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"cielos" poems
Tengo el pecho lleno de calor, el aire me lo dijo y me canto una canción. Tengo el alma y grita a veces, aveces me oculto entre la gente, no por que tema a mostrarme, es que prefiero pasar inadvertido, para cuando el viento me señale, haberlo antes sorprendido. Las voces en mi mente susurran como las ramas de un arbol, me lo digo a mi mismo, y en mi interior resueno; aveces solo aveces sueño con ella, aún que ya no recuerdo su voz. Aún recuerdo la lluvia, el camino a mi casa, un suspiro, un minuto de alavanza y el dibujo de un sonrisa en mi cara. Si escribo es para romperme en pedazos, para que alguien, tan solo alguien comparta mi canto, por que no quiero volar solo, quiero surcar los cielos con un coro de voces que brillen voces oscuras, otros matices, que sigan mi vuelo o que me muestren el suyo.
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May 18, 2018
May 18, 2018 at 10:34 PM UTC
Me lo dijo el aire
(Love written in the heavens, a true tale) I hear a gentle knockin at my door and go to see who it may be. To my surprise it is a beautiful angel waiting there to greet me. The angel says, "Child, you suffered darkness, lessons you've learned. It is your childhood love and your soul mate, that I am here to return. You must choose now to walk out the door, trust me and take my hand. His heart yearns to return to the rightful finger, another golden band. He's who the Father of the Heavens wrote for you into the book of life. So now it is time to reassemble the true story of a husband and a wife. It is time to let go of all that has brought you great torment and pain. From this day forward, is only joy and bliss, no more sadness or rain. 20 years apart, fleeting encounters of great love were caused to hit & miss. Today you must trust,  I was sent here with your key to Eternal Happiness.                                       Lopez ©reationz 2014
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Jun 14, 2014
Jun 14, 2014 at 8:57 PM UTC
Amor Escrito En Los Cielos
Buscaba Madalena pecadora un hombre, y Dios halló sus pies, y en ellos perdón, que más la fe que los cabellos ata sus pies, sus ojos enamora. De su muerte a su vida se mejora, efecto en Cristo de sus ojos bellos, sigue su luz, y al occidente dellos canta en los cielos y en peñascos llora. «Si amabas, dijo Cristo, soy tan blando que con amor a quien amó conquisto, si amabas, Madalena, vive amando». Discreta amante, que el peligro visto súbitamente trasladó llorando los amores del mundo a los [de] Cristo.
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A la santísima madalena
Eres mi lucero Un sueño de amor Que me leva a los cielos Con un solo beso Y un roce de tus dedos Acelera mi corazon Un ser divino Con poder sobre el tiempo Pues pasa tan rapido a tu lado Y cuando te vas pasa tan lento De figura tan perfecta Que la luna refunfuña tu belleza Los mares celosos que bajo tus cejas Tus ojos inspiran a mil poetas Mas vives en mis tristes versos De mi imaginacion un fragmento Mi corazon tan desvalido y viejo Un inalcansable deseo Mi pasion corre fervorosa En la lineas de un poema Y mi labios se abotonan Al pensar en las rimas de una estrofa Y si mi musa llegara a mi E inspiracion inyectara a mis venas Sera ese dia cuando escribiera ya no mas poemas de Ti... Si no de ella...
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Sep 13, 2018
Sep 13, 2018 at 12:25 AM UTC
Musa Perfecta
Pa mi kompa el conejo c loco Mi canton donde yo me quedo Ese no puedo tengo que irme lejos A mi familia solos los dejo me voy Les doy el piso anda bien caliente El mundo les miente ya no sienten Que estan haciendo no entiendo Tu ya sabes donde quiera defiendo Sin miedo listo pa cualquier **** En mi puesto te espero pronto No creas que soy un pinchi tonto Preparado para el gran disparo Rumbando en el caro por debajo Mi familia esta en peligro La neta te digo la verdad yo te sigo Solo te pido el rescate del nido Salgo vivo enfrentando la muerte Los dos angeles de la muerte Aqui no vive la suerte solo verte A la fuga da un chingo decoraje Reportandome al jale de la calle Chale estoy en el infierno A falsos los acuesto a balazos Con el cuerno los tiendo grave Es mi vida la que estoy viviendo La ley de dios hasta el fin defiendo No es un cuento y ningun invento Te lo presento con rapides o lento Mis palabras te hacen calaberas Maderas amarandolo con cuerdas Para que siempre te lo recuerdas Tus ojos verdes y camisa muerdes La jura terkos ese pinchis puerkos Quedaste atrapado ya no suelto Encargo para el vuelo a las nubes Hasta arriba en los cielos te subes Y te tumbo desde arriba bebida Mamila tu callida sin paracallidas Te dije imposible que sobrevivas Sigues chingando la torre te acabo Con una madrisa y al fin sonrisa Soy un chingon no un mamon Pinchi rajon cabron me rapo pelon Pon tu cabeza te la hago melon
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Jan 11, 2015
Jan 11, 2015 at 4:39 AM UTC
Mensaje G Rabbs
Apretó las esquirlas de sol entre los dedos como si modelase la mañana con ellos. En el puente de Brooklyn. La luz quita a las cosas su densidad, su peso. Alas les da: que sean criaturas del viento. Luces les da: que moje sus frentes el misterio. En el puente de Brooklyn. Una mujer le entrega un periódico: «Léalo, es importante. Mire las aguas: llevan muertos». ¿Muertos? Mira las aguas. Son sólo un curso ***** En el puente de Brooklyn. Un curso ***** y frío y silencioso, pero bajo la superficie laten playas y cielos, laderas con encinas, cales y cementerios. «Mire las aguas: llevan muertos». (Pero otros muertos). En el puente de Brooklyn. Se entreabre el río. Muestra las entrañas del tiempo. Revive lo vivido, rescata lo pretérito. «Mire los muertos. Lea lo que dice...» (Sus muertos..., su corazón, debajo del agua, en el silencio...) No ve: recuerda sólo. Se ve a sí mismo muerto. ¿Cómo decir que ha sido quien dio figura al fuego, quien lloró por Aquiles, el de los pies ligeros; quien besara en la boca a Julieta Capuleto? En el puente de Brooklyn. ¿Mendigo de qué mundo? ¿Errante por qué tiempo marchito? La mujer se va desvaneciendo. En el puente de Brooklyn.
