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"vaga" poems
Y ante mi abrazo te sentí rendida... y ante tu sumisión, mis besos sabios pusieron a temblar entre tus labios ansias de amor y de placer y vida... Fue un instante no más, uno de esos siglos-instantes que el amor nos brinda, prometiéndole un lauro al que se rinda primero en la batalla de los besos... Lo ves, mujer... No cabe en la materia la espiritualidad de lo insensible; todo es vencido ante el irresistible empujón de la carne y su miseria.... Y te sentí temblar como la fronda al soplo tibio de la brisa vaga, cuando en su trino el ruiseñor divaga y peina el sol su cabellera blonda... Y te sentí temblar como la onda que su quietud sobre la arena apaga, y como el ave que sin rumbo vaga y un circulo invisible traza y ronda. Y te sentí languidecer al peso de mis labios, al peso de un gran beso que perfumó en tus labios a un suspiro, tal como languidece en la laguna un cisne enamorado de la Luna, al no hallarla en el cielo de zafiro... Y te sentí latir, tal como late al manotazo del ciclón la hoja, como en la espada late, humeante y roja, la sangre que bebiera en el combate; tal como el sauce que su frente abate cuando la nube en su aflicción lo moja, o como el oceáno que se enoja y en el escollo solitario bate. Y te sentí vencida, con el lento y anhelado y temido vencimiento del sol, cuando la Noche abre la puerta del ***** templo de su Dios ignoto; y te sentí dormida, como un loto en la serenidad de un agua muerta... Y te sentí anhelante y temblorosa cual la irisada espuma de un torrente; como un lucero en la región silente, insinuando una seña misteriosa; cual la palma que agita, rumorosa, su abanico de jade, lentamente, como despunta en un jardín durmiente el milagro de gracia de una rosa; y cual la cierva cuando la acorrala la jauría, cual ave moribunda que pliega triste su ya inútil ala, y adoré tu sensual melancolía llena de rendición meditabunda, ¡y te sentí profundamente mía!...
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Poema de los besos
Y ante mi abrazo te sentí rendida... y ante tu sumisión, mis besos sabios pusieron a temblar entre tus labios ansias de amor y de placer y vida... Fue un instante no más, uno de esos siglos-instantes que el amor nos brinda, prometiéndole un lauro al que se rinda primero en la batalla de los besos... Lo ves, mujer... No cabe en la materia la espiritualidad de lo insensible; todo es vencido ante el irresistible empujón de la carne y su miseria.... Y te sentí temblar como la fronda al soplo tibio de la brisa vaga, cuando en su trino el ruiseñor divaga y peina el sol su cabellera blonda... Y te sentí temblar como la onda que su quietud sobre la arena apaga, y como el ave que sin rumbo vaga y un circulo invisible traza y ronda. Y te sentí languidecer al peso de mis labios, al peso de un gran beso que perfumó en tus labios a un suspiro, tal como languidece en la laguna un cisne enamorado de la Luna, al no hallarla en el cielo de zafiro... Y te sentí latir, tal como late al manotazo del ciclón la hoja, como en la espada late, humeante y roja, la sangre que bebiera en el combate; tal como el sauce que su frente abate cuando la nube en su aflicción lo moja, o como el oceáno que se enoja y en el escollo solitario bate. Y te sentí vencida, con el lento y anhelado y temido vencimiento del sol, cuando la Noche abre la puerta del ***** templo de su Dios ignoto; y te sentí dormida, como un loto en la serenidad de un agua muerta... Y te sentí anhelante y temblorosa cual la irisada espuma de un torrente; como un lucero en la región silente, insinuando una seña misteriosa; cual la palma que agita, rumorosa, su abanico de jade, lentamente, como despunta en un jardín durmiente el milagro de gracia de una rosa; y cual la cierva cuando la acorrala la jauría, cual ave moribunda que pliega triste su ya inútil ala, y adoré tu sensual melancolía llena de rendición meditabunda, ¡y te sentí profundamente mía!...
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II Donna leggiadra il cui bel nome honora L’herbosa val di Rheno, e il nobil varco, Ben e colui d’ogni valore scarco Qual tuo spirto gentil non innamora, Che dolcemente mostra si di fuora De suoi atti soavi giamai parco, E i don’, che son d’amor saette ed arco, La onde l’ alta tua virtu s’infiora. Quando tu vaga parli, O lieta canti Che mover possa duro alpestre legno, Guardi ciascun a gli occhi ed a gli orecchi L’entrata, chi di te si truova indegno; Gratia sola di su gli vaglia, inanti Che’l disio amoroso al cuor s’invecchi.
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Sonnet 02
You find comfort in the arms of women who do not hesitate to **** their own children; your children just like flushing a **** down a toilet. Because its poetic?  Or tragic?  Or just f-ing sad? Or because in their company you become the effortless hero, replacing stale smoke for oxygen and trying to die? If life were a sinking ship, you'd be the first rat a running- so the women and children had better move fast. There is just no room in your one man life boat. Why with your ego, and your lonliness, and that grudgeyou're holding against God. Fumaça por oxigênio Tu encontra conforto nos braços de mulheres que não hesitam em matar suas próprias crianças; tuas crianças como se estivessem despejando merda descarga adentro. Porque é poético? Ou trágico? Ou apenas triste pra caralho? Ou porque com elas tu te transforma num herói sem esforço, substituindo fumaça mofada por oxigênio e tentando a morte? Se a vida fosse um navio afundando, tu seria o primeiro rato a fugir é melhor que mulheres e crianças se apressem, portanto. Simplesmente não há vaga em teu barco de um homem só. Com teu ego, e tua solidão, e esse rancor tu segue desafiando Deus.
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Feb 27, 2010
Feb 27, 2010 at 12:31 AM UTC
Smoke for oxygen (Fumaça por oxigênio)
La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro, está mudo el teclado de su clave sonoro, y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.El jardín puebla el triunfo de los pavos reales. Parlanchina, la dueña dice cosas banales, y vestido de rojo piruetea el bufón. La princesa no ríe, la princesa no siente; la princesa persigue por el cielo de Oriente la libélula vaga de una vaga ilusión.¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China, o en el que ha detenido su carroza argentina para ver de sus ojos la dulzura de luz? ¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes, o en el que es soberano de los claros diamantes, o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa quiere ser golondrina, quiere ser mariposa, tener alas ligeras, bajo el cielo volar; ir al sol por la escala luminosa de un rayo, saludar a los lirios con los versos de mayo o perderse en el viento sobre el trueno del mar.Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata, ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata, ni los cisnes unánimes en el lago de azur. Y están tristes las flores por la flor de la corte, los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte, de Occidente las dalias y las rosas del Sur.¡Pobrecita princesa  de los ojos azules! Está presa en sus oros, está presa en sus tules, en la jaula de mármol del palacio real; el palacio soberbio que vigilan los guardas, que custodian cien negros con sus cien alabardas, un lebrel que no duerme y un dragón colosal.¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida! (La princesa está triste, la princesa está pálida) ¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil! ¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe, -la princesa está pálida, la princesa está triste-, más brillante que el alba, más hermoso que abril!-«Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-; en caballo, con alas, hacia acá se encamina, en el cinto la espada y en la mano el azor, el feliz caballero que te adora sin verte, y que llega de lejos, vencedor de la Muerte, a encenderte los labios con un beso de amor».
