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"apaga" poems
Nuestro amor ya es inútil como un mástil sin lona, como un cauce sin agua, como un arco sin flecha, pues lo que enciende un beso lo apaga una sospecha, y en amor es culpable el que perdona. Ya es sombra para siempre lo que miró la duda con su mirada amarga como una fruta verde; y el alma está perdida cuando pierde el supremo pudor de estar desnuda. Así, frente a la noche, te he de tender la mano con un gesto cordial de despedida, y tú no sabrás nunca lo que pesa en mi vida la angustia irremediable de haberte amado en vano.
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Poema de la duda
Y ante mi abrazo te sentí rendida... y ante tu sumisión, mis besos sabios pusieron a temblar entre tus labios ansias de amor y de placer y vida... Fue un instante no más, uno de esos siglos-instantes que el amor nos brinda, prometiéndole un lauro al que se rinda primero en la batalla de los besos... Lo ves, mujer... No cabe en la materia la espiritualidad de lo insensible; todo es vencido ante el irresistible empujón de la carne y su miseria.... Y te sentí temblar como la fronda al soplo tibio de la brisa vaga, cuando en su trino el ruiseñor divaga y peina el sol su cabellera blonda... Y te sentí temblar como la onda que su quietud sobre la arena apaga, y como el ave que sin rumbo vaga y un circulo invisible traza y ronda. Y te sentí languidecer al peso de mis labios, al peso de un gran beso que perfumó en tus labios a un suspiro, tal como languidece en la laguna un cisne enamorado de la Luna, al no hallarla en el cielo de zafiro... Y te sentí latir, tal como late al manotazo del ciclón la hoja, como en la espada late, humeante y roja, la sangre que bebiera en el combate; tal como el sauce que su frente abate cuando la nube en su aflicción lo moja, o como el oceáno que se enoja y en el escollo solitario bate. Y te sentí vencida, con el lento y anhelado y temido vencimiento del sol, cuando la Noche abre la puerta del ***** templo de su Dios ignoto; y te sentí dormida, como un loto en la serenidad de un agua muerta... Y te sentí anhelante y temblorosa cual la irisada espuma de un torrente; como un lucero en la región silente, insinuando una seña misteriosa; cual la palma que agita, rumorosa, su abanico de jade, lentamente, como despunta en un jardín durmiente el milagro de gracia de una rosa; y cual la cierva cuando la acorrala la jauría, cual ave moribunda que pliega triste su ya inútil ala, y adoré tu sensual melancolía llena de rendición meditabunda, ¡y te sentí profundamente mía!...
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Poema de los besos
Y ante mi abrazo te sentí rendida... y ante tu sumisión, mis besos sabios pusieron a temblar entre tus labios ansias de amor y de placer y vida... Fue un instante no más, uno de esos siglos-instantes que el amor nos brinda, prometiéndole un lauro al que se rinda primero en la batalla de los besos... Lo ves, mujer... No cabe en la materia la espiritualidad de lo insensible; todo es vencido ante el irresistible empujón de la carne y su miseria.... Y te sentí temblar como la fronda al soplo tibio de la brisa vaga, cuando en su trino el ruiseñor divaga y peina el sol su cabellera blonda... Y te sentí temblar como la onda que su quietud sobre la arena apaga, y como el ave que sin rumbo vaga y un circulo invisible traza y ronda. Y te sentí languidecer al peso de mis labios, al peso de un gran beso que perfumó en tus labios a un suspiro, tal como languidece en la laguna un cisne enamorado de la Luna, al no hallarla en el cielo de zafiro... Y te sentí latir, tal como late al manotazo del ciclón la hoja, como en la espada late, humeante y roja, la sangre que bebiera en el combate; tal como el sauce que su frente abate cuando la nube en su aflicción lo moja, o como el oceáno que se enoja y en el escollo solitario bate. Y te sentí vencida, con el lento y anhelado y temido vencimiento del sol, cuando la Noche abre la puerta del ***** templo de su Dios ignoto; y te sentí dormida, como un loto en la serenidad de un agua muerta... Y te sentí anhelante y temblorosa cual la irisada espuma de un torrente; como un lucero en la región silente, insinuando una seña misteriosa; cual la palma que agita, rumorosa, su abanico de jade, lentamente, como despunta en un jardín durmiente el milagro de gracia de una rosa; y cual la cierva cuando la acorrala la jauría, cual ave moribunda que pliega triste su ya inútil ala, y adoré tu sensual melancolía llena de rendición meditabunda, ¡y te sentí profundamente mía!...
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Quiero que sepas una cosa. Tú sabes cómo es esto: si miro la luna de cristal, la rama roja del lento otoño en mi ventana, si toco junto al fuego la impalpable ceniza o el arrugado cuerpo de la leña, todo me lleva a ti, como si todo lo que existe, aromas, luz, metales, fueran pequeños barcos que navegan hacia las islas tuyas que me aguardan. Ahora bien, si poco a poco dejas de quererme dejaré de quererte poco a poco. Si de pronto me olvidas no me busques, que ya te habré olvidado. Si consideras largo y loco el viento de banderas que pasa por mi vida y te decides a dejarme a la orilla del corazón en que tengo raíces, piensa que en ese día, a esa hora levantaré los brazos y saldrán mis raíces a buscar otra tierra. Pero si cada día, cada hora sientes que a mí estás destinada con dulzura implacable. Si cada día sube una flor a tus labios a buscarme, ay amor mío, ay mía, en mí todo ese fuego se repite, en mí nada se apaga ni se olvida, mi amor se nutre de tu amor, amada, y mientras vivas estará en tus brazos sin salir de los míos.
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Si tú me olvidas
¡Preparados! Sonido... Cámara... ¡Acción! Las cámaras graban la acción inexistente. El sonido del silencio se cuela por todos lados. No hay estímulos que generen reacciones. No hay ideas inteligentes sobre las cuales trabajar. Cortometraje de una idea profana. Audiencia torpe, insensible e ignorante. Imágenes de cuerpos desmembrados, mutilados; un apuesto "gobernante" calmará a la sociedad. Realidades alternas de ficción inexistente. Emociones creadas por alguien más para ti. Risa embotellada. Aplauso pre grabado. Drama familiar público sin fin. Grandes monopolios se apoderan de tu mente. Haces lo que dicen. Piensas lo que quieren. No eres ya dueño de ti mismo. Debes tu existencia y tu "cultura" a él. Las estrellas y el azteca ya no son lo que antes fueron. Luceros en la noche. Fieros guerreros. Tan solo defienden sus propios intereses mientras nosotros les seguimos dando de comer. Despidan el programa que se acabó el tiempo por hoy. Asegurémonos de dejar limpio el plató, así como las mentes y bolsillos de nuestros televidentes. Apaga las luces y vámonos.
