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"verla" poems
Son las 9:10 pm. Estoy acostada, pensando. Extraño mi família. Extraño a mi primo. El fue como un hermano para mi. Recuerdo cuando me sentía triste y me agarraba de la mano. Me decía que todo iba estar bien. Extraño a mi abuela. Quisiera ir a buscar su tumba y dejarle flores. Quisiera verla pero no puedo. Se que ella esta cuidando a mis hermanos. Se que esta feliz y libre de todo dolor. Quisiera estar en mí país. Sea como sea siempre sera mi tierra. La amo. La extraño. Extraño el calor. Extraño las playas. Cuando me acostaba en la hamaca de mi tío solo para ver las estrellas desde el techo de su casa. Ah, que lindura. Recuerdo un muchacho que deje. Nos quedamos en volvernos a ver pero murió tan joven. No lo volví a ver. Me quedé con la frase "te volvere a ver pronto. En la próxima te invito a cenar o algo..pero que nos veremos nos veremos eso si." Eso fue lo último que le dije. Pero no se cuando me iré. No se cuando, pero me iré para siempre.
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Jan 15, 2015
Jan 15, 2015 at 12:57 AM UTC
Sólo un recuerdo..
Estar sin ti, es como estar en la oscuridad no sabes el momento en el cual la luz volvera imaginar que nunca volveras a verla pensar que con solo un rayo, calmaras tu ansiedad En fin hace tiempo que no he buscado una razon que me haga respirar, que me haga vivir que si le tengo miedo a la soledad es una gota de agua en este mar Apostando por un sentimiento inexistente simplemente creyendo sentir algo que en papel no significa nada no necesito abrir los ojos para verte Cuando llega el tiempo de frio, me pasa te recuerdo a cada segundo, a cada instante todo se me viene a la mente, se hunde, se cae para que resistir si puedo existir La noche cae, pero siempre esta el amanecer de cualquier manera será, tendra que pasar en los sueños que llegas aparecer, eres feliz mas de la cuenta y no me entristece ver el sol salir.
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Jun 12, 2013
Jun 12, 2013 at 9:49 PM UTC
Vivir, sin respirar
Hacia mucho calor dentro de la casa de mi abuela. Habían casi 20 personas en la casita pequeña de ella. Recuerdo salir a fuera para tomar un poco de aire mientras me sentaba en las gradas para relajarme, viendo pasar a las personas. Quería ver las estrellas pero casi no se veían..Sólo logre ver algunas dos o tres estrellitas. En un poste que estaba al frente de mi había una foto de una mujer. Solo al verla a ella me daba miedo. Me daba escalofrío al ver sus ojos, tan..negros. Su pelo ***** Labios pintados de rojo oscuro. No sabía si regresar adentro o quedarme. Lo pense, pero al fin me quedé. Al los 10 minutos mi tío que en ese tiempo tenía la misma edad mía salió afuera para darme compania.  Platacamos sobre nuestra vida. Nuestros logros. Nuestros deseos de seguir adelante en la vida etc me contó lo que le molestaba..expreso sus pensamientos. Supe que me tuvo gran confianza cuando empezó a llorar y me apapacho tan fuerte..mi tío es un muchacho musculoso, no le gusta demostrar sus sentimientos hacia nadie. Ni a sus propios primos. Después que el término de platicar ambos nos quedamos callados. Despues vi un buo blanco que bolaba arriba del techo de un muchacho que había conocido. Mi tío me dijo, "Dicen que si uno ve un buo es porque alguien se va morir." No le respondí, porque no creo en dichos. Ese buo blanco se quedo ahí toda la noche. El siguente día empaque mis maletas porque ya era tiempo de irme de regreso hacia los estados unidos. No quise irme porque extrañaba a mi familia tanto, mi abuelita y mi casita..estaba en casa y ahora me tocaba regresar a un país que no era mío. Al llegar a los Estados Unidos desempaque mis maletas. Todo muy bien. Días despues, mi prima me había contado que el muchacho que había conocido había fallecido. Fue a la tienda a comprar comida y le dispararon 2 veces.  Empezar a recordar el dicho del buo. Se que algunos no crearán y algunos tal vez sí. No diré que soy creyente..no se si fue solo coincidencia pero que paso paso.. Han pasado 4 años,  y aun sigo pensando en esa noche. Qué extraño..
