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Abomina el abuso de la gala de los disciplinantes

Deja la procesión, súbete al paso,

Íñigo; toma puesto en la coluna,

pues va azotando a Dios tu propio paso.

Las galas que se quitan sol y luna

te vistes, y, vilísimo gusano,

afrentas las estrellas una a una.

El hábito sacrílego y profano

en el rostro de Cristo juntar quieres

ron la infame saliva y con la mano.

Con tu sangre le escupes y le hieres;

con el beso de Judas haces liga,

y por escarnecer su muerte, mueres.

No es acción de piedad, sino enemiga,

a sangre y fuego perseguir a Cristo,

y quieres que tu pompa se lo diga.

No fue de los demonios tan bienquisto

el que le desnudó para azotalle,

como en tu cuerpo el traje que hemos visto,

pues menos de cristiano que de talle,

preciado con tu sangre malhechora,

la suya azotas hoy de calle en calle.

El sayón que de púrpura colora

sus miembros soberanos te dejara

el vil oficio, si te viera agora.

Él, mas no Jesucristo, descansara,

pues mudara verdugo solamente,

que más festivamente le azotara.

El bulto del sayón es más clemente:

él amaga el azote levantado,

tú le ejecutas, y el Señor le siente.

Menos vienes galán que condenado,

pues de la Cruz gracejas con desprecio,

bailarín y Narciso del pecado.

En tu espalda le hieres tú más recio

que el ministro en las suyas, y contigo

comparado, se muestra menos necio.

Él es de Dios, mas no de sí enemigo;

tú de Dios y de ti, pues te maltratas,

teniendo todo el cielo por castigo.

Vestido de ademanes y bravatas,

nueva afrenta te añades a la historia

de la pasión de Cristo, que dilatas.

¿No ves que solamente la memoria

de aquella sangre en que la Virgen pura

hospedó los imperios de la gloria,

el cerco de la Cruz en sombra obscura

desmaya la viveza de su llama

y apaga de la luna la hermosura?

La noche por los cielos se derrama,

vistiendo largo luto al firmamento;

el fuego llora, el Oceano brama,

gime y suspira racional el viento,

y, a falta de afligidos corazones,

los duros montes hacen sentimiento.

Y tú, cuyos delitos y traiciones

causan este dolor, das parabienes

de su misma maldad a los sayones.

Recelo que a pedir albricias vienes

desta fiereza al pueblo endurecido,

preciado de visajes y vaivenes.

Más te valiera nunca haber nacido

que aplaudir los tormentos del Cordero,

de quien te vemos lobo, no valido.

La habilidad del diablo considero

en hacer que requiebre con la llaga,

y por bien azotado, un caballero;

y en ver que el alma entera aquél le paga,

que capirote y túnica le aprueba,

mientras viene quien más cadera haga.

Y es invención de condenarse nueva

llevar la penitencia del delito

al mismo infierno que el delito lleva.

Desaliñado llaman al contrito,

pícaro al penitente y al devoto,

y sólo tiene séquito el maldito.

Dieron crédito al ruido y terremoto

los muertos, y salieron lastimados;

y cuando el templo ve su velo roto,

el velo, en que nos muestras tus pecados

transparentes, se borda y atavía,

de la insolencia pública preciados.

Considera que llega el postrer día

en que de este cadáver, que engalanas,

con asco y miedo, la alma se desvía;

y que de las cenizas que profanas,

subes al tribunal, que no recibe

en cuenta calidad y excusas vanas.

Allí verás cómo tu sangre escribe

proceso criminal contra tu vida,

donde es fiscal Verdad, que siempre vive.

Hallarás tu conciencia prevenida

del grito a que cerraste las orejas,

cuando en tu pecho predicó escondida.

Los suspiros, las ansias y las quejas

abrirán contra ti la negra boca

por el llanto de Cristo, que festejas.

¿Con qué [razón] podrá tu frente loca

invocar los azotes del Cordero,

si de ellos grande número te toca?

A los que Cristo recibió primero,

juntos verás los que después le diste

en competencia del ministro fiero.

A su Madre Santísima añadiste

el octava dolor, y en sus entrañas

cuchillo cada abrojo tuyo hiciste.

Acusaránte abiertas las montañas,

las piedras rotas, y a tan gran porfía

atenderán las furias más extrañas.

Y presto sobre ti verás el día

de Dios, y en tu castigo el desengaño

de tan facinorosa hipocresía.

La justicia de Dios reinará un año,

y en dos casas verás tus disparates

llorar su pena o padecer su daño.

Cristiano y malo, irás a los orates;

al Santo Oficio irás, si no lo fueres,

porque si no te enmiendas, te recates.

Y, crüenta oblación de las mujeres,

vivirás sacrificio de unos ojos

que te estiman, al paso que te hieres

y te llevan el alma por despojos.

f
Written by
Francisco de Quevedo y Villegas
Spanish
Lines·Words
121·771
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