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"zamora" poems
Imagine all the things I could have been And all the places I could have seen I should have married that girl From Bethnal Green A beauty queen So serene Until the day alcohol ruined my life Imagine all the books I could have read All those words now left unsaid I went out and got ****** instead Fell down the stairs and broke my leg 10 pints and I’m ready for bed The day alcohol ruined my life Mad for it Mondays Two for one Tuesdays Wet your whistle Wednesdays Thirsty Thursdays Back on the razz on Friday Just some of the days Alcohol ruined my life I could have been professional footballer One of the greats And the League’s top scorer Up there with Bobby Zamora Sponsored by Adidas and Diadora Scored an overhead kick From a ******* corner Until the day alcohol ruined my life I should have been a movie star Champagne and caviar Me and Arnie in the Terminator Sunset strip and the boulevard ******* hookers and fast cars Enough money to fly to Mars Until the day alcohol ruined my life The day alcohol ruined my life I lost my kids And lost my wife I woke up in East Fife On the day Alcohol ruined my life
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Jan 7, 2019
Jan 7, 2019 at 3:04 PM UTC
The Day Alcohol Ruined My Life
-¡Rey don Sancho, rey don Sancho!,   no digas que no te aviso, que de dentro de Zamora   un alevoso ha salido; llámase Vellido Dolfos,   hijo de Dolfos Vellido, cuatro traiciones ha hecho,   y con esta serán cinco. Si gran traidor fue el padre,   mayor traidor es el hijo. Gritos dan en el real:   -¡A don Sancho han mal herido! Muerto le ha Vellido Dolfos,   ¡gran traición ha cometido! Desque le tuviera muerto,   metiose por un postigo, por las calle de Zamora   va dando voces y gritos: -Tiempo era, doña Urraca,   de cumplir lo prometido.
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Romance del rey don sancho
-¡Afuera, afuera, Rodrigo,   el soberbio castellano! Acordársete debría   de aquel buen tiempo pasado que te armaron caballero   en el altar de Santiago, cuando el rey fue tu padrino,   tú, Rodrigo, el ahijado; mi padre te dio las armas,   mi madre te dio el caballo, yo te calcé espuela de oro   porque fueses más honrado; pensando casar contigo,   ¡no lo quiso mi pecado!, casástete con Jimena,   hija del conde Lozano; con ella hubiste dineros,   conmigo hubieras estados; dejaste hija de rey   por tomar la de un vasallo.  En oír esto Rodrigo   volvióse mal angustiado: -¡Afuera, afuera, los míos,   los de a pie y los de a caballo, pues de aquella torre mocha   una vira me han tirado!, no traía el asta hierro,   el corazón me ha pasado; ¡ya ningún remedio siento,   sino vivir más penado!
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Romance xiii en que doña urraca recuerda cuando el cid se criaba con ella en su palacio en zamora
¡Rey don Sancho, rey don Sancho,   ya que te apuntan las barbas, quien te las vido nacer   no te las verá logradas!       Don Fernando apenas muerto,    Sancho a Zamora cercaba, de un cabo la cerca el rey,   del otro el Cid la apremiaba. Del cabo que el rey la cerca   Zamora no se da nada; del cabo que el Cid la aqueja   Zamora ya se tomaba; corren las aguas del Duero   tintas en sangre cristiana. Habló el viejo Arias Gonzalo,   el ayo de doña Urraca: -Vámonos, hija, a los moros   dejad a Zamora salva, pues vuestro hermano y el Cid   tan mal os desheredaban.       Doña Urraca en tanta cuita   se asomaba a la muralla, y desde una torre mocha   el campo del Cid miraba.
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Romance xii de doña urraca, cercada en zamora
Por aquel postigo viejo que nunca fuera cerrado vi venir pendón bermejo con trescientos de caballo, en medio de los trescientos viene un monumento armado, y dentro del monumento viene un cuerpo de un finado Fernán d'Arias ha por nombre, fijo de Arias Gonzalo. Llorábanle cien doncellas, todas ciento hijasdalgo; todas eran sus parientas en tercero y cuarto grado, las unas le dicen primo, otras le llaman hermano, las otras decían tío otras lo llaman cuñado. Sobre todas lo lloraba aquesa Urraca Hernando, ¡y cuán bien que la consuela ese viejo Arias Gonzalo!: -Calledes, hija, calledes, calledes, Urraca Hernando, que si un hijo me han muerto, ahí me quedaban cuatro. No murió por las tabernas ni a las tablas jugando, mas murió sobre Zamora, vuestra honra resguardando.
