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"recorrer" poems
si supieras que pienso en ti a cada instante, si apreciaras tantito esta forma de querer, te darías cuenta que tienes algo especial. pero tal vez solo te incomode, o pensaras que aburrido, que absurda forma de querer. pero nadie mas te va a querer así, de lejos como si nada, tan cerca al tocarte, y aun así no tenerte ni una sola vez. nadie mas te va a esperar, con estas ganas de besar tu nariz, de recorrer los dedos en tu rostro, sabiendo que tal vez un día te esfumes como si nada hubiese importado, por que se que para ti no lo hago. no me importa. te quiero, y te espero. si supieras que te adoro, que me duermo pensando en el color de tus ojos, o en la forma que tus dedos acarician los mios.... pensarias que estoy loca, al seguir atandome a ti, aun sabiendo que no me quieres; tal vez pienses que soy tonta, y no lo puedo negar; en este juego de amor, si voy perdiendo yo. pero espero al recorrer el tiempo, y yo vaya logrando olvidarte, espero que pienses en mi, aunque sea una sola vez, y digas, y te des cuenta, que te quise de verdad, y que tuviste algo especial, al alcance de tus dedos, y lo dejaste ir.
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Jan 28, 2013
Jan 28, 2013 at 12:02 AM UTC
si supieras
En la oscuridad, penumbra benditamente predilecta para acontecer en este momento, donde te disfruto tanto, te conozco en no un solo sentido, si no en todos los 4 posibles al sentirte temblar en mi como el agua perturbada por una piedra de pasión derramada con la intención de lujuria combinada con el amor y el calor que tanto caracteriza el rose de tu cuerpo y el movimiento excitante y ondulado de tus caderas sobre mí. Esas caderas, trampas disimuladamente puestas a mi alcanze para tomarlas mientras poco a poco las aferro a mis manos sintiendo la tersa piel del éxtasis vibrando en mí, sientiendo el sabor perfumado y dulce de tu cuello, largo, estético, hermoso; cuello predilecto para recorrer mientras prosigo en el camino hacia esos labios llenos de placer donde encuentro el tibio y húmedo refugio que mis labios esperan en mis más entrañables y profundos sueños, tal cual una obra de arte diseñada e imaginada por mi y recreada en ese fino rostro teniendo el contraste lírico de una poesía recitada por la expresión de esos ojos miel y ese cabello profundamente oscuro como el abismo. Afortunado soy al besar los labios que he besado solamente en mis sueños.
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Dec 26, 2014
Dec 26, 2014 at 1:44 AM UTC
Poesía
mediante la obscuridad , escondes el deseo , tu imagen de fria e inalcanzable , contrasta con la humedad  perceptible entre tus piernas . bajo el relieve , el pliegue erogeno , en tu ropa intima , tu piel erizada bajo mis dedos tibios y decididos .   la reaccion  aterida de tu piel erizandose , al mirar el fuego en mis ojos . el vaticinio del desden post coitum , la humedad en mi pelvis , tu aroma en torno al tornillo que sostiene mi vida , la humedad en mi pelvis , rastro de tu cabalgata en mi regazo agradecido . lo lascivo de tus ojos  sosteniendo mi mirada , recorrer con mis dedos , las inperfeciones de tu piel lo imposible de tu belleza , la certeza de tu deseo , la febril mirada el eco en mi cabeza , que repite una cantinela , la perorata del perdedor buscando certeza , el garre firme de tus manos , sosteniendo las mias el eco en mi cabeza que repite ,  LUCKY ******* , COMO UN MANTRA DE FUERZA . repitiendo ecos de torzion , lazos de deseo entre vistazos de tus ojos bellos , ecos del perdedor , para tener un recuerdo de ese momento de esa fantasia . tu ferocidad  contrasta con lo frio de tu piel , y la frialdad con que diriges tus ojos como laser . mediante la obscuridad que despliegas para esconder el deseo postumo . ahogados los clamores de tu ****** ,  vuelves al juego , donde la indiferencia y la frialdad son tu  moneda de cambio . solo que en tus ojos , llevas aun rastros del fuego que sacas de mi alma de mis entrañas de mis genitales , asi te llevas lo mejor de mi , mi semilla mi sudor y mi alma , entre tus piernas y en tus uñas un poco de mi piel , y en tu mente mi recuerdo , el eco funesto de haber amado y seguir amando a un loser ,
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Dec 15, 2014
Dec 15, 2014 at 2:43 AM UTC
PERORATA DE LOSER
