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"sediento" poems
Soy huellas que no secan en el vacío interminable de tu pecho como marca hecha en desiertos por el cadáver sediento de tu cuerpo Soy un jugador con sonrisa de plata que se burla a escondidas, y se cree ganador de todo lo perdido aceptando el trofeo en secreto sabiendo que ha hecho bien en romper silencios, cadenas, el alma, y ha hecho jirones la camisa de un amante, en busca del elixir divino Soy quien encontró ambrosía en labios rosas como almohadas celestiales que bajan a su encuentro entre noches perdidas, secretas, sedientas Soy quien ríe al último con honestidad y el alma limpia pues no tengo nada que perder ya que he dado todo y regresó en migajas en platos rotos y en realidades que no concuerdan con los sueños y no me arrepiento de nada la historia me absuelve como algún matón cubano dijo alguna vez en algún lugar pues todos los asesinos tienen su razón justificada.
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May 7, 2014
May 7, 2014 at 3:57 AM UTC
Plenitud secreta
Yo canto al cielo porque mis linfas ignoradas hacen que fructifiquen las savias; las llanadas, los sotos y las lomas por mí tienen frescura. Nadie me mira, nadie; más mi corriente obscura se regocija luego que viene primavera, porque si dentro hay sombras, hay muchos tallos fuera. Los gérmenes conocen mi beso cuando anidan Bajo la tierra, y luego que son flores me olvidan. Lejos de sus raíces las corolas felices no se acuerdan del agua que regó sus raíces... ¡Qué importa! Yo alabanzas digo a Dios con voz suave. La flor no sabe nada, ¡pero el Señor sí sabe! Yo canto a Dios corriendo por mi ignoto sendero, dichosa de antemano; porqué seré venero ante la vara mágica de Moisés; porque un día vendrán las caravanas hacia la linfa mía; porque mis aguas dulces, mientras que la sed matan, el rostro beatífico del sediento retratan sobre el fondo del cielo que los cristales yerra; porque copiando el cielo lo traslado a la tierra, y así el creyente triste, que el él su dicha fragua, bebe, al beberme, el cielo que palpita en mi agua, y como en ese cielo brillan estrellas bellas, el hombre que me bebe comulga con estrellas. Yo alabo al Señor bueno porque, con la infinita pedrería que encuentro de fuegos policromos, forjó en las misteriosas grutas la estalactita, pórtico del alcázar de ensueño de los gnomos; porque en oculto seno de la caverna umbría doy de beber al monstruo que tiene miedo al día. ¡Qué importa que mi vida bajo la tierra acabe! Los hombres no lo saben, pero Dios si lo sabe. Así me dijo el Agua que discurre por los antros, y yo: -¡Agua hermana, bendigamos a Dios!
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El agua que corre bajo la tierra
Yo canto al cielo porque mis linfas ignoradas hacen que fructifiquen las savias; las llanadas, los sotos y las lomas por mí tienen frescura. Nadie me mira, nadie; más mi corriente obscura se regocija luego que viene primavera, porque si dentro hay sombras, hay muchos tallos fuera. Los gérmenes conocen mi beso cuando anidan Bajo la tierra, y luego que son flores me olvidan. Lejos de sus raíces las corolas felices no se acuerdan del agua que regó sus raíces... ¡Qué importa! Yo alabanzas digo a Dios con voz suave. La flor no sabe nada, ¡pero el Señor sí sabe! Yo canto a Dios corriendo por mi ignoto sendero, dichosa de antemano; porqué seré venero ante la vara mágica de Moisés; porque un día vendrán las caravanas hacia la linfa mía; porque mis aguas dulces, mientras que la sed matan, el rostro beatífico del sediento retratan sobre el fondo del cielo que los cristales yerra; porque copiando el cielo lo traslado a la tierra, y así el creyente triste, que el él su dicha fragua, bebe, al beberme, el cielo que palpita en mi agua, y como en ese cielo brillan estrellas bellas, el hombre que me bebe comulga con estrellas. Yo alabo al Señor bueno porque, con la infinita pedrería que encuentro de fuegos policromos, forjó en las misteriosas grutas la estalactita, pórtico del alcázar de ensueño de los gnomos; porque en oculto seno de la caverna umbría doy de beber al monstruo que tiene miedo al día. ¡Qué importa que mi vida bajo la tierra acabe! Los hombres no lo saben, pero Dios si lo sabe. Así me dijo el Agua que discurre por los antros, y yo: -¡Agua hermana, bendigamos a Dios!
