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"recuerdan" poems
Tus ojos me recuerdan las noches de verano negras noches sin luna, orilla al mar salado, y el chispear de estrellas del cielo ***** y bajo. Tus ojos me recuerdan las noches de verano. Y tu morena carne, los trigos requemados, y el suspirar de fuego de los maduros campos.Tu hermana es clara y débil como los juncos lánguidos, como los sauces tristes, como los linos glaucos. Tu hermana es un lucero en el azul lejano... Y es alba y aura fría sobre los pobres álamos que en las orillas tiemblan del río humilde y manso. Tu hermana es un lucero en el azul lejano.De tu morena gracia, de tu soñar gitano, de tu mirar de sombra quiero llenar mi vaso. Me embriagaré una noche de cielo ***** y bajo, para cantar contigo, orilla al mar salado, una canción que deje cenizas en los labios... De tu mirar de sombra quiero llenar mi vaso.Para tu linda hermana arrancaré los ramos de florecillas nuevas a los almendros blancos, en un tranquilo y triste alborear de marzo. Los regaré con agua de los arroyos claros, los ataré con verdes junquillos del remanso... Para tu linda hermana yo haré un ramito blanco.
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Inventario galante
La tempestad sirve esta noche De música de fondo, El tintintin De la lluvia simula El tantantan De nuestros corazones Aquella otra noche. Y ahora recuerdo Tus palabras que me besaban Entonces Con grandes aires De ser eternas. Y me acuerdo también De las ultimas Que me distes, Decías, “perdón, si he fallado” Y conteste, “¿De que? Si nunca hubo promesas” Y reíste Un poco arrepentido, “entonces por eso, perdón” Y ahora para de llover Y despeja el cielo De ahora otra tierra Y las estrellas no son las mismas, Las de esa noche: Ahora me recuerdan Que ha pasado Tiempo, fronteras, y gente Que ahora estas mas lejos Que nunca. Pero todo va bien Porque nunca rompiste Tus promesas Que no me distes.
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Jan 8, 2013
Jan 8, 2013 at 1:09 AM UTC
Tempestades y promesas
Hoy son las manos la memoria. El alma no se acuerda, está dolida de tanto recordar. Pero en las manos queda el recuerdo de lo que han tenido. Recuerdo de una piedra que hubo junto a un arroyo y que cogimos distraídamente sin darnos cuenta de nuestra ventura. Pero su peso áspero, sentir nos hace que por fin cogimos el fruto más hermoso de los tiempos. A tiempo sabe el peso de una piedra entre las manos.  En una piedra está la paciencia del mundo, madurada despacio. Incalculable suma de días y de noches, sol y agua la que costó esta forma torpe y dura que acariciar no sabe y acompaña tan sólo con su peso, oscuramente. Se estuvo siempre quieta, sin buscar, encerrada, en una voluntad densa y constante de no volar como la mariposa, de no ser bella, como el lirio, para salvar de envidias su pureza. ¡Cuántos esbeltos lirios, cuántas gráciles libélulas se han muerto, allí, a su lado por correr tanto hacia la primavera! Ella supo esperar sin pedir nada más que la eternidad de su ser puro. Por renunciar al pétalo, y al vuelo, está viva y me enseña que un amor debe estarse quizá quieto, muy quieto, soltar las falsas alas de la prisa, y derrotar así su propia muerte. También recuerdan ellas, mis manos, haber tenido una cabeza amada entre sus palmas. Nada más misterioso en este mundo. Los dedos reconocen los cabellos lentamente, uno a uno, como hojas de calendario: son recuerdos de otros tantos, también innumerables días felices dóciles al amor que los revive. Pero al palpar la forma inexorable que detrás de la carne nos resiste las palmas ya se quedan ciegas. No son caricias, no, lo que repiten pasando y repasando sobre el hueso: son preguntas sin fin, son infinitas angustias hechas tactos ardorosos. Y nada les contesta: una sospecha de que todo se escapa y se nos huye cuando entre nuestras manos lo oprimimos nos sube del calor de aquella frente. La cabeza se entrega. ¿Es la entrega absoluta? El peso en nuestras manos lo insinúa, los dedos se lo creen, y quieren convencerse: palpan, palpan. Pero una voz oscura tras la frente, -¿nuestra frente o la suya?- nos dice que el misterio más lejano, porque está allí tan cerca, no se toca con la carne mortal con que buscamos allí, en la ***** de los dedos, la presencia invisible. Teniendo una cabeza así cogida nada se sabe, nada, sino que está el futuro decidiendo o nuestra vida o nuestra muerte tras esas pobres manos engañadas por la hermosura de lo que sostienen. Entre unas manos ciegas que no pueden saber. Cuya fe única está en ser buenas, en hacer caricias sin casarse, por ver si así se ganan cuando ya la cabeza amada vuelva a vivir otra vez sobre sus hombros,  y parezca que nada les queda entre las palmas, el triunfo de no estar nunca vacías.