mediante la obscuridad , escondes el deseo , tu imagen de fria e inalcanzable , contrasta con la humedad  perceptible entre tus piernas . bajo el relieve , el pliegue erogeno , en tu ropa intima , tu piel erizada bajo mis dedos tibios y decididos .   la reaccion  aterida de tu piel erizandose , al mirar el fuego en mis ojos . el vaticinio del desden post coitum , la humedad en mi pelvis , tu aroma en torno al tornillo que sostiene mi vida , la humedad en mi pelvis , rastro de tu cabalgata en mi regazo agradecido . lo lascivo de tus ojos  sosteniendo mi mirada , recorrer con mis dedos , las inperfeciones de tu piel lo imposible de tu belleza , la certeza de tu deseo , la febril mirada el eco en mi cabeza , que repite una cantinela , la perorata del perdedor buscando certeza , el garre firme de tus manos , sosteniendo las mias el eco en mi cabeza que repite ,  LUCKY ******* , COMO UN MANTRA DE FUERZA . repitiendo ecos de torzion , lazos de deseo entre vistazos de tus ojos bellos , ecos del perdedor , para tener un recuerdo de ese momento de esa fantasia . tu ferocidad  contrasta con lo frio de tu piel , y la frialdad con que diriges tus ojos como laser . mediante la obscuridad que despliegas para esconder el deseo postumo . ahogados los clamores de tu ****** ,  vuelves al juego , donde la indiferencia y la frialdad son tu  moneda de cambio . solo que en tus ojos , llevas aun rastros del fuego que sacas de mi alma de mis entrañas de mis genitales , asi te llevas lo mejor de mi , mi semilla mi sudor y mi alma , entre tus piernas y en tus uñas un poco de mi piel , y en tu mente mi recuerdo , el eco funesto de haber amado y seguir amando a un loser ,
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Cuánto vive el hombre, por fin? Vive mil días o uno solo? Una semana o varios siglos? Por cuánto tiempo muere el hombre? Qué quiere decir «Para Siempre»? Preocupado por este asunto me dediqué a aclarar las cosas. Busqué a los sabios sacerdotes, los esperé después del rito, los aceché cuando salían a visitar a Dios y al diablo. Se aburrieron con mis preguntas. Ellos tampoco sabían mucho, eran sólo administradores. Los médicos me recibieron, entre una consulta y otra, con un bisturí en cada mano, saturados de aureomicina, más ocupados cada dia. Según supe por lo que hablaban el problema era como sigue: nunca murió tanto microbio, toneladas de ellos caían, pero los pocos que quedaron se manifestaban perversos. Me dejaron tan asustado que busqé a los enterradores. Me fui a los ríos donde queman grandes cadáveres pintados, pequeños muertos huesudos, emperadores recubiertos por escamas aterradoras, mujeres aplastadas de pronto por una ráfaga de cólera. Eran riberas de difuntos y especialistas cenicientos. Cuando llegó mi oportunidad les largué unas cuantas preguntas, ellos me ofrecieren quemarme: era todo lo que sabían. En mi país los enterradores me contestaron, entre copas: -«Búscate una moza robusta, y déjate de tonterías». Nunca vi gentes tan alegres. Cantaban levantando el vino por la salud y por la muerte. Eran grandes fornicadores. Regresé a mi casa más viejo después de recorrer el mundo. No le pregunto a nadie nada. Pero sé cada día menos. Déjenme solo con el día. Pido permiso para nacer.
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Y cuánto vive?
Cuánto vive el hombre, por fin? Vive mil días o uno solo? Una semana o varios siglos? Por cuánto tiempo muere el hombre? Qué quiere decir «Para Siempre»? Preocupado por este asunto me dediqué a aclarar las cosas. Busqué a los sabios sacerdotes, los esperé después del rito, los aceché cuando salían a visitar a Dios y al diablo. Se aburrieron con mis preguntas. Ellos tampoco sabían mucho, eran sólo administradores. Los médicos me recibieron, entre una consulta y otra, con un bisturí en cada mano, saturados de aureomicina, más ocupados cada dia. Según supe por lo que hablaban el problema era como sigue: nunca murió tanto microbio, toneladas de ellos caían, pero los pocos que quedaron se manifestaban perversos. Me dejaron tan asustado que busqé a los enterradores. Me fui a los ríos donde queman grandes cadáveres pintados, pequeños muertos huesudos, emperadores recubiertos por escamas aterradoras, mujeres aplastadas de pronto por una ráfaga de cólera. Eran riberas de difuntos y especialistas cenicientos. Cuando llegó mi oportunidad les largué unas cuantas preguntas, ellos me ofrecieren quemarme: era todo lo que sabían. En mi país los enterradores me contestaron, entre copas: -«Búscate una moza robusta, y déjate de tonterías». Nunca vi gentes tan alegres. Cantaban levantando el vino por la salud y por la muerte. Eran grandes fornicadores. Regresé a mi casa más viejo después de recorrer el mundo. No le pregunto a nadie nada. Pero sé cada día menos. Déjenme solo con el día. Pido permiso para nacer.