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May 5, 2015
May 5, 2015 at 4:52 AM UTC
2011
Hacia mucho calor dentro de la casa de mi abuela. Habían casi 20 personas en la casita pequeña de ella. Recuerdo salir a fuera para tomar un poco de aire mientras me sentaba en las gradas para relajarme, viendo pasar a las personas. Quería ver las estrellas pero casi no se veían..Sólo logre ver algunas dos o tres estrellitas. En un poste que estaba al frente de mi había una foto de una mujer. Solo al verla a ella me daba miedo. Me daba escalofrío al ver sus ojos, tan..negros. Su pelo ***** Labios pintados de rojo oscuro. No sabía si regresar adentro o quedarme. Lo pense, pero al fin me quedé. Al los 10 minutos mi tío que en ese tiempo tenía la misma edad mía salió afuera para darme compania.  Platacamos sobre nuestra vida. Nuestros logros. Nuestros deseos de seguir adelante en la vida etc me contó lo que le molestaba..expreso sus pensamientos. Supe que me tuvo gran confianza cuando empezó a llorar y me apapacho tan fuerte..mi tío es un muchacho musculoso, no le gusta demostrar sus sentimientos hacia nadie. Ni a sus propios primos. Después que el término de platicar ambos nos quedamos callados. Despues vi un buo blanco que bolaba arriba del techo de un muchacho que había conocido. Mi tío me dijo, "Dicen que si uno ve un buo es porque alguien se va morir." No le respondí, porque no creo en dichos. Ese buo blanco se quedo ahí toda la noche. El siguente día empaque mis maletas porque ya era tiempo de irme de regreso hacia los estados unidos. No quise irme porque extrañaba a mi familia tanto, mi abuelita y mi casita..estaba en casa y ahora me tocaba regresar a un país que no era mío. Al llegar a los Estados Unidos desempaque mis maletas. Todo muy bien. Días despues, mi prima me había contado que el muchacho que había conocido había fallecido. Fue a la tienda a comprar comida y le dispararon 2 veces.  Empezar a recordar el dicho del buo. Se que algunos no crearán y algunos tal vez sí. No diré que soy creyente..no se si fue solo coincidencia pero que paso paso.. Han pasado 4 años,  y aun sigo pensando en esa noche. Qué extraño..
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dicen que desvelando se pierde la cabeza además del sueño pero siempre se me quita cuando veo la luna en el cielo llena sale más bella, hermosa despierta, siempre vale la pena dale ojo como se llena, la única cosa que me daría pena es no poder verla todas las noches, pido un deseo que sea la distancia, tú nunca quedas lejos y si pasa mucho tiempo donde no los vemos pido la luna en cualquier fase que nos cuida donde sea que estemos solo mira por arriba la luna te dará los mejores sueños.
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Dec 12, 2015
Dec 12, 2015 at 12:23 AM UTC
luna llena
Tener mente de escritor es probablemente una de las más grandes maldiciones que se le puede concebir a una persona. Primero; comienzas a cuestionar todo a tu alrededor, no pierdes ni un detalle. Ya no es buscar a tu novia, que vive pasando la esquina. Es despertar; ver que el día está algo nublado. Pensar que las nubes grises te gustan y te causan paz y eso te causa cierta bohemia y te da ganas de escribir algo. Ya no es caminar; es andar. Andar viendo el suelo y pensar: "Mis pasos son lentos... a mi alrededor todo es taciturno. Las nubes, oh, dulces nubes. Dulces pero amargas formas que luego destruirán el cielo y mojaran la arena con su transparente sangre". Segundo; no es ver a tu novia esperando en su puerta; es: "Y ahí estaba ella... tan hermosa... tan delicada. Tan irreal que me causaba gozo sólo existir para poder verla a la vuelta de la esquina...". Ahora, imaginemos aplicar éste principio mórbido e involuntario a cada aspecto de la vida. Tener mente de escritor es probablemente una de las más grandes maldiciones que se le puede concebir a una persona.
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Jun 19, 2014
Jun 19, 2014 at 7:20 PM UTC
Mente de escritor.
Era mi amiga, pero yo la amaba yo la amaba en silencio puramente, y mientras sus amores me contaba yo escuchaba sus frases tristemente. Era mi amiga, pero me gustaba y mi afán era verla a cada instante. Nunca supo el amor que yo albergaba porque siempre me hablaba de su amante. Era mi amiga para todo el mundo porque a nadie mi amor yo confesaba, pero yo la quería muy profundo y forzosamente me callaba. Era mi amiga, y mi cuerpo sentía estremecer si ella me miraba, al oírla junto a mí feliz me hacía mas de este amor ella nunca supo nada y aunque sólo mi amistad yo le ofrecía, era mi amiga, pero yo la amaba.
