las tres en el arrabal rodeaban a un camello blanco, que lloraba porque al alba tenía que pasar sin remedio por el ojo de una aguja. ¡Oh cruz! ¡Oh clavos! ¡Oh espina! ¡Oh espina clavada en el hueso hasta que se oxíden los planetas! Como nadie volvía la cabeza, el cielo pudo desnudarse. Entonces se oyó la gran voz y los fariseos dijeron: Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de leche. La muchedumbre cerraba las puertas y la lluvia bajaba por las calles decidida a mojar el corazón mientras la tarde se puso turbia de latidos y leñadores y la oscura ciudad agonizaba bajo el martillo de los carpinteros. Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de perdigones, dijeron los fariseos. Pero la sangre mojó sus pies y los espíritus inmundos estrellaban ampollas de laguna sobre las paredes del templo. Se supo el momento preciso de la salvación de nuestra vida. Porque la luna lavó con agua las quemaduras de los caballos y no la niña viva que callaron en la arena. Entonces salieron los fríos cantando sus canciones y las ranas encendieron sus lumbres en la doble orilla del rio. Esa maldita vaca, maldita, maldita, maldita no nos dejará dormir, dijeron los fariseos, y se alejaron a sus casas por el tumulto de la calle dando empujones a los borrachos y escupiendo sal de los sacrificios mientras la sangre los seguía con un balido de cordero. Fue entonces y la tierra despertó arrojando temblorosos ríos de polilla.
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Me ha quedado clavada en los ojos la visión de ese carro de trigo que cruzó rechinante y pesado sembrando de espigas el recto camino. ¡No pretendas ahora que ría! ¡Tú no sabes en qué hondos recuerdos             estoy abstraída! Desde el fondo del alma me sube un sabor de pitanga a los labios. Tiene aún mi epidermis morena no sé que fragancias de trigo emparvado. ¡Ay, quisiera llevarte conmigo a dormir una noche en el campo y en tus brazos pasar hasta el día bajo el techo alocado de un árbol! Soy la misma muchacha salvaje que hace años trajiste a tu lado.
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Raíz salvaje
flores de miel flores de piel flores calientes salían de david burnham quieto en el aire frío lunar sin remedio sin adioses sin Dios ¡ah david burnham! su clavícula clavada en el cosmos era la que más florecía extrañas vidas daba para la época en que la gente era infeliz y preguntaba ¿cómo era el niño david en la clase de inglés? nunca se supo cómo era pero está quieto entre fulgores su cabeza se la come la luz david burnham amó ese final no quiso a la tierra ni al agua como cantaba al disolverse inclinado hacia el sol que le tapó las manos los ojos los pies cuidándolo como a palomo ciego en tanto cae la noche padre y madre como oso silencioso las cuatro caras del dolor se apagaron para david burnham navegando o ardiendo todavía dulce dulce detrás del espectáculo así terminó david burnham se le caía un polvo fino como jazmín donde avanza la noche aplasta y se perfuma ¡ah solo en el espacio!
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Lamento por las flores de david burnham
Dejé la luz a un lado, y en el borde de la revuelta cama me senté, mudo, sombrío, la pupila inmóvil clavada en la pared.¿Qué tiempo estuve así?  No sé; al dejarme la embriaguez horrible del dolor, expiraba la luz y en mis balcones reía al sol.Ni sé tampoco en tan horribles horas en qué pensaba o qué pasó por mí; sólo recuerdo que lloré y maldije, y que en aquella noche envejecí.
