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"ceguera" poems
Si la muerte no es la solo gracia, estamos solos. Siempre de, nosotros es uno si de todos solamente muertes todo en gracia de estamos solamente, solo de nosotros, todos nosotros, solo que si muertamos es la solo gracia nos encontramos con. Si la muerte es la única gracia, estamos unidos. Esta en contra del sentido visión duele como mirando hacia el sol. Ceguera, es siempre difícil de entender- para los cuerdos que no puede ver con ojos normales Sabiduría es en sus sin ayuda de cielo corazon y sus monstruo cabeza el reconocer la realidad de duele, con ojos por dentro y afuera de, la mente Mirando hacia del sol puede ciegos que de lo falso, así. Unser ist mit treue halten liebe die genug zwei Toden heilig wobei einander der zwei toden beide schaden aus Liebe Doch dass zweite Tod ist meine schade Dies zweite Tod ist die eine freude Wenn erst eine Tod ist die dass ist Sein lieblos, nein liebe Das die tod ist bis die einen toden der alles nicht Zu vergleichen nun ist Tod bis euchen eine freude?
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Jan 2, 2013
Jan 2, 2013 at 11:31 AM UTC
Código Einheiten: Mirando falso , aun asi realidad ... bis dass der Tod euch scheidet?
Todavia en el tiempo sin saberlo, aferrado en la oscuridad del sentimiento mis ojos caen, en la lentitud de la ceguera y mis manos quieren tocar lo imposible, ir contigo, a lo más lejos del horizonte, por vez primera correr sin miedo, viéndote sin barro, blanca de espuma, desnuda y roja por vez primera, viéndote, pero sé que, el tiempo me engaña disfrazando a tu cuerpo, si esta imagen eres tu o el recuerdo de una máscara que la mente haya dibujado. Cae la tarde y con ella viene el torpe movimiento, ante la duda del equilibrio por mantenerlo. Todo se vuelve frágil, oscuro y entiendo que llega el naufragio al calor de las velas, despacito. Sin tormentas.
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Aug 28, 2015
Aug 28, 2015 at 9:49 AM UTC
EN LA OSCURIDAD DEL SENTIMIENTO
Besé aquella vez la brisa más húmeda y salada de su océano. Besé su alma y como supuse allí no encontré, magullado sus pulsos. Él estaba intacto aún preparado para entrar nuevamente en mis nirvanas. No existían huellas de las antiguas cigarras que escarbaban de noche el ángelus de sus orgasmos tampoco las de aquellas pupilas cortesanas que le entregaban las llaves de sus templos derramados, mientras su colilla húmeda y mutilada se perdía ambulante y confundida detrás de una ceguera diluida entre los lirios de su estación última . Es cierto que ya no era purísimo y exacto él, había cambiado, las cortinas de su alma ya no eran un misterio y sus pensamientos ya no se escondían convulsos detrás de sus jaquecas. Comenzamos a nacer entonces, después de que mis llantos pudrieran mis ojos de manera retórica, después de que esos rumores perdidos empezaron a desempañar los cristales silenciosos de mi cálido infierno. Y entonces...él abrió sus ojos de verdad, y halló mi nacimiento, justo donde la seda rota cubría las nuevas espigas... Azul Strauss Markuart Título : El Ángelus De Sus Orgasmos Poema: Texto completo.] Autora :Azul Strauss M 15 De Junio del 2015 Buenos Aires - Argentina ©Copyright –Derecho de Autor Reservado Protegido por OMPI y el Tratado internacional de Suiza sobre derechos de autores
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Jun 15, 2015
Jun 15, 2015 at 9:34 PM UTC
El ÁNGELUS DE SUS ORGASMOS
A las cosas que nunca conoceré, nunca veré, nunca comprenderé ni tocaré ni abrazaré ni amaré les pido perdón por mi pequeñez. A las esquinas oscuras, profundas, tremendas, terribles y hermosas de tu alma, de tu mente, a lo más puro en ti les pido perdón por mi ceguera. A mi espalda, a mi nuca, al interior de mis uñas, a mis ojos y mis pestañas, a mis corvas y al pliege de mis talones les pido perdón por ser yo.
