Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
"traidor" poems
Que grande a geração, a de Camões, Saia de Belém, num pranto oral... Dizia adeus a grandes multidões! Olhava o horizonte pequeno Portugal Traçado o rumo do futuro, Passado o mar forte e indeciso, Pegava no leme, firme e duro, Sem dor, frio ou bramido. As ninfas, rodeavam o leme, O Sol, queimava a proa do navio, O capitão nada teme Naquele mar, escuro e bravio... Victor Marques e Atavio Nelson Chegamos a outros pontos, Do globo esférico, sem saber! Que hoje são contos, Que ainda temos de ler. Desde Ourique, Calado e Cala trava Com turbantes brancos reluzentes Os portugueses lutaram com palavra Com alegria mostravam seus dentes. Correram os desertos, tão estéreis Na defesa de um Santo Universal Pela cruz combateram infiéis Dentro e fora de Portugal. Oh.Isabel que suaves eram tuas flores! Que rosas encarnadas pueris Que as músicas sejam cantadas para seus amores Prendes-te por milagre o teu Diniz. OH Coimbra.que tiranas do fadário Oh Sé velha, cheia de segredos Que encantos lá havia do Hilário Ainda hoje escritos nos penedos... Santa Clara, no alto...que te vê clarissa Jovem, esbelta coimbrã! Foste, cedo freira e noviça. Salva-me deste fado, minha irmã! Olá Marquez, és do Pombal Traidor, usurpador, ladrão. NO ódio foste genial. E TUDO, tudo metia no gibão. Malandro, enganas-te o teu Rei Iludiste-o, meu falso...e mandas-te O Távora, inocente para o cadafalso Maldito sejas! Isso não foi Portugal...mas foi No norte, que uma mulher Forte, com seios apertados E espada no dentes bem cerrados Em serpente e com sua gente Em zip filas genial Firme.destinada Deu a vida mas Acabou com o Cabral Sim ali, no monte Naquele lugar Maria da Fonte Só com gente destemida, como eu ! Tal como o Lusitano no Gerez Esta pátria com um plebeu Concebeu o Tavares com um grande PORTUGUÊS Victor Marques
0
Dec 10, 2009
Dec 10, 2009 at 10:27 PM UTC
Portugal....
Que grande a geração, a de Camões, Saia de Belém, num pranto oral... Dizia adeus a grandes multidões! Olhava o horizonte pequeno Portugal Traçado o rumo do futuro, Passado o mar forte e indeciso, Pegava no leme, firme e duro, Sem dor, frio ou bramido. As ninfas, rodeavam o leme, O Sol, queimava a proa do navio, O capitão nada teme Naquele mar, escuro e bravio... Victor Marques e Atavio Nelson Chegamos a outros pontos, Do globo esférico, sem saber! Que hoje são contos, Que ainda temos de ler. Desde Ourique, Calado e Cala trava Com turbantes brancos reluzentes Os portugueses lutaram com palavra Com alegria mostravam seus dentes. Correram os desertos, tão estéreis Na defesa de um Santo Universal Pela cruz combateram infiéis Dentro e fora de Portugal. Oh.Isabel que suaves eram tuas flores! Que rosas encarnadas pueris Que as músicas sejam cantadas para seus amores Prendes-te por milagre o teu Diniz. OH Coimbra.que tiranas do fadário Oh Sé velha, cheia de segredos Que encantos lá havia do Hilário Ainda hoje escritos nos penedos... Santa Clara, no alto...que te vê clarissa Jovem, esbelta coimbrã! Foste, cedo freira e noviça. Salva-me deste fado, minha irmã! Olá Marquez, és do Pombal Traidor, usurpador, ladrão. NO ódio foste genial. E TUDO, tudo metia no gibão. Malandro, enganas-te o teu Rei Iludiste-o, meu falso...e mandas-te O Távora, inocente para o cadafalso Maldito sejas! Isso não foi Portugal...mas foi No norte, que uma mulher Forte, com seios apertados E espada no dentes bem cerrados Em serpente e com sua gente Em zip filas genial Firme.destinada Deu a vida mas Acabou com o Cabral Sim ali, no monte Naquele lugar Maria da Fonte Só com gente destemida, como eu ! Tal como o Lusitano no Gerez Esta pátria com um plebeu Concebeu o Tavares com um grande PORTUGUÊS Victor Marques
Continue reading...
