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"volvimos" poems
Extrañarte es uno de los peores sentimientos que puedo llegar a tener; no por el simple hecho de extrañarte, si no por saber que no puedo tenerte. No puedo tenerte porque sé que aunque te salude no regresarás conmigo. No puedo tenerte porque sé que aún cuando volvimos a platicar, ya no quisiste saber nada sobre mí. Te extraño y no creo que tú me extrañes, y si lo haces, sé que no harías algo para dejar de hacerlo mas que olvidarme.
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Aug 7, 2013
Aug 7, 2013 at 4:50 AM UTC
Extrañarte.
No puedo escribir. Trato de redactar, de escribir. Sentada en una mesa que pudo haber bien sido de cualquier otra persona menos mía. Mi vida es complicada. Tengo más problemas de los que una persona que se considera normal tendría usualmente y se que eso esta mal. Siempre he sido un poco más de lo anormal. Trato de estirar mis dedos sobre las teclas y en lo único que pienso es en que debe de haber una razón oculta por la cual aún no haya recaído. Veo mis brazos y los veo limpios, mi cabeza no lo esta tanto. Siempre he sido un poco sucia en ese aspecto. Busco tu aprobación por cada palabra que escribo. Un paso en falso y todo el texto tendrá que ser borrado. Necesito que vivas, necesito que me veas vivir. Ilógico, loco, pero cierto. Siempre he sido una persona extremadamente exagerada, pero no para esto. Trato de concentrarme en mirarte por menos tiempo de lo que debería y no puedo. Aveces me encuentro con los ojos clavados en tu nuca. Estas de espaldas, estas durmiendo. Yo floto por algún lugar de tu techo, techo que nos mira cada tarde. Ahí estoy, pero no estoy. ¿Estaré en tu cabeza? -Mi pequeño cerebro siempre dirá que no. Trato de contarle un cuento a los pequeño monstruos que viven dentro de este diminuto pero expandido cuerpo, y lo único que sale de mi boca son fragmentos de como te veías. Y sonrisas, muchas sonrisas. Hay veces en las que lo único que repito es tu nombre, y los bichos que me infestan se esconden, ¿Estará loca? -Nosotros la volvimos así. Trato de escribir, otra vez. Trato de encontrarle un sentido a lo que pienso y solo sale esto. Palabra tras palabra por tí. Sílaba por sílaba, medida y corregida en un lapso mayor al que usualmente mido. Siempre he sido una obsesiva, perdón por eso. Trato de redactar, pero solo redacto para tí.
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May 28, 2014
May 28, 2014 at 11:18 PM UTC
No puedo escribir
No puedo escribir. Trato de redactar, de escribir. Sentada en una mesa que pudo haber bien sido de cualquier otra persona menos mía. Mi vida es complicada. Tengo más problemas de los que una persona que se considera normal tendría usualmente y se que eso esta mal. Siempre he sido un poco más de lo anormal. Trato de estirar mis dedos sobre las teclas y en lo único que pienso es en que debe de haber una razón oculta por la cual aún no haya recaído. Veo mis brazos y los veo limpios, mi cabeza no lo esta tanto. Siempre he sido un poco sucia en ese aspecto. Busco tu aprobación por cada palabra que escribo. Un paso en falso y todo el texto tendrá que ser borrado. Necesito que vivas, necesito que me veas vivir. Ilógico, loco, pero cierto. Siempre he sido una persona extremadamente exagerada, pero no para esto. Trato de concentrarme en mirarte por menos tiempo de lo que debería y no puedo. Aveces me encuentro con los ojos clavados en tu nuca. Estas de espaldas, estas durmiendo. Yo floto por algún lugar de tu techo, techo que nos mira cada tarde. Ahí estoy, pero no estoy. ¿Estaré en tu cabeza? -Mi pequeño cerebro siempre dirá que no. Trato de contarle un cuento a los pequeño monstruos que viven dentro de este diminuto pero expandido cuerpo, y lo único que sale de mi boca son fragmentos de como te veías. Y sonrisas, muchas sonrisas. Hay veces en las que lo único que repito es tu nombre, y los bichos que me infestan se esconden, ¿Estará loca? -Nosotros la volvimos así. Trato de escribir, otra vez. Trato de encontrarle un sentido a lo que pienso y solo sale esto. Palabra tras palabra por tí. Sílaba por sílaba, medida y corregida en un lapso mayor al que usualmente mido. Siempre he sido una obsesiva, perdón por eso. Trato de redactar, pero solo redacto para tí.
