Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
"suspira" poems
Dice la tarde: '¡Tengo sed de sombra!' Dice la luna: '¡Yo, sed de luceros!' La fuente cristalina pide labios y suspira el viento. Yo tengo sed de aromas y de risas, sed de cantares nuevos sin lunas y sin lirios, y sin amores muertos. Un cantar de mañana que estremezca a los remansos quietos del provenir. Y llene de esperanza sus ondas y sus cienos. Un cantar luminoso y reposado pleno de pensamiento, virginal de tristeza y de angustias y virginal de ensueños. Cantar sin carne lírica que llene de risas el silencio (una bandada de palomas ciegas lanzadas al misterio). Cantar que vaya al alma de las cosas y al alma de los vientos y que descanse al fin en la algería del corazón eterno.
0
1.6k
Cantos Nuevos
Ella amará a otro hombre. Yo voy lejos, andando hacia el olvido. Y puede suceder que alguien me nombre, pero ella fingirá no haber oído. Ella amará a otro hombre: el tiempo pasa y el amor finaliza, y es natural que lo que fue una brasa acabe convirtiéndose en ceniza. Aunque nadie lo quiera, envejecen las vidas y las cosas, y es natural también que en primavera los rosales den rosas. Es natural. Por eso, ella amará a otro hombre, y está bien. No sé si ya olvidó mi último beso, ni me importa con quién. Pero quizás, un día, oyendo una canción, sentirá que esa vieja melodía le cambia el ritmo de su corazón. O será algún vestido que yo le conocí, o el olor del jardín cuando ha llovido, pero algún día ha de pensar en mí. O puede ser un gesto, un modo de mirar, o ciertas calles, o un botón mal puesto, o una hoja seca que voló al azar. Y de alguna manera tendrá que recordarme, sin querer, escuchando unos pasos en la acera como los míos al atardecer. Será en algún momento, no importa cuándo o dónde, aquí o allá, porque el amor, por parecerse al viento, parece que se ha ido y no se va. Y si en ese momento ella suspira y él pregunta por qué, le tendrá que inventar una mentira para que nunca sepa por qué fue. Y él no verá esa huella, eso tan mío en lo que ya perdí; y, aunque la pueda amar más que yo a ella, ella no podrá amarlo más que a mí...!
0
1.3k
Ella amará a otro hombre
Silencio que naufraga en el silencio de las bocas cerradas de la noche. No cesa de callar ni atravesado. Habla el lenguaje ahogado de los muertos. Silencio. Abre caminos de algodón profundo, amordaza las ruedas, los relojes, detén la voz del mar, de la paloma: emociona la noche de los sueños. Silencio. El tren lluvioso de la sangre suelta, el frágil tren de los que se desangran, el silencioso, el doloroso, el pálido, el tren callado de los sufrimientos. Silencio. Tren de la palidez mortal que asciende: la palidez reviste las cabezas, el ¡ay! la voz, el corazón la tierra, el corazón de los que malhirieron. Silencio. Van derramando piernas, brazos, ojos, van arrojando por el tren pedazos. Pasan dejando rastros de amargura, otra vía láctea de estelares miembros. Silencio. Ronco tren desmayado, enrojecido: agoniza el carbón, suspira el humo y, maternal la máquina suspira, avanza como un largo desaliento. Silencio. Detenerse quisiera bajo un túnel la larga madre, sollozar tendida. No hay estaciones donde detenerse, si no es el hospital, si no es el pecho. Para vivir, con un pedazo basta: en un rincón de carne cabe un hombre. Un dedo solo, un solo trozo de ala alza el vuelo total de todo un cuerpo. Silencio. Detened ese tren agonizante que nunca acaba de cruzar la noche. Y se queda descalzo hasta el caballo, y enarena los cascos y el aliento.
0
1.3k
El tren de los heridos
Amo las cosas loca, locamente. Me gustan las tenazas, las tijeras, adoro las tazas, las argollas, las soperas, sin hablar, por supuesto, del sombrero. Amo todas las cosas, no sólo las supremas, sino las infinita- mente chicas, el dedal, las espuelas, los platos, los floreros. Ay, alma mía, hermoso es el planeta, lleno de pipas por la mano conducidas en el humo, de llaves, de saleros, en fin, todo lo que se hizo por la mano del hombre, toda cosa; las curvas del zapato, el tejido, el nuevo nacimiento del oro sin la sangre, los anteojos, los clavos, las escobas, los relojes, las brújulas, las monedas, la suave suavidad de las sillas. Ay cuántas cosas puras ha construido el hombre: de lana, de madera, de cristal, de cordeles, mesas maravillosas, navíos, escaleras. Amo todas las cosas, un porque sean ardientes o fragantes, sino porque no sé, porque este océano es el tuyo, es el mío: los botones, las ruedas, los pequeños tesoros olvidados, los abanicos en cuyos plumajes desvaneció el amor sus azahares, las copas, los cuchillos, las tijeras, todo tiene en el mango, en el contorno, la huella de unos dedos, de una remota mano perdida en lo más olvidado del olvido. Yo voy por casas, calles, ascensores, tocando cosas, divisando objetos que en secreto ambiciono: uno porque repica, otro porque es tan suave como la suavidad de una cadera, otro por su color de agua profunda, otro por su espesor de terciopelo. Oh río irrevocable de las cosas, no se dirá que sólo amé los peces, o las plantas de selva y de pradera, que no sólo amé lo que salta, sube, sobrevive, suspira. No es verdad: muchas cosas me lo dijeron todo. No sólo me tocaron o las tocó mi mano, sino que acompañaron de tal modo mi existencia que conmigo existieron y fueron para mí tan existentes que vivieron conmigo media vida y morirán conmigo media muerte.
