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"seguros" poems
Femenina, pero sin excesos, que fluya la luz de sus ojos pero sin apagar los neones de MONSANTO, luz biodegradable pero agradable al tacto. Libre y Natural, como un sombrero. Mezcla sutil de lana y jacquard. Silueta relajada a la altura del ***** como una virgen romana, y un concierto de colores húmedos según va cayendo la tarde Muy casual a partir de los labios y un lindo ABCdario entre las piernas. Transmisión sin pausa, dejando un eco al volver a casa, sin caer en brazos de una sonrisa armada hasta los dientes. El color blanco es su aliado y los pájaros pintados en el jardín de sus sueños, en las manos, la imprescindible lencería de una imaginación sin prisas, y la siempre impredecible pasión en su fresquito pequeño, aroma a alba con un poco de opio en los cristales. Un look de muerte para terminar con el ideal de hombre, todo sin dejar de ofrecer la cara oculta de su luna, un poco descabellada al caminar por el Mercado dejando claro que su hogar no se marchita. El éxito como una póliza de seguros guardado a la altura de su láctea paradoja. Y de vez en vez mostrar la plantación de flores cultivadas por la maniquí secreta que en ASIA o en los fiordos del alma, arde. Sin dejar oír nunca un si te quiero que no sea el fru fru de su trastienda, seda y sede de coral ***** y una navajita para degollar pecado como peces sin dejar de ser sofisticada con los dedos y una delicadez a prueba de balas. Es lo que se va llevar en las Avenidas de este Otoño. Y un cielo en rama para amar un poco.
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Sep 15, 2014
Sep 15, 2014 at 11:12 AM UTC
VUELVE LA MUJER AUTENTICA (titulo de un articulo sobre la moda)
Femenina, pero sin excesos, que fluya la luz de sus ojos pero sin apagar los neones de MONSANTO, luz biodegradable pero agradable al tacto. Libre y Natural, como un sombrero. Mezcla sutil de lana y jacquard. Silueta relajada a la altura del ***** como una virgen romana, y un concierto de colores húmedos según va cayendo la tarde Muy casual a partir de los labios y un lindo ABCdario entre las piernas. Transmisión sin pausa, dejando un eco al volver a casa, sin caer en brazos de una sonrisa armada hasta los dientes. El color blanco es su aliado y los pájaros pintados en el jardín de sus sueños, en las manos, la imprescindible lencería de una imaginación sin prisas, y la siempre impredecible pasión en su fresquito pequeño, aroma a alba con un poco de opio en los cristales. Un look de muerte para terminar con el ideal de hombre, todo sin dejar de ofrecer la cara oculta de su luna, un poco descabellada al caminar por el Mercado dejando claro que su hogar no se marchita. El éxito como una póliza de seguros guardado a la altura de su láctea paradoja. Y de vez en vez mostrar la plantación de flores cultivadas por la maniquí secreta que en ASIA o en los fiordos del alma, arde. Sin dejar oír nunca un si te quiero que no sea el fru fru de su trastienda, seda y sede de coral ***** y una navajita para degollar pecado como peces sin dejar de ser sofisticada con los dedos y una delicadez a prueba de balas. Es lo que se va llevar en las Avenidas de este Otoño. Y un cielo en rama para amar un poco.
