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"bichos" poems
Para devolverme necesito una sombrilla, también la lluvia, los artefactos de la calle que se opacan. Necesito tropezarme con el resto del siglo bruto y evadirlo. Cuántas noches tuve sin explicación. Necesito considerar toda huella, minuciosa, subterránea, llevarla de vuelta al sitio y no dejarla más. Recuperar el año, colgar al tedio en el cielo eléctrico. Someterme al trayecto de los bichos. Dormir con la luz encendida, apostarle mi vida a una cobija. Necesito extinguir la cavidad de los dientes, detenerme, salir ilesa.
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Jan 19, 2012
Jan 19, 2012 at 12:25 PM UTC
El oficio de alejarse
Careta era o cavalo A quem o sal dado Em mim sangrava. Tinka, um dos 2 cachorros – Meu predileto era o Leão. Brigavam como cães e gatos. I Think era como o chamava - ao primeiro dos cães o americano missionário. Shibiu, ou será Chibiu? – era o cachorro de dona Modesta Nossa mãe adotada: sempre atenta A que nenhum bicho nos agarrasse. Lembro-me também do Bito – Aquele disgramado, culpado duas Vezes por esta cicatriz que trago No meio das costelas e no fardo Pessoal que carregamos vida afora. Bito não era bode expiatório – mas cabrito imolado tampouco. Acho que era o diabo tocando viola. Eu alimentava os porcos Sem expulsar ninguém Morro abaixo...
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Jun 14, 2015
Jun 14, 2015 at 7:51 AM UTC
Traduzindo a Infância (Bichos)
No puedo escribir. Trato de redactar, de escribir. Sentada en una mesa que pudo haber bien sido de cualquier otra persona menos mía. Mi vida es complicada. Tengo más problemas de los que una persona que se considera normal tendría usualmente y se que eso esta mal. Siempre he sido un poco más de lo anormal. Trato de estirar mis dedos sobre las teclas y en lo único que pienso es en que debe de haber una razón oculta por la cual aún no haya recaído. Veo mis brazos y los veo limpios, mi cabeza no lo esta tanto. Siempre he sido un poco sucia en ese aspecto. Busco tu aprobación por cada palabra que escribo. Un paso en falso y todo el texto tendrá que ser borrado. Necesito que vivas, necesito que me veas vivir. Ilógico, loco, pero cierto. Siempre he sido una persona extremadamente exagerada, pero no para esto. Trato de concentrarme en mirarte por menos tiempo de lo que debería y no puedo. Aveces me encuentro con los ojos clavados en tu nuca. Estas de espaldas, estas durmiendo. Yo floto por algún lugar de tu techo, techo que nos mira cada tarde. Ahí estoy, pero no estoy. ¿Estaré en tu cabeza? -Mi pequeño cerebro siempre dirá que no. Trato de contarle un cuento a los pequeño monstruos que viven dentro de este diminuto pero expandido cuerpo, y lo único que sale de mi boca son fragmentos de como te veías. Y sonrisas, muchas sonrisas. Hay veces en las que lo único que repito es tu nombre, y los bichos que me infestan se esconden, ¿Estará loca? -Nosotros la volvimos así. Trato de escribir, otra vez. Trato de encontrarle un sentido a lo que pienso y solo sale esto. Palabra tras palabra por tí. Sílaba por sílaba, medida y corregida en un lapso mayor al que usualmente mido. Siempre he sido una obsesiva, perdón por eso. Trato de redactar, pero solo redacto para tí.
