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"amenaza" poems
Un gato ***** Robando almas Como sombra bajo la litera Fuma el gato ***** Saboteador de la suerte Y llevándote a su cama el gato ***** te acorrala con su cola y sus garras no deja en paz tu alma algo la amenaza. Un par de aceitunas una ofrenda de la noche te observa, te protege, viaja con fantasmas el gato ***** que te vigila cuando tus sueños se tornan astrales.
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Jul 7, 2018
Jul 7, 2018 at 2:45 AM UTC
Gato *****
Diciembre ha congelado su aliento de dos filos, y lo resopla desde los cielos congelados, como una llama seca desarrollada en hilos, como una larga ruina que ataca a los soldados. Nieve donde el caballo que impone sus pisadas es una soledad de galopante luto. Nieve de uñas cernidas, de garras derribadas, de celeste maldad, de desprecio absoluto. Muerde, tala, traspasa como un tremendo hachazo, con un hacha de mármol encarnizado y leve. Desciende, se derrama como un deshecho abrazo de precipicios y alas, de soledad y nieve. Esta agresión que parte del centro del invierno, hambre cruda, cansada de tener hambre y frío, amenaza al desnudo con un rencor eterno, blanco, mortal, hambriento, silencioso, sombrío. Quiere aplacar las fraguas, los odios, las hogueras, quiere cegar los mares, sepultar los amores: y se va elevando lentas y diáfanas barreras, estatuas silenciosas y vidrios agresores. Que se derrame a chorros el corazón de lana de tantos almacenes y talleres textiles, para cubrir los cuerpos que queman la mañana con la voz, la mirada, los pies y los fusiles. Ropa para los cuerpos que pueden ir desnudos, que pueden ir vestidos de escarchas y de hielos: de piedra enjuta contra los picotazos rudos, las mordeduras pálidas y los pálidos vuelos. Ropa para los cuerpos que rechazan callados los ataques más blancos con los huesos más rojos. Porque tienen el hueso solar estos soldados, y porque son hogueras con pisadas, con ojos. La frialdad se abalanza, la muerte se deshoja, el clamor que no suena, pero que escucho, llueve. Sobre la nieve blanca, la vida roja y roja hace la nieve cálida, siembra fuego en la nieve. Tan decididamente son el cristal de roca que sólo el fuego, sólo la llama cristaliza, que atacan con el pómulo nevado, con la boca, y vuelven cuanto atacan recuerdos de ceniza.
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El soldado y la nieve
Diciembre ha congelado su aliento de dos filos, y lo resopla desde los cielos congelados, como una llama seca desarrollada en hilos, como una larga ruina que ataca a los soldados. Nieve donde el caballo que impone sus pisadas es una soledad de galopante luto. Nieve de uñas cernidas, de garras derribadas, de celeste maldad, de desprecio absoluto. Muerde, tala, traspasa como un tremendo hachazo, con un hacha de mármol encarnizado y leve. Desciende, se derrama como un deshecho abrazo de precipicios y alas, de soledad y nieve. Esta agresión que parte del centro del invierno, hambre cruda, cansada de tener hambre y frío, amenaza al desnudo con un rencor eterno, blanco, mortal, hambriento, silencioso, sombrío. Quiere aplacar las fraguas, los odios, las hogueras, quiere cegar los mares, sepultar los amores: y se va elevando lentas y diáfanas barreras, estatuas silenciosas y vidrios agresores. Que se derrame a chorros el corazón de lana de tantos almacenes y talleres textiles, para cubrir los cuerpos que queman la mañana con la voz, la mirada, los pies y los fusiles. Ropa para los cuerpos que pueden ir desnudos, que pueden ir vestidos de escarchas y de hielos: de piedra enjuta contra los picotazos rudos, las mordeduras pálidas y los pálidos vuelos. Ropa para los cuerpos que rechazan callados los ataques más blancos con los huesos más rojos. Porque tienen el hueso solar estos soldados, y porque son hogueras con pisadas, con ojos. La frialdad se abalanza, la muerte se deshoja, el clamor que no suena, pero que escucho, llueve. Sobre la nieve blanca, la vida roja y roja hace la nieve cálida, siembra fuego en la nieve. Tan decididamente son el cristal de roca que sólo el fuego, sólo la llama cristaliza, que atacan con el pómulo nevado, con la boca, y vuelven cuanto atacan recuerdos de ceniza.
