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"vestida" poems
Puta. Palabra con un simple significado usada en múltiples ocasiones erróneamente. A la mujer a través de largas generaciones se le llama puta por todo lo que para la sociedad está mal según su juicio. Lo cual nos lleva a tener mujeres reprimidas en todos los sentidos, mujeres sumisas, mujeres débiles y todo por culpa de nosotras, si nosotras. De cierta manera las mujeres apoyamos el machismo de la sociedad el cual nos dice puta y es que si vemos a una conocida hablando con 4 hombres a la vez decimos que es puta, si tuviste **** con 6 en un año decimos que es puta, si la vemos vestida con un pantalón corto y una camisa escotada le decimos que es puta. Todos somos putas según ellos. Lo curioso del asunto es que el hombre puede hacer todo lo antes mencionado y la única etiqueta social que se le otorga es mujeriego, nada más. Y, a lo que quiero llegar es precisamente a eso; no importa si eres mujer o hombre tu sexualidad no te hace más o menos simplemente te hace humano. No juzgues aun así conozcas la persona ¿Qué te importa si habla con 4? ¿Qué te importa si se acuesta con mil en un año? No es tu vida, cada cual vive según su juicio.
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Sep 9, 2014
Sep 9, 2014 at 10:42 PM UTC
Todas somos putas
A saudade é tua Na eternidade perene da vida, No uivar do lobo vadio, No teu olhar esguio, Na sensibilidade meiga, Na pradaria vestida, Na esperança sentida, Na gente plebeia, Na tua teia. No amor que anseia, Na beleza, na sereia… Planície que se estende, Saudade não entende, Canto que é canto, Lamento mais lamento, Água de uma mina, Primavera genuína, Telhas vermelhas num céu por descobrir, Saudade tua do meu sentir. Victor Marques
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Apr 6, 2013
Apr 6, 2013 at 7:37 PM UTC
Saudade é tua
Mil años Por las calles vacias de la ciudad, camina con su soledad y sabe Dios qué angustias la acompañarán? Y se va triste con su soledad, vestida de blanco como las palomas ella se ve volar Bájale la luna y no volvera jamas, ella no regresara Y se va triste con su soledad con sus estrellitas de mar, a dónde la llevarán? Gerarldina aguanta un poco mas, ojitos blandos como la espuma del mar dejame juntar tus lagrimitas de sal para que los pecesitos puedan nadar Por las calles vacias de la ciudad, lleva pena en el alma que dolores sus labios callaran? Que memorias viejas habra dejado atrás? quiere dormir y no despertar jamás con los angelitos quiere soñar Mil años soñara a la orrila del mar Empiezas tu jornada desde la gran ciudad, qué esperas encontrar?
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Jun 21, 2013
Jun 21, 2013 at 1:28 AM UTC
Mil años
Amparo ¡qué sola estás en tu casa vestida de blanco! (Ecuador entre el jazmín y el nardo). Oyes los maravillosos surtidores de tu patio, y el débil trino amarillo del canario. Por la tarde ves temblar los cipreses con los pájaros, mientras bordas lentamente letras sobre el cañamazo. Amparo, ¡qué sola estás en tu casa, vestida de blanco! Amparo, ¡y qué difícil decirte: yo te amo!
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Amparo
La alcachofa de tierno corazón se vistió de guerrero, erecta, construyó una pequeña cúpula, se mantuvo impermeable bajo sus escamas, a su lado los vegetales locos se encresparon, se hicieron zarcillos, espadañas, bulbos conmovedores, en el subsuelo durmió la zanahoria de bigotes rojos, la viña resecó los sarmientos por donde sube el vino, la col se dedicó a probarse faldas, el orégano a perfumar el mundo, y la dulce alcachofa allí en el huerto, vestida de guerrero, bruñida como una granada, orgullosa, y un día una con otra en grandes cestos de mimbre, caminó por el mercado a realizar su sueño: la milicia. En hileras nunca fue tan marcial como en la feria, los hombres entre las legumbres con sus camisas blancas eran mariscales de las alcachofas, las filas apretadas, las voces de comando, y la detonación de una caja que cae, pero entonces viene María con su cesto, escoge una alcachofa, no le teme, la examina, la observa contra la luz como si fuera un huevo, la compra, la confunde en su bolsa con un par de zapatos, con un repollo y una botella de vinagre hasta que entrando a la cocina la sumerge en la olla. Así termina en paz esta carrera del vegetal armado que se llama alcachofa, luego escama por escama desvestimos la delicia y comemos la pacífica pasta de su corazón verde.
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Oda a la alcachofa
Mirada embriagadora Sonrisa juguetona. Vestida de azul, vagando en la brisa De mi alma y de mi cama. Piel cristalina y ojos que brillan De mis estrellas la favorita. Con tragos y café Te invito a ver mil lunas. Mi niña Te quiero así, con cabello alborotado Con ganas de ver el mundo Y que el mundo te vea a ti.
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Jul 5, 2015
Jul 5, 2015 at 10:47 PM UTC
Mía.