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Dec 20, 2012
Dec 20, 2012 at 1:10 AM UTC
Perdones.
Cuando estas  muerto, quiero su alma para mio. Porque Su alma es como el sol Sin caprichos Quiero saber que tu alma es para mi Quiero que me asustes con Lo radiente y lo bello de tu ceguera This poem is a collaboration. Second couplet was assisted by Atalanta Undigested & Edourdo Siller
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Apr 27, 2013
Apr 27, 2013 at 9:37 AM UTC
Sin Caprichos
Es la baba. Su baba. La efervescente baba. La baba hedionda, cáustica; la negra baba rancia que babea esta especie babosa de alimañas por sus rumiantes labios carcomidos, por sus pupilas de ostra putrefacta, por sus turbias vejigas empedradas de cálculos, por sus viejos ombligos de regatón gastado, por sus jorobas llenas de intereses compuestos, de acciones usurarias; la pestilente baba, la baba doctorada, que avergüenza la felpa de las bancas con dieta y otras muelles poltronas no menos escupidas. La baba tartamuda, adhesiva, viscosa, que impregna las paredes tapizadas de corcho y contempla el desastre a través del bolsillo. La baba disolvente. La agria baba oxidada. La baba. ¡Sí! Es su baba... lo que herrumbra las horas, lo que pervierte el aire, el papel, los metales; lo que infecta el cansancio, los ojos, la inocencia, con sus vermes de asco, con sus virus de hastío, de idiotez, de ceguera, de mezquindad, de muerte.
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Es la baba
el pobre butch butchanam pasó sus años últimos cuidando a una tórtola ciega y sin querer ver a nadie en solidaridad con el pájaro al que amaba y cuidaba y a veces aleteaba en su hombro dejando caer un dulce sonido a naranjos azules girando por el cielo a demonios de pie sobre un ratón a monos de piedra sorprendidos en el acto de hacer "oh tórtola" decía butch butchanam. "amas la ceguera y yo convertí mi corazón en ceguera para que vueles alrededor de él y te quedes" pero lo que debe desaparecer todo lo que se masca come chupa bebe o saborea, venía con el crepúsculo y tristeza para butch tristeza para butch. el cual: soñaba con el desierto sembrado de calaveras de vaca los castillos de arena instantánea o polvo rápidamente quieto en tierra los oleajes (como de serpiente) del tiempo en Melody Spring y los antepasados que ya no conocían el dolor ni el dolor de la muerte y hablaban un idioma lento amarillo feliz como un lazo de oro en el cuello noches y noches soñó butch butchanam hasta que supo que iba a morir enfiló su cama hacia el sur y se acostó de espaldas al cielo y dejó escrito en la tórtola que lo enterraran de espaldas al cielo y aquí yace de espaldas al cielo mirando todo lo que baja y sube en Melody pueblo de miserables que: degollaron la tórtola la asaron la comieron y comprobaron con cristiano horror que los miraba desde el plato con el recuerdo de sus ojos
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Lamento por la tórtola de butch butchanam
Oh, noche Mi mal es ir a tientas con alma enardecida ciego sin lazarillo bajo el azul de enero; mi pena estar a solas errante en el sendero; y el peor de mis daños, no comprender la vida. Mi mal es ir a ciegas, a solas con mi historia, hallarme aquí sintiendo la luz que me tortura y que este corazón es brasa transitoria que arde en la noche pura. Y venir sin saberlo, tal vez de algún oriente que el alma en su ceguera vio como un espejismo, y en ansias de la cumbre que dora un sol fulgente ir con fatales pasos hacia el fatal abismo. Con todo, hubiera sido quizás un noble empeño el exaltar mi espíritu bajo la tarde ustoria como un perfume santo… ¡Pero si el corazón es brasa transitoria! Y sin embargo, siento como un perenne ardor que en el combate estéril mi juventud inmola… (¡Oh noche del camino, vasta y sola, en medio de la muerte y del amor!)