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Tus secretos se esconden entre las arrugas de mi corazón. Y te prometo si no regresas tan pronto como en mis sueños... los dejaré salir.
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Dec 10, 2011
Dec 10, 2011 at 5:17 PM UTC
La Amenaza (spanish)
Si de tus dones y, de tus destrucciones, Océano, a mis manos pudiera destinar una medida, una fruta, un fermento, escogería tu reposo distante, las líneas de tu acero, tu extensión vigilada por el aire y la noche, y la energía de tu idioma blanco que destroza y derriba sus columnas en su propia pureza demolida.       No es la última ola con su salado peso       la que tritura costas y produce       la paz de arena que rodea el mundo:       es el central volumen de la fuerza,       la potencia extendida de las aguas,       la inmóvil soledad llena de vidas.       Tiempo, tal vez, o copa acumulada       de todo movimiento, unidad pura       que no selló la muerte, verde víscera       de la totalidad abrasadora.       Del brazo sumergido que levanta una gota       no queda sino un beso de la sal. De los cuerpos       del hombre en tus orillas una húmeda fragancia       de flor mojada permanece. Tu energía       parece resbalar sin ser gastada,       parece regresar a su reposo.       La ola que desprendes,       arco de identidad, pluma estrellada,       cuando se despeñó fue sólo espuma,       y regresó a nacer sin consumirse.       Toda tu fuerza vuelve a ser origen.       Sólo entregas despojos triturados,       cascaras que apartó tu cargamento,       lo que expulsó la acción de tu abundancia,       todo lo que dejó de ser racimo.       Tu estatua está extendida más allá de las olas. Viviente y ordenada como el pecho y el manto de un solo ser y sus respiraciones, en la materia de la luz izadas, llanuras levantadas por las olas, forman la piel desnuda del planeta. Llenas tu propio ser con tu substancia. Colmas la curvatura del silencio. Con tu sal y tu miel tiembla la copa, la cavidad universal del agua, y nada falta en ti como en el cráter desollado, en el vaso cerril: cumbres vacías, cicatrices, señales que vigilan el aire mutilado.       Tus pétalos palpitan contra el mundo,       tiemblan tus cereales submarinos,       las suaves ovas cuelgan su amenaza,       navegan y pululan las escuelas,       y sólo sube al hilo de las redes       el relámpago muerto de la escama,       un milímetro herido en la distancia       de rus totalidades cristalinas.
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I
Si de tus dones y, de tus destrucciones, Océano, a mis manos pudiera destinar una medida, una fruta, un fermento, escogería tu reposo distante, las líneas de tu acero, tu extensión vigilada por el aire y la noche, y la energía de tu idioma blanco que destroza y derriba sus columnas en su propia pureza demolida.       No es la última ola con su salado peso       la que tritura costas y produce       la paz de arena que rodea el mundo:       es el central volumen de la fuerza,       la potencia extendida de las aguas,       la inmóvil soledad llena de vidas.       Tiempo, tal vez, o copa acumulada       de todo movimiento, unidad pura       que no selló la muerte, verde víscera       de la totalidad abrasadora.       Del brazo sumergido que levanta una gota       no queda sino un beso de la sal. De los cuerpos       del hombre en tus orillas una húmeda fragancia       de flor mojada permanece. Tu energía       parece resbalar sin ser gastada,       parece regresar a su reposo.       La ola que desprendes,       arco de identidad, pluma estrellada,       cuando se despeñó fue sólo espuma,       y regresó a nacer sin consumirse.       Toda tu fuerza vuelve a ser origen.       Sólo entregas despojos triturados,       cascaras que apartó tu cargamento,       lo que expulsó la acción de tu abundancia,       todo lo que dejó de ser racimo.       Tu estatua está extendida más allá de las olas. Viviente y ordenada como el pecho y el manto de un solo ser y sus respiraciones, en la materia de la luz izadas, llanuras levantadas por las olas, forman la piel desnuda del planeta. Llenas tu propio ser con tu substancia. Colmas la curvatura del silencio. Con tu sal y tu miel tiembla la copa, la cavidad universal del agua, y nada falta en ti como en el cráter desollado, en el vaso cerril: cumbres vacías, cicatrices, señales que vigilan el aire mutilado.       Tus pétalos palpitan contra el mundo,       tiemblan tus cereales submarinos,       las suaves ovas cuelgan su amenaza,       navegan y pululan las escuelas,       y sólo sube al hilo de las redes       el relámpago muerto de la escama,       un milímetro herido en la distancia       de rus totalidades cristalinas.