Ritmos de la esclavitud Contra amarguras y penas. Al compás de las cadenas Ritmos negros del Perú. De África llegó mi abuela vestida con caracoles, la trajeron lo' epañoles en un barco carabela. La marcaron con candela, la carimba fue su cruz. Y en América del Sur al golpe de sus dolores dieron los negros tambores ritmos de la esclavitud Por una moneda sola la revendieron en Lima y en la Hacienda "La Molina" sirvió a la gente española. Con otros negros de Angola ganaron por sus faenas zancudos para sus venas para dormir duro suelo y naíta'e consuelo contra amarguras y penas... En la plantación de caña nació el triste socavón, en el trapiche de ron el ***** cantó la zaña. El machete y la guadaña curtió sus manos morenas; y los indios con sus quenas y el ***** con tamborete cantaron su triste suerte al compás de las cadenas. Murieron los negros viejos pero entre la caña seca se escucha su zamacueca y el panalivio muy lejos. Y se escuchan los festejos que cantó en su juventud. De Cañete a Tombuctú, De Chancay a Mozambique llevan sus claros repiques ritmos negros del Perú.
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Ritmos negros del perú
Una prostituta llego a la iglesia Buscando una salida una respuesta Ignorantemente ella llego Con una minifalda y una camisa descotada Cuando iba entrando por la puerta de esa iglesia Un miembro la detuvo y le dijo Tú no puedes entrar en este lugar vestida así Y ella se fue con lágrimas sin Jesús Donde esta el amor Donde esta el amor El amor que declaramos conocer Donde esta el amor Donde esta el amor El amor solo se encuentra en el Doctrinas religiones y tantas cosas por ahí Que lo único que nos hacen es volver atrás Envolviéndonos en un mundo y un grito de ansiedad Solo pensamos en nuestra situación Y dime donde esta aquella mujer que un día vino Buscando un poquito de amor Tal ves ella esta muerta en un callejón Solo por que tú no tuviste corazón Donde esta el amor Donde esta el amor El amor que declaramos conocer Donde esta el amor Donde esta el amor El amor solo se encuentra en el Me han burlado Me han criticado Es que ellos piensan que me conocen Pero no importa no me ha parado Es que mi Cristo a quien yo sirvo Siempre esta a mi lado Mi señor Llévanos a las personas que están llenas de dolor Mi señor Enséñanos a amar con tu amor Enséñanos a amar Aquel que se encuentra en la cárcel Aquel que pelea su barrio Aquella que vende su cuerpo en la esquina del pueblo a diario Aquel que ha violado y robado Aquel que sabe lo que es haber matado Aquel niño desnudo Aquel huérfano que nunca conoció a su mama Regresar a la inocencia es lo que yo quiero dios Regresar aquellas manos que me hicieron Regresar a la inocencia es lo que yo quiero dios Regresar aquellas manos que me hicieron Regresar a la inocencia es lo que yo quiero dios Regresar aquellas manos que me hicieron………
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Nov 7, 2015
Nov 7, 2015 at 1:18 AM UTC
DC Reto - Una Prostituta
Una prostituta llego a la iglesia Buscando una salida una respuesta Ignorantemente ella llego Con una minifalda y una camisa descotada Cuando iba entrando por la puerta de esa iglesia Un miembro la detuvo y le dijo Tú no puedes entrar en este lugar vestida así Y ella se fue con lágrimas sin Jesús Donde esta el amor Donde esta el amor El amor que declaramos conocer Donde esta el amor Donde esta el amor El amor solo se encuentra en el Doctrinas religiones y tantas cosas por ahí Que lo único que nos hacen es volver atrás Envolviéndonos en un mundo y un grito de ansiedad Solo pensamos en nuestra situación Y dime donde esta aquella mujer que un día vino Buscando un poquito de amor Tal ves ella esta muerta en un callejón Solo por que tú no tuviste corazón Donde esta el amor Donde esta el amor El amor que declaramos conocer Donde esta el amor Donde esta el amor El amor solo se encuentra en el Me han burlado Me han criticado Es que ellos piensan que me conocen Pero no importa no me ha parado Es que mi Cristo a quien yo sirvo Siempre esta a mi lado Mi señor Llévanos a las personas que están llenas de dolor Mi señor Enséñanos a amar con tu amor Enséñanos a amar Aquel que se encuentra en la cárcel Aquel que pelea su barrio Aquella que vende su cuerpo en la esquina del pueblo a diario Aquel que ha violado y robado Aquel que sabe lo que es haber matado Aquel niño desnudo Aquel huérfano que nunca conoció a su mama Regresar a la inocencia es lo que yo quiero dios Regresar aquellas manos que me hicieron Regresar a la inocencia es lo que yo quiero dios Regresar aquellas manos que me hicieron Regresar a la inocencia es lo que yo quiero dios Regresar aquellas manos que me hicieron………
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Vestida de azul, revolcándose en la arena. Su ánimo depende del día Puede estar caliente, puede estar fría. Todos entran en ella, en sus muchas formas. Madre, amante y compañera. Los escucha, los mira y los besa; Pero sigue conservando su esencia Pura y cristalina, provocadora y lujuriosa. Mujer de blanco, mujer de ***** Pavoneándose a la rima De los calvarios en el viento. Estruendosa e inmensa, Alma libre de ramera. Madre de todo, Madre de todos.
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Apr 28, 2015
Apr 28, 2015 at 9:40 PM UTC
Playa de prostitutas.