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Sonatina
La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro, está mudo el teclado de su clave sonoro, y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.El jardín puebla el triunfo de los pavos reales. Parlanchina, la dueña dice cosas banales, y vestido de rojo piruetea el bufón. La princesa no ríe, la princesa no siente; la princesa persigue por el cielo de Oriente la libélula vaga de una vaga ilusión.¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China, o en el que ha detenido su carroza argentina para ver de sus ojos la dulzura de luz? ¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes, o en el que es soberano de los claros diamantes, o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa quiere ser golondrina, quiere ser mariposa, tener alas ligeras, bajo el cielo volar; ir al sol por la escala luminosa de un rayo, saludar a los lirios con los versos de mayo o perderse en el viento sobre el trueno del mar.Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata, ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata, ni los cisnes unánimes en el lago de azur. Y están tristes las flores por la flor de la corte, los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte, de Occidente las dalias y las rosas del Sur.¡Pobrecita princesa  de los ojos azules! Está presa en sus oros, está presa en sus tules, en la jaula de mármol del palacio real; el palacio soberbio que vigilan los guardas, que custodian cien negros con sus cien alabardas, un lebrel que no duerme y un dragón colosal.¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida! (La princesa está triste, la princesa está pálida) ¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil! ¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe, -la princesa está pálida, la princesa está triste-, más brillante que el alba, más hermoso que abril!-«Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-; en caballo, con alas, hacia acá se encamina, en el cinto la espada y en la mano el azor, el feliz caballero que te adora sin verte, y que llega de lejos, vencedor de la Muerte, a encenderte los labios con un beso de amor».
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Otra canción he de cantar, ingenua. Otra canción (desnuda de artificios como mi pena: que no llora, ni se crispa, ni se queja). Otra canción desnuda de artificios como mi pena, (como mi pena: muda, así la relate mórbidamente; y quieta: no importa que sea motor de mi cansancio, hélice de mi pereza, remo de mi estatismo, ala de mi indiferencia; como mi pena: -por más que avizore y otee los horizontes- ciega). Otra canción he de cantar ingenua. Otra canción, de un ritmo opacado, de brumas y de leyenda, de brumas y de quimera: sin timbres gárrulos de Oriente -asordinada-; sin tamboriles gayos ni danzarinas bayaderas; sin bélicos clarines y sin fanfarrias épicas. Una canción hiperbórea, gris: que la cantasen noruegos marinos en sus barcazas pesqueras; que la cantasen campesinos de Helsingor y aldeanas de Abylund y de la Karelia. Otra canción he de cantar ingenua. Sin este sol vibrante ni los estridores que me circundan: como si no habitase las tropicales beocias antitéticas -burgos sordos, cálidas selvas-: como si no retumbase en mis oídos la fragorosa cantinela del río que rompe su fastidio en las filudas peñas! Canción que nada diga y apenas sí sugiera. Que nada diga mas deje en los oídos vaga impresión insegura de leyenda y de quimera: (el hondo rumor que de los caracoles en la rósea espiral se aposenta). Canción de gente tosca, de ruda gente marinera, canción que se cantase en la hora de los coloquios -del norteño puerto nativo en el muelle o en la taberna-. Otra canción he de cantar, ingenua. Desnuda de artificios como mi pena, Sobria de afeites frívolos, burda como la lona de las velas de los esquifes pescadores; burda: ¡y encinta de odiseas, de temporales y de naufragios como las velas!
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Cantigas
Otra canción he de cantar, ingenua. Otra canción (desnuda de artificios como mi pena: que no llora, ni se crispa, ni se queja). Otra canción desnuda de artificios como mi pena, (como mi pena: muda, así la relate mórbidamente; y quieta: no importa que sea motor de mi cansancio, hélice de mi pereza, remo de mi estatismo, ala de mi indiferencia; como mi pena: -por más que avizore y otee los horizontes- ciega). Otra canción he de cantar ingenua. Otra canción, de un ritmo opacado, de brumas y de leyenda, de brumas y de quimera: sin timbres gárrulos de Oriente -asordinada-; sin tamboriles gayos ni danzarinas bayaderas; sin bélicos clarines y sin fanfarrias épicas. Una canción hiperbórea, gris: que la cantasen noruegos marinos en sus barcazas pesqueras; que la cantasen campesinos de Helsingor y aldeanas de Abylund y de la Karelia. Otra canción he de cantar ingenua. Sin este sol vibrante ni los estridores que me circundan: como si no habitase las tropicales beocias antitéticas -burgos sordos, cálidas selvas-: como si no retumbase en mis oídos la fragorosa cantinela del río que rompe su fastidio en las filudas peñas! Canción que nada diga y apenas sí sugiera. Que nada diga mas deje en los oídos vaga impresión insegura de leyenda y de quimera: (el hondo rumor que de los caracoles en la rósea espiral se aposenta). Canción de gente tosca, de ruda gente marinera, canción que se cantase en la hora de los coloquios -del norteño puerto nativo en el muelle o en la taberna-. Otra canción he de cantar, ingenua. Desnuda de artificios como mi pena, Sobria de afeites frívolos, burda como la lona de las velas de los esquifes pescadores; burda: ¡y encinta de odiseas, de temporales y de naufragios como las velas!
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66
¡Cuán solitaria la nación que un día poblara inmensa gente! ¡La nación cuyo imperio se extendía del Ocaso al Oriente!   Lágrimas viertes, infeliz ahora, soberana del mundo, ¡y nadie de tu faz encantadora borra el dolor profundo!   Oscuridad y luto tenebroso en ti vertió la muerte, y en su furor el déspota sañoso se complació en tu suerte.   No perdonó lo hermoso, patria mía; cayó el joven guerrero, cayó el anciano, y la segur impía manejó placentero.   So la rabia cayó la virgen pura del déspota sombrío, como eclipsa la rosa su hermosura en el sol del estío.   ¡Oh vosotros, del mundo, habitadores!, contemplad mi tormento: ¿Igualarse podrán ¡ah!, qué dolores al dolor que yo siento?   Yo desterrado de la patria mía, de una patria que adoro, perdida miro su primer valía, y sus desgracias lloro.   Hijos espurios y el fatal tirano sus hijos han perdido, y en campo de dolor su fértil llano tienen ¡ay!, convertido.   Tendió sus brazos la agitada España, sus hijos implorando; sus hijos fueron, mas traidora saña desbarató su bando.   ¿Qué se hicieron tus muros torreados? ¡Oh mi patria querida! ¿Dónde fueron tus héroes esforzados, tu espada no vencida?   ¡Ay!, de tus hijos en la humilde frente está el rubor grabado: a sus ojos caídos tristemente el llanto está agolpado.   Un tiempo España fue: cien héroes fueron en tiempos de ventura, y las naciones tímidas la vieron vistosa en hermosura.   Cual cedro que en el Líbano se ostenta, su frente se elevaba; como el trueno a la virgen amedrenta, su voz las aterraba.   Mas ora, como piedra en el desierto, yaces desamparada, y el justo desgraciado vaga incierto allá en tierra apartada.   Cubren su antigua pompa y poderío pobre yerba y arena, y el enemigo que tembló a su brío burla y goza en su pena.   Vírgenes, destrenzad la cabellera y dadla al vago viento: acompañad con arpa lastimera mi lúgubre lamento.   Desterrados ¡oh Dios!, de nuestros lares, lloremos duelo tanto: ¿quién calmará ¡oh España!, tus pesares?, ¿quién secará tu llanto?