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Era mi amiga
Yo adoro a Lysi, pero no pretendo que Lysi corresponda mi fineza; pues si juzgo posible su belleza, a su decoro y mi aprehensión ofendo. No emprender, solamente, es lo que emprendo: pues sé que a merecer tanta grandeza ningún mérito basta, y es simpleza obrar contra lo mismo que yo entiendo. Como cosa concibo tan sagrada su beldad, que no quiere mi osadía a la esperanza dar ni aun leve entrada: pues cediendo a la suya mi alegría por no llegarla a ver mal empleada, aun pienso que sintiera verla mía.
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Que explica la más sublime calidad de amor
¡Que no quiero verla! Dile a la luna que venga, que no quiero ver la sangre de Ignacio sobre la arena. ¡Que no quiero verla! La luna de par en par. Caballo de nubes quietas, y la plaza gris del sueño con sauces en las barreras. ¡Que no quiero verla! Que mi recuerdo se quema. ¡Avisad a los jazmines con su blancura pequeña! ¡Que no quiero verla! La vaca del viejo mundo pasaba su triste lengua sobre un hocico de sangres derramadas en la arena, y los toros de Guisando, casi muerte y casi piedra, mugieron como dos siglos hartos de pisar la tierra. No. ¡Que no quiero verla! Por las gradas sube Ignacio con toda su muerte a cuestas. Buscaba el amanecer, y el amanecer no era. Busca su perfil seguro, y el sueño lo desorienta. Buscaba su hermoso cuerpo y encontró su sangre abierta. ¡No me digáis que la vea! No quiero sentir el chorro cada vez con menos fuerza; ese chorro que ilumina los tendidos y se vuelca sobre la pana y el cuero de muchedumbre sedienta. ¡Quién me grita que me asome! ¡No me digáis que la vea! No se cerraron sus ojos cuando vio los cuernos cerca, pero las madres terribles levantaron la cabeza. Y a través de las ganaderías, hubo un aire de voces secretas que gritaban a toros celestes mayorales de pálida niebla. No hubo príncipe en Sevilla que comparársele pueda, ni espada como su espada ni corazón tan de veras. Como un río de leones su maravillosa fuerza, y como un torso de mármol su dibujada prudencia. Aire de Roma andaluza le doraba la cabeza donde su risa era un nardo de sal y de inteligencia. ¡Qué gran torero en la plaza! ¡Qué buen serrano en la sierra! ¡Qué blando con las espigas! ¡Qué duro con las espuelas! ¡Qué tierno con el rocío! ¡Qué deslumbrante en la feria! ¡Qué tremendo con las últimas banderillas de tiniebla! Pero ya duerme sin fin. Ya los musgos y la hierba abren con dedos seguros la flor de su calavera. Y su sangre ya viene cantando: cantando por marismas y praderas, resbalando por cuernos ateridos, vacilando sin alma por la niebla, tropezando con miles de pezuñas como una larga, oscura, triste lengua, para formar un charco de agonía junto al Guadalquivir de las estrellas. ¡Oh blanco muro de España! ¡Oh ***** toro de pena! ¡Oh sangre dura de Ignacio! ¡Oh ruiseñor de sus venas! No. ¡Que no quiero verla! Que no hay cáliz que la contenga, que no hay golondrinas que se la beban, no hay escarcha de luz que la enfríe, no hay canto ni diluvio de azucenas, no hay cristal que la cubra de plata. No. ¡¡Yo no quiero verla!!