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Canción del ensimismado en el puente de brooklyn
El puño labrador se aterciopela, y en cruz en cada labio se aperfila. Es fiesta! El ritmo del arado vuela; y es un chantre de bronce cada esquila. Afílase lo rudo. Habla escarcela... En las venas indígenas rutila un yaraví de sangre que se cuela en nostalgias de sol por la pupila. Las pallas, aquenando hondos suspiros, como en raras estampas seculares, enrosarian un símbolo en sus giros. Luce él Apóstol en su trono, luego; y es, entre inciensos, cirios y cantares, el moderno dios-sol para el labriego. Echa una cana al aire el indio triste. Hacia el altar fulgente va el gentío. El ojo del crepúsculo desiste de ver quemado vivo el caserío. , La pastora de lana y llanque viste, con pliegues de candor en su atavío; y en su humildad de lana heroica y triste, copo es su blanco corazón bravío. Entre músicas, fuegos de bengala, solfea un acordeónl Algún tendero da su reclame al viento: "Nadie iguala!" Las chispas al flotar lindas, graciosas, son trigos de oro audaz que el chacarero siembra en los cielos y en las nebulosas. Madrugada. La chicha al fin revienta en sollozos, lujurias, pugilatos; entre olores de urea y de pimienta traza un ebrio al andar mil garabatos. "Mañana que me vaya..." se lamenta un Romeo rural cantando a ratos. Caldo madrugador hay ya de venta; y brinca un ruido aperital de platos. Van tres mujeres.. ., silba un golfo... Lejos el río anda borracho y canta y llora prehistorias de agua, tiempos viejos. Y al sonar una caja de Tayanga, como iniciando un huaino azul, remanga sus pantorrillas de azafrán la Aurora.
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Terceto autóctono
El puño labrador se aterciopela, y en cruz en cada labio se aperfila. Es fiesta! El ritmo del arado vuela; y es un chantre de bronce cada esquila. Afílase lo rudo. Habla escarcela... En las venas indígenas rutila un yaraví de sangre que se cuela en nostalgias de sol por la pupila. Las pallas, aquenando hondos suspiros, como en raras estampas seculares, enrosarian un símbolo en sus giros. Luce él Apóstol en su trono, luego; y es, entre inciensos, cirios y cantares, el moderno dios-sol para el labriego. Echa una cana al aire el indio triste. Hacia el altar fulgente va el gentío. El ojo del crepúsculo desiste de ver quemado vivo el caserío. , La pastora de lana y llanque viste, con pliegues de candor en su atavío; y en su humildad de lana heroica y triste, copo es su blanco corazón bravío. Entre músicas, fuegos de bengala, solfea un acordeónl Algún tendero da su reclame al viento: "Nadie iguala!" Las chispas al flotar lindas, graciosas, son trigos de oro audaz que el chacarero siembra en los cielos y en las nebulosas. Madrugada. La chicha al fin revienta en sollozos, lujurias, pugilatos; entre olores de urea y de pimienta traza un ebrio al andar mil garabatos. "Mañana que me vaya..." se lamenta un Romeo rural cantando a ratos. Caldo madrugador hay ya de venta; y brinca un ruido aperital de platos. Van tres mujeres.. ., silba un golfo... Lejos el río anda borracho y canta y llora prehistorias de agua, tiempos viejos. Y al sonar una caja de Tayanga, como iniciando un huaino azul, remanga sus pantorrillas de azafrán la Aurora.
