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"vibrar" poems
Traigo sus ojos conmigo, los llevo para poder observar de cerca como él, para olvidarme, se aleja a toda prisa magullando y lastimando sus encogidas huellas, entre las espigas empalagosas, más allá de una vieja y arcaica alameda. El ya no huele a miel naranja en sus pupilas, tiene tantas mentiras arrastrando por ese campo! que las últimas primaveras que viva, las vivirá fingiendo, que ama los huecos de los árboles, cuando yo sé muy bien, que mueres por la alquimia filosofía. Un día cualquiera, lo sé, cuando el sol venza al fin su cansancio, oxigenará su monótona vida con alguna brisa perdida por el terruño, y me recordará. Me recordará en los murmullos opacos y casi con amargura en su piel, sabrá, que jamás pudo olvidarme, a mi, a su única quimera endemoniada, la que lo hacia encender vibrar, morir y vivir. Entonces, cuando los días se le acobarden en los orgasmos, clamara en silencio mis labios y se maldecirá por haber dicho tantas mentiras y por ocultar tantas verdades. Ya sabes que no te bendigo vida mía, porque siempre yo fui, una mujer con infiernos perversos, en los labios. LAS PALABRAS QUE PARTIERON Valentina de la Canal. copyleft Reserved 2008
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Feb 28, 2015
Feb 28, 2015 at 7:02 AM UTC
LAS PALABRAS QUE PARTIERON
Penso eu, que a plenitude de uma vida, Não é ir ao mercado e comprar felicidade, É sim, sem muito contar, adquirir uma dívida, Não cobrável, muito menos reembolsável! Os meus planos eram meramente vagos, Seguia um caminho longo, sem ambição, Pouco mais do que sobreviver meu coração, Não havia muito sentido para estes lados! Contudo, e porque eu agora acredito no destino, Estes anos todos me preparei como homem, Para que agora, sem contar, visse o céu divino, Que Deus me quis dar! Deixei de ser lobisomem! Decidi mesmo despir todas as vestimentas faciais, Sem dúvidas e calmamente feliz, me dou todo a ti, Porque nessa mulher fantástica, cheia de sonhos, eu vi, O amor de verdade, nosso, de segredos confidenciais! Decidi logo ao fim de poucas horas da minha presença, Frente aos teus olhos directos e sorriso espontâneo, Entregar a ti, em tuas mãos, o meu sonho, contemporâneo, Nunca senti necessidade de te pedir a ti qualquer licença! E a chave do meu mundo, dos meus sonhos, te dou agora na mão, Sinto o teu corpo vibrar e felicitar-se, na confiança desta aliança, Melhor que um anel, um qualquer contrato ou confissão, É hoje sentir que sou feliz e não tenho qualquer fiança! O preço dos meus sonhos, da minha felicidade, Eu te devo a ti mulher, de estimada liberdade, És ágil, subtil e eu sortudo com imensa vaidade, Te prometo agora amar, pela nossa eternidade. Autor: António Benigno Para ti, Liliana. És o melhor na minha vida…
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Aug 31, 2013
Aug 31, 2013 at 9:58 AM UTC
A minha pública carta de amor
Un instante vacío de acción puede poblarse solamente de nostalgia o de vino. Hay quien lo llena de palabras vivas, de poesía (acción de espectros, vino con remordimiento). Cuando la vida se detiene, se escribe lo pasado o lo imposible para que los demás vivan aquello que ya vivió (o que no vivió) el poeta. El no puede dar vino, nostalgia a los demás: sólo palabras. Si les pudiese dar acción... La poesía es como el viento, o como el fuego, o como el mar. Hace vibrar árboles, ropas, abrasa espigas, hojas secas, acuna en su oleaje los objetos que duermen en la playa. La poesía es como el viento, o como el fuego, o como el mar: da apariencia de vida a lo inmóvil, a lo paralizado. Y el leño que arde, las conchas que las olas traen o llevan, el papel que arrebata el viento, destellan una vida momentánea entre dos inmovilidades. Pero los que están vivos, los henchidos de acción, los palpitantes de nostalgia o vino, esos... felices, bienaventurados, porque no necesitan las palabras, como el caballo corre, aunque no sople el viento, y vuela la gaviota, aunque esté seco el mar, y el hombre llora, y canta, proyecta y edifica, aun sin el fuego. Me acuerdo de los árboles de Dublín. (Imaginar y recordar se superponen y confunden; pueblan, entrelazados, un instante vacío con idéntica emoción. Imaginar y recordar...) Me acuerdo de los árboles de Dublín... Alguien los vive y los recuerdo yo. De los árboles caen hojas doradas sobre el asfalto de Madrid. Crujen bajo mis pies, sobre mis hombros, acarician mis manos, quisieran exprimirme el corazón. No sé si lo consiguen... Imaginar y recordar... Hay un momento que no es mío, no sé si en el pasado, en el futuro, si en lo imposible... Y lo acaricio, lo hago presente, ardiente, con la poesía. No sé si lo recuerdo o lo imagino. (Imaginar y recordar me llenan el instante vacío). Me asomo a la ventana. Fuera no es Dublín lo que veo, sino Madrid. Y, dentro, un hombre sin nostalgia, sin vino, sin acción, golpeando la puerta. Es un espectro que persigue a otro espectro del pasado: el espectro del viento, de la mar, del fuego -ya sabéis de qué hablo-, espectro que pueda hacer que cante, hacer que vibre su corazón, para sentirse vivo.
