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"cesa" poems
Siempre es conmovedor el ocaso por indigente o charro que sea, pero más conmovedor todavía es aquel brillo desesperado y final que herrumbra la llanura cuando el sol último se ha hundido. Nos duele sostener esa luz tirante y distinta, esa alucinación que impone al espacio el unánime miedo de la sombra y que cesa de golpe cuando notamos su falsía, como cesan los sueños cuando sabemos que soñamos.
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Afterglow
Ahora que me acuerdo, fue así: Hecho de fiebre, atravesé ciudades hermafroditas donde las mujeres y los hombres recibían los cuerpos de los vagabundos y los lavaban en las fuentes, con el manto de fuego que no cesa. Una noche saturada de invierno, bebiendo la sopa de la eternidad, gané mi virginidad y fui otro yo en mí mismo, porque olvidé cómo responder sobre el misterio de las cosas. De silencio me armé y salí hacia campo abierto  a traficar imágenes junto a las constelaciones. Fue entonces cuando indagué la pulpa del mestizaje, cuando probé la sangre metafísica derramada en Tebas -es que esa mañana liquidé a la esfinge Cerca de una Wasserfall contaminada.- Pies desarmados, peregriné mi jornada intuitiva, saludé a las moléculas del fruto y a las sombras de la adivinación, en un árbol vi la doble cifra de mi vida, y grité, siendo montaña, la genealogía de mi conciencia. Cuando la purificación se había ya extinguido troqué el umbral de hueso por el marfil brillante y así fue que entré en Coroico, urbe flotante, cual símbolo, por material de sueño ungido. Ahora miro con estos ojos destruidos donde la sal del delirio antes tuvo morada, (intuyo en esa forma liminar, la espada, el camino que me arrastró al divino Omphalos). Escucho, a veces, con saturnal resignación, la crónica de mi negligencia.
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Sep 7, 2014
Sep 7, 2014 at 11:23 PM UTC
Un delirio memorable
Poeta, no temas caer en audacia o que versos anteriores limiten tu poesia, esta no es un fragmento para comparación, y al nacer una obra, ten dado que su resolución es inaudita; ya que un sueño profundo nunca cesa. Solo rie en el pudor que bajo la luna palpita, recitandole a un sueño un mercurio de risas. No tomes a Melancolia como tu enemiga, endulza el alma con un breve remordimiento. No necesitas cambiar al mundo ni tu vida en una palabra; solo sentir la brisa que respira cada grano y cada gota que incita. No necesitas ni lápiz, ni papel, ni harmonia, solo una rima cambiante que en su intangible ardor rescata tu sonrisa. No te niegues a preservarla en el valiente rumbo de la neblina, ya que las palabras sinceras nunca han de ser escritas.
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Aug 13, 2013
Aug 13, 2013 at 1:21 AM UTC
Poeta
Hombres veo que de hombres sólo tienen, sólo gastan el parecer y el cigarro, el pantalón y la barba. En el corazón son liebres, gallinas en las entrañas, galgos de rápido vientre, que en épocas de paz ladran y en épocas de cañones desaparecen del mapa. Estos hombres, estas liebres, comisarios de la alarma, cuando escuchan a cien leguas el estruendo de las balas, con singular heroísmo a la carrera se lanzan, se les alborota el ano, el pelo se les espanta. Valientemente se esconden, gallardamente se escapan del campo de los peligros estas fugitivas cacas, que me duelen hace tiempo en los cojones del alma. ¿Dónde iréis que no vayáis a la muerte, liebres pálidas, podencos de poca fe y de demasiadas patas? ¿No os avergüenza mirar en tanto lugar de España a tanta mujer serena bajo tantas amenazas? Un tiro por cada diente vuestra existencia reclama, cobardes de piel cobarde y de corazón de caña. Tembláis como poseídos de todo un siglo de escarcha y vais del sol a la sombra llenos de desconfianza. Halláis los sótanos poco defendidos por las casas. Vuestro miedo exige al mundo batallones de murallas, barreras de plomo a orillas de precipicios y zanjas para vuestra pobre vida, mezquina de sangre y ansias. No os basta estar defendidos por lluvias de sangre hidalga, que no cesa de caer, generosamente cálida, un día tras otro día a la gleba castellana. No sentís el llamamiento de las vidas derramadas. Para salvar vuestra piel las madrigueras no os bastan, no os bastan los agujeros, ni los retretes, ni nada. Huís y huís, dando al pueblo, mientras bebéis la distancia, motivos para mataros por las corridas espaldas. Solos se quedan los hombres al calor de las batallas, y vosotros, lejos de ellas, queréis ocultar la infamia, pero el color de cobardes no se os irá de la cara. Ocupad los tristes puestos de la triste telaraña. Sustituid a la escoba, y barred con vuestras nalgas la mierda que vais dejando donde colocáis la planta.