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Las hadas, las bellas hadas, existen, mi dulce niña, Juana de Arco las vio aladas, en la campiña. Las vio al dejar el mirab, ha largo tiempo, Mahoma. Más chica que una paloma, Shakespeare vio a la Reina Mab. Las hadas decían cosas en la cuna de las princesas antiguas: que si iban a ser dichosas o bellas como la luna; o frases raras y ambiguas. Con sus diademas y alas, pequeñas como azucenas, había hadas que eran buenas y había hadas que eran malas. Y había una jorobada, la de profecía odiosa: la llamada Carabosa. Si ésta llegaba a la cuna de las suaves princesitas, no se libraba ninguna de sus palabras malditas. Y esa hada era muy fea, como son feos toda mala idea y todo mal corazón. Cuando naciste, preciosa, no tuviste hadas paganas, ni la horrible Carabosa ni sus graciosas hermanas. Ni Mab, que en los sueños anda, ni las que celebran fiesta en la mágica floresta de Brocelianda. Y, ¿sabes tú, niña mía, por qué ningún hada había? Porque allí estaba cerca de ti quien tu nacer bendecía: Reina más que todas ellas: la Reina de las Estrellas, la dulce Virgen María. Que ella tu senda bendiga, como tu Madre y tu amiga; con sus divinos consuelos no temas infernal guerra; que perfume tus anhelos su nombre que el mal destierra, pues ella aroma los cielos y la tierra.
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Pequeño poema infantil
¡Tanto hermoso momento muerto por la costumbre! ¡Tanto instante terrible que luego en la memoria se hunde! Sé que somos la suma de instantes sucesivos que el tiempo no destruye. Y miro al que yo he sido un instante olvidado de algún día de octubre. Me duele su tristeza: quisiera liberarle de aquella pesadumbre; pero somos la suma de instantes sucesivos que el tiempo no destruye. Aquel que ahora recuerdo seguirá siempre en sombras aun cuando el sol me alumbre. Oh, no poder borrarlo, no poder alegrarlo, darle cielos azules. Mientras esté yo vivo él llenará su instante ciñendo rosas fúnebres. Y cuando yo me muera él seguirá viviendo ciñendo rosas fúnebres. Sé que somos la suma de instantes sucesivos. Ceñimos rosas fúnebres. (Miro: estoy en mi estela, ciñendo rosas fúnebres).
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El momento eterno
¿Y si Dios fuera mujer? pregunta Juan sin inmutarse, vaya, vaya si Dios fuera mujer es posible que agnósticos y ateos no dijéramos no con la cabeza y dijéramos sí con las entrañas. Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez para besar sus pies no de bronce, su ***** no de piedra, sus pechos no de mármol, sus labios no de yeso. Si Dios fuera mujer la abrazaríamos para arrancarla de su lontananza y no habría que jurar hasta que la muerte nos separe ya que sería inmortal por antonomasia y en vez de transmitirnos SIDA o pánico nos contagiaría su inmortalidad. Si Dios fuera mujer no se instalaría lejana en el reino de los cielos, sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno, con sus brazos no cerrados, su rosa no de plástico y su amor no de ángeles. Ay Dios mío, Dios mío si hasta siempre y desde siempre fueras una mujer qué lindo escándalo sería, qué venturosa, espléndida, imposible, prodigiosa blasfemia.
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Si dios fuera mujer
Viene como una estrella a través los cielos Rajando mis pensamientos en mil’ fragmentos Yo pienso mucho en ti, ya no puedo pasar el día Tu energía se ha vuelto como la fuente de mi fantasía Pienso en lo que no puedo hacer La posibilidad de tenerte no se puede vencer Tu presencia es la porción que me falta Tu olor dulce que me encanta Tus labios dulces me dejaron paralizado En un estado oscuro de un alma perdido Todavía no eres mi futuro constante Pero sigues el corazón de mi presente Te quiero como el día quiere al sol La arteria pulmonar de mi corazón Tú eres la realidad de mi sueño La fantasía que me calienta en el frio Mi amor es un hueco de tus sentimientos Tu atención tan lejos pero siempre estarás en mis pensamientos…
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May 31, 2015
May 31, 2015 at 9:45 AM UTC
En Mis Pensamientos