62
A estos peñascos rudos, mudos testigos del dolor que siento -que sólo siendo mudos pudiera yo fiarles mi tormento, si acaso de mis penas lo terrible no infunde lengua y voz en lo insensible-, quiero contar mis males, si es que yo sé los males de que muero; pues son mis penas tales, que si contarlas por alivio quiero, le son, una con otra atropellada, dogal a la garganta, al pecho espada. No envidio dicha ajena: que el mal eterno que en mi pecho lidia, hace incapaz mi pena de que pueda tener tan alta envidia; es tan mísero estado en el que peno, que como dicha envidio el mal ajeno. No pienso yo si hay glorias; porque estoy de pensarlo tan distante, que aun las dulces memorias de mi pasado bien, tan ignorante las mira de mi mal el desengaño, que ignoro si fue bien, y sé que es daño. Esténse allá en su esfera los dichosos: que es cosa en mi sentido tan remota, tan fuera de mi imaginación, que sólo mido, entre lo que padecen los mortales, lo que distan sus males de mis males. ¡Quién tan dichosa fuera, que de un agravio indigno se quejara! ¡Quién de un desdén llorara! ¡Quién un alto imposible pretendiera! ¡Quién negara, de ausencia o de mudanza, casi a perder de vista la esperanza! ¡Quién en ajenos brazos viera a su dueño, y con dolor rabioso se arrancara a pedazos del pecho ardiente el corazón celoso! Pues fuera menor mal que mis desvelos, el infierno insufrible de los celos. Pues todos estos males tienen consuelo o tienen esperanza, y los más sin iguales solicitan o animan la venganza; y sólo de mi fiero mal se aleja la esperanza, venganza, alivio y queja. Porque ¿a quién sino al cielo, que me robó mi dulce prenda amada, podrá mi desconsuelo dar sacrílega queja destemplada? Y él, con sordas, rectísimas orejas, a cuenta de blasfemias pondrá quejas. Ni Fabio fue grosero ni ingrato, ni traidor; antes, amante con pecho verdadero, nadie fue más leal ni más constante: nadie más fino supo, en sus acciones, finezas añadir a obligaciones. Sólo el cielo, envidioso, mi esposo me quitó; la Parca dura, con ceño riguroso, fue sólo autor de tanta desventura. ¡Oh Cielo riguroso, oh triste suerte, que tantas muertes das con una muerte! ¡Ay dulce esposo amado! ¿Para qué te vi yo? ¿Por qué te quise, y por qué tu cuidado me hizo, con las venturas, infelice? ¡Oh dicha, fementida y lisonjera, quién tus amargos fines conociera! ¿Qué vida es esta mía, que rebelde resiste a dolor tanto? ¿Por qué, necia, porfía, y en las amargas fuentes de mi llanto atenuada, no acaba de extinguirse, si no puede en mi fuego consumirse?
0
2.7k
Liras
A estos peñascos rudos, mudos testigos del dolor que siento -que sólo siendo mudos pudiera yo fiarles mi tormento, si acaso de mis penas lo terrible no infunde lengua y voz en lo insensible-, quiero contar mis males, si es que yo sé los males de que muero; pues son mis penas tales, que si contarlas por alivio quiero, le son, una con otra atropellada, dogal a la garganta, al pecho espada. No envidio dicha ajena: que el mal eterno que en mi pecho lidia, hace incapaz mi pena de que pueda tener tan alta envidia; es tan mísero estado en el que peno, que como dicha envidio el mal ajeno. No pienso yo si hay glorias; porque estoy de pensarlo tan distante, que aun las dulces memorias de mi pasado bien, tan ignorante las mira de mi mal el desengaño, que ignoro si fue bien, y sé que es daño. Esténse allá en su esfera los dichosos: que es cosa en mi sentido tan remota, tan fuera de mi imaginación, que sólo mido, entre lo que padecen los mortales, lo que distan sus males de mis males. ¡Quién tan dichosa fuera, que de un agravio indigno se quejara! ¡Quién de un desdén llorara! ¡Quién un alto imposible pretendiera! ¡Quién negara, de ausencia o de mudanza, casi a perder de vista la esperanza! ¡Quién en ajenos brazos viera a su dueño, y con dolor rabioso se arrancara a pedazos del pecho ardiente el corazón celoso! Pues fuera menor mal que mis desvelos, el infierno insufrible de los celos. Pues todos estos males tienen consuelo o tienen esperanza, y los más sin iguales solicitan o animan la venganza; y sólo de mi fiero mal se aleja la esperanza, venganza, alivio y queja. Porque ¿a quién sino al cielo, que me robó mi dulce prenda amada, podrá mi desconsuelo dar sacrílega queja destemplada? Y él, con sordas, rectísimas orejas, a cuenta de blasfemias pondrá quejas. Ni Fabio fue grosero ni ingrato, ni traidor; antes, amante con pecho verdadero, nadie fue más leal ni más constante: nadie más fino supo, en sus acciones, finezas añadir a obligaciones. Sólo el cielo, envidioso, mi esposo me quitó; la Parca dura, con ceño riguroso, fue sólo autor de tanta desventura. ¡Oh Cielo riguroso, oh triste suerte, que tantas muertes das con una muerte! ¡Ay dulce esposo amado! ¿Para qué te vi yo? ¿Por qué te quise, y por qué tu cuidado me hizo, con las venturas, infelice? ¡Oh dicha, fementida y lisonjera, quién tus amargos fines conociera! ¿Qué vida es esta mía, que rebelde resiste a dolor tanto? ¿Por qué, necia, porfía, y en las amargas fuentes de mi llanto atenuada, no acaba de extinguirse, si no puede en mi fuego consumirse?
Continue reading...
78
Gracias te doy a vos el canto atroz de las montanas Llano ensordecedor Que de nuestro alrededor emana Gracias viejo profesor Por cada leccion reprobada Cada clase repetida Y la garganta ensangrentada Gracias amante infiel Amigo traidor Lengua azotadora Hechizo de amor Porque cada golpe cada herida Cada grieta Me ha hecho no solo mas fuerte Sino mejor.
0
Feb 11, 2014
Feb 11, 2014 at 3:45 AM UTC
poema de gratitud
Fontefrida, Fontefrida,   Fontefrida y con amor, do todas las avecicas   van tomar consolación, si no es la tortolica   que está viuda y con dolor. Por ahí fuera pasar   el traidor del ruiseñor, las palabras que él decía   llenas son de traición; -Si tú quisieses, señora,   yo sería tu servidor. -Vete de ahí, enemigo,   malo, falso, engañador, que ni poso en ramo verde,   ni en prado que tenga flor, que si hallo el agua clara,   turbia la bebía yo; que no quiero haber marido,   porque hijos no haya, no, no quiero placer con ellos,   ni menos consolación. Déjame, triste enemigo,   malo, falso, mal traidor, que no quiero ser tu amiga   ni casar contigo, no.
