"repetidas" poems
A veces me siento
como un águila en el aire
(de una
canción de Pablo Milanés)
Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas
unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano
a veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas
pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces
sereno en mi confianza
confiado en que una tarde
te acerques y te mires
te mires al mirarme.
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Con las primeras luces de la aurora
viene el lechero a la contigua casa.
Se acercan tintineando las esquilas
de un par de vacas con sus ternerillos
y un ruido seco, familiar, menudo,
hacen contra la piedra las pezuñas.
Con tanta claridad veo la escena
como si fuera de cristal mi cuarto.
Llega el lechero y su impaciente dedo
oprime el timbre repetidas veces.
De pronto siento sobre mi cabeza
en el piso de arriba caer dos pies:
Dos pies desnudos, firmes, decididos,
que al arrojarse de la cama al suelo
subir han hecho por las finas piernas
un estremecimiento delicioso.
Es Amarilis, la mayor, que tiene
nombre de hierbas, para mi alegría.
Apartando las crías, implacable,
ha empezado a ordeñar el de la boina.
El hilo blanco de la henchida ubre
a la vasija de metal apunta
y al rebotar en el estrecho fondo
levanta un eco cantarín que luego
al crecer de la espuma se ensordece.
Ya baja apresurada la escalera,
frotándose los ojos, mi vecina.
Debe estar hermosa con el pelo
todo aplastado aún de la almohada
y con las leves ropas del estío
puestas, al despertar, de cualquier forma.
No atina a abrir la complicada puerta,
tiene las manos flojas, como torpes,
de ese segundo sueño que persiste
por la mañana en los dormidos miembros.
Oigo un doble ¡buen día! Y a la jarra
que presenta Amarilis, el buen vasco
trasiega poco a poco el dulce líquido
mientras envuelve a la turbada niña
en un mirar jocundo y prolongado.
Se oye de nuevo el tintinear de plata
y el ruido de pezuñas que se aleja.
Sube Amarilis diligentemente
a hervir la leche para sus hermanos.
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El metal animado,
a quien mano atrevida, industrïosa,
secretamente ha dado
vida aparente en máquina preciosa,
organizando atento
sonora voz a docto movimiento;
en quien, desconocido
espíritu secreto, brevemente
en un orbe ceñido,
muestra el camino de la luz ardiente,
y con rueda importuna
los trabajos del sol y de la luna,
y entre ocasos y auroras
las peregrinaciones de las horas;
máquina en que el artífice, que pudo
contar pasos al sol, horas al día,
mostró más providencia que osadía,
fabricando en metal disimuladas
advertencias sonoras repetidas,
pocas veces creídas,
muchas veces contadas;
tú, que estás muy preciado
de tener el más cierto, el más limado,
con diferente oído,
atiende a su intención y a su sonido.
La hora irrevocable que dio, llora;
prevén la que ha de dar; y la que cuentas,
lógrala bien, que en una misma hora
te creces y te ausentas.
Si le llevas curioso,
atiéndele prudente,
que los blasones de la edad desmiente;
y en traje de reloj llevas contigo,
del mayor enemigo,
espía desvelada y elegante,
a ti tan semejante,
que, presumiendo de abreviar ligera
la vida al sol, al cielo la carrera,
fundas toda esta máquina admirada
en una cuerda enferma y delicada,
que, como la salud en el más sano,
se gasta con sus ruedas y su mano.
Estima sus recuerdos,
teme sus desengaños,
pues ejecuta plazos de los años,
y en él te da secreto,
a cada sol que pasa, a cada rayo,
la muerte un contador, el tiempo un ayo.
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Después de tantos ratos mal gastados,
tantas obscuras noches mal dormidas;
después de tantas quejas repetidas,
tantos suspiros tristes derramados;
Después de tantos gustos mal logrados
y tantas Justas penas merecidas;
después de tantas lágrimas perdidas
y tantos pasos sin concierto dados,
Sólo se queda entre las manos mías
de un engaño tan vil conocimiento,
acompañado de esperanzas frías.
Y vengo a conocer que en el contento
del mundo, compra el Alma en tales días,
con gran trabajo, su arrepentimiento.
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