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"sentirse" poems
Quizá fue una hecatombe de esperanzas un derrumbe de algún modo previsto ah pero mi tristeza sólo tuvo un sentido. Todas mis intuiciones se asomaron para verme sufrir y por cierto me vieron. Hasta aquí había hecho y rehecho         mis trayectos contigo hasta aquí había apostado a inventar la verdad pero vos encontraste la manera         una manera tierna         y a la vez implacable         de desahuciar mi amor. Con un solo pronóstico lo quitaste de los suburbios de tu vida posible lo envolviste en nostalgias lo cargaste por cuadras y cuadras y despacito sin que el aire nocturno lo advirtiera ahi nomás lo dejaste a solas con su suerte         que no es mucha. Creo que tenés razón la culpa es de uno cuando no enamora         y no de los pretextos         ni del tiempo. Hace mucho         muchísimo que yo no me enfrentaba como anoche al espejo y fue implacable como vos         mas no fue tierno ahora estoy solo francamente                         solo. Siempre cuesta un poquito empezar a sentirse desgraciado antes de regresar a mis lóbregos cuarteles de invierno con los ojos bien secos por si acaso miro como te vas adentrando en la niebla y empiezo a recordarte.
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La culpa es de uno
Un instante vacío de acción puede poblarse solamente de nostalgia o de vino. Hay quien lo llena de palabras vivas, de poesía (acción de espectros, vino con remordimiento). Cuando la vida se detiene, se escribe lo pasado o lo imposible para que los demás vivan aquello que ya vivió (o que no vivió) el poeta. El no puede dar vino, nostalgia a los demás: sólo palabras. Si les pudiese dar acción... La poesía es como el viento, o como el fuego, o como el mar. Hace vibrar árboles, ropas, abrasa espigas, hojas secas, acuna en su oleaje los objetos que duermen en la playa. La poesía es como el viento, o como el fuego, o como el mar: da apariencia de vida a lo inmóvil, a lo paralizado. Y el leño que arde, las conchas que las olas traen o llevan, el papel que arrebata el viento, destellan una vida momentánea entre dos inmovilidades. Pero los que están vivos, los henchidos de acción, los palpitantes de nostalgia o vino, esos... felices, bienaventurados, porque no necesitan las palabras, como el caballo corre, aunque no sople el viento, y vuela la gaviota, aunque esté seco el mar, y el hombre llora, y canta, proyecta y edifica, aun sin el fuego. Me acuerdo de los árboles de Dublín. (Imaginar y recordar se superponen y confunden; pueblan, entrelazados, un instante vacío con idéntica emoción. Imaginar y recordar...) Me acuerdo de los árboles de Dublín... Alguien los vive y los recuerdo yo. De los árboles caen hojas doradas sobre el asfalto de Madrid. Crujen bajo mis pies, sobre mis hombros, acarician mis manos, quisieran exprimirme el corazón. No sé si lo consiguen... Imaginar y recordar... Hay un momento que no es mío, no sé si en el pasado, en el futuro, si en lo imposible... Y lo acaricio, lo hago presente, ardiente, con la poesía. No sé si lo recuerdo o lo imagino. (Imaginar y recordar me llenan el instante vacío). Me asomo a la ventana. Fuera no es Dublín lo que veo, sino Madrid. Y, dentro, un hombre sin nostalgia, sin vino, sin acción, golpeando la puerta. Es un espectro que persigue a otro espectro del pasado: el espectro del viento, de la mar, del fuego -ya sabéis de qué hablo-, espectro que pueda hacer que cante, hacer que vibre su corazón, para sentirse vivo.
