"suceder" poems
Sin querer,
te di un beso amoroso bien suave.
Mirándote a tus ojos de luna,
que me decían, por favor un beso otra vez.
Te acaricié la piel y te dije,
vamos despacio esta ves.
La locura del momento no esperaba
lo que iba suceder.
Después de el beso,
nos miramos unos a otro con una sonrisa de placer.
Fue con una pasión intensa
que llegamos asta el amanecer.
Tus labios de miel,
nunca me olvidare.
Te di el beso de tus suenos
para que pronto nos veremos otra vez.
Por: Michael M. De La Fuente
Jul 6, 2014
Jul 6, 2014 at 9:18 PM UTC
Ella amará a otro hombre.
Yo voy lejos, andando hacia el olvido.
Y puede suceder que alguien me nombre,
pero ella fingirá no haber oído.
Ella amará a otro hombre:
el tiempo pasa y el amor finaliza,
y es natural que lo que fue una brasa
acabe convirtiéndose en ceniza.
Aunque nadie lo quiera,
envejecen las vidas y las cosas,
y es natural también que en primavera
los rosales den rosas.
Es natural. Por eso,
ella amará a otro hombre, y está bien.
No sé si ya olvidó mi último beso,
ni me importa con quién.
Pero quizás, un día,
oyendo una canción,
sentirá que esa vieja melodía
le cambia el ritmo de su corazón.
O será algún vestido
que yo le conocí,
o el olor del jardín cuando ha llovido,
pero algún día ha de pensar en mí.
O puede ser un gesto,
un modo de mirar,
o ciertas calles, o un botón mal puesto,
o una hoja seca que voló al azar.
Y de alguna manera
tendrá que recordarme, sin querer,
escuchando unos pasos en la acera
como los míos al atardecer.
Será en algún momento,
no importa cuándo o dónde, aquí o allá,
porque el amor, por parecerse al viento,
parece que se ha ido y no se va.
Y si en ese momento ella suspira
y él pregunta por qué,
le tendrá que inventar una mentira
para que nunca sepa por qué fue.
Y él no verá esa huella,
eso tan mío en lo que ya perdí;
y, aunque la pueda amar más que yo a ella,
ella no podrá amarlo más que a mí...!
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Mujer de un funcionario romano,
recorriste la tierra
-sombra suya- de Gades a Palmira.
Soles distintos te doraron,
maduraron tu piel, fueron dejando
seco tu corazón.
Cómo sería tu cabeza, tu mano,
lo que fue carne tibia, vestidura del alma
y luego piedra silenciosa...
Ahora la mano ya no está en la piedra.
Y la cabeza fue limada, desfigurada y corroída
por el agua que la albergó durante siglos.
¿Cómo serías? Imagino que el escultor,
sumiso a los clientes, las rutinas,
los tópicos vigentes en la Roma de los Césares,
copió de ti la apariencia banal.
¿Serías verdaderamente
-no quedan rasgos que dejen comprobarlo-
matrona dura que mandaba sus hijos a la guerra,
que prefería muertos valerosos,
soledad y desolación,
antes que amor, calor y compañía de cobardes?
¿O tu rostro impasible
revelaría otra verdad?
Ahora no tienes ojos,
ni siquiera de piedra,
para que en ellos se refleje y cante el mar,
el mismo que rompía en tus ojos humanos
y te vestía de llamas azules.
(A la orilla del mar ocurriría aquel amor).
Un legionario, un soñador, un triste,
a la orilla del mar... Y le decías:
«Ráptame, llévame contigo, da a mi vida
sentido y esperanza, olvido y horizonte,
dale vida a mi vida». (El fingiría indiferencia
cuando subías con ofrendas al templo.
Y te abrazaba, enloquecía, te daba vida y muerte
cuando estabas con él a solas.)
El día que marchaste, dócil al lado de tu esposo,
a otro sol y otra tierra del Imperio,
lloró desconsolado el que era fuerza tuya.
Te hizo un collar de lágrimas
el que bebió tus lágrimas.
(Esto debió de suceder en la Imperial Tarraco).
Ahora no tienes ojos, ni siquiera de piedra.
El mar y el tiempo los borraron.
(Dentro del mar se pudriría aquel amor).
