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Alucinación en salamanca

¿En dónde estás, por dónde

te hallaré, sombra, sombra,

sombra?...

 

                    Pisé las piedras,

las modelé con sol

y con tristeza. Supe

que había allí un secreto

de paz, un corazón

latiendo para mí.

 

Y qué serías, sombra,

sombra, sombra; qué nombre,

y qué forma, y qué vida

serías, sombra. Y cómo

podías no ser vida,

no tener forma y nombre

 

Sombra: bajo las piedras,

bajo tanta mudez

-dureza y levedad,

oro y hierba-, qué, quién

me solicita, qué

me dice, de qué modo

entenderlo... (no encuentro

las llaves). Sombra, sombra,

sombra... Cómo entenderlo

y nacerlo...

 

                    De pronto,

deslumbradoramente,

el agua cristaliza

en diamante... Una súbita

revelación...

 

                          Azul:

en el azul estaba,

en la hoguera celeste,

en la pulpa del día,

la clave Ahora recuerdo:

he vuelto a Italia. Azul,

azul, azul era ésa

la palabra (no sombra,

sombra, sombra) Recuerdo

 

ya -con qué claridad-

lo que he soñado siempre

sin sospecharlo. He vuelto

a Italia, a la aventura

de la serenidad,

del equilibrio, de

la belleza, la gracia,

la medida...

 

                          Por estas

plazas que el sol desnuda

cada mañana, el alma

ha navegado, limpia

y ardiente. Pero dime,

azul (¿o hablo a la sombra?),

qué dimensión le prestas

a esta hora mía; quién

arrebató las alas

a la vida. Y quién fue

que yo no sé. Y quién fui

el que ha vivido instantes

que yo recuerdo ahora.

Qué, alma mía, en qué cuerpo,

que no era mío, anduvo

por aquí, devanando

amor, entre oleadas

de piedra, entre oleadas

encendidas (las olas

rompían y embestían

contra las torres peñas)...

 

Entre oleadas... Olas...

Gris... Olas... Sombra...He vuelto

a olvidar la palabra

reveladora. Playas...

Olas... Sombra... Hubo algo

que era armonía, un sitio

donde estoy... (sombra, sombra,

sombra), donde no estoy.

No: la palabra no era sombra.

 

El fulgor del cielo,

la piedra rosa, han vuelto

a su mudez. Están

ante mí. Los contemplo,

y, sin embargo, ya

no están. El equilibrio,

la armonía, la gracia

no están. Ay, sombra, sombra

(y tanta claridad).

 

Quién disipó el lugar

(o el tiempo) que me daba

su sangre, el que escondía

el lugar (o era el tiempo)

no vivido. Y por qué

recuerdo lo que ha sido

vivido por mi cuerpo

y mi alma. Qué hace

aquí, por mi memoria,

este avión roto, un viejo

Junker, bajo la luna

de diciembre. La niebla,

la escarcha, aquel camino

hasta el silencio, aquella

mar que estaba anunciando

este mismo momento

que no es tampoco mío.

 

Quién sabe qué decían

las olas de esta piedra.

Quién sabe lo que hubiera

-antes- dicho esta piedra

si yo hubiese acertado

la palabra precisa

que pudo descuajarla

del futuro. Cuál era

-ayer- esa palabra

nunca dicha. Cuál es

esa palabra de hoy,

que ha sido pronunciada,

que ha ardido al pronunciarla,

y que ha sido perdida

definitivamente

Written by
José Hierro
1922-2002 / Male / Spanish
Lines·Words
118·467
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