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Rima xliii
Con un trapo y un cuchillo                                                 contra la idea fija Contra el toro del miedo Contra la tela contra el vacío                                                     el surtidor La llama azul del cobalto                                               el ámbar quemado Verdes recién salidos del mar                                                       añiles reflexivos Con un trapo y un cuchillo                                                 sin pinceles Con los insomnios con la rabia con el sol Contra el rostro en blanco del mundo El surtidor                       la ondulación serpentina La vibración acuática del espacio El triángulo el arcano La flecha clavada en el altar nego Los alfabetos coléricos La gota de tinta de sangre de miel Con un trapo y un cuchillo                                                 el surtidor Salta el rojo mexicano                                           y se vuelve ***** Salta el rojo de la India                                             y se vuelve ***** Los labios ennegrecen                                           ***** de Kali Carbón para tus cejas y tus párpados Mujer deseada cada noche                                                   ***** de Kali El amarillo y sus fieras abrasadas El ocre y sus tambores subterráneos El cuerpo verde de la selva negra El cuerpo azul de Kali                                         el **** de la Guadalupe Con un trapo y un cuchillo                                               contra el triángulo El ojo revienta                             surtidor de signos La ondulación serpentina avanza Marea de apariciones inminentes El cuadro es un cuerpo Vestido sólo por su enigma desnudo
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Al pintor swaminathan
Con un trapo y un cuchillo                                                 contra la idea fija Contra el toro del miedo Contra la tela contra el vacío                                                     el surtidor La llama azul del cobalto                                               el ámbar quemado Verdes recién salidos del mar                                                       añiles reflexivos Con un trapo y un cuchillo                                                 sin pinceles Con los insomnios con la rabia con el sol Contra el rostro en blanco del mundo El surtidor                       la ondulación serpentina La vibración acuática del espacio El triángulo el arcano La flecha clavada en el altar nego Los alfabetos coléricos La gota de tinta de sangre de miel Con un trapo y un cuchillo                                                 el surtidor Salta el rojo mexicano                                           y se vuelve ***** Salta el rojo de la India                                             y se vuelve ***** Los labios ennegrecen                                           ***** de Kali Carbón para tus cejas y tus párpados Mujer deseada cada noche                                                   ***** de Kali El amarillo y sus fieras abrasadas El ocre y sus tambores subterráneos El cuerpo verde de la selva negra El cuerpo azul de Kali                                         el **** de la Guadalupe Con un trapo y un cuchillo                                               contra el triángulo El ojo revienta                             surtidor de signos La ondulación serpentina avanza Marea de apariciones inminentes El cuadro es un cuerpo Vestido sólo por su enigma desnudo
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En el verdoso flanco de la montaña, Siendo altar y refugio del campesino, Y a cortesanas pompas viviendo extraña, Hallé la solitaria cruz del camino. Clavada en una roca, sin más rumores, Que aquellos de las ramas que agita el viento; Formada con dos troncos, llena de flores, Alza sus negros brazos al firmamento. Los arroyos que bajan de las colinas, Del pedestal agreste mojan la planta, Y revolando en torno las golondrinas Saludan al sol nuevo que se levanta. En las serenas tardes de abril y mayo, Allí reza el viajero triste y sumiso, Porque la cruz silvestre, de la fe al rayo, Le señala las puertas del paraíso. ¿Qué mano fue a plantarla? ¡Misterios graves! ¿Quién sembró tantas flores en toscas piedras? ¿Por qué nunca se apartan de allí las aves Ni mueren en su tronco mirtos y yedras? Es gala de una huerta sin hortelano; Joya de un jardín fértil, sin jardinero, Que fecunda y cultiva la misma mano Que dió flores y frutos al mundo entero. Cuando más nos combate la suerte impía; Cuando en todo se encuentra duelo y enojos, Y la verdad asoma desnuda y fría Lo mismo en nuestros sueños que en nuestros ojos; Cuando anidan, cual hienas sobre los montes, En el pecho las hidras de la venganza, O vemos enlutados los horizontes En el mar sin riberas de la esperanza; Cuando ya no pudiendo luchar rendido, El corazón se vuelve como de roca, Y la sonrisa junta con el gemido Miel y ponzoña vierten en nuestra boca; Entonces no en el templo de mármol y oro Ni en el dosel lujoso de armiño y grana, Buscamos impacientes aquel tesoro De paz que sólo vierte la fe cristiana. Lo buscamos en sitio solo y callado Donde no sufre el alma, ni el labio miente, Ni se esquiva la mano del hombre honrado, Ni la vergüenza asoma sobre la frente. ¡Que para el pecho triste que sólo sueña En el fulgor eterno de un sol divino, No hay altar tan hermoso como la peña Do está la solitaria cruz del camino!