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May 28, 2014
May 28, 2014 at 11:18 PM UTC
No puedo escribir
No puedo escribir. Trato de redactar, de escribir. Sentada en una mesa que pudo haber bien sido de cualquier otra persona menos mía. Mi vida es complicada. Tengo más problemas de los que una persona que se considera normal tendría usualmente y se que eso esta mal. Siempre he sido un poco más de lo anormal. Trato de estirar mis dedos sobre las teclas y en lo único que pienso es en que debe de haber una razón oculta por la cual aún no haya recaído. Veo mis brazos y los veo limpios, mi cabeza no lo esta tanto. Siempre he sido un poco sucia en ese aspecto. Busco tu aprobación por cada palabra que escribo. Un paso en falso y todo el texto tendrá que ser borrado. Necesito que vivas, necesito que me veas vivir. Ilógico, loco, pero cierto. Siempre he sido una persona extremadamente exagerada, pero no para esto. Trato de concentrarme en mirarte por menos tiempo de lo que debería y no puedo. Aveces me encuentro con los ojos clavados en tu nuca. Estas de espaldas, estas durmiendo. Yo floto por algún lugar de tu techo, techo que nos mira cada tarde. Ahí estoy, pero no estoy. ¿Estaré en tu cabeza? -Mi pequeño cerebro siempre dirá que no. Trato de contarle un cuento a los pequeño monstruos que viven dentro de este diminuto pero expandido cuerpo, y lo único que sale de mi boca son fragmentos de como te veías. Y sonrisas, muchas sonrisas. Hay veces en las que lo único que repito es tu nombre, y los bichos que me infestan se esconden, ¿Estará loca? -Nosotros la volvimos así. Trato de escribir, otra vez. Trato de encontrarle un sentido a lo que pienso y solo sale esto. Palabra tras palabra por tí. Sílaba por sílaba, medida y corregida en un lapso mayor al que usualmente mido. Siempre he sido una obsesiva, perdón por eso. Trato de redactar, pero solo redacto para tí.
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Durante muchos siglos la costumbre fue ésta: aleccionar al hombre con historias a cargo de animales de voz docta, de solemne ademán o astutas tretas, tercos en la maldad y en la codicia o necios como el ser al que glosaban. La humanidad les debe parte de su virtud y su sapiencia a asnos y leones, ratas, cuervos, zorros, osos, cigarras y otros bichos que sirvieron de ejemplo y moraleja, de estímulo también y de escarmiento en las ajenas testas animales, al imaginativo y sutil griego, al severo romano, al refinado europeo, al hombre occidental, sin ir más lejos. Hoy quiero -y perdonad la petulancia- compensar tantos bienes recibidos del gremio irracional describiendo algún hecho sintomático, algún matiz de la conducta humana que acaso pueda ser educativo para las aves y para los peces, para los celentéreos y mamíferos, dirigido lo mismo a las amebas más simples como a cualquier especie vertebrada. Ya nuestra sociedad está madura, ya el hombre dejá atrás la adolescencia y en su vejez occidental bien puede servir de ejemplo al perro para que el perro sea más perro, y el zorro más traidor, y el *** más feroz y sanguinario, y el asno como dicen que es el asno, y el buey más inhibido y menos toro. A toda bestia que pretenda perfeccionarse como tal                                                   -ya sea con fines belicistas o pacíficos, con miras financieras o teológicas, o por amor al arte simplemente- no cesaré de darle este consejo: que observe al **** sapiens, y que aprenda.
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Introducción a las fábulas para animales
Durante muchos siglos la costumbre fue ésta: aleccionar al hombre con historias a cargo de animales de voz docta, de solemne ademán o astutas tretas, tercos en la maldad y en la codicia o necios como el ser al que glosaban. La humanidad les debe parte de su virtud y su sapiencia a asnos y leones, ratas, cuervos, zorros, osos, cigarras y otros bichos que sirvieron de ejemplo y moraleja, de estímulo también y de escarmiento en las ajenas testas animales, al imaginativo y sutil griego, al severo romano, al refinado europeo, al hombre occidental, sin ir más lejos. Hoy quiero -y perdonad la petulancia- compensar tantos bienes recibidos del gremio irracional describiendo algún hecho sintomático, algún matiz de la conducta humana que acaso pueda ser educativo para las aves y para los peces, para los celentéreos y mamíferos, dirigido lo mismo a las amebas más simples como a cualquier especie vertebrada. Ya nuestra sociedad está madura, ya el hombre dejá atrás la adolescencia y en su vejez occidental bien puede servir de ejemplo al perro para que el perro sea más perro, y el zorro más traidor, y el *** más feroz y sanguinario, y el asno como dicen que es el asno, y el buey más inhibido y menos toro. A toda bestia que pretenda perfeccionarse como tal                                                   -ya sea con fines belicistas o pacíficos, con miras financieras o teológicas, o por amor al arte simplemente- no cesaré de darle este consejo: que observe al **** sapiens, y que aprenda.