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La memoria en las manos
Hoy son las manos la memoria. El alma no se acuerda, está dolida de tanto recordar. Pero en las manos queda el recuerdo de lo que han tenido. Recuerdo de una piedra que hubo junto a un arroyo y que cogimos distraídamente sin darnos cuenta de nuestra ventura. Pero su peso áspero, sentir nos hace que por fin cogimos el fruto más hermoso de los tiempos. A tiempo sabe el peso de una piedra entre las manos.  En una piedra está la paciencia del mundo, madurada despacio. Incalculable suma de días y de noches, sol y agua la que costó esta forma torpe y dura que acariciar no sabe y acompaña tan sólo con su peso, oscuramente. Se estuvo siempre quieta, sin buscar, encerrada, en una voluntad densa y constante de no volar como la mariposa, de no ser bella, como el lirio, para salvar de envidias su pureza. ¡Cuántos esbeltos lirios, cuántas gráciles libélulas se han muerto, allí, a su lado por correr tanto hacia la primavera! Ella supo esperar sin pedir nada más que la eternidad de su ser puro. Por renunciar al pétalo, y al vuelo, está viva y me enseña que un amor debe estarse quizá quieto, muy quieto, soltar las falsas alas de la prisa, y derrotar así su propia muerte. También recuerdan ellas, mis manos, haber tenido una cabeza amada entre sus palmas. Nada más misterioso en este mundo. Los dedos reconocen los cabellos lentamente, uno a uno, como hojas de calendario: son recuerdos de otros tantos, también innumerables días felices dóciles al amor que los revive. Pero al palpar la forma inexorable que detrás de la carne nos resiste las palmas ya se quedan ciegas. No son caricias, no, lo que repiten pasando y repasando sobre el hueso: son preguntas sin fin, son infinitas angustias hechas tactos ardorosos. Y nada les contesta: una sospecha de que todo se escapa y se nos huye cuando entre nuestras manos lo oprimimos nos sube del calor de aquella frente. La cabeza se entrega. ¿Es la entrega absoluta? El peso en nuestras manos lo insinúa, los dedos se lo creen, y quieren convencerse: palpan, palpan. Pero una voz oscura tras la frente, -¿nuestra frente o la suya?- nos dice que el misterio más lejano, porque está allí tan cerca, no se toca con la carne mortal con que buscamos allí, en la ***** de los dedos, la presencia invisible. Teniendo una cabeza así cogida nada se sabe, nada, sino que está el futuro decidiendo o nuestra vida o nuestra muerte tras esas pobres manos engañadas por la hermosura de lo que sostienen. Entre unas manos ciegas que no pueden saber. Cuya fe única está en ser buenas, en hacer caricias sin casarse, por ver si así se ganan cuando ya la cabeza amada vuelva a vivir otra vez sobre sus hombros,  y parezca que nada les queda entre las palmas, el triunfo de no estar nunca vacías.
