Como quisiera estar,
debajo del palo
de mango,
descansando sin
preocupación,
en una casa de madera
que se sentía como una mansión,
sin ventilación alguna,
solo abanicos de plástico
y la brisa mañanera.
Allí todavía no conocía
ciertas sombras,
ni llevaba en los hombros
nombres que me cuesta pronunciar.
Me extraño tanto
a veces, que empiezo
a extrañarte a ti.
El peso de las cosas malas
que he hecho me consume
en las noches sin dormir,
y cuando duermo sueño con
cuándo volveré a ser la primera
luz del día colándose entre las
hojas del palo de mango.