Aquí, en este momento, termina todo, se detiene la vida. Han florecido luces amarillas a nuestros pies, no sé si estrellas. Silenciosa cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento. Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia en la noche, jadeando en la hierba, Trayendo en hilos aroma de las nubes, poniendo en nuestra carne su dentadura fresca. Y el mar sonaba. Tal vez fuera su espectro. Porque eran miles de kilómetros los que nos separaban de las olas. Y lo peor: miles de días pasados y futuros nos separaban. Descendían en la sombra las escaleras. Dios sabe a dónde conducían. Qué más daba. «Ya es hoy -dije yo-, ya es hora de volver a tu casa». Ya es hora. En el portal, «Espera», me dijo. Regresó vestida de otro modo, con flores en el pelo. Nos esperaban en la iglesia. «Mujer te doy». Bajamos las gradas del altar. El armonio sonaba. Y un violín que rizaba su melodía empalagosa. Y el mar estaba allí. Olvidado y apetecido tanto tiempo. Allí estaba. Azul y prodigioso. Y ella y yo solos, con harapos de sol y de humedad. «¿Dónde, dónde la noche aquella, la de ayer...?», preguntábamos al subir a la casa, abrir la puerta, oír al niño que salía con su poco de sombra con estrellas, su agua de luces navegantes, sus cerezas de fuego. Y yo puse mis labios una vez más en la mejilla de ella. Besé hondamente. Los gusanos labraron tercamente su piel. Al retirarme lo vi. Qué importa, corazón. La música encendida, y nosotros girando. No: inmóviles. El cáliz de una flor gris que giraba en torno vertiginosa. Dónde la noche, dónde el mar azul, las hojas de la lluvia. Los niños -quiénes son, que hace un instante no estaban-, los niños aplaudieron, muertos de risa: «Qué ridículos, papá, mamá». «A la cama», les dije con ira y pena. Silencio. Yo besé la frente de ella, los ojos con arrugas cada vez más profundas. Dónde la noche aquella, en qué lugar del universo se halla. «Has sido duro con los niños». Abrí la habitación de los pequeños, volaron pétalos de lluvia. Ellos estaban afeitándose. Ellas salían con sus trajes de novia. Se marcharon los niños -¿por qué digo los niños?- con su amor, con sus noches de estrellas, con sus mares azules, con sus remordimientos, con sus cuchillos de buscar pureza bajo la carne. Dónde, dónde la noche aquella, dónde el mar... Qué ridículo todo: este momento detenido, este disco que gira y gira en el silencio, consumida su música...
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Acelerando
Aquí, en este momento, termina todo, se detiene la vida. Han florecido luces amarillas a nuestros pies, no sé si estrellas. Silenciosa cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento. Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia en la noche, jadeando en la hierba, Trayendo en hilos aroma de las nubes, poniendo en nuestra carne su dentadura fresca. Y el mar sonaba. Tal vez fuera su espectro. Porque eran miles de kilómetros los que nos separaban de las olas. Y lo peor: miles de días pasados y futuros nos separaban. Descendían en la sombra las escaleras. Dios sabe a dónde conducían. Qué más daba. «Ya es hoy -dije yo-, ya es hora de volver a tu casa». Ya es hora. En el portal, «Espera», me dijo. Regresó vestida de otro modo, con flores en el pelo. Nos esperaban en la iglesia. «Mujer te doy». Bajamos las gradas del altar. El armonio sonaba. Y un violín que rizaba su melodía empalagosa. Y el mar estaba allí. Olvidado y apetecido tanto tiempo. Allí estaba. Azul y prodigioso. Y ella y yo solos, con harapos de sol y de humedad. «¿Dónde, dónde la noche aquella, la de ayer...?», preguntábamos al subir a la casa, abrir la puerta, oír al niño que salía con su poco de sombra con estrellas, su agua de luces navegantes, sus cerezas de fuego. Y yo puse mis labios una vez más en la mejilla de ella. Besé hondamente. Los gusanos labraron tercamente su piel. Al retirarme lo vi. Qué importa, corazón. La música encendida, y nosotros girando. No: inmóviles. El cáliz de una flor gris que giraba en torno vertiginosa. Dónde la noche, dónde el mar azul, las hojas de la lluvia. Los niños -quiénes son, que hace un instante no estaban-, los niños aplaudieron, muertos de risa: «Qué ridículos, papá, mamá». «A la cama», les dije con ira y pena. Silencio. Yo besé la frente de ella, los ojos con arrugas cada vez más profundas. Dónde la noche aquella, en qué lugar del universo se halla. «Has sido duro con los niños». Abrí la habitación de los pequeños, volaron pétalos de lluvia. Ellos estaban afeitándose. Ellas salían con sus trajes de novia. Se marcharon los niños -¿por qué digo los niños?- con su amor, con sus noches de estrellas, con sus mares azules, con sus remordimientos, con sus cuchillos de buscar pureza bajo la carne. Dónde, dónde la noche aquella, dónde el mar... Qué ridículo todo: este momento detenido, este disco que gira y gira en el silencio, consumida su música...