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Teoría y alucinación de dublín
Un instante vacío de acción puede poblarse solamente de nostalgia o de vino. Hay quien lo llena de palabras vivas, de poesía (acción de espectros, vino con remordimiento). Cuando la vida se detiene, se escribe lo pasado o lo imposible para que los demás vivan aquello que ya vivió (o que no vivió) el poeta. El no puede dar vino, nostalgia a los demás: sólo palabras. Si les pudiese dar acción... La poesía es como el viento, o como el fuego, o como el mar. Hace vibrar árboles, ropas, abrasa espigas, hojas secas, acuna en su oleaje los objetos que duermen en la playa. La poesía es como el viento, o como el fuego, o como el mar: da apariencia de vida a lo inmóvil, a lo paralizado. Y el leño que arde, las conchas que las olas traen o llevan, el papel que arrebata el viento, destellan una vida momentánea entre dos inmovilidades. Pero los que están vivos, los henchidos de acción, los palpitantes de nostalgia o vino, esos... felices, bienaventurados, porque no necesitan las palabras, como el caballo corre, aunque no sople el viento, y vuela la gaviota, aunque esté seco el mar, y el hombre llora, y canta, proyecta y edifica, aun sin el fuego. Me acuerdo de los árboles de Dublín. (Imaginar y recordar se superponen y confunden; pueblan, entrelazados, un instante vacío con idéntica emoción. Imaginar y recordar...) Me acuerdo de los árboles de Dublín... Alguien los vive y los recuerdo yo. De los árboles caen hojas doradas sobre el asfalto de Madrid. Crujen bajo mis pies, sobre mis hombros, acarician mis manos, quisieran exprimirme el corazón. No sé si lo consiguen... Imaginar y recordar... Hay un momento que no es mío, no sé si en el pasado, en el futuro, si en lo imposible... Y lo acaricio, lo hago presente, ardiente, con la poesía. No sé si lo recuerdo o lo imagino. (Imaginar y recordar me llenan el instante vacío). Me asomo a la ventana. Fuera no es Dublín lo que veo, sino Madrid. Y, dentro, un hombre sin nostalgia, sin vino, sin acción, golpeando la puerta. Es un espectro que persigue a otro espectro del pasado: el espectro del viento, de la mar, del fuego -ya sabéis de qué hablo-, espectro que pueda hacer que cante, hacer que vibre su corazón, para sentirse vivo.
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La molesta ansiedad de sentirse querido, el nerviosismo que causa el pensamiento de poder ser olvidado, los rencores, la apatía, los arrepentimientos, las dependencias y las decadencias. Y de pronto todo se suprime. Todo se transforma. Todo cambia. Me libero de todo ciclo. De toda rutina. Me adueño de mi camino, y mi camino de mi vida otra vez pero como nunca. Las ganas de aprender, conocer y desprender dominan las dudas. El rápido impulso sentir que todo es grande, y el tiempo es corto lo mueve todo. Me protege mi libertad, y yo a ella la protejo.
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Jun 18, 2014
Jun 18, 2014 at 6:24 PM UTC
Libertad
Dias en que no quiero escribir, no quiero pensar, no quiero vivir Lo dificil es planear tu vida y que eso no llegue a ocurrir Perder el control de ella Quiero vivir a mi manera, imagino lo que quiera Y que ganamos con esto? cumplir lo que queremos? A veces todo es tan complejo.. Siempre me quejo Si bailamos , reimos ,y lloramos ? Cuando nada te da satisfación, y todo se vuelve monótono Nacer de nuevo seria la solución? Gente viene y va, solo quedan los momentos y la edad. Pienso en el amor y si es una falsedad? Porque sentirse tan vacio cuando alguno no esta? Como hacer que te vuelva la bondad? la caridad ? la hermandad? Si sólo el egoismo reina en nuestra sociedad. Sonar cliche debe ser un delito, pero está tan arraigado en nosotros que nos vuelve adictos al sin fin de comunes que vivimos..
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Feb 22, 2013
Feb 22, 2013 at 5:36 PM UTC
Dias Como Tu
El cuento es muy sencillo usted nace en su tiempo contempla atribulado el rojo azul del cielo el pájaro que emigra y el temerario insecto que será pisoteado por su zapato nuevo usted sufre de veras reclama por comida y por deber ajeno o acaso por rutina llora limpio de culpas benditas o malditas hasta que llega el sueño y lo descalifica usted se transfigura ama casi hasta el colmo logra sentirse eterno de tanto y tanto asombro pero las esperanzas no llegan al otoño y el corazón profeta se convierte en escombros usted por fin aprende y usa lo aprendido para saber que el mundo es como un laberinto en sus momentos claves infierno o paraíso amor o desamparo y siempre siempre un lío usted madura y busca las señas del presente los ritos del pasado y hasta el futuro en cierne quizá se ha vuelto sabio irremediablemente y cuando nada falta entonces usted muere
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Currículum
Son bellos Nuestros cuerpos así Apenas iluminados Mirando tú fijo nada Y por desgracia Yo en vilo Nada cambia Después del amor Que supone encontrarnos Tan bellos Tu cuerpo entre el mío Dulces separados Por ellos pasa La inocencia De sentirse unidad.
