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Acuarimántima iii

Como en la vaguedad de un espejismo:

-¿qué sabes? -mi conciencia me interroga,

fluïda en llanto entre mi propio abismo.

 

Y miro el mar ardiente, el monte flavo

que suaviza el azul, la estrella límpida

rielando en el rocío del capullo;

y en sus cunas los cándidos infantes,

cazados con las redes del arrullo

por el sueño de manos hechizantes.

 

Y vuelto a mí, gimiendo el corazón:

-¿qué sabes? -vanamente me interrogo,

mudo, bajo la múltiple emoción.

 

Sólo un saber escondo claro y justo;

llévole como antorcha y como daga

en medio del cerrado laberinto;

en su vasta amplitud mi fe naufraga

y hallo en su anchura incómodo recinto.

 

Se oyen sordos, roncos lamentos,

y alzan sus puños en el vacío

los pensamientos.

 

¡Oh menguado saber, pobre riqueza

de formas en imágenes trocadas,

ley ondeante, ciencia que alucina,

que cada noche en el silencio empieza

y cada día con el sol culmina!

 

¡Oh menguado saber de la iracunda

vida que ante mis ojos se renueva,

germinal y cruël, ciega y profunda;

madre de los mil partos y el misterio

que al barro humilla y a Psiquis subleva!

 

Como ventana que el azul del cielo

circunscribe, se entreabren los sentidos.

¡Pobre, ruïn saber! Y, sin embargo,

la leve mariposa del anhelo

entra por la ventana sin ruïdos.

 

Cuaja en el corazón de la manzana

la dulzura estival; la mariposa

vuela del fondo de la carne humana.

¡Que al claro cielo

suba el anhelo!

 

Por ese vuelo, la heredad natía

canté, con ritmo del ideal retorno,

en la ingenua parábola temprana.

En el turquí del éter desleía

un nácar tenue mi primer mañana.

 

Por ese anhelo entre los acres pinos

y las rosas en llamas del ocaso,

al hablar dejo la palabra trunca:

el tiempo es breve y el vigor escaso,

y la Amada ideal no vino nunca.

 

Por ese anhelo, en rimas balbucientes

canto el rojo camino que a la tarde

se pinta en la montaña evocadora,

o a la vívida luz del sol temprano,

como una obsesión conturbadora

de sangre y sangre en el azul lejano.

 

Y por él amo, en fin, y por él sueño

con una honda transfusión divina

de la luz en mi carne de tortura,

¡puesto que está la estrella vespertina

sobre el horror de esta prisión oscura!

 

Columpia el mar su cauda nacarina,

y en ustorios relámpagos de espejos

esplende en bruma de ópaco la carne de la ondina.

Y fluye Acuarimántima a lo lejos...

Written by
Porfirio Barba Jacob
1883-1942 / Male / Colombian
Lines·Words
65·410
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