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A la patria
¡Cuán solitaria la nación que un día poblara inmensa gente! ¡La nación cuyo imperio se extendía del Ocaso al Oriente!   Lágrimas viertes, infeliz ahora, soberana del mundo, ¡y nadie de tu faz encantadora borra el dolor profundo!   Oscuridad y luto tenebroso en ti vertió la muerte, y en su furor el déspota sañoso se complació en tu suerte.   No perdonó lo hermoso, patria mía; cayó el joven guerrero, cayó el anciano, y la segur impía manejó placentero.   So la rabia cayó la virgen pura del déspota sombrío, como eclipsa la rosa su hermosura en el sol del estío.   ¡Oh vosotros, del mundo, habitadores!, contemplad mi tormento: ¿Igualarse podrán ¡ah!, qué dolores al dolor que yo siento?   Yo desterrado de la patria mía, de una patria que adoro, perdida miro su primer valía, y sus desgracias lloro.   Hijos espurios y el fatal tirano sus hijos han perdido, y en campo de dolor su fértil llano tienen ¡ay!, convertido.   Tendió sus brazos la agitada España, sus hijos implorando; sus hijos fueron, mas traidora saña desbarató su bando.   ¿Qué se hicieron tus muros torreados? ¡Oh mi patria querida! ¿Dónde fueron tus héroes esforzados, tu espada no vencida?   ¡Ay!, de tus hijos en la humilde frente está el rubor grabado: a sus ojos caídos tristemente el llanto está agolpado.   Un tiempo España fue: cien héroes fueron en tiempos de ventura, y las naciones tímidas la vieron vistosa en hermosura.   Cual cedro que en el Líbano se ostenta, su frente se elevaba; como el trueno a la virgen amedrenta, su voz las aterraba.   Mas ora, como piedra en el desierto, yaces desamparada, y el justo desgraciado vaga incierto allá en tierra apartada.   Cubren su antigua pompa y poderío pobre yerba y arena, y el enemigo que tembló a su brío burla y goza en su pena.   Vírgenes, destrenzad la cabellera y dadla al vago viento: acompañad con arpa lastimera mi lúgubre lamento.   Desterrados ¡oh Dios!, de nuestros lares, lloremos duelo tanto: ¿quién calmará ¡oh España!, tus pesares?, ¿quién secará tu llanto?
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Wake up in a slight daze like the hanging haze when something in the kitchen is burning but it’s the fog of hangovers, dizzying post nights flash cards of kisses, songs, and maybe tears all kinds of parts of me ache with bruises and bite marks there’s opened chasers, flung boots, bottles under the bed I spot your red lipstick imprinted on ashed cigarettes and beer cans and when I go take a **** I discover your ******* in my pocket I see your text, “Home. Had a blast. Miss ya! *** and I am no longer haunted by some vague lingering feeling that somehow this was a ****** scene instead of our raw rituals of love
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Jul 7, 2015
Jul 7, 2015 at 6:58 PM UTC
Vaga
Cara beltà che amore Lunge m'inspiri o nascondendo il viso, Fuor se nel sonno il core Ombra diva mi scuoti, O nè campi ove splenda Più vago il giorno e di natura il riso; Forse tu l'innocente Secol beasti che dall'oro ha nome, Or leve intra la gente Anima voli? O te la sorte avara Ch'a noi t'asconde, agli avvenir prepara? Viva mirarti omai Nulla spene m'avanza; S'allor non fosse, allor che ignudo e solo Per novo calle a peregrina stanza Verrà lo spirto mio. Già sul novello Aprir di mia giornata incerta e bruna, Te viatrice in questo arido suolo Io mi pensai. Ma non è cosa in terra Che ti somigli; e s'anco pari alcuna Ti fosse al volto, agli atti, alla favella, Saria, così conforme, assai men bella. Fra cotanto dolore Quanto all'umana età propose il fato, Se vera e quale il mio pensier ti pinge, Alcun t'amasse in terra, a lui pur fora Questo viver beato: E ben chiaro vegg'io siccome ancora Seguir loda e virtù qual nè prim'anni L'amor tuo mi farebbe. Or non aggiunse Il ciel nullo conforto ai nostri affanni; E teco la mortal vita saria Simile a quella che nel cielo india. Per le valli, ove suona Del faticoso agricoltore il canto, Ed io seggo e mi lagno Del giovanile error che m'abbandona; E per li poggi, ov'io rimembro e piagno I perduti desiri, e la perduta Speme dè giorni miei; di te pensando, A palpitar mi sveglio. E potess'io, Nel secol tetro e in questo aer nefando, L'alta specie serbar; che dell'imago, Poi che del ver m'è tolto, assai m'appago. Se dell'eterne idee L'una sei tu, cui di sensibil forma Sdegni l'eterno senno esser vestita, E fra caduche spoglie Provar gli affanni di funerea vita; O s'altra terra nè superni giri Frà mondi innumerabili t'accoglie, E più vaga del Sol prossima stella T'irraggia, e più benigno etere spiri; Di qua dove son gli anni infausti e brevi, Questo d'ignoto amante inno ricevi.
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Alla sua donna
Cara beltà che amore Lunge m'inspiri o nascondendo il viso, Fuor se nel sonno il core Ombra diva mi scuoti, O nè campi ove splenda Più vago il giorno e di natura il riso; Forse tu l'innocente Secol beasti che dall'oro ha nome, Or leve intra la gente Anima voli? O te la sorte avara Ch'a noi t'asconde, agli avvenir prepara? Viva mirarti omai Nulla spene m'avanza; S'allor non fosse, allor che ignudo e solo Per novo calle a peregrina stanza Verrà lo spirto mio. Già sul novello Aprir di mia giornata incerta e bruna, Te viatrice in questo arido suolo Io mi pensai. Ma non è cosa in terra Che ti somigli; e s'anco pari alcuna Ti fosse al volto, agli atti, alla favella, Saria, così conforme, assai men bella. Fra cotanto dolore Quanto all'umana età propose il fato, Se vera e quale il mio pensier ti pinge, Alcun t'amasse in terra, a lui pur fora Questo viver beato: E ben chiaro vegg'io siccome ancora Seguir loda e virtù qual nè prim'anni L'amor tuo mi farebbe. Or non aggiunse Il ciel nullo conforto ai nostri affanni; E teco la mortal vita saria Simile a quella che nel cielo india. Per le valli, ove suona Del faticoso agricoltore il canto, Ed io seggo e mi lagno Del giovanile error che m'abbandona; E per li poggi, ov'io rimembro e piagno I perduti desiri, e la perduta Speme dè giorni miei; di te pensando, A palpitar mi sveglio. E potess'io, Nel secol tetro e in questo aer nefando, L'alta specie serbar; che dell'imago, Poi che del ver m'è tolto, assai m'appago. Se dell'eterne idee L'una sei tu, cui di sensibil forma Sdegni l'eterno senno esser vestita, E fra caduche spoglie Provar gli affanni di funerea vita; O s'altra terra nè superni giri Frà mondi innumerabili t'accoglie, E più vaga del Sol prossima stella T'irraggia, e più benigno etere spiri; Di qua dove son gli anni infausti e brevi, Questo d'ignoto amante inno ricevi.
