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"abran" poems
¡Cállate, por Dios, que tú no vas a saber decírmelo! ¡Deja que abran todos mis sueños y todos mis lirios! Mi corazón oye bien la letra de tu cariño... El agua lo va temblando entre las flores del río; lo va soñando la niebla, lo están cantando los pinos -y la luna rosa- y el corazón de tu molino... ¡No apagues, por Dios, la llama que arde dentro de mí mismo! ¡Cállate, por Dios, que tú no vas a saber decírmelo!
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La estrella del pastor
Déjenlas ir a sus casas Sanas y salvas. Paren la contaminación En nuestras personas. Nuestros niños están llorando Pero hay silencio en los campos Nuestras personas Tienen hambre Déjanlas comer Nuestras personas Tienen sed Déjanlas beber ?Que están haciendo? Ustedes beben con vasos de cristal Pero nuestras personas Beben con las latas sucias. Nosotros estamos hacienda una función Pero el público es ciego Y algunas cierran los ojos Abran los ojos Las pesticidas están matándonos Paren Y no les importa Tenemos el poder De levantarnos. Vamos a trabajar Para nuestra libertad. !Den la libertad!
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Jun 1, 2011
Jun 1, 2011 at 6:32 PM UTC
nuestras personas
Me gusta ver el cielo con negros nubarrones y oír los aquilones horrísonos bramar, me gusta ver la noche sin luna y sin estrellas, y sólo las centellas la tierra iluminar. Me agrada un cementerio de muertos bien relleno, manando sangre y cieno que impida el respirar; y allí un sepulturero de tétrica mirada con mano despiadada los cráneos machacar. Me alegra ver la bomba caer mansa del cielo, inmóvil en el suelo, sin mecha al parecer, y luego embravecida que estalla y que se agite y rayos mil vomite y muertos por doquier. Que el trueno me despierte con su ronco estampido, y al mundo adormecido le haga estremecer; que rayos cada instante caigan sobre él sin cuento, que se hunda el firmamento me agrada mucho ver. La llama de un incendio que corra devorando escombros apilando quisiera yo encender; tostarse allí un anciano, volverse todo tea, oír como vocea, ¡qué gusto!, ¡qué placer! Me gusta una campiña de nieve tapizada, de flores despojada, sin fruto, sin verdor, ni pájaros que canten, ni sol haya que alumbre y sólo se vislumbre la muerte en derredor. Allá, en sombrío monte, solar desmantelado, me place en sumo grado la luna al reflejar; moverse las veletas con áspero chirrido igual al alarido que anuncia el expirar. Me gusta que al Averno lleven a los mortales y allí todos los males les hagan padecer; les abran las entrañas, les rasguen los tendones, rompan los corazones sin de ellos caso hacer. Insólita avenida que inunda fértil vega, de cumbre en cumbre llega, y llena de pavor, se lleva los ganados y las vides, sin pausa, y estragos miles causa ... ¡qué gusto!, ¡qué placer! Las voces y las risas, el juego, las botellas, en torno de las bellas alegres apurar; y en sus bocas lascivas, un beso a cada trago con voluptuoso halago alegres estampar. Romper después las copas, los platos, las barajas, y, abiertas las navajas, buscando el corazón, oír luego los brindis mezclados con quejidos que lanzan los heridos en llanto y confusión. Quisiera ver al uno que arrastra un intestino, y al otro pedir vino muriendo en un rincón; y otros, ya borrachos, en trino desusado cantar a Dios sagrado impúdica canción. Y mientras las queridas tendidas en los lechos, sin chales en los pechos y flojo el cinturón, mostrando sus encantos, sin orden el cabello, al aire el muslo bello. ¡Qué gozo! ¡Qué ilusión!