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Teoría y alucinación de dublín
Un instante vacío de acción puede poblarse solamente de nostalgia o de vino. Hay quien lo llena de palabras vivas, de poesía (acción de espectros, vino con remordimiento). Cuando la vida se detiene, se escribe lo pasado o lo imposible para que los demás vivan aquello que ya vivió (o que no vivió) el poeta. El no puede dar vino, nostalgia a los demás: sólo palabras. Si les pudiese dar acción... La poesía es como el viento, o como el fuego, o como el mar. Hace vibrar árboles, ropas, abrasa espigas, hojas secas, acuna en su oleaje los objetos que duermen en la playa. La poesía es como el viento, o como el fuego, o como el mar: da apariencia de vida a lo inmóvil, a lo paralizado. Y el leño que arde, las conchas que las olas traen o llevan, el papel que arrebata el viento, destellan una vida momentánea entre dos inmovilidades. Pero los que están vivos, los henchidos de acción, los palpitantes de nostalgia o vino, esos... felices, bienaventurados, porque no necesitan las palabras, como el caballo corre, aunque no sople el viento, y vuela la gaviota, aunque esté seco el mar, y el hombre llora, y canta, proyecta y edifica, aun sin el fuego. Me acuerdo de los árboles de Dublín. (Imaginar y recordar se superponen y confunden; pueblan, entrelazados, un instante vacío con idéntica emoción. Imaginar y recordar...) Me acuerdo de los árboles de Dublín... Alguien los vive y los recuerdo yo. De los árboles caen hojas doradas sobre el asfalto de Madrid. Crujen bajo mis pies, sobre mis hombros, acarician mis manos, quisieran exprimirme el corazón. No sé si lo consiguen... Imaginar y recordar... Hay un momento que no es mío, no sé si en el pasado, en el futuro, si en lo imposible... Y lo acaricio, lo hago presente, ardiente, con la poesía. No sé si lo recuerdo o lo imagino. (Imaginar y recordar me llenan el instante vacío). Me asomo a la ventana. Fuera no es Dublín lo que veo, sino Madrid. Y, dentro, un hombre sin nostalgia, sin vino, sin acción, golpeando la puerta. Es un espectro que persigue a otro espectro del pasado: el espectro del viento, de la mar, del fuego -ya sabéis de qué hablo-, espectro que pueda hacer que cante, hacer que vibre su corazón, para sentirse vivo.
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Silencio. Aquí se ha hecho ya de noche, ya tras del cementerio se fue el sol; aquí se está llorando a mil pupilas: no vuelvas; ya murió mi corazón. Silencio. Aquí ya todo está vestido de dolor riguroso; y arde apenas, como un mal kerosene, esta pasión. Primavera vendrá. Cantarás «Eva» desde un minuto horizontal, desde un hornillo en que arderán los nardos de Eros. ¡Forja allí tu perdón para el poeta, que ha de dolerme aún, como clavo que cierra un ataúd! Mas... una noche de lirismo, tu buen seno, tu mar rojo se azotará con olas de quince años, al ver lejos, aviado con recuerdos mi corsario bajel, mi ingratitud. Después, tu manzanar, tu labio dándose, y que se aja por mí por la vez última, y que muere sangriento de amar mucho, como un croquis pagano de Jesús. Amada! Y cantarás; y ha de vibrar el femenino en mi alma, como en una enlutada catedral.