0
1k
Romance de fontefrida
En santa Águeda de Burgos,   do juran los hijosdalgo, le toman jura a Alfonso   por la muerte de su hermano; tomábasela el buen Cid,   ese buen Cid castellano, sobre un cerrojo de hierro   y una ballesta de palo y con unos evangelios   y un crucifijo en la mano. Las palabras son tan fuertes   que al buen rey ponen espanto; -Villanos te maten, Alonso,   villanos, que no hidalgos, de las Asturias de Oviedo,   que no sean castellanos; mátente con aguijadas,   no con lanzas ni con dardos; con cuchillos cachicuernos,   no con puñales dorados; abarcas traigan calzadas,   que no zapatos con lazo; capas traigan aguaderas,   no de contray ni frisado; con camisones de estopa,   no de holanda ni labrados; caballeros vengan en burras,   que no en mulas ni en caballos; frenos traigan de cordel,   que no cueros fogueados. Mátente por las aradas,   que no en villas ni en poblado, sáquente el corazón   por el siniestro costado; si no dijeres la verdad   de lo que te fuere preguntando, si fuiste, o consentiste   en la muerte de tu hermano. Las juras eran tan fuertes   que el rey no las ha otorgado. Allí habló un caballero   que del rey es más privado: -Haced la jura, buen rey,   no tengáis de eso cuidado, que nunca fue rey traidor,   ni papa descomulgado. Jurado había el rey   que en tal nunca se ha hallado; pero allí hablara el rey   malamente y enojado: -Muy mal me conjuras, Cid,   Cid, muy mal me has conjurado, mas hoy me tomas la jura,   mañana me besarás la mano. -Por besar mano de rey   no me tengo por honrado, porque la besó mi padre   me tengo por afrentado. -Vete de mis tierras, Cid,   mal caballero probado, y no vengas más a ellas   dende este día en un año. -Pláceme, dijo el buen Cid,   pláceme, dijo, de grado, por ser la primera cosa   que mandas en tu reinado. Tú me destierras por uno,   yo me destierro por cuatro. Ya se parte el buen Cid,   sin al rey besar la mano, con trescientos caballeros,   todos eran hijosdalgo; todos son hombres mancebos,   ninguno no había cano; todos llevan lanza en puño   y el hierro acicalado, y llevan sendas adargas   con borlas de colorado. Mas no le faltó al buen Cid   adonde asentar su campo.
0
1.1k
Romance del juramento que tomó el cid al rey don alonso
En santa Águeda de Burgos,   do juran los hijosdalgo, le toman jura a Alfonso   por la muerte de su hermano; tomábasela el buen Cid,   ese buen Cid castellano, sobre un cerrojo de hierro   y una ballesta de palo y con unos evangelios   y un crucifijo en la mano. Las palabras son tan fuertes   que al buen rey ponen espanto; -Villanos te maten, Alonso,   villanos, que no hidalgos, de las Asturias de Oviedo,   que no sean castellanos; mátente con aguijadas,   no con lanzas ni con dardos; con cuchillos cachicuernos,   no con puñales dorados; abarcas traigan calzadas,   que no zapatos con lazo; capas traigan aguaderas,   no de contray ni frisado; con camisones de estopa,   no de holanda ni labrados; caballeros vengan en burras,   que no en mulas ni en caballos; frenos traigan de cordel,   que no cueros fogueados. Mátente por las aradas,   que no en villas ni en poblado, sáquente el corazón   por el siniestro costado; si no dijeres la verdad   de lo que te fuere preguntando, si fuiste, o consentiste   en la muerte de tu hermano. Las juras eran tan fuertes   que el rey no las ha otorgado. Allí habló un caballero   que del rey es más privado: -Haced la jura, buen rey,   no tengáis de eso cuidado, que nunca fue rey traidor,   ni papa descomulgado. Jurado había el rey   que en tal nunca se ha hallado; pero allí hablara el rey   malamente y enojado: -Muy mal me conjuras, Cid,   Cid, muy mal me has conjurado, mas hoy me tomas la jura,   mañana me besarás la mano. -Por besar mano de rey   no me tengo por honrado, porque la besó mi padre   me tengo por afrentado. -Vete de mis tierras, Cid,   mal caballero probado, y no vengas más a ellas   dende este día en un año. -Pláceme, dijo el buen Cid,   pláceme, dijo, de grado, por ser la primera cosa   que mandas en tu reinado. Tú me destierras por uno,   yo me destierro por cuatro. Ya se parte el buen Cid,   sin al rey besar la mano, con trescientos caballeros,   todos eran hijosdalgo; todos son hombres mancebos,   ninguno no había cano; todos llevan lanza en puño   y el hierro acicalado, y llevan sendas adargas   con borlas de colorado. Mas no le faltó al buen Cid   adonde asentar su campo.
Continue reading...
40
-¡Rey don Sancho, rey don Sancho!,   no digas que no te aviso, que de dentro de Zamora   un alevoso ha salido; llámase Vellido Dolfos,   hijo de Dolfos Vellido, cuatro traiciones ha hecho,   y con esta serán cinco. Si gran traidor fue el padre,   mayor traidor es el hijo. Gritos dan en el real:   -¡A don Sancho han mal herido! Muerto le ha Vellido Dolfos,   ¡gran traición ha cometido! Desque le tuviera muerto,   metiose por un postigo, por las calle de Zamora   va dando voces y gritos: -Tiempo era, doña Urraca,   de cumplir lo prometido.