i’m going to steal you…. In the middle of the night I’m going to steal you Like an expensive piece of art I’m gonna steal you Like the rain steals the dryness Of the dessert i cry on I’m gonna steal you As you sleep As you dream As you mourn While you eat cookies con leche While you watch a random movie As you iron a wrinkled old shirt As you cook huevos rancheros I’m gonna steal you Voy a robarte A la antigua A la buena, a la mala Between sombra y resolana, I will carry you in my canana As a bullet for revolution I’m gonna steal you While worlds wage war against each other As the corn goddess watches over Little children of a poor neighborhood In Vegas Voy a robarte Y llevarte entre las piernas Like bootlegged tequila During the prohibition I’m going to steal your superstitions And show you That words carry such a strong action So strong That we seldom belong in our own realities The realities imposed By every single law of attraction I’m gonna steal you Like la Llorona El calzonudo El Diablo blanco Los gitanos Or el viejo del costal As you rest your feet on the floor Ponderously looking at the sky In your search for a perfect star In july’s cielos… I’m going to steal you…
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Jan 30, 2014
Jan 30, 2014 at 5:23 AM UTC
i'm going to steal you
Diciembre ha congelado su aliento de dos filos, y lo resopla desde los cielos congelados, como una llama seca desarrollada en hilos, como una larga ruina que ataca a los soldados. Nieve donde el caballo que impone sus pisadas es una soledad de galopante luto. Nieve de uñas cernidas, de garras derribadas, de celeste maldad, de desprecio absoluto. Muerde, tala, traspasa como un tremendo hachazo, con un hacha de mármol encarnizado y leve. Desciende, se derrama como un deshecho abrazo de precipicios y alas, de soledad y nieve. Esta agresión que parte del centro del invierno, hambre cruda, cansada de tener hambre y frío, amenaza al desnudo con un rencor eterno, blanco, mortal, hambriento, silencioso, sombrío. Quiere aplacar las fraguas, los odios, las hogueras, quiere cegar los mares, sepultar los amores: y se va elevando lentas y diáfanas barreras, estatuas silenciosas y vidrios agresores. Que se derrame a chorros el corazón de lana de tantos almacenes y talleres textiles, para cubrir los cuerpos que queman la mañana con la voz, la mirada, los pies y los fusiles. Ropa para los cuerpos que pueden ir desnudos, que pueden ir vestidos de escarchas y de hielos: de piedra enjuta contra los picotazos rudos, las mordeduras pálidas y los pálidos vuelos. Ropa para los cuerpos que rechazan callados los ataques más blancos con los huesos más rojos. Porque tienen el hueso solar estos soldados, y porque son hogueras con pisadas, con ojos. La frialdad se abalanza, la muerte se deshoja, el clamor que no suena, pero que escucho, llueve. Sobre la nieve blanca, la vida roja y roja hace la nieve cálida, siembra fuego en la nieve. Tan decididamente son el cristal de roca que sólo el fuego, sólo la llama cristaliza, que atacan con el pómulo nevado, con la boca, y vuelven cuanto atacan recuerdos de ceniza.
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El soldado y la nieve
Diciembre ha congelado su aliento de dos filos, y lo resopla desde los cielos congelados, como una llama seca desarrollada en hilos, como una larga ruina que ataca a los soldados. Nieve donde el caballo que impone sus pisadas es una soledad de galopante luto. Nieve de uñas cernidas, de garras derribadas, de celeste maldad, de desprecio absoluto. Muerde, tala, traspasa como un tremendo hachazo, con un hacha de mármol encarnizado y leve. Desciende, se derrama como un deshecho abrazo de precipicios y alas, de soledad y nieve. Esta agresión que parte del centro del invierno, hambre cruda, cansada de tener hambre y frío, amenaza al desnudo con un rencor eterno, blanco, mortal, hambriento, silencioso, sombrío. Quiere aplacar las fraguas, los odios, las hogueras, quiere cegar los mares, sepultar los amores: y se va elevando lentas y diáfanas barreras, estatuas silenciosas y vidrios agresores. Que se derrame a chorros el corazón de lana de tantos almacenes y talleres textiles, para cubrir los cuerpos que queman la mañana con la voz, la mirada, los pies y los fusiles. Ropa para los cuerpos que pueden ir desnudos, que pueden ir vestidos de escarchas y de hielos: de piedra enjuta contra los picotazos rudos, las mordeduras pálidas y los pálidos vuelos. Ropa para los cuerpos que rechazan callados los ataques más blancos con los huesos más rojos. Porque tienen el hueso solar estos soldados, y porque son hogueras con pisadas, con ojos. La frialdad se abalanza, la muerte se deshoja, el clamor que no suena, pero que escucho, llueve. Sobre la nieve blanca, la vida roja y roja hace la nieve cálida, siembra fuego en la nieve. Tan decididamente son el cristal de roca que sólo el fuego, sólo la llama cristaliza, que atacan con el pómulo nevado, con la boca, y vuelven cuanto atacan recuerdos de ceniza.