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Nov 1, 2014
Nov 1, 2014 at 1:20 AM UTC
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No digáis que, agotado su tesoro, de asuntos falta, enmudeció la lira; podrá no haber poetas; pero siempre         habrá poesía.Mientras las ondas de la luz al beso         palpiten encendidas, mientras el sol las desgarradas nubes         de fuego y oro vista, mientras el aire en su regazo lleve         perfumes y armonías, mientras haya en el mundo primavera,         ¡habrá poesía!Mientras la ciencia a descubrir no alcance         las fuentes de la vida, y en el mar o en el cielo haya un abismo         que al cálculo resista, mientras la humanidad siempre avanzando         no sepa a dó camina, mientras haya un misterio para el hombre,         ¡habrá poesía!Mientras se sienta que se ríe el alma,         sin que los labios rían; mientras se llore, sin que el llanto acuda         a nublar la pupila; mientras el corazón y la cabeza         batallando prosigan, mientras haya esperanzas y recuerdos,         ¡habrá poesía!Mientras haya unos ojos que reflejen         los ojos que los miran, mientras responda el labio suspirando         al labio que suspira, mientras sentirse puedan en un beso         dos almas confundidas, mientras exista una mujer hermosa,         ¡habrá poesía!
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Rima iv
Despues de sentir la moneda, de sentir uno posee, el recordatorio, ordinario de una vida. Question: Pregunta: Ordinaria y olvidada en segundos, en ella se encontrara un rasgo femenino, lo esencial. Digamos que en encontrar algo, uno se divide entre uno o dos cosas pensadas. Y al sentirse rendido uno no promete no sentarse. Se aburre de sus sentidos y se mete las manos en los bolsillos. Al sacarselas uno regresa a mirar el cielo rasio.
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May 5, 2015
May 5, 2015 at 4:25 PM UTC
Pregunta
Blanco, ceñido de luz blanca desde los pies a la cabeza. Vienen de lejos hasta mí, se alzan, me embisten, me rodean.     Hacen nacer dentro del alma no sé qué antiguas inocencias. Alegría sobre las olas, en los troncos de las palmeras, alegría de oros y azules bajo la luz que se dispersa. (Esta alegría que ahora siento yo sólo sé lo que me cuesta.)     He podado las viejas ramas que maduró el dolor. Las viejas ramas. Ya el árbol tiene blancas flores, y frutas opulentas.     Tras el dolor consigue el alma su plenitud. Sólo así llega a reposar en la alegría, a sentirse total y nueva.     He podado las viejas ramas. (Yo pregunté sin que me oyeran. Quise saber si era el otoño: tenía el cielo una luz vieja, un oro pálido y sereno, como las hojas secas. Veía siempre una gaviota planear sobre mi cabeza). He podado las viejas ramas, la vida entera. Enterré en el fondo del pozo mi clara estrella. He podado las viejas ramas. Puse luz en mi noche negra para que hoy beba su alegría la pobre alma...                                 Me rodean. Blanco, ceñido de luz blanca desde los pies a la cabeza. El alma bebe su alegría entre las olas. Se despierta de su mal sueño. Arena casi maternal. Entre las palmeras hay aves de oro, frutos de oro, niños de oro, doradas hierbas. Las olas rompen y me embisten, y me visten de blancas yedras. ¡Alegría sobre las olas disparando loca sus flechas! Despiertan dentro de mi alma no sé qué antiguas inocencias.     Alegría sólo presente para que siempre sea eterna. (Esta alegría que ahora siento yo sólo sé lo que me cuesta).
