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"virtudes" poems
Con las virtudes que olvidé me puedo hacer un traje nuevo? Por qué los ríos mejores se fueron a correr en Francia? Por qué no amanece en Bolivia desde la noche de Guevara? Y busca allí a los asesinos su corazón asesinado? Tienen primero gusto a lágrimas las uvas negras del desierto?
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Xxxiv
Al son de músicas dolientes -rabeles, guzlas y laúdes- por cerros, llanos y taludes o por senderos y pendientes... Al son de músicas dolientes van a caza de los nepentes por las extrañas latitudes: por donde moran las virtudes 1 siempre vibrantes y latentes... Van a caza de los nepentes, locos poetas incoherentes -flora de exóticas paludes- afiebrados de lasitudes -pálidos fantasmas huyentes, locos poetas incoherentes...- Al son de músicas dolientes, -rabeles, guzlas y laúdes en medio a las vicisitudes de andar a caza del nepentes, van los poetas incoherentes por las extrañas latitudes... al són de músicas dolientes -rabeles, guzlas y laúdes-
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Arietas
Quem tem coragem de amar não faz chorar, Porque amar é lindo, se se souber amar! Amar é procurar sonhos e descobrir virtudes, Quem ama procura consertar defeitos! Quem ama não desiste nem põem defeitos! Porque quem ama é cego, e corrige por amor! Quem ama não nos recebe com desdém, Nem chora por dentro quando nos vê! Quem ama, procura o que une esse amor. Quem ama, não fica há espera e vai atrás! Quem nunca amou deve ter muito amor, Porque o amor faz bem ao coração! A frieza só trás tristeza, torna-te vazio, Sem força, sem sonho, sem objetivos! Autor: António Benigno Código de autor: 2012.02.12.01.03
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Aug 30, 2013
Aug 30, 2013 at 1:58 PM UTC
Amor
A dios no lo encontré precisamente en una iglesia, ni tampoco en un sermón. No nos conocimos un domingo, ni se me presentó envuelto en sotanas. A dios lo vi en una solitaria zebra, en un hocico húmedo y arrugado, y en el tímido beso de una hiena. En el sincronizado nado de los delfines, la jorobada espalda de una ballena y un atardecer radiante de rojo y azul. Me lo topé en las canas de mi padre y la fe intensa de mi madre. En la tenacidad de mi hermanita, convertida hoy en empoderada mujer, y en el calor de esas amistades que prevalecen a pesar de tiempo y distancia. Dios se me apareció en un primer beso y una caricia sincera. Lo encontré detrás de ese par de ojos azules que gritaban “te amo”, y en la impotencia y el dolor que hoy causa el haberlos perdido. Lo atrapé escondido en la grandeza de Machu Picchu, y corriendo por las majestuosas planicies sudafricanas. En las calles de mi pueblo pequeñito, tan lleno de virtudes y problemas, y en el eco del grito latinoamericano. A dios lo veo en las cicatrices que exhiben mis rodillas, producto de cada caída. Reside en mi fuerza y coraje, que me han levantado, y también en cada persona que me ha brindado una mano. Y es que a dios lo veo en algo tan simple como lo es la gracia de ser humano. En la risa, el éxito, el dolor y los errores. El amor, la soledad, la esperanza y la incertidumbre. Dios, mis amigos, está en la valentía de vivir.
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Nov 8, 2015
Nov 8, 2015 at 6:52 PM UTC
dios
Fue Cervantes quien relató con su pluma sabia la extraña historia de dos amigos florentinos que por amor forzaron sobre sí la desgracia al maniobrar con impertinencia y desatino en el ánima de una recogida muchacha. El esposo con el amigo la puso a prueba pidiéndole que a su mujer hiciera la corte sin prevenir el impertinente a dónde lleva la duda cuando no cuenta con ningún soporte. Y el que pretendía sólo simular amor para satisfacer al esposo empecinado y comprobar de la mujer lealtad y honor, termino, al fin, de sus virtudes enamorado. De tal modo que el marido quiso probar la honra colocándole acechanzas a la castidad de aquella desprevenida y sosegada esposa, las que fatalmente minaron su voluntad. Lo que comenzaron como una prueba fingida terminó en calamitoso engaño verdadero porque quien pone trampas a la luz y la vida termina transitando por oscuros senderos. (Jorge Gómez A.)
