Oh, estar enamorada vuelve a una mujer
demasiado comprensiva, diría yo.
Es una condena silenciosa
que recae, casi siempre,
en quienes tienen un alma bondadosa
y buen corazón, que cree —ingenuo—
que amar es salvar.
Y esa nobleza, tristemente,
suele extraviarse, porque la comprensión
—igual que el amor—
termina mal dirigida.
Se entrega a quienes no saben cuidar nada,
a quienes confunden ternura con permiso,
paciencia con sumisión,
amor con obligación.
Y nuestros corazones,
tan dispuestos a quedarse,
son pisoteados con risas,
con indiferencias afiladas,
con silencios que hieren más
que cualquier palabra sin pudor.
¡¡Ingratos que no conocen de culpa!!
Pobres mujeres,
levantando escombros ajenos,
sosteniendo lo que en otros se derrumba,
intentando reconstruir hombres
que jamás pidieron ser salvados.
Dándolo todo
a malagradecidos
que ni siquiera saben pronunciar un gracias
sin que les pese en la boca.
Me apenan.
Porque sí,
yo fui una de ellas.
Y no,
no, me parece justo.
No es justo que amar con honestidad
sea motivo de burla,
que termine siendo una condena.
Hay santas exhaustas
muriendo lentamente
por cabrones que no lo valen,
que no valen las lágrimas
nocturnas de incertidumbre,
ni la espera paciente,
ni el sacrificio silencioso
que realizan día tras día.
Oh, pobres damas,
qué equivocadas, nos hicieron sentir y
nos enseñaron a dudar de nosotras,
a creer que sentir tanto
era un defecto.
Cuando la verdad es esta,
clara y brutal:
merecemos algo mejor.
Un amor que no humille.
Que no pisotee.
Que no se burle de la entrega.
Un amor que sepa quedarse
sin rompernos
que nos valore y nos ame
igual que nosotras a ellos.
Y si no existe,
entonces también merecemos
la paz de no seguir
desangrándonos por nadie que no
valga la pena y no valore.
J. Felix
Dec 22, 2025
Dec 22, 2025 at 11:26 PM UTC
Oh, estar enamorada vuelve a una mujer
demasiado comprensiva, diría yo.
Es una condena silenciosa
que recae, casi siempre,
en quienes tienen un alma bondadosa
y buen corazón, que cree —ingenuo—
que amar es salvar.
Y esa nobleza, tristemente,
suele extraviarse, porque la comprensión
—igual que el amor—
termina mal dirigida.
Se entrega a quienes no saben cuidar nada,
a quienes confunden ternura con permiso,
paciencia con sumisión,
amor con obligación.
Y nuestros corazones,
tan dispuestos a quedarse,
son pisoteados con risas,
con indiferencias afiladas,
con silencios que hieren más
que cualquier palabra sin pudor.
¡¡Ingratos que no conocen de culpa!!
Pobres mujeres,
levantando escombros ajenos,
sosteniendo lo que en otros se derrumba,
intentando reconstruir hombres
que jamás pidieron ser salvados.
Dándolo todo
a malagradecidos
que ni siquiera saben pronunciar un gracias
sin que les pese en la boca.
Me apenan.
Porque sí,
yo fui una de ellas.
Y no,
no, me parece justo.
No es justo que amar con honestidad
sea motivo de burla,
que termine siendo una condena.
Hay santas exhaustas
muriendo lentamente
por cabrones que no lo valen,
que no valen las lágrimas
nocturnas de incertidumbre,
ni la espera paciente,
ni el sacrificio silencioso
que realizan día tras día.
Oh, pobres damas,
qué equivocadas, nos hicieron sentir y
nos enseñaron a dudar de nosotras,
a creer que sentir tanto
era un defecto.
Cuando la verdad es esta,
clara y brutal:
merecemos algo mejor.
Un amor que no humille.
Que no pisotee.
Que no se burle de la entrega.
Un amor que sepa quedarse
sin rompernos
que nos valore y nos ame
igual que nosotras a ellos.
Y si no existe,
entonces también merecemos
la paz de no seguir
desangrándonos por nadie que no
valga la pena y no valore.
J. Felix
Espero no sonar alterado Ja Ja XD
Posdata 1: Ah, si aplica para todos, no solo para las chicas, quiéranse tantito y no se rompan por una persona desgraciada ;)
Posdata 2: No, no estoy bajo los efectos del alcohol es la música de doña despechada haciendo de las suyas alertando ligeramente mis sentidos (¿Creo?)