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Olas
Blanco, ceñido de luz blanca desde los pies a la cabeza. Vienen de lejos hasta mí, se alzan, me embisten, me rodean.     Hacen nacer dentro del alma no sé qué antiguas inocencias. Alegría sobre las olas, en los troncos de las palmeras, alegría de oros y azules bajo la luz que se dispersa. (Esta alegría que ahora siento yo sólo sé lo que me cuesta.)     He podado las viejas ramas que maduró el dolor. Las viejas ramas. Ya el árbol tiene blancas flores, y frutas opulentas.     Tras el dolor consigue el alma su plenitud. Sólo así llega a reposar en la alegría, a sentirse total y nueva.     He podado las viejas ramas. (Yo pregunté sin que me oyeran. Quise saber si era el otoño: tenía el cielo una luz vieja, un oro pálido y sereno, como las hojas secas. Veía siempre una gaviota planear sobre mi cabeza). He podado las viejas ramas, la vida entera. Enterré en el fondo del pozo mi clara estrella. He podado las viejas ramas. Puse luz en mi noche negra para que hoy beba su alegría la pobre alma...                                 Me rodean. Blanco, ceñido de luz blanca desde los pies a la cabeza. El alma bebe su alegría entre las olas. Se despierta de su mal sueño. Arena casi maternal. Entre las palmeras hay aves de oro, frutos de oro, niños de oro, doradas hierbas. Las olas rompen y me embisten, y me visten de blancas yedras. ¡Alegría sobre las olas disparando loca sus flechas! Despiertan dentro de mi alma no sé qué antiguas inocencias.     Alegría sólo presente para que siempre sea eterna. (Esta alegría que ahora siento yo sólo sé lo que me cuesta).
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Tardará, tardará. Ya sé que todavía los émbolos, la usura, el sudor, las bobinas seguirán produciendo, al por mayor, en serie, iniquidad, ayuno, rencor, desesperanza; para que las lombrices con huecos pórtasenos, las vacas de embajada, los viejos paquidermos de esfínteres crinudos, se sacien de adulterios, de diamantes, de caviar, de remedios. Ya sé que todavía pasarán muchos años para que estos crustáceos del asfalto y la mugre se limpien la cabeza, se alejen de la envidia, no idolatren la seña, no adoren la impostura, y abandonen su costra de opresión, de ceguera, de mezquindad, de bosta. Pero, quizás, un día, antes de que la tierra se canse de atraernos y brindarnos su seno, el cerebro les sirva para sentirse humanos, ser hombres, ser mujeres, -no cajas de caudales, ni perchas desoladas-, someter a las ruedas, impedir que nos maten, comprobar que la vida se arranca y despedaza los chalecos de fuerza de todos los sistemas; y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas se encuentran en nosotros y no bajo la tierra. Y entonces... ¡Ah! ese día abriremos los brazos sin temer que el instinto nos muerda los garrones, ni recelar de todo, hasta de nuestra sombra; y seremos capaces de acercarnos al pasto, a la noche, a los ríos, sin rubor, mansamente, con las pupilas claras, con las manos tranquilas; y usaremos palabras sustanciosas, auténticas; no como esos vocablos erizados de inquina que babean las hienas al instarnos al odio, ni aquellos que se asfixian en estrofas de almíbar y fustigada clara de huevo corrompido; sino palabras simples, de arroyo, de raíces, que en vez de separarnos nos acerquen un poco; o mejor todavía, guardaremos silencio para tomar el pulso a todo lo que existe y vivir el milagro de cuanto nos rodea, mientras alguien nos diga, con una voz de roble, lo que desde hace siglos esperamos en vano.
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Lo que esperamos
Tardará, tardará. Ya sé que todavía los émbolos, la usura, el sudor, las bobinas seguirán produciendo, al por mayor, en serie, iniquidad, ayuno, rencor, desesperanza; para que las lombrices con huecos pórtasenos, las vacas de embajada, los viejos paquidermos de esfínteres crinudos, se sacien de adulterios, de diamantes, de caviar, de remedios. Ya sé que todavía pasarán muchos años para que estos crustáceos del asfalto y la mugre se limpien la cabeza, se alejen de la envidia, no idolatren la seña, no adoren la impostura, y abandonen su costra de opresión, de ceguera, de mezquindad, de bosta. Pero, quizás, un día, antes de que la tierra se canse de atraernos y brindarnos su seno, el cerebro les sirva para sentirse humanos, ser hombres, ser mujeres, -no cajas de caudales, ni perchas desoladas-, someter a las ruedas, impedir que nos maten, comprobar que la vida se arranca y despedaza los chalecos de fuerza de todos los sistemas; y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas se encuentran en nosotros y no bajo la tierra. Y entonces... ¡Ah! ese día abriremos los brazos sin temer que el instinto nos muerda los garrones, ni recelar de todo, hasta de nuestra sombra; y seremos capaces de acercarnos al pasto, a la noche, a los ríos, sin rubor, mansamente, con las pupilas claras, con las manos tranquilas; y usaremos palabras sustanciosas, auténticas; no como esos vocablos erizados de inquina que babean las hienas al instarnos al odio, ni aquellos que se asfixian en estrofas de almíbar y fustigada clara de huevo corrompido; sino palabras simples, de arroyo, de raíces, que en vez de separarnos nos acerquen un poco; o mejor todavía, guardaremos silencio para tomar el pulso a todo lo que existe y vivir el milagro de cuanto nos rodea, mientras alguien nos diga, con una voz de roble, lo que desde hace siglos esperamos en vano.