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Albergo, en el rigor de mi memoria Flashes que abundan entre nosotros Cada vez que os recuerdo entera y viva. Tu estela elevaba el calor, mientras expuestos ante el encuentro propicio Aquel caótico y asimétrico suplicio. Sazón de cuatro copas de vino, marcaron la noche, cuando la luna bajaba sincera Y hace de testigo compañera. Frente al humo, una unión cinética Entre la música y las danzas artísticas. Un acorde de guitarra, el sutil indicio de una bailarina boyante, en su estela aquella noche marinera. Entre un tango melancólico Un opus magnético, la grandiosa sinfonía. No le pidas al caminante Que olvide fácilmente El calor de los labios, la fuerza de tu aura Esa tántrica melodía. Aquel prefacio, una fusión de opuestos Que cuando atraen El magnetismo sabe hacer clima Prolongando el éxtasis en el tiempo. Ese recuerdo que albergo Me ha servido de sustento Para continuar trazando la ruta El camino por recorrer Que el viajero emprende En busca de la verdad y la vida Que encuentro en la poesía De esta proclama, un pronunciamiento Cada vez que el recuerdo de un amor Ha de servir para amar al presente y el mundo.
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Oct 7, 2013
Oct 7, 2013 at 1:10 PM UTC
Cada vez que recuerdo (Each time I remember)
De vuelta de una gloria inexistente, después de haber avanzado un paso hacia ella, retrocedo a velocidad indecible, alegre casi como quien dobla la esquina de la calle donde hay una reyerta, llorando avergonzado como el adolescente hijo de viuda sexagenaria y pobre expulsado de la escuela vespertina en la que era becario. Estoy aquí, donde yo siempre estuve, donde apenas hay sitio para mantenerse erguido. La soledad es un farol certeramente apedreado: sobre ella me apoyo. La esperanza es el quicio de una puerta de la casa que fue desarraigada de sus cimientos por los huracanes: quicio-resquicio por donde entro y salgo cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio), del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo), del todo (me hace daño) al nada (me lastima). No importa, sin embargo. Los aviones de propulsión a chorro salvan rápidamente la distancia que separa Tokio de Copenhague, pero con más rapidez todavía me desplazo yo a un punto situado a diez centímetros de mí mismo, de prisa, muy de prisa, en un abrir y cerrar de ojos, en sólo una diezmilésima de segundo, lo cual supone una velocidad media de setenta kilómetros a la hora, que me permite, si mis cálculos son correctos, estar en este instante aquí, después mucho más lejos, mañana en un lugar sito a casi mil millas, dentro de una semana en cualquier parte de la esfera terrestre, por alejada que os parezca ahora. Consciente de esa circunstancia, en muchas ocasiones emprendo largos viajes; pero apenas me desplazo unos milímetros hacia los destinos más remotos, la nostalgia me muerde las entrañas, y regreso a mi posición primera alegre y triste a un tiempo -como dije al principio: alegre, porque sé que tú eres mi patria, amor mío; y triste, porque toda patria, para los que la amamos, -de acuerdo con mi personal experiencia de la patria- tiene también bastante de presidio. Así, en ti me quedo, paseo largamente tus piernas y tus brazos, asciendo hasta tu boca, me asomo al borde de tus ojos, doy la vuelta a tu cuello, desciendo por tu espalda, cambio de ruta para recorrer tus caderas, vuelvo a empezar de nuevo, descansando en tu costado, miro pasar las nubes sobre tus labios rojos, digo adiós a los pájaros que cruzan por tu frente, y si cierras los ojos cierro también los míos, y me duermo a tu sombra como si siempre fuera verano, amor, pensando vagamente en el mundo inquietante que se extiende -imposible- detrás de tu sonrisa.