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De estas calles que ahondan el poniente, una habrá (no sé cuál) que he recorrido ya por última vez, indiferente y sin adivinarlo, sometido a Quién prefija omnipotentes normas y una secreta y rígida medida a las sombras, los sueños y las formas que destejen y tejen esta vida. Si para todo hay término y hay tasa y última vez y nunca más y olvido ¿quién nos dirá de quién, en esta casa, sin saberlo nos hemos despedido? Tras el cristal ya gris la noche cesa y del alto de libros que una trunca sombra dilata por la vaga mesa, alguno habrá que no leeremos nunca. Hay en el Sur más de un portón gastado con sus jarrones de mampostería y tunas, que a mi paso está vedado como si fuera una litografía. Para siempre cerraste alguna puerta y hay un espejo que te aguarda en vano; la encrucijada te parece abierta y la vigila, cuadrifronte, Jano. Hay, entre todas tus memorias, una que se ha perdido irreparablemente; no te verán bajar a aquella fuente ni el blanco sol ni la amarilla luna. No volverá tu voz a lo que el persa dijo en su lengua de aves y de rosas, cuando el ocaso, ante la luz dispersa, quieras decir inolvidables cosas. ¿Y el incesante Ródano y el lago, todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino? Tan perdido estará como Cartago que con fuego y con sal borró el latino. Creo en el alba oír un atareado rumor de multitudes que se alejan; son los que me han querido y olvidado; espacio y tiempo y Borges ya me dejan.
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Límites
Nadie rebaje a lágrima o reproche esta declaración de la maestría de Dios, que con magnífica ironía me dio a la vez los libros y la noche.De esta ciudad de libros hizo dueños a unos ojos sin luz, que sólo pueden leer en las bibliotecas de los sueños los insensatos párrafos que cedenlas albas a su afán. En vano el día les prodiga sus libros infinitos, arduos como los arduos manuscritos que perecieron en Alejandría.De hambre y de sed (narra una historia griega) muere un rey entre fuentes y jardines; yo fatigo sin rumbo los confines de esta alta y honda biblioteca ciega.Enciclopedias, atlas, el Oriente y el Occidente, siglos, dinastías, símbolos, cosmos y cosmogonías brindan los muros, pero inútilmente.Lento en mi sombra, la penumbra hueca exploro con el báculo indeciso, yo, que me figuraba el Paraíso bajo la especie de una biblioteca.Algo, que ciertamente no se nombra con la palabra azar, rige estas cosas; otro ya recibió en otras borrosas tardes los muchos libros y la sombra.Al errar por las lentas galerías suelo sentir con vago horror sagrado que soy el otro, el muerto, que habrá dado los mismos pasos en los mismos días.¿Cuál de los dos escribe este poema de un yo plural y de una sola sombra? ¿Qué importa la palabra que me nombra si es indiviso y uno el anatema?Groussac o Borges, miro este querido mundo que se deforma y que se apaga en una pálida ceniza vaga que se parece al sueño y al olvido.
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Poema de los dones
Vengo a expresar mi desazón suprema y a perpetuarla en la virtud del canto. Yo soy Maín, el héroe del poema, que vio, desde los círculos del día, regir el mundo una embriaguez y un llanto. ¡Armonía! ¡Oh profunda, oh abscóndita Armonía! Y velaré mi arduo pensamiento sotto il velame degli versi strani, fastuoso, de pompas seculares; perfecta en sí la estrofa del lamento y a impulso de los ritmos estelares. Columpia el mar su cauda nacarina, e imbuida en la clámide del río pasa en la bruma fúlgida la carne de la ondina. Grana el campo nutricio, fluyen mieles, una deidad inflama las horas con su llama y loa el día azul un coro de donceles. Romero: ¿no rebosa el corazón por la noche de sombras evocadas, por la tierra de arrugas trabajadas, del Tiempo y el Espacio la múltiple emoción? Brilla en las lejanías invioladas vaga ciudad, e! viento da en los juncos, los juncos gimen bajo el viento rudo... Romero, ¡que se vierta el corazón! y la ternura y la tristeza mía canten en el crepúsculo: ¡Armonía! Yo, Rey del reino estéril de las lágrimas, yo, Rey del reino vacuo de las rimas, con mis canciones ebrias que un son nocturno hechiza y con mis voces pávidas, anuncio las cavernas del Enigma. En mis siete dolores primarios se resume, como en alejandrino paradigma, la escala del dolor que el mal asume. Tenebrosa, recóndita Armonía... Mi numen, fuerte, no es aquel tan puro como el cerrado corazón de un monte; pero sobre sus ruinas de inocencias haré brillar, ebrio del dolor puro, una gota de luz del corazón del monte.
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Acuarimántima i
Vengo a expresar mi desazón suprema y a perpetuarla en la virtud del canto. Yo soy Maín, el héroe del poema, que vio, desde los círculos del día, regir el mundo una embriaguez y un llanto. ¡Armonía! ¡Oh profunda, oh abscóndita Armonía! Y velaré mi arduo pensamiento sotto il velame degli versi strani, fastuoso, de pompas seculares; perfecta en sí la estrofa del lamento y a impulso de los ritmos estelares. Columpia el mar su cauda nacarina, e imbuida en la clámide del río pasa en la bruma fúlgida la carne de la ondina. Grana el campo nutricio, fluyen mieles, una deidad inflama las horas con su llama y loa el día azul un coro de donceles. Romero: ¿no rebosa el corazón por la noche de sombras evocadas, por la tierra de arrugas trabajadas, del Tiempo y el Espacio la múltiple emoción? Brilla en las lejanías invioladas vaga ciudad, e! viento da en los juncos, los juncos gimen bajo el viento rudo... Romero, ¡que se vierta el corazón! y la ternura y la tristeza mía canten en el crepúsculo: ¡Armonía! Yo, Rey del reino estéril de las lágrimas, yo, Rey del reino vacuo de las rimas, con mis canciones ebrias que un son nocturno hechiza y con mis voces pávidas, anuncio las cavernas del Enigma. En mis siete dolores primarios se resume, como en alejandrino paradigma, la escala del dolor que el mal asume. Tenebrosa, recóndita Armonía... Mi numen, fuerte, no es aquel tan puro como el cerrado corazón de un monte; pero sobre sus ruinas de inocencias haré brillar, ebrio del dolor puro, una gota de luz del corazón del monte.
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42
Un océano dentro de un océano flujo etéreo de túrbida tinta india reptando sobre el lecho de tus frondosas raíces. Sereno opalino que baña la acera, Calima que vaga a un lecho de luna No ardas en vano gigante bonsái Que las ninfas llevan en la memoria, los cantos al dulzor de tu savia, El recuerdo que viste de alma la noble piel de tu fina corteza. Bromelias que silban al aire el rumor de un bosque sin nombre oculto en el corazón de esta urbe retozan humildes tus ramas Que bien han de llorar por tus verdes retoños que filtran la luz de un sol calcinante, ciparisos que asoman sus brazos leñosos tributo silente al ferino rumor del ocaso No ardas en vano gigante bonsái que manchadas de sangre están las manos que revuelven la quietud de tu cieno
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Jul 18, 2015
Jul 18, 2015 at 12:00 AM UTC
Epitafio al ombú de Plaza Roma
Se me va de los dedos la caricia sin causa, se me va de los dedos... En el viento, al pasar, la caricia que vaga sin destino ni objeto, la caricia perdida ¿quién la recogerá? Pude amar esta noche con piedad infinita, pude amar al primero que acertara a llegar. Nadie llega. Están solos los floridos senderos. La caricia perdida, rodará... rodará... Si en los ojos te besan esta noche, viajero, si estremece las ramas un dulce suspirar, si te oprime los dedos una mano pequeña que te toma y te deja, que te logra y se va. Si no ves esa mano, ni esa boca que besa, si es el aire quien teje la ilusión de besar, oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos, en el viento fundida, ¿me reconocerás?