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Jun 21, 2012
Jun 21, 2012 at 5:22 PM UTC
LOS DOS AMIGOS
He venido para ver semblantes Amables como viejas escobas, He venido para ver las sombras Que desde lejos me sonríen. He venido para ver los muros En el suelo o en pie indistintamente, He venido para ver las cosas, Las cosas soñolientas por aquí. He venido para ver los mares Dormidos en cestillo italiano, He venido para ver las puertas, El trabajo, los tejados, las virtudes De color amarillo ya caduco. He venido para ver la muerte Y su graciosa red de cazar mariposas, He venido para esperarte Con los brazos un tanto en el aire, He venido no sé por qué; Un día abrí los ojos: he venido. Por ello quiero saludar sin insistencia A tantas cosas más que amables: Los amigos de color celeste, Los días de color variable, La libertad del color de mis ojos; Los niñitos de seda tan clara, Los entierros aburridos como piedras, La seguridad, ese insecto Que anida en los volantes de la luz. Adiós, dulces amantes invisibles, Siento no haber dormido en vuestros brazos. Vine por esos besos solamente; Guardad los labios por si vuelvo.
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He venido para ver
Yo lo aceptaba a él. Con sus defectos, con sus virtudes que me envolvían por amor. Con sus locuras que las convertíamos en nuestras aventuras. Lo aceptaba con su mal genio de a ratos. Con su nostalgia incomprensible. Con su manera tan sutil de tranquilizarme. Con esos ratos de enojo. Con lo que según él, arruinaba la relación. Que no era nada, porque para mí, todo era magnífico. Aceptaba su carrera, su distracción y su carácter. Aceptaba lo que hacía y amaba ver que lo hiciera. Su fascinación a verlo hacer eso que ama. Aceptaba todo de él. Porque lo amaba. Porque él me amaba. Porque él me aceptaba a mí. Con todo mi mal humor, con toda mi negatividad. Él me tomaba de la mano, me miraba y me decía que todo estaría bien. Que nada en la vida cambiaría para mal, al contrario, porque estábamos juntos. Juntos ante cualquier adversidad. Juntos para superar todo lo que se nos presentara. Estábamos juntos, aceptándonos y sobre todo amándonos. Porque al final, eso es el amor. El acto de sacrificio en bien de la persona amada...
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Jan 4, 2016
Jan 4, 2016 at 1:51 AM UTC
Y sin embargo, se marchó.
Borges Arte Poética Un breve mármol cuida su memoria; Sobre nosotros crece, atroz, la historia. Pienso que si pudiera ver mi cara sabría quien soy en esta tarde rara. pienso y solo siento al pobre soñador de su propia persona el que no pierde ni un segundo en escribe, el escritor mas puro de el mundo, un elegante señor bigote, un montrou poeta, que para por momentos a sentir su corazon que siente el soñante de este mundo minisculo, que se hace cuanto los dias ya no son escrituras y las escritos no pueden recitar, recuerda el recitar, de el hombre invisible, el unico, el terrible infant born inborn wild man of the corn, he partakes indefinitely, he was nevertherland, he was norse, he was el bewolf olvidado, el fue irlandia, el fue prague, el entendio a kafka, fuera el pratimonio a el. tengo algo que te sorprende harvard boys, que piensan de virtudes, que es el intelectual en este mundo, gira y no alguien lo compro, se sabe que el mas sabio se retira y no dice nada, huevo de pascal, huevo de wells, huevo invisible, hombre divisible. moneda, oro, maya, azteca, o inca, enblema, de nativo que es la pena de vivira, existera, existera. vara till, uthärdar.