0
945
Romance del rey don sancho
Durante muchos siglos la costumbre fue ésta: aleccionar al hombre con historias a cargo de animales de voz docta, de solemne ademán o astutas tretas, tercos en la maldad y en la codicia o necios como el ser al que glosaban. La humanidad les debe parte de su virtud y su sapiencia a asnos y leones, ratas, cuervos, zorros, osos, cigarras y otros bichos que sirvieron de ejemplo y moraleja, de estímulo también y de escarmiento en las ajenas testas animales, al imaginativo y sutil griego, al severo romano, al refinado europeo, al hombre occidental, sin ir más lejos. Hoy quiero -y perdonad la petulancia- compensar tantos bienes recibidos del gremio irracional describiendo algún hecho sintomático, algún matiz de la conducta humana que acaso pueda ser educativo para las aves y para los peces, para los celentéreos y mamíferos, dirigido lo mismo a las amebas más simples como a cualquier especie vertebrada. Ya nuestra sociedad está madura, ya el hombre dejá atrás la adolescencia y en su vejez occidental bien puede servir de ejemplo al perro para que el perro sea más perro, y el zorro más traidor, y el *** más feroz y sanguinario, y el asno como dicen que es el asno, y el buey más inhibido y menos toro. A toda bestia que pretenda perfeccionarse como tal                                                   -ya sea con fines belicistas o pacíficos, con miras financieras o teológicas, o por amor al arte simplemente- no cesaré de darle este consejo: que observe al **** sapiens, y que aprenda.
0
978
Introducción a las fábulas para animales
Durante muchos siglos la costumbre fue ésta: aleccionar al hombre con historias a cargo de animales de voz docta, de solemne ademán o astutas tretas, tercos en la maldad y en la codicia o necios como el ser al que glosaban. La humanidad les debe parte de su virtud y su sapiencia a asnos y leones, ratas, cuervos, zorros, osos, cigarras y otros bichos que sirvieron de ejemplo y moraleja, de estímulo también y de escarmiento en las ajenas testas animales, al imaginativo y sutil griego, al severo romano, al refinado europeo, al hombre occidental, sin ir más lejos. Hoy quiero -y perdonad la petulancia- compensar tantos bienes recibidos del gremio irracional describiendo algún hecho sintomático, algún matiz de la conducta humana que acaso pueda ser educativo para las aves y para los peces, para los celentéreos y mamíferos, dirigido lo mismo a las amebas más simples como a cualquier especie vertebrada. Ya nuestra sociedad está madura, ya el hombre dejá atrás la adolescencia y en su vejez occidental bien puede servir de ejemplo al perro para que el perro sea más perro, y el zorro más traidor, y el *** más feroz y sanguinario, y el asno como dicen que es el asno, y el buey más inhibido y menos toro. A toda bestia que pretenda perfeccionarse como tal                                                   -ya sea con fines belicistas o pacíficos, con miras financieras o teológicas, o por amor al arte simplemente- no cesaré de darle este consejo: que observe al **** sapiens, y que aprenda.
Continue reading...
47
Helo, helo por do viene   el infante vengador, caballero a la jineta   en un caballo corredor, su manto revuelto al brazo,   demudada la color, y en la su mano derecha   un venablo cortador; con la ***** del venablo   sacarían un arador, siete veces fue templado   en la sangre de un dragón y otras tantas afilado   porque cortase mejor, el hierro fue hecho en Francia,   y el asta en Aragón. Perfilándoselo iba   en las alas de su halcón. Iba buscar a don Cuadros,   a don Quadros, el traidor. Allá le fuera a hallar   junto al emperador, la vara tiene en la mano,   que era justicia mayor. Siete veces lo pensaba   si lo tiraría o no y al cabo de las ocho   el venablo le arrojó; por dar al dicho don Cuadros,   dado ha al emperador, pasado le ha manto y sayo,   que era de un tornasol, por el suelo ladrillado   más de un palmo lo metió. Allí le habló el rey,   bien oiréis lo que habló: -¿Por qué me tiraste, infante?   ¿Por qué me tiras, traidor? -Perdóneme tu alteza,   que no tiraba a ti, no, tiraba al traidor de Cuadros,   ese falso engañador, que siete hermanos tenía   no ha dejado si a mí, no. Por eso delante de ti,   buen rey, lo desafío yo. Todos fían a don Cuadros   y al infante no fían, no, sino fuera una doncella,   hija es del emperador, que los tomó por la mano   y en el campo los metió. A los primeros encuentros   Cuadros en tierra cayó. Apeárase el infante,   la cabeza le cortó y tomárala en su lanza   y al buen rey la presentó. De que aquesto vido el rey   con su hija le casó.
0
914
Romance del infante vengador
Helo, helo por do viene   el infante vengador, caballero a la jineta   en un caballo corredor, su manto revuelto al brazo,   demudada la color, y en la su mano derecha   un venablo cortador; con la ***** del venablo   sacarían un arador, siete veces fue templado   en la sangre de un dragón y otras tantas afilado   porque cortase mejor, el hierro fue hecho en Francia,   y el asta en Aragón. Perfilándoselo iba   en las alas de su halcón. Iba buscar a don Cuadros,   a don Quadros, el traidor. Allá le fuera a hallar   junto al emperador, la vara tiene en la mano,   que era justicia mayor. Siete veces lo pensaba   si lo tiraría o no y al cabo de las ocho   el venablo le arrojó; por dar al dicho don Cuadros,   dado ha al emperador, pasado le ha manto y sayo,   que era de un tornasol, por el suelo ladrillado   más de un palmo lo metió. Allí le habló el rey,   bien oiréis lo que habló: -¿Por qué me tiraste, infante?   ¿Por qué me tiras, traidor? -Perdóneme tu alteza,   que no tiraba a ti, no, tiraba al traidor de Cuadros,   ese falso engañador, que siete hermanos tenía   no ha dejado si a mí, no. Por eso delante de ti,   buen rey, lo desafío yo. Todos fían a don Cuadros   y al infante no fían, no, sino fuera una doncella,   hija es del emperador, que los tomó por la mano   y en el campo los metió. A los primeros encuentros   Cuadros en tierra cayó. Apeárase el infante,   la cabeza le cortó y tomárala en su lanza   y al buen rey la presentó. De que aquesto vido el rey   con su hija le casó.
