Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
"ardientes" poems
*Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres... ¡esas... no volverán!. Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar, y otra vez a la tarde aún más hermosas sus flores se abrirán. Pero aquellas, cuajadas de rocío cuyas gotas mirábamos temblar y caer como lágrimas del día... ¡esas... no volverán! Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar; tu corazón de su profundo sueño tal vez despertará. Pero mudo y absorto y de rodillas como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido...; desengáñate, ¡así... no te querrán! Lee todo en: Rima LIII - Poemas de Gustavo Adolfo Bécquer http://www.poemas-del-alma.com/rima-liii.htm#ixzz32XxscF4bVolverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres... ¡esas... no volverán!. Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar, y otra vez a la tarde aún más hermosas sus flores se abrirán. Pero aquellas, cuajadas de rocío cuyas gotas mirábamos temblar y caer como lágrimas del día... ¡esas... no volverán! Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar; tu corazón de su profundo sueño tal vez despertará. Pero mudo y absorto y de rodillas como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido...; desengáñate, ¡así... no te querrán!* ― Gustavo Adolfo Bécquer
0
May 23, 2014
May 23, 2014 at 9:57 AM UTC
Volverán las oscuras golondrinas - Rima LIII
*Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres... ¡esas... no volverán!. Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar, y otra vez a la tarde aún más hermosas sus flores se abrirán. Pero aquellas, cuajadas de rocío cuyas gotas mirábamos temblar y caer como lágrimas del día... ¡esas... no volverán! Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar; tu corazón de su profundo sueño tal vez despertará. Pero mudo y absorto y de rodillas como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido...; desengáñate, ¡así... no te querrán! Lee todo en: Rima LIII - Poemas de Gustavo Adolfo Bécquer http://www.poemas-del-alma.com/rima-liii.htm#ixzz32XxscF4bVolverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres... ¡esas... no volverán!. Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar, y otra vez a la tarde aún más hermosas sus flores se abrirán. Pero aquellas, cuajadas de rocío cuyas gotas mirábamos temblar y caer como lágrimas del día... ¡esas... no volverán! Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar; tu corazón de su profundo sueño tal vez despertará. Pero mudo y absorto y de rodillas como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido...; desengáñate, ¡así... no te querrán!* ― Gustavo Adolfo Bécquer
Continue reading...
49
Los jóvenes homosexuales y las muchachas amorosas, y las largas viudas que sufren el delirante insomnio, y las jóvenes señoras preñadas hace treinta horas, y los roncos gatos que cruzan mi jardín en tinieblas, como un collar de palpitantes ostras sexuales rodean mi residencia solitaria, como enemigos establecidos contra mi alma, como conspiradores en traje de dormitorio que cambiaran largos besos espesos por consigna. El radiante verano conduce a los enamorados en uniformes regimientos melancólicos, hechos de gordas y flacas y alegres y tristes parejas: bajo los elegantes cocoteros, junto al océano y la luna hay una continua vida de pantalones y polleras, un rumor de medias de seda acariciadas, y senos femeninos que brillan como ojos. El pequeño empleado, después de mucho, después del tedio semanal, y las novelas leídas de noche, en cama, ha definitivamente seducido a su vecina, y la lleva a los miserables cinematógrafos donde los héroes son potros o príncipes apasionados, y acaricia sus piernas llenas de dulce vello con sus ardientes y húmedas manos que huelen a cigarrillo. Los atardeceres del seductor y las noches de los esposos se unen como dos sábanas sepultándome, y las horas después del almuerzo en que los jóvenes estudiantes, y las jóvenes estudiantes, y los sacerdotes se masturban, y los animales fornican directamente, y las abejas huelen a sangre, y las moscas zumban coléricas, y los primos juegan extrañamente con sus primas, y los médicos miran con furia al marido de la joven paciente, y las horas de la mañana en que el profesor, como por descuido, cumple con su deber conyugal, y desayuna, y, más aún, los adúlteros, que se aman con verdadero amor sobre lechos altos y largos como embarcaciones: seguramente, eternamente me rodea este gran bosque respiratorio y enredado con grandes flores como bocas y dentaduras y negras raíces en forma de uñas y zapatos.
0
1.4k
Caballero sólo
Los jóvenes homosexuales y las muchachas amorosas, y las largas viudas que sufren el delirante insomnio, y las jóvenes señoras preñadas hace treinta horas, y los roncos gatos que cruzan mi jardín en tinieblas, como un collar de palpitantes ostras sexuales rodean mi residencia solitaria, como enemigos establecidos contra mi alma, como conspiradores en traje de dormitorio que cambiaran largos besos espesos por consigna. El radiante verano conduce a los enamorados en uniformes regimientos melancólicos, hechos de gordas y flacas y alegres y tristes parejas: bajo los elegantes cocoteros, junto al océano y la luna hay una continua vida de pantalones y polleras, un rumor de medias de seda acariciadas, y senos femeninos que brillan como ojos. El pequeño empleado, después de mucho, después del tedio semanal, y las novelas leídas de noche, en cama, ha definitivamente seducido a su vecina, y la lleva a los miserables cinematógrafos donde los héroes son potros o príncipes apasionados, y acaricia sus piernas llenas de dulce vello con sus ardientes y húmedas manos que huelen a cigarrillo. Los atardeceres del seductor y las noches de los esposos se unen como dos sábanas sepultándome, y las horas después del almuerzo en que los jóvenes estudiantes, y las jóvenes estudiantes, y los sacerdotes se masturban, y los animales fornican directamente, y las abejas huelen a sangre, y las moscas zumban coléricas, y los primos juegan extrañamente con sus primas, y los médicos miran con furia al marido de la joven paciente, y las horas de la mañana en que el profesor, como por descuido, cumple con su deber conyugal, y desayuna, y, más aún, los adúlteros, que se aman con verdadero amor sobre lechos altos y largos como embarcaciones: seguramente, eternamente me rodea este gran bosque respiratorio y enredado con grandes flores como bocas y dentaduras y negras raíces en forma de uñas y zapatos.
Continue reading...
39
Y el reflejo te persiguió Sin pensárselo dos veces Aún cuando cerrabas los ojos, Aunque te ocultases La luz apagada de aquel instante Te atrapó, insaciablemente Y en sus brazos dañados Sedientos, ardientes Permitió nuevamente tu desgarre La ruptura entre cuerpo y alma Tomó su lugar Y volviéndote un lienzo Te sedujo hasta el final En ti yace un brillo Que diluye la tranquilidad Entre colores finos Dedicándose a prosperar Piel y tela se vuelven una Y así el arte toma forma Tus huesos frágiles se vuelven Del canvas la estructura Mientras que las tonalidades De aquellos lugares apartados Se definen por tu esplendor Y el artista dibuja figuras, Garabatos y líneas torcidas Delineando tu cuerpo, Conservando la vida Cada pedazo de papel Que le rinde homenaje A tus bordes y extremidades Posee su propio significado El amor, el arte, el cuerpo y la belleza Se fusionan Cada vez.
0
Jul 31, 2019
Jul 31, 2019 at 1:49 AM UTC
Arte en llamas
Amo las cosas loca, locamente. Me gustan las tenazas, las tijeras, adoro las tazas, las argollas, las soperas, sin hablar, por supuesto, del sombrero. Amo todas las cosas, no sólo las supremas, sino las infinita- mente chicas, el dedal, las espuelas, los platos, los floreros. Ay, alma mía, hermoso es el planeta, lleno de pipas por la mano conducidas en el humo, de llaves, de saleros, en fin, todo lo que se hizo por la mano del hombre, toda cosa; las curvas del zapato, el tejido, el nuevo nacimiento del oro sin la sangre, los anteojos, los clavos, las escobas, los relojes, las brújulas, las monedas, la suave suavidad de las sillas. Ay cuántas cosas puras ha construido el hombre: de lana, de madera, de cristal, de cordeles, mesas maravillosas, navíos, escaleras. Amo todas las cosas, un porque sean ardientes o fragantes, sino porque no sé, porque este océano es el tuyo, es el mío: los botones, las ruedas, los pequeños tesoros olvidados, los abanicos en cuyos plumajes desvaneció el amor sus azahares, las copas, los cuchillos, las tijeras, todo tiene en el mango, en el contorno, la huella de unos dedos, de una remota mano perdida en lo más olvidado del olvido. Yo voy por casas, calles, ascensores, tocando cosas, divisando objetos que en secreto ambiciono: uno porque repica, otro porque es tan suave como la suavidad de una cadera, otro por su color de agua profunda, otro por su espesor de terciopelo. Oh río irrevocable de las cosas, no se dirá que sólo amé los peces, o las plantas de selva y de pradera, que no sólo amé lo que salta, sube, sobrevive, suspira. No es verdad: muchas cosas me lo dijeron todo. No sólo me tocaron o las tocó mi mano, sino que acompañaron de tal modo mi existencia que conmigo existieron y fueron para mí tan existentes que vivieron conmigo media vida y morirán conmigo media muerte.