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Puedes irte y no importa, pues te quedas conmigo como queda un perfume donde había una flor. Tú sabes que te quiero, pero no te lo digo; y yo sé que eres mía, sin ser mío tu amor. La vida nos acerca y la vez nos separa, como el día y la noche en el amanecer... Mi corazón sediento ansía tu agua clara, pero es un agua ajena que no debo beber... Por eso puedes irte, porque, aunque no te sigo, nunca te vas del todo, como una cicatriz; y mi alma es como un surco cuando se corta el trigo, pues al perder la espiga retiene la raíz. Tu amor es como un río, que parece más hondo, inexplicablemente, cuando el agua se va. Y yo estoy en la orilla, pero mirando al fondo, pues tu amor y la muerte tienen un más allá. Para un deseo así, toda la vida es poca; toda la vida es poca para un ensueño así... Pensando en ti, esta noche, yo besaré otra boca; y tú estarás con otro... ¡pero pensando en mí!
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Poema del amor ajeno
Yo no te conocía, tierra; con los ojos inertes, la mano aleteante, lloré todo ciego bajo tu verde sonrisa, aunque, alentar juvenil, sintiera a veces un tumulto sediento de postrarse, como huracán henchido aquí en el pecho; ignorándote, tierra mía, ignorando tu alentar, huracán o tumulto, idénticos en esta melancólica burbuja que yo soy a quien tu voz de acero inspirara un menudo vivir. Bien sé ahora que tú eres quien me dicta esta forma y este ansia; sé al fin que el mar esbelto, la enamorada luz, los niños sonrientes, no son sino tú misma; que los vivos, los muertos, el placer y la pena, la soledad, la amistad, la miseria, el poderoso estúpido, el hombre enamorado, el canalla, son tan dignos de mí como de ellos yo lo soy; mis brazos, tierra, son ya más anchos, ágiles, para llevar tu afán que nada satisface. El amor no tiene esta o aquella forma, no puede detenerse en criatura alguna; todas son por igual viles y soñadoras. Placer que nunca muere beso que nunca muere, sólo en ti misma encuentro, tierra mía. Nimbos de juventud, cabellos rubios o sombríos, rizosos o lánguidos como una primavera, sobre cuerpos cobrizos, sobre radiantes cuerpos que tanto he amado inútilmente, no es en vosotros donde la vida está, sino en la tierra, en la tierra que aguarda, aguarda siempre con sus labios tendidos, con sus brazos abiertos. Dejadme, dejadme abarcar, ver unos instantes este mundo divino que ahora es mío, mío como lo soy yo mismo, como lo fueron otros cuerpos que estrecharon mis brazos, como la arena, que al besarla los labios finge otros labios, dúctiles al deseo, hasta que el viento lleva sus mentirosos átomos. Como la arena, tierra, como la arena misma, la caricia es mentira, el amor es mentira, la amistad es mentira. Tú sola quedas con el deseo, con este deseo que aparenta ser mío y ni siquiera es mío, sino el deseo de todos, malvados, inocentes, enamorados o canallas. Tierra, tierra y deseo. Una forma perdida.