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Sep 17, 2021
Sep 17, 2021 at 11:36 PM UTC
Untitled
El decía que mi único vicio era escribir. Aún cuando tenía sus manos acariciando mis virtudes. Aún cuando tenía su lengua dibujándome sonrisas. Aún cuando su respiración era la brisa que me refrescaba. El decía que mi único vició era escribir. Escribir sobre su sonrisa. Escribir mientras pintaba. Escribir orgasmos. El decía que mi único vició era escribir. Sin importar que bebiera. Sin importar las mujeres que me hacían soñar. Sin importar cuanto gastara en páginas. El decía que mi único vició era escribir. Yo le decía: ¿y el mar? ¿Y el cielo? ¿Y la noche? El decía que mi único vició era escribir. Y le dije que sí, mi vicio era escribir. Escribir todo lo que vivía con el; así que todo lo que escribía era para el. Mi vicio era el, mi poesía.
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May 11, 2015
May 11, 2015 at 7:32 PM UTC
Vicios placenteros.
Queda fugidia pensamento ínfimo Verdades vítreas de um sangue imaculado Mensagem pagã pairando sobre o lago Metamórfico Outra vez vivendo súbita miragem Eterno retorno ao calafrio & o caminho que volta é longe Para calar um anjo Emudeço Sou caimorpheuperséfone Em performance abissal Logo remeto podres virtudes dolorosas Ao ventre frio procura esquece vozes tardias Socorro, I need walk to the moon & descobrir Seu sangue No meu sangue Nada Existe TUDO é sim
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Feb 26, 2014
Feb 26, 2014 at 10:23 PM UTC
Passagem
Los circos trashumantes, de lamido perrillo enciclopédico y desacreditados elefantes, me enseñaron la cómica friolera y las magnas tragedias hilarantes. El aeronauta previo, colgado de los dedos de los pies, era un bravo cosmógrafo al revés que, si subía hasta asomarse al Polo Norte, o al Polo Sur, también tenía cuestiones personales con Eolo. Irrumpía el payaso como una estridencia ambigua, y era a un tiempo manicomio, niñez, golpe contuso, pesadilla y licencia. Amábanlo los niños porque salía de una bodega mágica de azúcares. Su faz sólo era trágica por dos lágrimas sendas de carmín. Su polvorosa apariencia toleraba tenerlo por muy limpio o por muy sucio, y un cónico bonete era la gloria inestable y procaz de su occipucio. El payaso tocaba a la amazona y la hallaba de almendra, a juzgar por la mímica fehaciente de toda su persona cuando llevaba el dedo temerario hasta la lengua cínica y glotona. Un día en que el payaso dio a probar su rastro de amazona al ejemplar señor Gobernador de aquel Estado, comprendí lo que es Poder Ejecutivo aturrullado. ¡Oh remoto payaso: en el umbral de mi infancia derecha y de mis virtudes recién nacidas yo no puedo tener una sospecha de amazonas y almendras prohibidas! Estas almendras raudas hechas de terciopelos y de trinos que no nos dejan ni tocar sus caudas... Los adioses baldíos a las augustas Evas redivivas que niegan la migaja, pero inculcan en nuestra sangre briosa una patética mendicidad de almendras fugitivas... Había una menuda cuadrumana de enagüilla de céfiro que, cabalgando por el redondel con azoros de humana, vencía los obstáculos de inquina y los aviesos aros de papel. Y cuando a la erudita cavilación de Darwin se le montaba la enagüilla obscena, la avisada monita se quedaba serena. como ante un espejismo, despreocupada lastimosamente de su desmantelado transformismo. La niña Bell cantaba: «Soy la paloma errante»; y de botellas y de cascabeles surtía un abundante surtidor de sonidos acuáticos, para la sed acuática de papás aburridos, nodriza inverecunda y prole gemebunda. ¡Oh memoria del circo! Tú te vas adelgazando en el frecuente síncope del latón sin compás; en la apesadumbrada somnolencia del gas; en el talento necio del domador aquel que molestaba a los leones hartos, y en el viudo oscilar del trapecio...