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Aug 23, 2013
Aug 23, 2013 at 12:54 PM UTC
Cultura Para Idiotas.
Un día estaré muerta, blanca como la nieve, dulce como los sueños en la tarde que llueve. Un día estaré muerta, fría como la piedra, quieta como el olvido, triste como la hiedra. Un día habré logrado el sueño vespertino, el sueño bien amado donde acaba el camino. Un día habré dormido con un sueño tan largo que ni tus besos puedan avivar el letargo. Un día estaré sola, como está la montaña entre el largo desierto y la mar que la baña. Será una tarde llena de dulzuras celestes, con pájaros que callan, con tréboles agrestes. La primavera, rosa, como un labio de infante, entrará por las puertas con su aliento fragante. La primavera rosa me pondrá en las mejillas -¡la primavera rosa!- dos rosas amarillas... La primavera dulce, la que me puso rosas encarnadas y blancas en las manos sedosas. La primavera dulce que me enseñara a amarte, la primavera misma que me ayudó a lograrte. ¡Oh la tarde postrera que imagino yo muerta como ciudad en ruinas, milenaria y desierta! ¡Oh la tarde como esos silencios de laguna amarillos y quietos bajo el rayo de luna! ¡Oh la tarde embriagada de armonía perfecta: cuán amarga es la vida! ¡Y la muerte qué recta! La muerte justiciera que nos lleva al olvido como al pájaro errante lo acogen en el nido. Y caerá en mis pupilas una luz bienhechora, la luz azul celeste de la última hora. Una luz tamizada que bajando del cielo me pondrá en las pupilas la dulzura de un velo. Una luz tamizada que ha de cubrirme toda con su velo impalpable como un velo de boda. Una luz que en el alma musitará despacio: la vida es una cueva, la muerte es el espacio. Y que ha de deshacerme en calma lenta y suma como en la playa de oro se deshace la espuma.Oh, silencio, silencio... esta tarde es la tarde en que la sangre mía ya no corre ni arde. Oh, silencio, silencio... en torno de mi cama tu boca boca amada dulcemente me llama. Oh silencio, silencio que tus besos sin ecos se pierden en mi alma temblorosos y secos. Oh silencio, silencio que la tarde se alarga y pone sus tristezas en tu lágrima amarga. Oh silencio, silencio que se callan las aves, se adormecen las flores, se detienen las naves. Oh silencio, silencio que una estrella ha caído dulcemente a la tierra, dulcemente y sin ruido. Oh silencio, silencio que la noche se allega y en mi lecho se esconde, susurra, gime y ruega. Oh silencio, silencio... que el Silencio me toca y me apaga los ojos, y me apaga la boca. Oh silencio, silencio... que la calma destilan mis manos cuyos dedos lentamente se afilan...
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Silencio
Un día estaré muerta, blanca como la nieve, dulce como los sueños en la tarde que llueve. Un día estaré muerta, fría como la piedra, quieta como el olvido, triste como la hiedra. Un día habré logrado el sueño vespertino, el sueño bien amado donde acaba el camino. Un día habré dormido con un sueño tan largo que ni tus besos puedan avivar el letargo. Un día estaré sola, como está la montaña entre el largo desierto y la mar que la baña. Será una tarde llena de dulzuras celestes, con pájaros que callan, con tréboles agrestes. La primavera, rosa, como un labio de infante, entrará por las puertas con su aliento fragante. La primavera rosa me pondrá en las mejillas -¡la primavera rosa!- dos rosas amarillas... La primavera dulce, la que me puso rosas encarnadas y blancas en las manos sedosas. La primavera dulce que me enseñara a amarte, la primavera misma que me ayudó a lograrte. ¡Oh la tarde postrera que imagino yo muerta como ciudad en ruinas, milenaria y desierta! ¡Oh la tarde como esos silencios de laguna amarillos y quietos bajo el rayo de luna! ¡Oh la tarde embriagada de armonía perfecta: cuán amarga es la vida! ¡Y la muerte qué recta! La muerte justiciera que nos lleva al olvido como al pájaro errante lo acogen en el nido. Y caerá en mis pupilas una luz bienhechora, la luz azul celeste de la última hora. Una luz tamizada que bajando del cielo me pondrá en las pupilas la dulzura de un velo. Una luz tamizada que ha de cubrirme toda con su velo impalpable como un velo de boda. Una luz que en el alma musitará despacio: la vida es una cueva, la muerte es el espacio. Y que ha de deshacerme en calma lenta y suma como en la playa de oro se deshace la espuma.Oh, silencio, silencio... esta tarde es la tarde en que la sangre mía ya no corre ni arde. Oh, silencio, silencio... en torno de mi cama tu boca boca amada dulcemente me llama. Oh silencio, silencio que tus besos sin ecos se pierden en mi alma temblorosos y secos. Oh silencio, silencio que la tarde se alarga y pone sus tristezas en tu lágrima amarga. Oh silencio, silencio que se callan las aves, se adormecen las flores, se detienen las naves. Oh silencio, silencio que una estrella ha caído dulcemente a la tierra, dulcemente y sin ruido. Oh silencio, silencio que la noche se allega y en mi lecho se esconde, susurra, gime y ruega. Oh silencio, silencio... que el Silencio me toca y me apaga los ojos, y me apaga la boca. Oh silencio, silencio... que la calma destilan mis manos cuyos dedos lentamente se afilan...
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Se da água limpa dos rios o poeta alcança - incólume as fontes d'água viva... Oh, claro lume: dela bebe. Sedento à sanga clara colhe a água c'o as mãos. Na vertente rara, sequioso estro não se abaixa, à flor d'água, feito cão, lambendo a lótus n'água. É de Gideão soldado entre os trezentos. O que não lambe a água O que usa as mãos. Bebe e proclama: - Eis a água! Água da chuva sempre exata. Água da fonte sempre basta. Água que a todo fogo apaga, Limpa água que a sede mata.
