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"tiernas" poems
Al pie de tu cadáver sólo llora tu hija. Nadie te pone amor, ni flores, ni recuerdos. Desnuda estás, y sola, entre cuatro paredes altas, altas y solas, sin penas y sin duelos. Ni una silla siquiera, ni un banco en que la gente si llegara a mirarte se sentara en silencio. Arden las cuatro velas y arden las paredes con una llama fría, un apagado incendio. El hospital es tierno y son tiernas las manos que te han puesto bonita en tu vestido viejo. Tu nariz se adelgaza y tu blancura crece, se derrama en tu piel como un viento. Arañas, caen arañas del techo, caen cenizas, papeles, sombras, trapos, caen del cielo, rosas que Dios te tira, ángeles en pedazos, y sueños.
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La hermana rosa
En los solares de Burgos   a su Rodrigo aguardando, tan encinta está Jimena,   que muy cedo aguarda el parto; cuando demás dolorida   una mañana en disanto, bañada en lágrimas tiernas,   escribe al rey don Fernando: «A vos, el mi señor rey,   el bueno, el aventurado, el magno, el conquistador,   el agradecido, el sabio, la vuestra sierva Jimena,   fija del conde Lozano, desde Burgos os saluda,   donde vive lacerando. Perdonédesme señor,   que no tengo pecho falso, y si mal talante os tengo,   no puedo disimulallo. ¿Qué ley de Dios vos otorga   que podáis, por tiempo tanto como ha que fincáis en lides,   descasar a los casados? ¿Qué buena razón consiente   que a mi marido velado no le soltéis para mí   sino una vez en el año? Y esa vez que lo soltáis,   fasta los pies del caballo tan teñido en sangre viene,   que pone pavor mirallo; y no bien mis brazos toca   cuando se duerme en mis brazos, y en sueños gime y forcejea,   que cuida que está lidiando, y apenas el alba rompe,   cuando lo están acuciando las esculcas y adalides   para que se vuelva al campo. Llorando vos lo pedí   y en mi soledad cuidando de cobrar padre y marido,   ni uno tengo, ni otro alcanzo. Y como otro bien no tengo   y me lo habedes quitado, en guisa lo lloro vivo   cual si estuviese enterrado. Si lo facéis por honralle,   asaz Rodrigo es honrado, pues no tiene barba, y tiene   reyes moros por vasallos. Yo finco, señor, encinta,   que en nueve meses he entrado y me pueden empecer   las lágrimas que derramo.   Dad este escrito a las llamas,   non se fega de él palacio, que en malos barruntadores   no me será bien contado».
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Romance viii carta de doña jimena al rey
En los solares de Burgos   a su Rodrigo aguardando, tan encinta está Jimena,   que muy cedo aguarda el parto; cuando demás dolorida   una mañana en disanto, bañada en lágrimas tiernas,   escribe al rey don Fernando: «A vos, el mi señor rey,   el bueno, el aventurado, el magno, el conquistador,   el agradecido, el sabio, la vuestra sierva Jimena,   fija del conde Lozano, desde Burgos os saluda,   donde vive lacerando. Perdonédesme señor,   que no tengo pecho falso, y si mal talante os tengo,   no puedo disimulallo. ¿Qué ley de Dios vos otorga   que podáis, por tiempo tanto como ha que fincáis en lides,   descasar a los casados? ¿Qué buena razón consiente   que a mi marido velado no le soltéis para mí   sino una vez en el año? Y esa vez que lo soltáis,   fasta los pies del caballo tan teñido en sangre viene,   que pone pavor mirallo; y no bien mis brazos toca   cuando se duerme en mis brazos, y en sueños gime y forcejea,   que cuida que está lidiando, y apenas el alba rompe,   cuando lo están acuciando las esculcas y adalides   para que se vuelva al campo. Llorando vos lo pedí   y en mi soledad cuidando de cobrar padre y marido,   ni uno tengo, ni otro alcanzo. Y como otro bien no tengo   y me lo habedes quitado, en guisa lo lloro vivo   cual si estuviese enterrado. Si lo facéis por honralle,   asaz Rodrigo es honrado, pues no tiene barba, y tiene   reyes moros por vasallos. Yo finco, señor, encinta,   que en nueve meses he entrado y me pueden empecer   las lágrimas que derramo.   Dad este escrito a las llamas,   non se fega de él palacio, que en malos barruntadores   no me será bien contado».