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La sangre derramada
¡Que no quiero verla! Dile a la luna que venga, que no quiero ver la sangre de Ignacio sobre la arena. ¡Que no quiero verla! La luna de par en par. Caballo de nubes quietas, y la plaza gris del sueño con sauces en las barreras. ¡Que no quiero verla! Que mi recuerdo se quema. ¡Avisad a los jazmines con su blancura pequeña! ¡Que no quiero verla! La vaca del viejo mundo pasaba su triste lengua sobre un hocico de sangres derramadas en la arena, y los toros de Guisando, casi muerte y casi piedra, mugieron como dos siglos hartos de pisar la tierra. No. ¡Que no quiero verla! Por las gradas sube Ignacio con toda su muerte a cuestas. Buscaba el amanecer, y el amanecer no era. Busca su perfil seguro, y el sueño lo desorienta. Buscaba su hermoso cuerpo y encontró su sangre abierta. ¡No me digáis que la vea! No quiero sentir el chorro cada vez con menos fuerza; ese chorro que ilumina los tendidos y se vuelca sobre la pana y el cuero de muchedumbre sedienta. ¡Quién me grita que me asome! ¡No me digáis que la vea! No se cerraron sus ojos cuando vio los cuernos cerca, pero las madres terribles levantaron la cabeza. Y a través de las ganaderías, hubo un aire de voces secretas que gritaban a toros celestes mayorales de pálida niebla. No hubo príncipe en Sevilla que comparársele pueda, ni espada como su espada ni corazón tan de veras. Como un río de leones su maravillosa fuerza, y como un torso de mármol su dibujada prudencia. Aire de Roma andaluza le doraba la cabeza donde su risa era un nardo de sal y de inteligencia. ¡Qué gran torero en la plaza! ¡Qué buen serrano en la sierra! ¡Qué blando con las espigas! ¡Qué duro con las espuelas! ¡Qué tierno con el rocío! ¡Qué deslumbrante en la feria! ¡Qué tremendo con las últimas banderillas de tiniebla! Pero ya duerme sin fin. Ya los musgos y la hierba abren con dedos seguros la flor de su calavera. Y su sangre ya viene cantando: cantando por marismas y praderas, resbalando por cuernos ateridos, vacilando sin alma por la niebla, tropezando con miles de pezuñas como una larga, oscura, triste lengua, para formar un charco de agonía junto al Guadalquivir de las estrellas. ¡Oh blanco muro de España! ¡Oh ***** toro de pena! ¡Oh sangre dura de Ignacio! ¡Oh ruiseñor de sus venas! No. ¡Que no quiero verla! Que no hay cáliz que la contenga, que no hay golondrinas que se la beban, no hay escarcha de luz que la enfríe, no hay canto ni diluvio de azucenas, no hay cristal que la cubra de plata. No. ¡¡Yo no quiero verla!!
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El estandarte ved que en Ceriñola el gran Gonzalo desplegó triunfante, la noble enseña ilustre y española que al indio domeñó y al mar de Atlante; regio pendón que al aire se tremola, don de CRISTINA, enseña relumbrante, verla podremos en la lid reñida rasgada sí, pero jamás vencida.
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Octava real
Sí:       la realidad propone siempre sueños, mas sólo uno entre muchos elige la mirada. De quien madruga a verla,                             y no del sol,                                           procede -aunque él no se lo crea- la luz que ordena y fija el mundo en sus formas más bellas:                             Damas altas, calandrias... Vistas así las cosas, iluminadas por amor tan claro ¿cómo van a negarse?                       Dóciles, entregadas a su más alto vuelo, se demoran, esperan, se eternizan.Cazadoras al filo de la aurora. Cobrar la plenitud, guardar el canto como trofeo y ¡a volar las alas! Contra un mundo fugaz, esquivo y raudo, que salta a su «seré» de el «ya he sido», pupilas aún más rápidas lanzan dardos certeros. Difícil blanco ofrece hoy la mañana: escorzo de cristal que pasa huyendo de no sé qué jaurías invisibles.                                   ¿Un instante del iris? Rasga el silencio y...                         ¡Luz ilesa! He ahí la eternidad, en dos palabras.
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Glosas en homenaje a j.g.
La dejé marcharse sola... y, sin embargo, tenía para evitar mi agonía la piedad de una pistola. "¿Por qué no morir? -pensé-. ¿Por qué no librarme desta tortura? ¿Ya qué me resta despúés que ella se me fue?" Pero el resabio cristiano me insinuó con voces graves: «¡Pobre necio, tú que sabes!» Y paralizó mi mano. Tuve miedo..., es la verdad; miedo, sí, de ya no verla, miedo inmenso de perderla por toda una eternidad. Y preferí, no vivir, que no es vida la presente, sino acabar lentamente, lentamente, de morir.
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Vi. por miedo
De las generaciones de las rosas que en el fondo del tiempo se han perdido quiero que una se salve del olvido, una sin marca o signo entre las cosas que fueron. El destino me depara este don de nombrar por vez primera esa flor silenciosa, la postrera rosa que Milton acercó a su cara, sin verla. Oh tú bermeja o amarilla o blanca rosa de un jardín borrado, deja mágicamente tu pasado inmemorial y en este verso brilla, oro, sangre o marfil o tenebrosa como en sus manos, invisible rosa.