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Memorias del circo
Los circos trashumantes, de lamido perrillo enciclopédico y desacreditados elefantes, me enseñaron la cómica friolera y las magnas tragedias hilarantes. El aeronauta previo, colgado de los dedos de los pies, era un bravo cosmógrafo al revés que, si subía hasta asomarse al Polo Norte, o al Polo Sur, también tenía cuestiones personales con Eolo. Irrumpía el payaso como una estridencia ambigua, y era a un tiempo manicomio, niñez, golpe contuso, pesadilla y licencia. Amábanlo los niños porque salía de una bodega mágica de azúcares. Su faz sólo era trágica por dos lágrimas sendas de carmín. Su polvorosa apariencia toleraba tenerlo por muy limpio o por muy sucio, y un cónico bonete era la gloria inestable y procaz de su occipucio. El payaso tocaba a la amazona y la hallaba de almendra, a juzgar por la mímica fehaciente de toda su persona cuando llevaba el dedo temerario hasta la lengua cínica y glotona. Un día en que el payaso dio a probar su rastro de amazona al ejemplar señor Gobernador de aquel Estado, comprendí lo que es Poder Ejecutivo aturrullado. ¡Oh remoto payaso: en el umbral de mi infancia derecha y de mis virtudes recién nacidas yo no puedo tener una sospecha de amazonas y almendras prohibidas! Estas almendras raudas hechas de terciopelos y de trinos que no nos dejan ni tocar sus caudas... Los adioses baldíos a las augustas Evas redivivas que niegan la migaja, pero inculcan en nuestra sangre briosa una patética mendicidad de almendras fugitivas... Había una menuda cuadrumana de enagüilla de céfiro que, cabalgando por el redondel con azoros de humana, vencía los obstáculos de inquina y los aviesos aros de papel. Y cuando a la erudita cavilación de Darwin se le montaba la enagüilla obscena, la avisada monita se quedaba serena. como ante un espejismo, despreocupada lastimosamente de su desmantelado transformismo. La niña Bell cantaba: «Soy la paloma errante»; y de botellas y de cascabeles surtía un abundante surtidor de sonidos acuáticos, para la sed acuática de papás aburridos, nodriza inverecunda y prole gemebunda. ¡Oh memoria del circo! Tú te vas adelgazando en el frecuente síncope del latón sin compás; en la apesadumbrada somnolencia del gas; en el talento necio del domador aquel que molestaba a los leones hartos, y en el viudo oscilar del trapecio...
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Al fin, una pulmonía mató a don ***** y están las campanas todo el día doblando por él: ¡din-dan!Murió don ***** un señor de mozo muy jaranero, muy galán y algo torero; de viejo, gran rezador.Dicen que tuvo un serrallo este señor de Sevilla; que era diestro en manejar el caballo y un maestro en refrescar manzanilla.Cuando mermó su riqueza, era su monomanía pensar que pensar debía en asentar la cabeza.Y asentóla de una manera española, que fue casarse con una doncella de gran fortuna; y repintar sus blasones, hablar de las tradiciones de su casa, escándalos y amoríos poner tasa, sordina a sus desvaríos.Gran pagano, se hizo hermano de una santa cofradía; el Jueves Santo salía, llevando un cirio en la mano -¡aquel trueno!-, vestido de nazareno. Hoy nos dice la campana que han de llevarse mañana al buen don ***** muy serio, camino del cementerio.Buen don ***** ya eres ido y para siempre jamás... Alguien dirá: ¿Qué dejaste? Yo pregunto: ¿Qué llevaste al mundo donde hoy estás?¿Tu amor a los alamares y a las sedas y a los oros, y a la sangre de los toros y al humo de los altares?Buen don ***** y equipaje, ¡buen viaje!... El acá y el allá, caballero, se ve en tu rostro marchito, lo infinito: cero, cero.¡Oh las enjutas mejillas, amarillas, y los párpados de cera, y la fina calavera en la almohada del lecho! ¡Oh fin de una aristocracia! La barba canosa y lacia sobre el pecho;  metido en tosco sayal, las yertas manos en cruz, ¡tan formal! el caballero andaluz.