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Los cobardes
Hombres veo que de hombres sólo tienen, sólo gastan el parecer y el cigarro, el pantalón y la barba. En el corazón son liebres, gallinas en las entrañas, galgos de rápido vientre, que en épocas de paz ladran y en épocas de cañones desaparecen del mapa. Estos hombres, estas liebres, comisarios de la alarma, cuando escuchan a cien leguas el estruendo de las balas, con singular heroísmo a la carrera se lanzan, se les alborota el ano, el pelo se les espanta. Valientemente se esconden, gallardamente se escapan del campo de los peligros estas fugitivas cacas, que me duelen hace tiempo en los cojones del alma. ¿Dónde iréis que no vayáis a la muerte, liebres pálidas, podencos de poca fe y de demasiadas patas? ¿No os avergüenza mirar en tanto lugar de España a tanta mujer serena bajo tantas amenazas? Un tiro por cada diente vuestra existencia reclama, cobardes de piel cobarde y de corazón de caña. Tembláis como poseídos de todo un siglo de escarcha y vais del sol a la sombra llenos de desconfianza. Halláis los sótanos poco defendidos por las casas. Vuestro miedo exige al mundo batallones de murallas, barreras de plomo a orillas de precipicios y zanjas para vuestra pobre vida, mezquina de sangre y ansias. No os basta estar defendidos por lluvias de sangre hidalga, que no cesa de caer, generosamente cálida, un día tras otro día a la gleba castellana. No sentís el llamamiento de las vidas derramadas. Para salvar vuestra piel las madrigueras no os bastan, no os bastan los agujeros, ni los retretes, ni nada. Huís y huís, dando al pueblo, mientras bebéis la distancia, motivos para mataros por las corridas espaldas. Solos se quedan los hombres al calor de las batallas, y vosotros, lejos de ellas, queréis ocultar la infamia, pero el color de cobardes no se os irá de la cara. Ocupad los tristes puestos de la triste telaraña. Sustituid a la escoba, y barred con vuestras nalgas la mierda que vais dejando donde colocáis la planta.