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Los fantasmas del deseo
Yo no te conocía, tierra; con los ojos inertes, la mano aleteante, lloré todo ciego bajo tu verde sonrisa, aunque, alentar juvenil, sintiera a veces un tumulto sediento de postrarse, como huracán henchido aquí en el pecho; ignorándote, tierra mía, ignorando tu alentar, huracán o tumulto, idénticos en esta melancólica burbuja que yo soy a quien tu voz de acero inspirara un menudo vivir. Bien sé ahora que tú eres quien me dicta esta forma y este ansia; sé al fin que el mar esbelto, la enamorada luz, los niños sonrientes, no son sino tú misma; que los vivos, los muertos, el placer y la pena, la soledad, la amistad, la miseria, el poderoso estúpido, el hombre enamorado, el canalla, son tan dignos de mí como de ellos yo lo soy; mis brazos, tierra, son ya más anchos, ágiles, para llevar tu afán que nada satisface. El amor no tiene esta o aquella forma, no puede detenerse en criatura alguna; todas son por igual viles y soñadoras. Placer que nunca muere beso que nunca muere, sólo en ti misma encuentro, tierra mía. Nimbos de juventud, cabellos rubios o sombríos, rizosos o lánguidos como una primavera, sobre cuerpos cobrizos, sobre radiantes cuerpos que tanto he amado inútilmente, no es en vosotros donde la vida está, sino en la tierra, en la tierra que aguarda, aguarda siempre con sus labios tendidos, con sus brazos abiertos. Dejadme, dejadme abarcar, ver unos instantes este mundo divino que ahora es mío, mío como lo soy yo mismo, como lo fueron otros cuerpos que estrecharon mis brazos, como la arena, que al besarla los labios finge otros labios, dúctiles al deseo, hasta que el viento lleva sus mentirosos átomos. Como la arena, tierra, como la arena misma, la caricia es mentira, el amor es mentira, la amistad es mentira. Tú sola quedas con el deseo, con este deseo que aparenta ser mío y ni siquiera es mío, sino el deseo de todos, malvados, inocentes, enamorados o canallas. Tierra, tierra y deseo. Una forma perdida.
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Ella no fue, entre todas, la más bella, pero me dio el amor más hondo y largo. Otras me amaron más; y, sin embargo, a ninguna la quise como a ella. Acaso fue porque la amé de lejos, como una estrella desde mi ventana... 1 Y la estrella que brilla más lejana nos parece que tiene más reflejos. Tuve su amor como una cosa ajena como una playa cada vez más sola, que únicamente guarda de la ola una humedad de sal sobre la arena. Ella estuvo en mis brazos sin ser mía, como el agua en cántaro sediento, como un perfume que se fue en el viento y que vuelve en el viento todavía. Me penetró su sed insatisfecha como un arado sobre llanura, abriendo en su fugaz desgarradura la esperanza feliz de la cosecha. Ella fue lo cercano en lo remoto, pero llenaba todo lo vacío, como el viento en las velas del navío, como la luz en el espejo roto. Por eso aún pienso en la mujer aquella, la que me dio el amor más hondo y largo... Nunca fue mía. No era la más bella. Otras me amaron más... Y, sin embargo, a ninguna la quise como a ella.
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Canción del amor lejano
En crespa tempestad del oro undoso Nada golfos de luz ardiente y pura Mi corazón, sediento de hermosura, Si el cabello deslazas generoso. Leandro, en mar de fuego proceloso, Su amor ostenta, su vivir apura; Ícaro, en senda de oro mal segura, Arde sus alas por morir glorioso. Con pretensión de Fénix encendidas Sus esperanzas, que difuntas lloro, Intenta que su muerte engendre vidas. Avaro y rico y pobre, en el tesoro El castigo y la hambre imita a Midas, Tántalo en fugitiva fuente de oro.
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Afectos varios de su corazón, fluctuando en las ondas de los cabellos de lisi
Sol de siesta en toda la campiña verde... Rezonga una noria no sé dónde. Muerde un ave la calma que da el aura reina. Bajo unos perales, una vaca peina con su sonrosada lengua, la testuz de otra, que masticas hierba con pajuz. Frente de una olmeda blanca de palomas un pruno destila transparentes gomas. Baten los trigales rúbeos ababoles. Alcahaces abiertos son de verderoles los chinescos huertos colmados de nieves de azahares de luna, como esquilas breves, donde son badajos de mieles bermejas millones zumbantes de áticas abejas. Arde el polvo fino de un recto camino al pie de una sierra como un torbellino de piedra. En el agua de un turbio arroyuelo del sol perseguido y ungido del cielo, abrevo el sediento y dócil hatajo. Luego, silencioso, lo pongo debajo de las sombras móviles de un cañar umbrío... Soledad de sendas... Clarid de un río... Llevo hasta mi labio mi fresca siringa: de armoniosa música la siesta se pringa. Mas me canso del pagano instrumento. y echado en el césped, cara al firmamento que parece un amplio e inflamado horno, el sueño buscando, la mirada entorno. ...Entre los follajes, a los que se acopla, el dios Pan. Su grato caramillo sopla...