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Yeso
Extraño tu mirar... y, tu voz, solo la pude escuchar dos... Me gustaría descifrar con palabras lo que tu me haces pensar... pero, no puedo ni parar a reflexionar, lo que tu me haces soñar. Eres sentimientos encontrados algunos confusos, otros son intrusos a mi corazón que no se apartan de tu resplandor. Otros son de color azul, fervientes cabalgantes de la vida sin tu luz. Por que no me dejan tocarte, fuerzas del destino total? que solo te quiero respirar Solo te quiero dibujar con mis dedos de acuarela deseo colorear esas mejillas y tu mirar traerte a este altar de palabras que recito cuando pienso en tu vibrar Extraño tu mirar y tu sonreír ocultando lo que quieres decir...
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Sep 3, 2014
Sep 3, 2014 at 11:02 AM UTC
Tu Mirar
Bajo un cámbulo en flor, en la llanura, cerca de clara fuente rumorosa que va regando a su rededor frescura, sin cruz la abandonada sepultura, el poeta suicida en paz reposa. Caprichoso juguete del destino, pálido, siempre triste, torvo y ceño, fue en extrañas regiones peregrino, siempre buscando su ideal divino, y siempre en pos de su imposible sueño. Una tarde, a los últimos fulgores de Sol, cuando en el viejo campanario del Ángelus vibraban los clamores, regresó, con su fardo de dolores, a su hogar el poeta solitario. «Mi corazón, nos dijo, paz desea; escribiré»... Para luchar cobarde Nada más escribió. Su sola idea era la de la muerte... Y otra tarde lo vimos que salía de la aldea. «Dónde vas?» Le dijimos                                 «Una cita; Voy de prisa... me esperan...» Infinita calma brillaba en su pupila inerte «¿Quien? No lo sé. Beatriz... o Margarita». ...Y su cita... ¡era cita con la muerte! Ya duerme... Y a las sombras, a lo ignoto, a la negra, infinita lontananza, lanzó el cansado y pálido piloto, su blanco ensueño, como mástil roto, como tabla deshecha, la Esperanza. Como es tierra maldita, no hay camino a do el triste cantor descansa inerme; huye su sepultura el campesino, solo... y en paz, con su laúd divino. Pero cuando la luna en los desiertos ámbitos se levantan, como aurora, como la blanca aurora de los muertos, desentume el canto los brazos yertos, y en su huesa callada se incorpora. ¿Qué dulce voz de misterioso encanto rompe el silencio de la noche? ¿Es una serenata de amor?... ¿Plegaria o llanto? ¿Notas de arpas celestes?... ¡Es el canto del poeta, a los rayos de la luna! Y surgen a su acento, cual visiones, las bellas heroínas inmortales de sus castos poemas y canciones... ¡De su vida, las blancas ilusiones; del poeta, las novias ideales! Van surgiendo al vibrar de la armonía, halo de luz sobre la frente, y llenas de albas rosas las manos... Se diría de canéforas blanca Teoría, bajo arcadas de mármol, en Atenas. En silencio lo escuchan... Ni un acento Se levanta inoportuno... Ni suspira Entre las ramas del guadual el viento. En torno todo es paz, recogimiento; todo es quietud al sollozar la ira. Callad al fin las notas armoniosas; y a la luz de la luna, que en la quieta llanura se difunde, las hermosas ponen sobre las sienes del poeta una corona de laurel y rosas Vuelve a cantar la brisa... Lentamente las visiones se extinguen una a una; como un áureo jardín es el Oriente, y el poeta en la fosa hunde la frente, mientras se borra en el azul la luna.
