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"buscamos" poems
A la Humanidad ELENA RAMOS Ciertamente todos buscamos lo mismo Poder, Dinero y Fama Ser mejor para ser escuchados por todos Tener dinero para poder comprar a todos Y tener fama para ser reconocidos por todos No podemos pretender ser supremos ante civilizaciones a las cuales somos exactamente iguales Tenemos rasgos distintos, dialectos variados pero Al final somos iguales Esperamos un desastre para poder unirnos Uno en el cual tengamos miedo de morir y ser derrotados por fuerzas mayores Talvez debamos esperar ese fenómeno que cambie a la humanidad Algo que jamás hayan podido ver nuestros ojos Un desastre natural que acabe con todos Una plaga que nos destruya lentamente En la humanidad hay mucha corrupción, hay desastres creados por nosotros Hay guerras santas, hay asesinatos planeados Porque? Por poder, dinero y fama Somos invencibles en nuestras mentes, pero que pasa si afuera de nuestra visión Hay algo más grande que todos juntos Una fuerza invencible, un poder sobrenatural que en cualquier momento decida destruirnos Talvez sea suerte o sea el destino Si decidimos separarnos a diario Si creamos más violencia Si hay más separación de naciones Si hay más hambre Más infestaciones, más personas mueren a diario Es inevitable es un proceso natural del hombre Pero, aceptémoslo más muertes son causadas por nosotros mismos. Soy tan humana como todos ustedes Es un acto de paz y un pacto de unidad La raza humana pierde su escencia De ser capaces de analizar y ser luz Somos ciegos y egoístas Un ego que saciar Un espíritu que alimentar A base de mentiras, engaños y sacrificios Ser pobre o rico Tener todo o  ser nada Ver morir pero no actuar Decidimos sentarnos a ver lo que pasa Pero  porque no somos parte del espectáculo mejor? Organizaciones a diario luchan por cambiar el mundo Fotos de acontecimientos que impactan un rato Después son desechos que olvidamos por lujos y mentiras El humano se convirtió en el monstruo más grande que deberíamos temer Esa sencillez de aceptar el fracaso Inhumanos ante las crisis de los demás Muertes por ganas de poder Muertes por religión y creencias Si crees en algo, créelo Pero Piensa si va en contra de ti y de tu generación Dos bandos iguales peleando por ser más notorio Sangre derramada para demostrar grandeza Lujos para despilfarrar Lugares hermosos que son destrozados El hábitat humana dejo de ser para los humanos Nos convertimos en cosas materialistas Sin propósitos de vida Luchemos para ser iguales Sin distinción de raza, **** religión, política... Constantemente decimos eso Pero realmente se cumple? Si eres humano y lees esto Piensa que estás haciendo en este momento Estas cambiado para bien a tu humanidad?
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Jun 11, 2016
Jun 11, 2016 at 11:03 PM UTC
A la Humanidad
A la Humanidad ELENA RAMOS Ciertamente todos buscamos lo mismo Poder, Dinero y Fama Ser mejor para ser escuchados por todos Tener dinero para poder comprar a todos Y tener fama para ser reconocidos por todos No podemos pretender ser supremos ante civilizaciones a las cuales somos exactamente iguales Tenemos rasgos distintos, dialectos variados pero Al final somos iguales Esperamos un desastre para poder unirnos Uno en el cual tengamos miedo de morir y ser derrotados por fuerzas mayores Talvez debamos esperar ese fenómeno que cambie a la humanidad Algo que jamás hayan podido ver nuestros ojos Un desastre natural que acabe con todos Una plaga que nos destruya lentamente En la humanidad hay mucha corrupción, hay desastres creados por nosotros Hay guerras santas, hay asesinatos planeados Porque? Por poder, dinero y fama Somos invencibles en nuestras mentes, pero que pasa si afuera de nuestra visión Hay algo más grande que todos juntos Una fuerza invencible, un poder sobrenatural que en cualquier momento decida destruirnos Talvez sea suerte o sea el destino Si decidimos separarnos a diario Si creamos más violencia Si hay más separación de naciones Si hay más hambre Más infestaciones, más personas mueren a diario Es inevitable es un proceso natural del hombre Pero, aceptémoslo más muertes son causadas por nosotros mismos. Soy tan humana como todos ustedes Es un acto de paz y un pacto de unidad La raza humana pierde su escencia De