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Placidez
Ha enmudecido el campo, presintiendo la lluvia. Reaparece en la tierra su primer abandono. La alegría del cielo se desconsuela a veces, sobre un pastor sediento. Cuando la lluvia llama se remueven los muertos. La tierra se hace un hoyo removido, oloroso. Los árboles exhalan su último olor profundo despuestos a morirse. Bajo la lluevia adquiere la voz de los relojes la gravedad, la angustia de la posstrera hora. Reviven las heridas visibles y las otras que sangran hacia dentro. Todo se hace entrañable, reconcentrado, íntimo. Como bajo el subsuelo, bajo el signo lluvioso. Todo, todo parece desear ahora la paz definitiva. Llueve como una sangre transparente, hechizada. Me siento traspasado por la humedad del suelo Que habrá de sujetarme para siempre a la sombra, para siempre a la lluvia. El cielo se desangra pausadamente herido. El verde intensifica la penumbra en las hojas. Los troncos y los muertos se oscurecen aún más por la pasión del agua. Y retoñan las cartas viejas en los rincones que olvido bajo el sol. Los besos de anteayer, las maderas más viejas y resecas, los muertos retoñan cuando llueve. Bodegas, pozos, almas, saben a más hundidos. Inundas, casi sepultados, mis sentimientos, tú, que, brumosa, inmóvil pareces el fantasma de tu fotografía. Música de la lluvia, de la muerte, del sueño, ............................................. Todos los animales, fatídicos, se inclinan debajo de las gotas. Suena en las hojas secas igual que en las esquinas, suena en el mar la lluvia como en un imposible. Suena dentro del surco como en un vientre seco, seco, sordo, baldío. Suena en las hondonadas en los barrancos: suena como una pasión íntima suicidada o ahogada. Suena como las balas penetrando la carne, como el llanto de todos. Redoblan sus tambores, tañe su flauta lenta, su lagrimosa lengua que lame tercamente. Y siempre suena como sobre los ataúdes, los dolores, la nada.
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(la lluvia)
Ha enmudecido el campo, presintiendo la lluvia. Reaparece en la tierra su primer abandono. La alegría del cielo se desconsuela a veces, sobre un pastor sediento. Cuando la lluvia llama se remueven los muertos. La tierra se hace un hoyo removido, oloroso. Los árboles exhalan su último olor profundo despuestos a morirse. Bajo la lluevia adquiere la voz de los relojes la gravedad, la angustia de la posstrera hora. Reviven las heridas visibles y las otras que sangran hacia dentro. Todo se hace entrañable, reconcentrado, íntimo. Como bajo el subsuelo, bajo el signo lluvioso. Todo, todo parece desear ahora la paz definitiva. Llueve como una sangre transparente, hechizada. Me siento traspasado por la humedad del suelo Que habrá de sujetarme para siempre a la sombra, para siempre a la lluvia. El cielo se desangra pausadamente herido. El verde intensifica la penumbra en las hojas. Los troncos y los muertos se oscurecen aún más por la pasión del agua. Y retoñan las cartas viejas en los rincones que olvido bajo el sol. Los besos de anteayer, las maderas más viejas y resecas, los muertos retoñan cuando llueve. Bodegas, pozos, almas, saben a más hundidos. Inundas, casi sepultados, mis sentimientos, tú, que, brumosa, inmóvil pareces el fantasma de tu fotografía. Música de la lluvia, de la muerte, del sueño, ............................................. Todos los animales, fatídicos, se inclinan debajo de las gotas. Suena en las hojas secas igual que en las esquinas, suena en el mar la lluvia como en un imposible. Suena dentro del surco como en un vientre seco, seco, sordo, baldío. Suena en las hondonadas en los barrancos: suena como una pasión íntima suicidada o ahogada. Suena como las balas penetrando la carne, como el llanto de todos. Redoblan sus tambores, tañe su flauta lenta, su lagrimosa lengua que lame tercamente. Y siempre suena como sobre los ataúdes, los dolores, la nada.