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Cuando todas las cosas existían sin nombre, bajo el azul intacto de los cielos serenos, Jehová le dio músculos poderosos al hombre, y a la mujer los senos. Esa, sin duda alguna, fue su obra más alta; esa ha sido, sin duda, su más perfecta obra: con ella, a la mujer nada le sobra; sin ella, a la mujer todo le falta. Senos que pugnan por erguir sus conos, rebeldemente erectos tras la tela; senos agudos como dos enconos, como dos rutas blancas que nacen de una estela. Senos que ostentan terciopelos rubios, como la piel de los melocotones, y que fingen minúsculos Vesubios, creciendo horizontales sobre los corazones. Tímidos senos de las colegialas, que, en su gemela redondez de frutos, sugieren temblorosos nacimientos de alas a la salida de los Institutos. Senos de novia casta, traviesamente austeros, que excitan en la sombra los goces solitarios de los adolescentes y de los marineros, de los seminaristas y de los presidiarios. Toscos pechos de aldeana, que estiran los cordones del corpiño; pechos en los que triunfa la carne firme y sana, la incitación del hombre y la salud del niño. Pechos macizos de las solteronas, que, en los hondos escotes del verano, exhiben sus prestigios de inexploradas zonas y su angustia de surco que floreciera en vano. Senos exangües de la obrera, senos de ayunos largos y de higienes precarias; senos que disfrutaron de fugaz primavera sobre los mostradores de madera o entre el resuello de las maquinarias. Senos ajados de la prostituta, que la ruda caricia despojó de su seda, tal como se despoja de corteza una fruta, después de haber pagado por ella una moneda. Senos de extrañas razas y de remotos climas, bajo lunas de nieve, bajo soles de brasa... Senos que son dos inquietantes rimas, senos que son dos temblorosas cimas en la mujer que llega y en la mujer que pasa... Senos que, en el más noble sacrificio, en las maternidades magullaron sus flores, y, en una primavera de artificio, aún logran el consuelo de un esplendor ficticio con la falsa apariencia de los ajustadores. Senos que se alzan sólidos tras la blusa ceñida, o bajo una inconsútil transparencia de encaje; senos que fueron lo mejor de un viaje, y que son, casi siempre, lo mejor de la vida. Sí: hizo bien Jehová, cuando, a la clara fulguración primera de los cielos serenos, le otorgó a la mujer la gloria de los senos, ¡y los ojos al hombre, para que los mirara!
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La obra de jehová
Cuando todas las cosas existían sin nombre, bajo el azul intacto de los cielos serenos, Jehová le dio músculos poderosos al hombre, y a la mujer los senos. Esa, sin duda alguna, fue su obra más alta; esa ha sido, sin duda, su más perfecta obra: con ella, a la mujer nada le sobra; sin ella, a la mujer todo le falta. Senos que pugnan por erguir sus conos, rebeldemente erectos tras la tela; senos agudos como dos enconos, como dos rutas blancas que nacen de una estela. Senos que ostentan terciopelos rubios, como la piel de los melocotones, y que fingen minúsculos Vesubios, creciendo horizontales sobre los corazones. Tímidos senos de las colegialas, que, en su gemela redondez de frutos, sugieren temblorosos nacimientos de alas a la salida de los Institutos. Senos de novia casta, traviesamente austeros, que excitan en la sombra los goces solitarios de los adolescentes y de los marineros, de los seminaristas y de los presidiarios. Toscos pechos de aldeana, que estiran los cordones del corpiño; pechos en los que triunfa la carne firme y sana, la incitación del hombre y la salud del niño. Pechos macizos de las solteronas, que, en los hondos escotes del verano, exhiben sus prestigios de inexploradas zonas y su angustia de surco que floreciera en vano. Senos exangües de la obrera, senos de ayunos largos y de higienes precarias; senos que disfrutaron de fugaz primavera sobre los mostradores de madera o entre el resuello de las maquinarias. Senos ajados de la prostituta, que la ruda caricia despojó de su seda, tal como se despoja de corteza una fruta, después de haber pagado por ella una moneda. Senos de extrañas razas y de remotos climas, bajo lunas de nieve, bajo soles de brasa... Senos que son dos inquietantes rimas, senos que son dos temblorosas cimas en la mujer que llega y en la mujer que pasa... Senos que, en el más noble sacrificio, en las maternidades magullaron sus flores, y, en una primavera de artificio, aún logran el consuelo de un esplendor ficticio con la falsa apariencia de los ajustadores. Senos que se alzan sólidos tras la blusa ceñida, o bajo una inconsútil transparencia de encaje; senos que fueron lo mejor de un viaje, y que son, casi siempre, lo mejor de la vida. Sí: hizo bien Jehová, cuando, a la clara fulguración primera de los cielos serenos, le otorgó a la mujer la gloria de los senos, ¡y los ojos al hombre, para que los mirara!
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Lentamente venía la vaca bermeja, por el campo verde, todo lleno de agua; lentamente venía, los ojos muy tristes, la cabeza baja, y colgando del morro brillante un hilo de baba. Enferma venía la buena, la única" de la pobre chacra. -¡Hazla correr, hombre!- La mujer gritaba al viejo marido. -¡Se viene empastada! Y el viejo marido los brazos subía y bajaba, y la vaca corrió como pudo, los ojos más tristes, la cabeza baja... Junto a un alambrado, salpicando el agua, cayó muerta la vaca bermeja; ¡El viejo y la vieja lloraban! Y vino un vecino con una cuchilla afinada, y en el vientre, redondo y sonoro de una puñalada. Un poco de espuma, de un verde muy claro de alfalfa, surgió por la herida; y el docto vecino, después de profunda mirada, acabó sentencioso: la carne está buena, hay que aprovecharla. Los cielos estaban color de ceniza, el viejo y la vieja lloraban.