0
1.3k
Oda a las cosas
Amo las cosas loca, locamente. Me gustan las tenazas, las tijeras, adoro las tazas, las argollas, las soperas, sin hablar, por supuesto, del sombrero. Amo todas las cosas, no sólo las supremas, sino las infinita- mente chicas, el dedal, las espuelas, los platos, los floreros. Ay, alma mía, hermoso es el planeta, lleno de pipas por la mano conducidas en el humo, de llaves, de saleros, en fin, todo lo que se hizo por la mano del hombre, toda cosa; las curvas del zapato, el tejido, el nuevo nacimiento del oro sin la sangre, los anteojos, los clavos, las escobas, los relojes, las brújulas, las monedas, la suave suavidad de las sillas. Ay cuántas cosas puras ha construido el hombre: de lana, de madera, de cristal, de cordeles, mesas maravillosas, navíos, escaleras. Amo todas las cosas, un porque sean ardientes o fragantes, sino porque no sé, porque este océano es el tuyo, es el mío: los botones, las ruedas, los pequeños tesoros olvidados, los abanicos en cuyos plumajes desvaneció el amor sus azahares, las copas, los cuchillos, las tijeras, todo tiene en el mango, en el contorno, la huella de unos dedos, de una remota mano perdida en lo más olvidado del olvido. Yo voy por casas, calles, ascensores, tocando cosas, divisando objetos que en secreto ambiciono: uno porque repica, otro porque es tan suave como la suavidad de una cadera, otro por su color de agua profunda, otro por su espesor de terciopelo. Oh río irrevocable de las cosas, no se dirá que sólo amé los peces, o las plantas de selva y de pradera, que no sólo amé lo que salta, sube, sobrevive, suspira. No es verdad: muchas cosas me lo dijeron todo. No sólo me tocaron o las tocó mi mano, sino que acompañaron de tal modo mi existencia que conmigo existieron y fueron para mí tan existentes que vivieron conmigo media vida y morirán conmigo media muerte.
Continue reading...
124
Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Aún brilla tu entraña como una moneda de plata cubierta de polvo. Clavel encendido de sueños de fuego. He visto brillar tus estrellas, quebrarse tu luna en las aguas, andar a tus hombres descalzos, hiriendo sus pies con tus piedras ardientes.¿En dónde buscar tu latido: en tus ríos que se llevan al mar, en sus aguas, murallas y torres de muertas ciudades? ¿En tus playas, con nieblas o sol, circundando de luz tu cintura? ¿En tus gentes errantes que pudren sus vidas por darles dulzor a tus frutos?Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera talar con mis manos tus bosques, sembrar de ceniza tus tierras resecas, arrojar a una hoguera tus viejas hazañas, dormir con tu sueño y erguirme después, con la aurora, ya libre del peso que pone en mi espalda la sombra fatal de tu ruina.Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera asistir a tu sueño completo, mirarte sin pena, lo mismo que a luna remota, hachazo de luz que no hiende los troncos ni pone la llaga en la piedra.Qué tristes he visto a tus hombres. Los veo pasar a mi lado, mamar en tu pecho la leche, comer de tus manos el pan, y sentarse después a soñar bajo un álamo, dorar con el fuego que abrasa sus vidas, tu dura corteza. Les pides que pongan sus almas de fiesta. No sabes que visten de duelo, que llevan a cuestas el peso de tu acabamiento, que ven impasibles llegar a la muerte tocando sus graves guitarras. Oh España, qué triste pareces. Quisiera asistir a tu muerte total, a tu sueño completo, saber que te hundías de pronto en las aguas, igual que un navío maldito.Y sobre la noche marina, borrada tu estela, España, ni en ti pensarías. Ni en mí. Ya extranjero de tierras y días. Ya libre y feliz, como viento que no halla ni rosa, ni mar, ni molino. Sin memoria, ni historia, ni edad, ni recuerdos, ni pena......en vez de mirarte, oh España, clavel encendido de sueños de llama, cobre de dura corteza que guarda en su entraña caliente la vieja moneda de plata, cubierta de olvido, de polvo y cansancio...
0
1.2k
Canto a españa
Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Aún brilla tu entraña como una moneda de plata cubierta de polvo. Clavel encendido de sueños de fuego. He visto brillar tus estrellas, quebrarse tu luna en las aguas, andar a tus hombres descalzos, hiriendo sus pies con tus piedras ardientes.¿En dónde buscar tu latido: en tus ríos que se llevan al mar, en sus aguas, murallas y torres de muertas ciudades? ¿En tus playas, con nieblas o sol, circundando de luz tu cintura? ¿En tus gentes errantes que pudren sus vidas por darles dulzor a tus frutos?Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera talar con mis manos tus bosques, sembrar de ceniza tus tierras resecas, arrojar a una hoguera tus viejas hazañas, dormir con tu sueño y erguirme después, con la aurora, ya libre del peso que pone en mi espalda la sombra fatal de tu ruina.Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera asistir a tu sueño completo, mirarte sin pena, lo mismo que a luna remota, hachazo de luz que no hiende los troncos ni pone la llaga en la piedra.Qué tristes he visto a tus hombres. Los veo pasar a mi lado, mamar en tu pecho la leche, comer de tus manos el pan, y sentarse después a soñar bajo un álamo, dorar con el fuego que abrasa sus vidas, tu dura corteza. Les pides que pongan sus almas de fiesta. No sabes que visten de duelo, que llevan a cuestas el peso de tu acabamiento, que ven impasibles llegar a la muerte tocando sus graves guitarras. Oh España, qué triste pareces. Quisiera asistir a tu muerte total, a tu sueño completo, saber que te hundías de pronto en las aguas, igual que un navío maldito.Y sobre la noche marina, borrada tu estela, España, ni en ti pensarías. Ni en mí. Ya extranjero de tierras y días. Ya libre y feliz, como viento que no halla ni rosa, ni mar, ni molino. Sin memoria, ni historia, ni edad, ni recuerdos, ni pena......en vez de mirarte, oh España, clavel encendido de sueños de llama, cobre de dura corteza que guarda en su entraña caliente la vieja moneda de plata, cubierta de olvido, de polvo y cansancio...
Continue reading...
29
Señor, yo no soy digna siquiera de rogarte: mi corazón ignora la palabra del arte. Sólo vengo a decirte que no me han comprendido, porque los hombres hablan con el orgullo herido. Cubren con bellas frases su más ****** deseo, que a veces me turbaron, pero que ya no creo. Sin embargo, a los dos me di con alegría. Lo comprendo, Señor: ¡toda la culpa es mía! En los brazos de uno me entregué plenamente, y en los del otro... ¿Sabes lo que una mujer siente? Pregúntale a la Virgen, cuando ella era mujer, todo lo que nosotras llegamos a querer. Perdóname la audacia, pero aquella María, no supo del abrazo viril que me rendía. No miró aquellos ojos fijos en mi hermosura, como dedos ardientes sobre mi carne impura. Y no tembló aquel canto de amor en sus oídos que pudo abrir en músicas la flor de mis sentidos. Tú también sabes que el hombre se acerca a la mujer, ebrio por la promesa de su propio placer. Pero la mujer llora, se resiste, Señor, y cuando al fin se ofrece, sueña con el amor. Pues, mientras en el hombre la vida se hace fuerte, la mujer se desmaya con un poco de muerte. Quizás tuve un amante que me sedujo un día, ¡tan malo que, por eso, me gusta todavía!