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La balada del poeta
Bajo un cámbulo en flor, en la llanura, cerca de clara fuente rumorosa que va regando a su rededor frescura, sin cruz la abandonada sepultura, el poeta suicida en paz reposa. Caprichoso juguete del destino, pálido, siempre triste, torvo y ceño, fue en extrañas regiones peregrino, siempre buscando su ideal divino, y siempre en pos de su imposible sueño. Una tarde, a los últimos fulgores de Sol, cuando en el viejo campanario del Ángelus vibraban los clamores, regresó, con su fardo de dolores, a su hogar el poeta solitario. «Mi corazón, nos dijo, paz desea; escribiré»... Para luchar cobarde Nada más escribió. Su sola idea era la de la muerte... Y otra tarde lo vimos que salía de la aldea. «Dónde vas?» Le dijimos                                 «Una cita; Voy de prisa... me esperan...» Infinita calma brillaba en su pupila inerte «¿Quien? No lo sé. Beatriz... o Margarita». ...Y su cita... ¡era cita con la muerte! Ya duerme... Y a las sombras, a lo ignoto, a la negra, infinita lontananza, lanzó el cansado y pálido piloto, su blanco ensueño, como mástil roto, como tabla deshecha, la Esperanza. Como es tierra maldita, no hay camino a do el triste cantor descansa inerme; huye su sepultura el campesino, solo... y en paz, con su laúd divino. Pero cuando la luna en los desiertos ámbitos se levantan, como aurora, como la blanca aurora de los muertos, desentume el canto los brazos yertos, y en su huesa callada se incorpora. ¿Qué dulce voz de misterioso encanto rompe el silencio de la noche? ¿Es una serenata de amor?... ¿Plegaria o llanto? ¿Notas de arpas celestes?... ¡Es el canto del poeta, a los rayos de la luna! Y surgen a su acento, cual visiones, las bellas heroínas inmortales de sus castos poemas y canciones... ¡De su vida, las blancas ilusiones; del poeta, las novias ideales! Van surgiendo al vibrar de la armonía, halo de luz sobre la frente, y llenas de albas rosas las manos... Se diría de canéforas blanca Teoría, bajo arcadas de mármol, en Atenas. En silencio lo escuchan... Ni un acento Se levanta inoportuno... Ni suspira Entre las ramas del guadual el viento. En torno todo es paz, recogimiento; todo es quietud al sollozar la ira. Callad al fin las notas armoniosas; y a la luz de la luna, que en la quieta llanura se difunde, las hermosas ponen sobre las sienes del poeta una corona de laurel y rosas Vuelve a cantar la brisa... Lentamente las visiones se extinguen una a una; como un áureo jardín es el Oriente, y el poeta en la fosa hunde la frente, mientras se borra en el azul la luna.
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Riela en mi alma tu recuerdo como la luna sobre el mar... En el silencio de mis noches oigo tu voz aletear, tu voz que me dice muy paso que no me quieres olvidar... En el silencio de mis noches, -como la luna sobre el mar- riela en mi alma tu recuerdo... Veo el undívago vibrar de las estrellas, en tus ojos... Me embriaga el cálido aromar de tu melena tenebrosa... Tu frente, -un milagro lunar- trasluce los puros anhelos de tu querer, de tu ensoñar Se van mis horas solitarias tras tu recuerdo, en un girar de sueños y sueños ilusos... (No los podremos realizar?) Melancólico ensueño ilusorio que justifica el vegetar del ánima mía soberbia, de mi espíritu singular... Melancólico ensueño ilusorio... (no lo podremos realizar..?) Riela en mi alma tu recuerdo... Siento en mi boca palpitar el beso trémulo y perenne con que nos hemos de besar... Miro en tus ojos de misterio -como si fueran a llorar...- todo el poema de la vida que no pudimos realizar... En tu nocturna cabellera -nardos y lirios y azahar- aspiro todos los perfumes con que quisiera aletargar mi quimérica pantomima de soñar y soñar y soñar! Está en tu grácil cuerpo fino toda la euritmia del rimar... Son tus manos palidecidas -parece que fuera a nevar...-, tus manos, lánguidas y breves, pareja de lirios sin par! Tus manos, que bendijeron con su perdón, mi divagar por árduos caminos oscuros y muelles sendas del pecar... Riela en mi alma tu recuerdo como la luna sobre el mar... En el silencio de mis noches oigo tu voz aletear..., tu voz, que me dice muy paso que no me quieres olvidar! Siento en mi frente ensombrecida tus manos cándidas posar... Siento en mi ardida frente gélida el balsámico palpitar de tus labios, que borran culpas y que me quieren perdonar... ¡Melancólico ensueño ilusorio de mi incoherente divagar! Fantasía disparatada de mi espíritu singular! Delirio ingenuo que se trueca -irónico y duro- en pesar... ¡Melancólico ensueño ilusorio que no podremos realizar...! Riela en mi alma tu recuerdo como la luna sobre el mar...!