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La caricia perdida
Seras mía lo se, la noche nunca acabara, los deseos prohibidos nos arrebataran, y en un instante de amor salvaje nuestros cuerpos se fundirán, acércate pequeña, es lo que siempre quisimos, las estrellas sonreirán, y como nunca la luna brillara, las olas del mar nos llevaran a lo desconocido, y volverá el calor a nuestros cuerpos adormecidos, escribiré mi nombre en cada parte de ti, no habrá manjar que no hallamos probado, no habrá lugar al que no hallamos ido, y en medio de la locura y el descuido, seremos dos almas salvajes, las amarguras se abran ido, ya no seré el forajido que vaga en sueños perdidos.
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Dec 4, 2012
Dec 4, 2012 at 2:31 PM UTC
El forajido
Soy un alma desnuda en estos versos, Alma desnuda que angustiada y sola Va dejando sus pétalos dispersos. Alma que puede ser una amapola, Que puede ser un lirio, una violeta, Un peñasco, una selva y una ola. Alma que como el viento vaga inquieta Y ruge cuando está sobre los mares, Y duerme dulcemente en una grieta. Alma que adora sobre sus altares, Dioses que no se bajan a cegarla; Alma que no conoce valladares. Alma que fuera fácil dominarla Con sólo un corazón que se partiera Para en su sangre cálida regarla. Alma que cuando está en la primavera Dice al invierno que demora: vuelve, Caiga tu nieve sobre la pradera. Alma que cuando nieva se disuelve En tristezas, clamando por las rosas(*) con que la primavera nos envuelve. Alma que a ratos suelta mariposas A campo abierto, sin fijar distancia, Y les dice: libad sobre las cosas. Alma que ha de morir de una fragancia De un suspiro, de un verso en que se ruega, Sin perder, a poderlo, su elegancia. Alma que nada sabe y todo niega Y negando lo bueno el bien propicia Porque es negando como más se entrega. Alma que suele haber como delicia Palpar las almas, despreciar la huella, Y sentir en la mano una caricia. Alma que siempre disconforme de ella, Como los vientos vaga, corre y gira; Alma que sangra y sin cesar delira Por ser el buque en marcha de la estrella.
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Alma desnuda
Cuando el deseo de alegría con sus dientes de rosa escarba los azufres caídos durante muchos meses y su red natural, sus cabellos sonando a mis habitaciones extinguidas con ronco paso llegan, allí la rosa de alambre maldito golpea con arañas las paredes y el vidrio roto hostiliza la sangre, y las uñas del cielo se acumulan, de tal modo que no se puede salir, que no se puede dirigir un asunto estimable, es tanta la niebla, la vaga niebla Cagada por los pájaros, es tanto el humo convertido en vinagre y el agrio aire que horada las escalas: en ese instante en que el día se cae con las plumas deshechas, no hay sino llanto, nada más que llanto, porque sólo sufrir, solamente sufrir, y nada más que llanto. El mar se ha puesto a golpear por años una pata de pájaro, y la sal golpea y la espuma devora, las raíces de un árbol sujetan una mano de niña, las raíces de un árbol más grande que una mano de niña, más grande que una mano del cielo, y todo el año trabajan, cada día de luna sube sangre de niña hacia las hojas manchadas por la luna, y hay un planeta de terribles dientes envenenando el agua en que caen los niños, cuando es de noche, y no hay sino la muerte, solamente la muerte, y nada más que el llanto. Como un grano de trigo en el silencio, pero a quién pedir piedad por un grano de trigo? Ved cómo están las cosas: tantos trenes, tantos hospitales con rodillas quebradas, tantas tiendas con gentes moribundas: entonces, cómo? cuándo? a quién pedir por unos ojos del color de un mes frío, y por un corazón del tamaño del trigo que vacila? No hay sino ruedas y consideraciones, alimentos progresivamente distribuidos, líneas de estrellas, copas en donde nada cae, sino sólo la noche, nada más que la muerte. Hay que sostener los pasos rotos. Cruzar entre tejados y tristezas mientras arde una cosa quemada con llamas de humedad, una cosa entre trapos tristes como la lluvia, algo que arde y solloza, un síntoma, un silencio. Entre abandonadas conversaciones y objetos respirados, entre las flores vacías qué el destinó corona y abandona, hay un río que cae en una herida, hay el océano golpeando una sombra de flecha quebrantada, hay todo el cielo agujereando un beso. Ayudadme, hojas que mi corazón ha adorado en silencio, ásperas travesías, inviernos del sur, cabelleras de mujeres mojadas en mi sudor terrestre, luna del sur del cielo deshojado, venid a mí con un día sin dolor, con un minuto en que pueda reconocer mis venas. Estoy cansado de una gota, estoy herido en solamente un pétalo, y por un agujero de alfiler sube un río de sangre sin consuelo, y me ahogo en las aguas del rocío que se pudre en la sombra, y por una sonrisa que no crece, por una boca dulce, por unos dedos que el rosal quisiera escribo este poema que sólo es un lamento, solamente un lamento.
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Enfermedades en mi casa
Cuando el deseo de alegría con sus dientes de rosa escarba los azufres caídos durante muchos meses y su red natural, sus cabellos sonando a mis habitaciones extinguidas con ronco paso llegan, allí la rosa de alambre maldito golpea con arañas las paredes y el vidrio roto hostiliza la sangre, y las uñas del cielo se acumulan, de tal modo que no se puede salir, que no se puede dirigir un asunto estimable, es tanta la niebla, la vaga niebla Cagada por los pájaros, es tanto el humo convertido en vinagre y el agrio aire que horada las escalas: en ese instante en que el día se cae con las plumas deshechas, no hay sino llanto, nada más que llanto, porque sólo sufrir, solamente sufrir, y nada más que llanto. El mar se ha puesto a golpear por años una pata de pájaro, y la sal golpea y la espuma devora, las raíces de un árbol sujetan una mano de niña, las raíces de un árbol más grande que una mano de niña, más grande que una mano del cielo, y todo el año trabajan, cada día de luna sube sangre de niña hacia las hojas manchadas por la luna, y hay un planeta de terribles dientes envenenando el agua en que caen los niños, cuando es de noche, y no hay sino la muerte, solamente la muerte, y nada más que el llanto. Como un grano de trigo en el silencio, pero a quién pedir piedad por un grano de trigo? Ved cómo están las cosas: tantos trenes, tantos hospitales con rodillas quebradas, tantas tiendas con gentes moribundas: entonces, cómo? cuándo? a quién pedir por unos ojos del color de un mes frío, y por un corazón del tamaño del trigo que vacila? No hay sino ruedas y consideraciones, alimentos progresivamente distribuidos, líneas de estrellas, copas en donde nada cae, sino sólo la noche, nada más que la muerte. Hay que sostener los pasos rotos. Cruzar entre tejados y tristezas mientras arde una cosa quemada con llamas de humedad, una cosa entre trapos tristes como la lluvia, algo que arde y solloza, un síntoma, un silencio. Entre abandonadas conversaciones y objetos respirados, entre las flores vacías qué el destinó corona y abandona, hay un río que cae en una herida, hay el océano golpeando una sombra de flecha quebrantada, hay todo el cielo agujereando un beso. Ayudadme, hojas que mi corazón ha adorado en silencio, ásperas travesías, inviernos del sur, cabelleras de mujeres mojadas en mi sudor terrestre, luna del sur del cielo deshojado, venid a mí con un día sin dolor, con un minuto en que pueda reconocer mis venas. Estoy cansado de una gota, estoy herido en solamente un pétalo, y por un agujero de alfiler sube un río de sangre sin consuelo, y me ahogo en las aguas del rocío que se pudre en la sombra, y por una sonrisa que no crece, por una boca dulce, por unos dedos que el rosal quisiera escribo este poema que sólo es un lamento, solamente un lamento.