0
1.1k
Respuesta al poema de la culpa (ella)
Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales         jugando llamarán.   Pero aquellas que el  vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres...         ¡esas... no volverán!   Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar, y otra vez a la tarde aún más hermosas         sus flores se abrirán.   Pero aquellas, cuajadas de rocío cuyas gotas mirábamos temblar y caer como lágrimas del día...         ¡esas... no volverán!   Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar; tu corazón de su profundo sueño         tal vez despertará.   Pero mudo y absorto y de rodillas como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido...; desengáñate,         ¡así... no te querrán!
0
992
Rima liii
Hermosísimo invierno de mi vida, sin estivo calor constante yelo, a cuya nieve da cortés el cielo púrpura en tiernas flores encendida; esa esfera de luz enriquecida, que tiene por estrella al dios de Delo, ¿cómo en la elemental guerra del suelo reina de sus contrarios defendida? Eres Scitia de l'alma que te adora, cuando la vista, que te mira, inflama; Etna, que ardientes nieves atesora. Sí lo frágil perdonas a la fama, eres al vidro parecida, Flora, que siendo yelo, es hijo de la llama.
0
888
Admírase de que flora, siendo todo fuego y luz, sea toda hielo
Cuando miro el azul horizonte perderse a lo lejos, al través de una gasa de polvo dorado e inquieto, me parece posible arrancarme del mísero suelo y flotar con la niebla dorada en átomos leves cual ella deshecho.Cuando miro de noche en el fondo oscuro del cielo las estrellas temblar como ardientes pupilas de fuego, me parece posible a do brillan subir en un vuelo y anegarme en su luz, y con ellas en lumbre encendido fundirme en un beso.En el mar de la duda en que bogo ni aun sé lo que creo; sin embargo estas ansias me dicen que yo llevo algo divino aquí dentro.
0
826
Rima viii
Sol espledente de primavera, a cuyo beso, fresca y lozana, la flor se yergue, la mariposa viola el capullo, la yema estalla; sol espledente de primavera: ¡yo te aborrezco! porque desgarras las brumas leves, que me circundan como rizado crespón de plata.   A mí me gustan las tardes grises, las melancolías, las heladas, en que las rosas tiemblan de frío, en que los cierzos gimiendo pasan, en que las aves, entre las hojas, el pico esconden bajo del ala.   A mí me gustan esas penumbras indefinibles de la enramada, a cuyo amparo corren las fuentes, surgen los gnomos, las hojas charlan...   Sol espledente de primavera, cede tu gloria, declina, pasa: deja las brumas que me rodean como rizado crespón de plata.   Bellas mujeres de ardientes ojos, de vivos labios, de tez rosada, ¡os aborrezco! Vuestros encantos ni me seducen ni me arrebatan.   A mí me gustan las niñas tristes, a mí me gustan las niñas pálidas, las de apacibles ojos obscuros donde perenne misterio irradia; las de miradas que me acarician bajo el alero de las pestañas...   Más que las rosas, amo los lirios y las gardenias inmaculadas; más que claveles de sangre y fuego, la sensitiva mi vista encanta...   Bellas mujeres de ardientes ojos, de vivos labios, de tez rosada: pasad en ronda vertiginosa; vuestros encantos no me arrebatan...   Himnos vibrantes de las victorias, notas triunfales, bélicas marchas, ¡os aborrezco! porque, al oíros, trémulas huyen mis musas blancas.   A mí me gustan las notas leves... las notas leves... las notas lánguidas, las que parecen suspiros hondos... suspiros hondos de almas que pasan...   Chopin: delirio por tus nocturnos; Beethoven: sueño con tus sonatas: Weber: adoro tu Pensamiento Schubert: me arroba tu Serenata.   ¡Oh! Cuántas veces, bajo el imperio de vuestra música apasionada, Ella me dice: ¿Me quieres mucho? y yo respondo: ¡Con toda el alma!   Himnos vibrantes de las victorias, notas triunfales, bélicas marchas: ¡chit! porque huyen al escucharos, trémulas todas, mis musas blancas...   Sol espledente de primavera, lindas mujeres de faz rosada, himnos triunfales...; ¡dejadme a solas con mis ensueños y mis nostalgias!   Pálidas brumas que me rodean como rizado crespón de plata, vagas penumbras, niñas enfermas de ojos obscuros y tez de nácar, notas dolientes: ¡venid, que os amo! ¡Venid, que os amo! ¡Tended las alas!
0
976
Perlas negras - xii
Sol espledente de primavera, a cuyo beso, fresca y lozana, la flor se yergue, la mariposa viola el capullo, la yema estalla; sol espledente de primavera: ¡yo te aborrezco! porque desgarras las brumas leves, que me circundan como rizado crespón de plata.   A mí me gustan las tardes grises, las melancolías, las heladas, en que las rosas tiemblan de frío, en que los cierzos gimiendo pasan, en que las aves, entre las hojas, el pico esconden bajo del ala.   A mí me gustan esas penumbras indefinibles de la enramada, a cuyo amparo corren las fuentes, surgen los gnomos, las hojas charlan...   Sol espledente de primavera, cede tu gloria, declina, pasa: deja las brumas que me rodean como rizado crespón de plata.   Bellas mujeres de ardientes ojos, de vivos labios, de tez rosada, ¡os aborrezco! Vuestros encantos ni me seducen ni me arrebatan.   A mí me gustan las niñas tristes, a mí me gustan las niñas pálidas, las de apacibles ojos obscuros donde perenne misterio irradia; las de miradas que me acarician bajo el alero de las pestañas...   Más que las rosas, amo los lirios y las gardenias inmaculadas; más que claveles de sangre y fuego, la sensitiva mi vista encanta...   Bellas mujeres de ardientes ojos, de vivos labios, de tez rosada: pasad en ronda vertiginosa; vuestros encantos no me arrebatan...   Himnos vibrantes de las victorias, notas triunfales, bélicas marchas, ¡os aborrezco! porque, al oíros, trémulas huyen mis musas blancas.   A mí me gustan las notas leves... las notas leves... las notas lánguidas, las que parecen suspiros hondos... suspiros hondos de almas que pasan...   Chopin: delirio por tus nocturnos; Beethoven: sueño con tus sonatas: Weber: adoro tu Pensamiento Schubert: me arroba tu Serenata.   ¡Oh! Cuántas veces, bajo el imperio de vuestra música apasionada, Ella me dice: ¿Me quieres mucho? y yo respondo: ¡Con toda el alma!   Himnos vibrantes de las victorias, notas triunfales, bélicas marchas: ¡chit! porque huyen al escucharos, trémulas todas, mis musas blancas...   Sol espledente de primavera, lindas mujeres de faz rosada, himnos triunfales...; ¡dejadme a solas con mis ensueños y mis nostalgias!   Pálidas brumas que me rodean como rizado crespón de plata, vagas penumbras, niñas enfermas de ojos obscuros y tez de nácar, notas dolientes: ¡venid, que os amo! ¡Venid, que os amo! ¡Tended las alas!
Continue reading...
70
Allí están, allí estaban las trashumantes nubes, la fácil desnudez del arroyo, la voz de la madera, los trigales ardientes, la amistad apacible de las piedras. Allí la sal, los juncos que se bañan, el melodioso sueño de los sauces, el trino de los astros, de los grillos, la luna recostada sobre el césped, el horizonte azul, ¡el horizonte! con sus briosos tordillos por el aire. ¡Pero no! Nos sedujo lo infecto, la opinión clamorosa de las cloacas, los vibrantes eructos de onda corta, el pasional engrudo las circuncisas lenguas de cemento, los poetas de moco enternecido, los vocablos, las sombras sin remedio. Y aquí estamos: exangües, más pálidos que nunca; como tibios pescados corrompidos por tanto mercader y ruido muerto: como mustias acelgas digeridas por la preocupación y la dispepsia; como resumideros ululantes que toman el tranvía y bostezan y sudan sobre el carbón, la cal, las telarañas; como erectos ombligos con pelusa que se rascan las piernas y sonríen, bajo los cielorrasos y las mesas de luz y los felpudos; llenos de iniquidad y de lagañas, llenos de hiel y tics a contrapelo, de histrionismos madeja, yarará, mosca muerta; con el cráneo repleto de aserrín escupido, con las venas pobladas de alacranes filtrables, con los ojos rodeados de pantanosas costas y paisajes de arena, nada más que de arena. Escoria entumecida de enquistados complejos y cascarrientos labios que se olvida del **** en todas partes, que confunde el amor con el masaje, la poesía con la congoja acidulada, los misales con los libros de caja. Desolados engendros del azar y el hastío, con la carne exprimida por los bancos de estuco y tripas de oro, por los dedos cubiertos de insaciables ventosas, por caducos gargajos de cuello almidonado, por cuantos mingitorios con trato de excelencia explotan las tinieblas, ordeñan las cascadas, la edulcorada caña, la sangre oleaginosa de los falsos caballos, sin orejas, sin cascos, ni florecido esfínter de amapola, que los llevan al hambre, a empeñar la esperanza, a vender los ovarios, a cortar a pedazos sus adoradas madres, a ingerir los infundios que pregonan las lámparas, los hilos tartamudos, los babosos escuerzos que tienen la palabra, y hablan, hablan, hablan, ante las barbas próceres, o verdes redomones de bronce que no mean, ante las multitudes que desde un sexto piso podrán semejarse a caviar envasado, aunque de cerca apestan: a sudor sometido, a cama trasnochada, a sacrificio inútil, a rencor estancado, a pis en cuarentena, a rata muerta.