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La tierra no discute, no es patética, no arregla cosas de antemano, la tierra no grita, no se apura, no amenaza ni promete, no discrimina, ni tiene fallas, no se cierra a nada, no niega nada, no deja a nadie afuera, de todos los poderes, objetos y estados que recibe, a ninguno deja fuera.
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Oct 7, 2015
Oct 7, 2015 at 4:08 PM UTC
Una traducción de Walt Whitman
Desahogo mis ganas de ti en la oración. Desahogo mis ganas de ti en la poesía. Me alivia a la vez Dios y el Diablo. Y uno esta frío en el infierno, y el otro derrite mis pasiones más arriba de la lluvia. No termino de descifrar. Es esto amenaza o castigo? Es la condena al delito mayor de creerme sol entre nubes de infancia. A quién, al final, le llegaran mis oraciones? Sólo en la mañana, tu voz que me despierta, Me dirá si es dios o diablo el que me oye y de mí se burla
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Jul 2, 2016
Jul 2, 2016 at 1:40 AM UTC
O dios o diablo
Cargado voy de mí, veo delante Muerte que me amenaza la jornada; Ir porfiando por la senda errada Más de necio será que de constante. Si por su mal me sigue ciego amante (Que nunca es sola suerte desdichada), ¡Ay! vuelva en sí y atrás: no dé pisada Donde la dio tan ciego caminante. Ved cuán errado mi camino ha sido; Cuán solo y triste, y cuán desordenado, Que nunca así le anduvo pie perdido: Pues por no desandar lo caminado, Viendo delante y cerca fin temido, Con pasos que otros huyen le he buscado.
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Exhorta a los que amaren que no sigan los pasos por donde ha hecho su viaje
Con acorde concento, o con rüidos músicos, ensordeces al gusano, para que los enojos del verano no atienda, ni del cielo los bramidos. No es piedad confundirle los sentidos; codicia sí, guardándole, tirano, para que su mortaja con su mano hile y, en su mortaja, tus vestidos. Nació paloma, y, en tu seno, el vuelo perdió; gusano, arrastra despreciado, y osas llamar tu vil cautela celo. Tal fin tendrá cualquiera desdichado a quien estorba oír la voz del cielo, con músico alboroto, su pecado.
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Advierte contra el adulador que lo dulce que dice no es por deleitar al que lo escucha, sino por interés proprio suyo, y amenaza a quien le da crédito
Desabrigan en altos Monumentos Cenizas generosas, por crecerte; Y altas ruinas, de que te haces fuerte, Más te son amenaza que cimientos. De venganzas del Tiempo, de escarmientos, De olvidos y desprecios de la Muerte, De túmulo funesto, osas hacerte Árbitro de los Mares y los Vientos. Recuerdos y no Alcázares fabricas; Otro vendrá después que de sus torres Alce en tus huesos fábricas más ricas. De ajenas desnudeces te socorres, Y procesos de mármol multiplicas; Temo que con tu llanto el suyo borres.