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Una rosa y milton
Aquí estoy... En este mundo todavía... Viejo y cansado... Esperando         a que me llamen... Muchas veces he querido escaparme por la puerta maldita         y condenada y siempre un ángel invisible me ha tocado en el hombro         y me ha dicho severo: No, no es la hora todavía... hay que esperar... Y aquí estoy esperando... con el mismo traje viejo de ayer, haciendo recuentos y memoria, haciendo examen de conciencia, escudriñando agudamente mi vida... ¡Qué desastre!... ¡Ni un talento!... Todo lo perdí. Sólo mis ojos saben aún llorar. Esto es lo que me queda... Y mi esperanza se levanta para decir acongojada: Otra vez lo haré mejor, Señor, porque... ¿no es cierto que volvemos a nacer? ¿No es cierto que de alguna manera volvemos a nacer? Creo que Dios nos da siempre otra vida, otras vidas nuevas, otros cuerpos con otras herramientas, con otros instrumentos... Otras cajas sonoras donde el alma inmortal y viajera se mueva mejor para ir corrigiendo lentamente, muy lentamente, a través de los siglos, nuestros viejos pecados, nuestros tercos pecados... para ir eliminando poco a poco el veneno original de nuestra sangre que viene de muy lejos. Corre el tiempo y lo derrumba todo, lo transforma todo. Sin embargo pasan los siglos y el alma está, en otro sitio...         ¡pero está! Creo que tenemos muchas vidas, que todas son purgatorios sucesivos, y que esos purgatorios sucesivos, todos juntos, constituyen el infierno, el infierno purificador, al final del cual está la Luz, el Gran Dios, esperándonos. Ni el infierno... ni el fuego y el dolor son eternos. Sólo la Luz brilla sin tregua, diamantina, infinita, misericordiosa, perdurable por los siglos de los siglos... Ahí está siempre con sus divinos atributos. Sólo mis ojos hoy son incapaces de verla... estos pobres ojos que no saben aún más que llorar.
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Credo
Aquí estoy... En este mundo todavía... Viejo y cansado... Esperando         a que me llamen... Muchas veces he querido escaparme por la puerta maldita         y condenada y siempre un ángel invisible me ha tocado en el hombro         y me ha dicho severo: No, no es la hora todavía... hay que esperar... Y aquí estoy esperando... con el mismo traje viejo de ayer, haciendo recuentos y memoria, haciendo examen de conciencia, escudriñando agudamente mi vida... ¡Qué desastre!... ¡Ni un talento!... Todo lo perdí. Sólo mis ojos saben aún llorar. Esto es lo que me queda... Y mi esperanza se levanta para decir acongojada: Otra vez lo haré mejor, Señor, porque... ¿no es cierto que volvemos a nacer? ¿No es cierto que de alguna manera volvemos a nacer? Creo que Dios nos da siempre otra vida, otras vidas nuevas, otros cuerpos con otras herramientas, con otros instrumentos... Otras cajas sonoras donde el alma inmortal y viajera se mueva mejor para ir corrigiendo lentamente, muy lentamente, a través de los siglos, nuestros viejos pecados, nuestros tercos pecados... para ir eliminando poco a poco el veneno original de nuestra sangre que viene de muy lejos. Corre el tiempo y lo derrumba todo, lo transforma todo. Sin embargo pasan los siglos y el alma está, en otro sitio...         ¡pero está! Creo que tenemos muchas vidas, que todas son purgatorios sucesivos, y que esos purgatorios sucesivos, todos juntos, constituyen el infierno, el infierno purificador, al final del cual está la Luz, el Gran Dios, esperándonos. Ni el infierno... ni el fuego y el dolor son eternos. Sólo la Luz brilla sin tregua, diamantina, infinita, misericordiosa, perdurable por los siglos de los siglos... Ahí está siempre con sus divinos atributos. Sólo mis ojos hoy son incapaces de verla... estos pobres ojos que no saben aún más que llorar.
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Mire por la ventana mi vida acelerada cada disparo sin conseguir nada. Me siento de calavera hoy no estoy para verla; cuerda oxidada, polvo de estrella, inhalando vida, proponer retirada. Sigo viendo por la ventana soy el narrador a la vigía observador del tiempo centinela de de los sueños.