0
1.3k
Oda a las cosas
Amo las cosas loca, locamente. Me gustan las tenazas, las tijeras, adoro las tazas, las argollas, las soperas, sin hablar, por supuesto, del sombrero. Amo todas las cosas, no sólo las supremas, sino las infinita- mente chicas, el dedal, las espuelas, los platos, los floreros. Ay, alma mía, hermoso es el planeta, lleno de pipas por la mano conducidas en el humo, de llaves, de saleros, en fin, todo lo que se hizo por la mano del hombre, toda cosa; las curvas del zapato, el tejido, el nuevo nacimiento del oro sin la sangre, los anteojos, los clavos, las escobas, los relojes, las brújulas, las monedas, la suave suavidad de las sillas. Ay cuántas cosas puras ha construido el hombre: de lana, de madera, de cristal, de cordeles, mesas maravillosas, navíos, escaleras. Amo todas las cosas, un porque sean ardientes o fragantes, sino porque no sé, porque este océano es el tuyo, es el mío: los botones, las ruedas, los pequeños tesoros olvidados, los abanicos en cuyos plumajes desvaneció el amor sus azahares, las copas, los cuchillos, las tijeras, todo tiene en el mango, en el contorno, la huella de unos dedos, de una remota mano perdida en lo más olvidado del olvido. Yo voy por casas, calles, ascensores, tocando cosas, divisando objetos que en secreto ambiciono: uno porque repica, otro porque es tan suave como la suavidad de una cadera, otro por su color de agua profunda, otro por su espesor de terciopelo. Oh río irrevocable de las cosas, no se dirá que sólo amé los peces, o las plantas de selva y de pradera, que no sólo amé lo que salta, sube, sobrevive, suspira. No es verdad: muchas cosas me lo dijeron todo. No sólo me tocaron o las tocó mi mano, sino que acompañaron de tal modo mi existencia que conmigo existieron y fueron para mí tan existentes que vivieron conmigo media vida y morirán conmigo media muerte.
Continue reading...
124
OBSERVA.... TODO TIENE SENTIDO DE SER. LAS COSAS CHICAS Q' NOS DAN LA VIDA. LAS COSAS Y MOMENTOS Q' NOS LA LLENAN DE ALEGRIA. LAS COSAS BELLAS Q' NOS DAN PLACER DESPIERTA.... SIENTE TODO A TU ALREDEDOR. TU VIDA ES ALEGRIA. TU VIDA ES SONRISA. VIVE EL HOY, SUEÑA CON EL MAÑANA, SUSPIRA POR EL AYER. SONRIE.... NO HAY NADA MAS HERMOSO Q' TU SONRISA. NADA MAS BELLO Q' TU CARICIA. NADA MAS BRILLOSO Q' TU PASION. ENTREGA.... DAME EL PLACER DE TU COMPANIA. DAME LA VIDA CON TU PASION. DAME EL PLACER DE TU MIRADA. DAME LA VIDA CON ALEGRÍA.
0
Mar 11, 2015
Mar 11, 2015 at 12:13 AM UTC
LA VIDA MAS FELIZ
um encantador de mentira/Im lovely lie ****************************************************** Sou um encantador de mentira De mente fecunda e alma tristonha Aquele que diante da flor suspira E por um grande amor sonha. O que a morte, enquanto delira, Busca sem medo ou vergonha, Mas por mais que a ela prefira Tu insistes em dar-me vida enfadonha. Meu caderno de pueris rimas está cheio Talvez seja hora de puxar o freio, Pois solidão atada a mim segue. Oh! Senhor tire do peito o medo De um fim agora a este enredo Por favor, a morte não mais me negue. http://www.poetafernandes.com.br/search/label/poesias
0
Apr 30, 2012
Apr 30, 2012 at 10:23 PM UTC
um encantador de mentira/ Im lovely lie
¡Pradera, feliz día! Del regio Buenos Aires quedaron allá lejos el fuego y el hervor; hoy en tu verde triunfo tendrán mis sueños vida, respiraré tu aliento, me bañaré en tu sol.Muy buenos días, huerto. Saludo la frescura que brota de las ramas de tu durazno en flor; formada de rosales, tu calle de Florida mira pasar la Gloria, la Banca y el Sport.Un pájaro poeta rumia en su buche versos; chismoso y petulante, charlando va un gorrión; las plantas trepadoras conversan de política; las rosas y los lirios del arte y del amor.Rigiendo su cuadriga de mágicas libélulas, de sueños millonarios, pasa el travieso Puck; y, espléndida sportwoman, en su celeste carro, la emperatriz Titania seguida de Oberón.De noche, cuando muestra su medio anillo de oro bajo el azul tranquilo, la amada de Pierrot, es una fiesta pálida la que en el huerto reina, toca en la lira el aire su do-re-mi-fa-sol.Curiosas las violetas a su balcón se asoman. Y una suspira: «¡lástima que falte el ruiseñor!» Los silfos acompasan la danza de las brisas en un walpurgis vago de aromas y de visión.De pronto se oye el eco del grito de la pampa; brilla como una puesta del argentino sol; y un espectral jinete como una sombra cruza, sobre su espalda un poncho; sobre su faz, dolor.-¿Quién eres, solitario viajero de la noche? -Yo soy la Poesía que un tiempo aquí reinó: Yo soy el primer gaucho que parte para siempre, de nuestra vieja patria llevando el corazón.