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Romance de fernán d'arias, hijo de arias gonzalo
-Morir vos queredes, padre,   ¡San Miguel vos haya el alma! Mandastes las vuestra tierras   a quien se vos antojara: diste a don Sancho a Castilla,   Castilla la bien nombrada, a don Alfonso a ***   con Asturias y Sanabria, a don García a Galicia   con Portugal la preciada, ¡y a mí, porque soy mujer,   dejáisme desheredada! Irme he yo de tierra en tierra   como una mujer errada; mi lindo cuerpo daría   a quien bien se me antojara, a los moros por dinero   y a los cristianos de gracia; de lo que ganar pudiere,   haré bien por vuestra alma.   Allí preguntara el rey:   -¿Quién es esa que así habla? Respondiera el arzobispo:   -Vuestra hija doña Urraca. -Calledes, hija, calledes,   no digades tal palabra, que mujer que tal decía   merecía ser quemada. Allá en tierra leonesa   un rincón se me olvidaba, Zamora tiene por nombre,   Zamora la bien cercada, de un lado la cerca el Duero,   del otro peña tajada. ¡Quien vos la quitare, hija,   la mi maldición le caiga! Todos dicen: «Amen, amen»,   sino don Sancho que calla.
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Romance xi de la infanta doña urraca, que se fue para cabezón a quejarse muy malamente al rey su padre
Sobre el muro de Zamora;   vide un caballero erguido; al real de los castellanos   da con grande grito:   -¡Guarte, guarte, rey don Sancho,   no digas que no te aviso, que del cerco de Zamora   un traidor había salido; Vellido Dolfos se llama,   hijo de Dolfos Vellido, si gran traidor fue su padre,   mayor traidor es el hijo; cuatro traiciones ha hecho,   y con ésta serán cinco! Si te engaña, rey don Sancho,   no digas que no te aviso.   Gritos dan en el real:   ¡A don Sancho han mal herido! ¡Muerto le ha Vellido Dolfos;   gran traición ha cometido!   Desque le tuviera muerto,   metióse por un postigo, por las calle de Zamora   va dando voces y gritos:   -¡Tiempo era, doña Urraca,   de cumplir lo prometido!
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Romance xv del caballero leal zamorano y de vellido dolfos, que se salió de zamora para con falsedad hacerse vasallo del rey don sancho
Tristes van los zamoranos   metidos en gran quebranto; retados son de traidores,   de alevosos son llamados; más quieren todos ser muertos   que no traidores nombrados.   Día era de san Millán,   ese día señalado, todos duermen en Zamora,   mas no duerme Arias Gonzalo; aún no es bien amanecido   que el cielo estaba estrellado, castigando está a sus hijos,   a todos cuatro está armando, las palabras que les dice   son de mancilla y quebranto: -Yo he de lidiar el primero   con don Diego el castellano: si con mentira nos reta,   vencerle he y hágoos salvos; pero si cualquier traidor   hay entre los zamoranos, y él nos reta con verdad,   muerto quedaré en el campo. Morir quiero y no ver muerte   de hijos que tanto amo.   Las armas pide el buen viejo,   sus hijos le están armando, las grebas le están poniendo;   doña Urraca que allí ha entrado, llorando de los sus ojos   y el cabello destrenzado: -¿Para qué tomas las armas?   ¿Dónde vas, mi viejo amo: pues sabéis, si vos morís,   perdido es todo mi estado? ¡Acordaos que prometistes   a mi padre don Fernando de nunca desampararme   ni dejar de vuestra mano!   Caballeros de la infanta   a don Arias van rogando que les deje la batalla,   que la tomarán de grado; mas él sólo da sus armas   a su hijo don Fernando: -¡Dios vaya contigo, hijo,   la mi bendición te mando; ve a salvar los de Zamora;   como Cristo a los humanos!   Sin poner pie en el estribo   don Fernando ha cabalgado. Por aquel postigo viejo   galopando se ha alejado adonde estaban los jueces,   que ya le están esperando; partido les han el sol,   dejado les han el campo.
