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"rozar" poems
Quiero escribirte un millon de versos En todos decirte como te quiero Pero no hay suficiente tinta en el universo Asi que acercate, pegate a mi pecho Acercate, te lo dire con besos Dejare tus labios rotos y desehechos Un frenesi que no conoce frenos Que tu placer rompa el silencio Que en este fuego que tenemos Nuestros cuerpos se derritan enteros En uno solo fundido este nuestro aliento Tomados de la mano, rozar las nubes del cielo Quiero escribirte un millon de versos En todos decirte cuanto te deseo Pero las palabras se la lleva el viento Asi que acercate mas, perderte no quiero
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Aug 27, 2018
Aug 27, 2018 at 12:28 AM UTC
Cada que te veo
but you're lovely, don't ever let the lifeless and thin piece of metal carve and sink in your delicate skin and prickle your eyes with tears of tiredness and so mini circles of blood decorate your surface and I don't want you to give up. (c.r)
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Jul 16, 2013
Jul 16, 2013 at 9:56 AM UTC
rozar
Delinquiría de leso corazón si no anegara con mi idolatría, en lacrimosa ablución, la imagen de la párvula sombría. Retrato para quien mi llanto mana a la una de la mañana, reflejando en su sal, que va sin brida, la minúscula frente desmedida... Cejas, andamio del alcázar del rostro , en las que ondula mi tragedia mimosa, sin la bula para un posible epitalamio... La niña del retrato se puso seria, y se veló su frente, y endureció los dos ojos profundos, como una migajita de otros mundos que caída en brumoso interinato, toda la angustia sublunar presiente. Fiereza desvalida, hecha a mirar el mar... Boca en bisel, como un espejo afable que no hable... Medias de almo color; para que vaya por la cernida arena de la playa... Las deleznables manos, que cavan pozos enanos, son carceleras de los océanos... Linda congoja de la frente linda, la que inerme y tiránica se brinda por modelo de copa y de coyunda y de lira rotunda... Retrato de iniciales sinfonías: tus cinco años son cinco bujías a cuya luz el alma llora; por eso a ti me abro como a la honestidad versicolora de un diminutivo candelabro. Los invisibles hombros, cual quimera en que un genio marítimo retoza, no columbran siquiera la adoración venidera que los ha de rozar, como se roza el codo de una estricta compañera. Párvula del retrato; seriedad prematura; linda congoja de un juego nonato que enfrente del fotógrafo se apura; pelo de enigma, como los edenes enigmáticos desde donde vienes; víspera bella que cantas en la Octava de mi más negra hora: hoy hice un alto por mojar tus plantas con sangre de mis ojos, y miré que salías del óvalo de bruma, como punto final que se incorpora y como duende de relojería, a dar en los relojes de mi fe la campanada de la dicha suma. Niña, venusto manual: yo te leía al borde de una estrella, leyéndote mortífera y vital; y absorto en el primor de la lectura pisé el vacío...                             Y voy en la centella de una nihilista locura.
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La niña del retrato
Delinquiría de leso corazón si no anegara con mi idolatría, en lacrimosa ablución, la imagen de la párvula sombría. Retrato para quien mi llanto mana a la una de la mañana, reflejando en su sal, que va sin brida, la minúscula frente desmedida... Cejas, andamio del alcázar del rostro , en las que ondula mi tragedia mimosa, sin la bula para un posible epitalamio... La niña del retrato se puso seria, y se veló su frente, y endureció los dos ojos profundos, como una migajita de otros mundos que caída en brumoso interinato, toda la angustia sublunar presiente. Fiereza desvalida, hecha a mirar el mar... Boca en bisel, como un espejo afable que no hable... Medias de almo color; para que vaya por la cernida arena de la playa... Las deleznables manos, que cavan pozos enanos, son carceleras de los océanos... Linda congoja de la frente linda, la que inerme y tiránica se brinda por modelo de copa y de coyunda y de lira rotunda... Retrato de iniciales sinfonías: tus cinco años son cinco bujías a cuya luz el alma llora; por eso a ti me abro como a la honestidad versicolora de un diminutivo candelabro. Los invisibles hombros, cual quimera en que un genio marítimo retoza, no columbran siquiera la adoración venidera que los ha de rozar, como se roza el codo de una estricta compañera. Párvula del retrato; seriedad prematura; linda congoja de un juego nonato que enfrente del fotógrafo se apura; pelo de enigma, como los edenes enigmáticos desde donde vienes; víspera bella que cantas en la Octava de mi más negra hora: hoy hice un alto por mojar tus plantas con sangre de mis ojos, y miré que salías del óvalo de bruma, como punto final que se incorpora y como duende de relojería, a dar en los relojes de mi fe la campanada de la dicha suma. Niña, venusto manual: yo te leía al borde de una estrella, leyéndote mortífera y vital; y absorto en el primor de la lectura pisé el vacío...                             Y voy en la centella de una nihilista locura.