0
944
Del campo
El humo azul, azul, entre mis dedos, inscribiendo en el aire su delirio y mal llovido a espesos lagrimones, ese arrítmico trote desvalido, enlutando los sueños, los balcones; mientras ya en el recuerdo el tiempo muerto, aquí voraz insecto, noche en celo, latido de persiana o ritmo grillo, es también clara senda que bordea bajo pinos la tarde y la ladera, para luego perderse entre azoteas o en la turbia corriente de estas venas, de gustos recatados y viajeros, que riega caracoles donde suena la muerta voz sepulta en la madera o el rumor interior de la penumbra que sustentan mis huesos, junto al humo y a cuanto no comprendo y me circunda: débil hoja dormida que despierta y suspira, se queja, se da vuelta, balbuceo de cielo en desamparo. ni mis pálidas uñas ¡tan siquiera!; mientras vuelvo a tu encuentro azar, memoria, en busca de callejas marineras que en plena resolana de naranjas bajaban, con sus redes, a una playa, o en los labios ya un gusto a madrugada -¿qué recuerdo se asoma a esa ventana?- me aproximo a mujeres amapola -¿por qué, por qué amapola?- entre zaguanes de aliento canallesco y voz gastada, tan cerca, en este instante, entre la borra nocturna, aquí también, ¡y tan amarga! -allá lejos, ¿por qué siempre amapola?- ya casi colindando con la aurora.
0
932
Nocturno
No digáis que, agotado su tesoro, de asuntos falta, enmudeció la lira; podrá no haber poetas; pero siempre         habrá poesía.Mientras las ondas de la luz al beso         palpiten encendidas, mientras el sol las desgarradas nubes         de fuego y oro vista, mientras el aire en su regazo lleve         perfumes y armonías, mientras haya en el mundo primavera,         ¡habrá poesía!Mientras la ciencia a descubrir no alcance         las fuentes de la vida, y en el mar o en el cielo haya un abismo         que al cálculo resista, mientras la humanidad siempre avanzando         no sepa a dó camina, mientras haya un misterio para el hombre,         ¡habrá poesía!Mientras se sienta que se ríe el alma,         sin que los labios rían; mientras se llore, sin que el llanto acuda         a nublar la pupila; mientras el corazón y la cabeza         batallando prosigan, mientras haya esperanzas y recuerdos,         ¡habrá poesía!Mientras haya unos ojos que reflejen         los ojos que los miran, mientras responda el labio suspirando         al labio que suspira, mientras sentirse puedan en un beso         dos almas confundidas, mientras exista una mujer hermosa,         ¡habrá poesía!
