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"renace" poems
Cierra los ojos y a oscuras piérdete bajo el follaje rojo de tus párpados. Húndete en esas espirales del sonido que zumba y cae y suena allá, remoto, hacia el sitio del tímpano, como una catarata ensordecida. Hunde tu ser a oscuras, anégate en tu piel, y más, en tus entrañas ; que te deslumbre y ciegue el hueso, lívida centella, y entre simas y golfos de tiniebla abra su azul penacho el fuego fatuo. En esa sombra líquida del sueño moja tu desnudez; abandona tu forma, espuma que no se sabe quién dejó en la orilla; piérdete en ti, infinita, en tu infinito ser, mar que se pierde en otro mar: olvídate y olvídame. En ese olvido sin edad ni fondo labios, besos, amor, todo, renace: las estrellas son hijas de la noche.
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Olvido
Vuelve a la noche, racimo de horas sombrías; córtalo, come el fruto de tiniebla, saborea la ignorancia Con orgullo de árbol plantado de pleno torbellino te desvistes                       con el gesto del agua saltando de la peña abandonas tus cuerpos con los pasos sonámbulos del viento te arrojas en el lecho con los ojos cerrados buscas tu más antigua desnudez Caigo en ti con la ciega caída de la ola tu cuerpo me sostiene como la ola que renace el viento sopla afuera y reúne las aguas todos los bosques son un solo árbol Navega la ciudad en plena noche tierra y cielo y marea que no cesa los elementos enlazados tejen la vestidura de un día desconocido Desierto inmenso y fuente secreta balanza del silencio y árbol de gemidos cuerpo que se despliega como la vela cuerpo que se repliega como la brasa corazón que desgajo de la noche escorpión que se clava en mi pecho sello de sangre sobre mis años de hombre (Hago lo que dices) Con un Sí la lámpara que te guía a la entrada del sueño Con un No la balanza que pesa la falacia y la verdad del deseo Con un Ay el hueso floreciendo para atravesar la muerte (Hoy, siempre hoy) Hablas (se oyen muchas lluvias) no sé lo que dices (una mano amarilla nos sostiene) Callas (nacen muchos pájaros) no sé adónde estamos (un alveolo escarlata nos encierra) Ríes (las piernas del río se cubren de hojas) no sé adónde vamos (hoy es ya mañana en mitad de la noche)           Hoy que se abre y se cierra           nunca se mueve y no se detiene           corazón que nunca se apaga           Hoy (un pájaro se posa           en una torre de granito)           Siempre es mediodía
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Vaivén
Vuelve a la noche, racimo de horas sombrías; córtalo, come el fruto de tiniebla, saborea la ignorancia Con orgullo de árbol plantado de pleno torbellino te desvistes                       con el gesto del agua saltando de la peña abandonas tus cuerpos con los pasos sonámbulos del viento te arrojas en el lecho con los ojos cerrados buscas tu más antigua desnudez Caigo en ti con la ciega caída de la ola tu cuerpo me sostiene como la ola que renace el viento sopla afuera y reúne las aguas todos los bosques son un solo árbol Navega la ciudad en plena noche tierra y cielo y marea que no cesa los elementos enlazados tejen la vestidura de un día desconocido Desierto inmenso y fuente secreta balanza del silencio y árbol de gemidos cuerpo que se despliega como la vela cuerpo que se repliega como la brasa corazón que desgajo de la noche escorpión que se clava en mi pecho sello de sangre sobre mis años de hombre (Hago lo que dices) Con un Sí la lámpara que te guía a la entrada del sueño Con un No la balanza que pesa la falacia y la verdad del deseo Con un Ay el hueso floreciendo para atravesar la muerte (Hoy, siempre hoy) Hablas (se oyen muchas lluvias) no sé lo que dices (una mano amarilla nos sostiene) Callas (nacen muchos pájaros) no sé adónde estamos (un alveolo escarlata nos encierra) Ríes (las piernas del río se cubren de hojas) no sé adónde vamos (hoy es ya mañana en mitad de la noche)           Hoy que se abre y se cierra           nunca se mueve y no se detiene           corazón que nunca se apaga           Hoy (un pájaro se posa           en una torre de granito)           Siempre es mediodía