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Vuelve a la noche, racimo de horas sombrías; córtalo, come el fruto de tiniebla, saborea la ignorancia Con orgullo de árbol plantado de pleno torbellino te desvistes                       con el gesto del agua saltando de la peña abandonas tus cuerpos con los pasos sonámbulos del viento te arrojas en el lecho con los ojos cerrados buscas tu más antigua desnudez Caigo en ti con la ciega caída de la ola tu cuerpo me sostiene como la ola que renace el viento sopla afuera y reúne las aguas todos los bosques son un solo árbol Navega la ciudad en plena noche tierra y cielo y marea que no cesa los elementos enlazados tejen la vestidura de un día desconocido Desierto inmenso y fuente secreta balanza del silencio y árbol de gemidos cuerpo que se despliega como la vela cuerpo que se repliega como la brasa corazón que desgajo de la noche escorpión que se clava en mi pecho sello de sangre sobre mis años de hombre (Hago lo que dices) Con un Sí la lámpara que te guía a la entrada del sueño Con un No la balanza que pesa la falacia y la verdad del deseo Con un Ay el hueso floreciendo para atravesar la muerte (Hoy, siempre hoy) Hablas (se oyen muchas lluvias) no sé lo que dices (una mano amarilla nos sostiene) Callas (nacen muchos pájaros) no sé adónde estamos (un alveolo escarlata nos encierra) Ríes (las piernas del río se cubren de hojas) no sé adónde vamos (hoy es ya mañana en mitad de la noche)           Hoy que se abre y se cierra           nunca se mueve y no se detiene           corazón que nunca se apaga           Hoy (un pájaro se posa           en una torre de granito)           Siempre es mediodía
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Vaivén
Vuelve a la noche, racimo de horas sombrías; córtalo, come el fruto de tiniebla, saborea la ignorancia Con orgullo de árbol plantado de pleno torbellino te desvistes                       con el gesto del agua saltando de la peña abandonas tus cuerpos con los pasos sonámbulos del viento te arrojas en el lecho con los ojos cerrados buscas tu más antigua desnudez Caigo en ti con la ciega caída de la ola tu cuerpo me sostiene como la ola que renace el viento sopla afuera y reúne las aguas todos los bosques son un solo árbol Navega la ciudad en plena noche tierra y cielo y marea que no cesa los elementos enlazados tejen la vestidura de un día desconocido Desierto inmenso y fuente secreta balanza del silencio y árbol de gemidos cuerpo que se despliega como la vela cuerpo que se repliega como la brasa corazón que desgajo de la noche escorpión que se clava en mi pecho sello de sangre sobre mis años de hombre (Hago lo que dices) Con un Sí la lámpara que te guía a la entrada del sueño Con un No la balanza que pesa la falacia y la verdad del deseo Con un Ay el hueso floreciendo para atravesar la muerte (Hoy, siempre hoy) Hablas (se oyen muchas lluvias) no sé lo que dices (una mano amarilla nos sostiene) Callas (nacen muchos pájaros) no sé adónde estamos (un alveolo escarlata nos encierra) Ríes (las piernas del río se cubren de hojas) no sé adónde vamos (hoy es ya mañana en mitad de la noche)           Hoy que se abre y se cierra           nunca se mueve y no se detiene           corazón que nunca se apaga           Hoy (un pájaro se posa           en una torre de granito)           Siempre es mediodía
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Silencio que naufraga en el silencio de las bocas cerradas de la noche. No cesa de callar ni atravesado. Habla el lenguaje ahogado de los muertos. Silencio. Abre caminos de algodón profundo, amordaza las ruedas, los relojes, detén la voz del mar, de la paloma: emociona la noche de los sueños. Silencio. El tren lluvioso de la sangre suelta, el frágil tren de los que se desangran, el silencioso, el doloroso, el pálido, el tren callado de los sufrimientos. Silencio. Tren de la palidez mortal que asciende: la palidez reviste las cabezas, el ¡ay! la voz, el corazón la tierra, el corazón de los que malhirieron. Silencio. Van derramando piernas, brazos, ojos, van arrojando por el tren pedazos. Pasan dejando rastros de amargura, otra vía láctea de estelares miembros. Silencio. Ronco tren desmayado, enrojecido: agoniza el carbón, suspira el humo y, maternal la máquina suspira, avanza como un largo desaliento. Silencio. Detenerse quisiera bajo un túnel la larga madre, sollozar tendida. No hay estaciones donde detenerse, si no es el hospital, si no es el pecho. Para vivir, con un pedazo basta: en un rincón de carne cabe un hombre. Un dedo solo, un solo trozo de ala alza el vuelo total de todo un cuerpo. Silencio. Detened ese tren agonizante que nunca acaba de cruzar la noche. Y se queda descalzo hasta el caballo, y enarena los cascos y el aliento.