0
904
Rima iv
Bajo un cámbulo en flor, en la llanura, cerca de clara fuente rumorosa que va regando a su rededor frescura, sin cruz la abandonada sepultura, el poeta suicida en paz reposa. Caprichoso juguete del destino, pálido, siempre triste, torvo y ceño, fue en extrañas regiones peregrino, siempre buscando su ideal divino, y siempre en pos de su imposible sueño. Una tarde, a los últimos fulgores de Sol, cuando en el viejo campanario del Ángelus vibraban los clamores, regresó, con su fardo de dolores, a su hogar el poeta solitario. «Mi corazón, nos dijo, paz desea; escribiré»... Para luchar cobarde Nada más escribió. Su sola idea era la de la muerte... Y otra tarde lo vimos que salía de la aldea. «Dónde vas?» Le dijimos                                 «Una cita; Voy de prisa... me esperan...» Infinita calma brillaba en su pupila inerte «¿Quien? No lo sé. Beatriz... o Margarita». ...Y su cita... ¡era cita con la muerte! Ya duerme... Y a las sombras, a lo ignoto, a la negra, infinita lontananza, lanzó el cansado y pálido piloto, su blanco ensueño, como mástil roto, como tabla deshecha, la Esperanza. Como es tierra maldita, no hay camino a do el triste cantor descansa inerme; huye su sepultura el campesino, solo... y en paz, con su laúd divino. Pero cuando la luna en los desiertos ámbitos se levantan, como aurora, como la blanca aurora de los muertos, desentume el canto los brazos yertos, y en su huesa callada se incorpora. ¿Qué dulce voz de misterioso encanto rompe el silencio de la noche? ¿Es una serenata de amor?... ¿Plegaria o llanto? ¿Notas de arpas celestes?... ¡Es el canto del poeta, a los rayos de la luna! Y surgen a su acento, cual visiones, las bellas heroínas inmortales de sus castos poemas y canciones... ¡De su vida, las blancas ilusiones; del poeta, las novias ideales! Van surgiendo al vibrar de la armonía, halo de luz sobre la frente, y llenas de albas rosas las manos... Se diría de canéforas blanca Teoría, bajo arcadas de mármol, en Atenas. En silencio lo escuchan... Ni un acento Se levanta inoportuno... Ni suspira Entre las ramas del guadual el viento. En torno todo es paz, recogimiento; todo es quietud al sollozar la ira. Callad al fin las notas armoniosas; y a la luz de la luna, que en la quieta llanura se difunde, las hermosas ponen sobre las sienes del poeta una corona de laurel y rosas Vuelve a cantar la brisa... Lentamente las visiones se extinguen una a una; como un áureo jardín es el Oriente, y el poeta en la fosa hunde la frente, mientras se borra en el azul la luna.
0
961
La balada del poeta
Bajo un cámbulo en flor, en la llanura, cerca de clara fuente rumorosa que va regando a su rededor frescura, sin cruz la abandonada sepultura, el poeta suicida en paz reposa. Caprichoso juguete del destino, pálido, siempre triste, torvo y ceño, fue en extrañas regiones peregrino, siempre buscando su ideal divino, y siempre en pos de su imposible sueño. Una tarde, a los últimos fulgores de Sol, cuando en el viejo campanario del Ángelus vibraban los clamores, regresó, con su fardo de dolores, a su hogar el poeta solitario. «Mi corazón, nos dijo, paz desea; escribiré»... Para luchar cobarde Nada más escribió. Su sola idea era la de la muerte... Y otra tarde lo vimos que salía de la aldea. «Dónde vas?» Le dijimos                                 «Una cita; Voy de prisa... me esperan...» Infinita calma brillaba en su pupila inerte «¿Quien? No lo sé. Beatriz... o Margarita». ...Y su cita... ¡era cita con la muerte! Ya duerme... Y a las sombras, a lo ignoto, a la negra, infinita lontananza, lanzó el cansado y pálido piloto, su blanco ensueño, como mástil roto, como tabla deshecha, la Esperanza. Como es tierra maldita, no hay camino a do el triste cantor descansa inerme; huye su sepultura el campesino, solo... y en paz, con su laúd divino. Pero cuando la luna en los desiertos ámbitos se levantan, como aurora, como la blanca aurora de los muertos, desentume el canto los brazos yertos, y en su huesa callada se incorpora. ¿Qué dulce voz de misterioso encanto rompe el silencio de la noche? ¿Es una serenata de amor?... ¿Plegaria o llanto? ¿Notas de arpas celestes?... ¡Es el canto del poeta, a los rayos de la luna! Y surgen a su acento, cual visiones, las bellas heroínas inmortales de sus castos poemas y canciones... ¡De su vida, las blancas ilusiones; del poeta, las novias ideales! Van surgiendo al vibrar de la armonía, halo de luz sobre la frente, y llenas de albas rosas las manos... Se diría de canéforas blanca Teoría, bajo arcadas de mármol, en Atenas. En silencio lo escuchan... Ni un acento Se levanta inoportuno... Ni suspira Entre las ramas del guadual el viento. En torno todo es paz, recogimiento; todo es quietud al sollozar la ira. Callad al fin las notas armoniosas; y a la luz de la luna, que en la quieta llanura se difunde, las hermosas ponen sobre las sienes del poeta una corona de laurel y rosas Vuelve a cantar la brisa... Lentamente las visiones se extinguen una a una; como un áureo jardín es el Oriente, y el poeta en la fosa hunde la frente, mientras se borra en el azul la luna.
Continue reading...