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Como llegamos a la venta -desde donde, a lo hondo, se oye el río- desmontamos de las cabalgaduras: en las piedras cantaron los espolines canción de estrellas teñidas de sangre... -Ah de la venta! ah de la venta! Cantaron nuestras vozarrones. Luego cantaron canción de burbujas y de cristales, las copas traslúcidas. E inquirimos por el tesoro de la venta serrana: Ya se irá, ya se va, si no se ha ido... En la venta se cruzan vientos duros -la venta, en la garganta de la sierra desnuda-. Cantaba el viento, cantaba el viento. Allá en el fondo, a lo hondo, la línea del río y el treno del río. Luego de la canción de las burbujas cantó el fuego en las piedras del hogar. Cantaba la sangre peán de lujuria. Más tarde iban cantando las estrellas vigías, su silenciosa música. Y rezongaban preces las viejas de la venta... Tornamos a inquirir: -¿dónde está María-Luz, de los bezos de moras? Ya se irá, ya se va, si no se ha ido. Y volvimos a las cabalgaduras piafantes. La Cruz del Sur en la linde del monte y el cielo. Cantó el hierro en los cantos redondos. Callados iniciamos el descenso por el camino en caracoles y en escalas; por el camino en lumbre tamizada de violetas; por el camino en perfumes del viento que susurra; por el camino en perfumes ásperos del monte; por el camino en músicas de las aguas dormidas y de las aguas que se despeñan. De su prisión de vidrio verde saltó el claro cristal: gorjear de burbujas y del perfume del anís montañero. Íbamos silenciosos. Cada cual dialogaba tácitamente con su amigo de vidrio. Mas uno de nosotros -el viandante de la barba taheña- cantó, cantó (que taladró la noche con su voz recia) El Rey de los Alisos, malamente... E inquirió con voz más ruda: -¿qué se haría el tesoro de la venta? Ya se irá, ya se va, si no se ha ido... Tornó a cantar la voz de las burbujas y del claro cristal... Y al río, al fin, llegamos... -¿Si Nuño Ansúrez no nos pasa en la barca...? -Bah! da lo mismo!                                     -Bah! da lo mismo! Nueva canción de vidrio y de burbujas y fresco trasegar diamantes vívidos. Media noche. En las márgenes del río qué limpia media noche!                                             Esta es la selva de múrice y de oro!                                     Esta es la abierta vida innúmera! -¿Y qué se haría el tesoro de la venta? -¿Dónde está María-Luz, de ojos de hulla, de melena de hulla, y boca sombreada...? Ya se irá, ya se va, si no se ha ido...