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Caminas por el campo de Castilla y casi no lo ves. Un intrincado versículo de Juan es tu cuidado y apenas reparaste en la amarilla puesta del sol. La vaga luz delira y en el confín del Este se dilata esa luna de escarnio y de escarlata que es acaso el espejo de la Ira. Alzas los ojos y la miras. Una memoria de algo que fue tuyo empieza y se apaga. La pálida cabeza bajas y sigues caminando triste, sin recordar el verso que escribiste: Y su epitafio la sangrienta luna.
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A un viejo poeta
Como la brisa que la sangre orea sobre el oscuro campo de batalla, cargada de perfumes y armonías en el silencio de la noche vaga,Símbolo del dolor y la ternura, del bardo inglés en el horrible drama, la dulce Ofelia, la razón perdida, cogiendo flores y cantando pasa.
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Rima vi
Le susurrare a su cuello lo que no le puedo decir a usted Llamaré su atención con la vaga excusa de querer perderme en sus ojos otra vez Me convertiré en la epítome de su felicidad Apretare sus curvas al compás, sin maldad Seré todo lo que usted quiera que yo sea Sera suya, seré de nadie En sus manos encontraré el trabajo En mis manos encontrará el centro de mando Dormiré pensando en usted y en todo lo que no puedo hacer Dormirá pensando en el y todo lo que no pudieron hacer Pienso seguir soñando con su esencia hasta que me convierta en monigote Monigote de sus caricias De su mujeril delicia
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Mar 7, 2014
Mar 7, 2014 at 8:04 PM UTC
Monigote
Elena despertó a las dos y cinco, abrió despacio las contraventanas y el sol de invierno hirió sus ojos enrojecidos. Apoyada la frente en el cristal, miró a la calle: niños con bufandas, perros. Tres curas paseaban. En ese mismo instante, Dora comenzaba a ponerse las medias. Las ligas le dejaban una marca en los muslos ateridos. Al encender la radio -«Aída: marcha nupcial»-, recordaba palabras -«Dora, Dorita, te amo»- a la vez que intentaba reconstruir el rostro de aquel hombre que se fue ayer -es decir, hoy- de madrugada, y leía distraída una moneda: «Veinticinco pesetas.»  «...por la gracia de Dios.»                               (Y por la cama) Eran las tres y diez cuando Conchita se estiraba la piel de las mejillas frente al espejo. Bostezó. Miraba su propio rostro con indiferencia. Localizó tres canas en la raíz oscura de su pelo amarillo. Abrió luego una caja de crema rosa, cuyo contenido extendió en torno a su nariz. Bostezaba, y aprovechó aquel gesto indefinible para comprobar el estado de una muela careada allá en el fondo de sus fauces secas, inofensivas, turbias, algo hepáticas. Por otra parte, también se preparaba la ciudad. El tren de las catorce treinta y nueve alteró el ritmo de las calles. Miradas vacilantes, ojos confusos, planteaban imprecisas preguntas que las bocas no osaban formular. En los cafés, entraban y salían los hombres, movidos por algo parecido a una esperanza. Se decía que aún era temprano. Pero a las cuatro, Dora comenzaba a quitarse las medias -las ligas dejaban una marca en sus muslos. Lentas, solemnes, eclesiásticas, volaban de las torres palomas y campanas. Mientras se bajaba la falda, Conchita vio su cuerpo -y otra sombra vaga- moverse en el espejo de su alcoba. En las calles y plazas palidecía la tarde de diciembre. Elena cerró despacio las contraventanas.
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Los sábados las prostitutas madrugan mucho para estar dispuestas
Elena despertó a las dos y cinco, abrió despacio las contraventanas y el sol de invierno hirió sus ojos enrojecidos. Apoyada la frente en el cristal, miró a la calle: niños con bufandas, perros. Tres curas paseaban. En ese mismo instante, Dora comenzaba a ponerse las medias. Las ligas le dejaban una marca en los muslos ateridos. Al encender la radio -«Aída: marcha nupcial»-, recordaba palabras -«Dora, Dorita, te amo»- a la vez que intentaba reconstruir el rostro de aquel hombre que se fue ayer -es decir, hoy- de madrugada, y leía distraída una moneda: «Veinticinco pesetas.»  «...por la gracia de Dios.»                               (Y por la cama) Eran las tres y diez cuando Conchita se estiraba la piel de las mejillas frente al espejo. Bostezó. Miraba su propio rostro con indiferencia. Localizó tres canas en la raíz oscura de su pelo amarillo. Abrió luego una caja de crema rosa, cuyo contenido extendió en torno a su nariz. Bostezaba, y aprovechó aquel gesto indefinible para comprobar el estado de una muela careada allá en el fondo de sus fauces secas, inofensivas, turbias, algo hepáticas. Por otra parte, también se preparaba la ciudad. El tren de las catorce treinta y nueve alteró el ritmo de las calles. Miradas vacilantes, ojos confusos, planteaban imprecisas preguntas que las bocas no osaban formular. En los cafés, entraban y salían los hombres, movidos por algo parecido a una esperanza. Se decía que aún era temprano. Pero a las cuatro, Dora comenzaba a quitarse las medias -las ligas dejaban una marca en sus muslos. Lentas, solemnes, eclesiásticas, volaban de las torres palomas y campanas. Mientras se bajaba la falda, Conchita vio su cuerpo -y otra sombra vaga- moverse en el espejo de su alcoba. En las calles y plazas palidecía la tarde de diciembre. Elena cerró despacio las contraventanas.
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Tenho me permitido às mágoas, os sonhos perdidos, Quando, na garganta, sinto vaga embriaguez aflita, Cuja glória extinta de um moribundo imita Em insurreições e alternos sentidos já lidos Como fere-me este desespero parido! Explicito nesta consciência insistentemente maldita A expressão, trêmula, ébria e inaudita De meu materializado relato interrompido Ah! Indefinida sombra que se enfeita Por que teu escuro movimento me espreita, Se minha aguça voz abate-se em calabouços? Interrogo-me à esta paixão imperfeita: Para onde vai minha alma tão desfeita? E primitivamente, apenas o silêncio ouço
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Jun 26, 2017
Jun 26, 2017 at 7:37 PM UTC
Paisagens de Inverno
One headlight To guide me to your warm Embrace. One last chance To feel your breath cress down My face. One more time Before I head out the door from this Ephemeral place. Two, momentarily, become one, and I Savor the seconds as if it were the Final taste.