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Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don *****
Al fin, una pulmonía mató a don ***** y están las campanas todo el día doblando por él: ¡din-dan!Murió don ***** un señor de mozo muy jaranero, muy galán y algo torero; de viejo, gran rezador.Dicen que tuvo un serrallo este señor de Sevilla; que era diestro en manejar el caballo y un maestro en refrescar manzanilla.Cuando mermó su riqueza, era su monomanía pensar que pensar debía en asentar la cabeza.Y asentóla de una manera española, que fue casarse con una doncella de gran fortuna; y repintar sus blasones, hablar de las tradiciones de su casa, escándalos y amoríos poner tasa, sordina a sus desvaríos.Gran pagano, se hizo hermano de una santa cofradía; el Jueves Santo salía, llevando un cirio en la mano -¡aquel trueno!-, vestido de nazareno. Hoy nos dice la campana que han de llevarse mañana al buen don ***** muy serio, camino del cementerio.Buen don ***** ya eres ido y para siempre jamás... Alguien dirá: ¿Qué dejaste? Yo pregunto: ¿Qué llevaste al mundo donde hoy estás?¿Tu amor a los alamares y a las sedas y a los oros, y a la sangre de los toros y al humo de los altares?Buen don ***** y equipaje, ¡buen viaje!... El acá y el allá, caballero, se ve en tu rostro marchito, lo infinito: cero, cero.¡Oh las enjutas mejillas, amarillas, y los párpados de cera, y la fina calavera en la almohada del lecho! ¡Oh fin de una aristocracia! La barba canosa y lacia sobre el pecho;  metido en tosco sayal, las yertas manos en cruz, ¡tan formal! el caballero andaluz.
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Sinto-me leve, livre como um pássaro que voa em busca da liberdade... não sou de ninguém não tenho lugar de origem, de partida ou de chegada. Sei que sou livre, livre... como uma borboleta que poisa de flor em flor em busca do pólen que lhe dá vida e força. Sou eu, e ninguém mais para além de mim; sou eu, com defeitos e virtudes; vivo e deixo viver, para amar e ser amado. Sou livre como um pássaro em busca do seu rumo que o levará à felicidade.
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Jan 9, 2014
Jan 9, 2014 at 3:26 AM UTC
Liber de LIBERDADE
Para sempre meu ser em náusea abundante & o clarão do ontem navega falsas virtudes Próprio ser finito pós – sentidos (sente calma Alma expulsa?) Para sempre estarei longe percebendo o real & as figuras bacantes em inefáveis folguedos invisíveis Musicando deslizes performáticos Resultados impossíveis do possibilitado Para sempre a prisão alheia expulsa em mim & as vertentes nas velhas ruínas Partícula obscena de peles espessas Filme novo de existências imortais Para sempre estarei mudo conversando com o cordeiro & as visões memoráveis calarão o estático mundo Promessa revolta mensagem do paraíso A deusa dança nos confins do firmamento Em repúdio ao palpitar existente Fora o mágico silêncio em noites sem fim Fora o distúrbio em mim ( sente medo Alma fugidia? )
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Feb 26, 2014
Feb 26, 2014 at 10:18 PM UTC
Untitled
Sinto-me leve, livre como um pássaro que voa em busca da liberdade... não sou de ninguém não tenho lugar de origem, de partida ou de chegada. Sei que sou livre, livre... como uma borboleta que poisa de flor em flor em busca do pólen que lhe dá vida e força. Sou eu, e ninguém mais para além de mim; sou eu, com defeitos e virtudes; vivo e deixo viver, para amar e ser amado. Sou livre como um pássaro em busca do seu rumo que o levará à felicidade.
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Jul 20, 2014
Jul 20, 2014 at 4:21 PM UTC
felicidade
Tú que prendiste ayer los aurorales fulgores del amor en mi ventana; tú, bella infiel, adoración lejana, madona de eucologios y misales; tú, que ostentas reflejos siderales en el pecho enjoyado, grave hermana, y en tus ojos, con lumbre sobrehumana, brillan las tres virtudes teologales: no pienses que tal vez te guardo encono por tus nupcias de hoy. Que te bendiga mi señor Jesucristo. Yo perdono tu flaqueza, y esclavo de tu hechizo, de tu primer hijuelo, dulce amiga, celebraré en mis versos el bautizo.