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Salen los niños alegres De la escuela, Poniendo en el aire tibio Del abril, canciones tiernas. ¡Que alegría tiene el hondo Silencio de la calleja! Un silencio hecho pedazos por risas de plata nueva. Voy camino de la tarde Entre flores de la huerta, Dejando sobre el camino El agua de mi tristeza. En el monte solitario Un cementerio de aldea Parece un campo sembrado Con granos de calaveras. Y han florecido cipreses Como gigantes cabezas Que con órbitas vacías Y verdosas cabelleras Pensativos y dolientes El horizonte contemplan. ¡Abril divino, que vienes Cargado de sol y esencias Llena con nidos de oro Las floridas calaveras!
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Canción primaveral
Las palomas visitaron a Pushkin y picotearon su melancolía: la estatua de bronce gris habla con las palomas con paciencia de bronce: los pájaros modernos no le entienden, es otro ahora el idioma de los pájaros y con briznas de Pushkin vuelan a Mayakovski. Parece de plomo su estatua, parece que estuviera hecha de balas: no hicieron su ternura sino su bella arrogancia: si es un demoledor de cosas tiernas, cómo pudo vivir entre violetas, a la luz de la luna, en el amor? Algo les falta siempre a esras estatuas fijas en la dirección del tiempo o ensartan puntualmente el aire con cuchillo militar o lo dejan sentado (como a Gogol) transformado en turista de jardín, y otros hombres, cansados del caballo, ya no pudieron bajar a comer. En verdad son amargas las estarnas porque el tiempo se queda depositado en ellas, oxidado, y aunque las flores llegan a cubrir sus fríos pies, las flores no son besos, llegan allí también para morir. Palomas blancas, diurnas, y poetas nocturnos giran alrededor de los zapatos de Mayakovski férreo, de su espantoso chaquetón de bronce y de su férrea boca sin sonrisa. Yo alguna vez ya tarde, ya dormido, en ciudad, desde el río a las colinas, oí subir los versos, la salmodia de los recitativos recitantes. Vladimir escuchaba? Escuchan las estatuas? Parecía furioso, su gesro no admitía verso alguno: tal vez la estatua es concha, caracola de mármol, bronce o piedra de un animal herido que se fue y dejó este vestigio congelado, un ademán, un movimiento inmóvil, el despojo del alma.
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Estatuas
Las palomas visitaron a Pushkin y picotearon su melancolía: la estatua de bronce gris habla con las palomas con paciencia de bronce: los pájaros modernos no le entienden, es otro ahora el idioma de los pájaros y con briznas de Pushkin vuelan a Mayakovski. Parece de plomo su estatua, parece que estuviera hecha de balas: no hicieron su ternura sino su bella arrogancia: si es un demoledor de cosas tiernas, cómo pudo vivir entre violetas, a la luz de la luna, en el amor? Algo les falta siempre a esras estatuas fijas en la dirección del tiempo o ensartan puntualmente el aire con cuchillo militar o lo dejan sentado (como a Gogol) transformado en turista de jardín, y otros hombres, cansados del caballo, ya no pudieron bajar a comer. En verdad son amargas las estarnas porque el tiempo se queda depositado en ellas, oxidado, y aunque las flores llegan a cubrir sus fríos pies, las flores no son besos, llegan allí también para morir. Palomas blancas, diurnas, y poetas nocturnos giran alrededor de los zapatos de Mayakovski férreo, de su espantoso chaquetón de bronce y de su férrea boca sin sonrisa. Yo alguna vez ya tarde, ya dormido, en ciudad, desde el río a las colinas, oí subir los versos, la salmodia de los recitativos recitantes. Vladimir escuchaba? Escuchan las estatuas? Parecía furioso, su gesro no admitía verso alguno: tal vez la estatua es concha, caracola de mármol, bronce o piedra de un animal herido que se fue y dejó este vestigio congelado, un ademán, un movimiento inmóvil, el despojo del alma.