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Sep 27, 2013
Sep 27, 2013 at 12:40 AM UTC
Earnestly Vaga-bound
La ciudad, silenciosa, En sueño profundo reposa. Parpadean los luceros En la bóveda tranquila; En los viejos reverberos Gas indigente vacila. Entre negros nubarrones La luna empieza a brillar, y hace en rejas y balcones Las vidrieras fulgurar. La noche en los castaños de la plaza suspira, La noche en donde un resto de fulgor flota y gira; Todo es quietud y sueño bajo el boscaje umbrío... ¡Alma!, ponte de codos en el puente, y aspira La frescura que sube, la frescura del río. Tan grande es el silencio, que siento miedo y frío... Sólo en la calle se oyen mis pasos... Está llena De silencio mi  alma... La media noche suena. Sobre los altos muros del convento Mueve las ramas susurrando el viento. Huérfanas... Colegialas parlanchinas... Cintas azules en las esclavinas... Jardín fragante de las Ursulinas. Por la verja del parque abandonado Pasa el aura con trémulo suspiro; y una estrella, con brillo opalizado, Parpadea al través del emparrado, Como una lamparilla de zafiro. ¡Oh los techos de pizarra, negros y altos campanarios, Vírgenes que en hondo sueño reclinasteis la cabeza, Cuellos que lleváis pendientes azules escapularios, Oh los cuerpos sin pecado sobre lechos de pureza! Aquí la hora que pasa de igual hora va seguida, y en paz la inocencia duerme sobre el umbral de la vida . A la incierta Claridad De la luna, más desierta y más triste, en esta calma, Mira el alma La plaza de la ciudad. Una ventana brilla sobre una oscura casa; En la alcoba una lámpara riega su claridad, y a la luz que tamiza velo de nívea gasa, Furtiva, por instantes, se ve que pasa y pasa De una mujer la sombra, con íntima ansiedad. Los brazos levanta al cielo Por la ventana entreabierta. Es un alma que solloza, es un alma en hondo duelo, Que deja caer sus lágrimas sobre una esperanza muerta. ¡Oh secretos ardores en noches provinciales, Almas que se consumen, almas no comprendidas!.. ¡Oh senos devorados por deseos carnales! ¡Oh desoladas súplicas, jamás de nadie oídas! ¡Yo os evoco en las sombras, amantes ignoradas, Cuya carne se agosta, bajo contraria suerte, Que en solitarias noches lloráis desesperadas, y para amar nacidas, y de amor devoradas, Iréis a dormir vírgenes en brazos de la muerte!... y el alma pensativa. En esta noche azul de primavera, Fija está en la vidriera Dónde pasa la sombra fugitiva. La cortina al viento vaga. y la lámpara se apaga. En las tinieblas no hay luz que irradie. Se hunde la luna...                             Suena la una y en la calle triste, nadie                 nadie... nadie.
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Nocturno provincial
La ciudad, silenciosa, En sueño profundo reposa. Parpadean los luceros En la bóveda tranquila; En los viejos reverberos Gas indigente vacila. Entre negros nubarrones La luna empieza a brillar, y hace en rejas y balcones Las vidrieras fulgurar. La noche en los castaños de la plaza suspira, La noche en donde un resto de fulgor flota y gira; Todo es quietud y sueño bajo el boscaje umbrío... ¡Alma!, ponte de codos en el puente, y aspira La frescura que sube, la frescura del río. Tan grande es el silencio, que siento miedo y frío... Sólo en la calle se oyen mis pasos... Está llena De silencio mi  alma... La media noche suena. Sobre los altos muros del convento Mueve las ramas susurrando el viento. Huérfanas... Colegialas parlanchinas... Cintas azules en las esclavinas... Jardín fragante de las Ursulinas. Por la verja del parque abandonado Pasa el aura con trémulo suspiro; y una estrella, con brillo opalizado, Parpadea al través del emparrado, Como una lamparilla de zafiro. ¡Oh los techos de pizarra, negros y altos campanarios, Vírgenes que en hondo sueño reclinasteis la cabeza, Cuellos que lleváis pendientes azules escapularios, Oh los cuerpos sin pecado sobre lechos de pureza! Aquí la hora que pasa de igual hora va seguida, y en paz la inocencia duerme sobre el umbral de la vida . A la incierta Claridad De la luna, más desierta y más triste, en esta calma, Mira el alma La plaza de la ciudad. Una ventana brilla sobre una oscura casa; En la alcoba una lámpara riega su claridad, y a la luz que tamiza velo de nívea gasa, Furtiva, por instantes, se ve que pasa y pasa De una mujer la sombra, con íntima ansiedad. Los brazos levanta al cielo Por la ventana entreabierta. Es un alma que solloza, es un alma en hondo duelo, Que deja caer sus lágrimas sobre una esperanza muerta. ¡Oh secretos ardores en noches provinciales, Almas que se consumen, almas no comprendidas!.. ¡Oh senos devorados por deseos carnales! ¡Oh desoladas súplicas, jamás de nadie oídas! ¡Yo os evoco en las sombras, amantes ignoradas, Cuya carne se agosta, bajo contraria suerte, Que en solitarias noches lloráis desesperadas, y para amar nacidas, y de amor devoradas, Iréis a dormir vírgenes en brazos de la muerte!... y el alma pensativa. En esta noche azul de primavera, Fija está en la vidriera Dónde pasa la sombra fugitiva. La cortina al viento vaga. y la lámpara se apaga. En las tinieblas no hay luz que irradie. Se hunde la luna...                             Suena la una y en la calle triste, nadie                 nadie... nadie.
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En las pálidas tardes yerran nubes tranquilas en el azul; en las ardientes manos se posan las cabezas pensativas. ¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños! ¡Ah las tristezas íntimas! ¡Ah el polvo de oro que en el aire flota, tras cuyas ondas trémulas se miran los ojos tiernos y húmedos, las bocas inundadas de sonrisas, las crespas cabelleras y los dedos de rosa que acarician!En las pálidas tardes me cuenta un hada amiga las historias secretas llenas de poesía; lo que cantan los pájaros, lo que llevan las brisas, lo que vaga en las nieblas, lo que sueñan las niñas.Una vez sentí el ansia de una sed infinita. Dije al hada amorosa: -Quiero en el alma mía tener la aspiración honda, profunda, inmensa: luz, calor, aroma, vida. Ella me dijo: -¡Ven!- con el acento con que hablaría un arpa. En él había un divino idioma de esperanza. ¡Oh sed del ideal!                                       Sobre la cima de un monte, a medianoche, me mostró las estrellas encendidas. Era un jardín de oro con pétalos de llama que titilan. Exclamé: -Más...                                       La aurora vino después. La aurora sonreía, con la luz en la frente, como la joven tímida que abre la reja, y la sorprenden luego ciertas curiosas, mágicas pupilas. Y dije: -Más...- Sonriendo la celeste hada amiga prorrumpió: -¡Y bien! ¡Las flores!                                                         Y las flores estaban frescas, lindas, empapadas de olor: la rosa virgen, la blanca margarita, la azucena gentil y las volúbiles que cuelgan de la rama estremecida. Y dije: -Más...                               El viento arrastraba rumores, ecos, risas, murmullos misteriosos, aleteos, músicas nunca oídas.El hada entonces me llevó hasta el velo que nos cubre las ansias infinitas, la inspiración profunda y el alma de las liras. Y los rasgó. Allí todo era aurora. En el fondo se vía un bello rostro de mujer.                                             ¡Oh; nunca, Piérides, diréis las sacras dichas que en el alma sintiera! Con su vaga sonrisa: -¿Más?... -dijo el hada.                                               Y yo tenía entonces clavadas las pupilas en el azul; y en mis ardientes manos se posó mi cabeza pensativa...