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En ti me quedo
De vuelta de una gloria inexistente, después de haber avanzado un paso hacia ella, retrocedo a velocidad indecible, alegre casi como quien dobla la esquina de la calle donde hay una reyerta, llorando avergonzado como el adolescente hijo de viuda sexagenaria y pobre expulsado de la escuela vespertina en la que era becario. Estoy aquí, donde yo siempre estuve, donde apenas hay sitio para mantenerse erguido. La soledad es un farol certeramente apedreado: sobre ella me apoyo. La esperanza es el quicio de una puerta de la casa que fue desarraigada de sus cimientos por los huracanes: quicio-resquicio por donde entro y salgo cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio), del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo), del todo (me hace daño) al nada (me lastima). No importa, sin embargo. Los aviones de propulsión a chorro salvan rápidamente la distancia que separa Tokio de Copenhague, pero con más rapidez todavía me desplazo yo a un punto situado a diez centímetros de mí mismo, de prisa, muy de prisa, en un abrir y cerrar de ojos, en sólo una diezmilésima de segundo, lo cual supone una velocidad media de setenta kilómetros a la hora, que me permite, si mis cálculos son correctos, estar en este instante aquí, después mucho más lejos, mañana en un lugar sito a casi mil millas, dentro de una semana en cualquier parte de la esfera terrestre, por alejada que os parezca ahora. Consciente de esa circunstancia, en muchas ocasiones emprendo largos viajes; pero apenas me desplazo unos milímetros hacia los destinos más remotos, la nostalgia me muerde las entrañas, y regreso a mi posición primera alegre y triste a un tiempo -como dije al principio: alegre, porque sé que tú eres mi patria, amor mío; y triste, porque toda patria, para los que la amamos, -de acuerdo con mi personal experiencia de la patria- tiene también bastante de presidio. Así, en ti me quedo, paseo largamente tus piernas y tus brazos, asciendo hasta tu boca, me asomo al borde de tus ojos, doy la vuelta a tu cuello, desciendo por tu espalda, cambio de ruta para recorrer tus caderas, vuelvo a empezar de nuevo, descansando en tu costado, miro pasar las nubes sobre tus labios rojos, digo adiós a los pájaros que cruzan por tu frente, y si cierras los ojos cierro también los míos, y me duermo a tu sombra como si siempre fuera verano, amor, pensando vagamente en el mundo inquietante que se extiende -imposible- detrás de tu sonrisa.
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A caballo, Tarumba, hay que montar a caballo para recorrer este país, para conocer a tu mujer, para desear a la que deseas, para abrir el hoyo de tu muerte, para levantar tu resurrección. A caballo tus ojos, el salmo de tus ojos, el sueño de tus piernas cansadas. A caballo en el territorio de la malaria, tiempo enfermo, hembra caliente, risa a gotas. A donde llegan noticias de vírgenes, periódicos con santos, y telegramas de corazones deportivos como una bandera. A caballo, Tarumba, sobre el río, sobre la laja de agua, la vigilia, la hoja frágil del sueño (cuando tus manos se despiertan con nalgas), y el vidrio de la muerte en el que miras tu corazón pequeño. A caballo, Tarumba, hasta el vertedero del sol.
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Untitled
La distancia a recorrer para estar junto a ti, es romper con el silencio sin tener algo que decir, existe un escondite que quiero mostrarte, algo que nunca jamás verás, ven y sigue tus instintos, que nada te quitará la gloria ni el placer, de sentir un amor tan distinto a otro, un amor que vive en ti y en mí.
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Jul 29, 2013
Jul 29, 2013 at 3:49 AM UTC
Vive.