ser capaces de analizar y ser luz Somos ciegos y egoístas Un ego que saciar Un espíritu que alimentar A base de mentiras, engaños y sacrificios Ser pobre o rico Tener todo o  ser nada Ver morir pero no actuar Decidimos sentarnos a ver lo que pasa Pero  porque no somos parte del espectáculo mejor? Organizaciones a diario luchan por cambiar el mundo Fotos de acontecimientos que impactan un rato Después son desechos que olvidamos por lujos y mentiras El humano se convirtió en el monstruo más grande que deberíamos temer Esa sencillez de aceptar el fracaso Inhumanos ante las crisis de los demás Muertes por ganas de poder Muertes por religión y creencias Si crees en algo, créelo Pero Piensa si va en contra de ti y de tu generación Dos bandos iguales peleando por ser más notorio Sangre derramada para demostrar grandeza Lujos para despilfarrar Lugares hermosos que son destrozados El hábitat humana dejo de ser para los humanos Nos convertimos en cosas materialistas Sin propósitos de vida Luchemos para ser iguales Sin distinción de raza, **** religión, política... Constantemente decimos eso Pero realmente se cumple? Si eres humano y lees esto Piensa que estás haciendo en este momento Estas cambiado para bien a tu humanidad?
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Ojos médulas sombras blanco día ansias afán lisonjas horas cuerpos memoria todo Dios ardieron todos polvo de los sentidos sin sentido ceniza lo sentido y el sentido Este cuarto, esta cama, el sol del broche, su caída de fruto, los dos ojos, la llamada al vacío, la fijeza, los dos ojos feroces, los dos ojos atónitos, los dos ojos vacíos, la no vista presencia presentida, la visión sin visiones entrevista, los dos ojos cubriéndose de hormigas, ¿pasan aquí, suceden hoy? Son hoy, pasan allá, su aquí es allá, sin fecha. Itálica famosa madriguera de ratas y lugares comunes, muladar de motores víboras en Uxmal anacoretas, emporio de centollas o imperio de los pólipos sobre los lomos del acorazado, dédalos, catedrales, bicicletas, dioses descalabrados, invenciones de ayer o del decrépito mañana, basureros: no tiene edad la vida, volvió a ser árbol la columna Dafne. Entre la vida inmortal de la vida y la muerte inmortal de la historia hoy es cualquier día en un cuarto cualquiera Festín de dos cuerpos a solas fiesta de ignorancia saber de presencia Hoy (conjunción señalada y abrazo precario) esculpimos un Dios instantáneo tallamos el vértigo Fuera de mi cuerpo en tu cuerpo fuera de tu cuerpo en otro cuerpo cuerpo a cuerpo creado por tu cuerpo y mi cuerpo Nos buscamos perdidos dentro de ese cuerpo instantáneo nos perdemos buscando todo un Dios todo cuerpo y sentido Otro cuerpo perdido Olfato gusto vista oído tacto el sentido anegado en lo sentido los cuerpos abolidos en el cuerpo memorias desmemorias de haber sido antes después ahora nunca siempre
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Lauda
Ojos médulas sombras blanco día ansias afán lisonjas horas cuerpos memoria todo Dios ardieron todos polvo de los sentidos sin sentido ceniza lo sentido y el sentido Este cuarto, esta cama, el sol del broche, su caída de fruto, los dos ojos, la llamada al vacío, la fijeza, los dos ojos feroces, los dos ojos atónitos, los dos ojos vacíos, la no vista presencia presentida, la visión sin visiones entrevista, los dos ojos cubriéndose de hormigas, ¿pasan aquí, suceden hoy? Son hoy, pasan allá, su aquí es allá, sin fecha. Itálica famosa madriguera de ratas y lugares comunes, muladar de motores víboras en Uxmal anacoretas, emporio de centollas o imperio de los pólipos sobre los lomos del acorazado, dédalos, catedrales, bicicletas, dioses descalabrados, invenciones de ayer o del decrépito mañana, basureros: no tiene edad la vida, volvió a ser árbol la columna Dafne. Entre la vida inmortal de la vida y la muerte inmortal de la historia hoy es cualquier día en un cuarto cualquiera Festín de dos cuerpos a solas fiesta de ignorancia saber de presencia Hoy (conjunción señalada y abrazo precario) esculpimos un Dios instantáneo tallamos el vértigo Fuera de mi cuerpo en tu cuerpo fuera de tu cuerpo en otro cuerpo cuerpo a cuerpo creado por tu cuerpo y mi cuerpo Nos buscamos perdidos dentro de ese cuerpo instantáneo nos perdemos buscando todo un Dios todo cuerpo y sentido Otro cuerpo perdido Olfato gusto vista oído tacto el sentido anegado en lo sentido los cuerpos abolidos en el cuerpo memorias desmemorias de haber sido antes después ahora nunca siempre