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El tren de los heridos
De estas calles que ahondan el poniente, una habrá (no sé cuál) que he recorrido ya por última vez, indiferente y sin adivinarlo, sometido a Quién prefija omnipotentes normas y una secreta y rígida medida a las sombras, los sueños y las formas que destejen y tejen esta vida. Si para todo hay término y hay tasa y última vez y nunca más y olvido ¿quién nos dirá de quién, en esta casa, sin saberlo nos hemos despedido? Tras el cristal ya gris la noche cesa y del alto de libros que una trunca sombra dilata por la vaga mesa, alguno habrá que no leeremos nunca. Hay en el Sur más de un portón gastado con sus jarrones de mampostería y tunas, que a mi paso está vedado como si fuera una litografía. Para siempre cerraste alguna puerta y hay un espejo que te aguarda en vano; la encrucijada te parece abierta y la vigila, cuadrifronte, Jano. Hay, entre todas tus memorias, una que se ha perdido irreparablemente; no te verán bajar a aquella fuente ni el blanco sol ni la amarilla luna. No volverá tu voz a lo que el persa dijo en su lengua de aves y de rosas, cuando el ocaso, ante la luz dispersa, quieras decir inolvidables cosas. ¿Y el incesante Ródano y el lago, todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino? Tan perdido estará como Cartago que con fuego y con sal borró el latino. Creo en el alba oír un atareado rumor de multitudes que se alejan; son los que me han querido y olvidado; espacio y tiempo y Borges ya me dejan.
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Límites
Hirió blandamente el aire Con su dulce voz Narcisa, Y él le repitió los ecos Por boca de las heridas. De los celestiales Ejes El rápido curso fija, Y en los Elementos cesa la discordia nunca unida. Al dulce imán de su voz Quisieran, por asistirla, Firmamento ser el Móvil, El Sol ser estrella fija. Tan bella, sobre canora, Que el amor dudoso admira, Si se deben sus arpones A sus ecos, o a su vista. Porque tan confusamente Hiere, que no se averigua, si está en la voz la hermosura, O en los ojos la armonía. Homicidas sus facciones El mortal cambio ejercitan; Voces, que alteran los ojos Rayos que el labio fulmina. Quién podrá vivir seguro, si su hermosura Divina Con los ojos y las voces Duplicadas armas vibra. El Mar la admira Sirena, Y con sus marinas Ninfas Le da en lenguas de las Aguas Alabanzas cristalinas: Pero Fabio que es el blanco Adonde las flecha tira, Así le dijo, culpando De superfluas sus heridas: No dupliques las armas, Bella homicida, que está ociosa la muerte Donde no hay vida.
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Letra para cantar
Decir adiós... La vida es eso. Y yo te digo adiós, y sigo... Volver a amar es el castigo de los que amaron con exceso. Amar y amar toda la vida, y arder en esa llama. Y no saber por qué se ama... Y no saber por qué se olvida... Coger las rosas una a una, beber un vino y otro vino, y andar y andar por un camino que no conduce a parte alguna. Buscar la luz que se eterniza, la clara lumbre durarera, y al fin saber que en una hoguera lo que más dura es la ceniza. Sentir más sed en cada fuente y ver más sombra en cada abismo, en este amor que es siempre el mismo, pero que siempre es diferente. Porque en sordo desacuerdo de lo soñado y lo vivido, siempre, del fondo del olvido, nace la muerte de un recuerdo. Y en esa angustia que no cesa, que toca el alma y no la toca, besar la sombra de otra boca en cada boca que se besa...