Continue reading...
30
Mas tú, varona fuerte, madre santa, sientes tuya la tierra en que se muere, en ella afincas la desnuda planta, y a tu Señor suplicas: ¡Miserere! ¿Adónde irá el felón con su falsía? ¿En qué rincón se esconderá sombrío? Ten piedad del traidor. Paríle un día, se engendró en el amor, es hijo mío. Hijo tuyo es también, Dios de bondades. Cúrale con amargas soledades. Haz que su infamia su castigo sea. Que trepe a un alto pino en la alta cima, y en él ahorcado, que su crimen vea, y el horror de su crimen le redima.
0
836
A otro conde don julián
-Buen conde Fernán González,   el rey envía por vos, que vayades a las cortes   que se hacen en *** que si vos allá vais, conde,   daros han buen galardón: daros han a Palenzuela   y a Palencia la mayor, daros han las nueve villas,   con ellas a Carrión; daros han a Torquemada,   la torre de Mormojón; buen conde, si allá no ides,   daros hían por traidor. Allí respondiera el conde   y dijera esta razón: -Mensajero eres, amigo;   no mereces culpa, no; que yo no he miedo al rey,   ni a cuantos con él son; Villas y castillos tengo,   todos a mi mandar son: de ellos me dejó mi padre,   de ellos me ganara yo; las que me dejó el mi padre   poblélas de ricos hombres, las que me ganara yo   poblélas de labradores; quien no tenía más que un buey,   dábale otro, que eran dos; al que casaba su hija   doile yo muy rico don; cada día que amanece   por mí hacen oración, no la hacían por el rey,   que no lo merece, no, él les puso muchos pechos   y quitáraselos yo.
0
809
Buen conde fernán gonzález
En Santa Gadea de Burgos do juran los hijosdalgo, allí toma juramento el Cid al rey castellano, sobre un cerrojo de hierro y una ballesta de palo. Las juras eran tan recias que al buen rey ponen espanto. -Villanos te maten, rey, villanos, que no hidalgos; abarcas traigan calzadas, que no zapatos con lazo; traigan capas aguaderas, no capuces ni tabardos; con camisones de estopa, no de holanda ni labrados; cabalguen en sendas burras, que no en mulas ni en caballos, las riendas traigan de cuerda, no de cueros fogueados; mátente por las aradas, no en camino ni en poblado; con cuchillos cachicuernos, no con puñales dorados; sáquente el corazón vivo, por el derecho costado, si no dices la verdad de lo que te es preguntado: si tú fuiste o consentiste en la muerte de tu hermano. Las juras eran tan fuertes que el rey no las ha otorgado. Allí habló un caballero de los suyos más privado: -Haced la jura, buen rey, no tengáis de eso cuidado, que nunca fue rey traidor, ni Papa descomulgado. Jura entonces el buen rey que en tal nunca se ha hallado. Después habla contra el Cid malamente y enojado: -Mucho me aprietas, Rodrigo, Cid, muy mal me has conjurado, mas si hoy me tomas la jura, después besarás mi mano. -Aqueso será, buen rey, como fuer galardonado, porque allá en cualquier tierra dan sueldo a los hijosdalgo. -¡Vete de mis tierras, Cid, mal caballero probado, y no me entres más en ellas, desde este día en un año! -Que me place -dijo el Cid-. que me place de buen grado, por ser la primera cosa que mandas en tu reinado. Tú me destierras por uno yo me destierro por cuatro. Ya se partía el buen Cid sin al rey besar la mano; ya se parte de sus tierras, de Vivar y sus palacios: las puertas deja cerradas, los alamudes echados, las cadenas deja llenas de podencos y de galgos; sólo lleva sus halcones, los pollos y los mudados. Con el iban los trescientos caballeros hijosdalgo; los unos iban a mula y los otros a caballo; todos llevan lanza en puño, con el hierro acicalado, y llevan sendas adargas con borlas de colorado. Por una ribera arriba al Cid van acompañando; acompañándolo iban mientras él iba cazando.
0
827
Romance ** es el de la jura de santa gadea
En Santa Gadea de Burgos do juran los hijosdalgo, allí toma juramento el Cid al rey castellano, sobre un cerrojo de hierro y una ballesta de palo. Las juras eran tan recias que al buen rey ponen espanto. -Villanos te maten, rey, villanos, que no hidalgos; abarcas traigan calzadas, que no zapatos con lazo; traigan capas aguaderas, no capuces ni tabardos; con camisones de estopa, no de holanda ni labrados; cabalguen en sendas burras, que no en mulas ni en caballos, las riendas traigan de cuerda, no de cueros fogueados; mátente por las aradas, no en camino ni en poblado; con cuchillos cachicuernos, no con puñales dorados; sáquente el corazón vivo, por el derecho costado, si no dices la verdad de lo que te es preguntado: si tú fuiste o consentiste en la muerte de tu hermano. Las juras eran tan fuertes que el rey no las ha otorgado. Allí habló un caballero de los suyos más privado: -Haced la jura, buen rey, no tengáis de eso cuidado, que nunca fue rey traidor, ni Papa descomulgado. Jura entonces el buen rey que en tal nunca se ha hallado. Después habla contra el Cid malamente y enojado: -Mucho me aprietas, Rodrigo, Cid, muy mal me has conjurado, mas si hoy me tomas la jura, después besarás mi mano. -Aqueso será, buen rey, como fuer galardonado, porque allá en cualquier tierra dan sueldo a los hijosdalgo. -¡Vete de mis tierras, Cid, mal caballero probado, y no me entres más en ellas, desde este día en un año! -Que me place -dijo el Cid-. que me place de buen grado, por ser la primera cosa que mandas en tu reinado. Tú me destierras por uno yo me destierro por cuatro. Ya se partía el buen Cid sin al rey besar la mano; ya se parte de sus tierras, de Vivar y sus palacios: las puertas deja cerradas, los alamudes echados, las cadenas deja llenas de podencos y de galgos; sólo lleva sus halcones, los pollos y los mudados. Con el iban los trescientos caballeros hijosdalgo; los unos iban a mula y los otros a caballo; todos llevan lanza en puño, con el hierro acicalado, y llevan sendas adargas con borlas de colorado. Por una ribera arriba al Cid van acompañando; acompañándolo iban mientras él iba cazando.