Inútilmente fui recorriendo senderos entre mármoles. Luz de prodigiosa hondura. (Toda la noche había llovido. Al clarear cesó la lluvia. Nubes navegaban el cielo; nubes blancas). Inútil fue recorrer senderos, buscar tu nombre. Inútil: no lo hallé. Y recé una oración por ti -¿por ti o por mí? Después te olvidé. Sean los muertos los que entierran a sus muertos Estaba tan olvidado todo! Pero esta noche... ¿Por qué será imposible verte de nuevo, hablarte, escucharte, tocarte, ir -con los mismos cuerpos y almas que tuvimos, pero con más amor- uno al lado del otro... (Ilusión descuajada del espacio y del tiempo lo sé para mi daño). Yo te hablaría lo mismo que hablaría, si yo fuese su dueño mi verso: con palabras de cada día, pero bajo las que sonara la corriente fluvial de la ternura. Como se hablan los hombres, conteniendo las ganas de llorar, de decirse «te quiero». Sin llorar ni decirse «te quiero», que es cosa de mujeres. Qué quedaría entonces de ti, después de tantos años bajo la tierra. Dónde hallarte -pensé aquel día. No estamos jamás donde morimos definitivamente, sino donde morimos día a día. Pero esta noche... Te abrazaría, créeme, te besaría, te daría calor, te adoraría. Haría algo que es más difícil: tratar de comprenderte. Y te comprendería te comprendo ya, créelo. Nos va enseñando tanto la vida... Nos enseña por qué un hombre ve rota su voluntad, y sueña, y vive solitario; por qué va a la deriva en el témpano errante arrancado a la costa, y se deja morir mientras mira impasible cómo se hunden los suyos, la carne de su carne, su hermoso mundo... Son líneas sin sentido éstas que trazo. Yo mismo no comprendo qué es lo que dejo en ellas. Acaso sea música de mi alma, arrancada de modo misterioso por tu mano de muerto. Tu mano viva. Yo pensé en ella, pero era una mano muerta, una mano enterrada la que yo perseguía. Inútilmente fui buscando aquella mano. Se estaba convirtiendo en festín de las flores. En vaho tibio para empeñar las estrellas. En luz malva y errante que da su son al alba. Estaría mezclándose con la tierra materna. Se hacía mano viva: lo que es ahora. Te abrazaría, créeme. Te daría calor. Te comprendo ya. Entonces no era tiempo. Fue un día de septiembre, en Ciriego, -un cementerio que oye la mar- el año mil novecientos cincuenta. Cuando vivías, eras un extraño. Aquel día entre mármoles, fui buscándote, tratando de comprenderte. Sólo esta noche, de modo inesperado, al fin he comprendido. Tarde, para mi daño.
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Remordimiento
Inútilmente fui recorriendo senderos entre mármoles. Luz de prodigiosa hondura. (Toda la noche había llovido. Al clarear cesó la lluvia. Nubes navegaban el cielo; nubes blancas). Inútil fue recorrer senderos, buscar tu nombre. Inútil: no lo hallé. Y recé una oración por ti -¿por ti o por mí? Después te olvidé. Sean los muertos los que entierran a sus muertos Estaba tan olvidado todo! Pero esta noche... ¿Por qué será imposible verte de nuevo, hablarte, escucharte, tocarte, ir -con los mismos cuerpos y almas que tuvimos, pero con más amor- uno al lado del otro... (Ilusión descuajada del espacio y del tiempo lo sé para mi daño). Yo te hablaría lo mismo que hablaría, si yo fuese su dueño mi verso: con palabras de cada día, pero bajo las que sonara la corriente fluvial de la ternura. Como se hablan los hombres, conteniendo las ganas de llorar, de decirse «te quiero». Sin llorar ni decirse «te quiero», que es cosa de mujeres. Qué quedaría entonces de ti, después de tantos años bajo la tierra. Dónde hallarte -pensé aquel día. No estamos jamás donde morimos definitivamente, sino donde morimos día a día. Pero esta noche... Te abrazaría, créeme, te besaría, te daría calor, te adoraría. Haría algo que es más difícil: tratar de comprenderte. Y te comprendería te comprendo ya, créelo. Nos va enseñando tanto la vida... Nos enseña por qué un hombre ve rota su voluntad, y sueña, y vive solitario; por qué va a la deriva en el témpano errante arrancado a la costa, y se deja morir mientras mira impasible cómo se hunden los suyos, la carne de su carne, su hermoso mundo... Son líneas sin sentido éstas que trazo. Yo mismo no comprendo qué es lo que dejo en ellas. Acaso sea música de mi alma, arrancada de modo misterioso por tu mano de muerto. Tu mano viva. Yo pensé en ella, pero era una mano muerta, una mano enterrada la que yo perseguía. Inútilmente fui buscando aquella mano. Se estaba convirtiendo en festín de las flores. En vaho tibio para empeñar las estrellas. En luz malva y errante que da su son al alba. Estaría mezclándose con la tierra materna. Se hacía mano viva: lo que es ahora. Te abrazaría, créeme. Te daría calor. Te comprendo ya. Entonces no era tiempo. Fue un día de septiembre, en Ciriego, -un cementerio que oye la mar- el año mil novecientos cincuenta. Cuando vivías, eras un extraño. Aquel día entre mármoles, fui buscándote, tratando de comprenderte. Sólo esta noche, de modo inesperado, al fin he comprendido. Tarde, para mi daño.