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Hermosísimo invierno de mi vida, sin estivo calor constante yelo, a cuya nieve da cortés el cielo púrpura en tiernas flores encendida; esa esfera de luz enriquecida, que tiene por estrella al dios de Delo, ¿cómo en la elemental guerra del suelo reina de sus contrarios defendida? Eres Scitia de l'alma que te adora, cuando la vista, que te mira, inflama; Etna, que ardientes nieves atesora. Sí lo frágil perdonas a la fama, eres al vidro parecida, Flora, que siendo yelo, es hijo de la llama.
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Admírase de que flora, siendo todo fuego y luz, sea toda hielo
Raer tiernas orejas con verdades mordaces, ¡oh Licino!, no es seguro: si desengañas, vivirás obscuro, y escándalo serás de las ciudades. No las hagas, ni enojes, las maldades, ni mormures la dicha del perjuro: que si gobierna y duerme Palinuro su error castigarán las tempestades. El que, piadoso, desengaña amigos tiene mayor peligro en su consejo que en su venganza el que agravió enemigos. Por esto a la maldad y al malo dejo. Vivamos, sin ser cómplices, testigos; advierta al mundo nuevo el mundo viejo.
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Enseña no ser segura política reprehender acciones, aunque malas sean, pues ellas tienen guardado su castigo
Cómo era el instante, dígalo la musa que las dichas trae, que las penas lleva: la tristeza pasa, velada y confusa; la alegría, rosas y azahares nieva. Era en un amable nido de soltero, de risas y versos, de placer sonoro; era un inspirado cada caballero, de sueños azules y vino de oro. Un rubio decía frases sentenciosas: negando y amando las musas eternas un bruno decía versos como rosas, dos sonantes rimas y palabras tiernas. Los tapices rojos, de doradas listas, cubrían panoplias de pinturas y armas, que hablaban de bellas pasadas conquistas, amantes coloquios y dulces alarmas. El verso de fuego de D'Annunzio era como un son divino que en las saturnales guiara las manchadas pieles de pantera a fiestas soberbias y amores triunfales. E iban con manchadas pieles de pantera, con tirsos de flores y copas paganas las almas de aquellos jóvenes que viera Venus en su templo con palmas hermanas. Venus, la celeste reina que adivina en las almas vivas alegrías francas, y que les confía, por gracia divina, sus abejas de oro, sus palomas blancas. Y aquellos amantes de la eterna Dea, a la dulce música de la regia rima oyen el mensaje de la vasta Idea por el compañero que recita y mima. Y sobre sus frentes, que acaricia el lauro, Abril pone amable su beso sonoro, y llevan gozosos, sátiro y centauro, la alegría noble del vino de oro.
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Garconnière
Firme, bajo mi pie, cierta y segura, de piedra y música te tengo; no como entonces, cuando a cada instante te levantabas de mi sueño. Ahora puedo tocar tus lomas tiernas, el verde fresco de tus aguas. Ahora estamos, de nuevo, frente a frente como dos viejos camaradas. Nueva canción con nuevos instrumentos. Cantas, me duermes y me acunas. Haces eternidad de mi pasado. Y luego el tiempo se desnuda. ¡Cantarte, abrir la cárcel donde espera tanta pasión acumulada! Y ver perderse nuestra antigua imagen arrebatada por el agua. Firme, bajo mi pie, cierta y segura, de piedra y música te tengo. Señor, Señor, Señor: todo lo mismo. Pero, ¿qué has hecho de mi tiempo?