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La vaca muerta
A veces veo a mis antiguos errores con cariño a veces veo a mis antiguos horrores con desgracia o con arrepentimiento aunque sinceramente no lo hago pues todo me dio algo cada uno de ellos de esos pequeños grandes altos gordos flacos errores De todos aprendí a confiar menos a perder más a entregarme ya sin esperar nada de nadie nunca más Aprendí que todo lo que tengo se puede ir o perder o lo puedo dejar desaparecer Aprendí de ellos como morir como hacer drama como se pretende ser algo que no se es Aprendí de ellos que hay diferentes tipos de locuras de celos de penes de cielos Y de todos esos errores aprendí que nada es más cierto que los errores que comete uno mismo que no hay nada en ellos que cambiaría y que en su momento los adore como a nada como si fueran el único porque en su momento lo fueron y disfrute cada caricia como disfruto cada recuerdo pues no hay nada más puro que el amor y la electricidad de la pasión. Esas cosas que las acciones no demeritan pues los sentimientos son mas fuertes que la razón. De todos ellos aprendí de mis morenos de mis blancos de mis dientones o miopes errores en algún momento aprendí y viví.
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May 13, 2014
May 13, 2014 at 7:34 AM UTC
Errores
Pasas por el abismo de mis tristezas como un rayo de luna sobre los mares, ungiendo lo infinito de mis pesares con el nardo y la mirra de tus ternezas. Ya tramonta mi vida; la tuya empiezas; mas, salvando del tiempo los valladares, como un rayo de luna sobre los mares pasas por el abismo de mis tristezas. No más en la tersura de mis cantares dejará el desencanto sus asperezas; pues Dios, que dio a los cielos sus luminares, quiso que atravesaras por mis tristezas como un rayo de luna sobre los mares.
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Pasas por el abismo de mis tristezas
Cuando yo me muera Olvidate de mi ya me fui Al lugar santisimo Los cielos del altisimo Por eso mismo precura el abysmo Ten la mente lista y fuerte Soy el angel de la muerte Mi unico deseo fue verte El destino fue mi mala suerte Sigue adelante triunfa En la vida su luz es la unica salida Si te sientes decallida Mira hacia arriba Recuerda que eres divina Para mi la mas fina Del alma y corazon con mas razon Te dedicare una cancion Perdoname por mis acciones Con mis faltas y maltratos Solo con besos y abrazos Puedo repagarte quiero darte El amor es un arte Nomas falta poner de tu parte Nunca es muy tarde Te llevaste mi corazon Por las heridas te pido perdon
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Jan 6, 2015
Jan 6, 2015 at 2:13 AM UTC
Olvidame
Siempre que pienso en ti, no puedo evitar sonreír. Siempre que te veo a ti, no puedo evitar esto dentro de mi. Estremeces mi mar, mi océano, mi paz. Quien mas que tu, quien mejor que tu. Te daría el poder de mi mundo, te daría la potestad de todo, y te amaría mas que cualquier otro. Lo sabes, lo se, lo sabemos. Por todo este tiempo juntos, brindemos sonriendo a los cielos y festejemos juntos con un dulce y apasionante cortejo.
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Nov 3, 2013
Nov 3, 2013 at 10:03 PM UTC
Quien mas que tu.
Sí, yo amaba lo azul con ardimiento: las montañas excelsas, los sutiles crespones de zafir del firmamento, el piélago sin fin, cuyo lamento arrulló mis ensueños juveniles. Callaba mi laúd cuando despliega cada estrella purísima su broche, el universo en la quietud navega, y la luna, hoz de plata, surge y siega el haz d'espesas sombras de la noche. Cantaba, si l'aurora descorría en el Oriente sus rosados velos, si el aljófar al campo descendía, y el sol, urna de oro que se abría, inundaba de luz todos los cielos. Mas hoy amo la noche, la galana, de dulce majestad, horas tranquilas y solemnes, la nubia soberana, la d'espléndida pompa americana: ¡la noche tropical de tus pupilas! Hoy esquivo del alba los sonrojos, su saeta de oro me maltrata, y el corazón, sin pena y sin enojos, tan sólo ante lo ***** de tus ojos como el iris del búho se dilata. ¿Qu'encanto hubiera semejante al tuyo, oh, noche mía? ¡Tu beldad me asombra! Yo, qu'esplendores matutinos huyo, ¡dejo el alma que agite, cual cocuyo, sus alas coruscantes en tu sombra! Si siempre he de sentir esa mirada fija en mi rostro, poderosa y tierna, ¡adiós, por siempre adiós, rubia alborada!; doncella de la veste sonrosada: ¡que reine en mi redor la noche eterna! ¡Oh, noche! Ven a mí llena d'encanto; mientras con vuelo misterioso avanzas, nada más para ti será mi canto, y en los brunos repliegues de tu manto, su cáliz abrirán mis esperanzas...