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Oh, noche
Tardará, tardará. Ya sé que todavía los émbolos, la usura, el sudor, las bobinas seguirán produciendo, al por mayor, en serie, iniquidad, ayuno, rencor, desesperanza; para que las lombrices con huecos pórtasenos, las vacas de embajada, los viejos paquidermos de esfínteres crinudos, se sacien de adulterios, de diamantes, de caviar, de remedios. Ya sé que todavía pasarán muchos años para que estos crustáceos del asfalto y la mugre se limpien la cabeza, se alejen de la envidia, no idolatren la seña, no adoren la impostura, y abandonen su costra de opresión, de ceguera, de mezquindad, de bosta. Pero, quizás, un día, antes de que la tierra se canse de atraernos y brindarnos su seno, el cerebro les sirva para sentirse humanos, ser hombres, ser mujeres, -no cajas de caudales, ni perchas desoladas-, someter a las ruedas, impedir que nos maten, comprobar que la vida se arranca y despedaza los chalecos de fuerza de todos los sistemas; y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas se encuentran en nosotros y no bajo la tierra. Y entonces... ¡Ah! ese día abriremos los brazos sin temer que el instinto nos muerda los garrones, ni recelar de todo, hasta de nuestra sombra; y seremos capaces de acercarnos al pasto, a la noche, a los ríos, sin rubor, mansamente, con las pupilas claras, con las manos tranquilas; y usaremos palabras sustanciosas, auténticas; no como esos vocablos erizados de inquina que babean las hienas al instarnos al odio, ni aquellos que se asfixian en estrofas de almíbar y fustigada clara de huevo corrompido; sino palabras simples, de arroyo, de raíces, que en vez de separarnos nos acerquen un poco; o mejor todavía, guardaremos silencio para tomar el pulso a todo lo que existe y vivir el milagro de cuanto nos rodea, mientras alguien nos diga, con una voz de roble, lo que desde hace siglos esperamos en vano.
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Lo que esperamos
Tardará, tardará. Ya sé que todavía los émbolos, la usura, el sudor, las bobinas seguirán produciendo, al por mayor, en serie, iniquidad, ayuno, rencor, desesperanza; para que las lombrices con huecos pórtasenos, las vacas de embajada, los viejos paquidermos de esfínteres crinudos, se sacien de adulterios, de diamantes, de caviar, de remedios. Ya sé que todavía pasarán muchos años para que estos crustáceos del asfalto y la mugre se limpien la cabeza, se alejen de la envidia, no idolatren la seña, no adoren la impostura, y abandonen su costra de opresión, de ceguera, de mezquindad, de bosta. Pero, quizás, un día, antes de que la tierra se canse de atraernos y brindarnos su seno, el cerebro les sirva para sentirse humanos, ser hombres, ser mujeres, -no cajas de caudales, ni perchas desoladas-, someter a las ruedas, impedir que nos maten, comprobar que la vida se arranca y despedaza los chalecos de fuerza de todos los sistemas; y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas se encuentran en nosotros y no bajo la tierra. Y entonces... ¡Ah! ese día abriremos los brazos sin temer que el instinto nos muerda los garrones, ni recelar de todo, hasta de nuestra sombra; y seremos capaces de acercarnos al pasto, a la noche, a los ríos, sin rubor, mansamente, con las pupilas claras, con las manos tranquilas; y usaremos palabras sustanciosas, auténticas; no como esos vocablos erizados de inquina que babean las hienas al instarnos al odio, ni aquellos que se asfixian en estrofas de almíbar y fustigada clara de huevo corrompido; sino palabras simples, de arroyo, de raíces, que en vez de separarnos nos acerquen un poco; o mejor todavía, guardaremos silencio para tomar el pulso a todo lo que existe y vivir el milagro de cuanto nos rodea, mientras alguien nos diga, con una voz de roble, lo que desde hace siglos esperamos en vano.