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¡Cómo te agitas bajo nubes grises, lámina fina de metal de infancia! ¡Cómo tu rabia, corazón de niebla, rompe la brida! Cómo te miro con mis pobres ojos! ¡Qué imagen tuya la que inventa el sueño! ¡Qué lentamente te deshace el aire, roto en pedazos! Tú que guardabas en cristal salado vivos retratos que ondulaba el viento; tú que arrancabas en el alba fina sones al alma, tú que nutrías con tu amarga leche sombras de playas, olvidados pasos, ansia de ser sobre tu vientre verde, locos piratas, has ido ahogando temblorosamente sombras que hundieron en tu paz sus ojos. Hoy tu recuerdo, como lluvia fresca, moja mi frente. Si ahora volviera a recorrer tu orilla, si ahora en tu cuerpo me volcara todo, si ahora tu cuerpo le prestara al mío frescos harapos, si yo desnudo, si cansado, ahora, más hijo tuyo, ahora, si el otoño vuelto a mi lado me trajera el tibio pan en el pico. -lámina fina de metal de infancia-, todo olvidado quedaría, todo: látigos, cuerdas con que me azotabas, vientos que mugen. Todo sería nuevamente hermoso, aunque tu garra me arañase el cuerpo, aunque al tornar tuvieran tus mañanas soles más negros.
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Recuerdo del mar
Siete minutos para decirte lo que siento, para darte el último beso y tomar el autobus, siete minutos que son poco, insuficientes para ensayar un discurso de historias de ayer de manera que las palabras llegan tarde a mi cabeza y me pregunto si lo que siento esta bien para decir... te extraño y es injusto que el tiempo pase así: corto en los mejores momentos, largo cuando hay que partir y se está a la espera de un cambio de dirección para recorrer el ayer con otro corazón.
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Mar 7, 2016
Mar 7, 2016 at 1:37 AM UTC
Historias de ayer
Desde que el alba quiso ser alba, toda eres madre. Quiso la luna profundamente llena. En tu dolor lunar he visto dos mujeres, y un removido abismo bajo una luz serena. ¡Qué olor a madreselva desgarrada y hendida! ¡Qué exaltación de labios y honduras generosas! Bajo las huecas ropas aleteó la vida, y se sintieron vivas bruscamente las cosas. Eres más clara. Eres más tierna.  Eres más suave, Ardes y te consumes con más recogimiento. El nuevo amor te inspira la levedad del ave y ocupa los caminos pausados de tu aliento. Ríe, porque eres madre con luna. Así lo expresa tu palidez rendida de recorrer lo rojo; y ese cerezo exhausto que en tu corazón pesa, y el ascua repentina que te agiganta el ojo. Ríe, que todo ríe; que todo es madre leve. Profundidad del mundo sobre el que te has quedado sumiéndose y ahondándote mientras la luna mueve, igual que tú, su hermosa cabeza hacia otro lado. Nunca tan parecida tu frente al primer cielo. Todo lo abres, todo lo alegras, madre, aurora. Vienen rodando el hijo y el sol. Arcos de anhelo te impulsan. Eres madre. Sonríe. Ríe. Llora.
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19 de diciembre de 1937
¿De qué raso, Potencias, cómo era la celeste muchacha adolescente que se me irguió un día de la frente para llamarse siempre primavera? Sólo me queda ya la luz morada del ocaso que en junio llueve hielo, y que no busca el esplendor del cielo sino el descanso tibio de la almohada. Cada sueño más lento en breve sueño, sin países, jardines, ni el empeño de recorrer los mundos más distantes... La flor que corto empieza a ser nocturna. No tendré nunca más la flor diurna que era mi pectoral de oro y diamantes.