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Cumbre
una mañana de otoño sim simmons se levantó sin ojos como caídos a favor de la estación "pero no importa" dijo y se alisaba la memoria "no importa realmente no importa" decía sim simmons poniéndose árboles vacíos en las cuencas a los que alimentó con estampidos gritos olvidos silenciosas partes nocturnos insectos portadores de muerte rondaban por los árboles "no importa" decía sim desplegando sus tiernas alas y volando todo alrededor del cielo "si fuese una nube" decía "si fuese un halcón o catástrofe lo que me come el corazón" decía "te apagaste paloma" decía sim simmons sin llorar "no tengo ojos para llorar" decía "y sin embargo debiera" decía recordando que todo vegetal, agua llanto lluvia o río necesita para abrigar un tierno nido así que sim simmons se puso a llorar los árboles se le volaron y otra vez tuvo ojos para mirar o ver o sufrir y llorar sin dar comida a nadie "me lo merezco" decía sim simmons tarde "me lo merezco mucho" decía con los ojos ya secos duros brillantes como sol bajo la tierra de Alabama dos ríos nacieron donde lo enterraron uno hacia el norte otro hacia le sur para memoria para olvido y todo el mundo tuvo agua pero sim simmons no: miraba para abajo ya merecido o muerto o triste sin árboles sin árboles
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Lamento por el llanto de sim simmons
Todas las madres del mundo, ocultan el vientre, tiemblan, y quisieran retirarse, a virginidades ciegas, el origen solitario y el pasado sin herencia. Pálida, sobrecogida la fecundidad se queda. El mar tiene sed y tiene sed de ser agua la tierra. Alarga la llama el odio y el amor cierra las puertas. Voces como lanzas vibran, voces como bayonetas. Bocas como puños vienen, puños como cascos llegan. Pechos como muros roncos, piernas como patas recias. El corazón se revuelve, se atorbellina, revienta. Arroja contra los ojos súbitas espumas negras. La sangre enarbola el cuerpo, precipita la cabeza y busca un hueco, una herida por donde lanzarse afuera. La sangre recorre el mundo enjaulada, insatisfecha. Las flores se desvanecen devoradas por la hierba. Ansias de matar invaden el fondo de la azucena. Acoplarse con metales todos los cuerpos anhelan: desposarse, poseerse de una terrible manera. Desaparecer: el ansia general, creciente, reina. Un fantasma de estandartes, una bandera quimérica, un mito de patrias: una grave ficción de fronteras. Músicas exasperadas, duras como botas, huellan la faz de las esperanzas y de las entrañas tiernas. Crepita el alma, la ira. El llanto relampaguea. ¿Para qué quiero la luz si tropiezo con tinieblas? Pasiones como clarines, coplas, trompas que aconsejan devorarse ser a ser, destruirse, piedra a piedra. Relinchos. Retumbos. Truenos. Salivazos. Besos. Ruedas. Espuelas. Espadas locas abren una herida inmensa. Después, el silencio, mudo de algodón, blanco de vendas, cárdeno de cirugía, mutilado de tristeza. El silencio. Y el laurel en un rincón de osamentas. Y un tambor enamorado, como un vientre tenso, suena detrás del innumerable muerto que jamás se aleja.
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Guerra
Todas las madres del mundo, ocultan el vientre, tiemblan, y quisieran retirarse, a virginidades ciegas, el origen solitario y el pasado sin herencia. Pálida, sobrecogida la fecundidad se queda. El mar tiene sed y tiene sed de ser agua la tierra. Alarga la llama el odio y el amor cierra las puertas. Voces como lanzas vibran, voces como bayonetas. Bocas como puños vienen, puños como cascos llegan. Pechos como muros roncos, piernas como patas recias. El corazón se revuelve, se atorbellina, revienta. Arroja contra los ojos súbitas espumas negras. La sangre enarbola el cuerpo, precipita la cabeza y busca un hueco, una herida por donde lanzarse afuera. La sangre recorre el mundo enjaulada, insatisfecha. Las flores se desvanecen devoradas por la hierba. Ansias de matar invaden el fondo de la azucena. Acoplarse con metales todos los cuerpos anhelan: desposarse, poseerse de una terrible manera. Desaparecer: el ansia general, creciente, reina. Un fantasma de estandartes, una bandera quimérica, un mito de patrias: una grave ficción de fronteras. Músicas exasperadas, duras como botas, huellan la faz de las esperanzas y de las entrañas tiernas. Crepita el alma, la ira. El llanto relampaguea. ¿Para qué quiero la luz si tropiezo con tinieblas? Pasiones como clarines, coplas, trompas que aconsejan devorarse ser a ser, destruirse, piedra a piedra. Relinchos. Retumbos. Truenos. Salivazos. Besos. Ruedas. Espuelas. Espadas locas abren una herida inmensa. Después, el silencio, mudo de algodón, blanco de vendas, cárdeno de cirugía, mutilado de tristeza. El silencio. Y el laurel en un rincón de osamentas. Y un tambor enamorado, como un vientre tenso, suena detrás del innumerable muerto que jamás se aleja.