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Hay cementerios solos, tumbas llenas de huesos sin sonido, el corazón pasando un túnel oscuro, oscuro, oscuro, como un naufragio hacia adentro nos morimos, como ahogarnos en el corazón, como irnos cayendo desde la piel al alma. Hay cadáveres, hay pies de pegajosa losa fría, hay la muerte en los huesos, como un sonido puro, como un ladrido sin perro, saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas, creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia. Yo veo, solo, a veces, ataúdes a vela zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas. con panaderos blancos como ángeles, con niñas pensativas casadas con notarios, ataúdes subiendo el río vertical de los muertos, el río morado, hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte, hinchadas por el sonido silencioso de la muerte. A lo sonoro llega la muerte como un zapato sin pie, como un traje sin hombre, llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo, llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta. Sin embargo sus pasos suenan y su vestido suena, callado, como un árbol. Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo, pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas, de violetas acostumbradas a la tierra, porque la cara de la muerte es verde, y la mirada de la muerte es verde, con la aguda humedad de ma hoja de violeta y su grave color de invierno exasperado. Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba, lame el suelo buscando difuntos, la muerte está en la escoba, es la lengua de la muerte buscando muertos, es la aguja de la muerte buscando hilo. La muerte está en los catres: en los colchones lentos, en las frazadas negras vive tendida, y de repente sopla: sopla un sonido oscuro que hincha sábanas, y hay camas navegando a un puerto en donde está esperando, vestida de almirante.
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Sólo la muerte
Hay cementerios solos, tumbas llenas de huesos sin sonido, el corazón pasando un túnel oscuro, oscuro, oscuro, como un naufragio hacia adentro nos morimos, como ahogarnos en el corazón, como irnos cayendo desde la piel al alma. Hay cadáveres, hay pies de pegajosa losa fría, hay la muerte en los huesos, como un sonido puro, como un ladrido sin perro, saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas, creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia. Yo veo, solo, a veces, ataúdes a vela zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas. con panaderos blancos como ángeles, con niñas pensativas casadas con notarios, ataúdes subiendo el río vertical de los muertos, el río morado, hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte, hinchadas por el sonido silencioso de la muerte. A lo sonoro llega la muerte como un zapato sin pie, como un traje sin hombre, llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo, llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta. Sin embargo sus pasos suenan y su vestido suena, callado, como un árbol. Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo, pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas, de violetas acostumbradas a la tierra, porque la cara de la muerte es verde, y la mirada de la muerte es verde, con la aguda humedad de ma hoja de violeta y su grave color de invierno exasperado. Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba, lame el suelo buscando difuntos, la muerte está en la escoba, es la lengua de la muerte buscando muertos, es la aguja de la muerte buscando hilo. La muerte está en los catres: en los colchones lentos, en las frazadas negras vive tendida, y de repente sopla: sopla un sonido oscuro que hincha sábanas, y hay camas navegando a un puerto en donde está esperando, vestida de almirante.
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Dicen que nació del polvo de una estrella su madre la luna y el padre era el sol. Era de cabellos dorados tenia la piel blanca creció jugando también soñando se lleno de fantasias su alma siguió bailando su cuerpo se quedo intacto seguia siendo el niño de la luna. Alguien lo esperaba en un cohete a tierra pero el nunca tomo el vuelo ahora debía ser mas fuerte. Una noche estrellada una voz femenina lo llamaba era la vida vestida de astronauta lo arropo y luego lo lanzo. Cuando el niño fue atraído por la gravedad y sus pies tocaron tierra, sus pulmones se llenaron de aire y su mente de nuevas ideas.
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Nov 22, 2017
Nov 22, 2017 at 1:52 AM UTC
El niño de la Luna
He aquí el reverso del tapiz. La vida tiene el mismo vellón en igual rueca. Esta es la Mancha aquella, vasta y seca, aunque hoy está de flamboyán vestida. Sangra el ocaso por la misma herida. Quema el cura -el chamán- mi biblioteca. Hoy los gigantes son de piedra olmeca. Ayer, de cal y de viento sin brida. Ya no cabalgo sino en Clavileño. Rocinante era real, y esto es un sueño soñando en el fanal que el tiempo empaña. Y aquí estoy, destiempado, en duermevela, soñando con Malinche de canela, mi Dulcinea de la Nueva España.
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Rapsodia en blue
Cantaba. Cantaba. Y nadie oía los sónes que cantaba. Metido por la noche los hilos teje de su cántiga: hilos de bronce que son los hilos ásperos de su tedio; hilos de sangre de su corazón, hilos de laboriosa araña -hilos de seda- que es el ensueño que se arrebuja bajo su melena flava. Metido por la noche que le rodea con mallas de silencio, -muelles sillones de velludo-, mallas caniciosas como manos queridas sobre la sien afiebrada: Cantaba. Cantaba. Y nadie oía los sónes que cantaba. Su voz es como el eco de inauditas músicas, ni en los sueños sospechadas. ¿Tañer de amorosas guzlas moriscas? ¿De sacabuches y de flautas pastorales, y de violas de amor? O el jadear ciclópeo del órgano que tientan los dedos o las zarpas de Bach y Haendel y de Franck? ¿O el prodigio insólito que logra de la nada el milagro de la sinfonía donde no se funden y todas las voces cantan? Su voz es como el eco de inauditas músicas ni en los sueños sospechadas: o de músicas mútilas urdidas en la propia fábrica loca, de su cabeza: porque se mata lo que se ama, decía -mordicante- el Réprobo: música supliciada! Cantaba. Cantaba. Y nadie oía los sónes que cantaba. Ni la selva, ni la noche le oía, ni tú, ni nadie, ni nada! ¿Le oía el hosco cerco de la selva cerrada, cerrada como los oídos y los caletres de la gente tonta y chata? Le oyera la selva, le oyera si a gritos cantara -tal el viento y al modo de la tormenta: pero canta muy paso: si -a veces- su canción es callada, muda, como los ojos abiertos, húmedos... que no dicen palabra. ¿Le oyera la noche, de tibias estrellas colmadas las sienes, de tibias estrellas estigmatizada? ¿Vestida de ***** suntuoso le oyera la noche trágica cuando el vocerío del trueno y el zig-zaguear de los relámpagos? ¿Le oyera la noche tácita cuando con paso desfalleciente cruza sus sendas la luna alunada? ¿Le oyeras tú, la mujer ilusoria de ojos sombríos y boca macerada? Ni la noche, ni la selva le oía, ni tú, ni nadie, ni nada! Cantaba. El mismo no se oía la canción que cantaba.