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¡Que no quiero verla! Dile a la luna que venga, que no quiero ver la sangre de Ignacio sobre la arena. ¡Que no quiero verla! La luna de par en par. Caballo de nubes quietas, y la plaza gris del sueño con sauces en las barreras. ¡Que no quiero verla! Que mi recuerdo se quema. ¡Avisad a los jazmines con su blancura pequeña! ¡Que no quiero verla! La vaca del viejo mundo pasaba su triste lengua sobre un hocico de sangres derramadas en la arena, y los toros de Guisando, casi muerte y casi piedra, mugieron como dos siglos hartos de pisar la tierra. No. ¡Que no quiero verla! Por las gradas sube Ignacio con toda su muerte a cuestas. Buscaba el amanecer, y el amanecer no era. Busca su perfil seguro, y el sueño lo desorienta. Buscaba su hermoso cuerpo y encontró su sangre abierta. ¡No me digáis que la vea! No quiero sentir el chorro cada vez con menos fuerza; ese chorro que ilumina los tendidos y se vuelca sobre la pana y el cuero de muchedumbre sedienta. ¡Quién me grita que me asome! ¡No me digáis que la vea! No se cerraron sus ojos cuando vio los cuernos cerca, pero las madres terribles levantaron la cabeza. Y a través de las ganaderías, hubo un aire de voces secretas que gritaban a toros celestes mayorales de pálida niebla. No hubo príncipe en Sevilla que comparársele pueda, ni espada como su espada ni corazón tan de veras. Como un río de leones su maravillosa fuerza, y como un torso de mármol su dibujada prudencia. Aire de Roma andaluza le doraba la cabeza donde su risa era un nardo de sal y de inteligencia. ¡Qué gran torero en la plaza! ¡Qué buen serrano en la sierra! ¡Qué blando con las espigas! ¡Qué duro con las espuelas! ¡Qué tierno con el rocío! ¡Qué deslumbrante en la feria! ¡Qué tremendo con las últimas banderillas de tiniebla! Pero ya duerme sin fin. Ya los musgos y la hierba abren con dedos seguros la flor de su calavera. Y su sangre ya viene cantando: cantando por marismas y praderas, resbalando por cuernos ateridos, vacilando sin alma por la niebla, tropezando con miles de pezuñas como una larga, oscura, triste lengua, para formar un charco de agonía junto al Guadalquivir de las estrellas. ¡Oh blanco muro de España! ¡Oh ***** toro de pena! ¡Oh sangre dura de Ignacio! ¡Oh ruiseñor de sus venas! No. ¡Que no quiero verla! Que no hay cáliz que la contenga, que no hay golondrinas que se la beban, no hay escarcha de luz que la enfríe, no hay canto ni diluvio de azucenas, no hay cristal que la cubra de plata. No. ¡¡Yo no quiero verla!!
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La sangre derramada
¡Que no quiero verla! Dile a la luna que venga, que no quiero ver la sangre de Ignacio sobre la arena. ¡Que no quiero verla! La luna de par en par. Caballo de nubes quietas, y la plaza gris del sueño con sauces en las barreras. ¡Que no quiero verla! Que mi recuerdo se quema. ¡Avisad a los jazmines con su blancura pequeña! ¡Que no quiero verla! La vaca del viejo mundo pasaba su triste lengua sobre un hocico de sangres derramadas en la arena, y los toros de Guisando, casi muerte y casi piedra, mugieron como dos siglos hartos de pisar la tierra. No. ¡Que no quiero verla! Por las gradas sube Ignacio con toda su muerte a cuestas. Buscaba el amanecer, y el amanecer no era. Busca su perfil seguro, y el sueño lo desorienta. Buscaba su hermoso cuerpo y encontró su sangre abierta. ¡No me digáis que la vea! No quiero sentir el chorro cada vez con menos fuerza; ese chorro que ilumina los tendidos y se vuelca sobre la pana y el cuero de muchedumbre sedienta. ¡Quién me grita que me asome! ¡No me digáis que la vea! No se cerraron sus ojos cuando vio los cuernos cerca, pero las madres terribles levantaron la cabeza. Y a través de las ganaderías, hubo un aire de voces secretas que gritaban a toros celestes mayorales de pálida niebla. No hubo príncipe en Sevilla que comparársele pueda, ni espada como su espada ni corazón tan de veras. Como un río de leones su maravillosa fuerza, y como un torso de mármol su dibujada prudencia. Aire de Roma andaluza le doraba la cabeza donde su risa era un nardo de sal y de inteligencia. ¡Qué gran torero en la plaza! ¡Qué buen serrano en la sierra! ¡Qué blando con las espigas! ¡Qué duro con las espuelas! ¡Qué tierno con el rocío! ¡Qué deslumbrante en la feria! ¡Qué tremendo con las últimas banderillas de tiniebla! Pero ya duerme sin fin. Ya los musgos y la hierba abren con dedos seguros la flor de su calavera. Y su sangre ya viene cantando: cantando por marismas y praderas, resbalando por cuernos ateridos, vacilando sin alma por la niebla, tropezando con miles de pezuñas como una larga, oscura, triste lengua, para formar un charco de agonía junto al Guadalquivir de las estrellas. ¡Oh blanco muro de España! ¡Oh ***** toro de pena! ¡Oh sangre dura de Ignacio! ¡Oh ruiseñor de sus venas! No. ¡Que no quiero verla! Que no hay cáliz que la contenga, que no hay golondrinas que se la beban, no hay escarcha de luz que la enfríe, no hay canto ni diluvio de azucenas, no hay cristal que la cubra de plata. No. ¡¡Yo no quiero verla!!