70
La ciudad, silenciosa, En sueño profundo reposa. Parpadean los luceros En la bóveda tranquila; En los viejos reverberos Gas indigente vacila. Entre negros nubarrones La luna empieza a brillar, y hace en rejas y balcones Las vidrieras fulgurar. La noche en los castaños de la plaza suspira, La noche en donde un resto de fulgor flota y gira; Todo es quietud y sueño bajo el boscaje umbrío... ¡Alma!, ponte de codos en el puente, y aspira La frescura que sube, la frescura del río. Tan grande es el silencio, que siento miedo y frío... Sólo en la calle se oyen mis pasos... Está llena De silencio mi  alma... La media noche suena. Sobre los altos muros del convento Mueve las ramas susurrando el viento. Huérfanas... Colegialas parlanchinas... Cintas azules en las esclavinas... Jardín fragante de las Ursulinas. Por la verja del parque abandonado Pasa el aura con trémulo suspiro; y una estrella, con brillo opalizado, Parpadea al través del emparrado, Como una lamparilla de zafiro. ¡Oh los techos de pizarra, negros y altos campanarios, Vírgenes que en hondo sueño reclinasteis la cabeza, Cuellos que lleváis pendientes azules escapularios, Oh los cuerpos sin pecado sobre lechos de pureza! Aquí la hora que pasa de igual hora va seguida, y en paz la inocencia duerme sobre el umbral de la vida . A la incierta Claridad De la luna, más desierta y más triste, en esta calma, Mira el alma La plaza de la ciudad. Una ventana brilla sobre una oscura casa; En la alcoba una lámpara riega su claridad, y a la luz que tamiza velo de nívea gasa, Furtiva, por instantes, se ve que pasa y pasa De una mujer la sombra, con íntima ansiedad. Los brazos levanta al cielo Por la ventana entreabierta. Es un alma que solloza, es un alma en hondo duelo, Que deja caer sus lágrimas sobre una esperanza muerta. ¡Oh secretos ardores en noches provinciales, Almas que se consumen, almas no comprendidas!.. ¡Oh senos devorados por deseos carnales! ¡Oh desoladas súplicas, jamás de nadie oídas! ¡Yo os evoco en las sombras, amantes ignoradas, Cuya carne se agosta, bajo contraria suerte, Que en solitarias noches lloráis desesperadas, y para amar nacidas, y de amor devoradas, Iréis a dormir vírgenes en brazos de la muerte!... y el alma pensativa. En esta noche azul de primavera, Fija está en la vidriera Dónde pasa la sombra fugitiva. La cortina al viento vaga. y la lámpara se apaga. En las tinieblas no hay luz que irradie. Se hunde la luna...                             Suena la una y en la calle triste, nadie                 nadie... nadie.
0
868
Nocturno provincial
La ciudad, silenciosa, En sueño profundo reposa. Parpadean los luceros En la bóveda tranquila; En los viejos reverberos Gas indigente vacila. Entre negros nubarrones La luna empieza a brillar, y hace en rejas y balcones Las vidrieras fulgurar. La noche en los castaños de la plaza suspira, La noche en donde un resto de fulgor flota y gira; Todo es quietud y sueño bajo el boscaje umbrío... ¡Alma!, ponte de codos en el puente, y aspira La frescura que sube, la frescura del río. Tan grande es el silencio, que siento miedo y frío... Sólo en la calle se oyen mis pasos... Está llena De silencio mi  alma... La media noche suena. Sobre los altos muros del convento Mueve las ramas susurrando el viento. Huérfanas... Colegialas parlanchinas... Cintas azules en las esclavinas... Jardín fragante de las Ursulinas. Por la verja del parque abandonado Pasa el aura con trémulo suspiro; y una estrella, con brillo opalizado, Parpadea al través del emparrado, Como una lamparilla de zafiro. ¡Oh los techos de pizarra, negros y altos campanarios, Vírgenes que en hondo sueño reclinasteis la cabeza, Cuellos que lleváis pendientes azules escapularios, Oh los cuerpos sin pecado sobre lechos de pureza! Aquí la hora que pasa de igual hora va seguida, y en paz la inocencia duerme sobre el umbral de la vida . A la incierta Claridad De la luna, más desierta y más triste, en esta calma, Mira el alma La plaza de la ciudad. Una ventana brilla sobre una oscura casa; En la alcoba una lámpara riega su claridad, y a la luz que tamiza velo de nívea gasa, Furtiva, por instantes, se ve que pasa y pasa De una mujer la sombra, con íntima ansiedad. Los brazos levanta al cielo Por la ventana entreabierta. Es un alma que solloza, es un alma en hondo duelo, Que deja caer sus lágrimas sobre una esperanza muerta. ¡Oh secretos ardores en noches provinciales, Almas que se consumen, almas no comprendidas!.. ¡Oh senos devorados por deseos carnales! ¡Oh desoladas súplicas, jamás de nadie oídas! ¡Yo os evoco en las sombras, amantes ignoradas, Cuya carne se agosta, bajo contraria suerte, Que en solitarias noches lloráis desesperadas, y para amar nacidas, y de amor devoradas, Iréis a dormir vírgenes en brazos de la muerte!... y el alma pensativa. En esta noche azul de primavera, Fija está en la vidriera Dónde pasa la sombra fugitiva. La cortina al viento vaga. y la lámpara se apaga. En las tinieblas no hay luz que irradie. Se hunde la luna...                             Suena la una y en la calle triste, nadie                 nadie... nadie.
Continue reading...