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Sonatina en la bemol
Cantaba. Cantaba. Y nadie oía los sónes que cantaba. Metido por la noche los hilos teje de su cántiga: hilos de bronce que son los hilos ásperos de su tedio; hilos de sangre de su corazón, hilos de laboriosa araña -hilos de seda- que es el ensueño que se arrebuja bajo su melena flava. Metido por la noche que le rodea con mallas de silencio, -muelles sillones de velludo-, mallas caniciosas como manos queridas sobre la sien afiebrada: Cantaba. Cantaba. Y nadie oía los sónes que cantaba. Su voz es como el eco de inauditas músicas, ni en los sueños sospechadas. ¿Tañer de amorosas guzlas moriscas? ¿De sacabuches y de flautas pastorales, y de violas de amor? O el jadear ciclópeo del órgano que tientan los dedos o las zarpas de Bach y Haendel y de Franck? ¿O el prodigio insólito que logra de la nada el milagro de la sinfonía donde no se funden y todas las voces cantan? Su voz es como el eco de inauditas músicas ni en los sueños sospechadas: o de músicas mútilas urdidas en la propia fábrica loca, de su cabeza: porque se mata lo que se ama, decía -mordicante- el Réprobo: música supliciada! Cantaba. Cantaba. Y nadie oía los sónes que cantaba. Ni la selva, ni la noche le oía, ni tú, ni nadie, ni nada! ¿Le oía el hosco cerco de la selva cerrada, cerrada como los oídos y los caletres de la gente tonta y chata? Le oyera la selva, le oyera si a gritos cantara -tal el viento y al modo de la tormenta: pero canta muy paso: si -a veces- su canción es callada, muda, como los ojos abiertos, húmedos... que no dicen palabra. ¿Le oyera la noche, de tibias estrellas colmadas las sienes, de tibias estrellas estigmatizada? ¿Vestida de ***** suntuoso le oyera la noche trágica cuando el vocerío del trueno y el zig-zaguear de los relámpagos? ¿Le oyera la noche tácita cuando con paso desfalleciente cruza sus sendas la luna alunada? ¿Le oyeras tú, la mujer ilusoria de ojos sombríos y boca macerada? Ni la noche, ni la selva le oía, ni tú, ni nadie, ni nada! Cantaba. El mismo no se oía la canción que cantaba.
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Señora: llego a Ti desde las tenebrosas anarquías del pensamiento y la conducta, para aspirar los naranjos de elección, que florecen en tu atrio, con una nieve nupcial... Y entro a tu Santuario, como un herido a las hondas quietudes hospicianas en que sólo se escucha el toque saludable de una esquila. Vestida de luto eres, Nuestra Señora de la Soledad, un triángulo sombrío que preside la lúcida neblina del valle; la arboleda que se arropa de las cocinas en el humo lento; la familiaridad de las montañas; el caserío de estallante cal; el bienestar oscuro del rebaño, y la dicha radiante de los hombres. Señora: cuando ingreso a la comarca que riges con tus lágrimas benévolas, y va la diligencia fatigosa sobre la sierra, y van los postillones cantando bienandanza o desamor, súbita surge la lección esbelta y firme de tus torres, y saludo desde lejos tu altar. Tú me tienes comprado en alma y cuerpo. Cuando la pesarosa dueña ideal de mi primer suspiro, recurre desolada a tus plantas, y llora mansamente, nunca has dejado de envolverla en el descanso de tus hijas predilectas. Me acuerdo de una tarde en que, como una reina que acaba de abdicar, salía por el atrio de naranjos y llevaba en la frente el lucero novísimo de tu consolación. Confortándola a Ella, Tú me obligas como si con la orla dorada de tu manto, agitases un soplo del Paraíso a flor de mi conciencia. Porque siempre un lucero va a nacer de tus manos para la hora en que Ella te implore, Tú me tienes comprado en cuerpo y alma. En las noches profanas de novenario (orquestas difusas, y cohetes vívidos, y tertulias de los viejos, y estrados de señoritas sobre la regada banqueta) hay en tus torres ágiles una policromía de faroles de papel, que simulan en la tiniebla comarcana un tenue y vertical incendio. Y yo anhelo, Señora, que en mi tiniebla pongas para siempre una rojiza aspiración, hermana del inmóvil incendio de tus torres, y que me dejes ir en mi última década a tu nave, cardíaco o gotoso, y ya trémulo, para elevarte mi oración asmática junto al mismo cancel que oyó mi prez valiente, en aquella alborada en que soñé prender a un blanco pecho una fecunda rama de azahar.