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Extraño las peleas en tu cama, revolcándonos entre cabeceras, besos, y cosquillas; tu voz, entre medio de una risa, preguntando, sin aliento, “no me quieres?” y yo completamente perdida… extraño estar enredada entre tus mas hondos suspiros, en tus brazos firmes, seguros… extraño temblar, el miedo, y tus dulces labios… extraño ser, irreparablemente, la mujer que deseas, a la que susurras tus sueños, tu futuro y lo que eres… amor, extraño como a nada las pestañas que contaba, y despertarte de tu reposo ligero en mis brazos, con mariposas en forma de besos, y alinear las caderas como algún baile de infinita gracia y destreza, como algo innato, universal, natural… y débil, aun que sea este corazón, con todas sus fuerzas, en cada latido te extraña como nadie.
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Jan 8, 2013
Jan 8, 2013 at 12:41 AM UTC
Extraño
La plaza sola (gris el aire, negros los árboles, la tierra manchada por la nieve), parecía, no realidad, mas copia triste sin realidad. Entonces, ante el umbral, dijiste: viviendo aquí serías fantasma de ti mismo. Inhóspita en su adorno parsimonioso, porcelanas, bronces, muebles chinos, la casa oscura toda era, pálidas sus ventanas sobre el río, y el color se escondía en un retablo español, en un lienzo francés, su brío amedrentado. Entre aquellos despojos, proyecto, el dueño estaba sentado junto a su retrato por artista a la moda en años idos, imagen fatua y fácil del dilettante, divertido entonces comprando lo que una fe creara en otro tiempo y otra tierra. Allí con sus iguales, damas imperativas bajo sus afeites, caballeros seguros de sí mismos, rito social cumplía, y entre el diálogo moroso, tú oyendo alguien me dijo: "Me ofrecieron la primera edición de un poeta raro, y la he comprado", tu emoción callaste. Así, pensabas, el poeta vive para esto, para esto noches y días amargos, sin ayuda de nadie, en la contienda adonde, como el fénix, muere y nace, para que años después, siglos después, obtenga al fin el displicente favor de un grande en este mundo. Su vida ya puede excusarse, porque ha muerto del todo; su trabajo ahora cuenta, domesticado para el mundo de ellos, como otro objeto vano, otro ornamento inútil; y tú cobarde, mudo te despediste ahí, como el que asiente, más allá de la muerte, a la injusticia. Mejor la destrucción, el fuego.
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Limbo
La plaza sola (gris el aire, negros los árboles, la tierra manchada por la nieve), parecía, no realidad, mas copia triste sin realidad. Entonces, ante el umbral, dijiste: viviendo aquí serías fantasma de ti mismo. Inhóspita en su adorno parsimonioso, porcelanas, bronces, muebles chinos, la casa oscura toda era, pálidas sus ventanas sobre el río, y el color se escondía en un retablo español, en un lienzo francés, su brío amedrentado. Entre aquellos despojos, proyecto, el dueño estaba sentado junto a su retrato por artista a la moda en años idos, imagen fatua y fácil del dilettante, divertido entonces comprando lo que una fe creara en otro tiempo y otra tierra. Allí con sus iguales, damas imperativas bajo sus afeites, caballeros seguros de sí mismos, rito social cumplía, y entre el diálogo moroso, tú oyendo alguien me dijo: "Me ofrecieron la primera edición de un poeta raro, y la he comprado", tu emoción callaste. Así, pensabas, el poeta vive para esto, para esto noches y días amargos, sin ayuda de nadie, en la contienda adonde, como el fénix, muere y nace, para que años después, siglos después, obtenga al fin el displicente favor de un grande en este mundo. Su vida ya puede excusarse, porque ha muerto del todo; su trabajo ahora cuenta, domesticado para el mundo de ellos, como otro objeto vano, otro ornamento inútil; y tú cobarde, mudo te despediste ahí, como el que asiente, más allá de la muerte, a la injusticia. Mejor la destrucción, el fuego.