0
829
Testimonial
Allí están, allí estaban las trashumantes nubes, la fácil desnudez del arroyo, la voz de la madera, los trigales ardientes, la amistad apacible de las piedras. Allí la sal, los juncos que se bañan, el melodioso sueño de los sauces, el trino de los astros, de los grillos, la luna recostada sobre el césped, el horizonte azul, ¡el horizonte! con sus briosos tordillos por el aire. ¡Pero no! Nos sedujo lo infecto, la opinión clamorosa de las cloacas, los vibrantes eructos de onda corta, el pasional engrudo las circuncisas lenguas de cemento, los poetas de moco enternecido, los vocablos, las sombras sin remedio. Y aquí estamos: exangües, más pálidos que nunca; como tibios pescados corrompidos por tanto mercader y ruido muerto: como mustias acelgas digeridas por la preocupación y la dispepsia; como resumideros ululantes que toman el tranvía y bostezan y sudan sobre el carbón, la cal, las telarañas; como erectos ombligos con pelusa que se rascan las piernas y sonríen, bajo los cielorrasos y las mesas de luz y los felpudos; llenos de iniquidad y de lagañas, llenos de hiel y tics a contrapelo, de histrionismos madeja, yarará, mosca muerta; con el cráneo repleto de aserrín escupido, con las venas pobladas de alacranes filtrables, con los ojos rodeados de pantanosas costas y paisajes de arena, nada más que de arena. Escoria entumecida de enquistados complejos y cascarrientos labios que se olvida del **** en todas partes, que confunde el amor con el masaje, la poesía con la congoja acidulada, los misales con los libros de caja. Desolados engendros del azar y el hastío, con la carne exprimida por los bancos de estuco y tripas de oro, por los dedos cubiertos de insaciables ventosas, por caducos gargajos de cuello almidonado, por cuantos mingitorios con trato de excelencia explotan las tinieblas, ordeñan las cascadas, la edulcorada caña, la sangre oleaginosa de los falsos caballos, sin orejas, sin cascos, ni florecido esfínter de amapola, que los llevan al hambre, a empeñar la esperanza, a vender los ovarios, a cortar a pedazos sus adoradas madres, a ingerir los infundios que pregonan las lámparas, los hilos tartamudos, los babosos escuerzos que tienen la palabra, y hablan, hablan, hablan, ante las barbas próceres, o verdes redomones de bronce que no mean, ante las multitudes que desde un sexto piso podrán semejarse a caviar envasado, aunque de cerca apestan: a sudor sometido, a cama trasnochada, a sacrificio inútil, a rencor estancado, a pis en cuarentena, a rata muerta.
Continue reading...
93
En las pálidas tardes yerran nubes tranquilas en el azul; en las ardientes manos se posan las cabezas pensativas. ¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños! ¡Ah las tristezas íntimas! ¡Ah el polvo de oro que en el aire flota, tras cuyas ondas trémulas se miran los ojos tiernos y húmedos, las bocas inundadas de sonrisas, las crespas cabelleras y los dedos de rosa que acarician!En las pálidas tardes me cuenta un hada amiga las historias secretas llenas de poesía; lo que cantan los pájaros, lo que llevan las brisas, lo que vaga en las nieblas, lo que sueñan las niñas.Una vez sentí el ansia de una sed infinita. Dije al hada amorosa: -Quiero en el alma mía tener la aspiración honda, profunda, inmensa: luz, calor, aroma, vida. Ella me dijo: -¡Ven!- con el acento con que hablaría un arpa. En él había un divino idioma de esperanza. ¡Oh sed del ideal!                                       Sobre la cima de un monte, a medianoche, me mostró las estrellas encendidas. Era un jardín de oro con pétalos de llama que titilan. Exclamé: -Más...                                       La aurora vino después. La aurora sonreía, con la luz en la frente, como la joven tímida que abre la reja, y la sorprenden luego ciertas curiosas, mágicas pupilas. Y dije: -Más...- Sonriendo la celeste hada amiga prorrumpió: -¡Y bien! ¡Las flores!                                                         Y las flores estaban frescas, lindas, empapadas de olor: la rosa virgen, la blanca margarita, la azucena gentil y las volúbiles que cuelgan de la rama estremecida. Y dije: -Más...                               El viento arrastraba rumores, ecos, risas, murmullos misteriosos, aleteos, músicas nunca oídas.El hada entonces me llevó hasta el velo que nos cubre las ansias infinitas, la inspiración profunda y el alma de las liras. Y los rasgó. Allí todo era aurora. En el fondo se vía un bello rostro de mujer.                                             ¡Oh; nunca, Piérides, diréis las sacras dichas que en el alma sintiera! Con su vaga sonrisa: -¿Más?... -dijo el hada.                                               Y yo tenía entonces clavadas las pupilas en el azul; y en mis ardientes manos se posó mi cabeza pensativa...
0
841
Autumnal
En las pálidas tardes yerran nubes tranquilas en el azul; en las ardientes manos se posan las cabezas pensativas. ¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños! ¡Ah las tristezas íntimas! ¡Ah el polvo de oro que en el aire flota, tras cuyas ondas trémulas se miran los ojos tiernos y húmedos, las bocas inundadas de sonrisas, las crespas cabelleras y los dedos de rosa que acarician!En las pálidas tardes me cuenta un hada amiga las historias secretas llenas de poesía; lo que cantan los pájaros, lo que llevan las brisas, lo que vaga en las nieblas, lo que sueñan las niñas.Una vez sentí el ansia de una sed infinita. Dije al hada amorosa: -Quiero en el alma mía tener la aspiración honda, profunda, inmensa: luz, calor, aroma, vida. Ella me dijo: -¡Ven!- con el acento con que hablaría un arpa. En él había un divino idioma de esperanza. ¡Oh sed del ideal!                                       Sobre la cima de un monte, a medianoche, me mostró las estrellas encendidas. Era un jardín de oro con pétalos de llama que titilan. Exclamé: -Más...                                       La aurora vino después. La aurora sonreía, con la luz en la frente, como la joven tímida que abre la reja, y la sorprenden luego ciertas curiosas, mágicas pupilas. Y dije: -Más...- Sonriendo la celeste hada amiga prorrumpió: -¡Y bien! ¡Las flores!                                                         Y las flores estaban frescas, lindas, empapadas de olor: la rosa virgen, la blanca margarita, la azucena gentil y las volúbiles que cuelgan de la rama estremecida. Y dije: -Más...                               El viento arrastraba rumores, ecos, risas, murmullos misteriosos, aleteos, músicas nunca oídas.El hada entonces me llevó hasta el velo que nos cubre las ansias infinitas, la inspiración profunda y el alma de las liras. Y los rasgó. Allí todo era aurora. En el fondo se vía un bello rostro de mujer.                                             ¡Oh; nunca, Piérides, diréis las sacras dichas que en el alma sintiera! Con su vaga sonrisa: -¿Más?... -dijo el hada.                                               Y yo tenía entonces clavadas las pupilas en el azul; y en mis ardientes manos se posó mi cabeza pensativa...
Continue reading...