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A la patrona de mi pueblo
Señora: llego a Ti desde las tenebrosas anarquías del pensamiento y la conducta, para aspirar los naranjos de elección, que florecen en tu atrio, con una nieve nupcial... Y entro a tu Santuario, como un herido a las hondas quietudes hospicianas en que sólo se escucha el toque saludable de una esquila. Vestida de luto eres, Nuestra Señora de la Soledad, un triángulo sombrío que preside la lúcida neblina del valle; la arboleda que se arropa de las cocinas en el humo lento; la familiaridad de las montañas; el caserío de estallante cal; el bienestar oscuro del rebaño, y la dicha radiante de los hombres. Señora: cuando ingreso a la comarca que riges con tus lágrimas benévolas, y va la diligencia fatigosa sobre la sierra, y van los postillones cantando bienandanza o desamor, súbita surge la lección esbelta y firme de tus torres, y saludo desde lejos tu altar. Tú me tienes comprado en alma y cuerpo. Cuando la pesarosa dueña ideal de mi primer suspiro, recurre desolada a tus plantas, y llora mansamente, nunca has dejado de envolverla en el descanso de tus hijas predilectas. Me acuerdo de una tarde en que, como una reina que acaba de abdicar, salía por el atrio de naranjos y llevaba en la frente el lucero novísimo de tu consolación. Confortándola a Ella, Tú me obligas como si con la orla dorada de tu manto, agitases un soplo del Paraíso a flor de mi conciencia. Porque siempre un lucero va a nacer de tus manos para la hora en que Ella te implore, Tú me tienes comprado en cuerpo y alma. En las noches profanas de novenario (orquestas difusas, y cohetes vívidos, y tertulias de los viejos, y estrados de señoritas sobre la regada banqueta) hay en tus torres ágiles una policromía de faroles de papel, que simulan en la tiniebla comarcana un tenue y vertical incendio. Y yo anhelo, Señora, que en mi tiniebla pongas para siempre una rojiza aspiración, hermana del inmóvil incendio de tus torres, y que me dejes ir en mi última década a tu nave, cardíaco o gotoso, y ya trémulo, para elevarte mi oración asmática junto al mismo cancel que oyó mi prez valiente, en aquella alborada en que soñé prender a un blanco pecho una fecunda rama de azahar.
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El tiempo nos ha cambiado, ha dejado un zanja de grietas. Las penas, tristezas, las traiciones han embadurnado nuestras almas, dejándolas secas y forradas en piedras. Nuestra vestidura ha cambiado. El algodón y las sedas no arrullan nuestra piel, El cemento del engaño a sellado nuestros sueños de algún día gozar de una relación sana y plena. No somos plomo, No somos piedra No somos hierro Somos almas buscando su mejor melodía. Su mejor madrigal. La esperanza vestida en poesía. Te propongo amartillarnos los pedazos tiesos con tibios besos, que vayan humedeciendo las partes más impasibles de nuestras almas. Con tórridos abrazos que demuelan las inseguridades de nuestro turbulento pasado. No estamos hechos de piedra amor, es una cubierta que ha fraguado el tiempo. Es un escape a una errante realidad de soledades impuestas. Es vivir encarcelado a silencios sempiternos, Poseyendo copiosa libertad . te aseguro cielo, es la manera más cobarde de vivir en esta tierra. No estamos hechos de piedra amor, tenemos miedo a la entrega, a las heridas, a más huellas. Somos los ecos de una prosa que leímos algún día. Somos luz en la tenebrosidad,………………. solo tenemos que buscar nuestro almacén de lámparas. Solo tenemos que llevar nuestras cálidas manos a ese espacio que quiere latir mas nuestra cobija está obstruyendo el paso. LeydisProse 5/31/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 1, 2017
Jun 1, 2017 at 10:41 AM UTC
NO SOMOS PIEDRA AMOR!
às vezes pergunto por que motivo tu partes de mim quando entardece, e digo às minhas esperanças e sonhos, que nem tudo o que acontece é o que parece. a vida às vezes pode ser um borrão, as emoções podem-nos toldar, às vezes escrevo para ti horas a fio, quando preciso deixar o meu coração sarar. o tempo fará esquecer o passado, esta tristeza que se espalha em mim, como os lírios à tona de um lago, numa manhã vestida de carmesim. o final do dia trará novas alegrias, e embora eu sonhe acordado, tenho em mim plena consciência, de que preciso de ti ao meu lado. e até que eu volte a escrever para ti amanhã, lembra-te, tu és toda a minha alegria, dor e tristeza.
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Jun 9, 2015
Jun 9, 2015 at 9:41 AM UTC
Palavras suspensas no tempo
Con luto en la mirada, Llevo luto en la mirada, llevo pesadez en el alma, llevo la tristeza en los labios, y la sonrisa trastornada. Si me veo mejor así.. porque desde que te perdí.. el ***** es el único color que me acerca a ti. Así, vestida con la negrura de la noche en la pesadumbre del día sin ti, enterrando día tras día las ilusiones que cobije en ti. Llevo el luto por fuera y por dentro, el sonido de un amor truncado vencido y malogrado, son los únicos sonidos que me alientan hoy a mi. Llevo luto en la mirada, y, en el cementerio de los olvidados me resignaré a vivir! LeydisProse 11/14/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Nov 15, 2017
Nov 15, 2017 at 6:27 AM UTC
Con luto en la mirada
Yo he visto perlas claras de inimitable encanto, de esas que no se tocan por temor a romperlas; pero sólo en tu cuello pudieron valer tanto las burbujas de nieve de tu collar de perlas. Y más, aquella noche de amor satisfecho, del amor que eterniza lo fugaz de las cosas, cuando fuiste un camino que comenzó en mi lecho y el rubor te cubría como un manto de rosas. Yo acaricié tus perlas sin desprender su broche, y las vi como nadie nunca más podrá verlas, pues te tuve en mis brazos, al fin, aquella noche, vestida solamente con tu collar de perlas.