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¡Qué pareja tan hermosa esta nuestra, Contemplado! La mirada de mis ojos, y tú, que te estoy mirando. Todo lo que ignoro yo te lo tienes olvidado; y ese cantar que me buscan las horas, sin encontrarlo, de la mañana a la noche, con blanquísimo estribillo, tus olas lo van cantando. Porque estás hecho de siglos me curaste de arrebatos; se aprende a mirar en ti por tus medidas sin cálculo -dos, nada más: día y noche- gozosamente despacio. No quieres tú que te busquen los ojos apresurados, los que te dicen hermoso y luego pasan de largo. No ven. A ti hay que mirarte como te miran los astros, a sus azules mirandas serenamente asomados. Tú, Lazarillo de ojos, llévate a estos míos; guíalos, por la aurora, con espumas, con nubes, por los ocasos; tú solo sabes trazar los caminos de tus ámbitos. Con las señas de la playa, avísales de la tierra, de su sombra, de su engaño. A tu resplandor me entrego, igual que el ciego a la mano; se siente tu claridad hasta en los ojos cerrados, -presencia que no se ve-, acariciando los párpados. Por tanta luz tú no puedes conducir a nada malo. Con mi vista, que te mira, poco te doy, mucho gano. Sale de mis ojos, pobre, se me marcha por tus campos, coge azules, brillos, olas, alegrías, las dádivas de tu espacio. Cuando vuelve, vuelve toda encendida de regalos. Reina se siente; las dichas con que tú la has coronado. ¡De lo claro que lo enseñas qué sencillo es el milagro! Si bien se guarda en los ojos, nunca pasa, lo pasado. ¿Conservar un amor entre unos brazos? No. En el aire de los ojos, entre el vivir y el recuerdo, suelto, flotando, se tiene mejor guardado. Aves de vuelo se vuelan, tarde o temprano. Los ojos son los seguros; de allí no se van los pájaros. Lo que se ha mirado así, día y día, enamorándolo, nunca se pierde, porque ya está enamorado. Míralo aunque se haya ido. Visto o no visto, contémplalo. El mirar no tiene fin: si ojos hoy se me cerraron cuando te raptó la noche, mañana se me abrirán, cuando el alba te rescate, otros ojos más amantes, para seguirte mirando.
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Variación v
¡Qué pareja tan hermosa esta nuestra, Contemplado! La mirada de mis ojos, y tú, que te estoy mirando. Todo lo que ignoro yo te lo tienes olvidado; y ese cantar que me buscan las horas, sin encontrarlo, de la mañana a la noche, con blanquísimo estribillo, tus olas lo van cantando. Porque estás hecho de siglos me curaste de arrebatos; se aprende a mirar en ti por tus medidas sin cálculo -dos, nada más: día y noche- gozosamente despacio. No quieres tú que te busquen los ojos apresurados, los que te dicen hermoso y luego pasan de largo. No ven. A ti hay que mirarte como te miran los astros, a sus azules mirandas serenamente asomados. Tú, Lazarillo de ojos, llévate a estos míos; guíalos, por la aurora, con espumas, con nubes, por los ocasos; tú solo sabes trazar los caminos de tus ámbitos. Con las señas de la playa, avísales de la tierra, de su sombra, de su engaño. A tu resplandor me entrego, igual que el ciego a la mano; se siente tu claridad hasta en los ojos cerrados, -presencia que no se ve-, acariciando los párpados. Por tanta luz tú no puedes conducir a nada malo. Con mi vista, que te mira, poco te doy, mucho gano. Sale de mis ojos, pobre, se me marcha por tus campos, coge azules, brillos, olas, alegrías, las dádivas de tu espacio. Cuando vuelve, vuelve toda encendida de regalos. Reina se siente; las dichas con que tú la has coronado. ¡De lo claro que lo enseñas qué sencillo es el milagro! Si bien se guarda en los ojos, nunca pasa, lo pasado. ¿Conservar un amor entre unos brazos? No. En el aire de los ojos, entre el vivir y el recuerdo, suelto, flotando, se tiene mejor guardado. Aves de vuelo se vuelan, tarde o temprano. Los ojos son los seguros; de allí no se van los pájaros. Lo que se ha mirado así, día y día, enamorándolo, nunca se pierde, porque ya está enamorado. Míralo aunque se haya ido. Visto o no visto, contémplalo. El mirar no tiene fin: si ojos hoy se me cerraron cuando te raptó la noche, mañana se me abrirán, cuando el alba te rescate, otros ojos más amantes, para seguirte mirando.