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Y ahora pregunto aquí: ¿quién es el último que habla, el sepulturero o el Poeta? ¿He aprendido a decir: Belleza, Luz, Amor y Dios para que me tapen la boca cuando muera, con una paletada de tierra? No. He venido y estoy aquí, me iré y volveré mil veces en el Viento para crear mi gloria con mi llanto. ¡Eh, Muerte... escucha! Yo soy el último que hablo: El miedo y la ceguera de los hombre han llenado de viento tu cráneo, han henchido de viento tu cráneo, han henchido de orgullo tus huesos y hasta el trono de un dios te han levantado. Y eres necia y altiva como un dictador totalitario. Tiraste un día una gran línea negra sobre el globo terráqueo; te atrincheraste en los sepulcros y dijiste: "¡Atrás! ¡Atrás, seres humanos!..." Y no eres más que un segador, un esforzado segador... un buen criado. Tu guadaña no es un cetro sino una herramienta de trabajo. En el gran ciclo, en el gran engranaje solar y planetario, tu eres el que corta la espiga, y yo ahora... el grano, el grano de la espiga que cae bajo tu esfuerzo necesario. Necesario... no para tu orgullo sino para ver cómo logramos entre todos un pan dorado y blanco. Desde tu filo iré al molino. En el molino me morderán las piedras de basalto, como dos perros a un mendigo hasta quitarme los harapos. Perderé la piel, la forma y la memoria de todo mi pasado. Desde le molino iré a la artesa. En la artesa me amasarán, sudando, y sin piedad unos robustos brazos. Y un día escribirán en los libros sagrados: El segundo hombre fue de masa cruda como el primero fue de barro. Luego entraré en el horno... en el infierno. Del fuego saldré hecho ya pan blanco y habrá pan para todos. Podréis partir y repartir mi cuerpo en miles y millones de pedazos... podréis hacer entonces con el hombre una hostia blanquísima... el pan ázimo donde el Cristo se albergue. Y otro día dirán en los libros sagrados: El primer hombre fue de barro, el segundo de masa cruda y el tercero de Pan y Luz. Será un sábado cuando se cumplan las grandes Escrituras... Entre tanto, a trabajar con humildad y sin brabatas, Segador Esforzado.
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Segador esforzado
Y ahora pregunto aquí: ¿quién es el último que habla, el sepulturero o el Poeta? ¿He aprendido a decir: Belleza, Luz, Amor y Dios para que me tapen la boca cuando muera, con una paletada de tierra? No. He venido y estoy aquí, me iré y volveré mil veces en el Viento para crear mi gloria con mi llanto. ¡Eh, Muerte... escucha! Yo soy el último que hablo: El miedo y la ceguera de los hombre han llenado de viento tu cráneo, han henchido de viento tu cráneo, han henchido de orgullo tus huesos y hasta el trono de un dios te han levantado. Y eres necia y altiva como un dictador totalitario. Tiraste un día una gran línea negra sobre el globo terráqueo; te atrincheraste en los sepulcros y dijiste: "¡Atrás! ¡Atrás, seres humanos!..." Y no eres más que un segador, un esforzado segador... un buen criado. Tu guadaña no es un cetro sino una herramienta de trabajo. En el gran ciclo, en el gran engranaje solar y planetario, tu eres el que corta la espiga, y yo ahora... el grano, el grano de la espiga que cae bajo tu esfuerzo necesario. Necesario... no para tu orgullo sino para ver cómo logramos entre todos un pan dorado y blanco. Desde tu filo iré al molino. En el molino me morderán las piedras de basalto, como dos perros a un mendigo hasta quitarme los harapos. Perderé la piel, la forma y la memoria de todo mi pasado. Desde le molino iré a la artesa. En la artesa me amasarán, sudando, y sin piedad unos robustos brazos. Y un día escribirán en los libros sagrados: El segundo hombre fue de masa cruda como el primero fue de barro. Luego entraré en el horno... en el infierno. Del fuego saldré hecho ya pan blanco y habrá pan para todos. Podréis partir y repartir mi cuerpo en miles y millones de pedazos... podréis hacer entonces con el hombre una hostia blanquísima... el pan ázimo donde el Cristo se albergue. Y otro día dirán en los libros sagrados: El primer hombre fue de barro, el segundo de masa cruda y el tercero de Pan y Luz. Será un sábado cuando se cumplan las grandes Escrituras... Entre tanto, a trabajar con humildad y sin brabatas, Segador Esforzado.