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La sed insaciable
Yo sólo soy un hombre débil, un espontáneo que nunca tomó en serio los sesos de su cráneo. A medida que vivo ignoro más las cosas; no sé ni por qué encantan las hembras y las rosas, Sólo estuve sereno, como en un trampolín, para saltar las nuevas cinturas de las Martas y con dedos maniáticos de sastre, medir cuartas a un talle de caricias ideado por Merlín. Admiro el universo como un azul candado, gusto del cristianismo porque el Rabí es poeta, veo arriba el misterio de un único cometa y adoro en la Mujer el misterio encarnado. Quiero a mi siglo; gozo de haber nacido en él; los siglos son en mi alma rombos de una pelota para la dicha varia y el calosfrío cruel en que cesa la media y lo crudo se anota. He oído la rechifla de los demonios sobre mis bancarrotas chuscas de pecador ****** y he mirado a los ángeles y arcángeles mojar con sus lágrimas de oro mi vajilla de cobre. Mi carne es combustible y mi conciencia parda; efímeras y agudas refulgen mis pasiones cual vidrios de botella que erizaron la barda del gallinero, contra los gatos y ladrones. ¡Oh, Rabí, si te dignas, está bien que me orientes: he besado mil bocas, pero besé diez frentes! Mi voluntad es labio y mi beso es el rito... ¡Oh, Rabí, si te dignas, bien está que me encauces; como el can de San Roque, ha estado mi apetito con la vista en el cielo y la antorcha en las fauces!
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El perro de san roque
Ven mi Juan, y toma asiento En la mejor de tus sillas; Siéntate aquí, en mis rodillas, Y presta atención a un cuento. Así estás bien, eso es, Muy cómodo, muy ufano, Pero ten quieta esa mano; Vamos, sosiega esos pies. Este era un rey... me maltrata El bigote ese cariño, Este era un rey... vamos niño, Que me rompes la corbata. Si vieras con qué placer Ese rey... ¡Jesús! ¡qué has hecho! ¿Lo ves? en medio del pecho ¡Me has clavado un alfiler! ¿Y mi dolor te da risa? Escucha y tenme respeto: Éste era un rey... deja quieto El cuello de mi camisa. Oír atento es la ley Que a cumplir aquí te obligo... Deja mi reloj... prosigo. Atención: Este era un rey... Me da tormentos crueles Tu movilidad chicuelo, ¿Ves? has regado en el suelo Mi dinero y mis papeles. Responde: ¿me has de escuchar? Este era un rey... ¡qué locura! Me tiene en grande tortura Que te muevas sin parar. Mas ¿ya estás quieto? Sí, sí Al fin cesa mi tormento... Este era un rey, oye el cuento Inventado para ti. Y agrega el niño, que es ducho En tramar cuentos a fe: «Este era un rey...» ya lo sé Porque lo repites mucho. Y me gusta el cuentecito Y mira ya lo aprendí: «Este era un rey», ¿no es así? «¡Qué bonito! ¡Qué bonito!» Y de besos me da un ciento, Y pienso al ver sus cariños: Los cuentos para los niños, No requieren argumento. Basta con entender Su espíritu de tal modo Que nos puedan hacer todo Lo que nos quieran hacer. Con lenguaje grato o rudo Un niño, sin hacer caso, Va dejando paso a paso A su narrador desnudo. Infeliz del que se escama Con esas dulces locuras: ¡Si estriba en sus travesuras El argumento del drama! ¡Oh Juan! me alegra y me agrada Tu movilidad tan terca; Te cuento por verte cerca Y no por contarte nada. Y bendigo mi fortuna, Y oye el cuento y lo sabrás; «Era un rey a quien jamás Le sucedió cosa alguna».
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Éste era un rey...