68
Un niño muerto en la cuna La madre llorando al pie; Por la ventana se ve Llegar a ocaso la luna. En la pobre habitación Brilla escasa y tenue luz Debajo de negra cruz, Emblema de redención. La madre se desespera, Y junta, besando al niño, A lo blanco del armiño La palidez de la cera. A un tiempo se queja y ora A un tiempo duda y suspira; Le habla, lo toca, lo mira, Pronuncia su nombre y llora. A veces, «¿Por qué te vas?» Pregunta con hondo empeño, Y a veces dice: «¡Es un sueño! Ya pronto despertarás». Y mirando al niño yerto, Exclama en su desvarío: «¡Qué sosegado y que frío! ¡Si parece que está muerto!» Y con esta ilusión vana, Que encarna allí su fortuna, Parece junto a la cuna Un ángel en forma humana. Oye un coro resonar Que dulces voces derrama: «¡Son los ángeles», exclama; »Se lo vienen a llevar!» Y al ver los rojos destellos Que bajan del niño en pos, Agrega: «Te alumbra Dios El camino: ¡ve con ellos!» «Sí, Dios te llama, alma mía»... Y el rostro al del niño junta, Y se desmaya; y despunta Allá por Oriente el día. ¡Todo es luz, vida y belleza En torno de aquel dolor! ¡Y hay quien llame con amor Madre a la naturaleza!
0
733
Amaneciendo
Horas de pesadumbre y de tristeza paso en mi soledad. Pero Cervantes es buen amigo. Endulza mis instantes ásperos, y reposa mi cabeza.Él es la vida y la naturaleza, regala un yelmo de oros y diamantes a mis sueños errantes. Es para mí: suspira, ríe y reza.Cristiano y amoroso y caballero parla como un arroyo cristalino. ¡Así le admiro y quiero,viendo cómo el destino hace que regocije al mundo entero la tristeza inmortal de ser divino!
0
644
Un soneto a cervantes
Esforzóse pobre luz A contrahacer el Norte, A ser piloto el deseo, A ser farol una torre. Atrevióse a ser Aurora Una boca a media noche, A ser bajel un amante, Y dos ojos a ser Soles. Embarcó todas sus llamas El Amor en este joven, Y caravana de fuego, Navegó Reinos Salobres. Nuevo prodigio del Mar Le admiraron los Tritones; Con centellas, y no escamas, El agua le desconoce. Ya el Mar le encubre enojado, Ya piadoso le socorre, Cuna de Venus le mece, Reino sin piedad le esconde. Pretensión de mariposa Le descaminan los Dioses: Intentos de Salamandra Permiten que se malogren. Si llora, crece su muerte, Que aun no le dejan que llore; Si ella suspira, le aumenta Vientos que le descomponen. Armó el estrecho de Abido, Juntaron vientos feroces Contra una vida sin alma Un ejército de montes: Indigna hazaña del Golfo, Siendo amenaza del Orbe, Juntarse con un Cuidado Para contrastar un hombre. Entre la luz y la muerte La vista dudosa pone; Grandes Volcanes suspira Y mucho piélago sorbe. Pasó el mar en un gemido Aquel espíritu noble: Ofensa le hizo Neptuno, Estrella le hizo Jove, De los bramidos del Ponto Hero formaba razones, Descifrando de la orilla La confusión en sus voces. Murió sin saber su muerte, Y expiraron tan conformes, Que el verle muerto añadió La ceremonia del golpe. De piedad murió la luz, Leandro murió de amores, Hero murió de Leandro, Y Amor de envidia murióse.
0
622
Hero y leandro
La nieta del mendigo suspira amargamente, mojando con sus lágrimas la muñeca de trapo: Sobre la falda humilde, como una cosa ausente, la muñeca es ahora solamente un guiñapo. Porque aquella mañana cruzo frente a su choza un brillante cortejo, rumbo al palacio real, y vio a una niña triste, que, en una áurea carroza, llevaba una muñeca de marfil y cristal. Y, en tanto, en el palacio del benévolo abuelo, donde su ruego es orden y su capricho es ley, con los húmedos ojos llenos de desconsuelo, también llora la rubia nietecita del rey. Y también su muñeca sin par es un harapo, ya sin traje de oro ni cabellos de trigo, pues la princesa ansía la muñeca de trapo que tenía en su falda la nieta del mendigo.