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A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración. Mientras aquéllos se pasan la vida colgados de una soga o pegando puñetazos sobre una mesa, yo me lo paso transmigrando de un cuerpo a otro, yo no me canso nunca de transmigrar. Desde el amanecer, me instalo en algún eucalipto a respirar la brisa de la mañana. Duermo una siesta mineral, dentro de la primera piedra que hallo en mi camino, y antes de anochecer ya estoy pensando la noche y las chimeneas con un espíritu de gato. ¡Qué delicia la de metamorfosearse en abejorro, la de sorber el polen de las rosas! ¡Qué voluptuosidad la de ser tierra, la de sentirse penetrado de tubérculos, de raíces, de una vida latente que nos fecunda... y nos hace cosquillas! Para apreciar el jamón ¿no es indispensable ser chancho? Quien no logre transformarse en caballo ¿podrá saborear el gusto de los valles y darse cuenta de lo que significa "tirar el carro"?... Poseer una virgen es muy distinto a experimentar las sensaciones de la virgen mientras la estamos poseyendo, y una cosa es mirar el mar desde la playa, otra contemplarlo con unos ojos de cangrejo. Por eso a mí me gusta meterme en las vidas ajenas, vivir todas sus secreciones, todas sus esperanzas, sus buenos y sus malos humores. Por eso a mí me gusta rumiar la pampa y el crepúsculo personificado en una vaca, sentir la gravitación y los ramajes con un cerebro de nuez o de castaña, arrodillarme en pleno campo, para cantarle con una voz de sapo a las estrellas. ¡Ah, el encanto de haber sido camello, zanahoria, manzana, y la satisfacción de comprender, a fondo, la pereza de los remansos.... y de los camaleones!... ¡Pensar que durante toda su existencia, la mayoría de los hombres no han sido ni siquiera mujer!... ¿Cómo es posible que no se aburran de sus apetitos, de sus espasmos y que no necesiten experimentar, de vez en cuando, los de las cucarachas... los de las madreselvas? Aunque me he puesto, muchas veces, un cerebro de imbécil, jamás he comprendido que se pueda vivir, eternamente, con un mismo esqueleto y un mismo **** Cuando la vida es demasiado humana -¡únicamente humana!- el mecanismo de pensar ¿no resulta una enfermedad más larga y más aburrida que cualquier otra? Yo, al menos, tengo la certidumbre que no hubiera podido soportarla sin esa aptitud de evasión, que me permite trasladarme adonde yo no estoy: ser hormiga, jirafa, poner un huevo, y lo que es más importante aún, encontrarme conmigo mismo en el momento en que me había olvidado, casi completamente, de mi propia existencia.