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ya te guardé en un lugar seguro  en los bolsillos junto a monedas  en los pies, no es metáfora  se cuando estás cerca lo saben mis pupilas  me delatan, se dilatan  al encontrarse con la imágen tuya con las manos nos entendemos nos saludamos de lejos -Hey  -Hey -¿Estás bien?  -Aha  (No estaba bien)  -¿A dónde van?  -A comprar dulces -¿Quieres un tambor?  -Okay  - Tengo que irme, tengo clase.    Mi maestro se parece a Milhouse Al despedirnos,  me abrazas como si supieras  que algo se está deshaciendo  como una bola de estambre en mi interior se hace pedazos al ritmo del reloj  hay agua en algún lugar cálido de tus ojos me quedo quieta para no arruinarlo  y dejar que se arruine solo  es una causa perdida  esto de sentir  he decidido regalarte  otro pedazo de papel ésta vez con tinta negra y palabras mías la vez pasada te dibuje con el sol en los ojos una ofrenda a la nébula de tus mejillas que tanto me gusta que veas cuanto me gustas y que es una causa perdida esto de escribir no iré a la escuela mañana  es miercoles,  el peor día de la semana  ombligo odioso  me da miedo entregarte esto  Los dias, los meses  copias fotoestáticas  deja te describo un jueves que es como todos los jueves mes tras mes días malos  independientes a ti  implícitos en ti y tu mirada cuando hablamos y me siento contenta cuando te veo y me siento peor porque es una causa perdida  esto de existir el otro día había música y supe por alguna razón  que iba a voltear y estarías ahi  y sí estabas ahí de hecho estabas ahí como si me esperaras  aunque se que no me esperabas  al despedirnos  me das un beso de esos que son al aire que se dan a nadie  se cae al suelo sin recibirse  al rozar mi mejilla con tu barba
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Mar 18, 2018
Mar 18, 2018 at 6:36 AM UTC
cuando te encuentro
ya te guardé en un lugar seguro  en los bolsillos junto a monedas  en los pies, no es metáfora  se cuando estás cerca lo saben mis pupilas  me delatan, se dilatan  al encontrarse con la imágen tuya con las manos nos entendemos nos saludamos de lejos -Hey  -Hey -¿Estás bien?  -Aha  (No estaba bien)  -¿A dónde van?  -A comprar dulces -¿Quieres un tambor?  -Okay  - Tengo que irme, tengo clase.    Mi maestro se parece a Milhouse Al despedirnos,  me abrazas como si supieras  que algo se está deshaciendo  como una bola de estambre en mi interior se hace pedazos al ritmo del reloj  hay agua en algún lugar cálido de tus ojos me quedo quieta para no arruinarlo  y dejar que se arruine solo  es una causa perdida  esto de sentir  he decidido regalarte  otro pedazo de papel ésta vez con tinta negra y palabras mías la vez pasada te dibuje con el sol en los ojos una ofrenda a la nébula de tus mejillas que tanto me gusta que veas cuanto me gustas y que es una causa perdida esto de escribir no iré a la escuela mañana  es miercoles,  el peor día de la semana  ombligo odioso  me da miedo entregarte esto  Los dias, los meses  copias fotoestáticas  deja te describo un jueves que es como todos los jueves mes tras mes días malos  independientes a ti  implícitos en ti y tu mirada cuando hablamos y me siento contenta cuando te veo y me siento peor porque es una causa perdida  esto de existir el otro día había música y supe por alguna razón  que iba a voltear y estarías ahi  y sí estabas ahí de hecho estabas ahí como si me esperaras  aunque se que no me esperabas  al despedirnos  me das un beso de esos que son al aire que se dan a nadie  se cae al suelo sin recibirse  al rozar mi mejilla con tu barba