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Era una noche De primavera, Azul el cielo, La luna en llena, Abajo flores, Arriba estrellas, Mi hogar completo, Yo, muy contenta, Y tú, mi amante, Junto a mi puerta, De pie esperaste La cita aquella; Cita en que hiciste Tantas promesas, Y en que, rendida De pasión ciega, Te di en un beso Mi vida entera. Lo que dijimos Dicho se queda: Amor sin nube, Constancia eterna. Unir las almas, Callar las penas, Y al fin juntarnos Sobre la tierra, Sin romper nunca Nuestras cadenas... Una casita Blanca y modesta, Único adorno De una pradera; Con fuentes claras, Con flores nuevas, Con dulces nidos De aves parleras; Y allí jugando Las horas muertas Dos angelitos Que hermanos fueran: Frente muy blanca, Rubias cabezas, Labios de rosa, Pupilas negras... -Calla y no sigas, Que me atormentas. Alma del alma, ¡Qué bien te acuerdas! Era una noche De enero, eterna: El aire helado, Las aves yertas, Las fuentes mudas. Las flores secas, Mi nogar muy triste, Mi madre muerta, Y en torno suyo La blanca cera Lanzando débil Su luz siniestra; Y yo, velando Con honda pena, Oí en la torre Sonar muy lentas Las campanadas, Que un tiempo fueran Las escogidas Con dicha inmensa Para cumplirnos La cita aquella; Cita en que hiciste Tantas promesas, Y en que, rendida De pasión trémula, Te di en un beso La vida entera... ¿Por qué olvidaste Mi pasión ciega? ¿Por qué no vuelves? ¿Por qué te ausentas? ¿Por qué borraste Dichas tan tiernas, Cual borra el viento Sobre la arena Del caminante La débil huella? ¡Viví tan sola! ¡Sola y enferma! Con negros duelos, Con horas negras, Sin más familia Que mis tristezas... ¡Ay! recordando La noche aquella En que dijiste Cosas tan tiernas: Que me adorabas, Que en tu conciencia Era mi imagen La sola reina; Y la casita Con flores nuevas, Con fuentes claras, Y aves parleras; Y aquellos niños De faz serena, Con frentes blancas, Rubias cabezas, Labios de rosa, Pupilas negras... -Calla y no sigas, Que me atormentas. Alma del alma, ¡Qué bien te acuerdas!