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Apr 21, 2016
Apr 21, 2016 at 10:44 AM UTC
ÁGUA LIMPA (ii)
De sombra, sol y muerte, volandera grana zumbando, el ruedo gira herido por un clarín de sangre azul torera. Abanicos de aplausos, en bandadas, descienden, giradores, del tendido, la ronda a coronar de los espadas. Se hace añicos el aire, y violento, un mar por media luna gris mandado prende fuego a un farol que apaga el viento. ¡Buen caballito de los toros, vuela, sin más jinete de oro y plata, al prado de tu gloria de azúcar y canela! Cinco picas al monte, y cinco olas sus lomos empinados convirtiendo en verbena de sangre y banderolas. Carrusel de claveles y mantillas de luna macarena y sol, bebiendo, de naranja y limón, las banderillas. Blonda negra, partida por dos bandas, de amor injerto en oro la cintura, presidenta del cielo y las barandas, rosa en el palco de la muerte aún viva, libre y por fuera sanguinaria y dura, pero de corza el corazón, cautiva. Brindis, cristiana mora, a ti, volando, cuervo mudo y sin ojos, la montera del áureo espada que en el sol lidiando y en la sombra, vendido, de puntillas, da su junco a la media luna fiera, y a la muerte su gracia, de rodillas. Veloz, rayo de plata en campo de oro nacido de la arena y suspendido, por un estambre, de la gloria, al toro, mar sangriento de picas coronado, en Dolorosa grana convertido, centrar el ruedo manda, traspasado. Feria de cascabel y percalina, muerta la media luna gladiadora, de limón y naranja, remolina de la muerte, girando, y los toreros, bajo una alegoría voladora de palmas, abanicos y sombreros.
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Corrida de toros
De sombra, sol y muerte, volandera grana zumbando, el ruedo gira herido por un clarín de sangre azul torera. Abanicos de aplausos, en bandadas, descienden, giradores, del tendido, la ronda a coronar de los espadas. Se hace añicos el aire, y violento, un mar por media luna gris mandado prende fuego a un farol que apaga el viento. ¡Buen caballito de los toros, vuela, sin más jinete de oro y plata, al prado de tu gloria de azúcar y canela! Cinco picas al monte, y cinco olas sus lomos empinados convirtiendo en verbena de sangre y banderolas. Carrusel de claveles y mantillas de luna macarena y sol, bebiendo, de naranja y limón, las banderillas. Blonda negra, partida por dos bandas, de amor injerto en oro la cintura, presidenta del cielo y las barandas, rosa en el palco de la muerte aún viva, libre y por fuera sanguinaria y dura, pero de corza el corazón, cautiva. Brindis, cristiana mora, a ti, volando, cuervo mudo y sin ojos, la montera del áureo espada que en el sol lidiando y en la sombra, vendido, de puntillas, da su junco a la media luna fiera, y a la muerte su gracia, de rodillas. Veloz, rayo de plata en campo de oro nacido de la arena y suspendido, por un estambre, de la gloria, al toro, mar sangriento de picas coronado, en Dolorosa grana convertido, centrar el ruedo manda, traspasado. Feria de cascabel y percalina, muerta la media luna gladiadora, de limón y naranja, remolina de la muerte, girando, y los toreros, bajo una alegoría voladora de palmas, abanicos y sombreros.
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Vuelve a la noche, racimo de horas sombrías; córtalo, come el fruto de tiniebla, saborea la ignorancia Con orgullo de árbol plantado de pleno torbellino te desvistes                       con el gesto del agua saltando de la peña abandonas tus cuerpos con los pasos sonámbulos del viento te arrojas en el lecho con los ojos cerrados buscas tu más antigua desnudez Caigo en ti con la ciega caída de la ola tu cuerpo me sostiene como la ola que renace el viento sopla afuera y reúne las aguas todos los bosques son un solo árbol Navega la ciudad en plena noche tierra y cielo y marea que no cesa los elementos enlazados tejen la vestidura de un día desconocido Desierto inmenso y fuente secreta balanza del silencio y árbol de gemidos cuerpo que se despliega como la vela cuerpo que se repliega como la brasa corazón que desgajo de la noche escorpión que se clava en mi pecho sello de sangre sobre mis años de hombre (Hago lo que dices) Con un Sí la lámpara que te guía a la entrada del sueño Con un No la balanza que pesa la falacia y la verdad del deseo Con un Ay el hueso floreciendo para atravesar la muerte (Hoy, siempre hoy) Hablas (se oyen muchas lluvias) no sé lo que dices (una mano amarilla nos sostiene) Callas (nacen muchos pájaros) no sé adónde estamos (un alveolo escarlata nos encierra) Ríes (las piernas del río se cubren de hojas) no sé adónde vamos (hoy es ya mañana en mitad de la noche)           Hoy que se abre y se cierra           nunca se mueve y no se detiene           corazón que nunca se apaga           Hoy (un pájaro se posa           en una torre de granito)           Siempre es mediodía
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Vaivén
Vuelve a la noche, racimo de horas sombrías; córtalo, come el fruto de tiniebla, saborea la ignorancia Con orgullo de árbol plantado de pleno torbellino te desvistes                       con el gesto del agua saltando de la peña abandonas tus cuerpos con los pasos sonámbulos del viento te arrojas en el lecho con los ojos cerrados buscas tu más antigua desnudez Caigo en ti con la ciega caída de la ola tu cuerpo me sostiene como la ola que renace el viento sopla afuera y reúne las aguas todos los bosques son un solo árbol Navega la ciudad en plena noche tierra y cielo y marea que no cesa los elementos enlazados tejen la vestidura de un día desconocido Desierto inmenso y fuente secreta balanza del silencio y árbol de gemidos cuerpo que se despliega como la vela cuerpo que se repliega como la brasa corazón que desgajo de la noche escorpión que se clava en mi pecho sello de sangre sobre mis años de hombre (Hago lo que dices) Con un Sí la lámpara que te guía a la entrada del sueño Con un No la balanza que pesa la falacia y la verdad del deseo Con un Ay el hueso floreciendo para atravesar la muerte (Hoy, siempre hoy) Hablas (se oyen muchas lluvias) no sé lo que dices (una mano amarilla nos sostiene) Callas (nacen muchos pájaros) no sé adónde estamos (un alveolo escarlata nos encierra) Ríes (las piernas del río se cubren de hojas) no sé adónde vamos (hoy es ya mañana en mitad de la noche)           Hoy que se abre y se cierra           nunca se mueve y no se detiene           corazón que nunca se apaga           Hoy (un pájaro se posa           en una torre de granito)           Siempre es mediodía
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como la base, el cordon de pasion, que une dos personas la tibia conexion, de miel y fuego, pero solo, en llamas. como un pira eterna, sin descanzo, sin ojos, que como balsamo, ayuden a mitigar el dolor, que quema como la soledad, del que ama en la distancia. que ve en los ojos ajenos los de aquella que lo esperaba, y que lo ama aun. perdido, incompleto, fatuo, sin conexion, irrebediablemente, deambulando entre los hombres. como cuerpo sin alma, como hombre sin corazon, pues esta en las manos de la que lo amo. con los ojos perdidos, en el aparente desinteres, la noche acarrea, mis pasos de incompleta plenitud. absorto en mi mente, el deseo tantrico yace subsole, como mina abandonada en la penumbra, de una veta. el fatuo deseo, se escapa entre estertores, de un fuego eterno, que nunca se apaga, solo su balsamo, de color palorosa, amaina el fuego incompleto, tacito, fatuo inconexo. mientras subsole, frente mar, las dos sueñan con el hijo de venus, pero nunca lo tendran. en una decadente, fiesta eterna donde solo sufren, por el amor que no pueden tener. davide montecinos.