69
Es ésta entonces la ávida vida abierta a todos los insólitos vientos del Azar, a todos los sólitos vientos pregustados?                     ¿Es ésta?                                     ¿Y aquí pensé encallar? ¿Aquí pensé afincar el anda?                                           ¿y, por siempre, fijar la vagabunda nao? -Para, con la ánima despierta, y en el tufo salino y en los vientos insólitos, desaforados, turbulentos, (con el sutil oído, con la aguda nariz -unánimes acólitos-) captar, captar, captar la ciencia del fugado mar? ¿Es ésta, es ésta, ánima mía, corazón mío, espíritu mío, -sitibundos-, corazón mío, espíritu mío, -errantes-, frenéticos, vagabundos, 1 vaga mundos desalados,                 -es ésta, es ésta entonces la ávida vida, soberana de toda la cosa terrena y de la sideral y de lo que ideó el ensueño? La ávida vida abierta como los fijos ojos horadantes y como los oídos -caracoles profundos- y el pensieroso ceño, y la frente, -campana: y la frente -campana- para albergar los aladíneos despojos de las piraterías y los asaltos inverecundos: los sables de abordaje -azules- de sangre rojos; los labios -rojos- azules de mares y mundos; los dedos enjoyados de acariciar la hembra (en cuyos lientos, madorosos, musgosos refugios perfumados descubrieran maravillosos Eldorados y de abenuz y múrice deleitables portentos...) Es ésta, es ésta ánima mía sitibunda, corazón mío, espíritu mío -ardientes, insaturables, inextinguibles, indómitos, eternos insurgentes-, ¿es ésta entonces la ávida vida soberana, y soberana de toda la cosa terrenal y sideral, o que soñó -cogitabunda- la grávida campana pletórica de fantasías indehiscentes? La ávida vida abierta como los horadantes fijos ojos insomnes y vigías y los oídos, caracoles, y la frente, campana: y la boca, que al mar hurtó salobre aliento; y la melena, ansia de fugas a los vientos errantes; y el espíritu, al mar y al viento y a los soles de oro y a las noches de terciopelo endrino, -la libertad, la música recóndita y el encanto marino: oh cazador de efímeros arreboles! Oh cazador de efímeros arreboles, de bocas y de ensueños que el deseo satura de no sabido hechizo! 2 Oh cazador de arreboles efímeros, de espíritus y sexos que el deseo enaltece -transitorio- y que abaja el hastío; oh cazador de nubes, navegador de nubes, cabalgador dc sombras, propugnador de olvido, domeñador de vientos! Oh cazador de arreboles efímeros, argonauta en océanos de sónes, y en piélagos de ritmos argonauta, y en noches de pasión y de perfumes sexüales...! ¡oh noches de terciopelo endrino! Es ésta entonces la ávida vida abierta y a todos los milagros y a todos los portentos y maravillas? ¿y a toda la cotidiana cosecha pregustada?                   ¿o a lo que sembró el Azar? ¿o a todos los prodigios y a todos los mirajes embaidores, y espejismos aladinescos, y señuelos, e indehiscentes fantasías? ¿Es ésta, es ésta, ánima mía, corazón mío, espíritu mío -jamás, jamás saciados!-, corazón mío, espíritu mío -satisfechos nunca!- ¿es ésta entonces la ávida vida de mis sueños, la ávida vida soberana de toda la cosa terrena y sideral o que ideó mi cogitar?           ¿Es ésta?                           ¿Es ésta?                                             ¿Y aquí pensé encallar?
0
822
Trova del cazador de efímeros arreboles
Es ésta entonces la ávida vida abierta a todos los insólitos vientos del Azar, a todos los sólitos vientos pregustados?                     ¿Es ésta?                                     ¿Y aquí pensé encallar? ¿Aquí pensé afincar el anda?                                           ¿y, por siempre, fijar la vagabunda nao? -Para, con la ánima despierta, y en el tufo salino y en los vientos insólitos, desaforados, turbulentos, (con el sutil oído, con la aguda nariz -unánimes acólitos-) captar, captar, captar la ciencia del fugado mar? ¿Es ésta, es ésta, ánima mía, corazón mío, espíritu mío, -sitibundos-, corazón mío, espíritu mío, -errantes-, frenéticos, vagabundos, 1 vaga mundos desalados,                 -es ésta, es ésta entonces la ávida vida, soberana de toda la cosa terrena y de la sideral y de lo que ideó el ensueño? La ávida vida abierta como los fijos ojos horadantes y como los oídos -caracoles profundos- y el pensieroso ceño, y la frente, -campana: y la frente -campana- para albergar los aladíneos despojos de las piraterías y los asaltos inverecundos: los sables de abordaje -azules- de sangre rojos; los labios -rojos- azules de mares y mundos; los dedos enjoyados de acariciar la hembra (en cuyos lientos, madorosos, musgosos refugios perfumados descubrieran maravillosos Eldorados y de abenuz y múrice deleitables portentos...) Es ésta, es ésta ánima mía sitibunda, corazón mío, espíritu mío -ardientes, insaturables, inextinguibles, indómitos, eternos insurgentes-, ¿es ésta entonces la ávida vida soberana, y soberana de toda la cosa terrenal y sideral, o que soñó -cogitabunda- la grávida campana pletórica de fantasías indehiscentes? La ávida vida abierta como los horadantes fijos ojos insomnes y vigías y los oídos, caracoles, y la frente, campana: y la boca, que al mar hurtó salobre aliento; y la melena, ansia de fugas a los vientos errantes; y el espíritu, al mar y al viento y a los soles de oro y a las noches de terciopelo endrino, -la libertad, la música recóndita y el encanto marino: oh cazador de efímeros arreboles! Oh cazador de efímeros arreboles, de bocas y de ensueños que el deseo satura de no sabido hechizo! 2 Oh cazador de arreboles efímeros, de espíritus y sexos que el deseo enaltece -transitorio- y que abaja el hastío; oh cazador de nubes, navegador de nubes, cabalgador dc sombras, propugnador de olvido, domeñador de vientos! Oh cazador de arreboles efímeros, argonauta en océanos de sónes, y en piélagos de ritmos argonauta, y en noches de pasión y de perfumes sexüales...! ¡oh noches de terciopelo endrino! Es ésta entonces la ávida vida abierta y a todos los milagros y a todos los portentos y maravillas? ¿y a toda la cotidiana cosecha pregustada?                   ¿o a lo que sembró el Azar? ¿o a todos los prodigios y a todos los mirajes embaidores, y espejismos aladinescos, y señuelos, e indehiscentes fantasías? ¿Es ésta, es ésta, ánima mía, corazón mío, espíritu mío -jamás, jamás saciados!-, corazón mío, espíritu mío -satisfechos nunca!- ¿es ésta entonces la ávida vida de mis sueños, la ávida vida soberana de toda la cosa terrena y sideral o que ideó mi cogitar?           ¿Es ésta?                           ¿Es ésta?                                             ¿Y aquí pensé encallar?
Continue reading...
89
Evocación tropical. Cielo añil. Cañaveral, chillón de urracas y loros. Río profundo, sol cobre, que deja flotando sobre las arenas leves oros. Y la delicia suprema de la selva, mientras quema la siesta todas sus ascuas en los ardientes ribazos. Y la suprema delicia de la más casta impudicia: dormir desnuda en tus brazos.