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A veces me pregunto: ¿Qué es el amor? El amor, en parte, se relaciona con la felicidad, y todos buscamos esa felicidad. Observo peliculas , y aunque sé que las peliculas están llenas de falacias, no puedo evitar de tener ese deseo de enamorarme. Me gustaría tener una persona por la cual sonreir sea inevitable y por la cual el silencio se haga cómodo. Tener esa atracción por alguien se me hace curioso y a la misma vez hermoso. Recuerdo la primera vez que sentí algo por alguien. Sus ojos eran puros, sus labios suaves y calientes. Era torpe, gracioso, humilde. También era la persona que rompió mi corazón. Extraño, no? Como tu alegría se puede ir por una persona. Como tu vida planeada se queda en blanco. En la espera de que tu amado se de cuenta de lo que ha dejado y regrese. El amor es para tontos. Tontos en busca de felicidad. Tontos en busca de sentir y de hacer sentir a alguien. Tontos.
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Jun 19, 2015
Jun 19, 2015 at 1:36 AM UTC
Tontos
Huyen. Se ve que huyen vueltas de espaldas a la tierra. Nosotros no hemos visto todavía los ojos de una estrella. Para buscar lo que buscamos (¿dónde está mi sortija?) una cerilla es buena, y la luz del gas, y la maravillosa luz eléctrica... Nosotros no hemos visto todavía los ojos de una estrella.
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Poemas menores
Hoy son las manos la memoria. El alma no se acuerda, está dolida de tanto recordar. Pero en las manos queda el recuerdo de lo que han tenido. Recuerdo de una piedra que hubo junto a un arroyo y que cogimos distraídamente sin darnos cuenta de nuestra ventura. Pero su peso áspero, sentir nos hace que por fin cogimos el fruto más hermoso de los tiempos. A tiempo sabe el peso de una piedra entre las manos.  En una piedra está la paciencia del mundo, madurada despacio. Incalculable suma de días y de noches, sol y agua la que costó esta forma torpe y dura que acariciar no sabe y acompaña tan sólo con su peso, oscuramente. Se estuvo siempre quieta, sin buscar, encerrada, en una voluntad densa y constante de no volar como la mariposa, de no ser bella, como el lirio, para salvar de envidias su pureza. ¡Cuántos esbeltos lirios, cuántas gráciles libélulas se han muerto, allí, a su lado por correr tanto hacia la primavera! Ella supo esperar sin pedir nada más que la eternidad de su ser puro. Por renunciar al pétalo, y al vuelo, está viva y me enseña que un amor debe estarse quizá quieto, muy quieto, soltar las falsas alas de la prisa, y derrotar así su propia muerte. También recuerdan ellas, mis manos, haber tenido una cabeza amada entre sus palmas. Nada más misterioso en este mundo. Los dedos reconocen los cabellos lentamente, uno a uno, como hojas de calendario: son recuerdos de otros tantos, también innumerables días felices dóciles al amor que los revive. Pero al palpar la forma inexorable que detrás de la carne nos resiste las palmas ya se quedan ciegas. No son caricias, no, lo que repiten pasando y repasando sobre el hueso: son preguntas sin fin, son infinitas angustias hechas tactos ardorosos. Y nada les contesta: una sospecha de que todo se escapa y se nos huye cuando entre nuestras manos lo oprimimos nos sube del calor de aquella frente. La cabeza se entrega. ¿Es la entrega absoluta? El peso en nuestras manos lo insinúa, los dedos se lo creen, y quieren convencerse: palpan, palpan. Pero una voz oscura tras la frente, -¿nuestra frente o la suya?- nos dice que el misterio más lejano, porque está allí tan cerca, no se toca con la carne mortal con que buscamos allí, en la ***** de los dedos, la presencia invisible. Teniendo una cabeza así cogida nada se sabe, nada, sino que está el futuro decidiendo o nuestra vida o nuestra muerte tras esas pobres manos engañadas por la hermosura de lo que sostienen. Entre unas manos ciegas que no pueden saber. Cuya fe única está en ser buenas, en hacer caricias sin casarse, por ver si así se ganan cuando ya la cabeza amada vuelva a vivir otra vez sobre sus hombros,  y parezca que nada les queda entre las palmas, el triunfo de no estar nunca vacías.