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Divagación nocturna
Riela en mi alma tu recuerdo como la luna sobre el mar... En el silencio de mis noches oigo tu voz aletear, tu voz que me dice muy paso que no me quieres olvidar... En el silencio de mis noches, -como la luna sobre el mar- riela en mi alma tu recuerdo... Veo el undívago vibrar de las estrellas, en tus ojos... Me embriaga el cálido aromar de tu melena tenebrosa... Tu frente, -un milagro lunar- trasluce los puros anhelos de tu querer, de tu ensoñar Se van mis horas solitarias tras tu recuerdo, en un girar de sueños y sueños ilusos... (No los podremos realizar?) Melancólico ensueño ilusorio que justifica el vegetar del ánima mía soberbia, de mi espíritu singular... Melancólico ensueño ilusorio... (no lo podremos realizar..?) Riela en mi alma tu recuerdo... Siento en mi boca palpitar el beso trémulo y perenne con que nos hemos de besar... Miro en tus ojos de misterio -como si fueran a llorar...- todo el poema de la vida que no pudimos realizar... En tu nocturna cabellera -nardos y lirios y azahar- aspiro todos los perfumes con que quisiera aletargar mi quimérica pantomima de soñar y soñar y soñar! Está en tu grácil cuerpo fino toda la euritmia del rimar... Son tus manos palidecidas -parece que fuera a nevar...-, tus manos, lánguidas y breves, pareja de lirios sin par! Tus manos, que bendijeron con su perdón, mi divagar por árduos caminos oscuros y muelles sendas del pecar... Riela en mi alma tu recuerdo como la luna sobre el mar... En el silencio de mis noches oigo tu voz aletear..., tu voz, que me dice muy paso que no me quieres olvidar! Siento en mi frente ensombrecida tus manos cándidas posar... Siento en mi ardida frente gélida el balsámico palpitar de tus labios, que borran culpas y que me quieren perdonar... ¡Melancólico ensueño ilusorio de mi incoherente divagar! Fantasía disparatada de mi espíritu singular! Delirio ingenuo que se trueca -irónico y duro- en pesar... ¡Melancólico ensueño ilusorio que no podremos realizar...! Riela en mi alma tu recuerdo como la luna sobre el mar...!
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Caídos sí, no muertos, ya postrados titanes, están los hombres de resuelto pecho sobre las más gloriosas sepulturas: las eras de las hierbas y los panes, el frondoso barbecho, las trincheras oscuras. Siempre serán famosas estas sangres cubiertas de abriles y de mayos, que hacen vibrar las dilatadas fosas con su vigor que se decide en rayos. Han muerto como mueren los leones: peleando y rugiendo, espumosa la boca de canciones, de ímpetu las cabezas y las venas de estruendo. Héroes a borbotones, no han conocido el rostro a la derrota, y victoriosamente sonriendo se han desplomado en la besana umbría, sobre el cimiento errante de la bota y el firmamento de la gallardía. Una gota de pura valentía vale más que un océano cobarde. Bajo el gran resplandor de un mediodía sin mañana y sin tarde, unos caballos que parecen claros, aunque son tenebrosos y funestos, se llevan a estos hombres vestidos de disparos a sus inacabables y entretejidos puestos. No hay nada ***** en estas muertes claras. Pasiones y tambores detengan los sollozos. Mirad, madres y novias, sus transparentes caras: la juventud verdea para siempre en sus bozos.
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Nuestra juventud no muere
Así, sire, en el aire de la Francia nos llega la paloma de plata de Suecia y de Noruega, que trae en vez de olivo una rosa de fuego.   Un búcaro latino, un noble vaso griego recibirá el regalo del país de la nieve. Que a los reinos boreales el patrio viento lleve otra rosa de sangre y de luz españolas; pues sobre la sublime hermandad de las olas, al brotar tu palabra, un saludo le envía al sol de media noche el sol de Mediodía.   Si Segismundo siente pesar, Hamlet se inquieta. El Norte ama las palmas; y se junta el poeta del fiord con el del carmen, porque el mismo oriflama es de azur. Su divina cornucopia derrama sobre el polo y el trópico la Paz; y el orbe gira en un ritmo uniforme por una propia lira: el Amor. Allá surge Sigurd que al Cid se aúna, cerca de Dulcinea brilla el rayo de luna, y la musa de Bécquer del ensueño es esclava bajo un celeste palio de luz escandinava.   Sire de ojos azules, gracias: por los laureles de cien bravos vestidos de honor; por los claveles de la tierra andaluza y la Alhambra del moro; por la sangre solar de una raza de oro; por la arrnadura antigua y el yelmo de la gesta; por las lanzas que fueron una vasta floresta de gloria y que pasaron Pirineos y Andes; por Lepanto y Otumba; por el Perú, por Flandes; por Isabel que cree, por Cristóbal que sueña y Velázquez que pinta y Cortés que domeña; por el país sagrado en que Herakles afianza sus macizas columnas de fuerza y esperanza, mientras Pan trae el ritmo con la egregia siringa que no hay trueno que apague ni tempestad que extinga; por el *** simbólico y la Cruz, gracias, sire.   ¡Mientras el mundo aliente, mientras la esfera gire, mientras la onda cordial aliente un ensueño, mientras haya una viva pasión, un noble empeño, un buscado imposible, una imposible hazaña, una América oculta que hallar, vivirá España!   ¡Y pues tras la tormenta vienes de peregrino real, a la morada que entristeció el destino, la morada que viste luto su puerta abra al púrpureo y ardiente vibrar de tu palabra:   y que sonría, oh rey Óscar, por un instante; y tiemble en la flor áurea el más puro brillante para quien sobre brillos de corona y de nombre, con labios de monarca lanza un grito de hombre!