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De cuando en cuando y a lo lejos hay que darse un baño de tumba. Sin duda todo está muy bien y todo está muy mal, sin duda. Van y vienen los pasajeros, crecen los niños y las calles, por fin compramos la guitarra que lloraba sola en la tienda. Todo está bien, todo está mal. Las copas se llenan y vuelven naturalmente a estar vacías y a veces en la madrugada, se mueren misteriosamente. Las copas y los que bebieron. Hemos crecido tanto que ahora no saludamos al vecino y tantas mujeres nos aman que no sabemos cómo hacerlo. Qué ropas hermosas llevamos! Y qué importantes opiniones! Conocí a un hombre amarillo que se creía anaranjado y a un ***** vestido de rubio. Se ven y se ven tantas cosas. Vi festejados los ladrones por caballeros impecables y esto se pasaba en inglés. Y vi a los honrados, hambrientos, buscando pan en la basura. Yo sé que no me cree nadie. Pero lo he visto con mis ojos. Hay que darse un baño de tumba y desde la tierra cerrada mirar hacia arriba el orgullo. Entonces se aprende a medir. Se aprende a hablar, se aprende a ser. Tal vez no seremos tan locos, tal vez no seremos tan cuerdos. Aprenderemos a morir. A ser barro, a no tener ojos. A ser apellido olvidado. Hay unos poetas tan grandes que no caben en una puerta y unos negociantes veloces que no recuerdan la pobreza. Hay mujeres que no entrarán por el ojo de una cebolla y hay tantas cosas, tantas cosas, y así son, y así no serán. Si quieren no me crean nada. Sólo quise enseñarles algo. Yo soy profesor de la vida, vago estudiante de la muerte y si lo que sé no les sirve no he dicho nada, sino todo.
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No tan alto
De cuando en cuando y a lo lejos hay que darse un baño de tumba. Sin duda todo está muy bien y todo está muy mal, sin duda. Van y vienen los pasajeros, crecen los niños y las calles, por fin compramos la guitarra que lloraba sola en la tienda. Todo está bien, todo está mal. Las copas se llenan y vuelven naturalmente a estar vacías y a veces en la madrugada, se mueren misteriosamente. Las copas y los que bebieron. Hemos crecido tanto que ahora no saludamos al vecino y tantas mujeres nos aman que no sabemos cómo hacerlo. Qué ropas hermosas llevamos! Y qué importantes opiniones! Conocí a un hombre amarillo que se creía anaranjado y a un ***** vestido de rubio. Se ven y se ven tantas cosas. Vi festejados los ladrones por caballeros impecables y esto se pasaba en inglés. Y vi a los honrados, hambrientos, buscando pan en la basura. Yo sé que no me cree nadie. Pero lo he visto con mis ojos. Hay que darse un baño de tumba y desde la tierra cerrada mirar hacia arriba el orgullo. Entonces se aprende a medir. Se aprende a hablar, se aprende a ser. Tal vez no seremos tan locos, tal vez no seremos tan cuerdos. Aprenderemos a morir. A ser barro, a no tener ojos. A ser apellido olvidado. Hay unos poetas tan grandes que no caben en una puerta y unos negociantes veloces que no recuerdan la pobreza. Hay mujeres que no entrarán por el ojo de una cebolla y hay tantas cosas, tantas cosas, y así son, y así no serán. Si quieren no me crean nada. Sólo quise enseñarles algo. Yo soy profesor de la vida, vago estudiante de la muerte y si lo que sé no les sirve no he dicho nada, sino todo.
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María Kodama lo descubrió. Pese a su autoridad y a su firmeza, es curiosamente liviano. Quienes lo ven lo advierten; quienes lo advierten lo recuerdan.     Lo miro. Siento que es una parte de aquel imperio, infinito en el tiempo, que erigió su muralla para construir un recinto mágico.     Lo miro. Pienso en aquel Chiang Tzu que soñó que era una mariposa y que no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre.     Lo miro. Pienso en el artesano que trabajó el bambú y lo dobló para que mi mano derecha pudiera calzar bien en el puño.     No sé si vive aún o si ha muerto.     No sé si es tahoista o budista o si interroga el libro de los sesenta y cuatro hexagramas.     No nos veremos nunca.     Está perdido entre novecientos treinta millones.     Algo, sin embargo, nos ata.     No es imposible que Alguien haya premeditado este vínculo.     No es imposible que el universo necesita este vínculo.