Continue reading...
82
Blanca sois, señora mía, más que no el rayo del sol ¿si la dormiré esta noche desarmado y sin pavor? que siete años había, siete, que no me desarmo, no. Más negras tengo mis carnes que un tiznado carbón. -Dormilda, señor, dormilda, desarmado sin temor, que el conde es ido a la caza a los montes de *** -Rabia le mate los perros, y águilas el su halcón, y del monte hasta casa a él arrastre el morón.- Ellos en aquesto estando su marido que llegó: -¿Qué hacéis, la Blanca-niña, hija de padre traidor? -Señor, peino mis cabellos, peinolos con gran dolor, que me dejéis a mi sola y a los montes os vais vos. -Esa palabra, la niña, no era sino traición: ¿cuyo es aquel caballo que allá bajo relinchó? -Señor, era de mi padre, y envióoslo para vos. -¿Cuyas son aquellas armas que están en el corredor? -Señor, eran de mi hermano, y hoy os las envió. -¿ Cuya es aquella lanza, desde aquí la veo yo? -Tomalda, conde, tomalda, matadme con ella vos, que aquesta muerte, buen conde bien os la merezco yo.
0
773
Romance de blanca-niña
Grande rumor se levanta   de gritos, armas y voces en el palacio de Burgos,   donde son los ricoshombres. Bajó el rey de su aposento   y con él toda la corte, y a las puertas del palacio   hallan a Jimena Gómez, desmelenado el cabello,   llorando a su padre el conde; y a Rodrigo de Vivar   ensangrentado el estoque. Vieron al soberbio mozo   el rostro airado se pone, de doña Jimena oyendo   lo que dicen sus clamores: -¡Justicia, buen rey, te pido   y venganza de traidores; así se logren tus hijos   y de tus hazañas goces, que aquel que no la mantiene   de rey no merece el nombre! Y tú, matador cruel,   no por mujer me perdones: la muerte, traidor, te pido,   no me la niegues ni estorbes, pues mataste un caballero,   el mejor de los mejores. En esto, viendo Jimena   que Rodrigo no responde, y que tomando las riendas   en su caballo se pone, el rostro volviendo a todos,   por obligalles da voces, y viendo que no le siguen   grita: -¡Venganza, señores!
0
800
Romance ii de cómo jimena, la hija del conde lozano, pide al rey venganza
A cazar va don Rodrigo,   y aun don Rodrigo de Lara: con la grande siesta que hace   arrimádose ha a una haya, maldiciendo a Mudarrillo,   hijo de la renegada, que si a las manos le hubiese,   que le sacaría el alma. El señor estando en esto,   Mudarrillo que asomaba. -Dios te salve, caballero,   debajo la verde haya. -Así haga a ti, escudero,   buena sea tu llegada. -Dígasme tú, el caballero,   ¿cómo era la tu gracia? -A mí dicen don Rodrigo,   y aun don Rodrigo de Lara, cuñado de Gonzalo Gustos,   hermano de doña Sancha; por sobrinos me los hube   los siete infantes de Salas; espero aquí a Mudarrillo,   hijo de la renegada; si delante lo tuviese,   yo le sacaría el alma. -Si a ti te dicen don Rodrigo,   y aun don Rodrigo de Lara, a mí Mudarra González,   hijo de la renegada; de Gonzalo Gustos hijo   y anado de doña Sancha; por hermanos me los hube   los siete infantes de Salas. -Tú los vendiste, traidor,   en el val de Arabiana, mas si Dios a mí me ayuda,   aquí dejarás el alma. -Espéresme, don Gonzalo,   iré a tomar las mis armas. -El espera que tú diste   a los infantes de Lara, aquí morirás, traidor,   enemigo de doña Sancha.
0
778
La venganza de mudarra
Sobre el muro de Zamora;   vide un caballero erguido; al real de los castellanos   da con grande grito:   -¡Guarte, guarte, rey don Sancho,   no digas que no te aviso, que del cerco de Zamora   un traidor había salido; Vellido Dolfos se llama,   hijo de Dolfos Vellido, si gran traidor fue su padre,   mayor traidor es el hijo; cuatro traiciones ha hecho,   y con ésta serán cinco! Si te engaña, rey don Sancho,   no digas que no te aviso.   Gritos dan en el real:   ¡A don Sancho han mal herido! ¡Muerto le ha Vellido Dolfos;   gran traición ha cometido!   Desque le tuviera muerto,   metióse por un postigo, por las calle de Zamora   va dando voces y gritos:   -¡Tiempo era, doña Urraca,   de cumplir lo prometido!