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Se me ocurre que vas a llegar distinta no exactamente más linda ni más fuerte                        ni más dócil                                            ni más cauta tan sólo que vas a llegar distinta como si esta temporada de no verme te hubiera sorprendido a vos también quizá porque sabes como te pienso y te enumero despues de todo la nostalgia existe aunque no lloremos en los andenes fantasmales ni sobre las almohadas de candor ni bajo el cielo opaco yo nostalgio tú nostalgias y como me revienta que él nostalgie tu rostro es la vanguardia tal vez llega primero porque lo pinto en las paredes con trazos invisibles y seguros no olvides que tu rostro me mira como pueblo sonríe y rabia y canta como pueblo y eso te da una lumbre                                         inapagable ahora no tengo dudas vas a llegar distinta y con señales con nuevas                    con hondura                                         con franqueza sé que voy a quererte         sin preguntas sé que vas a quererme         sin respuestas.
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Bienvenida
Viene, se sienta entre nosotros, y nadie sabe quién será, ni por qué cuando dice nubes nos llenamos de eternidad.Nos habla con palabras graves y se desprenden al hablar de su cabeza secas hojas que en el viento vienen y van.Jugamos con su barba fría. Nos deja frutos. Torna a andar con pasos lentos y seguros como si no tuviera edad.Él se despide. ¡Adiós! Nosotros sentimos ganas de llorar.
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Caballero de otoño
No sé hasta dónde irán los pacificadores con su ruido metálico de paz pero hay ciertos corredores de seguros que ya colocan pólizas contra la pacificación y hay quienes reclaman la pena del garrote para los que no quieren ser pacificados cuando los pacificadores apuntan por supuesto tiran a pacificar y a veces hasta pacifican dos pájaros de un tiro es claro que siempre hay algún necio que se niega a ser pacificado por la espalda o algún estúpido que resiste la pacificación a fuego lento en realidad somos un país tan peculiar que quien pacifique a los pacificadores un buen pacificador será.
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Oda a la pacificación
Não vou ser demasiado massador na introdução e basicamente falarei dos encargos de uma família típica portuguesa, composta por um casal com um filho. Rendimento médio ordenado mínimo 580€ mês cada membro do casal, que corresponde em 14 meses a quantia de 16240€. No entanto pensando naquilo que é viver com as mínimas condições de dignidade despende-se anualmente: - Água 15€ mês ×12= 180€; - Luz 40€ mês ×12=480€; - Gás 25€ mês ×12=300€; - Renda de casa 200€ mês ×12=2400€; - Empréstimo de carro 150€ mês ×12=1800€; - Seguro carro ao ano 200€; - Manutenção carro, imposto, muda 4 pneus e revisão com inspecção: 500€; - Gasóleo 1 depósito mês 1,46€ L ×50L=73€×12=876€; - Escola (180€) mês ×12= 2160€; - roupa pra três media mensal cada 27,7€ da ao ano: 1000€; - Alimentação de casal e filho mês 250€ ×12=3000€; - Saúde entre seguros, consultas e medicação 1100€ ano para os 3. - Extravagância do casa 4 cafés diários caseiros 0,30€ cada café ×31 dias×12 meses= 446,4€ Totalizando anualmente um encargo de 14442,60€; Sobra em dinheiro líquido 1797.4€ que no orçamento familiar representam a cada um dos três membros valor de margem poupança 49,927€ mês, há taxa diária de 1,61€ para cada. Com todo este dinheiro cada família portuguesa que está em situação idêntica este rendimento exuberante permite-lhe disfrutar de uma vida folgada de 8 horas de trabalho diário, para poder viver em dignidade mínima. Permite-lhe ainda disfrutar de excelentes instâncias turísticas, boa gastronomia, bem como um SPA relaxante. Esses bons samaritanos que todos os dias nas TV pedem metade do que resta a cada Português para extravagância própria, pedindo só 0,70€ por chamada, metade do resíduo do vencimento sobrante diário, que façam a real caridade e deixem de enganar o povo Português e doem cada um que la trabalhe, 500€ mês e sortêm pelos pobres portugueses que miseravelmente vivem, e que são enxovalhados diariamente em tantas bocas televisivas. Isso é boa fé e caridade. Obrigado