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La dama de las perlas
El sol parece no querer salir y aquí dentro solo hay frío, el zumbido en mis oidos me impide pensar, sin norte ni sur, me he quedado hace un tiempo. El pasado son recuerdos borrosos que de vez en cuando manchan el paisaje, el futuro es una doña vestida de ***** y encaje, el presente se me hace insoportable, a la deriva me encuentro entre miedos e ilusiones. Fantasmas y soledad son la única constante.                Estoy cansada de olvidar.                Estoy cansada de llorar.
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Oct 2, 2018
Oct 2, 2018 at 11:55 AM UTC
A la deriva
Huérfano quedará mi corazón, alma del alma, si te vas de ahí, y para siempre lloraré por ti enfermo de amorosa consunción. Triste renuncio a las venturas todas de tu suave y eterna compañía, hoy que se apaga, con la dicha mía, el altar que soñé para mis bodas. Y el templo aquel de claridad incierta y tú, como las vírgenes vestida, brillarán en la noche de mi vida como la luz de la esperanza muerta.
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Huérfano quedará...
Por gracia de la noche desolada yace ahora el espíritu en reposo. Como es en balde, no desea nada: definitiva, definitivamente desdeñoso. Por gracia de la noche, que reviste (y, así, nunca), ropajes de negrura, 1 sin esperanza ensueña el alma triste que de nada se cura. En la paz del vacío como por el espacio en siglos milenarios divaga el corazón a su albedrío solitario. Por gracia de la noche desolada vestida de negror y de tristicia, la soberbia ambición no quiere nada, y esa es su delicia. Yace ahora el espíritu en reposo, que navegó al capricho de los vientos. Definitiva, definitivamente desdeñoso decapitó a cercén los pensamientos. Abur! tiempo de antaño, que traía furia de fiebre, azogue de impaciencia, vaharadas de estólida alegría, velocidades de inconsciencia. Yazgo ahora en reposo. Es mi mutismo 2 sola razón suprema: indiferente Hamlet; avieso Yago de mí mismo; 3 por gracia de la noche: eterna, eternamente.
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Tres nocturnos del exilado
Un bello niño de junco, anchos hombros, fino talle, piel de nocturna manzana, boca triste y ojos grandes, nervio de plata caliente, ronda la desierta calle. Sus zapatos de charol rompen las dalias del aire, con los dos ritmos que cantan breves lutos celestiales. En la ribera del mar no hay palma que se le iguale, ni emperador coronado, ni lucero caminante. Cuando la cabeza inclina sobre su pecho de jaspe, la noche busca llanuras porque quiere arrodillarse. Las guitarras suenan solas para San Gabriel Arcángel, domador de palomillas y enemigo de los sauces. San Gabriel: El niño llora en el vientre de su madre. No olvides que los gitanos te regalaron el traje. Anunciación de los Reyes, bien lunada y mal vestida, abre la puerta al lucero que por la calle venía. El Arcángel San Gabriel, entre azucena y sonrisa, bisnieto de la Giralda, se acercaba de visita. En su chaleco bordado grillos ocultos palpitan. Las estrellas de la noche se volvieron campanillas. San Gabriel: Aquí me tienes con tres clavos de alegría. Tu fulgor abre jazmines sobre mi cara encendida. Dios te salve, Anunciación. Morena de maravilla. Tendrás un niño más bello que los tallos de la brisa. ¡Ay, San Gabriel de mis ojos! ¡Gabrielillo de mi vida!, Para sentarte yo sueño un sillón de clavellinas. Dios te salve, Anunciación, bien lunada y mal vestida. Tu niño tendrá en el pecho un lunar y tres heridas. ¡Ay, San Gabriel que reluces! ¡Gabrielillo de mi vidal! En el fondo de mis pechos ya nace la leche tibia. Dios te salve, Anunciación. Madre de cien dinastías. Áridos lucen tus ojos, paisajes de caballista. El niño canta en el seno de Anunciación sorprendida. Tres balas de almendra verde tiemblan en su vocecita. Ya San Gabriel en el aire por una escala subía. Las estrellas de la noche se volvieron siemprevivas.