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Sol de siesta en toda la campiña verde... Rezonga una noria no sé dónde. Muerde un cantar la calma que en el aire reina. Bajo unos perales, una vaca peina con su cimbreante lengua la testuz de otra, que mordisca hierba con pajuz. Frente de unos olmos blancos de palomas un pruno destila transparentes gomas. Baten los trigales rúbeos ababoles. Jaulas destapadas son de verderoles los gozosos huertos colmados de nieves de azahares de plata  como esquilas breves, donde son badajos de mieles bermejas millones sonantes  de áticas abejas. Duerme el polvo ardiente de un recto camino. Álzase una sierra como un torbellino. En los correntales de un fino arroyuelo del sol encendido y untado de cielo, abreva  sediento mi pulido atajo. Luego, silencioso, se tiende debajo de las sombras móviles de un cañar umbrío... Soledad de tierras... Claridad de un río... Llevo hasta mis labios mi clara siringa: de armoniosa música la siesta se pringa. Mas presto me canso del tosco instrumento. y echado en el césped, cara al firmamento que parece un ancho e inflamado horno, buscando a Morfeo, la mirada entorno. ...Entre los follajes, a los que se acopla, el dios Pan. Su grato caramillo sopla...
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Siesta
You wait for it but it never comes. Sometimes, you feel like stopping, you feel like giving up. But how can you do that when it’s the only thing you've been wanting all these years? Tengo un corazón sediento. And I want to get drunk.
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Nov 12, 2014
Nov 12, 2014 at 11:18 AM UTC
sediento
Viejo lobo de mar, de sed sorda y violenta: El humo de tu pipa tiene olor a tormenta. Si relatas tus viajes ya nadie te hace caso, porque siempre naufragas en el fondo de un vaso, y cada travesía concluye como empieza: en espuma de mar o espuma de cerveza. Viejo lobo de mar: quédate en tu navío, y escupe hacia la noche tu rencor y tu hastío. La tierra te rechaza, viejo lobo sediento, pues ya, como las velas, perteneces al viento; y la mujer desnuda que adorna tu tatuaje hoy duerme con un hombre que no se va de viaje. El amor es un surco que florece o se cierra, y tú, al vencer el mar, naufragaste en la tierra. No, viejo navegante: quédate en tu navío, y llena de humo amargo tu corazón vacío, y esconde, en una risa de dientes incompletos, la pesadumbre inmensa de tu vejez sin nietos. Vuélvete a tu guarida, lobo de pelo cano, para morir la muerte del que ha vivido en vano; ¡y córtate esa mano que no supo sembrar, porque ya, para siempre, perteneces al mar!
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Viejo lobo de mar
beber de tu fuente, ahogado entre tus ojos tu verdad es la religion de un orate en ciernes beberte lentamente, a tu piel adicto mas alla de pasiones y desdenes, la ferocidad y la ternura el deseo inherente a tus ojos, pegado a mi anquilosado al alma una voz y una vision, en mi oasis de verdades y pesares perdido y encontrado, entre tus manos de artemisa beber de tu fuente, sediento y muriente de tu escensia y como una diosa, yo soy tu ethereo devoto artemisa, que cazaste el alma de leon de un caminante perdido entre becerros, y cazado por la DIOSA a los ojos del padre, y entre sus hijos eres mi artemisa, cazadora de leones entre sueños y visiones, el padre permita y bendiga alejados de mundo, en el reino de los sueños, yacer en tus brazos, sereno en paz alejado de su maldad, perdido en tus ojos grandes, bajo los cielos y frente a la maldad, solo beber de tu fuente mi saciedad y serenidad
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Jun 26, 2017
Jun 26, 2017 at 1:48 AM UTC
la fuente
Canta el pájaro silencioso, con efímero aleteo ladrón del viento, vislumbra entre el pelaje manto de penumbra, abrigo del ser y la finita locura. Húmeda, que cae y no sacia al sediento, que ensucia, y llena de amargura cada poro, lucha con ternura acariciando el frío vidrio, resbala, se escurre al infinito vacío. Animal hambriento sin alma alguna, salvaje rugir que espanta tinieblas, instante trémulo alejado del tiempo, luz fugaz que porta desgracia.
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May 7, 2017
May 7, 2017 at 6:57 PM UTC
Doble sentido
30/11/2016                                                                                                             En algún lado está, En otro yo estoy. Buscaré en cada rincón de la tierra, para su hermosura encontrar. No importa qué tan difícil sea, Que yo por ella la vida diera. La pena, merece ella, Que hasta buscaría por mar y por tierra. Sediento estoy, pero no descansaré. El tiempo se acaba, Y aún no te he encontrado. Caminando por el disierto voy, Pero por un golpe de calor, Ahora desmayado estoy. Yo Soñando escucho un hermoso canto, Y guiándome por el sonido, Sentada en una piedra a lado de un río se encuentra usted. Haciendo reverencia yo le digo: -Oh amada mía, disculpad la molestia Vengo de un lugar muy lejano Que he pasado por bosques, desiertos, Montañas y rios, Por solo encontrar a el bello ser que está en frente mío, Y veo ahora que palabra alguna para describirla no existe. -Pero no todo es perfecto, Ya que lo malo de todo esto, es que solo es un sueño.