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La noche nace en espejos de luto. Sombríos ramos húmedos ciñen su pecho y su cintura, su cuerpo azul, infinito y tangible. No la puebla el silencio: rumores silenciosos, peces fantasmas, se deslizan, fosforecen, huyen. La noche es verde, vasta y silenciosa. La noche es morada y azul. Es de fuego y es de agua. La noche es de mármol ***** y de humo. En sus hombros nace un río que se curva, una silenciosa cascada de plumas negras. La noche es un beso infinito de las tinieblas infinitas. Todo se funde en ese beso, todo arde en esos labios sin límites, y el nombre y la memoria son un poco de ceniza y olvido en esa entraña que sueña. Noche, dulce fiera, boca de sueño, ojos de llama fija y ávida, océano, extensión infinita y limitada como un cuerpo acariciado a oscuras, indefensa y voraz como el amor, detenida al borde del alba como un venado a la orilla del susurro o del miedo, río de terciopelo y ceguera, respiración dormida de un corazón inmenso, que perdona: el desdichado, el hueco, el que lleva por máscara su rostro, cruza tus soledades, a solas con su alma. Tu silencio lo llama, rozan su piel tus alas negras, donde late el olvido sin fronteras, mas él cierra los poros de su alma al infinito que lo tienta, ensimismado en su árida pelea. Nadie lo sigue, nadie lo acompaña. En su boca elocuente la mentira se anida, su corazón está poblado de fantasmas y el vacío hace desiertos los latidos de su pecho. Dos perros amarillos, hastío y avidez, disputan en su alma. Su pensamiento recorre siempre las mismas salas deshabitadas, sin encontrar jamás la forma que agote su impaciencia, el muro del perdón o de la muerte. Pero su corazón aún abre las alas como un águila roja en el desierto. Suenan las flautas de la noche. El mundo duerme y canta. Canta dormido el mar; ojo que tiembla absorto, el cielo es un espejo donde el mundo se contempla, lecho de transparencia para su desnudez. Él marcha solo, infatigable, encarcelado en su infinito, como un solitario pensamiento, como un fantasma que buscara un cuerpo.
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El desconocido
La noche nace en espejos de luto. Sombríos ramos húmedos ciñen su pecho y su cintura, su cuerpo azul, infinito y tangible. No la puebla el silencio: rumores silenciosos, peces fantasmas, se deslizan, fosforecen, huyen. La noche es verde, vasta y silenciosa. La noche es morada y azul. Es de fuego y es de agua. La noche es de mármol ***** y de humo. En sus hombros nace un río que se curva, una silenciosa cascada de plumas negras. La noche es un beso infinito de las tinieblas infinitas. Todo se funde en ese beso, todo arde en esos labios sin límites, y el nombre y la memoria son un poco de ceniza y olvido en esa entraña que sueña. Noche, dulce fiera, boca de sueño, ojos de llama fija y ávida, océano, extensión infinita y limitada como un cuerpo acariciado a oscuras, indefensa y voraz como el amor, detenida al borde del alba como un venado a la orilla del susurro o del miedo, río de terciopelo y ceguera, respiración dormida de un corazón inmenso, que perdona: el desdichado, el hueco, el que lleva por máscara su rostro, cruza tus soledades, a solas con su alma. Tu silencio lo llama, rozan su piel tus alas negras, donde late el olvido sin fronteras, mas él cierra los poros de su alma al infinito que lo tienta, ensimismado en su árida pelea. Nadie lo sigue, nadie lo acompaña. En su boca elocuente la mentira se anida, su corazón está poblado de fantasmas y el vacío hace desiertos los latidos de su pecho. Dos perros amarillos, hastío y avidez, disputan en su alma. Su pensamiento recorre siempre las mismas salas deshabitadas, sin encontrar jamás la forma que agote su impaciencia, el muro del perdón o de la muerte. Pero su corazón aún abre las alas como un águila roja en el desierto. Suenan las flautas de la noche. El mundo duerme y canta. Canta dormido el mar; ojo que tiembla absorto, el cielo es un espejo donde el mundo se contempla, lecho de transparencia para su desnudez. Él marcha solo, infatigable, encarcelado en su infinito, como un solitario pensamiento, como un fantasma que buscara un cuerpo.