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La memoria en las manos
Hoy son las manos la memoria. El alma no se acuerda, está dolida de tanto recordar. Pero en las manos queda el recuerdo de lo que han tenido. Recuerdo de una piedra que hubo junto a un arroyo y que cogimos distraídamente sin darnos cuenta de nuestra ventura. Pero su peso áspero, sentir nos hace que por fin cogimos el fruto más hermoso de los tiempos. A tiempo sabe el peso de una piedra entre las manos.  En una piedra está la paciencia del mundo, madurada despacio. Incalculable suma de días y de noches, sol y agua la que costó esta forma torpe y dura que acariciar no sabe y acompaña tan sólo con su peso, oscuramente. Se estuvo siempre quieta, sin buscar, encerrada, en una voluntad densa y constante de no volar como la mariposa, de no ser bella, como el lirio, para salvar de envidias su pureza. ¡Cuántos esbeltos lirios, cuántas gráciles libélulas se han muerto, allí, a su lado por correr tanto hacia la primavera! Ella supo esperar sin pedir nada más que la eternidad de su ser puro. Por renunciar al pétalo, y al vuelo, está viva y me enseña que un amor debe estarse quizá quieto, muy quieto, soltar las falsas alas de la prisa, y derrotar así su propia muerte. También recuerdan ellas, mis manos, haber tenido una cabeza amada entre sus palmas. Nada más misterioso en este mundo. Los dedos reconocen los cabellos lentamente, uno a uno, como hojas de calendario: son recuerdos de otros tantos, también innumerables días felices dóciles al amor que los revive. Pero al palpar la forma inexorable que detrás de la carne nos resiste las palmas ya se quedan ciegas. No son caricias, no, lo que repiten pasando y repasando sobre el hueso: son preguntas sin fin, son infinitas angustias hechas tactos ardorosos. Y nada les contesta: una sospecha de que todo se escapa y se nos huye cuando entre nuestras manos lo oprimimos nos sube del calor de aquella frente. La cabeza se entrega. ¿Es la entrega absoluta? El peso en nuestras manos lo insinúa, los dedos se lo creen, y quieren convencerse: palpan, palpan. Pero una voz oscura tras la frente, -¿nuestra frente o la suya?- nos dice que el misterio más lejano, porque está allí tan cerca, no se toca con la carne mortal con que buscamos allí, en la ***** de los dedos, la presencia invisible. Teniendo una cabeza así cogida nada se sabe, nada, sino que está el futuro decidiendo o nuestra vida o nuestra muerte tras esas pobres manos engañadas por la hermosura de lo que sostienen. Entre unas manos ciegas que no pueden saber. Cuya fe única está en ser buenas, en hacer caricias sin casarse, por ver si así se ganan cuando ya la cabeza amada vuelva a vivir otra vez sobre sus hombros,  y parezca que nada les queda entre las palmas, el triunfo de no estar nunca vacías.
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Por que buscamos Verdad donde no vive Inútilmente Debiendo saber Que solo se encuentra En el corazón Vidas perdidas En búsqueda de algo Que ya se tiene Nos damos cuenta Cuando ya es muy tarde De nuestro error No busques verdad Escrita en hojas muertas Acariciala Puedes leerla En ojos de quien amas Estúdiala bien
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Jun 23, 2019
Jun 23, 2019 at 11:43 PM UTC
Búsqueda Eterna
Cuando buscamos el amor nos cortamos al correr, nos matamos a besos o morimos por celos. Cuando buscamos el amor en las cajas de cereal, subimos felices al cielo, caemos juntos, nos levantamos juntos, nos lanzamos a lo desconocido, nos perdemos en el mar de gente. Cuando el amor por fin aparece viene de adentro y lo seguimos buscando ingenuamente sabiendo que el amor siempre estuvo con uno mismo.