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Autumnal
En las pálidas tardes yerran nubes tranquilas en el azul; en las ardientes manos se posan las cabezas pensativas. ¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños! ¡Ah las tristezas íntimas! ¡Ah el polvo de oro que en el aire flota, tras cuyas ondas trémulas se miran los ojos tiernos y húmedos, las bocas inundadas de sonrisas, las crespas cabelleras y los dedos de rosa que acarician!En las pálidas tardes me cuenta un hada amiga las historias secretas llenas de poesía; lo que cantan los pájaros, lo que llevan las brisas, lo que vaga en las nieblas, lo que sueñan las niñas.Una vez sentí el ansia de una sed infinita. Dije al hada amorosa: -Quiero en el alma mía tener la aspiración honda, profunda, inmensa: luz, calor, aroma, vida. Ella me dijo: -¡Ven!- con el acento con que hablaría un arpa. En él había un divino idioma de esperanza. ¡Oh sed del ideal!                                       Sobre la cima de un monte, a medianoche, me mostró las estrellas encendidas. Era un jardín de oro con pétalos de llama que titilan. Exclamé: -Más...                                       La aurora vino después. La aurora sonreía, con la luz en la frente, como la joven tímida que abre la reja, y la sorprenden luego ciertas curiosas, mágicas pupilas. Y dije: -Más...- Sonriendo la celeste hada amiga prorrumpió: -¡Y bien! ¡Las flores!                                                         Y las flores estaban frescas, lindas, empapadas de olor: la rosa virgen, la blanca margarita, la azucena gentil y las volúbiles que cuelgan de la rama estremecida. Y dije: -Más...                               El viento arrastraba rumores, ecos, risas, murmullos misteriosos, aleteos, músicas nunca oídas.El hada entonces me llevó hasta el velo que nos cubre las ansias infinitas, la inspiración profunda y el alma de las liras. Y los rasgó. Allí todo era aurora. En el fondo se vía un bello rostro de mujer.                                             ¡Oh; nunca, Piérides, diréis las sacras dichas que en el alma sintiera! Con su vaga sonrisa: -¿Más?... -dijo el hada.                                               Y yo tenía entonces clavadas las pupilas en el azul; y en mis ardientes manos se posó mi cabeza pensativa...
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Y mi mano sacrílega se tiñe de tu sangre, ¡oh Imali, oh vestal mía! Mas no fue mi ternura, fue un furor... Si de nuevo, a mis ojos resurrecta, te pudiese inmolar, te inmolaría. ¿Ya ves, oh Imali, que no fue mi amor? Gozoso aún y pávido y tremente, hui a la sombra, la cerrada sombra que en su mudez acoge las iras y los vértigos. ¡Un hueco en tus entrañas, tierra dura! ¡Soledad, un refugio en tus entrañas! ¡Tu ojo sin vista, lobreguez impura! Mas la sangre fluía. en chorros de carbunclos. Ante el cadáver lívido, sin blandones, sin túmulo, todo estaba sangriento. -"Asesino", "Asesino" -susurraba y se iba el viento. En los prados del monte fueron crimen mis huellas. Como vírgenes desoladas me bañaron de llanto las estrellas. En las playas de luz mojadas di un alarido al ver el mar que hervía; y huyendo en pos, en pos de la noche que huía, me ensangrentó la sangre horrible del alba del día. -"Asesino", "Asesino" -susurraba y se iba el viento. Y los pastores me negarían sus cabañas. Las rocas me aplastarían en sus entrañas. La paz es mi enemigo violento y el amor mi enemigo sanguinario. ¿Y a qué tu sombra, oh noche del lúbrico ardimiento, si entre mi corazón ardía el tenebrario? Viajó mi alma en íntimas pasiones de Cristos coronados de congojas; ¡el pudor!, ¡el honor entre sayones! Fui rosa negra de mil rosas rojas del vicio en las ocultas floraciones... Mas el azul a mi dolor heroico abrió su abismo de fulgencias puras, soles remotos, nébulas, centellas y estuve opreso por las lumbres de ellas del hilo de oro de! collar del día; y un anhelar de espacio dio sus alas a mi desconcertada poesía. En la lluvia de gotas de mi sangre, tras el velo irisado de mis lágrimas, -vago sueño- sus brumas deshacía, -vago sueño- mi vaga Acuarimántima.
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Acuarimántima vii
Y mi mano sacrílega se tiñe de tu sangre, ¡oh Imali, oh vestal mía! Mas no fue mi ternura, fue un furor... Si de nuevo, a mis ojos resurrecta, te pudiese inmolar, te inmolaría. ¿Ya ves, oh Imali, que no fue mi amor? Gozoso aún y pávido y tremente, hui a la sombra, la cerrada sombra que en su mudez acoge las iras y los vértigos. ¡Un hueco en tus entrañas, tierra dura! ¡Soledad, un refugio en tus entrañas! ¡Tu ojo sin vista, lobreguez impura! Mas la sangre fluía. en chorros de carbunclos. Ante el cadáver lívido, sin blandones, sin túmulo, todo estaba sangriento. -"Asesino", "Asesino" -susurraba y se iba el viento. En los prados del monte fueron crimen mis huellas. Como vírgenes desoladas me bañaron de llanto las estrellas. En las playas de luz mojadas di un alarido al ver el mar que hervía; y huyendo en pos, en pos de la noche que huía, me ensangrentó la sangre horrible del alba del día. -"Asesino", "Asesino" -susurraba y se iba el viento. Y los pastores me negarían sus cabañas. Las rocas me aplastarían en sus entrañas. La paz es mi enemigo violento y el amor mi enemigo sanguinario. ¿Y a qué tu sombra, oh noche del lúbrico ardimiento, si entre mi corazón ardía el tenebrario? Viajó mi alma en íntimas pasiones de Cristos coronados de congojas; ¡el pudor!, ¡el honor entre sayones! Fui rosa negra de mil rosas rojas del vicio en las ocultas floraciones... Mas el azul a mi dolor heroico abrió su abismo de fulgencias puras, soles remotos, nébulas, centellas y estuve opreso por las lumbres de ellas del hilo de oro de! collar del día; y un anhelar de espacio dio sus alas a mi desconcertada poesía. En la lluvia de gotas de mi sangre, tras el velo irisado de mis lágrimas, -vago sueño- sus brumas deshacía, -vago sueño- mi vaga Acuarimántima.
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