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"agobio" poems
He ahorrado amistades para los tiempos negros. Las querencias las he acumulado para los momentos del odio. También los buenos recuerdos los cargo en el bolsillo para épocas de olvido y agobio. Sin embargo...a veces ni las amistades, ni las querencias, ni los recuerdos son suficientes para apartar la pálida tristeza que llega y me habita, rígida como el mármol, aletargadora, mientras del brazo de las nubes pasean los pájaros en la tarde sin horas. Jorge Gómez A.
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Jun 29, 2012
Jun 29, 2012 at 8:52 AM UTC
ECONOMÍAS Y DESPILFARROS
Defender la alegría como una trinchera defenderla del escándalo y la rutina de la miseria y los miserables de las ausencias transitorias y las definitivas defender la alegría como un principio defenderla del pasmo y las pesadillas de los neutrales y de los neutrones de las dulces infamias y los graves diagnósticos defender la alegría como una bandera defenderla del rayo y la melancolía de los ingenuos y de los canallas de la retórica y los paros cardiacos de las endemias y las academias defender la alegría como un destino defenderla del fuego y de los bomberos de los suicidas y los homicidas de las vacaciones y del agobio de la obligación de estar alegres defender la alegría como una certeza defenderla del óxido y la roña de la famosa pátina del tiempo del relente y del oportunismo de los proxenetas de la risa defender la alegría como un derecho defenderla de dios y del invierno de las mayúsculas y de la muerte de los apellidos y las lástimas del azar                   y también de la alegría
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Defensa de la alegría
Yo seguiré soñando mientras pasa la vida, y tú te irás borrando lentamente en mi sueño. Un año y otro año caerán como hojas secas de las ramas del árbol milenario del tiempo, y tu sonrisa, llena de claridad de aurora, se alejará en la sombra creciente del recuerdo. Yo seguiré soñando mientras pasa la vida, y quizás, poco a poco, dejaré de hacer versos, bajo el ****** agobio de la rutina diaria, de las desilusiones y los aburrimientos. Tú, que nunca soñaste más que cosas posibles, dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo. Acaso nos veremos un día, casualmente, al cruzar una calle, y nos saludaremos. Yo pensaré quizás: «Qué linda es, todavía». Tú, quizás pensarás: «Se está poniendo viejo». Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo, o con otra. O tú irás con un hijo que debiera ser nuestro. Y seguirá muriendo la vida, año tras año, igual que un río oscuro que corre hacia el silencio. Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto, o una canción de entonces me traerá tu recuerdo. Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas, pensaré en ti un instante, pero cada vez menos. Y pasará la vida. Yo seguiré soñando, pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño. Yo ya te habré olvidado definitivamente, y sobre mis rodillas retozarán mis nietos. Y quizás, para entonces, al cruzar una calle, nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos. Y una tarde de sol me cubrirán de tierra, las manos, para siempre, cruzadas sobre el pecho. Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos, te pasarás las horas bostezando y tejiendo. Y cada primavera renacerán las rosas, aunque ya tú estés vieja, y aunque yo me haya muerto.
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Elegía para ti y para mí
Yo seguiré soñando mientras pasa la vida, y tú te irás borrando lentamente en mi sueño. Un año y otro año caerán como hojas secas de las ramas del árbol milenario del tiempo, y tu sonrisa, llena de claridad de aurora, se alejará en la sombra creciente del recuerdo. Yo seguiré soñando mientras pasa la vida, y quizás, poco a poco, dejaré de hacer versos, bajo el ****** agobio de la rutina diaria, de las desilusiones y los aburrimientos. Tú, que nunca soñaste más que cosas posibles, dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo. Acaso nos veremos un día, casualmente, al cruzar una calle, y nos saludaremos. Yo pensaré quizás: «Qué linda es, todavía». Tú, quizás pensarás: «Se está poniendo viejo». Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo, o con otra. O tú irás con un hijo que debiera ser nuestro. Y seguirá muriendo la vida, año tras año, igual que un río oscuro que corre hacia el silencio. Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto, o una canción de entonces me traerá tu recuerdo. Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas, pensaré en ti un instante, pero cada vez menos. Y pasará la vida. Yo seguiré soñando, pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño. Yo ya te habré olvidado definitivamente, y sobre mis rodillas retozarán mis nietos. Y quizás, para entonces, al cruzar una calle, nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos. Y una tarde de sol me cubrirán de tierra, las manos, para siempre, cruzadas sobre el pecho. Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos, te pasarás las horas bostezando y tejiendo. Y cada primavera renacerán las rosas, aunque ya tú estés vieja, y aunque yo me haya muerto.
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¿Qué la sostiene, entreabierta claridad anochecida luz por los jardines suelta? Todas las ramas, vencidas por un agobio de pájaros hacia lo obscuro se inclinan. Sobre las bardas -intactos: todavía resplandores- instantes ensimismados. Para recibir la noche se cambian las arboledas en callados surtidores. Cae un pájaro, la yerba ensombrece, los confines se borran, la cal es negra, el mundo es menos creíble.
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Un anochecer