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Iii
Así, sire, en el aire de la Francia nos llega la paloma de plata de Suecia y de Noruega, que trae en vez de olivo una rosa de fuego.   Un búcaro latino, un noble vaso griego recibirá el regalo del país de la nieve. Que a los reinos boreales el patrio viento lleve otra rosa de sangre y de luz españolas; pues sobre la sublime hermandad de las olas, al brotar tu palabra, un saludo le envía al sol de media noche el sol de Mediodía.   Si Segismundo siente pesar, Hamlet se inquieta. El Norte ama las palmas; y se junta el poeta del fiord con el del carmen, porque el mismo oriflama es de azur. Su divina cornucopia derrama sobre el polo y el trópico la Paz; y el orbe gira en un ritmo uniforme por una propia lira: el Amor. Allá surge Sigurd que al Cid se aúna, cerca de Dulcinea brilla el rayo de luna, y la musa de Bécquer del ensueño es esclava bajo un celeste palio de luz escandinava.   Sire de ojos azules, gracias: por los laureles de cien bravos vestidos de honor; por los claveles de la tierra andaluza y la Alhambra del moro; por la sangre solar de una raza de oro; por la arrnadura antigua y el yelmo de la gesta; por las lanzas que fueron una vasta floresta de gloria y que pasaron Pirineos y Andes; por Lepanto y Otumba; por el Perú, por Flandes; por Isabel que cree, por Cristóbal que sueña y Velázquez que pinta y Cortés que domeña; por el país sagrado en que Herakles afianza sus macizas columnas de fuerza y esperanza, mientras Pan trae el ritmo con la egregia siringa que no hay trueno que apague ni tempestad que extinga; por el *** simbólico y la Cruz, gracias, sire.   ¡Mientras el mundo aliente, mientras la esfera gire, mientras la onda cordial aliente un ensueño, mientras haya una viva pasión, un noble empeño, un buscado imposible, una imposible hazaña, una América oculta que hallar, vivirá España!   ¡Y pues tras la tormenta vienes de peregrino real, a la morada que entristeció el destino, la morada que viste luto su puerta abra al púrpureo y ardiente vibrar de tu palabra:   y que sonría, oh rey Óscar, por un instante; y tiemble en la flor áurea el más puro brillante para quien sobre brillos de corona y de nombre, con labios de monarca lanza un grito de hombre!
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¡No te amaré! Muriera de sonrojos antes bien, yo que fui cantar maldito de blancas hostias y de nimbos rojos; yo que sólo he alentado los antojos de un connubio inmortal con lo infinito. ¡No te amaré! Mi espíritu atesora el perfume sutil de otras edades de realeza y de fe consoladora, y ese noble perfume se evapora al beso de mezquinas liviandades. Mi mundo no eres tú: fueron los priores militantes, caudillos de sus greyes; el mundo en que, magníficos señores, fulminaron los Papas triunfadores su anatema fatal contra los reyes. Fue la etapa viril en que se cruza, con Bayardo que esgrime su tizona, Escot que sus dialécticas aguza: la edad en que la negra caperuza forjaba el silogismo en la Sorbona. Y no sé de pasión, y me contrista vibrar la lira del amor precario. ¡Sólo brotan mis versos de amatista al beso de Daniel, el simbolista, y al ósculo de Juan, el visionario!