0
598
Las dos muñecas
Este hombre del casino provinciano que vio a Carancha recibir un día, tiene mustia la tez, el pelo cano, ojos velados por melancolía; bajo el bigote gris, labios de hastío, y una triste expresión, que no es tristeza, sino algo más y menos: el vacío del mundo en la oquedad de su cabeza.Aún luce de corinto terciopelo chaqueta y pantalón abotinado, y un cordobés color de caramelo, pulido y torneado. Tres veces heredó; tres ha perdido al monte su caudal; dos ha enviudado.Sólo se anima ante el azar prohibido, sobre el verde tapete reclinado, o al evocar la tarde de un torero, la suerte de un tahúr, o si alguien cuenta la hazaña de un gallardo bandolero, o la proeza de un matón, sangrienta.Bosteza de política banales dicterios al gobierno reaccionario, y augura que vendrán los liberales, cual torna la cigüeña al campanario.Un poco labrador, del cielo aguarda y al cielo teme; alguna vez suspira, pensando en su olivar, y al cielo mira con ojo inquieto, si la lluvia tarda.Lo demás, taciturno, hipocondriaco, prisionero en la Arcadia del presente, le aburre; sólo el humo del tabaco simula algunas sombras en su frente.Este hombre no es de ayer ni es de mañana, sino de nunca; de la cepa hispana no es el fruto maduro ni podrido, es una fruta vana de aquella España que pasó y no ha sido, esa que hoy tiene la cabeza cana.
0
580
Del pasado efímero
Se desgrana un cristal fino sobre el sueño de una flor; trina el poeta divino... ¡Bien trinado, Ruiseñor!Bottom oye ese cristal caer, y bajo la brisa se siente sentimental. Titania toda es sonrisa.Shakespeare va por la floresta, Heine hace un lied de la tarde... Hugo acompaña la Fiesta Chez Thérèse. Verlaine ardeen las llamas de las rosas, alocado y sensitivo, y dice a las ninfas cosas entre un querubín y un chivo.Aubrey Beardsley se desliza como un silfo zahareño; con carbón, nieve y ceniza da carne y alma al ensueño.Nerval suspira a la Luna, Laforgue suspira de males de genio y fortuna. Va en silencio Mallarmé.
0
482
Dream
¿Por qué mar, y otro mar, y años sin cuento -Quién lo sabrá jamás, oh nacarado Y hermoso caracol- habrás rodado Entre algas y olas que conduce el viento? Lejos ahora del rugir violento, De arena hallaste al fin lecho dorado; Mas vana es tu esperanza desolado En ti siempre del mar gime el lamento. Es hoy mi corazón cárcel sonora; Y como sin cesar suspira y llora Dentro del caracol el océano, Así de esta alma en el oscuro fondo, Donde Ella siempre vive, eterno y hondo Ruge en las sombras el rumor lejano.
0
428
El caracol
Nadie conoce mi amor secreto: no lo conoce ni quien lo inspira; y es tan humilde que a nada aspira, pues su constancia no tiene objeto. Mi amor se escuda tras mi respeto; respiro el aire que ella respira, y ella me habla y ella me mira, sin que descubra mi amor discreto. Porque, entre el coro de la alabanza que se prolonga sobre su huella, mi amor suspira sin esperanza; y tanto ignora mis sueños vanos, que si estos versos van a sus manos, tal vez pregunte: «¿Quién será ella?»
0
423
Soneto (de félix arvers)
¡Ay del que llega sediento a ver el agua correr, y dice: la sed que siento no me la calma el beber! ¡Ay de quien bebe y, saciada la sed, desprecia la vida: moneda al tahúr prestada, que sea al azar rendida! Del iluso que suspira bajo el orden soberano, y del que sueña la lira pitagórica en su mano. ¡Ay del noble peregrino que se para a meditar, después de largo camino en el horror de llegar! ¡Ay de la melancolía que llorando se consuela, y de la melomanía de un corazón de zarzuela! ¡Ay de nuestro ruiseñor, si en una noche serena se cura del mal de amor que llora y canta sin pena! ¡De los jardines secretos, de los pensiles soñados, y de los sueños poblados de propósitos discretos! ¡Ay del galán sin fortuna que ronda a la luna bella; de cuantos caen de la luna, de cuantos se marchan a ella! ¡De quien el fruto prendido en la rama no alcanzó, de quien el fruto ha mordido y el gusto amargo probó! ¡Y de nuestro amor primero y de su fe mal pagada, y, también, del verdadero amante de nuestra amada!
0
432
Coplas elegíacas
Decid: ¿quién se queja? ¿Quién llora? ¿Quién grita? Es que está cantando La saboyanita. Mañana de enero, Con aire y con nieve, Si no llueve, sopla, Si no sopla, llueve. Bajo grises nubes, La tierra cubierta De blanco sudario, Parece una muerta. ¡Cuán solas las calles! iNi quién las resiste! ¡Qué invierno tan duro, Tan largo y tan triste! Heladas las fuentes, Heladas y mudas; Almendros sin hojas, Y acacias desnudas. ¡Ofrecen contrastes Risueños y francos, Los troncos tan negros, Los copos tan blancos! Hay sólo una niña Bajo mi ventana, Engendro hechicero De augur y gitana. Contando en diez años Diez siglos de pena; Los ojos oscuros, La frente morena, Muy ***** el cabello, De grana la boca, De vivos colores El traje y la toca. Los pies diminutos, Que Fidias quisiera, Los guarda en chapines De tosca madera. Del pobre pandero Que agitan sus manos Se visten y comen Sus tiernos hermanos. Con sólo escucharla, Aterra y conmueve, Y más, si la miran Hincada en la nieve. Por tarde y mañana Con hondos acentos, Que nunca sofocan Ni lluvias, ni vientos; Se queja, solloza, Suspira, reclama, Y al son del pandero Su llanto derrama. Su voz me perturba Y amarga mi día: iQué acento tan triste! iQué voz de agonía! Si algún compatriota A verme se llega, Oyendo esos cantos, La frente doblega. Sintiéndose triste, Convulso y herido, Recuerda aquel suelo Alegre y florido, Sus vírgenes selvas. Sus prados, sus montes, Y el azul eterno De sus horizontes. Con llanto en los ojos, El alma turbada, Muy lejos teniendo La patria adorada: ¡Qué voz!-me repite- ¡Qué acento! ¡qué grito! Sollozo de angustia, Clamor de proscrito, Lo más pavoroso Que en notas existe; ¡Qué agudo! ¡Qué lento! ¡Qué amargo! ¡Qué triste! ¡Oh Dios! ¿Quién se queja? ¿Quién llora? ¿Quién grita? Es que está cantando La saboyanita.