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Besos y lágrimas
Era una noche De primavera, Azul el cielo, La luna en llena, Abajo flores, Arriba estrellas, Mi hogar completo, Yo, muy contenta, Y tú, mi amante, Junto a mi puerta, De pie esperaste La cita aquella; Cita en que hiciste Tantas promesas, Y en que, rendida De pasión ciega, Te di en un beso Mi vida entera. Lo que dijimos Dicho se queda: Amor sin nube, Constancia eterna. Unir las almas, Callar las penas, Y al fin juntarnos Sobre la tierra, Sin romper nunca Nuestras cadenas... Una casita Blanca y modesta, Único adorno De una pradera; Con fuentes claras, Con flores nuevas, Con dulces nidos De aves parleras; Y allí jugando Las horas muertas Dos angelitos Que hermanos fueran: Frente muy blanca, Rubias cabezas, Labios de rosa, Pupilas negras... -Calla y no sigas, Que me atormentas. Alma del alma, ¡Qué bien te acuerdas! Era una noche De enero, eterna: El aire helado, Las aves yertas, Las fuentes mudas. Las flores secas, Mi nogar muy triste, Mi madre muerta, Y en torno suyo La blanca cera Lanzando débil Su luz siniestra; Y yo, velando Con honda pena, Oí en la torre Sonar muy lentas Las campanadas, Que un tiempo fueran Las escogidas Con dicha inmensa Para cumplirnos La cita aquella; Cita en que hiciste Tantas promesas, Y en que, rendida De pasión trémula, Te di en un beso La vida entera... ¿Por qué olvidaste Mi pasión ciega? ¿Por qué no vuelves? ¿Por qué te ausentas? ¿Por qué borraste Dichas tan tiernas, Cual borra el viento Sobre la arena Del caminante La débil huella? ¡Viví tan sola! ¡Sola y enferma! Con negros duelos, Con horas negras, Sin más familia Que mis tristezas... ¡Ay! recordando La noche aquella En que dijiste Cosas tan tiernas: Que me adorabas, Que en tu conciencia Era mi imagen La sola reina; Y la casita Con flores nuevas, Con fuentes claras, Y aves parleras; Y aquellos niños De faz serena, Con frentes blancas, Rubias cabezas, Labios de rosa, Pupilas negras... -Calla y no sigas, Que me atormentas. Alma del alma, ¡Qué bien te acuerdas!
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La semana de abril de pronto se sintió una ausencia en el pecho: jueves, su corazón. Sí, robamos el jueves. Ella y yo, silenciosos, de la mano, los dos. Le robamos con todo. Con los circos redondos, y sus volatineras tiernas, conceptuosas doncellas de los saltos. Con las cajas de lápices, rojos, azules, verdes, y blancos, blancos, blancos, blancos, para escribir en las diez de la noche de los cielos más negros cartas a las auroras. Con las tiendas sin nadie: se vendían paisajes, héroes, teorías, arpas. Y todo a cambio de arena de la playa. De arena tan hermosa que al mirarla no se compraba nada por no dejarla allí color de carne intacta, entre plata, entre cobre. Con todo, sí, con todo. Con escuelas de adioses a las sombras y al beso. Al salir se creían los cuerpos y los labios que nunca estaban solos. Sí, con todo y sin fin. Delicia de ser cómplices en delicias, los dos. Y en el borde del miércoles ver quedarse parados almanaques atónitos -no podían seguir- mientras tú y yo secretos, ya más allá del cielo, del tiempo, de los números, vivíamos el jueves.
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Oh manos, caras manos, que cerrasteis Los ojos de mi madre; manos tiernas, Manos piadosas que su helado cuerpo Ungisteis con esencias; Manos que amortajasteis su cadáver y por la angustia trémulas Ayudasteis, en hora de amargura, En su ataúd a colocarlo; bellas y amadas manos que en aciaga noche De horror y de tinieblas Enjugasteis el llanto de mis ojos; Manos süaves, blandas como seda, Manos de dedos pálidos y finos, Pálidas manos de color de cera, Que sus últimos besos recibisteis y el calor de sus lágrimas postreras: Levemente pasad sobre mis párpados En esta noche de mortal tristeza; ¡Posaos en mis párpados sin sueño Para que al menos una hora duerma, En el dolor sin nombre de mi alma. Soñando viva a la que lloro muerta!
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Oh manos, caras manos...
El niño que no vino tiene los labios fuertes tiene las manos tiernas el alma como nube no es nadie es sólo un niño saca viejas monedas del bolsillo de Dios se parece a la madre su misma risa ancha su corazón a saltos juega con los silencios y con ellos hace otros silencios y se aburre el niño que no vino no viene porque cree que todo el que aquí nace no se muere después.