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La hora
Esta casa no es la que era. En esta casa había antes lagartijas, jarras, erizos, pintores, nubes, madreselvas, olas plegadas, amapolas, humo de hogueras... Esta casa no es la que era. Fue una caja de guitarra. Nunca se habló de fibromas, de porvenires, de pasados, de lejanías. Nunca pulsó nadie el bordón del grave acento: «nos queremos, te quiero, me quieres, nos quieren...» No podíamos ser solemnes, pues qué hubieran pensado entonces el gato, con su traje verde, el galápago, el ratón blanco, el girasol acromegálico... Esta casa no es la que era. Ha empezado a andar, paso a paso. Va abandonándonos sin prisa. Si hubiera ardido en pompa, todos, correríamos a salvarnos. Pero así, nos da tiempo a todo: a recoger cosas que ahora advertimos que no existían; a decirnos adiós, corteses; a recorrer, indiferentes, las paredes que tosen, donde proyectó su sombra la adelfa, sombra y ceniza de los días. Esta casa estuvo primero varada en una playa. Luego, puso proa a azules más hondos. Cantaba la tripulación. Nada podían contra ella las horas y los vendavales. Pero ahora se disuelve, como un terrón de azúcar en agua. Qué pensará el gato feudal al saber que no tiene alma; y los ajos, qué pensarán el domingo los ajos, qué pensarán el barril de orujo, el tomillo, el cantueso, cuando se miren al espejo y vean su cara cubierta de arrugas. Qué pensarán cuando se sepan olvidados de quienes fueron la prueba de su juventud, el signo de su eternidad, el pararrayos de la muerte. Esta casa no es la que era. Compasivamente, en la noche, sigue acunándonos.
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La casa
Esta casa no es la que era. En esta casa había antes lagartijas, jarras, erizos, pintores, nubes, madreselvas, olas plegadas, amapolas, humo de hogueras... Esta casa no es la que era. Fue una caja de guitarra. Nunca se habló de fibromas, de porvenires, de pasados, de lejanías. Nunca pulsó nadie el bordón del grave acento: «nos queremos, te quiero, me quieres, nos quieren...» No podíamos ser solemnes, pues qué hubieran pensado entonces el gato, con su traje verde, el galápago, el ratón blanco, el girasol acromegálico... Esta casa no es la que era. Ha empezado a andar, paso a paso. Va abandonándonos sin prisa. Si hubiera ardido en pompa, todos, correríamos a salvarnos. Pero así, nos da tiempo a todo: a recoger cosas que ahora advertimos que no existían; a decirnos adiós, corteses; a recorrer, indiferentes, las paredes que tosen, donde proyectó su sombra la adelfa, sombra y ceniza de los días. Esta casa estuvo primero varada en una playa. Luego, puso proa a azules más hondos. Cantaba la tripulación. Nada podían contra ella las horas y los vendavales. Pero ahora se disuelve, como un terrón de azúcar en agua. Qué pensará el gato feudal al saber que no tiene alma; y los ajos, qué pensarán el domingo los ajos, qué pensarán el barril de orujo, el tomillo, el cantueso, cuando se miren al espejo y vean su cara cubierta de arrugas. Qué pensarán cuando se sepan olvidados de quienes fueron la prueba de su juventud, el signo de su eternidad, el pararrayos de la muerte. Esta casa no es la que era. Compasivamente, en la noche, sigue acunándonos.