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El bastón de laca
La niña de mi lugar tiene de oro las cejas, y en la mirada, desnudas las luces de las luciérnagas. ¿Has visto pasar los barcos desde la orilla? Recuerdan sus faros malabaristas, verdes, azules y sepia, que tu mirada trasciende la oscuridad de la niebla -y, más aún, la ilumina a punto de transparencia. ¿Has visto flechar las garzas a las nubes? Me recuerdan si diste al aire los brazos cuando salimos de tierra, y el biombo lila del aire con tus adioses se llena. Y si cantas -¡canta, sí!- tu voz anula mi ausencia; mástiles, jarcias y viento se confunden con tan lenta sencilla sonoridad, con tan pausada manera que no sería más claro el tañido de una estrella. Robinsón y Simbad, naúfragos incorregibles, ¿mi queja a quién la podré confiar si no a vosotros, apenas? Que yo naufragara un día. ¡Las luces de las luciérnagas iban a licuarse todas en un hilo de agua tierna!
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Romance
En la casa del Marqués De San Jorge gran sarao. Ya en salones y retretes Se encuentran los convidados, Mientras el Marqués aguarda, Gentil y apuesto vasallo. Abajo de la escalera, De «La Jerezana» al lado Al Virrey, que precedido Por lucientes candelabros Va subiendo. De los muros, Entre telas de Damasco, Cuelgan cuadros del insigne Gregorio Vásquez Ceballos; De Oidores y bellas damas Amarillentos retratos; En marcos de plata, espejos Que opacan lentos los años; Y panoplias, que recuerdan, Entre brumas del pasado, La gesta de la Conquista En cumbres, selvas y llanos. Con casacas de anchas faldas, Largos chalecos bordados, Blanco calzón, blanca media, Y áurea hebilla en el zapato, Departían con las damas En los lucientes estrados, Nariño, Torres, Vergara, Zea, Acebedo, Camacho, Salazar, Ulloa, Prieto, Gutiérrez, Ayala... cuantos Prez fueron de la Colonia Por sus virtudes y rango, Y que después muchos de ellos, Desde ensangrentados bancos Dejaron eternos nombres En nuestros anales patrios. Cuando esa noche Nariño Salía para el sarao, Corno envío misterioso Recibió un libro. Al acaso Leyó párrafos y líneas, Y más líneas y más párrafos; Y al avanzar la lectura, Sentía alborozo extraño Hasta que llegó al capítulo En la margen señalado: «De los Derechos del Hombre»... Lo leyó con ojos ávidos; Y después, meditabundo, Y en gruesa capa embozado Al sarao fue. La niebla Más ***** hacía el espacio. Sombra y niebla... Niebla y sombra En las tinieblas ni un astro.... Y entre esa noche cerrada, Nariño va cabizbajo. «El hombre es libre, decía, No ha nacido para esclavo». Y en medio de aquella sombra En que sonaban sus pasos.
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Sarao en casa del marqués de san jorge
En la casa del Marqués De San Jorge gran sarao. Ya en salones y retretes Se encuentran los convidados, Mientras el Marqués aguarda, Gentil y apuesto vasallo. Abajo de la escalera, De «La Jerezana» al lado Al Virrey, que precedido Por lucientes candelabros Va subiendo. De los muros, Entre telas de Damasco, Cuelgan cuadros del insigne Gregorio Vásquez Ceballos; De Oidores y bellas damas Amarillentos retratos; En marcos de plata, espejos Que opacan lentos los años; Y panoplias, que recuerdan, Entre brumas del pasado, La gesta de la Conquista En cumbres, selvas y llanos. Con casacas de anchas faldas, Largos chalecos bordados, Blanco calzón, blanca media, Y áurea hebilla en el zapato, Departían con las damas En los lucientes estrados, Nariño, Torres, Vergara, Zea, Acebedo, Camacho, Salazar, Ulloa, Prieto, Gutiérrez, Ayala... cuantos Prez fueron de la Colonia Por sus virtudes y rango, Y que después muchos de ellos, Desde ensangrentados bancos Dejaron eternos nombres En nuestros anales patrios. Cuando esa noche Nariño Salía para el sarao, Corno envío misterioso Recibió un libro. Al acaso Leyó párrafos y líneas, Y más líneas y más párrafos; Y al avanzar la lectura, Sentía alborozo extraño Hasta que llegó al capítulo En la margen señalado: «De los Derechos del Hombre»... Lo leyó con ojos ávidos; Y después, meditabundo, Y en gruesa capa embozado Al sarao fue. La niebla Más ***** hacía el espacio. Sombra y niebla... Niebla y sombra En las tinieblas ni un astro.... Y entre esa noche cerrada, Nariño va cabizbajo. «El hombre es libre, decía, No ha nacido para esclavo». Y en medio de aquella sombra En que sonaban sus pasos.