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Nov 30, 2016
Nov 30, 2016 at 1:45 AM UTC
Mar y tierra por la doncella.
Qué trampa este crepúsculo qué calma desplomada sobre todo qué simulacro inútil qué sonrojo en paz siguen las nubes cómo quisiera en paz y silenciosa el aire tiene gracia por una vez tangible compartida y nadie está sediento o por lo menos nadie tan sediento como para matar o destrozarse qué trampa esa lejana bocina que se quiebra como un viejo sollozo qué mentira ese tango esa guitarra esa clara desierta inexplicable melancolía de las azoteas qué trampa qué artimaña qué lástima saber que es una trampa.
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La trampa
No le temas a mis aguas, ni a su variante meneo, no le temas cuando se alzan mucho menos cuando calman. No le temas a mis aguas, que a veces fluyen y a veces se estancan, que a veces se limpian, también pueden ensuciarse, Pueden sustentarte o arrasarte, todo depende de cuánto me tientes la naturaleza. No le temas a mis aguas, son pacíficas y a veces violentas, casi siempre son tan dulce como miel, y a veces se mezclan en aguas salineras. No le temas a mis aguas, bebe de ellas con confianza, sacia tu cuerpo sediento en ellas, que mi flora como esponja se infla con tus ganas. Sumérgete en mis aguas, que mis minerales nutrirán tus tierras. No le temas a mis aguas, que te han esperado para que en ellas te empapes, y deposites tu reserva en mi desembocadura. LeydisProse 7/6/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Jul 9, 2017
Jul 9, 2017 at 10:20 AM UTC
NO LE TEMAS A MIS AGUAS
¡Ay del que llega sediento a ver el agua correr, y dice: la sed que siento no me la calma el beber! ¡Ay de quien bebe y, saciada la sed, desprecia la vida: moneda al tahúr prestada, que sea al azar rendida! Del iluso que suspira bajo el orden soberano, y del que sueña la lira pitagórica en su mano. ¡Ay del noble peregrino que se para a meditar, después de largo camino en el horror de llegar! ¡Ay de la melancolía que llorando se consuela, y de la melomanía de un corazón de zarzuela! ¡Ay de nuestro ruiseñor, si en una noche serena se cura del mal de amor que llora y canta sin pena! ¡De los jardines secretos, de los pensiles soñados, y de los sueños poblados de propósitos discretos! ¡Ay del galán sin fortuna que ronda a la luna bella; de cuantos caen de la luna, de cuantos se marchan a ella! ¡De quien el fruto prendido en la rama no alcanzó, de quien el fruto ha mordido y el gusto amargo probó! ¡Y de nuestro amor primero y de su fe mal pagada, y, también, del verdadero amante de nuestra amada!
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Coplas elegíacas
Escondida debajo de tu armada, Gime la mar, la vela llama al viento, Y a las Lunas del Turco el firmamento Eclipse les promete en tu jornada. Quiere en las venas del Inglés tu espada Matar la sed al Español sediento, Y en tus armas el Sol desde su asiento Mira su lumbre en rayos aumentada. Por ventura la Tierra de envidiosa Contra ti arma ejércitos triunfantes, En sus monstruos soberbios poderosa; Que viendo armar de rayos fulminantes, O Júpiter, tu diestra valerosa, Pienso que han vuelto al mundo los Gigantes.
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Al rey felipe iii
Seré benéfica y mínima como la flor de la salvia si tú me dejas seguirte y estar contigo en tu casa. Cuando tú quieras silencio seré silencio yo misma. Haré más lentos mis pulsos, haré callada la risa, ¡y he de ser como una sombra que a tu costado se ovilla! Cuando vuelvas de la calle hastiado, amargo, sediento, como agua clara del río será para ti mi cuerpo. Y almohada de trébol nuevo, mi brazo para tu nuca, sobre tus sienes ardientes, frescas, mis manos desnudas. Deja que sea a tu lado como una sombra ligera, una sombra que tuviese fragancia de madreselva. ¡Sueño ceñirme a tu vida igual que una enredadera!