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Sep 24, 2017
Sep 24, 2017 at 6:02 PM UTC
Cuando buscamos el amor.
En el verdoso flanco de la montaña, Siendo altar y refugio del campesino, Y a cortesanas pompas viviendo extraña, Hallé la solitaria cruz del camino. Clavada en una roca, sin más rumores, Que aquellos de las ramas que agita el viento; Formada con dos troncos, llena de flores, Alza sus negros brazos al firmamento. Los arroyos que bajan de las colinas, Del pedestal agreste mojan la planta, Y revolando en torno las golondrinas Saludan al sol nuevo que se levanta. En las serenas tardes de abril y mayo, Allí reza el viajero triste y sumiso, Porque la cruz silvestre, de la fe al rayo, Le señala las puertas del paraíso. ¿Qué mano fue a plantarla? ¡Misterios graves! ¿Quién sembró tantas flores en toscas piedras? ¿Por qué nunca se apartan de allí las aves Ni mueren en su tronco mirtos y yedras? Es gala de una huerta sin hortelano; Joya de un jardín fértil, sin jardinero, Que fecunda y cultiva la misma mano Que dió flores y frutos al mundo entero. Cuando más nos combate la suerte impía; Cuando en todo se encuentra duelo y enojos, Y la verdad asoma desnuda y fría Lo mismo en nuestros sueños que en nuestros ojos; Cuando anidan, cual hienas sobre los montes, En el pecho las hidras de la venganza, O vemos enlutados los horizontes En el mar sin riberas de la esperanza; Cuando ya no pudiendo luchar rendido, El corazón se vuelve como de roca, Y la sonrisa junta con el gemido Miel y ponzoña vierten en nuestra boca; Entonces no en el templo de mármol y oro Ni en el dosel lujoso de armiño y grana, Buscamos impacientes aquel tesoro De paz que sólo vierte la fe cristiana. Lo buscamos en sitio solo y callado Donde no sufre el alma, ni el labio miente, Ni se esquiva la mano del hombre honrado, Ni la vergüenza asoma sobre la frente. ¡Que para el pecho triste que sólo sueña En el fulgor eterno de un sol divino, No hay altar tan hermoso como la peña Do está la solitaria cruz del camino!
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La cruz del camino
En el verdoso flanco de la montaña, Siendo altar y refugio del campesino, Y a cortesanas pompas viviendo extraña, Hallé la solitaria cruz del camino. Clavada en una roca, sin más rumores, Que aquellos de las ramas que agita el viento; Formada con dos troncos, llena de flores, Alza sus negros brazos al firmamento. Los arroyos que bajan de las colinas, Del pedestal agreste mojan la planta, Y revolando en torno las golondrinas Saludan al sol nuevo que se levanta. En las serenas tardes de abril y mayo, Allí reza el viajero triste y sumiso, Porque la cruz silvestre, de la fe al rayo, Le señala las puertas del paraíso. ¿Qué mano fue a plantarla? ¡Misterios graves! ¿Quién sembró tantas flores en toscas piedras? ¿Por qué nunca se apartan de allí las aves Ni mueren en su tronco mirtos y yedras? Es gala de una huerta sin hortelano; Joya de un jardín fértil, sin jardinero, Que fecunda y cultiva la misma mano Que dió flores y frutos al mundo entero. Cuando más nos combate la suerte impía; Cuando en todo se encuentra duelo y enojos, Y la verdad asoma desnuda y fría Lo mismo en nuestros sueños que en nuestros ojos; Cuando anidan, cual hienas sobre los montes, En el pecho las hidras de la venganza, O vemos enlutados los horizontes En el mar sin riberas de la esperanza; Cuando ya no pudiendo luchar rendido, El corazón se vuelve como de roca, Y la sonrisa junta con el gemido Miel y ponzoña vierten en nuestra boca; Entonces no en el templo de mármol y oro Ni en el dosel lujoso de armiño y grana, Buscamos impacientes aquel tesoro De paz que sólo vierte la fe cristiana. Lo buscamos en sitio solo y callado Donde no sufre el alma, ni el labio miente, Ni se esquiva la mano del hombre honrado, Ni la vergüenza asoma sobre la frente. ¡Que para el pecho triste que sólo sueña En el fulgor eterno de un sol divino, No hay altar tan hermoso como la peña Do está la solitaria cruz del camino!