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San gabriel
Un bello niño de junco, anchos hombros, fino talle, piel de nocturna manzana, boca triste y ojos grandes, nervio de plata caliente, ronda la desierta calle. Sus zapatos de charol rompen las dalias del aire, con los dos ritmos que cantan breves lutos celestiales. En la ribera del mar no hay palma que se le iguale, ni emperador coronado, ni lucero caminante. Cuando la cabeza inclina sobre su pecho de jaspe, la noche busca llanuras porque quiere arrodillarse. Las guitarras suenan solas para San Gabriel Arcángel, domador de palomillas y enemigo de los sauces. San Gabriel: El niño llora en el vientre de su madre. No olvides que los gitanos te regalaron el traje. Anunciación de los Reyes, bien lunada y mal vestida, abre la puerta al lucero que por la calle venía. El Arcángel San Gabriel, entre azucena y sonrisa, bisnieto de la Giralda, se acercaba de visita. En su chaleco bordado grillos ocultos palpitan. Las estrellas de la noche se volvieron campanillas. San Gabriel: Aquí me tienes con tres clavos de alegría. Tu fulgor abre jazmines sobre mi cara encendida. Dios te salve, Anunciación. Morena de maravilla. Tendrás un niño más bello que los tallos de la brisa. ¡Ay, San Gabriel de mis ojos! ¡Gabrielillo de mi vida!, Para sentarte yo sueño un sillón de clavellinas. Dios te salve, Anunciación, bien lunada y mal vestida. Tu niño tendrá en el pecho un lunar y tres heridas. ¡Ay, San Gabriel que reluces! ¡Gabrielillo de mi vidal! En el fondo de mis pechos ya nace la leche tibia. Dios te salve, Anunciación. Madre de cien dinastías. Áridos lucen tus ojos, paisajes de caballista. El niño canta en el seno de Anunciación sorprendida. Tres balas de almendra verde tiemblan en su vocecita. Ya San Gabriel en el aire por una escala subía. Las estrellas de la noche se volvieron siemprevivas.
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«Me quedaré en España compañero», me dijiste con gesto enamorado. Y al fin sin tu edificio trotante de guerrero en la hierba de España te has quedado. Nadie llora a tu lado: desde el soldado al duro comandante, todos te ven, te cercan y te atienden con ojos de granito amenazante, con cejas incendiadas que todo el cielo encienden. Valentín el volcán, que si llora algún día será con unas lágrimas de hierro, se viste emocionado de alegría para robustecer el río de tu entierro. Como el yunque que pierde su martillo, Manuel Moral se calla colérico y sencillo. Y hay muchos capitanes y muchos comisarios quitándote pedazos de metralla, poniéndote trofeos funerarios. Ya no hablarás de vivos y de muertos, ya disfrutas la muerte del héroe, ya la vida que no te verá en las calles ni en los puertos pasar como una ráfaga garrida. Pablo de la Torriente, has quedado en España y en mi alma caído: nunca se pondrá el sol sobre tu frente, heredará tu altura la montaña y tu valor el toro del bramido. De una forma vestida de preclara has perdido las plumas y los besos, con el sol español puesto en la cara y el de Cuba en los huesos. Pasad ante el cubano generoso, hombres de su Brigada, con el fusil furioso, las botas iracundas y la mano crispada. Miradlo sonriendo a los terrones y exigiendo venganza bajo sus dientes mudos a nuestros más floridos batallones y a sus varones como rayos rudos. Ante Pablo los días se abstienen ya y no andan. No temáis que se extinga su sangre sin objeto, porque éste es de los muertos que crecen y se agrandan aunque el tiempo devaste su gigante esqueleto.
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Elegía segunda
«Me quedaré en España compañero», me dijiste con gesto enamorado. Y al fin sin tu edificio trotante de guerrero en la hierba de España te has quedado. Nadie llora a tu lado: desde el soldado al duro comandante, todos te ven, te cercan y te atienden con ojos de granito amenazante, con cejas incendiadas que todo el cielo encienden. Valentín el volcán, que si llora algún día será con unas lágrimas de hierro, se viste emocionado de alegría para robustecer el río de tu entierro. Como el yunque que pierde su martillo, Manuel Moral se calla colérico y sencillo. Y hay muchos capitanes y muchos comisarios quitándote pedazos de metralla, poniéndote trofeos funerarios. Ya no hablarás de vivos y de muertos, ya disfrutas la muerte del héroe, ya la vida que no te verá en las calles ni en los puertos pasar como una ráfaga garrida. Pablo de la Torriente, has quedado en España y en mi alma caído: nunca se pondrá el sol sobre tu frente, heredará tu altura la montaña y tu valor el toro del bramido. De una forma vestida de preclara has perdido las plumas y los besos, con el sol español puesto en la cara y el de Cuba en los huesos. Pasad ante el cubano generoso, hombres de su Brigada, con el fusil furioso, las botas iracundas y la mano crispada. Miradlo sonriendo a los terrones y exigiendo venganza bajo sus dientes mudos a nuestros más floridos batallones y a sus varones como rayos rudos. Ante Pablo los días se abstienen ya y no andan. No temáis que se extinga su sangre sin objeto, porque éste es de los muertos que crecen y se agrandan aunque el tiempo devaste su gigante esqueleto.
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Hoy es un día celebrado, El de un sueño alcanzado. Dos vidas, dos viajes, Un cielo de los más profundo. Dos almas, dos caudales, Que confluyen en el mismo mundo. Conoceros fue sencillo Comprenderos, lo que habéis logrado, Laura vas vestida de luz, Tienes a Quique nervioso esperando Hace tiempo que empezasteis, Y hoy vais a dar un nuevo paso. Hace ya que os conocisteis, Y hoy vais a entrelazaros. Dulces sueños y alegrías, Son los que os están esperándo. Pero entiende que esta alegría, A todos nos estáis contagiando. Pq declararéis en harmonía, Que a partir de hoy, en este mismo día, Para siempre sois una misma vida.
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Nov 14, 2022
Nov 14, 2022 at 6:14 AM UTC
Oda de boda: