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"truco" poems
Dama del vestido ***** tus labios saben a sal. Desvela ante mí tu misterio. ¿Cuál es tu misión infernal? Tu mirada es hechizante. Tu piel suave como seda. Pero todo es un vil truco; a ver que tonto se enreda. Tu boca escupe mentiras que se clavan en mi mente. Tu cuerpo exuda lujuria, pero no caigo facilmente. ¡Dime qué es lo que buscas, qué es lo que quieres de mí! Yo no tengo que ofrecerte, no tengo nada para tí. ¡Retira el velo que llevas! ¡Muestra tu rostro cobarde! Tu ojos color ceniza no ven que ya es muy tarde. Puedes jugar con mi cuerpo. Me puedes quitar la razón. Puedes romper mi espíritu, pero nunca mi corazón.
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Jan 6, 2012
Jan 6, 2012 at 9:30 PM UTC
Dama del Vestido *****
A veces me mareo de tanto blanco, No se malentienda, gran color ese blanco Sólo me marea verlo y verlo en todos los edificios, Las paredes Y no me marea el color en sí, Me marea la intención Me marea usar el blanco para adormecer La sensación de acorralamiento en jaulas Que doblegan voluntades A través de necesidades El ser estático en su jaula porque no hay más a donde ir Y las jaulas blancas Para que sienta paz Y las paredes blancas Para que esté tranquilo Me marea el blanco Me marean las intenciones Las intenciones “blancas” Me marea recurrir a colores Para disfrazar crueles realidades Nadie quiere estar sentado todo el día Quizá me marea el truco Me marea Me marea el blanco y lo que implica Me marea el uso Y la pregunta, pero sí no el blanco entonces ¿quién? Entonces ¿cuál? No abundan opciones De jaulas negras, de jaulas rojas, no vendría nada mejor Tiene que ser el blanco Y eso me marea Probablemente me marea la realidad y yo Yo lo refiero todo al blanco Me marea tanto blanco
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Nov 1, 2018
Nov 1, 2018 at 4:03 PM UTC
Blanco
Podría morir en un truco de magia, como por ejemplo: en unos besos, mirarte fijamente a los ojos, que puedas tocar mi alma por medio de la luz que captan tus pupilas y se desfragmenta en colores dentro de tu mente o en el millar de caricias que te doy debajo de las sabanas azules que te regalaron tus padres en navidad. Porque hay magia en todo el mundo, pero soy más consiente de ella cundo tú estás a mi lado.
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May 26, 2014
May 26, 2014 at 5:54 PM UTC
Podría morir en un truco de magia
¿Y fue por este río de sueñera y de barro que las proas vinieron a fundarme la patria? Irían a los tumbos los barquitos pintados entre los camalotes de la corriente zaina. Pensando bien la cosa, supondremos que el río era azulejo entonces como oriundo del cielo con su estrellita roja para marcar el sitio en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron. Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron por un mar que tenía cinco lunas de anchura y aún estaba poblado de sirenas y endriagos y de piedras imanes que enloquecen la brújula. Prendieron unos ranchos trémulos en la costa, durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo, pero son embelecos fraguados en la Boca. Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo. Una manzana entera pero en mitá del campo expuesta a las auroras y lluvias y suestadas. La manzana pareja que persiste en mi barrio: Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga. Un almacén rosado como revés de naipe brilló y en la trastienda conversaron un truco; el almacén rosado floreció en un compadre, ya patrón de la esquina, ya resentido y duro. El primer organito salvaba el horizonte con su achacoso porte, su habanera y su ****** El corralón seguro ya opinaba YRIGOYEN, algún piano mandaba tangos de Saborido. Una cigarrería sahumó como una rosa el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres, los hombres compartieron un pasado ilusorio. Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente. A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: La juzgo tan eterna como el agua y el aire.
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Fundación mítica de buenos aires
¿Y fue por este río de sueñera y de barro que las proas vinieron a fundarme la patria? Irían a los tumbos los barquitos pintados entre los camalotes de la corriente zaina. Pensando bien la cosa, supondremos que el río era azulejo entonces como oriundo del cielo con su estrellita roja para marcar el sitio en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron. Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron por un mar que tenía cinco lunas de anchura y aún estaba poblado de sirenas y endriagos y de piedras imanes que enloquecen la brújula. Prendieron unos ranchos trémulos en la costa, durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo, pero son embelecos fraguados en la Boca. Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo. Una manzana entera pero en mitá del campo expuesta a las auroras y lluvias y suestadas. La manzana pareja que persiste en mi barrio: Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga. Un almacén rosado como revés de naipe brilló y en la trastienda conversaron un truco; el almacén rosado floreció en un compadre, ya patrón de la esquina, ya resentido y duro. El primer organito salvaba el horizonte con su achacoso porte, su habanera y su ****** El corralón seguro ya opinaba YRIGOYEN, algún piano mandaba tangos de Saborido. Una cigarrería sahumó como una rosa el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres, los hombres compartieron un pasado ilusorio. Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente. A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: La juzgo tan eterna como el agua y el aire.