0
747
Romance xv del caballero leal zamorano y de vellido dolfos, que se salió de zamora para con falsedad hacerse vasallo del rey don sancho
Con cartas sus mensajeros   el rey al Carpio envió: Bernardo, como es discreto,   de traición se receló: las cartas echó en el suelo   y al mensajero habló: -Mensajero eres, amigo,   no mereces culpa, no, mas al rey que acá te envía   dígasle tú esta razón: que no le estimo yo a él   ni aun a cuantos con él son; mas por ver lo que me quiere   todavía allá iré yo. Y mandó juntar los suyos,   de esta suerte les habló: -Cuatrocientos sois, los míos,   los que comedes mi pan: los ciento irán al Carpio   para el Carpio guardar, los ciento por los caminos,   que a nadie dejen pasar; doscientos iréis conmigo   para con el rey hablar; si mala me la dijere,   peor se la he de tornar. Por sus jornadas contadas   a la corte fue a llegar: -Dios os mantenga, buen rey,   y a cuantos con vos están. -Mal vengades vos, Bernardo,   traidor, hijo de mal padre, dite yo el Carpio en tenencia,   tú tómaslo en heredad. -Mentides, el rey, mentides,   que no dices la verdad, que si yo fuese traidor,   a vos os cabría en parte; acordáseos debía   de aquella del Encinal, cuando gentes extranjeras   allí os trataron tan mal, que os mataron el caballo   y aun a vos querían matar; Bernardo, como traidor,   de entre ellos os fue a sacar. Allí me diste el Carpio   de juro y de heredad, prometísteme a mi padre,   no me guardaste verdad. -Prendedlo, mis caballeros,   que igualado se me ha. -Aquí, aquí los mis doscientos,   los que comedes mi pan, que hoy era venido el día   que honra habemos de ganar. El rey, de que aquesto viera,   de esta suerte fue a hablar: -¿Qué ha sido aquesto, Bernardo;   que así enojado te has? ¿Lo que hombre dice de burla   de veras vas a tomar? Yo te dó el Carpio, Bernardo,   de juro y de heredad. -Aquestas burlas, el rey   no son burlas de burlar; llamásteme de traidor,   traidor, hijo de mal padre: el Carpio yo no lo quiero,   bien lo podéis vos guardar, que cuando yo lo quisiere,   muy bien lo sabré ganar.
0
777
Entrevista de bernardo con el rey
Con cartas sus mensajeros   el rey al Carpio envió: Bernardo, como es discreto,   de traición se receló: las cartas echó en el suelo   y al mensajero habló: -Mensajero eres, amigo,   no mereces culpa, no, mas al rey que acá te envía   dígasle tú esta razón: que no le estimo yo a él   ni aun a cuantos con él son; mas por ver lo que me quiere   todavía allá iré yo. Y mandó juntar los suyos,   de esta suerte les habló: -Cuatrocientos sois, los míos,   los que comedes mi pan: los ciento irán al Carpio   para el Carpio guardar, los ciento por los caminos,   que a nadie dejen pasar; doscientos iréis conmigo   para con el rey hablar; si mala me la dijere,   peor se la he de tornar. Por sus jornadas contadas   a la corte fue a llegar: -Dios os mantenga, buen rey,   y a cuantos con vos están. -Mal vengades vos, Bernardo,   traidor, hijo de mal padre, dite yo el Carpio en tenencia,   tú tómaslo en heredad. -Mentides, el rey, mentides,   que no dices la verdad, que si yo fuese traidor,   a vos os cabría en parte; acordáseos debía   de aquella del Encinal, cuando gentes extranjeras   allí os trataron tan mal, que os mataron el caballo   y aun a vos querían matar; Bernardo, como traidor,   de entre ellos os fue a sacar. Allí me diste el Carpio   de juro y de heredad, prometísteme a mi padre,   no me guardaste verdad. -Prendedlo, mis caballeros,   que igualado se me ha. -Aquí, aquí los mis doscientos,   los que comedes mi pan, que hoy era venido el día   que honra habemos de ganar. El rey, de que aquesto viera,   de esta suerte fue a hablar: -¿Qué ha sido aquesto, Bernardo;   que así enojado te has? ¿Lo que hombre dice de burla   de veras vas a tomar? Yo te dó el Carpio, Bernardo,   de juro y de heredad. -Aquestas burlas, el rey   no son burlas de burlar; llamásteme de traidor,   traidor, hijo de mal padre: el Carpio yo no lo quiero,   bien lo podéis vos guardar, que cuando yo lo quisiere,   muy bien lo sabré ganar.
Continue reading...
36
Tristes van los zamoranos   metidos en gran quebranto; retados son de traidores,   de alevosos son llamados; más quieren todos ser muertos   que no traidores nombrados.   Día era de san Millán,   ese día señalado, todos duermen en Zamora,   mas no duerme Arias Gonzalo; aún no es bien amanecido   que el cielo estaba estrellado, castigando está a sus hijos,   a todos cuatro está armando, las palabras que les dice   son de mancilla y quebranto: -Yo he de lidiar el primero   con don Diego el castellano: si con mentira nos reta,   vencerle he y hágoos salvos; pero si cualquier traidor   hay entre los zamoranos, y él nos reta con verdad,   muerto quedaré en el campo. Morir quiero y no ver muerte   de hijos que tanto amo.   Las armas pide el buen viejo,   sus hijos le están armando, las grebas le están poniendo;   doña Urraca que allí ha entrado, llorando de los sus ojos   y el cabello destrenzado: -¿Para qué tomas las armas?   ¿Dónde vas, mi viejo amo: pues sabéis, si vos morís,   perdido es todo mi estado? ¡Acordaos que prometistes   a mi padre don Fernando de nunca desampararme   ni dejar de vuestra mano!   Caballeros de la infanta   a don Arias van rogando que les deje la batalla,   que la tomarán de grado; mas él sólo da sus armas   a su hijo don Fernando: -¡Dios vaya contigo, hijo,   la mi bendición te mando; ve a salvar los de Zamora;   como Cristo a los humanos!   Sin poner pie en el estribo   don Fernando ha cabalgado. Por aquel postigo viejo   galopando se ha alejado adonde estaban los jueces,   que ya le están esperando; partido les han el sol,   dejado les han el campo.