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A la traición de una hermosa
Me contó el campanero esta mañana que el año viene mal para los trigos. Que Juan es novio de una prima hermana rica y hermosa. Que murió Susana. El campanero y yo somos amigos. Me narró amores de sus juventudes y con su voz cascada de hombre fuerte, al ver pasar los negros ataúdes me hizo la narración de mil virtudes y hablamos de la vida y de la muerte. -¿Y su boda, señor?                                         -Cállate, anciano. -¿Será para el invierno?                                               -Para entonces, y si vives, aún cuando su mano me dé la Muerte, campanero hermano, haz doblar por mi ánima tus bronces.
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El campanero
Los pesares ciegos bailotean sobre mí, sobre ti Se regocijan tenues, entre nuestras manos; ocultos Lejos estás, porque así lejos nos condenó el azar Ocultos yacen ya, todos los besos remotos que te pienso dar. No son besos, frío pasar de verbena coloquial Parecen más, en mis oníricos despertares, daños. En visiones hipnagógicas te observo en silencio, Pero en la lucidez de nuestros días, te extraño eterno. Permanecen quietos los malestares Y en éxodo se alejan mis vaguedades emocionales. Estás ahí, como yo aquí. Pero siempre ahí.                                                                                                        Contigo. Lamento de frenesí perpetua, de ojos oscuros Lamento de danzas incautas, de linajes pardos Lamento de huidas nuevas, éxodo de verdades ajenas Lamento de virtudes, de mentiras inverosímiles; mío sólo mío.
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Jul 14, 2017
Jul 14, 2017 at 4:01 AM UTC
Éxodo.
quisiera saber por qué en medio del amor a veces oigo cómo un cuervo le dice a un hombre que quiere verlo por un asunto importante el cuervo se llama Laghupatanaka y en el libro primero del Panchatantra se cuenta que puede hacer casamiento y amistad entre iguales pero no entre la comida y quien se la come un *** se comió a Panini autor del cálculo diferencial un elefante mató a Jaimini inventor del ciclotrón un monstruo marino devoró a Pingala que conocía la electrónica qué valen las virtudes para las bestias hambrientas tampoco vale creer en las promesas del enemigo, de la policía del gobierno del patrón el rebaño sigue al elefante porque le tiene confianza el *** es el rey del bosque pero nadie lo corteja tampoco sé por qué estas reflexiones caen como la nieve en Charing Cross donde te amo y me hundo en ti como en un río de ambrosías y leche y miel y te amo no sé qué pasará con mis despojos pero ellos se irán fuertemente marcados por los días que me amaste y la tristeza de ciertos pensamientos
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Lxv
onde reina a paz neste reino de especulações? onde reina a sinceridade neste mundo de maldade? e nesta minha nova convicção recorro à malícia da razão e procuro na plenitude do orgasmo se o antídoto será o sarcasmo procuro agora seduzir o nirvana recorrendo às virtudes duma cigana.
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Sep 9, 2015
Sep 9, 2015 at 6:00 AM UTC
Cigana
Yo sentí el calor del cuerpo Sentí en mis brazos mi sufrimiento No me quise seguir mintiendo Sabiendo la verdad. La lluvia se cae como gotas de lagrimas Queriendo lavarme me de mi desesperación. Yo busco un recipiente para guardar Todo el rocío y neblina que aun me falta. La lluvia se cae queriendo hacerme ahogar De emociones rebosante, Arrastrándome por el fondo del mar Sufocando me con mi depression Quitándome la vista del coral. El arroyo me abrazan estrechamente Llevándome al abismo del mar Y como la luz pronto te olvidare. La lluvia me llevara de este cruel mundo Pero escapa de mi entre mis dedos. Besos en forma de gotas diciendo me despedidas Recordando me que pedazos de mi hay en el corriente. En la oscuridad vi que un color brillaba Lejos de mi, por la superficie del mar. Pero cuando lo quise alcanzar Destrozo en fragmentos de cristal. Miles de piedras preciosas estrellados en el mar Desarrollándose sin dueño y yo su cruel mujer. Yo hundiendo contrar la presión Pecados y virtudes de vidas pasadas. Memories que quiebran y cambian de forma Son las únicas cosas que me conectan a esta lugar. © Sofia Villagrana 2018
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Mar 30, 2018
Mar 30, 2018 at 5:05 PM UTC
Océano de mi Pasado
A las doce de la noche, por las puertas de la gloria y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre, sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,                 San Silvestre. Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara, de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión; y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para                   Salomón. Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina, y su capa raras piedras de una ilustre Visapur; y colgada sobre el pecho resplandece la divina               Cruz del Sur. Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero? Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco                 del Arquero. A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno el inmenso Sagitario no se cansa de flechar; le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno y le cubre los riñones el vellón azul del mar. Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora; doce aljabas cada año para él trae el rey Enero; en la sombra se destaca la figura vencedora                 del Arquero. Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo misterioso y fugitivo de las almas que se van, y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo con sus alas membranosas el murciélago Satán. San Silvestre, bajo el palio de un zodíaco de virtudes, del celeste Vaticano se detiene en los umbrales mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes                 inmortales. Reza el santo y pontifica; y al mirar que viene el barco donde en triunfo llega Enero, ante Dios bendice al mundo; y su brazo abarca el arco                 y el Arquero.