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Moralidad útil contra los que hacen adorno propio de la ajena desnudez
Todo nos amenaza: el tiempo, que en vivientes fragmentos divide al que fui                     del que seré, como el machete a la culebra; la conciencia, la transparencia traspasada, la mirada ciega de mirarse mirar; las palabras, guantes grises, polvo mental sobre la yerba,         el agua, la piel; nuestros nombres, que entre tú y yo se levantan, murallas de vacío que ninguna trompeta derrumba. Ni el sueño y su pueblo de imágenes rotas, ni el delirio y su espuma profética, ni el amor con sus dientes y uñas nos bastan. Más allá de nosotros, en las fronteras del ser y el estar, una vida más vida nos reclama. Afuera la noche respira, se extiende, llena de grandes hojas calientes, de espejos que combaten: frutos, garras, ojos, follajes, espaldas que relucen, cuerpos que se abren paso entre otros cuerpos. Tiéndete aquí a la orilla de tanta espuma, de tanta vida que se ignora y entrega: tú también perteneces a la noche. Extiéndete, blancura que respira, late, oh estrella repartida, copa, pan que inclinas la balanza del lado de la aurora, pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida.
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Más allá del amor
Blanco. Parece tan puro, tan frío, tan suave. Pero no es nieve. Ni es frío, ni puro, ni dulce, ni sacia tu sed. Rojo, parece encendido, furioso, amenaza. Pero no es fuego, ni daña, ni grita, ni quema tu piel. Mi vida, bajo tu manta, tú eres el lago de sal, y yo el atardecer.
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Aug 29, 2014
Aug 29, 2014 at 10:48 AM UTC
Salinas
Del país del sueño, tinieblas, brillos, donde crecen plantas, flores extrañas, entre los escombros de los castillos, junto a las laderas de las montañas; donde los pastores en sus cabañas rezan, cuando al fuego dormita el can, y donde las sombras antiguas van por cuevas de lobos y raposas, ha traído cosas muy misteriosas don Ramón María del Valle-Inclán. Cosas misteriosas, trágicas, raras, de cuentos oscuros de los antaños, de amores terribles, crímenes, daños, como entre vapores de solfataras, caras sanguinarias, pálidas caras, gritos ululantes de pena y afán, infaustos hechizos, aves que van bajo la amenaza del gerifalte, dice en versos ricos de oro y esmalte don Ramón María del Valle-Inclán. Sus aprobaciones diera el gran Will, y sus alabanzas el gran Miguel, a quien ya nos cuenta cuentos de abril o poemas llenos de sangre y hiel. Para él la palma con el laurel que en manos de España listas están, pues mil nobles lenguas diciendo van que han sido ganadas en buena lid por el otro manco que hay en Madrid, don Ramón María del Valle-Inclán. Señor, que en Galicia tuviste cuna, mis dos manos estas flores te dan, amadas de Apolo y de la Luna, cuya sacra influencia siempre nos una, don Ramón María del Valle-Inclán.
