Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
"quisiste" poems
Extrañarte es uno de los peores sentimientos que puedo llegar a tener; no por el simple hecho de extrañarte, si no por saber que no puedo tenerte. No puedo tenerte porque sé que aunque te salude no regresarás conmigo. No puedo tenerte porque sé que aún cuando volvimos a platicar, ya no quisiste saber nada sobre mí. Te extraño y no creo que tú me extrañes, y si lo haces, sé que no harías algo para dejar de hacerlo mas que olvidarme.
0
Aug 7, 2013
Aug 7, 2013 at 4:50 AM UTC
Extrañarte.
En la mañana sale el sol, despertamos con una ilusión, ver a nuestra isla ser una nación, lucharemos por nuestra tierra después de la puesta del sol. Ya es de noche, reina la oscuridad, vestidos de negros, jamás nos verán, con las sombras nos confundirán y cuando menos lo esperan muy tarde será, porque ya pronto tendremos nuestra libertad. Mi pueblo está cansado de ser oprimido, y ustedes invasores pagarán por lo que ha sucedido, nuestra tierra la han destruido pero de nuestro corazón se siente un latido, aún no estamos en el olvido. Nuestra cultura quisiste eliminar, pero la mancha de plátano es difícil de borrar, armados con fusiles y machetes iremos a luchar, y en esta noche la muerte de Filiberto y Albizu vamos a vengar, ya pronto la supremacía americana va a terminar, por fin mi pueblo podrá respirar. Escrito por: Yamil Rosario Vázquez (16-feb-2012) Este poema es dedicado a todas las personas que en sus vidas han puesto un granito de arena para lograr la independencia de Puerto Rico, y a aquellos que han muerto luchando por ella. En especial a: Pedro Albizu Campos, Filiberto Ojeda Ríos, Ramón Emeterio Betances, y los a los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico recinto de Río Piedras.
0
Feb 18, 2012
Feb 18, 2012 at 4:59 PM UTC
Todo pueblo merece ser libre
Se mi amigo fiel, que conoce lo mas profundo de mí, que sabe en que rincón de mi mente me gusta estar en las noches de media luna, Y cual beso me gusta mas después de llorar… Si, amigo, porque no fuiste mi gran amor, porque solo quisiste Y lograste Aprenderme, y quererme sin amar, Enseñarme sin maldad, Las cosas de la vida Que no se aprenden de otra forma. Se mi amigo fiel, Y déjame conocerte, como tu a mi, Desnudo, No de cuerpo, Sino de tu ser completo. Pediste mi amistad, Mi lealtad, Después de todo Lo demás que te entregué Que mas? Si me conoces Mejor que nadie De maneras Que nadie mas imagina. Amistad, pides. Y para que? Que mas, si me conoces Al derecho y al revés Si me conociste De adentro para afuera, Si nos quisimos Y nos prendimos Y aprendimos Lo que no se aprende de los amigos? Y ahora se mi amigo fiel, Que yo te aguardare Tus secretos Y los suspiros De media tarde Que me regalabas, Cuando jugábamos A ser novios, Cuando la amistad Estallaba en flama Ardiente, viva, apasionada Y con destino a la destrucción. Se entonces mi amigo fiel, Que no pudiste ser mi gran querer.
0
Jan 8, 2013
Jan 8, 2013 at 1:06 AM UTC
Amigo.
Donde se mete la mano, se mete la pata Si me acordara, en que momento me comencé a quemar en el aceite caliente de los errores creame, usted que me lee la hubiera sacado hubiera perdonado …me hubieran perdonado. Después que se cometen los errores, todos te lo advirtieron Te vieron ahogarte y nada hicieron o tal vez nada quisiste hicieran Vi el mundo correr y del macabro orgullo no me pude desprender. En esto de las erratas, es fácil recaer y con mi historial, fogatas se pueden hacer Más que un tropezón, es una profesión Si hubiera atendido a tiempo la condición no tuviera porqué excusarme, todas estas voces serían fetos y no tendría que intoxicarme de medicamentos ¿He aprendido algo? Sí Si te me acercas mucho, mucho daño te haré. Además, he aprendido algo esencial… Donde se mete la mano, se mete la pata.