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Untitled
A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración. Mientras aquéllos se pasan la vida colgados de una soga o pegando puñetazos sobre una mesa, yo me lo paso transmigrando de un cuerpo a otro, yo no me canso nunca de transmigrar. Desde el amanecer, me instalo en algún eucalipto a respirar la brisa de la mañana. Duermo una siesta mineral, dentro de la primera piedra que hallo en mi camino, y antes de anochecer ya estoy pensando la noche y las chimeneas con un espíritu de gato. ¡Qué delicia la de metamorfosearse en abejorro, la de sorber el polen de las rosas! ¡Qué voluptuosidad la de ser tierra, la de sentirse penetrado de tubérculos, de raíces, de una vida latente que nos fecunda... y nos hace cosquillas! Para apreciar el jamón ¿no es indispensable ser chancho? Quien no logre transformarse en caballo ¿podrá saborear el gusto de los valles y darse cuenta de lo que significa "tirar el carro"?... Poseer una virgen es muy distinto a experimentar las sensaciones de la virgen mientras la estamos poseyendo, y una cosa es mirar el mar desde la playa, otra contemplarlo con unos ojos de cangrejo. Por eso a mí me gusta meterme en las vidas ajenas, vivir todas sus secreciones, todas sus esperanzas, sus buenos y sus malos humores. Por eso a mí me gusta rumiar la pampa y el crepúsculo personificado en una vaca, sentir la gravitación y los ramajes con un cerebro de nuez o de castaña, arrodillarme en pleno campo, para cantarle con una voz de sapo a las estrellas. ¡Ah, el encanto de haber sido camello, zanahoria, manzana, y la satisfacción de comprender, a fondo, la pereza de los remansos.... y de los camaleones!... ¡Pensar que durante toda su existencia, la mayoría de los hombres no han sido ni siquiera mujer!... ¿Cómo es posible que no se aburran de sus apetitos, de sus espasmos y que no necesiten experimentar, de vez en cuando, los de las cucarachas... los de las madreselvas? Aunque me he puesto, muchas veces, un cerebro de imbécil, jamás he comprendido que se pueda vivir, eternamente, con un mismo esqueleto y un mismo **** Cuando la vida es demasiado humana -¡únicamente humana!- el mecanismo de pensar ¿no resulta una enfermedad más larga y más aburrida que cualquier otra? Yo, al menos, tengo la certidumbre que no hubiera podido soportarla sin esa aptitud de evasión, que me permite trasladarme adonde yo no estoy: ser hormiga, jirafa, poner un huevo, y lo que es más importante aún, encontrarme conmigo mismo en el momento en que me había olvidado, casi completamente, de mi propia existencia.
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Nuevas disposiciones de la noche, sórdidos ejercicios  al dictado, lecciones del deseo que yo aprendí, pirata, oh joven pirata de los ojos azules. En calles resonantes la oscuridad tenía todavía la misma espesura total que recuerdo en mi infancia. Y dramáticas sombras, revestidas con el prestigio de la prostitución, a mi lado venían de un infierno grasiento y sofocante como un cuarto de máquinas. ¡Largas últimas horas, en mundos amueblados con deslustrada loza sanitaria y cortinas manchadas de permanganato! Como un operario que pule una pieza, como un afilador, fornicar poco a poco mordiéndome los labios. Y sentirse morir por cada pelo de gusto, y hacer daño. La luz amarillenta, la escalera estremecida toda de susurros, mis pasos, eran aún una prolongación que me exaltaba, lo mismo que el olor en las manos -o que al salir el frío de la madrugada, intenso como el recuerdo de una sensación.
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Nostalgie de la boue
Montevideo quince de noviembre de mil novecientos cincuenta y cinco Montevideo era verde en mi infancia absolutamente vrede y con travías muy señor nuestro por la presente yo tuve un libro del que podía leer veinticinco centímetros por noche y después del libro del que podía leer y yo quería pensar en cómo sería eso de no ser de caer como piedra en un pozo comunicamos a usted que en esta fecha hemos efectuado por su cuenta quién era ah sí mi madre se acercaba y prendía la luz y no te asustes y después la apagaba antes que no durmiera el pago de trescientos doce pesos a la firma Menéndez & Solari y sólo veía sombras como caballos y elefantes y monstruos casi hombres y sin embargo aquello era mejor que pensarme sin la savia del miedo desaparecido como se acostumbra en un todo de acuerdo con sus órdenes de fecha siete del correinte eran tan diferente era verde absolutamnte verde y con tranvís y qué optimismo tener la ventanilla sentirse dueño de la calle que baja lugar con los números de las puertas cerradas y apostar consigo mismo en términos severos rogámosle acusar recibo lo ante posible si terminaba en cuatro o trece o diecisiete era que iba a reír o a perder o a morirme de esta comunicación a fin de que podamos y hacerme tan sólo una trampa por cuadra registrarlo en su cuenta corriente absolutamente verde y con travías y el Prado con caminos de hojas secas y el olor a eucaliptus y a temprano saludamos a usted atentamente y desde allí los años y quién sabe.