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E como a qualquer criança Brilharam-se-me muitos os olhos À primeira vista deste prado Verde e húmido e florido Com bichos passageiros, pardais a chilrear. Mas com o tempo secou-se a relva Foram-se as flores e com elas as borboletas Só a cigarra canta, metódica, Já nem os *** se pintam em aguarelas Nem versos deslizam perdidos mais.
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Feb 21, 2017
Feb 21, 2017 at 3:50 AM UTC
13-10-2016
mecha vaugham vivió la mayor parte en su uteró lejos de otros ruidos del mundo o mundanales y conoció paisajes raros llenos de pájaros nerviosos y conoció paisajes "oh bichos" decía dirigiéndose a los bichos que poblaban su cuerpo y mucho más su sueño aleteando picoteándole el alma "oh bichos que me despiertan la voz" decía mecha vaugham callándose de pronto o intentando volar "¿qué es esto que me pega al piso?" decía zangoloteando chapoteando con gran horror o fastidio de los vecinos del 3 "pies que piesan en vez de alar o cómo / sería el mundo el buey lo que se hija / si no nos devoráramos / si amorásemos mucho" decía mecha vaugham "si fuéramos o fuésemos / como rostros humanos / empezando de a dos / completos en el resto" decía mecha derrumbándose finalmente en el suelo un día pasó lo que sigue: pájaro de voz tenor que la amoraba mucho antes de ser devorado del todo plantó un arbolito en su alma mecha vaugham devoró al pajarito pero el arbolito creció creció empezó a cantarle de noche el tenorino no la dejó dormir no la dejó vivir y cuando mecha vaugham murió salió otra vez volando del árbol el pájaro ese pájaro a mecha vaugham le alfombraron la tumba con pedacitos de su mismo uteró todos los pájaros del mundo al atardecer picoteaban allí o aleteaban todos del mundo menos uno
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Lamento por el uteró de mecha vaugham
En el silencio transparente el día reposaba: la transparencia del espacio era la transparencia del silencio. La inmóvil luz del cielo sosegaba el crecimiento de las yerbas. Los bichos de la tierra, entre las piedras, bajo la luz idéntica, eran piedras. El tiempo en el minuto se saciaba. En la quietud absorta se consumaba el mediodía. Y un pájaro cantó, delgada flecha. Pecho de plata herido vibró el cielo, se movieron las hojas, las yerbas despertaron... Y sentí que la muerte era una flecha que no se sabe quién dispara y en un abrir los ojos nos morimos.
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El pájaro
Bajo un sol inflexible llanos ocres, colinas leonadas. Trepé por un breñal una cuesta de cabras hacia un lugar de escombros: pilastras desgajadas, dioses decapitados. A veces, centelleos subrepticios: una culebra, alguna lagartija. Agazapados en las piedras, color de tinta ponzoñosa, pueblos de bichos quebradizos. Un patio circular, un muro hendido. Agarrada a la tierra -nudo ciego, árbol todo raíces- la higuera religiosa. Lluvia de luz. Un bulto gris: el Buda. Una masa borrosa sus facciones, por las escarpaduras de su cara subían y bajaban las hormigas. Intacta todavía, todavía sonrisa, la sonrisa: golfo de claridad pacífica. Y fui por un instante diáfano viento que se detiene, gira sobre sí mismo y se disipa.