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Enredadera
En los bosques, perdido, corté una rama oscura y a los labios, sediento, levanté su susurro: era tal vez la voz de la lluvia llorando, una campana rota o un corazón cortado. Algo que desde tan lejos me parecía oculto gravemente, cubierto por la tierra, un grito ensordecido por inmensos otoños, por la entreabierta y húmeda tiniebla de las hojas. Pero allí, despertando de los sueños del bosque, la rama de avellano cantó bajo mi boca y su errabundo olor trepó por mi criterio como si me buscaran de pronto las raíces que abandoné, la tierra perdida con mi infancia, y me detuve herido por el aroma errante.
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Soneto vi
Altos muros del agua, torres altas, aguas de pronto negras contra nada, impenetrables, verdes, grises aguas, aguas de pronto blancas, deslumbradas. Aguas como el principio de las aguas, como el principio mismo antes del agua, las aguas inundadas por el agua, aniquilando lo que finge el agua. El resonante tigre de las aguas, las uñas resonantes de cien tigres, las cien manos del agua, los cien tigres con una sola mano contra nada. Desnudo mar, sediento mar de mares, hondo de estrellas si de espumas alto, prófugo blanco de prisión marina que en estelares límites revienta, ¿qué memorias, qué rocas, yelos, islas, informe confusión de aguas y nada, qué mares, encendidos prisioneros, dentro de ti, bajo tu pecho, cantan? ¿Qué violencias recónditas, qué labios, conmueven a tu piel de verdes llamas?, ¿qué desoladas aguas, costas solas, qué mares invisibles, mar, alías?, ¿dónde principias, mar, dónde te viertes?, ¿dónde principias, tiempo, vida mía, ejército de humo y de mentira, adónde vas, latido, carne, sueño? ¿Dónde te viertes, avidez de nada? No soy la piedra que se precipita, soy su caída, y más, soy el abismo, el círculo de sombra en que se ahonda. Tiempo que se congela, mar y témpano, vampiro de la luna -o se despeña: madre furiosa, inmensa res hendida, mar que te comes vivas las entrañas.
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Mar por la tarde
El ejército se había rebelado y la República estaba en peligro, Pero éramos solo una pequeña ciudad, ¿qué teníamos que ver con esto? Mi padre, Manuel Robles, era un sindicalista. Algunos lo llamaron comunista; solo ahora lo entiendo El ejército tenía una lista de hombres cuya lealtad era sospechosa Y cuando estalló la guerra civil vinieron por ellos directamente. Lo llevaron a él, y a otros, y los alinearon contra una pared. Fue entonces cuando oí la descarga y vi a mi padre caerse. Verificaron su trabajo, no puedo olvidar la cara Del oficial que usó su pistola para dar el golpe de gracia. Apilaron los cadáveres en su camión y, riendo, se alejaron. Todos fueron enterrados en una fosa común para esperar el día del Juicio. Miré con mudo horror el suelo empapado de sangre y sediento y en las marcas de viruela en esa pared causadas por algunas rondas malgastadas. No hubo juez, ni jurado, ni veredicto, ni decreto. Mataron a una docena de hombres desarmados; esa fue su victoria Asesinaron a mi querido padre sin pensarlo dos veces. No iría tan fácilmente; hay otros, también, que lucharon. Ahora Franco tiene mi país y he tenido que huir de España. Mi corazón está con los huesos de mi Padre. Continúo su nombre.
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Aug 10, 2018
Aug 10, 2018 at 11:19 PM UTC
El día en que los fascistas llegaron a la ciudad
El mar, el mar y tú, plural espejo, el mar de torso perezoso y lento nadando por el mar, del mar sediento: el mar que muere y nace en un reflejo. El mar y tú, su mar, el mar espejo: roca que escala el mar con paso lento, pilar de sal que abate el mar sediento, sed y vaivén y apenas un reflejo. De la suma de instantes en que creces, del círculo de imágenes del año, retengo un mes de espumas y de peces, y bajo cielos líquidos de estaño tu cuerpo que en la luz abre bahías al oscuro oleaje de los días.
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Sonetos - ii