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Inmortalidad

A la luz de la tarde moribunda

Recorro el olvidado cementerio,

Y una dulce piedad mi pecho inunda

Al pensar de la muerte en el misterio.

 

Del occidente a las postreras luces

Mi errabunda mirada sólo advierte

Los toscos leños de torcidas cruces,

Despojos en la playa de la Muerte.

 

De madreselvas que el Abril enflora,

Cercado humilde en torno se levanta,

Donde vierte sus lágrimas la aurora,

Y donde el ave, por las tardes, canta.

 

Corre cerca un arroyo en hondo cauce

Que a trechos lama verdinegra viste,

Y de la orilla se levanta un sauce,

Cual de la Muerte centinela triste.

 

Y al oír el rumor en la maleza,

Mi mente inquiere, de la sombra esclava,

Si es rumor de la vida que ya empieza,

O rumor de la vida que se acaba.

 

«¿Muere todo?» me digo. En el instante

Alzarse veo de las verdes lomas,

Para perderse en el azul radiante,

Una blanca bandada de palomas.

 

Y del bardo sajón el hondo verso,

Verso consolador, mi oído hiere:

No hay muerte porque es vida el universo;

Los muertos no están muertos...  ¡Nada muere!

¡No hay muerte! ¡todo es vida!...

                                                     

El sol que ahora,

Por entre nubes de encendida grana

Va llegando al ocaso, ya es aurora

Para otros mundos, en región lejana.

 

Peregrina en la sombra, el alma yerra

Cuando un perdido bien llora en su duelo.

Los dones de los cielos a la tierra

No mueren... ¡Tornan de la tierra al cielo!

Si ya llegaron a la eterna vida

Los que a la sima del sepulcro ruedan,

Con júbilo cantemos su partida,

¡Y lloremos más bien por los que quedan!

 

Sus ojos vieron, en la tierra, cardos,

Y sangraron sus pies en los abrojos...

¡Ya los abrojos son fragantes nardos,

Y todo es fiesta y luz para sus ojos!

 

Su pan fue duro, y largo su camino,

Su dicha terrenal fue transitoria...

Si ya la muerte a libertarlos vino,

¿Porqué no alzarnos himnos de victoria?

La dulce faz en el hogar querida,

Que fue en las sombras cual polar estrella:

La dulce faz, ausente de la vida,

¡Ya sonríe más fúlgida y más bella!

 

La mano que posada en nuestra frente,

En horas de dolor fue blanda pluma,

Transfigurada, diáfana, fulgente,

Ya como rosa de Sarón perfuma.

 

Y los ojos queridos, siempre amados,

Que alegraron los páramos desiertos,

Aunque entre sombras los miréis cerrados,

¡Sabed que están para la luz abiertos!

 

Y el corazón que nos amó, santuario

De todos nuestros sueños terrenales,

Al surgir de la noche del osario,

Es ya vaso de aromas edenales.

 

Para la nave errante ya hay remanso;

Para la mente humana, un mundo abierto;

Para los pies heridos... ya hay descanso,

Y para el pobre náufrago... ya hay puerto.

No hay muerte, aunque se apague a nuestros ojos

Lo que dio a nuestra vida luz y encanto;

¡Todo es vida, aunque en míseros despojos

Caiga en raudal copioso nuestro llanto!

 

No hay muerte, aunque a la tumba a los que amamos

(La frente baja y de dolor cubiertos),

Llevemos a dormir... y aunque creamos

Que los muertos queridos están muertos.

 

Ni fue su adiós eterna despedida...

Como buscando un sol de primavera

Dejaron las tinieblas de la vida

Por nueva vida, en luminosa esfera.

 

Padre, madre y hermanos, de fatigas

En el mundo sufridos compañeros,

Grermen fuisteis ayer... ¡hoy sois espigas,

Espigas del Señor en los graneros!

 

Dejaron su terrena vestidura

Y ya lauro inmortal radia en sus frentes;

Y aunque partieron para excelsa altura,

Con nosotros están... no están ausentes!

Son luz para el humano pensamiento,

Rayo en la estrella y música en la brisa.

¿Canta el aura en las frondas?...  ¡Es su acento!

¿Una estrella miráis?...  ¡Es su sonrisa!

 

Por eso cuando en horas de amargura

El horizonte ennegrecido vemos,

Oímos como voces de dulzura

Pero de dónde vienen... ¡no sabemos!

 

¡Son ellos... cerca están!  Y aunque circuya

Luz eterna a sus almas donde moran

En el placer nuestra alegría es suya,

Y en el dolor, con nuestro llanto lloran.

 

A nuestro lado van.  Son luz y egida

De nuestros pasos débiles e inciertos

No hay muerte...  ¡Todo alienta, todo es vida!

¡Y los muertos queridos no están muertos!

 

Porque al caer el corazón inerte

Un mundo se abre de infinitas galas,

¡Y como eterno galardón, la Muerte

Cambia el sudario del sepulcro, en alas!

i
Written by
Ismael Enrique Arciniegas
Colombian
Lines·Words
109·727
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