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Donde quiera en las noches se abrirá una ventana o una puerta cualquiera de una calle lejana, no importa dónde ni cuándo, puede ser donde quiera: ni menos en otoño, ni más en primavera. Y hoy igual que mañana, mañana igual que ayer, un hombre enloquecido, besará una mujer. Tal vez nadie lo sepa; como tal vez un día todos irán sabiendo lo que nadie sabía. Y para los amantes, su amor desesperado, podrá ser un delito, pero nunca un pecado. Por eso el amor pasa por las calles desiertas, y es como un viento loco que quiere abrir las puertas Bien saben los amantes que hay caricias que son; no una simple caricia, sino una posesión. Y que un beso, uno sólo, puede más que el olvido, si se juntan dos bocas en un beso prohibido. ¡No! Un gran amor no es grande por lo mucho que dura si se parece a un árbol reseco en la llanura. Y los amantes saben que sin querer siquiera, hay un amor que crece como una enredadera. Es natural que el agua de un estanque sombrío, sueñe en sus largas noches con el sueño de un río. Y si por algo es triste la lluvia que no llueve, será porque es la lluvia condenada a ser nieve. Es natural que un día comprendan los amantes que no hay nunca sin siempre, que no hay después sin antes. Y así brota en el alma la rebelión de un sueño, que es como un perro arisco que le gruñe a su dueño. El amor... Esa estrella de una sombra infinita, aunque muera cien veces, cien veces resucita. Y suele ser un niño de manos milagrosas, que rompe las cadenas y hace nacer las rosas. Ya no habrá días turbios. Ya no habrá noches malas, si hay un amor secreto que nos presta sus alas. Y el corazón renace con renovada fe, igual que los rosales, que no saben por qué. Donde quiera, en las noches, puede abrirse una puerta, pero... tan suavemente, que nadie se despierta. Puede ser en otoño. Puede ser en verano, tanto un amor tardío como un amor temprano. Una mujer, un hombre y un oscuro aposento: Y allá afuera, en la calle, sigue pasando el viento. Y si en la noche hay algo queriendo amanecer es simplemente un hombre, que besa a una mujer.
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Canción de los amantes
Donde quiera en las noches se abrirá una ventana o una puerta cualquiera de una calle lejana, no importa dónde ni cuándo, puede ser donde quiera: ni menos en otoño, ni más en primavera. Y hoy igual que mañana, mañana igual que ayer, un hombre enloquecido, besará una mujer. Tal vez nadie lo sepa; como tal vez un día todos irán sabiendo lo que nadie sabía. Y para los amantes, su amor desesperado, podrá ser un delito, pero nunca un pecado. Por eso el amor pasa por las calles desiertas, y es como un viento loco que quiere abrir las puertas Bien saben los amantes que hay caricias que son; no una simple caricia, sino una posesión. Y que un beso, uno sólo, puede más que el olvido, si se juntan dos bocas en un beso prohibido. ¡No! Un gran amor no es grande por lo mucho que dura si se parece a un árbol reseco en la llanura. Y los amantes saben que sin querer siquiera, hay un amor que crece como una enredadera. Es natural que el agua de un estanque sombrío, sueñe en sus largas noches con el sueño de un río. Y si por algo es triste la lluvia que no llueve, será porque es la lluvia condenada a ser nieve. Es natural que un día comprendan los amantes que no hay nunca sin siempre, que no hay después sin antes. Y así brota en el alma la rebelión de un sueño, que es como un perro arisco que le gruñe a su dueño. El amor... Esa estrella de una sombra infinita, aunque muera cien veces, cien veces resucita. Y suele ser un niño de manos milagrosas, que rompe las cadenas y hace nacer las rosas. Ya no habrá días turbios. Ya no habrá noches malas, si hay un amor secreto que nos presta sus alas. Y el corazón renace con renovada fe, igual que los rosales, que no saben por qué. Donde quiera, en las noches, puede abrirse una puerta, pero... tan suavemente, que nadie se despierta. Puede ser en otoño. Puede ser en verano, tanto un amor tardío como un amor temprano. Una mujer, un hombre y un oscuro aposento: Y allá afuera, en la calle, sigue pasando el viento. Y si en la noche hay algo queriendo amanecer es simplemente un hombre, que besa a una mujer.