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El lampo que forman sus ojos al momento de apreciar tu mirada, es realmente hermoso, que ocupo algún artefacto para no caer en ceguera a causa de lagrimas, ya que es un brillo divino y Maravilloso, del que nadie puede relegar, Al tempo de pasar a su lado el aroma que se percibe tan perfecto, que opaca hasta el petricor de los días lluviosos. Entra en contexto, que antes de todo esto era solo una noche más, una noche más de las que el saber hacer es negativo, de las que se pensaba que fuera acabar igual, con solo un simple deseo, pero sin ningun hecho. Pero todo cambió, todo cambio al momento de querer dar un giro y poder decirle lo que realemnte siento, fue como un sueño, el tomarla de la mano me demayaba por dentro, que todo parecía no ser real y en mi mente pensar que si fuese un sueño nunca terminar, en donde la platica resultó ser más de lo que se fuese a esperar, donde mis deseos se pudrieron por fin revelar. Cuenta me doy que dios si escucho mis plegarias, cuenta me doy que todo el dolor por el que ella sufrir haya tenido una recompenza al final, espero que esto no sea un sueño repito y si es así amanecer nunca querre, ya que contento y feliz estoy así, y voy a vivir el momento aúnque tenga que morir.
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Jun 24, 2017
Jun 24, 2017 at 4:35 AM UTC
Untitled
se acercó y con voz lacónica murmuró: «mira al cielo y observa, cuánto vacío en la ceguera de la noche, y la luz que guarda cada estrella»
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Aug 26, 2014
Aug 26, 2014 at 2:37 AM UTC
Formas del fuego
Yo odio a la luna. La luna me embruja Y me pone triste con su faz de bruja. Tan triste me pone que a veces parece Que en mi alma un ***** ciprés se estremece. Bajo su luz clara mi alma queda inerte Y es como un guiñapo con olor a muerte. Bajo su luz clara , tan estéril es Como un prado ***** cubierto de pez. Cavadora blanca, con su azada ahonda El pozo sombrío de mi pena honda, Y con sus dos largas manos de cristal, Derrama en ni¡ senda puñados de sal. Aunque cubra el ascua de mi angustia viva Con grises cenizas, la bruja, de arriba Me arroja su soplo y reanima el fuego, Ciega a todo llanto, sorda a todo ruego.             ¡No podré olvidar Mientras a la luna tenga que mirar!             ¡Clamo la ceguera! ¡Quién no ver su lumbre nunca nmás, me diera!