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Jul 6, 2016
Jul 6, 2016 at 8:43 AM UTC
incompleto
era de esas personas que se prenden, estallan en llamas naranjas y azuleadas, y todo lo que tocaba se incendiaba igual…. era de esas personas que iluminaban, encendían los pensamientos. el era asi, una vida de colores, una sonrisa traviesa, eso fue lo que era. era la luz que revoloteaba en su cabello, la lumbre que calentaba, y una combinación perfecta de pasión y calidez. pero el fuego se apaga de repente, quedan cenizas tibias, vuelan por el viento, dispersas… si el fue fuego, ahora entiendo: yo fui el aire, su oxigeno, que sin mi no se encendía.. pero el oxigeno con presión se convierte en viento, con un poco mas de energía mueve, y sin querer al abrazar, sofoca su calor. el era fuego, y yo aire; y de la pasión solo cenizas y un viento frió permanece aquí.
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Jan 8, 2013
Jan 8, 2013 at 12:52 AM UTC
Fuego
Nadie rebaje a lágrima o reproche esta declaración de la maestría de Dios, que con magnífica ironía me dio a la vez los libros y la noche.De esta ciudad de libros hizo dueños a unos ojos sin luz, que sólo pueden leer en las bibliotecas de los sueños los insensatos párrafos que cedenlas albas a su afán. En vano el día les prodiga sus libros infinitos, arduos como los arduos manuscritos que perecieron en Alejandría.De hambre y de sed (narra una historia griega) muere un rey entre fuentes y jardines; yo fatigo sin rumbo los confines de esta alta y honda biblioteca ciega.Enciclopedias, atlas, el Oriente y el Occidente, siglos, dinastías, símbolos, cosmos y cosmogonías brindan los muros, pero inútilmente.Lento en mi sombra, la penumbra hueca exploro con el báculo indeciso, yo, que me figuraba el Paraíso bajo la especie de una biblioteca.Algo, que ciertamente no se nombra con la palabra azar, rige estas cosas; otro ya recibió en otras borrosas tardes los muchos libros y la sombra.Al errar por las lentas galerías suelo sentir con vago horror sagrado que soy el otro, el muerto, que habrá dado los mismos pasos en los mismos días.¿Cuál de los dos escribe este poema de un yo plural y de una sola sombra? ¿Qué importa la palabra que me nombra si es indiviso y uno el anatema?Groussac o Borges, miro este querido mundo que se deforma y que se apaga en una pálida ceniza vaga que se parece al sueño y al olvido.
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Poema de los dones
Ni sé para quién es esta amargura! Oh, Sol, llévala tú que estás muriendo, y cuelga, como un Cristo ensangrentado, mi bohemio dolor sobre su pecho. El valle es de oro amargo; y el viaje es triste, es largo. Oyes? Regaña una guitarra. Calla! Es tu raza, la pobre viejecita que al saber que eres huésped y que te odian, se hinca la faz con una roncha lila. El valle es de oro amargo, y el trago es largo... largo... Azulea el camino, ladra el río... Baja esa frente sudorosa y fría, fiera y deforme. Cae el pomo roto de una espada humanicida! Y en el mómico valle de oro santo, la brasa de sudor se apaga en llanto! Queda un olor de tiempo abonado de versos, para brotes de mármoles consagrados que hereden la aurífera canción de la alondra que se pudre en mi corazón!
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Oración del camino
Sacudimiento extraño que agita las ideas, como huracán que empuja las olas en tropel.Murmullo que en el alma se eleva y va creciendo como volcán que sordo anuncia que va a arder.Deformes siluetas de seres imposibles; paisajes que aparecen como al través de un tul.Colores que fundiéndose remedan en el aire los átomos del iris que nadan en la luz.Ideas sin palabras, palabras sin sentido; cadencias que no tienen ni ritmo ni compás.Memorias y deseos de cosas que no existen; accesos de alegría, impulsos de llorar.Actividad nerviosa que no halla en qué emplearse; sin riendas que le guíen, caballo volador.Locura que el espíritu exalta y desfallece, embriaguez divina del genio creador...                                         Tal es la inspiración.Gigante voz que el caos ordena en el cerebro y entre las sombras hace la luz aparecer.Brillante rienda de oro que poderosa enfrena de la exaltada mente el volador corcel.Hilo de luz que en haces los pensamientos ata; sol que las nubes rompe y toca en el zenít.Inteligente mano que en un collar de perlas consigue las indóciles palabras reunir.Armonioso ritmo que con cadencia y número las fugitivas notas encierra en el compás.Cincel que el bloque muerde la estatua modelando, y la belleza plástica añade a la ideal.Atmósfera en que giran con orden las ideas, cual átomos que agrupa recóndita atracción.Raudal en cuyas ondas su sed la fiebre apaga, oasis que al espíritu devuelve su vigor... Tal es nuestra razón.Con ambas siempre en lucha y de ambas vencedor, tan sólo al genio es dado a un yugo atar las dos.
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Rima iii
Sacudimiento extraño que agita las ideas, como huracán que empuja las olas en tropel.Murmullo que en el alma se eleva y va creciendo como volcán que sordo anuncia que va a arder.Deformes siluetas de seres imposibles; paisajes que aparecen como al través de un tul.Colores que fundiéndose remedan en el aire los átomos del iris que nadan en la luz.Ideas sin palabras, palabras sin sentido; cadencias que no tienen ni ritmo ni compás.Memorias y deseos de cosas que no existen; accesos de alegría, impulsos de llorar.Actividad nerviosa que no halla en qué emplearse; sin riendas que le guíen, caballo volador.Locura que el espíritu exalta y desfallece, embriaguez divina del genio creador...                                         Tal es la inspiración.Gigante voz que el caos ordena en el cerebro y entre las sombras hace la luz aparecer.Brillante rienda de oro que poderosa enfrena de la exaltada mente el volador corcel.Hilo de luz que en haces los pensamientos ata; sol que las nubes rompe y toca en el zenít.Inteligente mano que en un collar de perlas consigue las indóciles palabras reunir.Armonioso ritmo que con cadencia y número las fugitivas notas encierra en el compás.Cincel que el bloque muerde la estatua modelando, y la belleza plástica añade a la ideal.Atmósfera en que giran con orden las ideas, cual átomos que agrupa recóndita atracción.Raudal en cuyas ondas su sed la fiebre apaga, oasis que al espíritu devuelve su vigor... Tal es nuestra razón.Con ambas siempre en lucha y de ambas vencedor, tan sólo al genio es dado a un yugo atar las dos.