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Balada laudatoria a don ramón del valle-inclán
El ancla al peñón aferra Sobre la mar espumante, Lá fortaleza flotante Que da terror en la guerra. No amenaza nuestra tierra, Ni viene en pos de conquista; Surge, arrogante a la vista, Y su hermoso pabellón, Envuelto en ***** crespón, Cubre los restos de Arista. No nave de tierra extraña La llaméis con voz impía, Que nunca la patria mía Vio nada ajeno en España. Esa nave amor entraña, Y en ella mis ojos fijos Sorprenden los regocijos Que causa a la madre ausente Honrar el independiente Y santo hogar de sus hijos. De amistad símbolo cierto, El fiero bajel hispano Trae al suelo mejicano Tristes despojos de un muerto. Al verle entrar en el puerto, De las brumas al través, Grita el vigilante «él es», Y alza un himno de alegría El mismo mar en que un día Quemó sus naves Cortés. Dando ejemplo a las naciones, Sobre el bajel confundidos De duelo flotan unidos Dos hermosos pabellones. Sus glorias, sus tradiciones Allí enlazadas se ven; Y, astros del honor sostén, Irradian sobre la niebla, Juntas las glorias de Puebla Con las glorias de Bailén. Alzando montes de espuma, Encuentra el bajel abierta A orillas del mar la puerta Del país de Moctezuma. Ningún recuerdo le abruma; Cumple una santa misión: Viene a honrar una nación Que, llena de amor profundo, Encierra en el nuevo mundo El mundo del corazón. ¡Paso al bajel castellano! Que de mi siglo a la faz, Le den ósculos de paz Las olas del golfo indiano. ¡Paso a España! al pueblo hermano, Heroico, grande y experto, Que, a toda virtud despierto, Manda a mi patria querida Laureles de eterna vida Con las cenizas de un muerto. Astro de unión, con tu luz Dios nuestros pueblos ampare, Y no haya mar que separe A Cádiz de Veracruz. Surge el Tabor tras la cruz, La paz tras el batallar, Y así podemos mirar A España y Méjico unidas, Hoy que flotan confundidas Sus banderas sobre el mar. Vuelve a tus playas, bajel, Playas heroicas y bellas, Y verán que entras en ellas Llevando un nuevo laurel. Va nuestra amistad con él, Y no hay hoz que le destroce. Interpreta nuestro goce: Méjico republicana Tendrá siempre por hermana La España de Alfonso Doce.
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Al «blasco de garay» 1
El ancla al peñón aferra Sobre la mar espumante, Lá fortaleza flotante Que da terror en la guerra. No amenaza nuestra tierra, Ni viene en pos de conquista; Surge, arrogante a la vista, Y su hermoso pabellón, Envuelto en ***** crespón, Cubre los restos de Arista. No nave de tierra extraña La llaméis con voz impía, Que nunca la patria mía Vio nada ajeno en España. Esa nave amor entraña, Y en ella mis ojos fijos Sorprenden los regocijos Que causa a la madre ausente Honrar el independiente Y santo hogar de sus hijos. De amistad símbolo cierto, El fiero bajel hispano Trae al suelo mejicano Tristes despojos de un muerto. Al verle entrar en el puerto, De las brumas al través, Grita el vigilante «él es», Y alza un himno de alegría El mismo mar en que un día Quemó sus naves Cortés. Dando ejemplo a las naciones, Sobre el bajel confundidos De duelo flotan unidos Dos hermosos pabellones. Sus glorias, sus tradiciones Allí enlazadas se ven; Y, astros del honor sostén, Irradian sobre la niebla, Juntas las glorias de Puebla Con las glorias de Bailén. Alzando montes de espuma, Encuentra el bajel abierta A orillas del mar la puerta Del país de Moctezuma. Ningún recuerdo le abruma; Cumple una santa misión: Viene a honrar una nación Que, llena de amor profundo, Encierra en el nuevo mundo El mundo del corazón. ¡Paso al bajel castellano! Que de mi siglo a la faz, Le den ósculos de paz Las olas del golfo indiano. ¡Paso a España! al pueblo hermano, Heroico, grande y experto, Que, a toda virtud despierto, Manda a mi patria querida Laureles de eterna vida Con las cenizas de un muerto. Astro de unión, con tu luz Dios nuestros pueblos ampare, Y no haya mar que separe A Cádiz de Veracruz. Surge el Tabor tras la cruz, La paz tras el batallar, Y así podemos mirar A España y Méjico unidas, Hoy que flotan confundidas Sus banderas sobre el mar. Vuelve a tus playas, bajel, Playas heroicas y bellas, Y verán que entras en ellas Llevando un nuevo laurel. Va nuestra amistad con él, Y no hay hoz que le destroce. Interpreta nuestro goce: Méjico republicana Tendrá siempre por hermana La España de Alfonso Doce.