Sólo te queda la impasibilidad con que te imaginaron
para edificación y pasmo de los hombres.
Jamás podrá la piedra
albergar un soplo de vida.
Y entonces, dónde ha ido tanta vida,
dónde está tanta vida que la piedra no puede contener,
no puede imaginar y transmitir.
Tanta vida que fue la salvadora
del olvido y la nada, ¿habrá muerto contigo?
Cómo puede morir lo que fue vida.
Quién puede asesinar la vida.
Quién puede congelar en estatua una vida.
Qué hay en común entre este bulto
-pliegues rígidos y elegantes,
rostro esfumado, manos mutiladas-
y aquella estatua de ola tibia,
aquel pequeño sol poniente,
aquel viento de carne pálida,
aquella arena palpitante,
aquel prodigio de rumores:
o que tú fuiste un día,
lo que eres para siempre en un punto del tiempo y del espacio,
en el que escarbo inútilmente
con el afán de un perro hambriento.
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Y ya ves: yo estoy solo, murmurando tu nombre,
recordando los besos que te di y no te di,
y acaso tú, esta tarde, le sonreíste a un hombre
que ni siquiera se parece a mí.
O puede suceder, quién sabe cuándo,
que irás entre el gentío de una calle cualquiera,
y yo sé de qué modo se le quedan mirando
a una mujer bonita que pasa por la acera.
Sí, tal vez siento celos, celos tristes,
celos de no estar juntos, celos de no sé quién;
celos de por qué sales y de cómo te vistes,
que no quieren ser celos y son celos también.
Y de repente no te siento mía,
o estás como más lejos de repente,
y tengo la tristeza de una casa sombría
donde aún sopla el perfume de una mujer ausente.
Afuera está la tarde, con su gris infinito;
afuera está la lluvia, calladamente cruel,
y quisiera decirte cómo te necesito...
pero se me emborrona la tinta en el papel...
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Poco a poco declina el padre sol
concediendo su último beso cálido
a los altos y vetustos tejados,
o al iluminado arrebol.
Es el término de un día cualquiera
las personas rebuscan el descanso,
riachuelos se acogen en los remansos,
los animales, en sus madrigueras.
Es el suceder de lo cotidiano
cuando repetimos nuestras acciones
atando fantasías y pasiones
para poder ser buenos ciudadanos.
Así cuando lleguen las sombras
el hombre pretenderá haber cumplido
y saber cuánto vale lo que cobra.
Jorge Gómez A.
Jul 18, 2012
Jul 18, 2012 at 8:21 AM UTC
No paro de pensar
todo lo que pudo suceder,
todo lo que dejamos caer,
todo lo que pudimos ser.
Y en mi cabeza
mis visiones no tienen fin
Tus lazos me unen a ti.
Logro ver a través de ti,
porque no estás más aquí.
Apr 13, 2018
Apr 13, 2018 at 6:47 PM UTC
No busco que me quieras, no busco que volvamos a ser como antes, no busto tu mirada hacia mis ojos, no busco que nos complementemos como lo hacíamos, no busco tu mano en medio de la noche esperando a que esté ahí esperandome cuando realmente la necesite, cuando me despierte de una pesadilla.
Esa pesadilla se volvería real al recordar que ya no estás.
Pero en fin, ya no te busco.
Ya no te busco porque es cansado.
Es cansado esperarte con la idea de que vasa a volver cuando en realidad nunca va a suceder.
Es cansado darte todo de mi y que tu solo me empujes al vacío una y otra vez.
Es cansado buscarte porque nunca te voy a encontrar.
Aug 1, 2017
Aug 1, 2017 at 7:45 PM UTC
Tendrá que suceder, hoy o mañana,
en cualquier parte y de cualquier manera,
-puede ser que bajando una escalera
o puede ser que abriendo una ventana.
Sucederá tal día de semana,
sencillamente, sin llover siquiera,
en el banco de un parque en primavera
o en un hotel de una ciudad lejana.
Así sucederá, como un espejo
que se queda de pronto sin reflejo,
porque crece la sombra o porque sí.
Irá de puerta en puerta un viento loco,
y tú también te morirás un poco
con algo tuyo que se muere en mí...
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