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Ausencia
Éstos, amada, son sitios vulgares en que en el ruido mundanal se asusta el alma fidelísima, que gusta de evocar tus encantos familiares. Añoro dulcemente los lugares en donde imperas cual señora justa, tu voz real y tu mirada augusta que ungieron con su gracia mis pesares. Y recuerdo que en época lejana, por tus raras virtudes milagrosas y tu amable modestia provinciana, ebrio de amor te comparó el poeta con la mejor de las piedras preciosas oculta en pobres hojas de violeta. Tuviste, en la delicia de mi sueño, fuerza de mano que se da al caído y la piedad de un pájaro agreño que en la rama caduca pone el nido. De tu falda al seráfico pergeño cual párvulo medroso estoy asido, que en la infantil iglesia de mi ensueño las imágenes rotas han caído. Yo sé que en mis catástrofes internas no más quedas tú en pie, señora alta, de frente noble y de miradas tiernas. Condúceme en las noches inclementes porque sin ti para marchar me falta el óleo de las vírgenes prudentes.
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A una ausente seráfica
si alguna vez, te pierdo, o si te me pierdes, espero acordarme de tus cuerdas hipnotizantes. de tus notas hipnóticas, tus resonancias disonantes, y tus harmonías etéreas que calman mi miseria al igual también, mi amor. espero acordarme de absolutamente todo. el momento malo al igual que el bueno. esperando nuestro amor humano que esté, a través de su divinidad, lleno y repleto del río rojo que sale de este lugar mágico, como el jardín de Adan y Eva. aquí contigo en este río. me encontrarás entre sus piedras, dónde te esperare con mis pies en el agua y entre tus tiernas piernas sembrare mi orgullo final. un final grande y grave, como tu nota musical en su fin orquestal. el estar contigo, es un bienestar al olvido de sufrimientos vividos, tu voz, al estar en mi oído, lava el odio del niño tenido del nido, y en sus alas hay hilos reviviendo los dones dormidos. reviviendo mis sentimientos hacia una vida buena, y el poder de volar. el poder de vivir, y el privilegio de poder compartirme contigo sin tener que fingir. - melancholicreator
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Jul 16, 2025
Jul 16, 2025 at 8:47 PM UTC
adán y eva
como un grito finito como un pedazo escaso como un vuelo de piedra de luz encadenada desato mis caballos y anudo mi paciencia las voces de la noche levantan sus dos voces las ramas de la noche levantan sus dos voces y miro el cielo abierto girar en su estupor en su furor sereno devienen más desastres y se desencadenan las bestias del amor y cantan y no cocen maquiavélicos sastres que unieron sin hilván tu corazón y el mío y ligaron sus suertes con bárbaras dulzuras sin decir que hace miedo hace hambre hace frío y eso corrompe y mata las dulces ligaduras esos bárbaros sastres atan las destrucciones y rezan a escondidas a los pies de Satán y revientan de un golpe los dulces corazones y se beben la sangre y se ríen y se van esos demonios negros como tu amor y el mío con sus pústulas tiernas y su pura indecencia desato mis caballos levantan sus dos sones y miro el cielo abierto tu corazón y el mío sin decir que hace miedo atan sus destrucciones y revientan de un golpe hace hambre hace frío
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Sertimientos
Feliz, completamente y radiantemente feliz. Tu eres la luz que comenzó a penetrar mis hoscos espacios, intuyendo, adivinando, discerniendo, toda la luz que existía entre los restos de la mujer que encontraste, y decidiste amarla sin límites, sin conclusiones y con paciencia de santo. Humedeciendo con tus besos la piel escamosa de tragos amargos. Sanando con tus abrazos, la niña miedosa que en mi se refugiaba. Cobijando los sueños de ser dulcemente amada. El solo pensarte, provoca que mi rostro consuma toda la sabiduría, la alegría, la coquetería, la pacífica energía que produce el amor. Se viste mi cuerpo en cosquillas, en tiernas fibras de amor. Es innegable, es indiscutible, que tu amor ¡me ha