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Dactilógrafo
Montevideo quince de noviembre de mil novecientos cincuenta y cinco Montevideo era verde en mi infancia absolutamente vrede y con travías muy señor nuestro por la presente yo tuve un libro del que podía leer veinticinco centímetros por noche y después del libro del que podía leer y yo quería pensar en cómo sería eso de no ser de caer como piedra en un pozo comunicamos a usted que en esta fecha hemos efectuado por su cuenta quién era ah sí mi madre se acercaba y prendía la luz y no te asustes y después la apagaba antes que no durmiera el pago de trescientos doce pesos a la firma Menéndez & Solari y sólo veía sombras como caballos y elefantes y monstruos casi hombres y sin embargo aquello era mejor que pensarme sin la savia del miedo desaparecido como se acostumbra en un todo de acuerdo con sus órdenes de fecha siete del correinte eran tan diferente era verde absolutamnte verde y con tranvís y qué optimismo tener la ventanilla sentirse dueño de la calle que baja lugar con los números de las puertas cerradas y apostar consigo mismo en términos severos rogámosle acusar recibo lo ante posible si terminaba en cuatro o trece o diecisiete era que iba a reír o a perder o a morirme de esta comunicación a fin de que podamos y hacerme tan sólo una trampa por cuadra registrarlo en su cuenta corriente absolutamente verde y con travías y el Prado con caminos de hojas secas y el olor a eucaliptus y a temprano saludamos a usted atentamente y desde allí los años y quién sabe.
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A veces por supuesto usted sonríe y no importa lo linda o lo fea lo vieja o lo joven lo mucho o lo poco que usted realmente sea sonríe cual si fuese una revelación y su sonrisa anula todas las anteriores caducan al instante sus rostros como máscaras sus ojos duros frágiles como espejos en óvalo su boca de morder su mentón de capricho sus pómulos fragantes sus párpados su miedo sonríe y usted nace asume el mundo mira sin mirar indefensa desnuda transparente y a lo mejor si la sonrisa viene de muy de muy adentro usted puede llorar sencillamente sin desgarrarse sin deseperarse sin convocar la muerte ni sentirse vacía llorar sólo llorar entonces su sonrisa si todavia existe se vuelve un arco iris.
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Arco iris
A tu lado estar, a tu lado caminar, el pasar tiempo juntos, el arreglar problemas juntos, el pasar momentos felices y tristes no es más que solo un sueño mío. El sentirse solo sin apoyo alguno, es como estar en algún otro siglo, en el cual yo no me identifico. Me podré sentir perdido en el tiempo, pero aún más cuando yo a usted la miro. Ya que su mirada es más hermosa que las rosas. Si la tendría que describir a usted, hermosa dama, serias como el arca de la alianza,¿porque?, porque solo te puedo ver, pero nunca sentir. Pero todos sabemos que el solo ver no es lo mismo que el tocar, sostener, mucho menos el ser. Vivir a aprender la vida, sin tener éxito en mi amorío, aunque mis lágrimas formen un río y el corazón dolor sentir como si en mil pedazos estuviera partido.
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May 28, 2017
May 28, 2017 at 3:20 AM UTC
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Cuando salí de ti, a mí mismo me prometí que volvería. Y he vuelto. Quiebro con mis piernas tu serena cristalería. Es como ahondar en los principios, como embriagarse con la vida, como sentir crecer muy hondo un árbol de hojas amarillas y enloquecer con el sabor de sus frutas más encendidas. Como sentirse con las manos en flor, palpando la alegría. Como escuchar el grave acorde de la resaca y de la brisa. Cuando salí de ti, a mí mismo me prometí que volvería. Era en otoño, y en otoño llego, otra vez, a tus orillas. (De entre tus ondas el otoño nace más bello cada día). Y ahora que yo pensaba en ti constantemente, que creía... (Las montañas que te rodean tienen hogueras encendidas). Y ahora que yo quería hablarte, saturarme de tu alegría... (Eres un pájaro de niebla que picotea mis mejillas). Y ahora que yo quería darte toda mi sangre, que quería... (Qué bello, mar, morir en ti cuando no pueda con mi vida).