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En el hondo silencio de la noche serena se dilata un lejano perfume de azucena, y aquí, bajo los dedos de seda de la brisa, mi corazón se ensancha como en una sonrisa... Y yo sé que el silencio tiene un ritmo profundo donde palpita un eco del corazón del mundo, un corazón inmenso que late no sé dónde, pero que oye el latido del mío, y me responde... El corazón que sientes latir en derredor, es un eco del tuyo, que palpita de amor. El corazón del mundo no es ilusorio: Existe. Pero, para escucharlo, es preciso estar triste; triste de esa tristeza que no tiene motivo, en esta lenta muerte del dolor de estar vivo. La vida es un rosal cuando el alma se alegra, pero, cuando está triste, da una cosecha negra. El amor es un río de luz entre la sombra, y santifica el labio pecador que lo nombra. Sólo el amor nos salva de esta gran pesadumbre, levantando el abismo para trocarlo en cumbre. Sólo el amor nos salva del dolor de la vida, como una flor que nace de una rama caída; pues si la primavera da verdor a la rama, el corazón se llena de aroma, cuando ama. Amar es triste a veces, más triste todavía que no amar. El amor no siempre es alegría. Tal vez, por eso mismo, es eterno el amor: porque, al dejarnos tristes, hace dulce el dolor. Amar es la tristeza de aprender a morir. Amar es renacer. No amar, es no vivir. El amor es a veces lo mismo que una herida, y esa herida nos duele para toda la vida. Si cierras esa herida tu vida queda muerta. Por eso, sonriendo, haz que siempre esté abierta; y si un día ella sola se cierra de repente, tú, con tus propias manos, ábrela nuevamente. Desdichada alegría que nace del dolor. De un dolor de la rama también nace la flor. Pero de esa flor efímera, como todas, se mustia, y la rama se queda contraída de angustia. Cada hoja que cae deja el sitio a otra hoja, y así el amor -resumen de toda paradoja- renace en cada muerte con vida duradera; porque decir amor, es decir primavera. Primavera del alma, primavera florecida que deja un misterioso perfume en nuestra vida. Primavera del alma, de perpetuo esplendor, que convierte en sonrisa la mueca del dolor. Primavera de ensueño que nos traza un camino en la intrinca selva donde acecha el destino. Primavera que canta si el huracán la azota y que da nuevo aliento tras de cada derrota. Primavera magnánima, cuyo verdor feliz rejuvenece el árbol seco hasta la raíz... Amor es la ley divina de plenitud humana; dolor que hoy nos agobia y añoramos mañana... Eso es amor, y amando, también la vida es eso: ¡Dos almas que se duermen a la sombra de beso!
