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"rosados" poems
Se paraba la rueda de la noche...                             Vagos ánjeles malvas apagaban las verdes estrellas. Una cinta tranquila de suaves violetas abrazaba amorosa a la pálida tierra. Suspiraban las flores al salir de su ensueño, embriagando el rocío de esencias. Y en la fresca orilla de helechos rosados, como dos almas perlas, descansaban dormidas nuestras dos inocencias -¡oh que abrazo tan blanco y tan puro!- de retorno a las tierras eternas.
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Alba
Sí, yo amaba lo azul con ardimiento: las montañas excelsas, los sutiles crespones de zafir del firmamento, el piélago sin fin, cuyo lamento arrulló mis ensueños juveniles. Callaba mi laúd cuando despliega cada estrella purísima su broche, el universo en la quietud navega, y la luna, hoz de plata, surge y siega el haz d'espesas sombras de la noche. Cantaba, si l'aurora descorría en el Oriente sus rosados velos, si el aljófar al campo descendía, y el sol, urna de oro que se abría, inundaba de luz todos los cielos. Mas hoy amo la noche, la galana, de dulce majestad, horas tranquilas y solemnes, la nubia soberana, la d'espléndida pompa americana: ¡la noche tropical de tus pupilas! Hoy esquivo del alba los sonrojos, su saeta de oro me maltrata, y el corazón, sin pena y sin enojos, tan sólo ante lo ***** de tus ojos como el iris del búho se dilata. ¿Qu'encanto hubiera semejante al tuyo, oh, noche mía? ¡Tu beldad me asombra! Yo, qu'esplendores matutinos huyo, ¡dejo el alma que agite, cual cocuyo, sus alas coruscantes en tu sombra! Si siempre he de sentir esa mirada fija en mi rostro, poderosa y tierna, ¡adiós, por siempre adiós, rubia alborada!; doncella de la veste sonrosada: ¡que reine en mi redor la noche eterna! ¡Oh, noche! Ven a mí llena d'encanto; mientras con vuelo misterioso avanzas, nada más para ti será mi canto, y en los brunos repliegues de tu manto, su cáliz abrirán mis esperanzas...
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Perlas negras - xxix
De la ciudad moruna tras las murallas viejas, yo contemplo la tarde silenciosa, a solas con mi sombra y con mi pena.   El río va corriendo, entre sombrías huertas y grises olivares, por los alegres campos de Baeza   Tienen las vides pámpanos dorados sobre las rojas cepas. Guadalquivir, como un alfanje roto y disperso, reluce y espejea.   Lejos, los montes duermen envueltos en la niebla, niebla de otoño, maternal; descansan las rudas moles de su ser de piedra en esta tibia tarde de noviembre, tarde piadosa, cárdena y violeta.   El viento ha sacudido los mustios olmos de la carretera, levantando en rosados torbellinos el polvo de la tierra. La luna está subiendo amoratada, jadeante y llena.   Los caminitos blancos se cruzan y se alejan, buscando los dispersos caseríos del valle y de la sierra. Caminos de los campos... ¡Ay, ya, no puedo caminar con ella!
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Caminos
Los ranchos dorados cercados de cardos; chanchos en las calles; una rueda de carreta junto a un rancho, un excusado en el patio, una muchacha llenando su tinaja, y el Momotombo azul, detrás de los alegres calzones colgados amarillos, blancos, rosados.
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Acuarela
En un rincón del salón crepuscular O al volver una esquina en la hora indecisa y blasfema, O una mañana parecida a un navío atado al horizonte, O en Morelia, bajo los arcos rosados del antiguo acueducto, Ni desdeñosa ni entregada, centelleas. El telón de este mundo se abre en dos. Cesa la vieja oposición entre verdad y fábula, Apariencia y realidad celebran al fin sus bodas, Sobre las cenizas de las mentirosas evidencias Se levanta una columna de seda y electricidad, Un pausado chorro de belleza. Tú sonríes, arma blanca a medias desenvainada. Niegas al sueño en pleno sueño, Desmientes al tacto y a los ojos en pleno día. Tú existes de otro modo que nosotros, No eres la vida pero tampoco la muerte. Tú nada más estás, Nada más fulges, engastada en la noche.