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Caminas por el campo de Castilla y casi no lo ves. Un intrincado versículo de Juan es tu cuidado y apenas reparaste en la amarilla puesta del sol. La vaga luz delira y en el confín del Este se dilata esa luna de escarnio y de escarlata que es acaso el espejo de la Ira. Alzas los ojos y la miras. Una memoria de algo que fue tuyo empieza y se apaga. La pálida cabeza bajas y sigues caminando triste, sin recordar el verso que escribiste: Y su epitafio la sangrienta luna.
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A un viejo poeta
Desnuda eres tan simple como una de tus manos, lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente, tienes líneas de luna, caminos de manzana, desnuda eres delgada como el trigo desnudo. Desnuda eres azul como la noche en Cuba, tienes enredaderas y estrellas en el pelo, desnuda eres enorme y amarilla como el verano en una iglesia de oro. Desnuda eres pequeña como una de tus uñas, curva, sutil, rosada hasta que nace el día y te metes en el subterráneo del mundo como en un largo túnel de trajes y trabajos: tu claridad se apaga, se viste, se deshoja y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.
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Soneto xxvii
De pasión sobrante y sueños de ceniza un pálido palio llevo, un cortejo evidente, un viento de metal que vive solo, un sirviente mortal vestido de hambre, y en lo fresco que baja del árbol, en la esencia del sol que su salud de astro implanta en las flores, cuando a mi piel parecida al oro llega el placer, tú, fantasma coral con pies de tigre, tú, ocasión funeral, reunión ígnea, acechando la patria en que sobrevivo con tus lanzas lunares que tiemblan un poco. Porque la ventana que el mediodía vacío atraviesa tiene un día cualquiera mayor aire en sus alas, el frenesí hincha el traje y el sueño al sombrero, una abeja extremada arde sin tregua. Ahora, qué imprevisto paso hace crujir los caminos? Qué vapor de estación lúgubre, qué rostro de cristal, y aún más, qué sonido de carro viejo con espigas? Ay, una a una, la ola que llora y la sal que se triza, y el tiempo del amor celestial que pasa volando, han tenido voz de huéspedes y espacio en la espera. De distancias llevadas a cabo, de resentimientos infieles, de hereditarias esperanzas mezcladas con sombra, de asistencias desgarradoramente dulces y días de transparente veta y estatua floral, qué subsiste en mi término escaso, en mi débil producto? De mi lecho amarillo y de mi substancia estrellada, quién no es vecino y ausente a la vez? Un esfuerzo que salta, una flecha de trigo tengo, y un arco en mi pecho manifiestamente espera, y un latido delgado, de agua y tenacidad, como algo que se quiebra perpetuamente, atraviesa hasta el fondo mis separaciones, apaga mi poder y propaga mi duelo.
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Diurno doliente
De pasión sobrante y sueños de ceniza un pálido palio llevo, un cortejo evidente, un viento de metal que vive solo, un sirviente mortal vestido de hambre, y en lo fresco que baja del árbol, en la esencia del sol que su salud de astro implanta en las flores, cuando a mi piel parecida al oro llega el placer, tú, fantasma coral con pies de tigre, tú, ocasión funeral, reunión ígnea, acechando la patria en que sobrevivo con tus lanzas lunares que tiemblan un poco. Porque la ventana que el mediodía vacío atraviesa tiene un día cualquiera mayor aire en sus alas, el frenesí hincha el traje y el sueño al sombrero, una abeja extremada arde sin tregua. Ahora, qué imprevisto paso hace crujir los caminos? Qué vapor de estación lúgubre, qué rostro de cristal, y aún más, qué sonido de carro viejo con espigas? Ay, una a una, la ola que llora y la sal que se triza, y el tiempo del amor celestial que pasa volando, han tenido voz de huéspedes y espacio en la espera. De distancias llevadas a cabo, de resentimientos infieles, de hereditarias esperanzas mezcladas con sombra, de asistencias desgarradoramente dulces y días de transparente veta y estatua floral, qué subsiste en mi término escaso, en mi débil producto? De mi lecho amarillo y de mi substancia estrellada, quién no es vecino y ausente a la vez? Un esfuerzo que salta, una flecha de trigo tengo, y un arco en mi pecho manifiestamente espera, y un latido delgado, de agua y tenacidad, como algo que se quiebra perpetuamente, atraviesa hasta el fondo mis separaciones, apaga mi poder y propaga mi duelo.
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Dijo el Amor:                         (entonces a los lampos                       de un claro sol; en los serenos campos                       sonreía a la luz la primavera;                       en el soto arrullaban las palomas,                       y cada flor en los alcores era                       como un abierto búcaro de aromas). -«Yo seré tu poeta: tendrás flores Para tu frente, y rimas armoniosas Que cual perlas de luz **** fulgores, Y perfumes **** como las rosas. »Seré espacio sin fin para tu anhelo, La ilusión que te encante... Seré el azul de tu estrellado cielo, Seré la estrofa que en tu oído cante. »Y en la onda dormida Donde los astros verterán risueños Su fulgor, en la onda de tu vida Seré la barca en donde irán tus sueños». Dijo la Muerte:                         (entonces a los lampos                       de un sol de invierno, los marchitos campos                       sudarios parecían,                       blancos de nieve y de verdura escuetos,                       y a lo lejos los árboles fingían,                       en la bruma, un desfile de esqueletos). -«Yo soy la Segadora, La eterna Vencedora Que con el Bien y la Virtud en guerra Deja a su paso destrucción y duelo, La que troncha las flores en la tierra, La que apaga los astros en el cielo. Yo soy la Muerte... Ven!»                                                     Cual rosa blanca, Como azucena en el vergel riente Que de su tallo el ventarrón arranca, Así la Virgen doblegó la frente. Amó... Vivió... Pasó...!                                     Fue nube leve Que llevaba benéfico rocío; En la montaña azul, copo de nieve, Y blanca espuma en el cristal del río.                         (Entonces, al radiar eterna aurora                       En las tinieblas de la tumba inerte,                       La Virgen, la vencida por la Muerte,                       Entró en el Paraíso vencedora).