0
718
Romance xviii cuenta cómo arias gonzalo se preparaba para lidiar el reto
Tristes van los zamoranos   metidos en gran quebranto; retados son de traidores,   de alevosos son llamados; más quieren todos ser muertos   que no traidores nombrados.   Día era de san Millán,   ese día señalado, todos duermen en Zamora,   mas no duerme Arias Gonzalo; aún no es bien amanecido   que el cielo estaba estrellado, castigando está a sus hijos,   a todos cuatro está armando, las palabras que les dice   son de mancilla y quebranto: -Yo he de lidiar el primero   con don Diego el castellano: si con mentira nos reta,   vencerle he y hágoos salvos; pero si cualquier traidor   hay entre los zamoranos, y él nos reta con verdad,   muerto quedaré en el campo. Morir quiero y no ver muerte   de hijos que tanto amo.   Las armas pide el buen viejo,   sus hijos le están armando, las grebas le están poniendo;   doña Urraca que allí ha entrado, llorando de los sus ojos   y el cabello destrenzado: -¿Para qué tomas las armas?   ¿Dónde vas, mi viejo amo: pues sabéis, si vos morís,   perdido es todo mi estado? ¡Acordaos que prometistes   a mi padre don Fernando de nunca desampararme   ni dejar de vuestra mano!   Caballeros de la infanta   a don Arias van rogando que les deje la batalla,   que la tomarán de grado; mas él sólo da sus armas   a su hijo don Fernando: -¡Dios vaya contigo, hijo,   la mi bendición te mando; ve a salvar los de Zamora;   como Cristo a los humanos!   Sin poner pie en el estribo   don Fernando ha cabalgado. Por aquel postigo viejo   galopando se ha alejado adonde estaban los jueces,   que ya le están esperando; partido les han el sol,   dejado les han el campo.
Continue reading...
29
Después de mucho, después de vagas leguas, confuso de dominios, incierto de territorios, acompañado de pobres esperanzas, y compañías infieles, y desconfiados sueños, amo lo tenaz que aún sobrevive en mis ojos, oigo en mi corazón mis pasos de jinete, muerdo el fuego dormido y la sal arruinada, y de noche, de atmósfera obscura y luto prófugo, aquel que vela a la orilla de los campamentos, el viajero armado de estériles resistencias, detenido entre sombras que crecen y alas que tiemblan, me siento ser, y mi brazo de piedra me defiende. Hay entre ciencias de llanto un altar confuso, y en mi sesión de atardeceres sin perfume, en mis abandonados dormitorios donde habita la luna, y arañas de mi propiedad, y destrucciones que me son queridas, adoro mi propio ser perdido, mi substancia imperfecta, mi golpe de plata y mi pérdida eterna. Ardió la uva húmeda, y su agua funeral aún vacila, aún reside, y el patrimonio estéril, y el domicilio traidor. Quién hizo ceremonia de cenizas? Quién amó lo perdido, quién protegió lo último? El hueso del padre, la madera del buque muerto, y su propio final, su misma huida, su fuerza triste, su dios miserable? Acecho, pues, lo inanimado y lo doliente, y el testimonio extraño que sostengo con eficiencia cruel y escrito en cenizas, es la forma de olvido que prefiero, el nombre que doy a la tierra, el valor de mis sueños, la cantidad interminable que divido con mis ojos de invierno, durante cada día de este mundo.
0
483
Sonata y destrucciones
Después de mucho, después de vagas leguas, confuso de dominios, incierto de territorios, acompañado de pobres esperanzas, y compañías infieles, y desconfiados sueños, amo lo tenaz que aún sobrevive en mis ojos, oigo en mi corazón mis pasos de jinete, muerdo el fuego dormido y la sal arruinada, y de noche, de atmósfera obscura y luto prófugo, aquel que vela a la orilla de los campamentos, el viajero armado de estériles resistencias, detenido entre sombras que crecen y alas que tiemblan, me siento ser, y mi brazo de piedra me defiende. Hay entre ciencias de llanto un altar confuso, y en mi sesión de atardeceres sin perfume, en mis abandonados dormitorios donde habita la luna, y arañas de mi propiedad, y destrucciones que me son queridas, adoro mi propio ser perdido, mi substancia imperfecta, mi golpe de plata y mi pérdida eterna. Ardió la uva húmeda, y su agua funeral aún vacila, aún reside, y el patrimonio estéril, y el domicilio traidor. Quién hizo ceremonia de cenizas? Quién amó lo perdido, quién protegió lo último? El hueso del padre, la madera del buque muerto, y su propio final, su misma huida, su fuerza triste, su dios miserable? Acecho, pues, lo inanimado y lo doliente, y el testimonio extraño que sostengo con eficiencia cruel y escrito en cenizas, es la forma de olvido que prefiero, el nombre que doy a la tierra, el valor de mis sueños, la cantidad interminable que divido con mis ojos de invierno, durante cada día de este mundo.
Continue reading...
34