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Apr 2, 2018
Apr 2, 2018 at 2:47 PM UTC
II (abril)
El lobo solamente se quedó mirándola. La Luna no tenía una palabra más que decir, buscó y encontró una excusa para poderse ir. Por su mente no pasó el momento en que la perdió. Él recorrió todo bosque buscándola. Ella quería buscar la luz del Sol. La noche azul perdía todo color y luz. La obscuridad pronto al lobo consumió. Era obscuridad, sus ojos no veían más que el reflejo de la Luna Él la anhelaba tener. Y el lobo aulló. Era causalidad: “Nadie la verá como yo”. Quería verla por siempre ahí, él la anhelaba tener. Y el lobo aulló. Estrellas intentaban darle brillos opacos. Eran lo único que lo protegían de morir. Y ella libremente paseaba en la noche. Allí, el pobre se quedaba aullando. Ella parecía encontrar al Sol cada día, más brillante cada vez que lo ve. El se desarrollaba en la obscuridad y la soledad lo empezaba a poseer. Se quedó mirando a la Luna crecer, quería ser el Sol y morir por verla brillar, aunque fuera solamente una última vez. No podía más. Y el lobo dejó de aullar.
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Apr 13, 2018
Apr 13, 2018 at 6:24 PM UTC
Aullido
Ir muriendo y cantando. Y bautizar la sombra con sangre babilónica de noble gladiador. Y rubricar los cuneiformes de la áurea alfombra con la pluma del ruiseñor y la tinta azul del dolor. ¿La Vida? Hembra proteica. Contemplarla asustada escaparse en sus velos, infiel, falsa Judith; verla desde la herida, y asirla en la mirada, incrustando un capricho de cera en un rubí. Mosto de Babilonia, Holofernes, sin tropas, en el árbol cristiano yo colgué mi nidal; la viña redentora negó amor a mis copas; Judith, la vida aleve, sesgó su cuerpo hostial. Tal un festín pagano. Y amarla hasta en la muerte, mientras las venas siembran rojas perlas de mal; y así volverse al polvo, conquistador sin suerte, dejando miles de ojos de sangre en el puñal.
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Pagana
Su luna de pergamino Preciosa tocando viene por un anfibio sendero de cristales y laureles. El silencio sin estrellas, huyendo del sonsonete, cae donde el mar bate y canta su noche llena de peces. En los picos de la sierra los carabineros duermen guardando las blancas torres donde viven los ingleses. Y los gitanos del agua levantan por distraerse, glorietas de caracolas y ramas de pino verde. Su luna de pergamino Preciosa tocando viene. Al verla se ha levantado el viento que nunca duerme. San Cristobalón desnudo, lleno de lenguas celestes, mira la niña tocando una dulce gaita ausente. Niña, deja que levante tu vestido para verte. Abre en mis dedos antiguos la rosa azul de tu vientre. Preciosa tira el pandero y corre sin detenerse. El viento-hombrón la persigue con una espada caliente. Frunce su rumor el mar. Los olivos palidecen. Cantan las flautas de umbría y el liso gong de la nieve. ¡Preciosa, corre, Preciosa, que te coge el viento verde! ¡Preciosa, corre, Preciosa! ¡Míralo por dónde viene! Sátiro de estrellas bajas con sus lenguas relucientes. Preciosa, llena de miedo, entra en la casa que tiene, más arriba de los pinos, el cónsul de los ingleses. Asustados por los gritos tres carabineros vienen, sus negras capas ceñidas y los gorros en las sienes. El inglés da a la gitana un vaso de tibia leche, y una copa de ginebra que Preciosa no se bebe. Y mientras cuenta, llorando, su aventura a aquella gente, en las tejas de pizarra el viento, furioso, muerde.
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Preciosa y el aire
Su luna de pergamino Preciosa tocando viene por un anfibio sendero de cristales y laureles. El silencio sin estrellas, huyendo del sonsonete, cae donde el mar bate y canta su noche llena de peces. En los picos de la sierra los carabineros duermen guardando las blancas torres donde viven los ingleses. Y los gitanos del agua levantan por distraerse, glorietas de caracolas y ramas de pino verde. Su luna de pergamino Preciosa tocando viene. Al verla se ha levantado el viento que nunca duerme. San Cristobalón desnudo, lleno de lenguas celestes, mira la niña tocando una dulce gaita ausente. Niña, deja que levante tu vestido para verte. Abre en mis dedos antiguos la rosa azul de tu vientre. Preciosa tira el pandero y corre sin detenerse. El viento-hombrón la persigue con una espada caliente. Frunce su rumor el mar. Los olivos palidecen. Cantan las flautas de umbría y el liso gong de la nieve. ¡Preciosa, corre, Preciosa, que te coge el viento verde! ¡Preciosa, corre, Preciosa! ¡Míralo por dónde viene! Sátiro de estrellas bajas con sus lenguas relucientes. Preciosa, llena de miedo, entra en la casa que tiene, más arriba de los pinos, el cónsul de los ingleses. Asustados por los gritos tres carabineros vienen, sus negras capas ceñidas y los gorros en las sienes. El inglés da a la gitana un vaso de tibia leche, y una copa de ginebra que Preciosa no se bebe. Y mientras cuenta, llorando, su aventura a aquella gente, en las tejas de pizarra el viento, furioso, muerde.