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Hermosura que vuelve
Si me preguntas de cómo fue el comienzo de cuando todo acabó no solo te contaré la historia, te contaré mis sentimientos, te contaré como se sentía mi corazón, la manera en la que mi cerebro reaccióno... o tal vez no lo hizo porque a pesar de tanto tiempo aún no lo podía creer. No podía creer que te habías ido y esta vez para siempre. No podía creer que esa había sido la última vez que iba a ver tu linda carita, que iba a ser la última vez que iba a tomar tu mano, que iba a ser la última vez que te iba a besar esos labios rosados, que iba a ser la última vez que me recostaba en tu pecho cálido que iba ser la última vez que veía esos pequeños ojitos que una vez consolé de tanto que lloraron, esos lindos ojitos que alguna vez me miraron con tanto amor. Esa iba ser nuestro último momento juntos, el último aliento que ibamos a compartir. Todo teminó. Mi mente aún no comprende por qué lo hiciste, tal vez esa es tu manera de ser, empujar a los que te aman poco a poco por ¿egoísmo, diversión, placer? no lo sé. Nunca lo sabré porque nunca te voy a entender. Y está bien.
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Aug 1, 2017
Aug 1, 2017 at 7:52 PM UTC
La última vez
Tu boca jugosa y fragante. Su risa coqueta reía. Tan fresca la risa fluía, que su agua la fuente sonante por ti detenía... Tu boca reía... tu boca, que tiene humedad de ambrosía, que tanto promete y provoca: Tu boca de miel y armonía, reía... Y vino una abeja dorada, de mieles ansiosa, y quiso, creyéndola rosa, posarse en tu boca encarnada, fragante y jugosa... Y en tanto la abeja volaba buscando la miel de la rosa, riendo una risa nerviosa, tu boca el ataque esquivaba medrosa... Tu boca reía y gemía de angustia. La abeja de oro, en pos de la rosa que huía, ritmaba su vuelo sonoro. Y, al cabo, la abeja posóse en tu boca riente: Tu risa fue grito doliente, fue queja... Decidme, señora, si es justa la cólera vuestra; decir si merezco esta adusta mirada que ira demuestra. Al ver vuestro aprieto, un instante, quedóse mi mente perpleja: ¡No había manera galante de darle muerte a la abeja! Verdad que os besé; pero en eso no hay sombra de culpa: Matar una abeja de un beso, tal beso disculpa. No fue, mi señora, osadía, besar vuestros labios, rosados: La abeja me hirió en su agonía: Miradme los labios hinchados. Cierto es que bendigo a la abeja traidora, mas, ved cuánto sufro, en castigo de haberos besado, señora. Reíd vuestra risa nerviosa, reíd vuestra risa coqueta; que ría la boca jugosa, que ría la húmeda rosa que adora el poeta... Reíd y pensad un instante si el beso una injuria refleja: ¿Había otro modo galante de darle muerte a la abeja?
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La abeja
Tu boca jugosa y fragante. Su risa coqueta reía. Tan fresca la risa fluía, que su agua la fuente sonante por ti detenía... Tu boca reía... tu boca, que tiene humedad de ambrosía, que tanto promete y provoca: Tu boca de miel y armonía, reía... Y vino una abeja dorada, de mieles ansiosa, y quiso, creyéndola rosa, posarse en tu boca encarnada, fragante y jugosa... Y en tanto la abeja volaba buscando la miel de la rosa, riendo una risa nerviosa, tu boca el ataque esquivaba medrosa... Tu boca reía y gemía de angustia. La abeja de oro, en pos de la rosa que huía, ritmaba su vuelo sonoro. Y, al cabo, la abeja posóse en tu boca riente: Tu risa fue grito doliente, fue queja... Decidme, señora, si es justa la cólera vuestra; decir si merezco esta adusta mirada que ira demuestra. Al ver vuestro aprieto, un instante, quedóse mi mente perpleja: ¡No había manera galante de darle muerte a la abeja! Verdad que os besé; pero en eso no hay sombra de culpa: Matar una abeja de un beso, tal beso disculpa. No fue, mi señora, osadía, besar vuestros labios, rosados: La abeja me hirió en su agonía: Miradme los labios hinchados. Cierto es que bendigo a la abeja traidora, mas, ved cuánto sufro, en castigo de haberos besado, señora. Reíd vuestra risa nerviosa, reíd vuestra risa coqueta; que ría la boca jugosa, que ría la húmeda rosa que adora el poeta... Reíd y pensad un instante si el beso una injuria refleja: ¿Había otro modo galante de darle muerte a la abeja?