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Yo sé bien que te acercas. (He oído a mi espalda rozar sordamente la hierba. Parece que rompes la luz a tu paso). Yo sé bien que te acercas. Yo sé bien que tú solo entre todos podrías así demostrarnos que has vuelto. Aunque te estés preguntando por qué no te miro a los ojos. Acaso te creas que he muerto una noche en que tú todavía no habías dejado tu reino. Yo sé bien que te acercas. Debía salirte al encuentro, preguntarte si vienes cansado del largo camino... Pero yo estoy mirando en las aguas el cielo, ya roto, mi imagen, ya rota, y temo que tú, así, comprendas que es rotos como hay que mirarnos, huyendo en el tiempo, cayendo a otras manos que no son las nuestras, para ver la alegría madura y saber que el destino se cumple. Yo sé bien que te acercas. A mi espalda te siento y no quiero mirarte. Yo no quiero que puedas saber por mis ojos el hondo secreto. yo no quiero que pierdas la mágica luz que has traído a la tierra, aquel grave ademán que tenías allí (¡cuando yo estaba allí!), aquel sueño constante que daba misterio a tu gesto y que hoy mismo te envuelve y anuncia aunque estés muy distante. Yo sé bien que te acercas y no quiero mirarte. Porque temo que tú no comprendas y me llames igual que lo hacías apagando la brisa y el mar en tu reino lejano.
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El recién llegado
Por la sierra, una tarde, pasaba el Campeador. El sol despertaba su flamígera flor, y bruñía la púrpura de su esplendor postrero en la resplandeciente coraza del guerrero. El oro lo cubría de la frente a los pies: su escarcela era de oro, y era de oro su arnés, y un rubí granadino de adorno en la visera, resplancedía menos que su mirada fiera. Soberbiamente erguido con marcial bizarría, no encontrando adversarios ¡con el Sol se batía! Los pastores en lo alto de las altas montañas, al ver pasar al héroe de las rudas hazañas envuelto en su leyenda de osadía y estrago, entre sí murmuraban: "Es el Cid, o es Santiago". Pues con el fanatismo que infunde la victoria unían los dos nombres en una misma gloria. Así, lento, magnífico, arrogante y severo, iba por los caminos el radiante viajero, cuando oyó que del fondo de un barranco surgía la ronca y débil súplica de una voz de agonía. Y allí, tendido en tierra, vio un monstruo repugnante de agarrotadas manos y roído semblante: Un leproso.                   De súbito, el corcel de Rodrigo se encabritó: Tan sórdido y horrible era el mendigo, que temió el noble bruto contaminar sus cascos con rozar solamente aquel montón de ascos. Con un gesto magnánino, el guerrero español, inclinado su bélico penacho tornasol, le ofrece al miserable todo lo que le queda: una moneda de oro y un ademán de seda. Y entonces, al llameante resplandor del ocaso, con incrédulos ojos y vacilante paso, aquella gusanera viviente se incorpora, y cae de rodillas pesadamente, y llora.... Allí, en aquel oscuro recodo del camino, lo maldijo una anciana, lo apedreó un campesino, le fue negada el agua, le fue negado el pan, y soportó en silencio la injuria y el desmán; y ahora un caballero de luciente armadura caritativamente consuela su amargura sin temer el contagio de su inmunda dolencia, y le ofrece a sus llagas una flor de clemencia. Y el monstruo, en un impulso brutalmente sincero, posa sus labios pútridos sobre el guante de acero. El paladín lo mira sin desdén, sin temor, sin cólera: ¡Por algo es el Cid Campeador! Inmóvil y benigno en su dádiva inmensa, el gran Rodrigo Díaz de Vivar algo piensa: ¿Qué sentimientos laten bajo su coraza? De repente, con suave firmeza, lo rechaza; contempla largamente aquel escombro humano, se arranca el guantelete... ¡y le tiende la mano!