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Mi amada se fue a la Muerte, partió al Misterio mi amada; se fue una tarde de invierno; iba pálida, muy pálida. Ella que, por su color, gloriosamente rosada, parecía un ser translúcido iluminado por llama interna...              ¡Qué lividez aquella, la de mi Ana, y qué frialdad! ¡Si tenía hasta las trenzas heladas! ¡Se fue a la Muerte, que es nuestra Madre, nuestra Patria y nuestra sola heredad tras este valle de lágrimas! Hoy hace tres meses justos que se la llevaron trágicamente inmóvil, y recuerdo con qué expresión desolada se plañía entre los árboles el viento del Guadarrama. ¡Tres meses de viaje! ¡Nunca fue nuestra ausencia tan larga! Noventa días sin verla, y sin una sola carta... Abismo de los abismos, distancias de las distancias, hondura de las honduras, muralla de las murallas, ¿donde tienes a mi muerta? ¡Dámela! ¡Dámela! ¡Dámela! ¡En vano en la noche lóbrega suena y resuena la aldaba con que llamo a la gran puerta del castillo que se alza en la cima misteriosa de la fúnebre montaña! Cierto, detrás de esa hostil fortaleza, alguien se halla... Se adivina no sé qué, un confuso rumor de almas... De fijo nos oyen, pero nadie nos responde nada, y resuena solamente, con vibraciones metálicas, en los ámbitos inmensos el golpazo de la aldaba. Hoy hace tres meses justos que se la llevaron, tragicamente inmóvil, y recuerdo con qué expresión desolada se plañía entre los arboles el viento del Guadarrama; y recuerdo también que al cruzar por las barriadas de Madrid me sollozó una tétrica gitana: "Señorito, una limosna por la difunta de su arma!"
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Ii. tres meses
Mi amada se fue a la Muerte, partió al Misterio mi amada; se fue una tarde de invierno; iba pálida, muy pálida. Ella que, por su color, gloriosamente rosada, parecía un ser translúcido iluminado por llama interna...              ¡Qué lividez aquella, la de mi Ana, y qué frialdad! ¡Si tenía hasta las trenzas heladas! ¡Se fue a la Muerte, que es nuestra Madre, nuestra Patria y nuestra sola heredad tras este valle de lágrimas! Hoy hace tres meses justos que se la llevaron trágicamente inmóvil, y recuerdo con qué expresión desolada se plañía entre los árboles el viento del Guadarrama. ¡Tres meses de viaje! ¡Nunca fue nuestra ausencia tan larga! Noventa días sin verla, y sin una sola carta... Abismo de los abismos, distancias de las distancias, hondura de las honduras, muralla de las murallas, ¿donde tienes a mi muerta? ¡Dámela! ¡Dámela! ¡Dámela! ¡En vano en la noche lóbrega suena y resuena la aldaba con que llamo a la gran puerta del castillo que se alza en la cima misteriosa de la fúnebre montaña! Cierto, detrás de esa hostil fortaleza, alguien se halla... Se adivina no sé qué, un confuso rumor de almas... De fijo nos oyen, pero nadie nos responde nada, y resuena solamente, con vibraciones metálicas, en los ámbitos inmensos el golpazo de la aldaba. Hoy hace tres meses justos que se la llevaron, tragicamente inmóvil, y recuerdo con qué expresión desolada se plañía entre los arboles el viento del Guadarrama; y recuerdo también que al cruzar por las barriadas de Madrid me sollozó una tétrica gitana: "Señorito, una limosna por la difunta de su arma!"
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Y si fuera cualquier cosa!! Cual es el problema? Si yo te lo quiero mandar!! Cual es el problema? Si no quiero que vengas!! Cual es el problema? Abre los ojos!!! Por favor entiende!! No todos miran Lo que miras en mis ojos. Mis ojos mienten. No lees creas!! No soy buena, Soy El diablo disfrazado. un lobo y no la oveja. Tal vez soy un ángel, Un ángel caído. No soy Dios. Pero al verla Veo a Dios Y ella tiene Sus ojos vendados.