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Anoche te sentí tan cerca, fundida en remembranza, la frustración me llevaba a besarme a mí misma. Sentía tu aliento en los bozos de mis brazos, mis ojos cerrados perdidos en tu regazo, en ese tiempo donde éramos amantes, mi boca babeaba de tanto rebose, mi famélico cuerpo perdido en tu siembra, en tu tierra mojada nutriendo mi binza, esperando que la cosecha brotara en tu boca. Anoche tus labios mordían mis huecos, rellenándolos de desquicia y arrobamiento, mi pellejo temblaba de tanto esparcimiento, deslizada sobre mi cama, con tu nombre y sin recurso. Tus voz transportándome a tu guarida, invitándome a circular la duna de tu piel anguila, desnudar con mis labios tu madura exquisitez, desvistiéndote una y otra vez, desordenando tu rigidez, hasta que mi boca lograras despertar las gulas de tu ser. Anoche mi cabeza te tomo de rehén, me perdí en todos los sabores de tu ser. Anoche sé que escuchaste mi llamado al universo, mi boca sin saber besaba tu centro, agitados respiros deshilaron mis sábanas, perdido el control - me mordía y pellizcaba, llamaba tu nombre, recordaba tus pampas. Anoche recordé tu desenvoltura al recorrer los alcores de mi cuerpo, todas esas elevaciones, todos esos deslizamientos por las vías de nuestros cuerpos, sentí el calor de tu boca susurrarme; - - ¡te puedes rendir, haz llegado a la cumbre! Quede confundidamente extasiada y en silencio.., abrí los ojos para realizar, que acabamos de hacer el amor aunque no estés a mi lado. LeydisProse 10/17/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse//
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Oct 17, 2018
Oct 17, 2018 at 12:42 PM UTC
Anoche
Anoche te sentí tan cerca, fundida en remembranza, la frustración me llevaba a besarme a mí misma. Sentía tu aliento en los bozos de mis brazos, mis ojos cerrados perdidos en tu regazo, en ese tiempo donde éramos amantes, mi boca babeaba de tanto rebose, mi famélico cuerpo perdido en tu siembra, en tu tierra mojada nutriendo mi binza, esperando que la cosecha brotara en tu boca. Anoche tus labios mordían mis huecos, rellenándolos de desquicia y arrobamiento, mi pellejo temblaba de tanto esparcimiento, deslizada sobre mi cama, con tu nombre y sin recurso. Tus voz transportándome a tu guarida, invitándome a circular la duna de tu piel anguila, desnudar con mis labios tu madura exquisitez, desvistiéndote una y otra vez, desordenando tu rigidez, hasta que mi boca lograras despertar las gulas de tu ser. Anoche mi cabeza te tomo de rehén, me perdí en todos los sabores de tu ser. Anoche sé que escuchaste mi llamado al universo, mi boca sin saber besaba tu centro, agitados respiros deshilaron mis sábanas, perdido el control - me mordía y pellizcaba, llamaba tu nombre, recordaba tus pampas. Anoche recordé tu desenvoltura al recorrer los alcores de mi cuerpo, todas esas elevaciones, todos esos deslizamientos por las vías de nuestros cuerpos, sentí el calor de tu boca susurrarme; - - ¡te puedes rendir, haz llegado a la cumbre! Quede confundidamente extasiada y en silencio.., abrí los ojos para realizar, que acabamos de hacer el amor aunque no estés a mi lado. LeydisProse 10/17/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse//
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Hay que andar por el camino posando apenas los pies; hay que ir por este mundo como quien no va por él. La alforja ha de ser ligera, firme el báculo ha de ser, y más firme la esperanza y más firme aún la fe. A veces la noche es lóbrega; mas para el que mira bien siempre desgarra una estrella la ceñuda lobreguez. Por último, hay que morir al deseo y al placer, para que al llegar la muerte a buscarnos, halle que ya estamos muertos del todo, no tenga nada que hacer y se limite a llevarnos de la mano por aquel sendero maravilloso que habremos de recorrer, libertados para siempre de tiempo y espacio. ¡Amén!
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Hay que...
El beodo narraba dificultosamente, con hipos de agonía y vahos de aguardiente: Él, residuo de hombre, sin vigor ni decoro, era el único dueño de un singular tesoro. Y vi en su mano torpe, tal como una serpiente de escamas de oro puro, la trenza reluciente: su tesoro romántico, su reliquia -aunque ignoro de quién era la trenza de cabellos de oro-. Y una noche de lluvia se colgó de una rama, y un rechinar de dientes epilogó su drama de recorrer a tientas las brumas del alcohol. Y allí lo vimos todos, al inflamarse el día, y en su cárdeno cuello la trenza relucía cual si se hubiese ahorcado con un rayo de sol.
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Poema lamentable
Dejé mi copa en el brocal maldito. Grité hacia abajo, hacia el profundo hueco, pero el coro sarcástico del eco me devolvió multiplicado el grito. Llegaba tarde: el pozo estaba seco. Un gran golpe de viento lleno el pozo, y, al recorrer su vertical garganta, en su más honda hondura oí un sollozo, donde cantaba el agua y ya no canta... Brillaba entonces la primera estrella, pero el anochecer amanecía cuando me puse a comparar aquella profunda sed del pozo con la mía. Y allí dejé mi copa abandonada, con un tardío gesto de homenaje por quien se supo dar sin pedir nada al que calmo su sed y siguió viaje... Y allí, junto al brocal ennegrecido, y el cubo roto, y la inservible rueda, comprendí que no cabe en el olvido la ingratitud de un agua que se ha ido ni el espanto de un pozo que se queda...
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El pozo seco