Ven mi Juan, y toma asiento En la mejor de tus sillas; Siéntate aquí, en mis rodillas, Y presta atención a un cuento. Así estás bien, eso es, Muy cómodo, muy ufano, Pero ten quieta esa mano; Vamos, sosiega esos pies. Este era un rey... me maltrata El bigote ese cariño, Este era un rey... vamos niño, Que me rompes la corbata. Si vieras con qué placer Ese rey... ¡Jesús! ¡qué has hecho! ¿Lo ves? en medio del pecho ¡Me has clavado un alfiler! ¿Y mi dolor te da risa? Escucha y tenme respeto: Éste era un rey... deja quieto El cuello de mi camisa. Oír atento es la ley Que a cumplir aquí te obligo... Deja mi reloj... prosigo. Atención: Este era un rey... Me da tormentos crueles Tu movilidad chicuelo, ¿Ves? has regado en el suelo Mi dinero y mis papeles. Responde: ¿me has de escuchar? Este era un rey... ¡qué locura! Me tiene en grande tortura Que te muevas sin parar. Mas ¿ya estás quieto? Sí, sí Al fin cesa mi tormento... Este era un rey, oye el cuento Inventado para ti. Y agrega el niño, que es ducho En tramar cuentos a fe: «Este era un rey...» ya lo sé Porque lo repites mucho. Y me gusta el cuentecito Y mira ya lo aprendí: «Este era un rey», ¿no es así? «¡Qué bonito! ¡Qué bonito!» Y de besos me da un ciento, Y pienso al ver sus cariños: Los cuentos para los niños, No requieren argumento. Basta con entender Su espíritu de tal modo Que nos puedan hacer todo Lo que nos quieran hacer. Con lenguaje grato o rudo Un niño, sin hacer caso, Va dejando paso a paso A su narrador desnudo. Infeliz del que se escama Con esas dulces locuras: ¡Si estriba en sus travesuras El argumento del drama! ¡Oh Juan! me alegra y me agrada Tu movilidad tan terca; Te cuento por verte cerca Y no por contarte nada. Y bendigo mi fortuna, Y oye el cuento y lo sabrás; «Era un rey a quien jamás Le sucedió cosa alguna».
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En un rincón del salón crepuscular O al volver una esquina en la hora indecisa y blasfema, O una mañana parecida a un navío atado al horizonte, O en Morelia, bajo los arcos rosados del antiguo acueducto, Ni desdeñosa ni entregada, centelleas. El telón de este mundo se abre en dos. Cesa la vieja oposición entre verdad y fábula, Apariencia y realidad celebran al fin sus bodas, Sobre las cenizas de las mentirosas evidencias Se levanta una columna de seda y electricidad, Un pausado chorro de belleza. Tú sonríes, arma blanca a medias desenvainada. Niegas al sueño en pleno sueño, Desmientes al tacto y a los ojos en pleno día. Tú existes de otro modo que nosotros, No eres la vida pero tampoco la muerte. Tú nada más estás, Nada más fulges, engastada en la noche.
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Hermosura que vuelve
Una música íntima no cesa, porque transida en un abrazo de oro la Caridad con el Amor se besa. ¿Oyes el diapasón del corazón? Oye en su nota múltiple el estrépito de los que fueron y de los que no son. Mis hermanos de todas las centurias reconocen en mí su pausa igual, sus mismas quejas y sus propias furias. Soy la fronda parlante en que se mece el pecho germinal del bardo druida con la selva por diosa y por querida. Soy la alberca lumínica en que nada, como perla debajo de una lente, debajo de las linfas, Scherezada. Y soy el suspirante cristianismo al hojear las bienaventuranzas de la virgen que fue mi catecismo. Y la nueva delicia, que acomoda sus hipnotismos de color de tango al figurín y al precio de la moda. La redondez de la Creación atrueno cortejando a las hembras y a las cosas con un clamor pagano y nazareno. ¡Oh Psiquis, oh mi alma: suena a son moderno, a son de selva, a son de orgía y a son marino, el son del corazón!