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Esforzóse pobre luz A contrahacer el Norte, A ser piloto el deseo, A ser farol una torre. Atrevióse a ser Aurora Una boca a media noche, A ser bajel un amante, Y dos ojos a ser Soles. Embarcó todas sus llamas El Amor en este joven, Y caravana de fuego, Navegó Reinos Salobres. Nuevo prodigio del Mar Le admiraron los Tritones; Con centellas, y no escamas, El agua le desconoce. Ya el Mar le encubre enojado, Ya piadoso le socorre, Cuna de Venus le mece, Reino sin piedad le esconde. Pretensión de mariposa Le descaminan los Dioses: Intentos de Salamandra Permiten que se malogren. Si llora, crece su muerte, Que aun no le dejan que llore; Si ella suspira, le aumenta Vientos que le descomponen. Armó el estrecho de Abido, Juntaron vientos feroces Contra una vida sin alma Un ejército de montes: Indigna hazaña del Golfo, Siendo amenaza del Orbe, Juntarse con un Cuidado Para contrastar un hombre. Entre la luz y la muerte La vista dudosa pone; Grandes Volcanes suspira Y mucho piélago sorbe. Pasó el mar en un gemido Aquel espíritu noble: Ofensa le hizo Neptuno, Estrella le hizo Jove, De los bramidos del Ponto Hero formaba razones, Descifrando de la orilla La confusión en sus voces. Murió sin saber su muerte, Y expiraron tan conformes, Que el verle muerto añadió La ceremonia del golpe. De piedad murió la luz, Leandro murió de amores, Hero murió de Leandro, Y Amor de envidia murióse.
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Hero y leandro
Puede ser muy posible que te enamores de ella. Que la beses con una intencional pasión, que al cielo derrita. Puede ser que le susurres “te quiero” por doquier, de que tu barbilla, se refugie en ella, buscando aliento y calma, tratando con toda tu fuerza desprenderte de ese recuerdo que te acosa. Pero hay un desacuerdo entre tu piel, corazón y garganta. Cada vez que tú barba le acercas, tu garganta se atranca. Tus labios sienten una amenaza, cuando intenta ella salvarte a besos. Tu piel en un acto de rebeldía, se impone y se pasma. Puede ella ser una gran amante, mas fui yo para tu cuerpo un santuario sagrado. Puedes tener necesidad de ella, de acariciarla y comenzar de nuevo, pero cuando sus cuerpos se enlazan, sientes mis manos acariciando tu pecho. Puede ser, que sea ella hoy dueña de tu cuerpo, mas yo existo en ese espacio, entre tu garganta y tu pecho. LeydisProse 11/22/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Nov 23, 2017
Nov 23, 2017 at 3:44 PM UTC
Puede ser posible (pero mi recuerdo, te invade)
De la suma de cosas del orbe ilimitado vislumbramos apenas una que otra. El olvido y el azar nos despojan. Para el niño que he sido, el Perú fue la historia que Prescott ha salvado. Fue también esa clara palangana de plata que pendió del arzón de una silla y el mate de plata con serpientes arqueadas y el embate de las lanzas que tejen la batalla escarlata. Fue después una playa que el crepúsculo empaña y un sigilo de patio, de enrejado y de fuente, y unas líneas de Eguren que pasan levemente y una vasta reliquia de piedra en la montaña. Vivo, soy una sombra que la Sombra amenaza; moriré y no habré visto mi interminable casa.
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El perú
encerrado en las cuatro paredes de la caverna de mis ideas, me siento al borde de la cama que sirve de máquina del tiempo. me lleva a sitios que me reconfortan de momento, pero que prefiero no visitar. Pues son memorias de tiempos hermosos que no volverán y los abrazos se trasforman en puñales que atraviesan mis carnes y rompen mis huesos, y luego quedo moribundo y tirado en el piso en este bosque lleno de lobos famélicos que llaman vida. En búsqueda de sembrar nuevos árboles, esperando que florezcan la próxima primavera, y que el otoño no sea tan feroz y les permita conservar algunas flores. Pero un inconveniente tras otro, pues resulta que las semillas están en el pasado, en las viejas plazas que no me gusta visitar por miedo a los fantasmas de quienes yo mismo maté. Aún así me sumerjo, porque la promesa de un nuevo bosque fresco que me de sombra y me conforte es más grande que la amenaza de unas sombras que me temen más de lo que yo les temo a ellas.
