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¿De qué raso, Potencias, cómo era la celeste muchacha adolescente que se me irguió un día de la frente para llamarse siempre primavera? Sólo me queda ya la luz morada del ocaso que en junio llueve hielo, y que no busca el esplendor del cielo sino el descanso tibio de la almohada. Cada sueño más lento en breve sueño, sin países, jardines, ni el empeño de recorrer los mundos más distantes... La flor que corto empieza a ser nocturna. No tendré nunca más la flor diurna que era mi pectoral de oro y diamantes.
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La hora
¿De qué raso, Potencias, cómo era la celeste muchacha adolescente que se me irguió un día de la frente para llamarse siempre primavera? Sólo me queda ya la luz morada del ocaso que en junio llueve hielo, y que no busca el esplendor del cielo sino el descanso tibio de la almohada. Cada sueño más lento en breve sueño, sin países, jardines, ni el empeño de recorrer los mundos más distantes... La flor que corto empieza a ser nocturna. No tendré nunca más la flor diurna que era mi pectoral de oro y diamantes.