0
438
La saboyanita
Decid: ¿quién se queja? ¿Quién llora? ¿Quién grita? Es que está cantando La saboyanita. Mañana de enero, Con aire y con nieve, Si no llueve, sopla, Si no sopla, llueve. Bajo grises nubes, La tierra cubierta De blanco sudario, Parece una muerta. ¡Cuán solas las calles! iNi quién las resiste! ¡Qué invierno tan duro, Tan largo y tan triste! Heladas las fuentes, Heladas y mudas; Almendros sin hojas, Y acacias desnudas. ¡Ofrecen contrastes Risueños y francos, Los troncos tan negros, Los copos tan blancos! Hay sólo una niña Bajo mi ventana, Engendro hechicero De augur y gitana. Contando en diez años Diez siglos de pena; Los ojos oscuros, La frente morena, Muy ***** el cabello, De grana la boca, De vivos colores El traje y la toca. Los pies diminutos, Que Fidias quisiera, Los guarda en chapines De tosca madera. Del pobre pandero Que agitan sus manos Se visten y comen Sus tiernos hermanos. Con sólo escucharla, Aterra y conmueve, Y más, si la miran Hincada en la nieve. Por tarde y mañana Con hondos acentos, Que nunca sofocan Ni lluvias, ni vientos; Se queja, solloza, Suspira, reclama, Y al son del pandero Su llanto derrama. Su voz me perturba Y amarga mi día: iQué acento tan triste! iQué voz de agonía! Si algún compatriota A verme se llega, Oyendo esos cantos, La frente doblega. Sintiéndose triste, Convulso y herido, Recuerda aquel suelo Alegre y florido, Sus vírgenes selvas. Sus prados, sus montes, Y el azul eterno De sus horizontes. Con llanto en los ojos, El alma turbada, Muy lejos teniendo La patria adorada: ¡Qué voz!-me repite- ¡Qué acento! ¡qué grito! Sollozo de angustia, Clamor de proscrito, Lo más pavoroso Que en notas existe; ¡Qué agudo! ¡Qué lento! ¡Qué amargo! ¡Qué triste! ¡Oh Dios! ¿Quién se queja? ¿Quién llora? ¿Quién grita? Es que está cantando La saboyanita.
Continue reading...
88
Al cerrarle los ojos, piadoso el musgo ha sido, Porque en el bosque inculto buscaría ya en vano A la que leche y vino vertió con blanda mano En tierra que de vallas él mismo ha circuido. A la yedra y las zarzas el lúpulo se ha unido, Y a este divino escombro, con su verdor lozano Se enroscan, ignorando si fue Pan o Silvano, Y en la frente dos cuernos de hojas le han retorcido ¡Mira! Aún, alumbrándolo, resplandor vacilante, Dos órbitas de oro le han puesto en el semblante, Y la vida en él ríe como boca encendida; Y parece que el viento que suspira y se queja, El follaje, la sombra y el sol que ya se aleja, De ése mútilo mármol han hecho un dios con vida.
0
321
A un mármol roto
En el recogimiento de la tarde que muere, entre las imprecisas brumas crepusculares, cada jirón de sombras cobra vida, y sugiere vaporosas siluetas familiares. En la brisa que pasa, parece que suspira la virgen de ojos claros que aún sueña en mi regreso; el rumor de las frondas abre el ala de un beso, y desde aquella estrella, alguien me mira… Allá, entre la alameda, se perfila la sombra grácil de la mujer que amé más en la vida, y en la voz de la fuente vibra una voz querida, que en su canción de oro y cristal me nombra… Todo canta, a esa hora, la canción olvidada, todo sueña el ensueño que quedó trunco un día, y verdece de nuevo la ilusión agostada, ebria de fe, de ardor y de armonía… Y entre la sutil bruma de prestigios de incienso que exalta mis recuerdos y mi melancolía, en la paz de este parque abandonado, pienso en la mujer que nunca será mía.
0
321
Poema crepuscular