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Un gato tuerto que mira Desde una pandereta, Desdén en su rostro. A un lado camina un perro Policial, Un hombre policial también. Tuerto el gato No distingue profundidad, No hay diferencia entre el perro Y el hombre que camina, Insolente, Indolente, Por un barrio que no es suyo Ningún barrio le pertenece Si defiende A los ricos. Y esos ricos No lo quieren cerca suyo, Preocupado de su vida arreglada, Acomodada y maldita, Malditos siempre. En la pandereta Mira el gato Con un ojo, Bajo él, los rayados Nos recuerdan que como este gato Hay muchos Muchas, Para el resto Tener dos ojos Es un privilegio. Para los perros Policiales, El privilegio es no tener corazón.
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May 24, 2021
May 24, 2021 at 4:48 PM UTC
Gato Tuerto
demonios que controlan el tiempo amenazan con calcinar mi cuerpo con llamas del pasado me reconstruyen con arcilla mezclada con cenizas en este lugar no falta nada a todos nos sobra poco marcas de soga donde antes habían besos nos recuerdan que pasó nada pasó
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Dec 25, 2018
Dec 25, 2018 at 11:21 PM UTC
Untitled
Amarga necesidad de pensar, soy bipolar al estar y no estar; ¿qué es realidad? ¿Por qué dejar de soñar? Estuve un día cerca de ti, y el frío invadió mis huesos hasta sentir que no era yo. ¿Donde estoy? ¿Por qué no siento mis piernas? ¿Por qué soñar es más fácil que mantenerme despierto? Siento una ligera brisa rozando mis labios, desgarrando mi espalda, y sonidos en mi alma me recuerdan que debo volver, regresar al inicio, ¿ser o no ser?. Recordé, desperté y con mi pluma te maté. Se -Adn, stf
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Nov 15, 2018
Nov 15, 2018 at 1:37 PM UTC
Estar y no estar
Tal vez sea imposible no amarte, imposible no quererte luego de que hayas demostrado ser una persona que también siente. Imposible no caer ante esa sonrisa que nubla mi razón. Inevitable no mirar tus bonitos ojos que brillan y llenan mi corazón. No me olvido de tus cachetes regordetes, tan rosados y tan sobresalientes, similares a dos perlas resplandecientes. Tal vez te amo por tu dulce voz al cantar o tus delicados movimientos al bailar que recuerdan a olas del mar bajo el alba. Quizás por tus palabras que llegan a simular un abrazo a mi alma. Es increíble todo lo que causas en mí con solo existir. Es verdaderamente impresionante que sea imposible no amarte.
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Sep 14, 2024
Sep 14, 2024 at 7:08 AM UTC
Imposible no amarte
Cruza callada, y son sus movimientos     silenciosa armonía: suenan sus pasos, y al sonar recuerdan del himno alado la cadencia rítmica.   Los ojos entreabre, aquellos ojos     tan claros como el día; y la tierra y el cielo, cuanto abarcan, arden con nueva luz en sus pupilas.   Ríe, y su carcajada tiene notas     del agua fugitiva; llora, y es cada lágrima un poema     de ternura infinita.Ella tiene la luz, tiene el perfume,     el color y la línea, la forma engendradora de deseos, la expresión, fuente eterna de poesía.   ¿Qué es estúpida? ¡Bah!  Mientras callando     guarde oscuro el enigma, siempre valdrá lo que yo creo que calla más que lo que cualquiera otra me diga.
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Rima xxxiv