0
666
Verso impersonal
Mi boca sangra de deseo, chorrea por tu aliento, se excita en tu anhelo, en el poder con esa boca comerte todito entero. Mi boca quiere; saborear contigo el tiempo, en tus labios conocer el sahumerio de tu pasión, morderte la sabiduría, mientras voy dejando tu cuño en mi cintura. Mis ardientes labios quieren; corroer tu miedo a quererme, a entregarte a mis locuras, a carcomerte en dulzura, de endulzarte la amargura, apolillar esas rancias dudas, con un beso………….. que borre lo antiguo, que embelesa al tiempo, que se acobija en tu pecho, y te derroque esos muros de desasosiego. Mi boca es cristalinas, para que en ella se refleje un hombre deseado, amado y venerado como ningún otro en esta vida. Siempre pintada con el más lindo carmesí, para que te transporte a un mundo de amantes sin restricciones que celebran sus pasiones, entre besos, gozo, y culminantes gemidos. Quiero morderte el alma. zamparte la existencia, volver tu vida mía, vinculándote a los sabores de mi providencia. Te invito a que me pruebes. a que te pierdas en mi travesía, a que te endulces con mi néctar, con los sabores que emito y fluyen libremente por mi cuerpo, cuando pienso yo en el tuyo. Quiero que sean mis labios y mis sabores por siempre tuyos, pueden que te sepan a candente pasión, canela o cereza. Puede pasar que si me besas, sean tus labios, los que se desangren de impaciencia por apropiarse de los míos. LeydisProse 9/20/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
0
Sep 20, 2017
Sep 20, 2017 at 1:45 PM UTC
MIS LABIOS SANGRAN (de deseo por ti)
Mi boca sangra de deseo, chorrea por tu aliento, se excita en tu anhelo, en el poder con esa boca comerte todito entero. Mi boca quiere; saborear contigo el tiempo, en tus labios conocer el sahumerio de tu pasión, morderte la sabiduría, mientras voy dejando tu cuño en mi cintura. Mis ardientes labios quieren; corroer tu miedo a quererme, a entregarte a mis locuras, a carcomerte en dulzura, de endulzarte la amargura, apolillar esas rancias dudas, con un beso………….. que borre lo antiguo, que embelesa al tiempo, que se acobija en tu pecho, y te derroque esos muros de desasosiego. Mi boca es cristalinas, para que en ella se refleje un hombre deseado, amado y venerado como ningún otro en esta vida. Siempre pintada con el más lindo carmesí, para que te transporte a un mundo de amantes sin restricciones que celebran sus pasiones, entre besos, gozo, y culminantes gemidos. Quiero morderte el alma. zamparte la existencia, volver tu vida mía, vinculándote a los sabores de mi providencia. Te invito a que me pruebes. a que te pierdas en mi travesía, a que te endulces con mi néctar, con los sabores que emito y fluyen libremente por mi cuerpo, cuando pienso yo en el tuyo. Quiero que sean mis labios y mis sabores por siempre tuyos, pueden que te sepan a candente pasión, canela o cereza. Puede pasar que si me besas, sean tus labios, los que se desangren de impaciencia por apropiarse de los míos. LeydisProse 9/20/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
Continue reading...
52
Y entretanto lloremos tomados de la mano. Lloremos. ¡Sí! Lloremos amargo llanto verde, sustancias minerales, azufre, mica, arena, cristales fracasados, humilladas tachuelas, ardientes lagrimones de lacre derretido. Lloremos junto al humo, desnudos, entre ruinas, en medio de la calle, de la sangre, del lodo, debajo de la tierra, en el agua, en el aire, entre mástiles rotos y piernas amputadas. Que se abran las esclusas del reprimido llanto y lloremos, a gritos estentóreos, salvajes, el mentón tembloroso, sin compás, ni guitarra, las mejillas chorreantes, los párpados acuosos. Lloremos la familia, el vino derramado, las momias, la victoria, las plazas desoladas, la usura, el terciopelo, el pan de cada día, las noches gemebundas, las muertas catedrales. Lloremos por las uñas, por los pies, por los dientes, lacios chorros tranquilos de lágrimas salobres, murmurantes arroyos que enternezcan las piedras, cataratas de llanto de estruendosos modales. Lloremos y lloremos, impudorosamente, sin tregua, ni descanso, durante largos años, por más que estalactitas de lágrimas espesas ericen las riberas de nuestros lagrimales. Lloremos, con la lluvia, un llanto monocorde que anegue la codicia, el pasto, las heridas; nos limpie la garganta, el alma, los bolsillos, traspase la tristeza, la angustia, la memoria. Lloremos. ¡Ah! Lloremos purificantes lágrimas, hasta ver disolverse el odio, la mentira, y lograr algún día -sin los ojos lluviosos- volver a sonreírle a la vida que pasa.
0
634
A pleno llanto
Y entretanto lloremos tomados de la mano. Lloremos. ¡Sí! Lloremos amargo llanto verde, sustancias minerales, azufre, mica, arena, cristales fracasados, humilladas tachuelas, ardientes lagrimones de lacre derretido. Lloremos junto al humo, desnudos, entre ruinas, en medio de la calle, de la sangre, del lodo, debajo de la tierra, en el agua, en el aire, entre mástiles rotos y piernas amputadas. Que se abran las esclusas del reprimido llanto y lloremos, a gritos estentóreos, salvajes, el mentón tembloroso, sin compás, ni guitarra, las mejillas chorreantes, los párpados acuosos. Lloremos la familia, el vino derramado, las momias, la victoria, las plazas desoladas, la usura, el terciopelo, el pan de cada día, las noches gemebundas, las muertas catedrales. Lloremos por las uñas, por los pies, por los dientes, lacios chorros tranquilos de lágrimas salobres, murmurantes arroyos que enternezcan las piedras, cataratas de llanto de estruendosos modales. Lloremos y lloremos, impudorosamente, sin tregua, ni descanso, durante largos años, por más que estalactitas de lágrimas espesas ericen las riberas de nuestros lagrimales. Lloremos, con la lluvia, un llanto monocorde que anegue la codicia, el pasto, las heridas; nos limpie la garganta, el alma, los bolsillos, traspase la tristeza, la angustia, la memoria. Lloremos. ¡Ah! Lloremos purificantes lágrimas, hasta ver disolverse el odio, la mentira, y lograr algún día -sin los ojos lluviosos- volver a sonreírle a la vida que pasa.
Continue reading...
66
En el alféizar tronchado De la vetusta ventana, Un cortinaje de yedra Con flores rojas y blancas; Y en medio del cuadro estrecho De la vidriera empañada, Junto a un tiesto de claveles, Y rozando con la jaula En que prisionero vive Un canario que no canta, Una cabecita rubia Se asoma por las mañanas, A punto que el horizonte Colora la luz del alba. Hay un doncel en el patio Que si la frente levanta Es para ver unos ojos Que en vivo fuego la abrasan. -Con cuánta ansiedad te espero. -¿Me quieres?- Con toda el alma. Seré tuya nasta la muerte, Y moriré si me engañas: -Seré tuyo, sólo tuyo, Soy tu esclavo.                       -Soy tu esclava, -Toma un beso.                         -Toma ciento, Que nos ven.                       -¡Hasta mañana! Este diálogo sencillo, Estas sencillas palabras Cambiaban diariamente Desde el patio a la ventana En los primeros albores De su fugitiva infancia, Hace veinticinco abriles, Dos niños que hoy peinan canas. ¡Cuántos juramentos dulces Aquellas yedras guardaban, Cuántas promesas eternas Entre pétalos de llamas, Escondieron los claveles Al nacer la luz del alba; Y cuántos ardientes besos Cuando en los labios tronaban, Asustaron al canario Aprisionado en la jaula! Hoy... hecho un viejo por dentro, Que también por dentro hay canas, Pasé por la misma calle, Y frente a la misma casa, Y entrando en el viejo patio Busqué la misma ventana. Del roto y pesado alféizar, Que de antiguo se desgrana, No cuelga la yedra oscura Con flores rojas y blancas, Ni está el tiesto de claveles Con sus pétalos de llamas; Mis tristes, cansados ojos ¿Qué buscan? ¿No queda nada? ¡Ay, que de pronto los siento Empañados por las lágrimas! ¿Qué han visto? decid ¿qué han visto? ¿Los ojos suyos? ¿la casta, Limpia y hechicera frente Por los rizos coronada? ¿La manecita nerviosa Arrojándome una carta? ¿Los negros ojos? ¿los labios De roja y caliente grana? Lo que han visto, y que al mirarlo, En tibio llanto los baña, Es una humilde memoria De mi ventura pasada, La que por humilde y pobre Ninguna mano arrebata, Y en la que sus manos puso El primer amor del alma... Es... miradlo en ese muro Y en la viga apolillada Que cierra, formando marco, El cuadro de la ventana. Es el clavo pequeñito De donde pendió la jaula En que vivió aquel canario Que al besarnos se espantaba... No hay nadie... temblando llego, Como el creyente ante el ara... Me parecen que despiertan Mis venturas de la intancia, Y toco el clavo... lo beso, Se me anuda la garganta, Y salgo del viejo patio, Llenos los ojos de lágrimas. ¡Es lo único que me queda De aquel amor de la infancia!