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Fugitiva
Dijo el Amor:                         (entonces a los lampos                       de un claro sol; en los serenos campos                       sonreía a la luz la primavera;                       en el soto arrullaban las palomas,                       y cada flor en los alcores era                       como un abierto búcaro de aromas). -«Yo seré tu poeta: tendrás flores Para tu frente, y rimas armoniosas Que cual perlas de luz **** fulgores, Y perfumes **** como las rosas. »Seré espacio sin fin para tu anhelo, La ilusión que te encante... Seré el azul de tu estrellado cielo, Seré la estrofa que en tu oído cante. »Y en la onda dormida Donde los astros verterán risueños Su fulgor, en la onda de tu vida Seré la barca en donde irán tus sueños». Dijo la Muerte:                         (entonces a los lampos                       de un sol de invierno, los marchitos campos                       sudarios parecían,                       blancos de nieve y de verdura escuetos,                       y a lo lejos los árboles fingían,                       en la bruma, un desfile de esqueletos). -«Yo soy la Segadora, La eterna Vencedora Que con el Bien y la Virtud en guerra Deja a su paso destrucción y duelo, La que troncha las flores en la tierra, La que apaga los astros en el cielo. Yo soy la Muerte... Ven!»                                                     Cual rosa blanca, Como azucena en el vergel riente Que de su tallo el ventarrón arranca, Así la Virgen doblegó la frente. Amó... Vivió... Pasó...!                                     Fue nube leve Que llevaba benéfico rocío; En la montaña azul, copo de nieve, Y blanca espuma en el cristal del río.                         (Entonces, al radiar eterna aurora                       En las tinieblas de la tumba inerte,                       La Virgen, la vencida por la Muerte,                       Entró en el Paraíso vencedora).
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La ciudad, silenciosa, En sueño profundo reposa. Parpadean los luceros En la bóveda tranquila; En los viejos reverberos Gas indigente vacila. Entre negros nubarrones La luna empieza a brillar, y hace en rejas y balcones Las vidrieras fulgurar. La noche en los castaños de la plaza suspira, La noche en donde un resto de fulgor flota y gira; Todo es quietud y sueño bajo el boscaje umbrío... ¡Alma!, ponte de codos en el puente, y aspira La frescura que sube, la frescura del río. Tan grande es el silencio, que siento miedo y frío... Sólo en la calle se oyen mis pasos... Está llena De silencio mi  alma... La media noche suena. Sobre los altos muros del convento Mueve las ramas susurrando el viento. Huérfanas... Colegialas parlanchinas... Cintas azules en las esclavinas... Jardín fragante de las Ursulinas. Por la verja del parque abandonado Pasa el aura con trémulo suspiro; y una estrella, con brillo opalizado, Parpadea al través del emparrado, Como una lamparilla de zafiro. ¡Oh los techos de pizarra, negros y altos campanarios, Vírgenes que en hondo sueño reclinasteis la cabeza, Cuellos que lleváis pendientes azules escapularios, Oh los cuerpos sin pecado sobre lechos de pureza! Aquí la hora que pasa de igual hora va seguida, y en paz la inocencia duerme sobre el umbral de la vida . A la incierta Claridad De la luna, más desierta y más triste, en esta calma, Mira el alma La plaza de la ciudad. Una ventana brilla sobre una oscura casa; En la alcoba una lámpara riega su claridad, y a la luz que tamiza velo de nívea gasa, Furtiva, por instantes, se ve que pasa y pasa De una mujer la sombra, con íntima ansiedad. Los brazos levanta al cielo Por la ventana entreabierta. Es un alma que solloza, es un alma en hondo duelo, Que deja caer sus lágrimas sobre una esperanza muerta. ¡Oh secretos ardores en noches provinciales, Almas que se consumen, almas no comprendidas!.. ¡Oh senos devorados por deseos carnales! ¡Oh desoladas súplicas, jamás de nadie oídas! ¡Yo os evoco en las sombras, amantes ignoradas, Cuya carne se agosta, bajo contraria suerte, Que en solitarias noches lloráis desesperadas, y para amar nacidas, y de amor devoradas, Iréis a dormir vírgenes en brazos de la muerte!... y el alma pensativa. En esta noche azul de primavera, Fija está en la vidriera Dónde pasa la sombra fugitiva. La cortina al viento vaga. y la lámpara se apaga. En las tinieblas no hay luz que irradie. Se hunde la luna...                             Suena la una y en la calle triste, nadie                 nadie... nadie.
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Nocturno provincial
La ciudad, silenciosa, En sueño profundo reposa. Parpadean los luceros En la bóveda tranquila; En los viejos reverberos Gas indigente vacila. Entre negros nubarrones La luna empieza a brillar, y hace en rejas y balcones Las vidrieras fulgurar. La noche en los castaños de la plaza suspira, La noche en donde un resto de fulgor flota y gira; Todo es quietud y sueño bajo el boscaje umbrío... ¡Alma!, ponte de codos en el puente, y aspira La frescura que sube, la frescura del río. Tan grande es el silencio, que siento miedo y frío... Sólo en la calle se oyen mis pasos... Está llena De silencio mi  alma... La media noche suena. Sobre los altos muros del convento Mueve las ramas susurrando el viento. Huérfanas... Colegialas parlanchinas... Cintas azules en las esclavinas... Jardín fragante de las Ursulinas. Por la verja del parque abandonado Pasa el aura con trémulo suspiro; y una estrella, con brillo opalizado, Parpadea al través del emparrado, Como una lamparilla de zafiro. ¡Oh los techos de pizarra, negros y altos campanarios, Vírgenes que en hondo sueño reclinasteis la cabeza, Cuellos que lleváis pendientes azules escapularios, Oh los cuerpos sin pecado sobre lechos de pureza! Aquí la hora que pasa de igual hora va seguida, y en paz la inocencia duerme sobre el umbral de la vida . A la incierta Claridad De la luna, más desierta y más triste, en esta calma, Mira el alma La plaza de la ciudad. Una ventana brilla sobre una oscura casa; En la alcoba una lámpara riega su claridad, y a la luz que tamiza velo de nívea gasa, Furtiva, por instantes, se ve que pasa y pasa De una mujer la sombra, con íntima ansiedad. Los brazos levanta al cielo Por la ventana entreabierta. Es un alma que solloza, es un alma en hondo duelo, Que deja caer sus lágrimas sobre una esperanza muerta. ¡Oh secretos ardores en noches provinciales, Almas que se consumen, almas no comprendidas!.. ¡Oh senos devorados por deseos carnales! ¡Oh desoladas súplicas, jamás de nadie oídas! ¡Yo os evoco en las sombras, amantes ignoradas, Cuya carne se agosta, bajo contraria suerte, Que en solitarias noches lloráis desesperadas, y para amar nacidas, y de amor devoradas, Iréis a dormir vírgenes en brazos de la muerte!... y el alma pensativa. En esta noche azul de primavera, Fija está en la vidriera Dónde pasa la sombra fugitiva. La cortina al viento vaga. y la lámpara se apaga. En las tinieblas no hay luz que irradie. Se hunde la luna...                             Suena la una y en la calle triste, nadie                 nadie... nadie.