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Llegada al mar
un muro opaco se interpone a nuestro entendimiento aterra encontrase querido cuando recién aflora sudorosa & fatigada tu imagen idealizar es sencillo acariciando un suspiro sin rencor a rememorar insignificantes detalles en su rostro para poder quizá darle un poco mas de vida entre sueños dejar entreabiertas ventanas libros sin terminar para no sentirse
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Jul 26, 2019
Jul 26, 2019 at 6:57 AM UTC
soledades
Íbamos en la noche con tu sueño y el mío, donde empiezan tus ojos y termina las sombra. Y allá, bajos los puentes, iba cantando el río la inquietud que se olvida y el dolor que se nombra. Vivir es una ciencia, pero amar es un arte; y, puesto que quien ama va viviendo su muerte, nadie sabrá que un día te besé sin besarte, ni que te he poseído también, sin poseerte. Y supe que la nieve puede ser una brasa, aquella tibia noche de silencio y de seda, y que, antes que una nube fugitiva que pasa quiero ser en tu vida la raíz que se queda. Íbamos en la noche con tu sueño y el mío, y la luna crecía, como si nos mirara, mientras junto a nosotros iba cantando el río todo lo que callábamos bajo la noche clara. El amor, que embellece todas las cosas bellas, sobrevive a las culpas, no a los reproches; y yo seré en tu vida como son las estrellas, que durarán brillando lo que duren las noches... Y amaré en tu sonrisa todo lo que tú amas, para que tus recuerdos se unan a mis olvidos, al igual que esos árboles que enlazaron sus ramas, y que unidos florecen hasta morir juntos. Es dulce ir en la noche con tu sueño y mi sueño y sentir que mí mano te besa si te toca; y es grande esta ternura de sentirse pequeño, cuando el sueño termina donde empieza tu boca. Y ver crecer la noche temblorosa de frío, en esta sofocante plenitud del verano, oyendo el melancólico monólogo del río que dice dulcemente lo que callas en vano. Y luego estar contento y a la vez triste, viendo pasar el agua sin que nunca este ausente, mujer que estas conmigo después que ya te fuiste, pues te vas y te quedas, igual que la corriente.
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Segundo poema del río
Íbamos en la noche con tu sueño y el mío, donde empiezan tus ojos y termina las sombra. Y allá, bajos los puentes, iba cantando el río la inquietud que se olvida y el dolor que se nombra. Vivir es una ciencia, pero amar es un arte; y, puesto que quien ama va viviendo su muerte, nadie sabrá que un día te besé sin besarte, ni que te he poseído también, sin poseerte. Y supe que la nieve puede ser una brasa, aquella tibia noche de silencio y de seda, y que, antes que una nube fugitiva que pasa quiero ser en tu vida la raíz que se queda. Íbamos en la noche con tu sueño y el mío, y la luna crecía, como si nos mirara, mientras junto a nosotros iba cantando el río todo lo que callábamos bajo la noche clara. El amor, que embellece todas las cosas bellas, sobrevive a las culpas, no a los reproches; y yo seré en tu vida como son las estrellas, que durarán brillando lo que duren las noches... Y amaré en tu sonrisa todo lo que tú amas, para que tus recuerdos se unan a mis olvidos, al igual que esos árboles que enlazaron sus ramas, y que unidos florecen hasta morir juntos. Es dulce ir en la noche con tu sueño y mi sueño y sentir que mí mano te besa si te toca; y es grande esta ternura de sentirse pequeño, cuando el sueño termina donde empieza tu boca. Y ver crecer la noche temblorosa de frío, en esta sofocante plenitud del verano, oyendo el melancólico monólogo del río que dice dulcemente lo que callas en vano. Y luego estar contento y a la vez triste, viendo pasar el agua sin que nunca este ausente, mujer que estas conmigo después que ya te fuiste, pues te vas y te quedas, igual que la corriente.
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estaría bueno sentirse como la primera vez que te vi eternamente preparada y nerviosa ansiosa, ebria, bonita, casi invencible estaría bueno sentirse como la primera vez que te quise besar insaciable muy ebria estaría bueno sentir que no me falta el aire que estoy segura que quiero estaría bueno estar
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Dec 14, 2018
Dec 14, 2018 at 11:50 AM UTC
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