cambiado mi vida! Pensarte, es sentirme la cenicienta del cuento, mis pies se arquean imaginando tus labios en mi cuello. cierro las piernas para contener el deseo, para apaciguar las ansias hasta nuestro próximo encuentro. Pensarte, es hablarte desde lejos. es decirte que eres mi vidriero de amor, mi recompensa celestial, la alegría de Dios por testiguar dos corazones amando sus impurezas, perfeccionándose en miradas que absuelven dolencias, que se apoyan y se afincan a iluminar un poco la tierra, en un amor terrestre que traspasa las coordenadas universales, donde el destino y el infinito se ponen de acuerdo. Pensarte, es saber que eres mejor que todos los sonidos compuesto por Mozart. Es tu amor indudablemente, mi mejor obra de arte. Te pienso, te quiero, te adoro, te venero, te respeto, te ansió, te deseo, te extraño cuando no estas a mi lado, de toda las poesías ¡Tú eres mi mejor rima y verso!, rima mi cuerpo desde que me conferiste tu amor, me siento agradecida contigo, con la vida, con Dios, por concederme este sueño de amor. Leydis Prose 6/22/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/about/
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Jun 22, 2017
Jun 22, 2017 at 2:25 PM UTC
PENSARTE
Feliz, completamente y radiantemente feliz. Tu eres la luz que comenzó a penetrar mis hoscos espacios, intuyendo, adivinando, discerniendo, toda la luz que existía entre los restos de la mujer que encontraste, y decidiste amarla sin límites, sin conclusiones y con paciencia de santo. Humedeciendo con tus besos la piel escamosa de tragos amargos. Sanando con tus abrazos, la niña miedosa que en mi se refugiaba. Cobijando los sueños de ser dulcemente amada. El solo pensarte, provoca que mi rostro consuma toda la sabiduría, la alegría, la coquetería, la pacífica energía que produce el amor. Se viste mi cuerpo en cosquillas, en tiernas fibras de amor. Es innegable, es indiscutible, que tu amor ¡me ha cambiado mi vida! Pensarte, es sentirme la cenicienta del cuento, mis pies se arquean imaginando tus labios en mi cuello. cierro las piernas para contener el deseo, para apaciguar las ansias hasta nuestro próximo encuentro. Pensarte, es hablarte desde lejos. es decirte que eres mi vidriero de amor, mi recompensa celestial, la alegría de Dios por testiguar dos corazones amando sus impurezas, perfeccionándose en miradas que absuelven dolencias, que se apoyan y se afincan a iluminar un poco la tierra, en un amor terrestre que traspasa las coordenadas universales, donde el destino y el infinito se ponen de acuerdo. Pensarte, es saber que eres mejor que todos los sonidos compuesto por Mozart. Es tu amor indudablemente, mi mejor obra de arte. Te pienso, te quiero, te adoro, te venero, te respeto, te ansió, te deseo, te extraño cuando no estas a mi lado, de toda las poesías ¡Tú eres mi mejor rima y verso!, rima mi cuerpo desde que me conferiste tu amor, me siento agradecida contigo, con la vida, con Dios, por concederme este sueño de amor. Leydis Prose 6/22/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/about/
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Hay momentos de angustia insoportable Hay momentos de alegría indescriptible Hay momentos en los que ni siquiera puedo respirar Hay momentos de silenciosa desesperación Hay momentos de ira ardiente Hay momentos de desesperanza Hay momentos de risa sin esfuerzo Hay momentos de oración solemne Hay momentos de confianza en Aquel que es más grande que todos nosotros Hay momentos de amor profundo y duradero Hay momentos en los que invoco sus tiernas misericordias Hay momentos de dolor insoportable Hay momentos de ver la luz al final del túnel Hay momentos de saber que no me ha olvidado Hay momentos de esperanza redentora Hay momentos en los que canto con toda el alma Y estos son los momentos en los que me vuelvo hacia Él, que es el más grande de todos. Escrito por: Jason Cheney Fecha: 2 de abril de 2020
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Feb 7, 2021
Feb 7, 2021 at 8:26 AM UTC
Esperanza en medio del dolor