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y aquí el francés Bonpland botánico buscaba asclepias lirolensis o chinchonas acaridesas encontró en cambio las ignotas caras o rostros del amor a la india Nunu de los zambos junto a la boca del Orinoco junto a la boca del Orinoco durmió al cuidado del peligro comía arroz yucas hormigas plátanos y manjar de mono mirándose en los cocodrilos en el silbido de las boas en el rugido de los tigres mientras se alzaban los temores como hogueras nunca apagadas a la calor de esas hogueras aquí el francés Bonpland botánico entró en las dulces partes de Nunu mientras giraban en la noche las catedrales medievales toda la rue du chat qui péche como planetas instantáneos apagándose en la mitad entre los pechos de la Nunu que hablaban sus idiomas suaves más poderosos que la selva más bellos que los tigres en la luz violeta de su vientre o que los cocodrilos bocas del Orinoco padre o río o que las boas onduladas como olitas del Sena gris temió amó a Nunu comió mono con su levita directorio tuvo 15 días de miel y cuando alguno robó a la india (no por deseo de su carne o de sus partes destinadas al amor puro y duro y otro sino para hacerlas volver a la desencadenada selva o sacarlas del amor para otro mundo como es o amor es de otro mundo o es otro mundo directamente) Bonpland decía al rededor: "hermano cocodrilo di dónde está Nunu la dulzona de varios pechos a saber: el que te da leche de amor el que te apaga la maldad el que te viste contra el miedo el que se tiembla en la caída porque no sabe si te alzará" o al tigre de rayas de rey: "dónde está Nunu, tigre tigre ahora salido de mi sangre" o a la boa: "cómo está Nunu la de la luna en la rodilla" la de la luna en la rodilla se la llevaron y Bonpland no quiso saber más de estrellas o de misterios de la mar o de volcanes encendidos o de plantas quietas en sí y aunque se fue del Orinoco de sus herrumbres suaves verdes y aunque lo amó la emperatriz (la Josefina de Napoleón) y aunque ella eligió sus brazos para morirse de una vez aquí volvió el Bonpland a Nunu y nunca jamás la encontró pero comía yucas hormigas arroz manjar de mono plátanos y bebía aguas del Orinoco como quien come a una mujer como quien bebe a una mujer y esta es la historia de Bonpland clasificó muchas plantitas del continente americano pero él vivía en Nunu. oh Nunu . la de la luna en la rodilla la de varios pechos de amor la de planetas apagados como la rue du chat qui péche volando abriendo su mitad para el francés que la quería como jardín oh Nunu. oh Nunu como la noche Nunu Nunu.
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El botánico
y aquí el francés Bonpland botánico buscaba asclepias lirolensis o chinchonas acaridesas encontró en cambio las ignotas caras o rostros del amor a la india Nunu de los zambos junto a la boca del Orinoco junto a la boca del Orinoco durmió al cuidado del peligro comía arroz yucas hormigas plátanos y manjar de mono mirándose en los cocodrilos en el silbido de las boas en el rugido de los tigres mientras se alzaban los temores como hogueras nunca apagadas a la calor de esas hogueras aquí el francés Bonpland botánico entró en las dulces partes de Nunu mientras giraban en la noche las catedrales medievales toda la rue du chat qui péche como planetas instantáneos apagándose en la mitad entre los pechos de la Nunu que hablaban sus idiomas suaves más poderosos que la selva más bellos que los tigres en la luz violeta de su vientre o que los cocodrilos bocas del Orinoco padre o río o que las boas onduladas como olitas del Sena gris temió amó a Nunu comió mono con su levita directorio tuvo 15 días de miel y cuando alguno robó a la india (no por deseo de su carne o de sus partes destinadas al amor puro y duro y otro sino para hacerlas volver a la desencadenada selva o sacarlas del amor para otro mundo como es o amor es de otro mundo o es otro mundo directamente) Bonpland decía al rededor: "hermano cocodrilo di dónde está Nunu la dulzona de varios pechos a saber: el que te da leche de amor el que te apaga la maldad el que te viste contra el miedo el que se tiembla en la caída porque no sabe si te alzará" o al tigre de rayas de rey: "dónde está Nunu, tigre tigre ahora salido de mi sangre" o a la boa: "cómo está Nunu la de la luna en la rodilla" la de la luna en la rodilla se la llevaron y Bonpland no quiso saber más de estrellas o de misterios de la mar o de volcanes encendidos o de plantas quietas en sí y aunque se fue del Orinoco de sus herrumbres suaves verdes y aunque lo amó la emperatriz (la Josefina de Napoleón) y aunque ella eligió sus brazos para morirse de una vez aquí volvió el Bonpland a Nunu y nunca jamás la encontró pero comía yucas hormigas arroz manjar de mono plátanos y bebía aguas del Orinoco como quien come a una mujer como quien bebe a una mujer y esta es la historia de Bonpland clasificó muchas plantitas del continente americano pero él vivía en Nunu. oh Nunu . la de la luna en la rodilla la de varios pechos de amor la de planetas apagados como la rue du chat qui péche volando abriendo su mitad para el francés que la quería como jardín oh Nunu. oh Nunu como la noche Nunu Nunu.
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Te invoco a ti Frida, creo que entiendes mi padecer. Tengo el moderno Diego Rivera como mi amor! La mitad del tiempo vivo en sosiego, más sin él, la vida no la entiendo. Él es todas las greguerías habidas y por haber. Me enciende y me apaga en el mismo instante. Me habla pero su silencio es como el calor, lo sientes, pero, no lo puedes ver. Me habla de amor, y me trata como como si estuviésemos en un campo de batalla. Habla de una eternidad junto a mí, más en sus planes del futuro, no figuro en ninguna parte. Lo amo y lo odio paralelamente. Amo cuando me ama, Y odio la idiota, que por él, me convierto. Si me toma de repente, surco los cinco continentes. Veo el amor retoñar. Lo veo revivir en sonrisas de jóvenes ilusos. Los puentes se fortalecen de felicidad. La mugre y el lodo se convierten en arte. El agua sucia es tan cristalina como la misma pureza. Cuando me olvida, cuando me ignora, es la más cruel crucifixión. Es relamer la sangre coagulada. Llueve contantemente, y los relámpagos truenan mis huesos. La harmonía se entrega dócilmente a la desolación. Se debilita el universo. Me seco. Yaga mi cuerpo en Seol.. porque amarlo a él como lo amo, es mi gran pecado! Dime Frida, ¿cómo hiciste para soportar tanto amor? ¿para amarlo más que a ti misma? ¿Para desangrar el alma y sentirte plena con él, aunque por dentro estés vacía? No me respondas. Me obligaría a tomar una decisión. Lo amo, aunque me mate hacerlo! LeydisProse 6/2/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 7, 2017
Jun 7, 2017 at 9:50 AM UTC
Dime Frida!