0
636
La ventana desierta
En el alféizar tronchado De la vetusta ventana, Un cortinaje de yedra Con flores rojas y blancas; Y en medio del cuadro estrecho De la vidriera empañada, Junto a un tiesto de claveles, Y rozando con la jaula En que prisionero vive Un canario que no canta, Una cabecita rubia Se asoma por las mañanas, A punto que el horizonte Colora la luz del alba. Hay un doncel en el patio Que si la frente levanta Es para ver unos ojos Que en vivo fuego la abrasan. -Con cuánta ansiedad te espero. -¿Me quieres?- Con toda el alma. Seré tuya nasta la muerte, Y moriré si me engañas: -Seré tuyo, sólo tuyo, Soy tu esclavo.                       -Soy tu esclava, -Toma un beso.                         -Toma ciento, Que nos ven.                       -¡Hasta mañana! Este diálogo sencillo, Estas sencillas palabras Cambiaban diariamente Desde el patio a la ventana En los primeros albores De su fugitiva infancia, Hace veinticinco abriles, Dos niños que hoy peinan canas. ¡Cuántos juramentos dulces Aquellas yedras guardaban, Cuántas promesas eternas Entre pétalos de llamas, Escondieron los claveles Al nacer la luz del alba; Y cuántos ardientes besos Cuando en los labios tronaban, Asustaron al canario Aprisionado en la jaula! Hoy... hecho un viejo por dentro, Que también por dentro hay canas, Pasé por la misma calle, Y frente a la misma casa, Y entrando en el viejo patio Busqué la misma ventana. Del roto y pesado alféizar, Que de antiguo se desgrana, No cuelga la yedra oscura Con flores rojas y blancas, Ni está el tiesto de claveles Con sus pétalos de llamas; Mis tristes, cansados ojos ¿Qué buscan? ¿No queda nada? ¡Ay, que de pronto los siento Empañados por las lágrimas! ¿Qué han visto? decid ¿qué han visto? ¿Los ojos suyos? ¿la casta, Limpia y hechicera frente Por los rizos coronada? ¿La manecita nerviosa Arrojándome una carta? ¿Los negros ojos? ¿los labios De roja y caliente grana? Lo que han visto, y que al mirarlo, En tibio llanto los baña, Es una humilde memoria De mi ventura pasada, La que por humilde y pobre Ninguna mano arrebata, Y en la que sus manos puso El primer amor del alma... Es... miradlo en ese muro Y en la viga apolillada Que cierra, formando marco, El cuadro de la ventana. Es el clavo pequeñito De donde pendió la jaula En que vivió aquel canario Que al besarnos se espantaba... No hay nadie... temblando llego, Como el creyente ante el ara... Me parecen que despiertan Mis venturas de la intancia, Y toco el clavo... lo beso, Se me anuda la garganta, Y salgo del viejo patio, Llenos los ojos de lágrimas. ¡Es lo único que me queda De aquel amor de la infancia!
Continue reading...
97
¡Cae agua de revólveres lavados! Precisamente, es la gracia metálica del agua, en la tarde nocturna en Aragón, no obstante las construidas yerbas, las legumbres ardientes, las plantas industriales. Precisamente, es la rama serena de la química, la rama de explosivos en un pelo, la rama de automóviles en frecuencias y adioses. Así responde el hombre, así, a la muerte, así mira de frente y escucha de costado, así el agua, al contrario de la sangre, es de agua, así el fuego, al revés de la ceniza, alisa sus rumiantes ateridos. ¿Quién va, bajo la nieve? ¿Están matando? No. Precisamente, va la vida coleando, con su segunda soga. ¡Y horrísima es la guerra, solivianta, lo pone a uno largo, ojoso; da tumba la guerra, da caer, da dar un salto extraño de antropoide! Tú lo hueles, compañero, perfectamente, al pisar por distracción tu brazo entre cadáveres; tú lo ves, pues, tocaste tus testículos, poniéndote rojísimo; tú lo oyes en tu boca de soldado natural. Vamos, pues, compañero; nos espera tu sombra apercibida, nos espera tu sombra acuartelada, mediodía capitán, noche soldado raso... Por eso, al referirme a esta agonía, aléjome de mí gritando fuerte: ¡Abajo mi cadáver! ... Y sollozo.
0
641
X
¡Oh, Señor! Dios de los ejércitos, eterno Padre, eterno Rey, por este mundo que creaste con la virtud de tu poder; porque dijiste: la luz sea, y a tu palabra la luz fue; porque coexistes con el Verbo, porque contigo el Verbo es desde los siglos de los siglos y sin mañana y sin ayer, requiem aeternam dona eis, Domine, el lux perpetua luceat eis! ¡Oh Jesucristo, por el frío de tu pesebre de Belem, por tus angustias en el Huerto, por el vinagre y por la hiel, por las espinas y las varas con que tus carnes desgarré, y por la cruz en que borraste todas las culpas de Israel; Hijo del Hombre, desolado, trágico Dios, tremendo Juez: requiem aeternam dona eis, Domine, el lux perpetua luceat eis! ¡Divino Espíritu, Paráclito, aspiración del gran Iaveh, que unes al Padre con el Hijo, y siendo el Uno sois los Tres; por la paloma de alas níveas, por la inviolada doncellez de aquella Virgen que en su vientre llevó al Mesías Emmanuel; por las ardientes lenguas rojas con que inspiraste ciencia y fe a los discípulos amados de Jesucristo, nuestro bien: requiem aeternam dona eis, Domine, el lux perpetua luceat eis!
0
639
Requiem
¡Alta selva, morada de la sombra! Cual se solaza el alma en tu frescura, Sobre tu muelle alfombra, Bajo tu dombo inmenso de verdura. En ti el génesis late, en ti se agita La savia creadora; Eres arpa salvaje, vibradora, Donde la vida universal palpita. Los árboles, pilastra de tu arcada, Se retuercen leprosos, En la inmensa hondonada; Y muestran vigorosos Sus blancas barbas, que remece el viento, Cual guerreros pendones De gigantes en ancho campamento. Y el río entre los antros pavorosos Donde ruedan las aguas turbulentas, Al chocar en los altos pedrejones Salta en recios turbiones, Y ruge cual si fuera las Tormentas Cabalgando en los negros Aquilones. En la orilla, debajo de las frondas, Se ve el plumaje de las garzas blancas Y allá, del pasto entre las verdes ondas, Los toros muestran sus lucientes ancas. En la cálida hora del bochorno; Abrasa el sol y enerva; Se inclina mustia la naciente yerba, Y arroja el suelo un hábito de horno. Se ven del tigre en el fangal las marcas; Y en la vaga penumbra, entre las quiebras, Junto a las negras charcas Yacen aletargadas las culebras. Trasciende el aura a  vírgenes efluvios; El humo de la roza, azul y blanco Sube de la montaña por el flanco, Y alzan las cañas sus airones rubios, Del sol de los fulgores, Como penachos de indios vencedores; Y traen a la vega, bulliciosos, Los vientos tropicales, El ruido de los plátanos hojosos Y el lejano rumor de los maizales. Y en la playa desierta, Sobre la seca arena, perezosos, Cual negros troncos, con la jeta abierta, Descansan los caimanes escamosos. En la cercana loma, En un recodo del camino, asoma Feliz pareja de labriegos.                                                       Ella, Núbil, fornida y bella, De ojos negros y ardientes, y de roja Boca virgínea, y de apretado seno Que forma curva en la camisa floja; Y él, atlético y lleno De juventud y vida, musculoso, Con muñecas de recia contextura, Hechas como muñecas de coloso De alguna raza extraña, Para domar el potro en la llanura, Para tumbar el roble en la montaña. Y la feliz pareja al fin se pierde, Entre la selva enmarañada y verde. Pan jadea, de lúbricos ardores Henchido el pecho, bajo el cielo urente Y pasa un soplo sensual, ardiente, Fecundando los nidos y las flores.