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Dúo de amor
En el hondo silencio de la noche serena se dilata un lejano perfume de azucena, y aquí, bajo los dedos de seda de la brisa, mi corazón se ensancha como en una sonrisa... Y yo sé que el silencio tiene un ritmo profundo donde palpita un eco del corazón del mundo, un corazón inmenso que late no sé dónde, pero que oye el latido del mío, y me responde... El corazón que sientes latir en derredor, es un eco del tuyo, que palpita de amor. El corazón del mundo no es ilusorio: Existe. Pero, para escucharlo, es preciso estar triste; triste de esa tristeza que no tiene motivo, en esta lenta muerte del dolor de estar vivo. La vida es un rosal cuando el alma se alegra, pero, cuando está triste, da una cosecha negra. El amor es un río de luz entre la sombra, y santifica el labio pecador que lo nombra. Sólo el amor nos salva de esta gran pesadumbre, levantando el abismo para trocarlo en cumbre. Sólo el amor nos salva del dolor de la vida, como una flor que nace de una rama caída; pues si la primavera da verdor a la rama, el corazón se llena de aroma, cuando ama. Amar es triste a veces, más triste todavía que no amar. El amor no siempre es alegría. Tal vez, por eso mismo, es eterno el amor: porque, al dejarnos tristes, hace dulce el dolor. Amar es la tristeza de aprender a morir. Amar es renacer. No amar, es no vivir. El amor es a veces lo mismo que una herida, y esa herida nos duele para toda la vida. Si cierras esa herida tu vida queda muerta. Por eso, sonriendo, haz que siempre esté abierta; y si un día ella sola se cierra de repente, tú, con tus propias manos, ábrela nuevamente. Desdichada alegría que nace del dolor. De un dolor de la rama también nace la flor. Pero de esa flor efímera, como todas, se mustia, y la rama se queda contraída de angustia. Cada hoja que cae deja el sitio a otra hoja, y así el amor -resumen de toda paradoja- renace en cada muerte con vida duradera; porque decir amor, es decir primavera. Primavera del alma, primavera florecida que deja un misterioso perfume en nuestra vida. Primavera del alma, de perpetuo esplendor, que convierte en sonrisa la mueca del dolor. Primavera de ensueño que nos traza un camino en la intrinca selva donde acecha el destino. Primavera que canta si el huracán la azota y que da nuevo aliento tras de cada derrota. Primavera magnánima, cuyo verdor feliz rejuvenece el árbol seco hasta la raíz... Amor es la ley divina de plenitud humana; dolor que hoy nos agobia y añoramos mañana... Eso es amor, y amando, también la vida es eso: ¡Dos almas que se duermen a la sombra de beso!
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Si la caída te quiebra, no es por derrota: el espíritu es libre, resurge y celebra. Más allá de la muerte, la eternidad es posible. Como llama encendida, tu alma es invencible. Ningún espíritu es vencido: resiste y renace. Ningún espíritu es vencido, si cree en lo que hace. Y ante cada batalla, ante cada muralla, ante cada victoria, y ante cada gloria, el alma guerrera es fuego activo, fuerte y verdadero, eterno, constante. Ningún espíritu es vencido: insiste y renace. Ningún espíritu es vencido, si cree en lo que hace. Cincelado en roca viva, firme, inalterable, tallas y esculpes, sumas y sigues. El alma no se quiebra ante las adversidades. Naciste hecho en fuego, con fuerza y claridad. Tallado paso a paso, luchador incansable, la noche no te frenó: el dolor fue tu clave. Ningún espíritu es vencido: insiste y renace. ¡Jamás serás vencido, si crees en lo que haces! ¡Jamás serás vencido, si crees en lo que haces!
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Sep 7, 2025
Sep 7, 2025 at 12:43 AM UTC
Invencible.
Verano, ya me voy. Y me dan pena las manitas sumisas de tus tardes. Llegas devotamente; llegas viejo; y ya no encontrarás en mi alma a nadie. Verano! y pasarás por mis balcones con gran rosario de amatistas y oros, como un obispo triste que llegara de lejos a buscar y bendecir los rotos aros de unos muertos novios. Verano, ya me voy. Allá, en setiembre tengo una rosa que te encargo mucho; la regarás de agua bendita todos los días de pecado y de sepulcro. Si a fuerza de llorar el mausoleo, con luz de fe su mármol aletea, levanta en alto tu responso, y pide a Dios que siga para siempre muerta. Todo ha de ser ya tarde; y tú no encontrarás en mi alma a nadie. Ya no llores, Verano! En aquel surco muere una rosa que renace mucho...
