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Nostalgias imperiales

En los paisajes de Mansiche labra

imperiales nostalgias el crepúsculo;

y lábrase la raza en mi palabra,

como estrella de sangre a flor de músculo.

El campanario dobla... No hay quien abra

la capilla... Diríase un opúsculo

bíblico que muriera en la palabra

de asiática emoción de este crepúsculo.

Un poyo con tres patas, es retablo

en que acaban de alzar labios en coro

la eucaristía de una chicha de oro.

Más allá de los ranchos surge al viento

el humo oliendo a sueño y a establo,

como si se exhumara un firmamento.

La anciana pensativa, cual relieve

de un bloque pre-incaico, hila que hila;

en sus dedos de Mama el huso leve

la lana gris de su vejez trasquila.

Sus ojos de esclerótica de nieve

un ciego sol sin luz guarda y mutila...!

Su boca está en desdén, y en calma aleve

su cansancio imperial tal vez vigila.

Hay ficus que meditan, melenudos

trovadores incaicos en derrota,

la rancia pena de esta cruz idiota,

en la hora en rubor que ya se escapa,

y que es lago que suelda espejos rudos

donde náufrago llora Manco-Cápac.

Como viejos curacas van los bueyes

camino de Trujillo, meditando...

Y al hierro de la tarde, fingen reyes

que por muertos dominios van llorando.

En el muro de pie, pienso en las leyes

que la dicha y la angustia van trocando:

ya en las viudas pupilas de los bueyes

se pudren sueños qué no tienen cuándo.

La aldea, ante su paso, se reviste

de un rudo gris, en que un mugir de vaca

se aceita en sueño y emoción de huaca.

Y en el festín del cielo azul yodado

gime en el cáliz de la esquila triste

un viejo corequenque desterrado.

La Grama mustia, recogida, escueta

ahoga no sé qué protesta ignota:

parece el alma exhausta de un poeta,

arredrada en un gesto de derrota.

La Ramada ha tallado su silueta,

cadavérica jaula, sola y rota,

donde mi enfermo corazón se aquieta

en un tedio estatual de terracota.

Llega el canto sin sal del mar labrado

en su máscara bufa de canalla

que babea y da tumbos, ahorcado!

La niebla hila una venda al cerro lila

que en ensueños miliarios se enmuralla,

como un huaco gigante que vigila.

Written by
César Vallejo
1892-1938 / Male / Peruvian
Lines·Words
56·374
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