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La cara y el viento
A tientas, me adentro. Pasillos, puertas que dan a un cuarto de hotel, a una intersección, a un páramo urbano. Y entre el bostezo y el abandono, tú, intacto, verdor sitiado por tanta muerte, jardín revisto esta noche. Sueños insensatos y lúcidos, geometría y delirio entre altas bardas de adobe. La glorieta de los pinos, ocho testigos de mi infancia, siempre de pie, sin cambiar nunca de postura, de traje, de silencio. El montón de pedruscos de aquel pabellón que no dejó terminar la guerra civil, lugar amado por la melancolía y las lagartijas. Los yerbales, con sus secretos, su molicie de verde caliente, sus bichos agazapados y terribles. La higuera y sus consejas. Los adversarios: los floripondio y sus lámparas blancas frente al granado, candelabro de joyas rojas ardiendo en pleno día. El membrillo y sus varas flexibles, con las que arrancaba ayes al aire matinal. La lujosa mancha de vino de la bugambilia sobre el muro inmaculado, blanquísimo. El sitio sagrado, el lugar infame, el rincón del monólogo: la orfandad de una tarde, los himnos de una mañana, los silencios, aquel día de gloria entrevista, compartida. Arriba, en la apresura de las ramas, entre los claros del cielo y las encrucijadas de los verdes, la tarde se bate con espadas transparentes. Piso la tierra recién llovida, los olores ásperos, las yerbas vivas. El silencio se yergue y me interroga. Pero yo avanzo y me planto en el centro de mi memoria. Aspiro largamente el aire cargado de porvenir. Vienen oleadas de futuro, rumor de conquistas, descubrimientos y esos vacíos súbitos con que prepara lo desconocido sus irrupciones. Silbo entre dientes y mi silbido, en la limpidez admirable de la hora, es un látigo alegre que despierta alas y echa a volar profecías. Y yo las veo partir hacia allá, al otro lado, a donde un hombre encorvado escribe trabajosamente, en camisa, entre pausas furiosas, estos cuantos adioses al borde del precipicio.
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Jardín con niño
A tientas, me adentro. Pasillos, puertas que dan a un cuarto de hotel, a una intersección, a un páramo urbano. Y entre el bostezo y el abandono, tú, intacto, verdor sitiado por tanta muerte, jardín revisto esta noche. Sueños insensatos y lúcidos, geometría y delirio entre altas bardas de adobe. La glorieta de los pinos, ocho testigos de mi infancia, siempre de pie, sin cambiar nunca de postura, de traje, de silencio. El montón de pedruscos de aquel pabellón que no dejó terminar la guerra civil, lugar amado por la melancolía y las lagartijas. Los yerbales, con sus secretos, su molicie de verde caliente, sus bichos agazapados y terribles. La higuera y sus consejas. Los adversarios: los floripondio y sus lámparas blancas frente al granado, candelabro de joyas rojas ardiendo en pleno día. El membrillo y sus varas flexibles, con las que arrancaba ayes al aire matinal. La lujosa mancha de vino de la bugambilia sobre el muro inmaculado, blanquísimo. El sitio sagrado, el lugar infame, el rincón del monólogo: la orfandad de una tarde, los himnos de una mañana, los silencios, aquel día de gloria entrevista, compartida. Arriba, en la apresura de las ramas, entre los claros del cielo y las encrucijadas de los verdes, la tarde se bate con espadas transparentes. Piso la tierra recién llovida, los olores ásperos, las yerbas vivas. El silencio se yergue y me interroga. Pero yo avanzo y me planto en el centro de mi memoria. Aspiro largamente el aire cargado de porvenir. Vienen oleadas de futuro, rumor de conquistas, descubrimientos y esos vacíos súbitos con que prepara lo desconocido sus irrupciones. Silbo entre dientes y mi silbido, en la limpidez admirable de la hora, es un látigo alegre que despierta alas y echa a volar profecías. Y yo las veo partir hacia allá, al otro lado, a donde un hombre encorvado escribe trabajosamente, en camisa, entre pausas furiosas, estos cuantos adioses al borde del precipicio.