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Perlas negras - xxix
Un cielo de oro y de brasas Un río de plata fina Y Fray Bentos de esperanza, Crece que crece en la orilla. La paz jovial es su rosa De Jericó, en la cintura. Cantan antiguos bambúes Bajo sus claros de luna. Y canta el viento costeño Coplas de islas y peces Mientras el río jocundo Deshila azules y verdes. En la fragua de su ocaso La noche se purifica Tan leve y tan silenciosa Como un racimo de lilas. Fray Bentos lleno de duende ¡Qué buena para mi alma Tu dulce vida perfecta! ¡Qué buena que en tí ha de ser La riqueza de una casa Y de un jardín de rosales Hasta la orilla del agua! Un crepúsculo me diste En añiles y agapantos Como yo nunca había visto Si no en gladiolos y cardos. Quizá Blanes lo soñaba Y Cúneo tal vez un día, Lo vea y ponga en sus cielos De lunas y Tres Marías. Guárdame, ciudad de gracia. Un hueco para mi sueño, En tu playa de bambúes En tu placita de encuentros. Un día yo iré a pedirte Un vaso de agua una tarde de magnolias y duraznos De cielo en oro y jades. ¡No tengo más que un romance Para tu arcángel del aire! ¡Fray Bentos: tómamelo Como si fuera un diamante!
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Romance de fray bentos
Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos, Como nace un deseo sobre torres de espanto, Amenazadores barrotes, hiel descolorida, Noche petrificada a fuerza de puños, Ante todos, incluso el más rebelde, Apto solamente en la vida sin muros. Corazas infranqueables, lanzas o puñales, Todo es bueno si deforma un cuerpo; Tu deseo es beber esas hojas lascivas O dormir en esa agua acariciadora. No importa; Ya declaran tu espíritu impuro. No importa la pureza, los dones que un destino Levantó hacia las aves con manos imperecederas; No importa la juventud, sueño más que hombre, La sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad De un régimen caído. Placeres prohibidos, planetas terrenales, Miembros de mármol con sabor de estío, Jugo de esponjas abandonadas por el mar, Flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre. Soledades altivas, coronas derribadas, Libertades memorables, manto de juventudes; Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua, Es vil como un rey, como sombra de rey Arrastrándose a los pies de la tierra Para conseguir un trozo de vida. No sabía los límites impuestos, Límites de metal o papel, Ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta, Adonde no llegan realidades vacías, Leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos. Extender entonces una mano Es hallar una montaña que prohíbe, Un bosque impenetrable que niega, Un mar que traga adolescentes rebeldes. Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte, Ávidos dientes sin carne todavía, Amenazan abriendo sus torrentes, De otro lado vosotros, placeres prohibidos, Bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita, Tendéis en una mano el misterio. Sabor que ninguna amargura corrompe, Cielos, cielos relampagueantes que aniquilan. Abajo, estatuas anónimas, Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla; Una chispa de aquellos placeres Brilla en la hora vengativa. Su fulgor puede destruir vuestro mundo.
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Diré cómo nacisteis
Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos, Como nace un deseo sobre torres de espanto, Amenazadores barrotes, hiel descolorida, Noche petrificada a fuerza de puños, Ante todos, incluso el más rebelde, Apto solamente en la vida sin muros. Corazas infranqueables, lanzas o puñales, Todo es bueno si deforma un cuerpo; Tu deseo es beber esas hojas lascivas O dormir en esa agua acariciadora. No importa; Ya declaran tu espíritu impuro. No importa la pureza, los dones que un destino Levantó hacia las aves con manos imperecederas; No importa la juventud, sueño más que hombre, La sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad De un régimen caído. Placeres prohibidos, planetas terrenales, Miembros de mármol con sabor de estío, Jugo de esponjas abandonadas por el mar, Flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre. Soledades altivas, coronas derribadas, Libertades memorables, manto de juventudes; Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua, Es vil como un rey, como sombra de rey Arrastrándose a los pies de la tierra Para conseguir un trozo de vida. No sabía los límites impuestos, Límites de metal o papel, Ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta, Adonde no llegan realidades vacías, Leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos. Extender entonces una mano Es hallar una montaña que prohíbe, Un bosque impenetrable que niega, Un mar que traga adolescentes rebeldes. Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte, Ávidos dientes sin carne todavía, Amenazan abriendo sus torrentes, De otro lado vosotros, placeres prohibidos, Bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita, Tendéis en una mano el misterio. Sabor que ninguna amargura corrompe, Cielos, cielos relampagueantes que aniquilan. Abajo, estatuas anónimas, Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla; Una chispa de aquellos placeres Brilla en la hora vengativa. Su fulgor puede destruir vuestro mundo.