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Verano
Quetzalcoatl, un hombre, o serpiente? Cuál es el punto de vivir al frente? Abandonado por una madre, Chimalma, Un río se lo llevó con calma. Persona sabía, animal feroz Déjate ser guiado por su voz. Toma un trago del suave neutle Por el Golfo de México, alejate. Sumergido por siempre Renace como el mañana Quetzalcoatl quiere decir Serpiente emplumada. Adoptado por los mayas, Kukulcan, o Votan, Cargado por chinampas Que con el tiempo se agotan. Su nombre real Lo encontrarás al final, Una profecía que habla De la gran Tenichtitlan. El es sabio, y astuto Sabe las respuestas, y punto. De la tierra al panteón, En la estrella de Venus se convirtió. Ixtacmixcoatl, La galaxia infinita, Salpicada de piedras preciosas, Que con diamantes acosas. Una escultura en tu honor creada Serpiente con penacho, Con garras de Jaguar, Hermoso y diferente. No tendrás ningún igual.
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Mar 5, 2019
Mar 5, 2019 at 10:14 PM UTC
Serpiente Emplumada
«Eres lo que se sueña y no se alcanza, Visión no más inaccesible altura»... Así te dije en días de amargura Al mirarte en remota lontananza. Hoy todo es flores do mi planta avanza, Y en mi senda feliz el sol fulgura, Y ya viene hacia mí, radiante y pura, Con sus alas abiertas la esperanza. La fe muerta renace de sus ruinas, Y la corona que creí de espinas Hoy es laurel y triunfo y aureola; Toda tormenta resistir podremos, Y unidos para siempre, formaremos Un solo corazón y un alma sola.
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Lux
El mar, espejo de calma y anhelo, canta en la orilla su dulce canción, un vaivén que envuelve en su vuelo, un latido que despierta la pasión. De pronto, un viento quiebra el sosiego, las olas se alzan, el cielo se enciende, la marea, en su ímpetu, despliega su juego, y el alma se entrega, se rinde y sorprende. El corazón, que dormía en calma, late con fuerza, se enciende en su fuego, el amor, en su danza, sacude y embalsama, y cada estruendo se siente más tierno. Pero tras la tormenta y la emoción, regresa el murmullo, la espuma se entrega, la luna, cómplice de la devoción, acaricia al mar, que en amor se sosiega. Así es el alma, de amor encendida, de paz a tormenta, de deseo a fervor, y en cada ola, perdida y rendida, renace más fuerte, bañada en amor.
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Nov 11, 2024
Nov 11, 2024 at 12:16 AM UTC
Marea de emociones.
Brilla el cielo. Deslízase la barca en arenales. Los jardines florecen y el rocío argentino ya no irisa los prados al albor matutino. Huyen de los establos los bueyes y zagales. Todo renace, y úrgennos ráfagas sepulcrales, y sólo el día es cierto para ti en tu camino, en que no han de indicarte los dados, el destino de ser rey de las mesas con sus goces triunfales. Como la vida es breve, gocémosla. Ya artera la edad  nos aniquila. En la región oscura y fría de las Sombras jamás hay primavera. ¡Ven! El campo sonríe, festín de vida franco, Ya es tiempo de que inmoles a Fauno, en la espesura, un chivo, o gorda oveja que luzca vellón blanco.
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A sextio
¿Versos? Sí, algunos cada día sobre la luz que el alba nos rehace y mientras Sirio por el cielo trace su indescriptible plan de cetrería. Muchos, de amor, la vaga melodía del clave cuya música renace, porque no hay Primavera que se aplace y Octubre estalla en rosas todavía. Versos, sí, por la risa, por el llanto, por una pena o un furtivo canto, por una flor o un ruiseñor divino. Versos porque se vive, y se enamora una mujer, un día fuera de hora en el reloj tremendo del destino.
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A deshora