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Año nuevo
A las doce de la noche, por las puertas de la gloria y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre, sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,                 San Silvestre. Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara, de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión; y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para                   Salomón. Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina, y su capa raras piedras de una ilustre Visapur; y colgada sobre el pecho resplandece la divina               Cruz del Sur. Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero? Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco                 del Arquero. A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno el inmenso Sagitario no se cansa de flechar; le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno y le cubre los riñones el vellón azul del mar. Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora; doce aljabas cada año para él trae el rey Enero; en la sombra se destaca la figura vencedora                 del Arquero. Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo misterioso y fugitivo de las almas que se van, y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo con sus alas membranosas el murciélago Satán. San Silvestre, bajo el palio de un zodíaco de virtudes, del celeste Vaticano se detiene en los umbrales mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes                 inmortales. Reza el santo y pontifica; y al mirar que viene el barco donde en triunfo llega Enero, ante Dios bendice al mundo; y su brazo abarca el arco                 y el Arquero.
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En la casa del Marqués De San Jorge gran sarao. Ya en salones y retretes Se encuentran los convidados, Mientras el Marqués aguarda, Gentil y apuesto vasallo. Abajo de la escalera, De «La Jerezana» al lado Al Virrey, que precedido Por lucientes candelabros Va subiendo. De los muros, Entre telas de Damasco, Cuelgan cuadros del insigne Gregorio Vásquez Ceballos; De Oidores y bellas damas Amarillentos retratos; En marcos de plata, espejos Que opacan lentos los años; Y panoplias, que recuerdan, Entre brumas del pasado, La gesta de la Conquista En cumbres, selvas y llanos. Con casacas de anchas faldas, Largos chalecos bordados, Blanco calzón, blanca media, Y áurea hebilla en el zapato, Departían con las damas En los lucientes estrados, Nariño, Torres, Vergara, Zea, Acebedo, Camacho, Salazar, Ulloa, Prieto, Gutiérrez, Ayala... cuantos Prez fueron de la Colonia Por sus virtudes y rango, Y que después muchos de ellos, Desde ensangrentados bancos Dejaron eternos nombres En nuestros anales patrios. Cuando esa noche Nariño Salía para el sarao, Corno envío misterioso Recibió un libro. Al acaso Leyó párrafos y líneas, Y más líneas y más párrafos; Y al avanzar la lectura, Sentía alborozo extraño Hasta que llegó al capítulo En la margen señalado: «De los Derechos del Hombre»... Lo leyó con ojos ávidos; Y después, meditabundo, Y en gruesa capa embozado Al sarao fue. La niebla Más ***** hacía el espacio. Sombra y niebla... Niebla y sombra En las tinieblas ni un astro.... Y entre esa noche cerrada, Nariño va cabizbajo. «El hombre es libre, decía, No ha nacido para esclavo». Y en medio de aquella sombra En que sonaban sus pasos.