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Somos los que son difíciles de entender; somos los que nos quedamos un instante más, para terminar de sentir los momentos. Nos detendremos a oler las flores, porque merecen ser apreciadas; nos detendremos a sentir la luz de la luna, porque es sutil, pero nosotros la sentimos. A veces, cuando algo nos duele, nos partimos y hundimos en el fondo; y nos damos cuenta de lo frágiles que podemos ser, pero siempre reafirmamos nuestra fortaleza al levantarnos nuevamente. Somos los que nos tomamos el tiempo de conocer lo que mantiene al otro despierto; y nos esforzamos por comprender esa respuesta. Somos los que imaginan vidas llenas de aventuras, en recíproca compañía. Los que damos nuestra mejor parte con la intención de hacer las cosas lo mejor que podamos. Los que peleamos por amar más al otro, hasta perdernos en el “yo más”. Deseamos vernos convertirnos en nuestra mejor versión, manteniendo el lazo en el proceso. Asegurarnos que siempre se sienta nuestro afecto. Y saber que en el otro somos un refugio. Somos una mirada cálida, una voz armoniosa, un tacto suave; una estructura sensible para que el otro juegue en libertad. Somos la calma que alguien más busca, en ese en el que buscamos la propia. Pocas personas pueden sentir como nosotros; y muy pocas pueden ser sentidas como nosotros, por ello somos exactamente quienes deberíamos de ser.
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Oct 22, 2019
Oct 22, 2019 at 11:59 AM UTC
Somos quienes debemos ser.
Aquí está la moneda de hierro. Interroguemos las dos contrarias caras que serán la respuesta de la terca demanda que nadie no se ha hecho: ¿Por qué precisa un hombre que una mujer lo quiera? Miremos. En el orbe superior se entretejan el firmamento cuádruple que sostiene el diluvio y las inalterables estrellas planetarias. Adán, el joven padre, y el joven Paraíso. La tarde y la mañana. Dios en cada criatura. En ese laberinto puro está tu reflejo. Arrojemos de nuevo la moneda de hierro que es también un espejo magnífico. Su reverso es nadie y nada y sombra y ceguera. Eso eres. De hierro las dos caras labran un solo eco. Tus manos y tu lengua son testigos infieles. Dios es el inasible centro de la sortija. No exalta ni condena. Obra mejor: olvida. Maculado de infamia ¿por qué no han de quererte? En la sombra del otro buscamos nuestra sombra; en el cristal del otro, nuestro cristal recíproco.
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La moneda de hierro
En la orilla del aire (¿qué decir, qué hacer?) hay todavía una mujer. En el monte, extendida sobre la yerba, si buscamos bien: una mujer. Bajo el agua, en el agua, abre, enciende los ojos, mírala bien. Algas, ramas de peces, ojo de náufragos, flautas de té, le cantan, la miran bien. En las minas, perdida, delgada, sombra también, raíces de plata obscura le dan de beber. A tu espalda, en donde estés, si vuelves rápido a ver la ves. En el aire hay siempre oculta como una hoja en un árbol, una mujer.
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En la orilla del aire
De pena en pena cruza sus islas el amor y establece raíces que luego riega el llanto, y nadie puede, nadie puede evadir los pasos del corazón que corre callado y carnicero. Así tú y yo buscamos un hueco, otro planeta en donde no tocara la sal tu cabellera, en donde no crecieran dolores por mi culpa, en donde viva el pan sin agonía. Un planeta enredado por distancia y follajes, un páramo, una piedra cruel y deshabitada, con nuestras propias manos hacer un nido duro, queríamos, sin daño ni herida ni palabra, y no fue así el amor, sino una ciudad loca donde la gente palidece en los balcones.
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Soneto lxxi