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Romance xviii cuenta cómo arias gonzalo se preparaba para lidiar el reto
Tristes van los zamoranos   metidos en gran quebranto; retados son de traidores,   de alevosos son llamados; más quieren todos ser muertos   que no traidores nombrados.   Día era de san Millán,   ese día señalado, todos duermen en Zamora,   mas no duerme Arias Gonzalo; aún no es bien amanecido   que el cielo estaba estrellado, castigando está a sus hijos,   a todos cuatro está armando, las palabras que les dice   son de mancilla y quebranto: -Yo he de lidiar el primero   con don Diego el castellano: si con mentira nos reta,   vencerle he y hágoos salvos; pero si cualquier traidor   hay entre los zamoranos, y él nos reta con verdad,   muerto quedaré en el campo. Morir quiero y no ver muerte   de hijos que tanto amo.   Las armas pide el buen viejo,   sus hijos le están armando, las grebas le están poniendo;   doña Urraca que allí ha entrado, llorando de los sus ojos   y el cabello destrenzado: -¿Para qué tomas las armas?   ¿Dónde vas, mi viejo amo: pues sabéis, si vos morís,   perdido es todo mi estado? ¡Acordaos que prometistes   a mi padre don Fernando de nunca desampararme   ni dejar de vuestra mano!   Caballeros de la infanta   a don Arias van rogando que les deje la batalla,   que la tomarán de grado; mas él sólo da sus armas   a su hijo don Fernando: -¡Dios vaya contigo, hijo,   la mi bendición te mando; ve a salvar los de Zamora;   como Cristo a los humanos!   Sin poner pie en el estribo   don Fernando ha cabalgado. Por aquel postigo viejo   galopando se ha alejado adonde estaban los jueces,   que ya le están esperando; partido les han el sol,   dejado les han el campo.
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Por aquel postigo viejo   que nunca fuera cerrado, vi venir pendón bermejo   con trescientos de caballo; en medio de los trescientos   viene un monumento armado, y dentro del monumento   viene un ataúd de palo, y dentro del ataúd   venía un cuerpo finado. Fernán d'Arias ha por nombre,   hijo de Arias Gonzalo. Llorábanle cien doncellas,   todas ciento hijasdalgo; todas eran sus parientas   en tercero y cuarto grado; las unas le dicen primo,   otras lo llaman hermano, las otras decían tío,   otras lo llaman cuñado. Sobre todas lo lloraba    aquesa Urraca Hernando, ¡y cuán bien que la consuela   ese viejo Arias Gonzalo! -¿Por qué lloráis, mis doncellas?   ¿por qué hacéis tan grande llanto? No lloréis así, señoras,   que no es para llorarlo, que si un hijo me han muerto,   ahí me quedaban cuatro. No murió por las tabernas,   ni a las tablas jugando, mas murió sobre Zamora,   vuestra honra resguardando; murió como un caballero   con sus armas peleando.
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Romance de fernán d'arias
Between the benign & the mundane, the tyrant squashed people like measly bugs, trashed their human rights, citizens disappeared in the middle of the night, pigs & neon flashes, dreams destroyed, scattering the saviors. The heroic, those ****** coups, & the pink tide won’t matter, we’re all going to where Hugo went anyways, imperialists with those Zamora-phytes.
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Mar 13, 2014
Mar 13, 2014 at 4:36 PM UTC
Where Hugo Went
Por aquel postigo viejo que nunca fuera cerrado vi venir seña bermeja con trescientos de caballo; un pendón traen sangriento, de ***** muy bien bordado, y en medio de los trescientos traen un cuerpo finado; Fernand Arias ha por nombre, hijo de Arias Gonzalo. A la entrada de Zamora un gran llanto es comenzado. Llorábanle cien doncellas, todas ciento hijasdalgo; sobre todas lo lloraba esa Infanta Urraca Hernando, ¡y cuán triste la consuela el buen viejo Arias Gonzalo!: -¡Callad, mi ahijada, callad, no hagades tan grande llanto; por un hijo que me han muerto, vivos me quedaban cuatro; que no murió entre las damas, ni menos tablas jugando, mas murió sobre Zamora, vuestra honra resguardando! ¡Ay de mí, viejo mezquino! ¡Quién no te hubiera criado, para verte, Fernand Arias, agora muerto en mis brazos! Ya tocaban las campanas, ya llevaban a enterrarlo allá en la iglesia mayor, junto al altar de Santiago, en una tumba muy rica, como requiere su estado.
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Romance xix del entierro de fernand arias
Por los puentes de Zamora, sola y lenta, iba mi alma. No por el puente de hierro, el de piedra es el que amaba. A ratos miraba al cielo, a ratos miraba al agua. Por los puentes de Zamora, sola y lenta, iba mi alma.
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Canción cinco