Te invoco a ti Frida, creo que entiendes mi padecer. Tengo el moderno Diego Rivera como mi amor! La mitad del tiempo vivo en sosiego, más sin él, la vida no la entiendo. Él es todas las greguerías habidas y por haber. Me enciende y me apaga en el mismo instante. Me habla pero su silencio es como el calor, lo sientes, pero, no lo puedes ver. Me habla de amor, y me trata como como si estuviésemos en un campo de batalla. Habla de una eternidad junto a mí, más en sus planes del futuro, no figuro en ninguna parte. Lo amo y lo odio paralelamente. Amo cuando me ama, Y odio la idiota, que por él, me convierto. Si me toma de repente, surco los cinco continentes. Veo el amor retoñar. Lo veo revivir en sonrisas de jóvenes ilusos. Los puentes se fortalecen de felicidad. La mugre y el lodo se convierten en arte. El agua sucia es tan cristalina como la misma pureza. Cuando me olvida, cuando me ignora, es la más cruel crucifixión. Es relamer la sangre coagulada. Llueve contantemente, y los relámpagos truenan mis huesos. La harmonía se entrega dócilmente a la desolación. Se debilita el universo. Me seco. Yaga mi cuerpo en Seol.. porque amarlo a él como lo amo, es mi gran pecado! Dime Frida, ¿cómo hiciste para soportar tanto amor? ¿para amarlo más que a ti misma? ¿Para desangrar el alma y sentirte plena con él, aunque por dentro estés vacía? No me respondas. Me obligaría a tomar una decisión. Lo amo, aunque me mate hacerlo! LeydisProse 6/2/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Antes yo te buscaba en tus confines que lindan con la tarde y la llanura y en la verja que guarda una frescura antigua de cedrones y jazmines. En la memoria de Palermo estabas, en su mitología de un pasado de baraja y puñal y en el dorado bronce de las inútiles aldabas, con su mano y sortija. Te sentía en los patios del Sur y en la creciente sombra que desdibuja lentamente su larga recta, al declinar el día. Ahora estás en mí. Eres mi vaga suerte, esas cosas que la muerte apaga.
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Buenos aires
Todavía un instante, mientras todo se apaga, la piedra que recoge lo que el cielo desdeña, esa mancha de luz para cuando no quede, un poco de calor para cuando la noche... Todavía un instante, mientras todo se pierde, la memoria que guarda la belleza de un rostro, esos ojos lejanos que derraman su claridad aquí, tan dulce y leve, este amor obstinado para cuando el olvido... Pero el olvido nunca: un instante final que se transforma en siempre, la luz sobre la piedra, la mirada que dora tenuemente todavía -después de haber miradola penumbra de un sueño...
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Sol ya ausente
Baja del cielo la endiablada ***** Con que carne mortal hieres y engañas. Untada viene de divinas mañas y cielo y tierra su veneno junta. La sangre de hombre que en la herida apunta florece en selvas: sus crecidas cañas de sombras de oro, hienden las entrañas del cielo prieto, y su ascender pregunta. En su vano aguardar de la respuesta las cañas doblan la empinada testa. Flamea el cielo sus azules gasas. Vientos negros, detrás de los cristales de las estrellas, mueven grandes masas de mundos muertos, por sus arrabales.Rosas y lirios ves en el espino; juegas a ser: te cabe en una mano, esmeralda pequeña, el océano; hablas sin lengua, enredas el destino. Plantas la testa en el azul divino y antípodas, tus pies, en el lejano revés del mundo; y te haces soberano, y desatas al sol de tu camino. Miras el horizonte y tu mirada hace nacer en noche la alborada; sueñas y crean hueso tus ficciones. Muda la mano que te alzaba en vuelo, y a tus pies cae, cristal roto, el cielo, y polvo y sombra levan sus talones.Ya te hundes, sol; mis aguas se coloran de llamaradas por morir; ya cae mi corazón desenhebrado, y trae, la noche, filos que en el viento lloran. Ya en opacas orillas se avizoran manadas negras; ya mi lengua atrae betún de muerte; y ya no se distrae de mí, la espina; y sombras me devoran. Pellejo muerto, el sol, se tumba al cabo Como un perro girando sobre el rabo, la tierra se echa a descansar, cansada. Mano huesosa apaga los luceros: Chirrían, pedregosos sus senderos, con la pupila negra y descarnada.
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Razones y paisajes de amor
Baja del cielo la endiablada ***** Con que carne mortal hieres y engañas. Untada viene de divinas mañas y cielo y tierra su veneno junta. La sangre de hombre que en la herida apunta florece en selvas: sus crecidas cañas de sombras de oro, hienden las entrañas del cielo prieto, y su ascender pregunta. En su vano aguardar de la respuesta las cañas doblan la empinada testa. Flamea el cielo sus azules gasas. Vientos negros, detrás de los cristales de las estrellas, mueven grandes masas de mundos muertos, por sus arrabales.Rosas y lirios ves en el espino; juegas a ser: te cabe en una mano, esmeralda pequeña, el océano; hablas sin lengua, enredas el destino. Plantas la testa en el azul divino y antípodas, tus pies, en el lejano revés del mundo; y te haces soberano, y desatas al sol de tu camino. Miras el horizonte y tu mirada hace nacer en noche la alborada; sueñas y crean hueso tus ficciones. Muda la mano que te alzaba en vuelo, y a tus pies cae, cristal roto, el cielo, y polvo y sombra levan sus talones.Ya te hundes, sol; mis aguas se coloran de llamaradas por morir; ya cae mi corazón desenhebrado, y trae, la noche, filos que en el viento lloran. Ya en opacas orillas se avizoran manadas negras; ya mi lengua atrae betún de muerte; y ya no se distrae de mí, la espina; y sombras me devoran. Pellejo muerto, el sol, se tumba al cabo Como un perro girando sobre el rabo, la tierra se echa a descansar, cansada. Mano huesosa apaga los luceros: Chirrían, pedregosos sus senderos, con la pupila negra y descarnada.
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