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"salud salud" decía jack hammerstein se la pasaba saludando a: todos a todos a todos aunque lloraran ensuciando el mantel aunque tuvieran leonas bravas "afuera negra desventura afuera afuera" decía entrando a cada casa y espantándola con la mano como si las desgracias fuesen moscas o mosquitos o insectos y miel la gente en su esplendor "afuera muerte grima dolor peste o barbaridá de la tristeza" decía jack hammerstein limpiando esos polvos o arrancaba la yerba ya vieja crecida sobre ternuras sobre zapatitos de seda que no hacen ruido en el amor así jack hammerstein de color amarillo como si pasara las noches entre claveles o alelí en realidad tenía una amada que se bañaba en agua clara en realidad tenía una niña/que se bañaba en agua fría y le crecían luces suavidades entrando "qué lindo pelo tienes" le decía jack hammerstein "qué linda frente ojos boca pechos tienes" le decía jack hammerstein "qué lindo pie chiquito río de mármol" "oh muerte que a todos convidás" dijo jack hammerstein ahí la amada estaba bella bella y sobre ella crecía yerba esta vez dando color olor y sombra al pie se acostó jack hammerstein para mirarla subir "afuera desventura afuera afuera" "afuera muerte grima dolor peste o barbaridá de la tristeza" decía a los traidores bichos negros que le comían corazón "salud salud" decía jack hammerstein no lo pudrió la pena ni la furia se la pasaba saludando a todos y aún arrancándoles yerba pero a su amada no o la miraba subir desde la mesma muerte
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Lamento por las yerbas de jack hammerstein
"salud salud" decía jack hammerstein se la pasaba saludando a: todos a todos a todos aunque lloraran ensuciando el mantel aunque tuvieran leonas bravas "afuera negra desventura afuera afuera" decía entrando a cada casa y espantándola con la mano como si las desgracias fuesen moscas o mosquitos o insectos y miel la gente en su esplendor "afuera muerte grima dolor peste o barbaridá de la tristeza" decía jack hammerstein limpiando esos polvos o arrancaba la yerba ya vieja crecida sobre ternuras sobre zapatitos de seda que no hacen ruido en el amor así jack hammerstein de color amarillo como si pasara las noches entre claveles o alelí en realidad tenía una amada que se bañaba en agua clara en realidad tenía una niña/que se bañaba en agua fría y le crecían luces suavidades entrando "qué lindo pelo tienes" le decía jack hammerstein "qué linda frente ojos boca pechos tienes" le decía jack hammerstein "qué lindo pie chiquito río de mármol" "oh muerte que a todos convidás" dijo jack hammerstein ahí la amada estaba bella bella y sobre ella crecía yerba esta vez dando color olor y sombra al pie se acostó jack hammerstein para mirarla subir "afuera desventura afuera afuera" "afuera muerte grima dolor peste o barbaridá de la tristeza" decía a los traidores bichos negros que le comían corazón "salud salud" decía jack hammerstein no lo pudrió la pena ni la furia se la pasaba saludando a todos y aún arrancándoles yerba pero a su amada no o la miraba subir desde la mesma muerte
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hoy compré una escopeta para mi hijo hace ya tiempo que me la venía pidiendo y comprendiendo mi hijo que no hay plata que alcance pero pidiéndola proponiendo los sitios de la cocina de la pieza donde recién traída la escopeta esperaba que él saliera del sueño donde estaba esperándola para verla tocarla convertirla después en otro sueño no para matar bichos o pájaros o arruinar las paredes las plantitas o bajar a la luna de su sitio lunar no para esas pequeñas cosas molestas mi hijo quería su escopeta y esta noche la traigo y escribo para alertar al vecindario al mundo en general porque qué haría la inocencia ahora que está armada sino causar graves desórdenes como espantar la muerte sino matar sombras matar a enemigos a cínicos amigos defender la justicia hacer la Revolución y además compré una camita para mi hija donde acostará a su muñeca cubriéndola con el trapo amarillo como esa noche que yo estaba por escribir un poema intentando apresar los rostros últimos del bello amor humano imperfecto perfecto como una madre oscura acercándome a ellos casi rodeando su aire cálido como un fuego cara a cara a su fuego oyéndolos temblar inasibles y mi hija me tomó de la mano para mostrarme la muñeca que ella había abrigado es su cuna tapándole los ojos pintados con un pedazo de papel para que pueda dormir y le besó la frente le dijo que descanse y yo volví a la mesa y en silencio guardé mis papeles vacíos
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Juguetes