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Me pareço com uma videira alaranjada, Eu sou tudo,  eu sou nada. Folhas que escrevi por amor, Rosados os olhos cheios de solidão, Seja eu comboio , seja flor, A primeira ou última estação. Eu sou como as estações do ano, Doce, calmo sem ser sereno. A vitalidade do cair da folha sem querer, Deixar de ser Verão ao amanhecer. Queria ser Outono rapidamente, Para ser vida ser semente. Com o Outono tudo parace querer morrer, Com a Primavera tudo quer nascer...! No Inverno com o lagarto a hibernar, Sol de Verão que parece escaldar. Parece que os ciclos estão comprometidos Com os amores, com os sonhos vividos. Estações do ano que tudo consagrais, Os rios, os mares, os salgueirais. Movimentos acelarados do universo eu quero agradecer, Pelo mundo , pela vida, pela existência do meu ser.
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Sep 22, 2022
Sep 22, 2022 at 6:20 AM UTC
Eu sou como as estações
Cuando volví a encontrarla después de tantos días, Trémula, abandonando la mano entre las mías, «¡Mírame!», dijo triste, presa de honda emoción. ¡Oh, cómo estaba pálida y mortalmente bella! ¡Cuál brillaban sus ojos!... Y al acercarme a ella Sentí de amor y susto temblar su corazón. Y miraba sus labios, otro tiempo rosados, Y sus ojos azules, por la fiebre agrandados, Sus ojos donde ardía celeste claridad. Una sonrisa vaga sus labios entreabría, Y con profundo acento de honda melancolía Me dijo: «Cuán cambiada me encuentras. ¿No es verdad?» Y al mirar su sonrisa, su faz enflaquecida, Olvidé las torturas con que amargó mi vida, Y todos sus crueles desvíos olvidé, Y las ardientes lágrimas que derramé en la ausencia, Cuando en sombrías noches, de horror y de demencia, Al verme triste y solo cual réprobo grité. ¡Todo estaba olvidado, porque la vi tan triste, Tan pálida y enferma!... ¿Qué corazón resiste A la piedad? ¿Quién queda tranquilo ante el dolor? Y la tomé en los brazos con loco desvarío, Y la cubrí de besos y la llamé ¡bien mío! Como en los bellos días de nuestro antiguo amor. Y de esa hora triste en la quietud serena, Cuando la luz celeste de aurora ultraterrena En sus azules ojos veíase irradiar, Comprendiendo, angustiada, que malgastó su vida, Y de mi amor por ella ya tarde convencida, «¡Si lo hubiera sabido!», dijo, y rompió a llorar. «¡Si lo hubiera sabido!»... la palabra postrera De toda vida... Y esa palabra tan sincera, Que salió de tu alma -de tu amor expiación-, Viene desde el pasado, viene siempre a mi vida, A evocar tu recuerdo y a hacer sangrar la herida De que no ha de curarse jamás mi corazón.