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La cruz del camino
En el verdoso flanco de la montaña, Siendo altar y refugio del campesino, Y a cortesanas pompas viviendo extraña, Hallé la solitaria cruz del camino. Clavada en una roca, sin más rumores, Que aquellos de las ramas que agita el viento; Formada con dos troncos, llena de flores, Alza sus negros brazos al firmamento. Los arroyos que bajan de las colinas, Del pedestal agreste mojan la planta, Y revolando en torno las golondrinas Saludan al sol nuevo que se levanta. En las serenas tardes de abril y mayo, Allí reza el viajero triste y sumiso, Porque la cruz silvestre, de la fe al rayo, Le señala las puertas del paraíso. ¿Qué mano fue a plantarla? ¡Misterios graves! ¿Quién sembró tantas flores en toscas piedras? ¿Por qué nunca se apartan de allí las aves Ni mueren en su tronco mirtos y yedras? Es gala de una huerta sin hortelano; Joya de un jardín fértil, sin jardinero, Que fecunda y cultiva la misma mano Que dió flores y frutos al mundo entero. Cuando más nos combate la suerte impía; Cuando en todo se encuentra duelo y enojos, Y la verdad asoma desnuda y fría Lo mismo en nuestros sueños que en nuestros ojos; Cuando anidan, cual hienas sobre los montes, En el pecho las hidras de la venganza, O vemos enlutados los horizontes En el mar sin riberas de la esperanza; Cuando ya no pudiendo luchar rendido, El corazón se vuelve como de roca, Y la sonrisa junta con el gemido Miel y ponzoña vierten en nuestra boca; Entonces no en el templo de mármol y oro Ni en el dosel lujoso de armiño y grana, Buscamos impacientes aquel tesoro De paz que sólo vierte la fe cristiana. Lo buscamos en sitio solo y callado Donde no sufre el alma, ni el labio miente, Ni se esquiva la mano del hombre honrado, Ni la vergüenza asoma sobre la frente. ¡Que para el pecho triste que sólo sueña En el fulgor eterno de un sol divino, No hay altar tan hermoso como la peña Do está la solitaria cruz del camino!
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A tí piel morena pintora de mis dilemas de ojos como el café fumare de esta cajetilla tus ojos espesos tu boca de humo. escupe y crea lluvia vuela en vida. te vi con el alma clavada por sustancias, tu bello ***** es reflejo de un cuervo nocturno esperando a que caiga, luego muera y me pudra vuelve a escupir al cielo quizá dios te devuelva las alas, quizá tu belleza es aura ángel abrázame esta noche noche esta de tristeza y duerme en mi pecho    rama de arbol extiendete en mi corazon       frondoso viejo arbol estas hecho de amor.
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Jun 10, 2020
Jun 10, 2020 at 6:26 PM UTC
A TÍ
Soy enredadera: ¡Bendecida el hacha que mi tronco hiera!               Soy una amatista: ¡Alabado el lodo que mi lumbre vista!               Lámpara votiva, Maldigo al aceite que me tiene viva.               Falena rosada, Sueño en una espina, para ser clavada. Roca que desdeña la miel de la fruta, Pido, en cambio, el vaso lleno de cicuta. Puesto que he perdido la luz de su amor, El ser que me diste, ¡tómalo, Señor! Mutila mi lengua que aún por él dama. Ciégame estos ojos que aún buscan su llama. Córtame estas manos cobardes que imploran Y cierra estos labios que por él te oran!               Convierte en ceniza, Estos pies que aún buscan la ruta que él pisa.               Tapia los oídos, Que aún su acento atisban en todos los ruidos.               ¡Ay, triste de mí, Que luz y alegría con su amor perdí!               ¡Ay, triste de mí, Que ya nunca, nunca seré lo que fui!
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Lamentación