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La tristeza de la luna
Sombras del día blanco contra mis ojos. Yo no veo nada sino lo blanco: la hora en blanco, el alma desatada del ansia y de la hora. Blancura de aguas muertas, hora blanca, ceguera de los ojos abiertos. Frota tu pedernal, arde, memoria, contra la hora y su resaca. Memoria, llama nadadora. Desatado del cuerpo, desatado del ansia, vuelvo al ansia, vuelvo a la memoria de tu cuerpo. Vuelvo. Y arde tu cuerpo en mi memoria, arde en tu cuerpo mi memoria. Cuerpo de un Dios que fue cuerpo abrasado, Dios que fue cuerpo y fue cuerpo endiosado y es hoy tan sólo la memoria de un cuerpo desatado de otro cuerpo: tu cuerpo es la memoria de mis huesos. Sombra del sol Solombra segadora ciega mis manantiales trasojados el nudo desanuda siega el ansia apaga el ánima desanimada. Mas la memoria desmembrada nada desde los nacederos de su nada los manantiales de su nacimiento nada contra corriente y mandamiento nada contra la nada                                       Ardor del agua lengua de fuego fosforece el agua Pentecostés palabra sin palabras Sentido sin sentido no pensado pensar que transfigura la memoria El resto es un manojo de centellas
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Aspiración
Aquí está la moneda de hierro. Interroguemos las dos contrarias caras que serán la respuesta de la terca demanda que nadie no se ha hecho: ¿Por qué precisa un hombre que una mujer lo quiera? Miremos. En el orbe superior se entretejan el firmamento cuádruple que sostiene el diluvio y las inalterables estrellas planetarias. Adán, el joven padre, y el joven Paraíso. La tarde y la mañana. Dios en cada criatura. En ese laberinto puro está tu reflejo. Arrojemos de nuevo la moneda de hierro que es también un espejo magnífico. Su reverso es nadie y nada y sombra y ceguera. Eso eres. De hierro las dos caras labran un solo eco. Tus manos y tu lengua son testigos infieles. Dios es el inasible centro de la sortija. No exalta ni condena. Obra mejor: olvida. Maculado de infamia ¿por qué no han de quererte? En la sombra del otro buscamos nuestra sombra; en el cristal del otro, nuestro cristal recíproco.
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La moneda de hierro
johnny petsum lloraba por las tardes en el w.c. de la "Coronation Inc Corp" pero poco lloraba atento al gran señor de la cadena el gran señor no era el capataz o dueño o accionista montado en un burro de fuego el gran señor era un sonido hosco duro vivo patrón en la cadena que andaba y andaba mientras uno ponía el tornillo otro la tuerca y todos el alma el cuerpo la memoria el horror de olvidar el día -no la noche- en que los bellos muchachos servían sus amores y tres aves chiquitas cantaban por el amor por dolor por la ceguera ¡ah johnny petsum! habrá navío que te lleve a dormir alzó las velas para volver a la ciudad allí johnny petsum mató al carcelero del rosal al que envenena las pechugas de ave al que ensuciaba boca a boca los aires del río antes de irse a la muera escribió carta "¿de qué llorás niña blanca?" decía y es cierto nunca supo de qué con la ceguera de johnny petsum hicieron un asado con su amor y dolor hicieron un asado la niña blanca lloraba debajo de sus besos no dados justamente de los que un día nacieron altos brillos ya tarde johnny oh menos para las aves chiquitas menos para las aves menos mal que cantaban cantaban ya ciegas mucho ciegas
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Lamento por la niña blanca de johnny petsum
Quién buscaría encarar el éxodo y la diáspora, huérfanos y despatriados, excedentes de un sistema que transa en la miseria y la vende al por mayor. Quién llegaría a envidiar ese explosivo martirio, el bautismo en sangre que sacudió los cimientos y movilizó las almas de nuestros hermanos vecinos. Quién desearía encarar al pelotón y sus fusiles, cuya incandescencia despertaría la herencia en vida de Morazán. Quién pensaría anhelar el manto rojo de Marte, que ha cubierto los rostros y galvanizado los temples de mil revoluciones. Anónimos, eufóricos y encolerizados, acogidos por el estruendo y los gritos sin voz de tus millares, aquellos que se refugian bajo la sombra de tus bosques; que se bañan en tus costas y caudales, que viven y luchan en las calles de tus urbes. Fueron muchos Honduras tus muertos, víctimas del horror y la violencia que se proyecta hacia el espejo de tus cielos. Esa violencia superficial y perniciosa, que no traiciona al cáncer que carcome y se alimenta de la ignorancia o la cómplice ceguera de tu pueblo, que duerme en los brazos de un fracaso de siglos; arrullado en la promesa y el sueño tenue de tus próceres, que murieron a sabiendas del destino terminal de esta nación agonizante.
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Aug 10, 2022
Aug 10, 2022 at 3:00 AM UTC
Flagelo y Verborrea