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Sarao en casa del marqués de san jorge
En la casa del Marqués De San Jorge gran sarao. Ya en salones y retretes Se encuentran los convidados, Mientras el Marqués aguarda, Gentil y apuesto vasallo. Abajo de la escalera, De «La Jerezana» al lado Al Virrey, que precedido Por lucientes candelabros Va subiendo. De los muros, Entre telas de Damasco, Cuelgan cuadros del insigne Gregorio Vásquez Ceballos; De Oidores y bellas damas Amarillentos retratos; En marcos de plata, espejos Que opacan lentos los años; Y panoplias, que recuerdan, Entre brumas del pasado, La gesta de la Conquista En cumbres, selvas y llanos. Con casacas de anchas faldas, Largos chalecos bordados, Blanco calzón, blanca media, Y áurea hebilla en el zapato, Departían con las damas En los lucientes estrados, Nariño, Torres, Vergara, Zea, Acebedo, Camacho, Salazar, Ulloa, Prieto, Gutiérrez, Ayala... cuantos Prez fueron de la Colonia Por sus virtudes y rango, Y que después muchos de ellos, Desde ensangrentados bancos Dejaron eternos nombres En nuestros anales patrios. Cuando esa noche Nariño Salía para el sarao, Corno envío misterioso Recibió un libro. Al acaso Leyó párrafos y líneas, Y más líneas y más párrafos; Y al avanzar la lectura, Sentía alborozo extraño Hasta que llegó al capítulo En la margen señalado: «De los Derechos del Hombre»... Lo leyó con ojos ávidos; Y después, meditabundo, Y en gruesa capa embozado Al sarao fue. La niebla Más ***** hacía el espacio. Sombra y niebla... Niebla y sombra En las tinieblas ni un astro.... Y entre esa noche cerrada, Nariño va cabizbajo. «El hombre es libre, decía, No ha nacido para esclavo». Y en medio de aquella sombra En que sonaban sus pasos.
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Desde el primer Adán que vio la noche Y el día y la figura de su mano, Fabularon los hombres y fijaron En piedra o en metal o en pergamino Cuanto ciñe la tierra o plasma el sueño. Aqui está su labor: la Biblioteca. Dicen que los volúmenes que abarca Dejan atrás la cifra de los astros O de la arena del desierto. El hombre Que quisiera agotarla perdería La razón y los ojos temerarios. Aquí la gran memoria de los siglos Que fueron, las espadas y los héroes, Los lacónicos símbolos del álgebra, El saber que sondea los planetas Que rigen el destino, las virtudes De hierbas y marfiles talismánicos, El verso en que perdura la caricia, La ciencia que descifra el solitario Laberinto de Dios, la teología, La alquimia que en el barro busca el oro Y las figuraciones del idólatra. Declaran los infieles que si ardiera, Ardería la historia. Se equivocan. Las vigilias humanas engendraron Los infinitos libros. Si de todos No quedara uno solo, volverían A engendrar cada hoja y cada línea, Cada trabajo y cada amor de Hércules, Cada lección de cada manuscrito. En el siglo primero de la Hégira, Yo, aquel Omar que sojuzgó a los persas Y que impone el Islam sobre la tierra, Ordeno a mis soldados que destruyan Por el fuego la larga Biblioteca, Que no perecerá. Loados sean Dios que no duerme y Muhammad,  Su Apóstol.
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Alejandría, 641 a.d.
Es una tarde mustia y desabrida de un otoño sin frutos, en la tierra estéril y raída donde la sombra de un centauro yerra.       Por un camino en la árida llanura, entre álamos marchitos, a solas con su sombra y su locura va el loco, hablando a gritos.       Lejos se ven sombríos estepares, colinas con malezas y cambrones, y ruinas de viejos encinares, coronando los agrios serrijones.       El loco vocifera a solas con su sombra y su quimera. Es horrible y grotesta su figura; flaco, sucio, maltrecho y mal rapado, ojos de calentura iluminan su rostro demacrado.       Huye de la ciudad... Pobres maldades, misérrimas virtudes y quehaceres de chulos aburridos, y ruindades de ociosos mercaderes.       Por los campos de Dios el loco avanza. Tras la tierra esquelética y sequiza -rojo de herrumbre y pardo de ceniza- hay un sueño de lirio en lontananza.       Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano! -¡carne triste y espíritu villano!-.  No fue por una trágica amargura esta alma errante desgajada y rota; purga un pecado ajeno: la cordura, la terrible cordura del idiota.
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Un loco