0
516
Selva tropical
¡Alta selva, morada de la sombra! Cual se solaza el alma en tu frescura, Sobre tu muelle alfombra, Bajo tu dombo inmenso de verdura. En ti el génesis late, en ti se agita La savia creadora; Eres arpa salvaje, vibradora, Donde la vida universal palpita. Los árboles, pilastra de tu arcada, Se retuercen leprosos, En la inmensa hondonada; Y muestran vigorosos Sus blancas barbas, que remece el viento, Cual guerreros pendones De gigantes en ancho campamento. Y el río entre los antros pavorosos Donde ruedan las aguas turbulentas, Al chocar en los altos pedrejones Salta en recios turbiones, Y ruge cual si fuera las Tormentas Cabalgando en los negros Aquilones. En la orilla, debajo de las frondas, Se ve el plumaje de las garzas blancas Y allá, del pasto entre las verdes ondas, Los toros muestran sus lucientes ancas. En la cálida hora del bochorno; Abrasa el sol y enerva; Se inclina mustia la naciente yerba, Y arroja el suelo un hábito de horno. Se ven del tigre en el fangal las marcas; Y en la vaga penumbra, entre las quiebras, Junto a las negras charcas Yacen aletargadas las culebras. Trasciende el aura a  vírgenes efluvios; El humo de la roza, azul y blanco Sube de la montaña por el flanco, Y alzan las cañas sus airones rubios, Del sol de los fulgores, Como penachos de indios vencedores; Y traen a la vega, bulliciosos, Los vientos tropicales, El ruido de los plátanos hojosos Y el lejano rumor de los maizales. Y en la playa desierta, Sobre la seca arena, perezosos, Cual negros troncos, con la jeta abierta, Descansan los caimanes escamosos. En la cercana loma, En un recodo del camino, asoma Feliz pareja de labriegos.                                                       Ella, Núbil, fornida y bella, De ojos negros y ardientes, y de roja Boca virgínea, y de apretado seno Que forma curva en la camisa floja; Y él, atlético y lleno De juventud y vida, musculoso, Con muñecas de recia contextura, Hechas como muñecas de coloso De alguna raza extraña, Para domar el potro en la llanura, Para tumbar el roble en la montaña. Y la feliz pareja al fin se pierde, Entre la selva enmarañada y verde. Pan jadea, de lúbricos ardores Henchido el pecho, bajo el cielo urente Y pasa un soplo sensual, ardiente, Fecundando los nidos y las flores.
Continue reading...
68
Hemos tenido tantas cosas que decir, y no se dijeron! Prodigiosas palabras jóvenes para herir los oídos viejos. Maravillosas melodías, cantos inéditos. Hemos cantado todos juntos y hemos llorado en el silencio. Aprendimos muy dura ciencia a costa de los propios sueños. ¡Hemos tenido tantas cosas que decir, y no se dijeron! ¡Hemos salvado tan alegres los sombríos presentimientos! Hemos amado cada tallo, cada frío harapo de invierno, cada gota de madrugada con tan loca avidez, sabiendo que éramos carne de una fábula que alguien vivía en el misterio! Tan hermosas canciones! Ráfagas tan ardientes que nos hirieron. Música de astros interiores que nacían en nuestro reino. Flautas tañidas, en la tarde, por las manos vagas del sueño. ¡Y tantas limpias hermosuras como cayeron! Y girar sin fin en el alba con la oscura palabra dentro, con el cantar a flor de vida ignorando el remoto término. ¡Hemos tenido tantas cosas que decir, y no se dijeron! Y miramos cómo en el aire vuela la música sin dueño, sin que podamos apresaría con nuestros torpes instrumentos.
0
569
Lamentación
Cuando volví a encontrarla después de tantos días, Trémula, abandonando la mano entre las mías, «¡Mírame!», dijo triste, presa de honda emoción. ¡Oh, cómo estaba pálida y mortalmente bella! ¡Cuál brillaban sus ojos!... Y al acercarme a ella Sentí de amor y susto temblar su corazón. Y miraba sus labios, otro tiempo rosados, Y sus ojos azules, por la fiebre agrandados, Sus ojos donde ardía celeste claridad. Una sonrisa vaga sus labios entreabría, Y con profundo acento de honda melancolía Me dijo: «Cuán cambiada me encuentras. ¿No es verdad?» Y al mirar su sonrisa, su faz enflaquecida, Olvidé las torturas con que amargó mi vida, Y todos sus crueles desvíos olvidé, Y las ardientes lágrimas que derramé en la ausencia, Cuando en sombrías noches, de horror y de demencia, Al verme triste y solo cual réprobo grité. ¡Todo estaba olvidado, porque la vi tan triste, Tan pálida y enferma!... ¿Qué corazón resiste A la piedad? ¿Quién queda tranquilo ante el dolor? Y la tomé en los brazos con loco desvarío, Y la cubrí de besos y la llamé ¡bien mío! Como en los bellos días de nuestro antiguo amor. Y de esa hora triste en la quietud serena, Cuando la luz celeste de aurora ultraterrena En sus azules ojos veíase irradiar, Comprendiendo, angustiada, que malgastó su vida, Y de mi amor por ella ya tarde convencida, «¡Si lo hubiera sabido!», dijo, y rompió a llorar. «¡Si lo hubiera sabido!»... la palabra postrera De toda vida... Y esa palabra tan sincera, Que salió de tu alma -de tu amor expiación-, Viene desde el pasado, viene siempre a mi vida, A evocar tu recuerdo y a hacer sangrar la herida De que no ha de curarse jamás mi corazón.
0
494
El adiós
Cuando volví a encontrarla después de tantos días, Trémula, abandonando la mano entre las mías, «¡Mírame!», dijo triste, presa de honda emoción. ¡Oh, cómo estaba pálida y mortalmente bella! ¡Cuál brillaban sus ojos!... Y al acercarme a ella Sentí de amor y susto temblar su corazón. Y miraba sus labios, otro tiempo rosados, Y sus ojos azules, por la fiebre agrandados, Sus ojos donde ardía celeste claridad. Una sonrisa vaga sus labios entreabría, Y con profundo acento de honda melancolía Me dijo: «Cuán cambiada me encuentras. ¿No es verdad?» Y al mirar su sonrisa, su faz enflaquecida, Olvidé las torturas con que amargó mi vida, Y todos sus crueles desvíos olvidé, Y las ardientes lágrimas que derramé en la ausencia, Cuando en sombrías noches, de horror y de demencia, Al verme triste y solo cual réprobo grité. ¡Todo estaba olvidado, porque la vi tan triste, Tan pálida y enferma!... ¿Qué corazón resiste A la piedad? ¿Quién queda tranquilo ante el dolor? Y la tomé en los brazos con loco desvarío, Y la cubrí de besos y la llamé ¡bien mío! Como en los bellos días de nuestro antiguo amor. Y de esa hora triste en la quietud serena, Cuando la luz celeste de aurora ultraterrena En sus azules ojos veíase irradiar, Comprendiendo, angustiada, que malgastó su vida, Y de mi amor por ella ya tarde convencida, «¡Si lo hubiera sabido!», dijo, y rompió a llorar. «¡Si lo hubiera sabido!»... la palabra postrera De toda vida... Y esa palabra tan sincera, Que salió de tu alma -de tu amor expiación-, Viene desde el pasado, viene siempre a mi vida, A evocar tu recuerdo y a hacer sangrar la herida De que no ha de curarse jamás mi corazón.
Continue reading...
36
¿Habrá alguien que ame realmente, en un mundo donde el amor y una quimera son lo mismo? ¿Habrá alguien que quiera algo más allá de ensueños? ¿De una rápida entrega? ¿Habrá alguien que todavía crea en las palabras; amor fulminante, amor palpante, amor entero, amor franco, amor eterno, amor sin miedos, amor con riesgos, amor sin tiempos, amar sin olvidos, amar en silencio, amor seguro, amor puro, amor excitante? ¿Habrá alguien que crea en la magia de conquistar en poemas? ¿De la declaración de amor en una canción que expongas sus más ardientes penas? ¡De una noche extasiando las estrellas! ¡De agradecerle al universo su majestuosa y divina estructura! ¿Habrá alguien que todavía le reza a Dios para que vele por su amor? Creo que sí, ¡lo sueño en cada despertar! LeydisProse 6/15/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/about/
0
Jun 15, 2017
Jun 15, 2017 at 1:42 PM UTC
¿Alguien?
Amor secreto, gracia esclarecida, palor de luna en la apretada sombra; dulce se hace el labio que te nombra y albea de nuevo la agrisada vida. Nos torna a dar la rosa ya vencida ternura y mimo -vegetal paloma- y anda en cielo y en mar, vuelo y aroma, la cifra de la senda ya elegida. Se ata en la sangre indestructible lazo apretado en el sueño y el abrazo, por tibio pulso y realizada suerte. En sólo un cauce dos ardientes ríos. En campo ya de los luceros fríos, un solo ritmo y una sola muerte.
0
438
Fusión