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Sabemos que no hay tierra ni estrellas prometidas. Lo sabemos, Señor, lo sabemos y seguimos contigo trabajando. Sabemos que mil veces y mil veces pararemos de nuevo nuestro carro y que mil y mil veces en la tierra alzaremos de nuevo nuestro viejo tinglado. Sabemos que por ello no tendremos ni ración ni salario. Lo sabemos, Señor, lo sabemos y seguimos contigo trabajando. Y sabemos que sobre este tinglado liemos de hacer mil veces y mil veces todavía el mismo viejo truco bufo-trágico sin elogios ni aplausos. Lo sabemos, Señor, lo sabemos y seguimos contigo trabajando...
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Sabemos
Flor el pantano, vertiente la roca: tu alma embellece lo que toca. La carne pasa, tu vida queda toda en mi verso de sangre o de seda. Hay que ser dulce sobre todas las cosas: más que un chacal vale una mariposa. Eres gusano que labra y opera: para ti crecen las verdes moreras. Para que tejas tu seda celeste la ciudad parece tranquila y agreste. Gusano que labras, de pronto eres viejo: ¡el dolor del mundo crispa tus artejos! A la muerte tu alma desnuda se asoma, ¡y le brotan alas de águila y paloma! Y guarda la tierra tus vírgenes actas, hermano gusano, tus sedas intactas. ¡Vive en el alba y el crepúsculo, adora el tigre y el corpúsculo, comprende la polea y el músculo! Que se te vaya la vida, hermano, no en lo divino sino en lo humano, no en las estrellas sino en tus manos. Que llegará la noche y luego serás de tierra, de viento o de fuego. Por eso deja que todas tus puertas se cimbren, a todos los vientos abiertas. Y de tu huerta al viajero convida: ¡dale al viajero la flor de tu vida! Y no seas duro, ni parco, ni terco: ¡sé una frutaleda sin garfios ni cercos! Dulce hay que ser y darse a todos, para vivir no hay otro modo de ser dulces. Darse a las gentes como a la tierra las vertientes. Y no temer. Y no pensar. Dar para volver a dar. Que quien se da no se termina porque hay en él pulpa divina. ¡Como se dan sin terminarse, hermano mío, al mar las aguas de los ríos! Que mi canto en tu vida dore lo que deseas. Tu buena voluntad torne en luz lo que miras. Que tu vida así sea. -¡Mentira, mentira, mentira!
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El estribillo del truco
Flor el pantano, vertiente la roca: tu alma embellece lo que toca. La carne pasa, tu vida queda toda en mi verso de sangre o de seda. Hay que ser dulce sobre todas las cosas: más que un chacal vale una mariposa. Eres gusano que labra y opera: para ti crecen las verdes moreras. Para que tejas tu seda celeste la ciudad parece tranquila y agreste. Gusano que labras, de pronto eres viejo: ¡el dolor del mundo crispa tus artejos! A la muerte tu alma desnuda se asoma, ¡y le brotan alas de águila y paloma! Y guarda la tierra tus vírgenes actas, hermano gusano, tus sedas intactas. ¡Vive en el alba y el crepúsculo, adora el tigre y el corpúsculo, comprende la polea y el músculo! Que se te vaya la vida, hermano, no en lo divino sino en lo humano, no en las estrellas sino en tus manos. Que llegará la noche y luego serás de tierra, de viento o de fuego. Por eso deja que todas tus puertas se cimbren, a todos los vientos abiertas. Y de tu huerta al viajero convida: ¡dale al viajero la flor de tu vida! Y no seas duro, ni parco, ni terco: ¡sé una frutaleda sin garfios ni cercos! Dulce hay que ser y darse a todos, para vivir no hay otro modo de ser dulces. Darse a las gentes como a la tierra las vertientes. Y no temer. Y no pensar. Dar para volver a dar. Que quien se da no se termina porque hay en él pulpa divina. ¡Como se dan sin terminarse, hermano mío, al mar las aguas de los ríos! Que mi canto en tu vida dore lo que deseas. Tu buena voluntad torne en luz lo que miras. Que tu vida así sea. -¡Mentira, mentira, mentira!
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Traiga cuentos la guitarra de cuando el fierro brillaba, cuentos de truco y de taba, de cuadreras y de copas, cuentos de la Costa Brava y el Camino de las Tropas. Venga una historia de ayer que apreciarán los más lerdos; el destino no hace acuerdos y nadie se lo reproche- ya estoy viendo que esta noche vienen del Sur los recuerdos. Velay, señores, la historia de los hermanos Iberra, hombres de amor y de guerra y en el peligro primeros, la flor de los cuchilleros y ahora los tapa la tierra. Suelen al hombre perder la soberbia o la codicia: también el coraje envicia a quien le da noche y día- el que era menor debía más muertes a la justicia. Cuando Juan Iberra vio que el menor lo aventajaba, la paciencia se le acaba y le armó no sé qué lazo le dio muerte de un balazo, allá por la Costa Brava. Sin demora y sin apuro lo fue tendiendo en la vía para que el tren lo pisara. El tren lo dejó sin cara, que es lo que el mayor quería. Así de manera fiel conté la historia hasta el fin; es la historia de Caín que sigue matando a Abel.
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Milonga de dos hermanos