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El adiós
Cuando volví a encontrarla después de tantos días, Trémula, abandonando la mano entre las mías, «¡Mírame!», dijo triste, presa de honda emoción. ¡Oh, cómo estaba pálida y mortalmente bella! ¡Cuál brillaban sus ojos!... Y al acercarme a ella Sentí de amor y susto temblar su corazón. Y miraba sus labios, otro tiempo rosados, Y sus ojos azules, por la fiebre agrandados, Sus ojos donde ardía celeste claridad. Una sonrisa vaga sus labios entreabría, Y con profundo acento de honda melancolía Me dijo: «Cuán cambiada me encuentras. ¿No es verdad?» Y al mirar su sonrisa, su faz enflaquecida, Olvidé las torturas con que amargó mi vida, Y todos sus crueles desvíos olvidé, Y las ardientes lágrimas que derramé en la ausencia, Cuando en sombrías noches, de horror y de demencia, Al verme triste y solo cual réprobo grité. ¡Todo estaba olvidado, porque la vi tan triste, Tan pálida y enferma!... ¿Qué corazón resiste A la piedad? ¿Quién queda tranquilo ante el dolor? Y la tomé en los brazos con loco desvarío, Y la cubrí de besos y la llamé ¡bien mío! Como en los bellos días de nuestro antiguo amor. Y de esa hora triste en la quietud serena, Cuando la luz celeste de aurora ultraterrena En sus azules ojos veíase irradiar, Comprendiendo, angustiada, que malgastó su vida, Y de mi amor por ella ya tarde convencida, «¡Si lo hubiera sabido!», dijo, y rompió a llorar. «¡Si lo hubiera sabido!»... la palabra postrera De toda vida... Y esa palabra tan sincera, Que salió de tu alma -de tu amor expiación-, Viene desde el pasado, viene siempre a mi vida, A evocar tu recuerdo y a hacer sangrar la herida De que no ha de curarse jamás mi corazón.
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Com mais sangue nos nossos vasos, Lábios cheios e rosados, O coração quer bater mais forte, Por destino ou sorte. A voz tudo seduz, Parace ser tudo luz. Corrente sempre ligada, Vida bela e apaixonada. A distância um local incerto, O amor está sempre perto. Parece que existe música suave, Sorriso que nunca acabe. Os níveis altos de dopamina, Te ajudam e tudo anima. Se cria um desejo intenso, Ao toque do amor e do vento. Parece nascer flores nos caminhos , Ser se ave para fazer ninhos, Borboletas no estômago amolecem, Pétalas molhadas permanecem. Queremos a felicidade de alguém, Sem prejuízo do nosso bem. Anseiar pela presença desenfreada, Suspiro ao acordar com a madrugada. Victor Marques
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Jul 6, 2022
Jul 6, 2022 at 2:22 PM UTC
Quando amamos alguém
Hoy he pasado por un camino triste Donde sólo cantan los sapos y los grillos. Es un camino estéril, reseco, sin orillos De lodo, y que no viste Reborde de cicutas ni de cardos. Me asaltó la garganta un sabor de ceniza. Medrosa, entre mis labios se agazapó la risa. Vi mis dedos rosados como diez huesos pardos, Untados de penumbra, de humedad y de tierra. Y cual si me golpearan las manos del espanto, Huí de aquel camino largo del camposanto Mientras el sol de azufre se acostaba en la sierra.
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El camino del camposanto
Tal vez sea imposible no amarte, imposible no quererte luego de que hayas demostrado ser una persona que también siente. Imposible no caer ante esa sonrisa que nubla mi razón. Inevitable no mirar tus bonitos ojos que brillan y llenan mi corazón. No me olvido de tus cachetes regordetes, tan rosados y tan sobresalientes, similares a dos perlas resplandecientes. Tal vez te amo por tu dulce voz al cantar o tus delicados movimientos al bailar que recuerdan a olas del mar bajo el alba. Quizás por tus palabras que llegan a simular un abrazo a mi alma. Es increíble todo lo que causas en mí con solo existir. Es verdaderamente impresionante que sea imposible no amarte.
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Sep 14, 2024
Sep 14, 2024 at 7:08 AM UTC
Imposible no amarte
Cumplo a mediodía con el buen precepto de oír misa entera los domingos, y a estas misas cenitales concurres tú, agudo perfil; cabellera tormentosa, nuca morena, ojos fijos; boca flexible, ávida de lo concienzudo, hecha para dar los besos prolijos y articular la sílaba lenta de un minucioso idilio, y también para persuadir a un agonizante a que diga amén. Figura cortante y esbelta, escapada de una asamblea de oblongos vitrales o de la redoma de un alquimista: ignoras que en estas misas cenitales, al ver, con zozobra, tus ojos nublados en una secuencia de Evangelio, estuve cerca de tu llanto con una solícita condescendencia; y tampoco sabes que eres un peligro armonioso para mi filosofía petulante... Como los dedos rosados de un párvulo para la torre baldía de naipes o dados.
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Boca flexible, ávida