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La desesperación
Me gusta ver el cielo con negros nubarrones y oír los aquilones horrísonos bramar, me gusta ver la noche sin luna y sin estrellas, y sólo las centellas la tierra iluminar. Me agrada un cementerio de muertos bien relleno, manando sangre y cieno que impida el respirar; y allí un sepulturero de tétrica mirada con mano despiadada los cráneos machacar. Me alegra ver la bomba caer mansa del cielo, inmóvil en el suelo, sin mecha al parecer, y luego embravecida que estalla y que se agite y rayos mil vomite y muertos por doquier. Que el trueno me despierte con su ronco estampido, y al mundo adormecido le haga estremecer; que rayos cada instante caigan sobre él sin cuento, que se hunda el firmamento me agrada mucho ver. La llama de un incendio que corra devorando escombros apilando quisiera yo encender; tostarse allí un anciano, volverse todo tea, oír como vocea, ¡qué gusto!, ¡qué placer! Me gusta una campiña de nieve tapizada, de flores despojada, sin fruto, sin verdor, ni pájaros que canten, ni sol haya que alumbre y sólo se vislumbre la muerte en derredor. Allá, en sombrío monte, solar desmantelado, me place en sumo grado la luna al reflejar; moverse las veletas con áspero chirrido igual al alarido que anuncia el expirar. Me gusta que al Averno lleven a los mortales y allí todos los males les hagan padecer; les abran las entrañas, les rasguen los tendones, rompan los corazones sin de ellos caso hacer. Insólita avenida que inunda fértil vega, de cumbre en cumbre llega, y llena de pavor, se lleva los ganados y las vides, sin pausa, y estragos miles causa ... ¡qué gusto!, ¡qué placer! Las voces y las risas, el juego, las botellas, en torno de las bellas alegres apurar; y en sus bocas lascivas, un beso a cada trago con voluptuoso halago alegres estampar. Romper después las copas, los platos, las barajas, y, abiertas las navajas, buscando el corazón, oír luego los brindis mezclados con quejidos que lanzan los heridos en llanto y confusión. Quisiera ver al uno que arrastra un intestino, y al otro pedir vino muriendo en un rincón; y otros, ya borrachos, en trino desusado cantar a Dios sagrado impúdica canción. Y mientras las queridas tendidas en los lechos, sin chales en los pechos y flojo el cinturón, mostrando sus encantos, sin orden el cabello, al aire el muslo bello. ¡Qué gozo! ¡Qué ilusión!
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Seras mía lo se, la noche nunca acabara, los deseos prohibidos nos arrebataran, y en un instante de amor salvaje nuestros cuerpos se fundirán, acércate pequeña, es lo que siempre quisimos, las estrellas sonreirán, y como nunca la luna brillara, las olas del mar nos llevaran a lo desconocido, y volverá el calor a nuestros cuerpos adormecidos, escribiré mi nombre en cada parte de ti, no habrá manjar que no hallamos probado, no habrá lugar al que no hallamos ido, y en medio de la locura y el descuido, seremos dos almas salvajes, las amarguras se abran ido, ya no seré el forajido que vaga en sueños perdidos.
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Dec 4, 2012
Dec 4, 2012 at 2:31 PM UTC
El forajido
Por el molino del huerto Asciende una enredadera. El esqueleto de hierro Va a tener un chal de seda Ahora verde, azul más tarde Cuando llegue el mes de Enero Y se abran las campanillas Como puñados de cielo. Alma mía: ¡quién pudiera Vestirte de enredadera!
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La enredadera
Esta noche te cruzan verdes, rojas, azules, rapidísimas luces extrañas por los ojos. ¿Será tu alma? ¿Son luces de tu alma, si te miro? Letras son, nombres claros al revés, en tus ojos. Son nombres: Universum, se iluminan, se apagan, con latidos de luz de corazón. Universum. Miro; ya sé; ya leo: Universum cinema, ocho cilindros, saldo de blanco junto a las estrellas. Te quiero así inocente, toda ajena, palpitante en lo que está fuera de ti, tus ojos proclamando las vívidas verdades de colores de la noche. Las compraremos todas cuando se abran las tiendas, ahora mismo -Universum cinema-, cuando bese las luces de tu alma, sí, las luces, anuncios luminosos de la vida en la noche, en tus ojos.