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No he visto el mar. Mis ojos -vigías horadantes, fantásticas luciérnagas; mis ojos avizores entre la noche; dueños de la estrellada comba; de los astrales mundos; mis ojos errabundos familiares del hórrido vértigo del abismo; mis ojos acerados de viking, oteantes; mis ojos vagabundos no han visto el mar... La cántiga ondulosa de su trémula curva no ha mecido mis sueños; ni oí de sus sirenas la erótica quejumbre; ni aturdió mi retina con el rútilo azogue que rueda por su dorso... Sus resonantes trombas, sus silencios, yo nunca pude oír...: sus cóleras ciclópeas, sus quejas o sus himnos; ni su mutismo impávido cuando argentos y oros de los soles y lunas, como perennes lloros diluyen sus riquezas por el glauco zafir...! Ni aspiré su perfume! Yo sé de los aromas de amadas cabelleras... Yo sé de los perfumes de los cuellos esbeltos y frágiles y tibios; de senos donde esconden sus hálitos las pomas preferidas de Venus! Yo aspiré las redomas donde el Nirvana enciende los sándalos simbólicos; las zábilas y mirras del mago Zoroastro... Mas no aspiré las sales ni los iodos del mar. Mis labios sitibundos no en sus odres la sed apagaron: no en sus odres acerbos mitigaron la sed... Mis labios, locos, ebrios, ávidos, vagabundos, labios cogitabundos que amargaron los ayes y gestos iracundos y que unos labios -vírgenes- captaron en su red! Hermano de las nubes yo soy. Hermano de las nubes, de las errantes nubes, de las ilusas del espacio: vagarosos navíos que empujan acres soplos anónimos y fríos, que impelen recios ímpetus voltarios y sombríos! Viajero de las noches yo soy. Viajero de las noches embriagadoras; nauta de sus golfos ilímites, de sus golfos ilímites, delirantes, vacíos, -vacíos de infmito..., vacíos... -Dócil nauta yo soy, y mis soñares derrotados navios... Derrotados navíos, rumbos ignotos, antros de piratas... ¡el mar! Mis ojos vagabundos -viajeros insaciados- conocen cielos, mundos, conocen noches hondas, ingraves y serenas, conocen noches trágicas, ensueños deliciosos, sueños inverecundos... Saben de penas únicas, de goces y de llantos, de mitos y de ciencia, del odio y la clemencia, del dolor y el amar...! Mis ojos vagabundos, mis ojos infecundos...: no han visto el mar mis ojos, no he visto el mar!
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Balada del mar no visto, ritmada en versos diversos
No he visto el mar. Mis ojos -vigías horadantes, fantásticas luciérnagas; mis ojos avizores entre la noche; dueños de la estrellada comba; de los astrales mundos; mis ojos errabundos familiares del hórrido vértigo del abismo; mis ojos acerados de viking, oteantes; mis ojos vagabundos no han visto el mar... La cántiga ondulosa de su trémula curva no ha mecido mis sueños; ni oí de sus sirenas la erótica quejumbre; ni aturdió mi retina con el rútilo azogue que rueda por su dorso... Sus resonantes trombas, sus silencios, yo nunca pude oír...: sus cóleras ciclópeas, sus quejas o sus himnos; ni su mutismo impávido cuando argentos y oros de los soles y lunas, como perennes lloros diluyen sus riquezas por el glauco zafir...! Ni aspiré su perfume! Yo sé de los aromas de amadas cabelleras... Yo sé de los perfumes de los cuellos esbeltos y frágiles y tibios; de senos donde esconden sus hálitos las pomas preferidas de Venus! Yo aspiré las redomas donde el Nirvana enciende los sándalos simbólicos; las zábilas y mirras del mago Zoroastro... Mas no aspiré las sales ni los iodos del mar. Mis labios sitibundos no en sus odres la sed apagaron: no en sus odres acerbos mitigaron la sed... Mis labios, locos, ebrios, ávidos, vagabundos, labios cogitabundos que amargaron los ayes y gestos iracundos y que unos labios -vírgenes- captaron en su red! Hermano de las nubes yo soy. Hermano de las nubes, de las errantes nubes, de las ilusas del espacio: vagarosos navíos que empujan acres soplos anónimos y fríos, que impelen recios ímpetus voltarios y sombríos! Viajero de las noches yo soy. Viajero de las noches embriagadoras; nauta de sus golfos ilímites, de sus golfos ilímites, delirantes, vacíos, -vacíos de infmito..., vacíos... -Dócil nauta yo soy, y mis soñares derrotados navios... Derrotados navíos, rumbos ignotos, antros de piratas... ¡el mar! Mis ojos vagabundos -viajeros insaciados- conocen cielos, mundos, conocen noches hondas, ingraves y serenas, conocen noches trágicas, ensueños deliciosos, sueños inverecundos... Saben de penas únicas, de goces y de llantos, de mitos y de ciencia, del odio y la clemencia, del dolor y el amar...! Mis ojos vagabundos, mis ojos infecundos...: no han visto el mar mis ojos, no he visto el mar!
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Ser en la vida romero, romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos. Ser en la vida romero, sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo. Ser en la vida romero, romero..., sólo romero. Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo, pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero, ligero, siempre ligero. Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo, ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos para que nunca recemos como el sacristán los rezos, ni como el cómico viejo digamos los versos. La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos, decía el príncipe Hamlet, viendo cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo un sepulturero. No sabiendo los oficios los haremos con respeto. Para enterrar a los muertos como debemos cualquiera sirve, cualquiera... menos un sepulturero. Un día todos sabemos hacer justicia. Tan bien como el rey hebreo la hizo Sancho el escudero y el villano Pedro Crespo. Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo. Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero, ligero, siempre ligero.           Sensibles a todo viento           y bajo todos los cielos,           poetas, nunca cantemos           la vida de un mismo pueblo           ni la flor de un solo huerto.           Que sean todos los pueblos           y todos los huertos nuestros.
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Romero sólo...