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El son del corazón
Oh, primavera de las amapolas, Tú que floreces para bien mi casa, Luego que enjoyes las corolas, Pasa. Beso, la forma más voraz del fuego, Clava sin miedo tu endiablada espuela, Quema mi alma, pero luego, Vuela. Risa de oro que movible y loca Sueltas el alma, de las sombras, presa, En cuanto asomes a la boca, Cesa. Lástima blanda del error amante Que a cada paso el corazón diluye, Vuelca tus mieles y al instante, Huye. Odio tremendo, como nada fosco, Odio que truecas en puñal la seda, Odio que apenas te conozco, Queda.
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Odio
Europa se ha prendido, se ha incendiado: de Rusia a Españ va, de extremo a extremo, el incendio que lleva enarbolado, con un furor, un ímpetu supremo. Cabalgan sus hogueras, trota su lumbre arrolladoramente, arroja sus flotantes y cálidas banderas, sus victoriosas llamas sobre el triste occidente. Purifica, penetra en las ciudades, alumbra, sopla, da en los rascacielos, empuja las estatuas, muerde, aventa: arden inmensidades de edificios podridos como leves pañuelos, cesa la noche, el día se acrecienta. Cruza un gran tormenta de aeroplanos y anhelos. Se propaga la sombra de Lenin, se propaga, avanza enrojecida por los hielos, inunda estepas, salta serranías, recoge, cierra, besa toda llaga, aplasta las miserias y las melancolías. Es como un sol que eclipsa las tinieblas lunares, es como un corazón que se extiende y absorbe, que se despliega igual que el coral de los mares en bandadas de sangre a todo el orbe. Es un olor que alegra los olfatos y una canción que halla sus ecos en las minas. España suena llena de retratos de Lenin entre hogueras matutinas. Bajo un diluvio de hombres extinguidos, España se defiende con un soldado ardiendo de toda podredumbre. Y por los Pirineos ofendidos alza sus llamas, sus hogueras tiende para estrechar con Rusia los cercos de la lumbre.
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El incendio
En la torre amarilla, dobla una campana. Sobre el viento amarillo, se abren las campanadas. En la torre amarilla, cesa la campana. El viento con el polvo, hace proras de plata.
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Campana
La sombra de mi alma Huye por un ocaso de alfabetos, Niebla de libros Y palabras.   ¡La sombra de mi alma!   He llegado a la línea donde cesa La nostalgia, Y la gota de llanto se transforma Alabastro de espíritu.   (¡La sombra de mi alma!)   El copo del dolor Se acaba, Pero queda la razón y la sustancia De mi viejo mediodía de labios De mi viejo mediodía De miradas.   Un turbio laberinto De estrellas ahumadas Enreda mi ilusión Casi marchita.   ¡La sombra de mi alma!   Y una alucinación Me ordeña las miradas. Veo la palabra amor Desmoronada.   ¡Ruiseñor mío! ¡Ruiseñor! ¿Aún cantas?
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La sombra de mi alma
Lejos de tu jardín quema la tarde inciensos de oro en purpurinas llamas, tras el bosque de cobre y de ceniza. En tu jardín hay dalias. ¡Malhaya tu jardín!... Hoy me parece la obra de un peluquero, con esa pobre palmerilla enana, y ese cuadro de mirtos recortados... y el naranjito en su tonel... El agua de la fuente de piedra no cesa de reír sobre la concha blanca.
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Jardín
Seré una marinera Mari, Una mujer que rema sin timón penarán me errabunda Eternamente fuera de quicio, dirán que nunca lo tuve pero cómo la corriente no cesa tampoco mi remar
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Jan 13, 2019
Jan 13, 2019 at 3:20 AM UTC
Marinera
decoro el silencio con vanas promesas me escabullo en el abrazo de un cigarro oigo canciones y todas gritan tu nombre y resuena en mis pensares en bis camino en las calles mal iluminadas de las memorias del pasado siempre están ahí sí me veo dibujando tu rostro en el aire con humo siento aún el frío de tus dedos sobre mi piel y no cesa
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Aug 7, 2018
Aug 7, 2018 at 1:31 PM UTC
atardeceres