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Y entretanto lloremos tomados de la mano. Lloremos. ¡Sí! Lloremos amargo llanto verde, sustancias minerales, azufre, mica, arena, cristales fracasados, humilladas tachuelas, ardientes lagrimones de lacre derretido. Lloremos junto al humo, desnudos, entre ruinas, en medio de la calle, de la sangre, del lodo, debajo de la tierra, en el agua, en el aire, entre mástiles rotos y piernas amputadas. Que se abran las esclusas del reprimido llanto y lloremos, a gritos estentóreos, salvajes, el mentón tembloroso, sin compás, ni guitarra, las mejillas chorreantes, los párpados acuosos. Lloremos la familia, el vino derramado, las momias, la victoria, las plazas desoladas, la usura, el terciopelo, el pan de cada día, las noches gemebundas, las muertas catedrales. Lloremos por las uñas, por los pies, por los dientes, lacios chorros tranquilos de lágrimas salobres, murmurantes arroyos que enternezcan las piedras, cataratas de llanto de estruendosos modales. Lloremos y lloremos, impudorosamente, sin tregua, ni descanso, durante largos años, por más que estalactitas de lágrimas espesas ericen las riberas de nuestros lagrimales. Lloremos, con la lluvia, un llanto monocorde que anegue la codicia, el pasto, las heridas; nos limpie la garganta, el alma, los bolsillos, traspase la tristeza, la angustia, la memoria. Lloremos. ¡Ah! Lloremos purificantes lágrimas, hasta ver disolverse el odio, la mentira, y lograr algún día -sin los ojos lluviosos- volver a sonreírle a la vida que pasa.
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A pleno llanto
Y entretanto lloremos tomados de la mano. Lloremos. ¡Sí! Lloremos amargo llanto verde, sustancias minerales, azufre, mica, arena, cristales fracasados, humilladas tachuelas, ardientes lagrimones de lacre derretido. Lloremos junto al humo, desnudos, entre ruinas, en medio de la calle, de la sangre, del lodo, debajo de la tierra, en el agua, en el aire, entre mástiles rotos y piernas amputadas. Que se abran las esclusas del reprimido llanto y lloremos, a gritos estentóreos, salvajes, el mentón tembloroso, sin compás, ni guitarra, las mejillas chorreantes, los párpados acuosos. Lloremos la familia, el vino derramado, las momias, la victoria, las plazas desoladas, la usura, el terciopelo, el pan de cada día, las noches gemebundas, las muertas catedrales. Lloremos por las uñas, por los pies, por los dientes, lacios chorros tranquilos de lágrimas salobres, murmurantes arroyos que enternezcan las piedras, cataratas de llanto de estruendosos modales. Lloremos y lloremos, impudorosamente, sin tregua, ni descanso, durante largos años, por más que estalactitas de lágrimas espesas ericen las riberas de nuestros lagrimales. Lloremos, con la lluvia, un llanto monocorde que anegue la codicia, el pasto, las heridas; nos limpie la garganta, el alma, los bolsillos, traspase la tristeza, la angustia, la memoria. Lloremos. ¡Ah! Lloremos purificantes lágrimas, hasta ver disolverse el odio, la mentira, y lograr algún día -sin los ojos lluviosos- volver a sonreírle a la vida que pasa.
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Mi crecido rosal Un rosal de pasiones está creciendo en mi jardín, trepándose están esas raíces cuando piensan en ti . Están muy crecidos mis rosales, necesito tus mágicas manos para que con amor y tu pericia en jardinería, recortes sus rebosadas ramas. Tus viriles aromas van humedeciendo mis paredes y como sol que va alimentando mi tierra, haces que en su proceso natural mis pétalos obedezcan y se va abran. Así como la transplantación de mi rosal rellenas mis huecos, cubriendo mis crecidas raíces con tus dedicación y tus besos. ¡Pronto amor! que mi rosal de pasión brota, que mis raíces se están desbordando, trepándose por cada esquina de mi desenfrenado deseo, por estar en tus brazos. LeydisProse 11/26/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Nov 26, 2017
Nov 26, 2017 at 2:37 PM UTC
Mis crecidos rosales