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Aug 9, 2022
Aug 9, 2022 at 12:54 AM UTC
Abre los ojos
hoy compré una escopeta para mi hijo hace ya tiempo que me la venía pidiendo y comprendiendo mi hijo que no hay plata que alcance pero pidiéndola proponiendo los sitios de la cocina de la pieza donde recién traída la escopeta esperaba que él saliera del sueño donde estaba esperándola para verla tocarla convertirla después en otro sueño no para matar bichos o pájaros o arruinar las paredes las plantitas o bajar a la luna de su sitio lunar no para esas pequeñas cosas molestas mi hijo quería su escopeta y esta noche la traigo y escribo para alertar al vecindario al mundo en general porque qué haría la inocencia ahora que está armada sino causar graves desórdenes como espantar la muerte sino matar sombras matar a enemigos a cínicos amigos defender la justicia hacer la Revolución y además compré una camita para mi hija donde acostará a su muñeca cubriéndola con el trapo amarillo como esa noche que yo estaba por escribir un poema intentando apresar los rostros últimos del bello amor humano imperfecto perfecto como una madre oscura acercándome a ellos casi rodeando su aire cálido como un fuego cara a cara a su fuego oyéndolos temblar inasibles y mi hija me tomó de la mano para mostrarme la muñeca que ella había abrigado es su cuna tapándole los ojos pintados con un pedazo de papel para que pueda dormir y le besó la frente le dijo que descanse y yo volví a la mesa y en silencio guardé mis papeles vacíos
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Juguetes
Relámpago vital, liebre cenceña entre el llantén y el tallo de la menta. Hoy era tanto siendo tan pequeña. Ahora es sólo una piedra de tormenta. Torpe y mediano el cazador detuvo su sigiloso ovillo de camino. Centella como era, nunca hubo. Sellado en cuatro huellas, su destino. Inmóvil, fría, ojuelos sin oriente, lloro la muerte de su entraña viva, sobre el camino de balasto, ausente, sin la eléctrica gracia sensitiva, tan sólo porque un hombre indiferente, casi sin verla, le tronchó la vida.
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La liebre muerta
A la desierta plaza conduce un laberinto de callejas. A un lado, el viejo paredón sombrío de una ruinosa iglesia; a otro lado, la tapia blanquecina de un huerto de cipreses y palmeras, y, frente a mí, la casa, y en la casa la reja ante el cristal que levemente empaña su figurilla plácida y risueña. Me apartaré. No quiero llamar a tu ventana... Primavera viene -su veste blanca flota en el aire de la plaza muerta-; viene a encender las rosas rojas de tus rosales... Quiero verla...
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Untitled
Es una araña enorme que ya no anda; una araña incolora, cuyo cuerpo, una cabeza y un abdomen, sangra. Hoy la he visto de cerca. Y con qué esfuerzo hacia todos los flancos sus pies innumerables alargaba. Y he pensado en sus ojos invisibles, los pilotos fatales de la araña. Es una araña que temblaba fija en un filo de piedra; el abdomen a un lado, y al otro la cabeza. Con tantos pies la pobre, y aún no puede resolverse. Y, al verla atónita en tal trance, hoy me ha dado qué pena esa viajera. Es una araña enorme, a quien impide el abdomen seguir a la cabeza. Y he pensado en sus ojos y en sus pies numerosos... ¡Y me ha dado qué pena esa viajera!
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La araña
Como es la lana de vicuña nueva es tu mano en mi mano de fatiga. Tú llevas en la tuya una alta espiga. Está la mía cual rastreada era. Del roble baja a ti cada mañana la doble fuerza que tu dorso empina. Cardo sin flor a mí me da su espina, pero mi condición también lo ama. Largo camino para ti se abre en sol invicto y claro de horizontes. Yo quedo aquí, y déjame que labre mi casa de madrépora o de perla, múltiple irios, jaula de sisontes que hasta mi Dios ha de inclinarse a verla.
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Interior morada
divago y de repente me giro: el humo escala mis piernas y huye de mí (ojalá fuera tan fácil). en la nave soy yo misma, desnuda y tímida por el miedo ingenuo de la nuez descascarillada. las distracciones no me sirven, el alma; no me basta su desnudez. quiero más, no hay suficiente agua en esta bañera para calmar mi sed de volver a mi antiguo antro, de volver a verla a ella otra vez.
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Oct 18, 2018
Oct 18, 2018 at 5:14 PM UTC
bomba naval