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Relato de claudio monteflavo
Como llegamos a la venta -desde donde, a lo hondo, se oye el río- desmontamos de las cabalgaduras: en las piedras cantaron los espolines canción de estrellas teñidas de sangre... -Ah de la venta! ah de la venta! Cantaron nuestras vozarrones. Luego cantaron canción de burbujas y de cristales, las copas traslúcidas. E inquirimos por el tesoro de la venta serrana: Ya se irá, ya se va, si no se ha ido... En la venta se cruzan vientos duros -la venta, en la garganta de la sierra desnuda-. Cantaba el viento, cantaba el viento. Allá en el fondo, a lo hondo, la línea del río y el treno del río. Luego de la canción de las burbujas cantó el fuego en las piedras del hogar. Cantaba la sangre peán de lujuria. Más tarde iban cantando las estrellas vigías, su silenciosa música. Y rezongaban preces las viejas de la venta... Tornamos a inquirir: -¿dónde está María-Luz, de los bezos de moras? Ya se irá, ya se va, si no se ha ido. Y volvimos a las cabalgaduras piafantes. La Cruz del Sur en la linde del monte y el cielo. Cantó el hierro en los cantos redondos. Callados iniciamos el descenso por el camino en caracoles y en escalas; por el camino en lumbre tamizada de violetas; por el camino en perfumes del viento que susurra; por el camino en perfumes ásperos del monte; por el camino en músicas de las aguas dormidas y de las aguas que se despeñan. De su prisión de vidrio verde saltó el claro cristal: gorjear de burbujas y del perfume del anís montañero. Íbamos silenciosos. Cada cual dialogaba tácitamente con su amigo de vidrio. Mas uno de nosotros -el viandante de la barba taheña- cantó, cantó (que taladró la noche con su voz recia) El Rey de los Alisos, malamente... E inquirió con voz más ruda: -¿qué se haría el tesoro de la venta? Ya se irá, ya se va, si no se ha ido... Tornó a cantar la voz de las burbujas y del claro cristal... Y al río, al fin, llegamos... -¿Si Nuño Ansúrez no nos pasa en la barca...? -Bah! da lo mismo!                                     -Bah! da lo mismo! Nueva canción de vidrio y de burbujas y fresco trasegar diamantes vívidos. Media noche. En las márgenes del río qué limpia media noche!                                             Esta es la selva de múrice y de oro!                                     Esta es la abierta vida innúmera! -¿Y qué se haría el tesoro de la venta? -¿Dónde está María-Luz, de ojos de hulla, de melena de hulla, y boca sombreada...? Ya se irá, ya se va, si no se ha ido...
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Con un solo mirar, Cuenta me he dado, Que a primera vista, el amor existe. Tan inefablemente, que daría mi vida por tenerte. Milagro fue, en el que nuestros caminos Volvimos a encontontrarnos, Ahora, juntos estamos, con un amor sempiterno, inconmensurable y tan acendrado, Que ni la muerte impedirá, el estar a tú lado. 16|12|2016
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Dec 16, 2016
Dec 16, 2016 at 3:47 AM UTC
Inmarcesible amor
Regularmente en los últimos años se ha notado que, nosotros, sólo hemos aprendido a mantener un "horario de lamentos". Esto me preocupa ¿En qué momento todos nos perdimos a nosotros mismos? ¿Cuándo empezamos a depender de los demás? ¿Cuándo las notas de una canción marcan el momento definitivo de la noche?. ¿Cuándo nos volvimos tan vacíos al estar tan llenos?.
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Sep 9, 2017
Sep 9, 2017 at 1:40 PM UTC
Antes pt.2
Sobre la falda tenía     el libro abierto; en mi mejilla tocaban     sus rizos negros; no veíamos letras     ninguno creo; mas guardábamos ambos     hondo silencio. ¿Cuánto duró?  Ni aun entonces     pude saberlo. Sólo sé que no se oía     más que el aliento, que apresurado escapaba     del labio seco. Sólo sé que nos volvimos     los dos a un tiempo, y nuestros ojos se hallaron     ¡y sonó un beso!Creación de Dante era el libro;     era su Infierno. Cuando a él bajamos los ojos,     yo dije trémulo: -¿Comprendes ya que un poema     cabe en un verso? Y ella respondió encendida:     -¡Ya lo comprendo!