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Aug 23, 2018
Aug 23, 2018 at 10:01 PM UTC
Jardinero
Siempre alguna mujer me llevó de la nariz (para no hacer mención de otros apéndices). Anillado como un mono doméstico, salté de cama en cama. ¡Cuánta zalema alegre, qué equilibrios tan altos y difíciles, qué acrobacias tan ágiles, qué risa! Aunque era un espectáculo hilarante, hubo quien se dolió de mis piruetas, lo cual no es nada extraño: en semejante trance yo mismo me rompí el alma en más de una ocasión. Es una pena que esos golpes que, entregados al júbilo del vuelo, entonces casi no sentimos, algunas tardes ahora, en el otoño, cuando amenaza lluvia y viene el frío, nos vuelvan a doler tanto en el alma; renovado dolor que no permite reconciliar el sueño interrumpido. En esas condiciones no hay alivio posible: ni el bálsamo falaz de la nostalgia, ni el más firme consuelo del olvido.
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Artritis metafísica
Dulce hebrea, desclava mi tránsito de arcilla; desclava mi tensión nerviosa y mi dolor... Desclava, amada eterna, mi largo afán y los dos clavos de mis alas y el clavo de mi amor! Regreso del desierto donde he caído mucho; retira la cicuta y obséquiame tus vinos!: espanta con un llanto de amor a mis sicarios, cuyos gestos son férreas fieras de Longinos! Desclávame mis clavos, oh nueva madre ,mía, Sinfonía de olivos, escancia tu llorar! Y has de esperar, sentada junto a mi carne muerta, cuál cede la amenaza, y la alondra se va! Pasas... vuelves... Tus lutos trenzan mi gran cilicio con gotas de curare, filos de humanidad, la dignidad roquera que hay en tu castidad, y el judithesco azogue de tu miel interior. Son las ocho de la mañana de un crema brujo... Hay frío... Un perro pasa royendo el hueso de otro perro que fue... Y empieza a llorar en mis nervios un fósforo que en cápsulas de silencio apaguél Y en mi alma hereje canta su dulce fiesta asiática un dionisiaco hastío de café...!
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Nervazón de angustia
Oh amor, oh rayo loco y amenaza purpúrea, me visitas y subes por tu fresca escalera el castillo que el tiempo coronó de neblinas, las pálidas paredes del corazón cerrado. Nadie sabrá que sólo fue la delicadeza construyendo cristales duros como ciudades y que la sangre abría túneles desdichados sin que su monarquía derribara el invierno. Por eso, amor, tu boca, tu piel, tu luz, tus penas, fueron el patrimonio de la vida, los dones sagrados de la lluvia, de la naturaleza que recibe y levanta la gravidez del grano, la tempestad secreta del vino en las bodegas, la llamarada del cereal en el suelo.
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Soneto xxxvii
No sientes también el peligro en la carcajada del mar? No ves en la seda sangrienta de la amapola una amenaza? No ves que florece el manzano para morir en la manzana? No lloras rodeado de risa con las botellas del olvido?
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Xxxix
En esta noche mi reloj jadea junto a la sien oscurecida, como manzana de revólver que voltea bajo el gatillo sin hallar el plomo. La luna blanca, inmóvil, lagrimea, y es un ojo que apunta... Y siento cómo se acuña el gran Misterio en una idea hostil y ovoidea, en un bermejo plomo. Ah, mano que limita, que amenaza tras de todas las puertas, y que alienta en todos los relojes, cede y pasa! Sobre la araña gris de tu armazón, otra gran Mano hecha de luz sustenta un plomo en forma azul de corazón.
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Unidad
distraídos por el humo que emanamos nos dejamos al vacío puro que no es más que esta cama fría la sabana se despierta con la brisa que mueve las ramas y no son sino tus ideas huyendo de la fría mano del tiempo que arremete con fuerza y amenaza con despedazarnos como estatuas de sal fina
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Dec 4, 2018
Dec 4, 2018 at 11:20 PM UTC
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