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El cid
Por la sierra, una tarde, pasaba el Campeador. El sol despertaba su flamígera flor, y bruñía la púrpura de su esplendor postrero en la resplandeciente coraza del guerrero. El oro lo cubría de la frente a los pies: su escarcela era de oro, y era de oro su arnés, y un rubí granadino de adorno en la visera, resplancedía menos que su mirada fiera. Soberbiamente erguido con marcial bizarría, no encontrando adversarios ¡con el Sol se batía! Los pastores en lo alto de las altas montañas, al ver pasar al héroe de las rudas hazañas envuelto en su leyenda de osadía y estrago, entre sí murmuraban: "Es el Cid, o es Santiago". Pues con el fanatismo que infunde la victoria unían los dos nombres en una misma gloria. Así, lento, magnífico, arrogante y severo, iba por los caminos el radiante viajero, cuando oyó que del fondo de un barranco surgía la ronca y débil súplica de una voz de agonía. Y allí, tendido en tierra, vio un monstruo repugnante de agarrotadas manos y roído semblante: Un leproso.                   De súbito, el corcel de Rodrigo se encabritó: Tan sórdido y horrible era el mendigo, que temió el noble bruto contaminar sus cascos con rozar solamente aquel montón de ascos. Con un gesto magnánino, el guerrero español, inclinado su bélico penacho tornasol, le ofrece al miserable todo lo que le queda: una moneda de oro y un ademán de seda. Y entonces, al llameante resplandor del ocaso, con incrédulos ojos y vacilante paso, aquella gusanera viviente se incorpora, y cae de rodillas pesadamente, y llora.... Allí, en aquel oscuro recodo del camino, lo maldijo una anciana, lo apedreó un campesino, le fue negada el agua, le fue negado el pan, y soportó en silencio la injuria y el desmán; y ahora un caballero de luciente armadura caritativamente consuela su amargura sin temer el contagio de su inmunda dolencia, y le ofrece a sus llagas una flor de clemencia. Y el monstruo, en un impulso brutalmente sincero, posa sus labios pútridos sobre el guante de acero. El paladín lo mira sin desdén, sin temor, sin cólera: ¡Por algo es el Cid Campeador! Inmóvil y benigno en su dádiva inmensa, el gran Rodrigo Díaz de Vivar algo piensa: ¿Qué sentimientos laten bajo su coraza? De repente, con suave firmeza, lo rechaza; contempla largamente aquel escombro humano, se arranca el guantelete... ¡y le tiende la mano!
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53
Ben Adhem (que su tribu florezca eternamente!) Dormía, cuando un hálido vino a rozar su frente, y despertó. Su alcoba brillaba con un rayo de la luna; brisa de la noche de Mayo traía de los valles el olor de las flores, y un ángel vio, las sienes ceñidas de fulgores, que en un libro escribía. Ben Adhem, con rudeza, dijo el ángel: «¿Qué escribes?». Levantó la cabeza la visión, y en acento de indecible dulzura que llegó a sus oídos como voz de la altura, «Los nombres de los que aman al Señor», le responde. Y con acento trémulo, que la ansiedad esconde, Velado por las lágrimas, al ángel preguntó: «¿Has escrito mi nombre?» Y el ángel dijo: «¡No!» Ben Adhem habló entonces con voces suplicantes: «Pon mi nombre como uno que ama a sus semejantes». Un nombre escribió el ángel.                                       A la noche siguiente volvió a la alcoba, en medio de luz resplandeciente, y le mostró las páginas en donde están escritos los escogidos nombres, por el Señor benditos. Ben Adhem, de rodillas, cayó ante el mensajero, porque vio que su nombre llenaba el libro entero.