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Rima xxix
De viaje, cuántas veces de un tren en la fatiga, Sin que oigamos al lado ninguna voz amiga, O cuando despertamos al alba, de repente Un remoto recuerdo destella en nuestra mente, -Recuerdo que dormía desde tiempo lejano;- Y cerramos los ojos, con la frente en la mano, Y del pasado entonces, al dulce sortilegio, Pensamos: «Fue en un baile, y en años de colegio»; Después, versos o cartas; y después la partida... ¡Y nunca, desde entonces, la vimos en la vida! O en un tren de provincia: primero, indiferente Nos respondía, y luego, jovial y sonriente; Y al separarnos, mientras el tren se iba alejando, Recordábamos que ella nos preguntó: «¿Hasta cuándo?» Y no volvimos nunca... Quizá fue junto a un río Cuando en campestre jira, y en tarde azul de estío Nos dijo: «¡Siempre... siempre!» Fue un despertar de gloria... Mas sólo su sonrisa nos queda en la memoria. Triste adiós de un pañuelo. Suave presión de mano Como una ardiente y muda promesa junto a un piano; Virgen de los primeros amores, fugitiva Visión, que no sabemos si estará muerta o viva; Reja donde una novia, por entre madreselvas, Nos decía una noche llorando: «Cuando vuelvas»... Amada que en los tiempos de pubertad divina Vestías un sencillo traje de muselina, Y que a una margarita, sin sospechar engaños, Pedías el secreto de tu amor de quince años; Flores que con sus lágrimas de adiós humedecidas Nos dio, diciendo: «¡Guárdalas, pero si no me olvidas!» Beso de boca amada que duerme ya en la sombra, Y al través del recuerdo parece que nos nombra; Carta ya amarillenta que encontramos un día, Donde cada palabra sollozo parecía; Perfume que era el suyo, retrato desteñido... ¡Oh Pasado! ¡Oh recuerdos... «Lo que pudo haber sido»!
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Recordando
De viaje, cuántas veces de un tren en la fatiga, Sin que oigamos al lado ninguna voz amiga, O cuando despertamos al alba, de repente Un remoto recuerdo destella en nuestra mente, -Recuerdo que dormía desde tiempo lejano;- Y cerramos los ojos, con la frente en la mano, Y del pasado entonces, al dulce sortilegio, Pensamos: «Fue en un baile, y en años de colegio»; Después, versos o cartas; y después la partida... ¡Y nunca, desde entonces, la vimos en la vida! O en un tren de provincia: primero, indiferente Nos respondía, y luego, jovial y sonriente; Y al separarnos, mientras el tren se iba alejando, Recordábamos que ella nos preguntó: «¿Hasta cuándo?» Y no volvimos nunca... Quizá fue junto a un río Cuando en campestre jira, y en tarde azul de estío Nos dijo: «¡Siempre... siempre!» Fue un despertar de gloria... Mas sólo su sonrisa nos queda en la memoria. Triste adiós de un pañuelo. Suave presión de mano Como una ardiente y muda promesa junto a un piano; Virgen de los primeros amores, fugitiva Visión, que no sabemos si estará muerta o viva; Reja donde una novia, por entre madreselvas, Nos decía una noche llorando: «Cuando vuelvas»... Amada que en los tiempos de pubertad divina Vestías un sencillo traje de muselina, Y que a una margarita, sin sospechar engaños, Pedías el secreto de tu amor de quince años; Flores que con sus lágrimas de adiós humedecidas Nos dio, diciendo: «¡Guárdalas, pero si no me olvidas!» Beso de boca amada que duerme ya en la sombra, Y al través del recuerdo parece que nos nombra; Carta ya amarillenta que encontramos un día, Donde cada palabra sollozo parecía; Perfume que era el suyo, retrato desteñido... ¡Oh Pasado! ¡Oh recuerdos... «Lo que pudo haber sido»!
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Pasamos por el puente de guaduas y bejucos; Surgía de las frondas un grato olor silvestre, Y risas animaban, cantares y bambucos,                           El paseo campestre. Sombreritos de caña, trajes de abiertas golas, Las muchachas del pueblo lucían con donaire, Y al son bailaban todos de tiples y bandolas,                           Y embalsamaba el aire. El mozo más garrido, quien siempre mejor danza, Con la bella entre todas, y a quien feliz corteja, Sale a bailar, y al corro, grito de pronto lanza:                           «¡Que viva mi pareja!» La suelta, y en las frondas ocúltase y se pierde, Trae, de clavelinas, para ella una guirnalda, Y al brillo de la tarde luce el campo más verde                           Su verde de esmeralda. Al pueblo por el puente de guaduas y bejucos Volvimos, las parejas por entre calles solas, Y uníase a las risas el son de los bambucos                           De tiples y bandolas.
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El paseo