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Esquiva
Sentada en su ventana, mañana tras mañana, veía llegar el alba y la desesperante y abrumada madrugada, en su fiel silla, ella siempre sentada. Con la soledad en las manos, ya con las venas arrugadas, la pasión, desvigorizada e inmutada, los ojos cerrados de tantas batallas, de tanto llorar por su amado. Aquel distante y vagante amor, el cual, ella siempre esperaba. Escuchando la misma canción, se pasa sus días, la canción que los enamoro, cuando todo era risas, que les ofreció un fortuito futuro, más ella pensó, que era por vida. Solo se para de esa silla, para mover la ajuga en su antigua vitrola, ya que, esa-su-canción, siempre se atasca en la misma estrofa. Se escucha rayada, esa, su canción, llena de esperanza, así, como se rayó su amor, que estancado en un tiempo maravilloso quedo. Recuerda todos los pretendientes, que con gran afán la perseguían, los que pudieron quererla, amarla y venerarla, hasta no más, pero ella a ninguno les respondia, es que no encajaban en su canción, es que no la hacían vibrar como su eterno amor, es que no les devolvían la juventud, las ganas de reír, las ganas de sufrir, pero, junto aquel…su amor. Ya nadie pasa por allí, solo el bullicio del tiempo, las aves, que, igual que ella, se han envejecido de tantas primaveras, la brisa invernal que ha arropado sus años, la triste mirada arrugada, la abrumada e insolente madrugada, el terco brillo de la mañana, y los recuerdos que la atan a su fiel silla, a esa canción llena de esperanza, cuando todo era risas, y ella estaba con su eterno amor. LeydisProse 7/27/2017
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Jul 28, 2017
Jul 28, 2017 at 2:56 PM UTC
La silla (se convirtió en su más preciado amor)
Sentada en su ventana, mañana tras mañana, veía llegar el alba y la desesperante y abrumada madrugada, en su fiel silla, ella siempre sentada. Con la soledad en las manos, ya con las venas arrugadas, la pasión, desvigorizada e inmutada, los ojos cerrados de tantas batallas, de tanto llorar por su amado. Aquel distante y vagante amor, el cual, ella siempre esperaba. Escuchando la misma canción, se pasa sus días, la canción que los enamoro, cuando todo era risas, que les ofreció un fortuito futuro, más ella pensó, que era por vida. Solo se para de esa silla, para mover la ajuga en su antigua vitrola, ya que, esa-su-canción, siempre se atasca en la misma estrofa. Se escucha rayada, esa, su canción, llena de esperanza, así, como se rayó su amor, que estancado en un tiempo maravilloso quedo. Recuerda todos los pretendientes, que con gran afán la perseguían, los que pudieron quererla, amarla y venerarla, hasta no más, pero ella a ninguno les respondia, es que no encajaban en su canción, es que no la hacían vibrar como su eterno amor, es que no les devolvían la juventud, las ganas de reír, las ganas de sufrir, pero, junto aquel…su amor. Ya nadie pasa por allí, solo el bullicio del tiempo, las aves, que, igual que ella, se han envejecido de tantas primaveras, la brisa invernal que ha arropado sus años, la triste mirada arrugada, la abrumada e insolente madrugada, el terco brillo de la mañana, y los recuerdos que la atan a su fiel silla, a esa canción llena de esperanza, cuando todo era risas, y ella estaba con su eterno amor. LeydisProse 7/27/2017
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Llevo pedacitos de tí todo el tiempo. Pedacitos de tí cargo en todo momento. En espera constante de un encuentro casual. En espera constante de un efecto sensual. Acudo a tus sitios e intento encontrar a aquel ser sincero, Ése , que me hizo vibrar. Susurrando tu nombre al pasar . Procurando en llanto no estallar. Llevo pedacitos de tí todo el tiempo. Pedacitos de tí cargo en todo momento. Recuerdo palpitante de un amor estacional . Domina mi mente y mi yo pasional Deseando me busques y hablemos de antaño . Rogando me encuentres y duremos mil años.
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Sep 27, 2017
Sep 27, 2017 at 11:41 PM UTC
Pedacitos
manchado está el camino pisamos los pétalos de flores con los pies lodosos pasamos por prados marrones que solían vibrar con el verde más limpio y recordamos lo que no fue
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Jan 22, 2019
Jan 22, 2019 at 10:51 AM UTC
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