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Dec 16, 2020
Dec 16, 2020 at 3:06 AM UTC
Poesia e Turismo Português
Não vou ser demasiado massador na introdução e basicamente falarei dos encargos de uma família típica portuguesa, composta por um casal com um filho. Rendimento médio ordenado mínimo 580€ mês cada membro do casal, que corresponde em 14 meses a quantia de 16240€. No entanto pensando naquilo que é viver com as mínimas condições de dignidade despende-se anualmente: - Água 15€ mês ×12= 180€; - Luz 40€ mês ×12=480€; - Gás 25€ mês ×12=300€; - Renda de casa 200€ mês ×12=2400€; - Empréstimo de carro 150€ mês ×12=1800€; - Seguro carro ao ano 200€; - Manutenção carro, imposto, muda 4 pneus e revisão com inspecção: 500€; - Gasóleo 1 depósito mês 1,46€ L ×50L=73€×12=876€; - Escola (180€) mês ×12= 2160€; - roupa pra três media mensal cada 27,7€ da ao ano: 1000€; - Alimentação de casal e filho mês 250€ ×12=3000€; - Saúde entre seguros, consultas e medicação 1100€ ano para os 3. - Extravagância do casa 4 cafés diários caseiros 0,30€ cada café ×31 dias×12 meses= 446,4€ Totalizando anualmente um encargo de 14442,60€; Sobra em dinheiro líquido 1797.4€ que no orçamento familiar representam a cada um dos três membros valor de margem poupança 49,927€ mês, há taxa diária de 1,61€ para cada. Com todo este dinheiro cada família portuguesa que está em situação idêntica este rendimento exuberante permite-lhe disfrutar de uma vida folgada de 8 horas de trabalho diário, para poder viver em dignidade mínima. Permite-lhe ainda disfrutar de excelentes instâncias turísticas, boa gastronomia, bem como um SPA relaxante. Esses bons samaritanos que todos os dias nas TV pedem metade do que resta a cada Português para extravagância própria, pedindo só 0,70€ por chamada, metade do resíduo do vencimento sobrante diário, que façam a real caridade e deixem de enganar o povo Português e doem cada um que la trabalhe, 500€ mês e sortêm pelos pobres portugueses que miseravelmente vivem, e que são enxovalhados diariamente em tantas bocas televisivas. Isso é boa fé e caridade. Obrigado
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A qué mirar, a qué permanecer seguros de que todo que es así, seguirá siendo... Jamás pudo ser de otra forma, compacto y duro, este -perfecto en su cadencia- mundo. Preferible es no ver. Meter las manos en un oscuro panorama, y no saber qué es esto que aferramos, en un puro afán de incertidumbre, de mentira. Porque la verdad duele. Y lo único que te agradezco ya es que me engañes una vez más...                                   -«Te quiero mucho...»
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A qué mirar, a qué permanecer
Pobres poetas a quienes la vida y la muerte persiguieron con la misma tenacidad sombría y luego son cubiertos por impasible pompa entregados al rito y al diente funerario. Ellos -oscuros como piedrecitas- ahora detrás de los caballos arrogantes, tendidos van, gobernados al fin por los intrusos, entre los edecanes, a dormir sin silencio. Antes y ya seguros de que está muerto el muerto hacen de las exequias un festín miserable con pavos, puercos y otros oradores. Acecharon su muerte y entonces la ofendieron: sólo porque su boca está cerrada y ya no puede contestar su canto.
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Soneto lix
Nuestro conferenciante de esta noche es de aquellos que nunca necesitan presentación o panegírico quién no conoce al huésped de la sombra al utilero del ambage antítesis del roble vanguardia del abismo aureola del escombro a nadie se le oculta su residual prosapia su matizada colección de ascos sus cenizos e inválidos ayeres su comprensión de pedernal quién no se ha desvelado con sus vergüenzas de coyote su infidelario de alto vuelo su cadalso para desvalidos cómo no recordar sus cilicios de aliento sus calofríos de confortación sus puños de consuelo el tiempo pasará como un despojo mas no podrá con sus estigmas de leyenda con sus tenazas más tenaces o su taller de cicatrices esta tribuna se honra hoy con las primicias de un tribuno a quien serenos prometemos seguros consecuentes austeros prometemos que no habrá amnesia no habrá amnesia.
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Presentación