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Ben adhem y el ángel
Yes, I have a poisonous tongue, full of poison, I want to inject into your mouth, and little by little, poison your body with manic passion. My tongue wants to slither into your insides and strangle you desire with my sweet saliva... and yes, it is true, my saliva is addictive toxicity! You will want to be with me, for the rest of your life. Let me shed the dead skin against yours, let me swallow you with joy. Let me hiss you in the ears, until you reach your rapturous destination. Let me warm up your blood as I glide into your soul, filling you with deranged frenzy. I want to rattle my tail to the beat of delirium, while my pernicious tongue, tattoos your body, with the ink of my verses, Enthrall you with passion, thwart your boredom, love you like no one, has ever imagined. I want to undulate into your soul and nest and dwell in you…forever. Make this love, a bubble of passion, desquamating the dead skin, each and every morning. ******************************************************************************************************************************************************** Si tengo una lengua ponzoñosa, llena de veneno que quiero inyectar en tu boca, y poco a poco, emponzoñar tu cuerpo de manía y pasión. Mi lengua quiere deslizarme en tus adentros, estrangularte de deseo, con mi dulce saliva…..y sí, es cierto, mi saliva es ¡tóxicamente adictiva! Puedes acostumbrarte a mí por toda tu vida. Déjame rozar contra tu piel, la piel vieja que quiere brotar de mí, Déjame engullirte de gozo. sisearte en el oído hasta alcanzar tu destino. Calentarte la sangre, mientras en ti, me deslizo, llenándote de desquiciado arrobamiento. Quiero cascabelearte moviendo mi cola al compás del delirio, y, con mi lengua perniciosa, tatuar tu cuerpo, con la tinta de mis versos, Embelesarte de pasión, Pasmarte el aburrimiento, Amarte como nadie lo ha hecho. Arrastrarme hasta tu alma y anidar en ti y habitar en ti, eternamente. Hacer de este amor, un nido de pasión. Y desprendernos la piel muerta, en el roció de la mañana. LeydisProse 7/18/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Jul 24, 2017
Jul 24, 2017 at 2:47 PM UTC
Rattlesnake /CASCABEL
Yes, I have a poisonous tongue, full of poison, I want to inject into your mouth, and little by little, poison your body with manic passion. My tongue wants to slither into your insides and strangle you desire with my sweet saliva... and yes, it is true, my saliva is addictive toxicity! You will want to be with me, for the rest of your life. Let me shed the dead skin against yours, let me swallow you with joy. Let me hiss you in the ears, until you reach your rapturous destination. Let me warm up your blood as I glide into your soul, filling you with deranged frenzy. I want to rattle my tail to the beat of delirium, while my pernicious tongue, tattoos your body, with the ink of my verses, Enthrall you with passion, thwart your boredom, love you like no one, has ever imagined. I want to undulate into your soul and nest and dwell in you…forever. Make this love, a bubble of passion, desquamating the dead skin, each and every morning. ******************************************************************************************************************************************************** Si tengo una lengua ponzoñosa, llena de veneno que quiero inyectar en tu boca, y poco a poco, emponzoñar tu cuerpo de manía y pasión. Mi lengua quiere deslizarme en tus adentros, estrangularte de deseo, con mi dulce saliva…..y sí, es cierto, mi saliva es ¡tóxicamente adictiva! Puedes acostumbrarte a mí por toda tu vida. Déjame rozar contra tu piel, la piel vieja que quiere brotar de mí, Déjame engullirte de gozo. sisearte en el oído hasta alcanzar tu destino. Calentarte la sangre, mientras en ti, me deslizo, llenándote de desquiciado arrobamiento. Quiero cascabelearte moviendo mi cola al compás del delirio, y, con mi lengua perniciosa, tatuar tu cuerpo, con la tinta de mis versos, Embelesarte de pasión, Pasmarte el aburrimiento, Amarte como nadie lo ha hecho. Arrastrarme hasta tu alma y anidar en ti y habitar en ti, eternamente. Hacer de este amor, un nido de pasión. Y desprendernos la piel muerta, en el roció de la mañana. LeydisProse 7/18/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Debe el beso venir desde la hondura de una cabeza baja y atraída en la penumbra gris desvanecida mientras un viento vuele de frescura. Boca entreabierta, elástica, madura, que en el atardecer se haga una herida. Toda ella roja de profunda vida con un signo mortal: la dentadura. Verlo avanzar después muy lentamente como un ascua encendida o roja estrella y detenerlo, ay, súbitamente. Contemplarlo en deliquio y miel de abeja, huir la boca por rozar la frente y a ella volver para morir en ella.
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Contemplación del beso
Todas las madrugadas me pregunto: ¿Cuándo veré estallar el volcán de tu pecho? ¿Arderán mis labios al rozar tu cuerpo? El silencio llano de la Luna me responde… en su brillo se reflejan tus ojos, y de la noche emerge tu silueta: Llueves, sopla el vértigo de tu caída, eres una nube de agua que inunda mi memoria, y al amanecer, has partido
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May 5, 2021
May 5, 2021 at 8:08 AM UTC
Silencios llanos