0
Aug 29, 2014
Aug 29, 2014 at 3:59 PM UTC
Errar
Te digo adiós, y acaso te quiero todavía. Quizás no he de olvidarte, pero te digo adiós. 1 No sé si me quisiste... No sé si te quería... O tal vez nos quisimos demasiado los dos. Este cariño triste, y apasionado, y loco, me lo sembré en el alma para quererte a ti. No sé si te amé mucho... no sé si te amé poco; pero sí sé que nunca volveré a amar así. Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo, 2 y el corazón me dice que no te olvidaré; pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo, tal vez empiezo a amarte como jamás te amé. 3 Te digo adiós, y acaso, con esta despedida, mi más hermoso sueño muere dentro de mí... Pero te digo adiós, para toda la vida, aunque toda la vida siga pensando en ti.
0
990
Poema de la despedida
te había querido antes, y mas de una vez así; te había conocido ya tus gestos, tu respiración; te había aprendido tus labios, tus manos; te había sentido tu piel ardiente, tu necesidad mojada.... y sin embargo ahora no te reconocí. era la misma piel, y no lo era; era tu misma lengua, y no era igual; era tu mismo cuerpo, pero era diferente: tus caricias alcanzaban, esta vez, lo que antes no podían de mi; tus manos hacían temblar las partes de mi que nunca habías tocado, no, no, escúchame: pensábamos que ya habíamos explorado todo y no, esta vez tocaste mas allá, mucho mas allá, de mi cuerpo; esta vez llegaste a mi. Parecíamos los dos los mismos, pero esta vez, te quise por que me quisiste, así sin condición, así sin pretender. parecíamos los mismos, pero algo cambio.
0
Jan 11, 2013
Jan 11, 2013 at 12:49 AM UTC
Parecíamos
De vuelta de una gloria inexistente, después de haber avanzado un paso hacia ella, retrocedo a velocidad indecible, alegre casi como quien dobla la esquina de la calle donde hay una reyerta, llorando avergonzado como el adolescente hijo de viuda sexagenaria y pobre expulsado de la escuela vespertina en la que era becario. Estoy aquí, donde yo siempre estuve, donde apenas hay sitio para mantenerse erguido. La soledad es un farol certeramente apedreado: sobre ella me apoyo. La esperanza es el quicio de una puerta de la casa que fue desarraigada de sus cimientos por los huracanes: quicio-resquicio por donde entro y salgo cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio), del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo), del todo (me hace daño) al nada (me lastima). No importa, sin embargo. Los aviones de propulsión a chorro salvan rápidamente la distancia que separa Tokio de Copenhague, pero con más rapidez todavía me desplazo yo a un punto situado a diez centímetros de mí mismo, de prisa, muy de prisa, en un abrir y cerrar de ojos, en sólo una diezmilésima de segundo, lo cual supone una velocidad media de setenta kilómetros a la hora, que me permite, si mis cálculos son correctos, estar en este instante aquí, después mucho más lejos, mañana en un lugar sito a casi mil millas, dentro de una semana en cualquier parte de la esfera terrestre, por alejada que os parezca ahora. Consciente de esa circunstancia, en muchas ocasiones emprendo largos viajes; pero apenas me desplazo unos milímetros hacia los destinos más remotos, la nostalgia me muerde las entrañas, y regreso a mi posición primera alegre y triste a un tiempo -como dije al principio: alegre, porque sé que tú eres mi patria, amor mío; y triste, porque toda patria, para los que la amamos, -de acuerdo con mi personal experiencia de la patria- tiene también bastante de presidio. Así, en ti me quedo, paseo largamente tus piernas y tus brazos, asciendo hasta tu boca, me asomo al borde de tus ojos, doy la vuelta a tu cuello, desciendo por tu espalda, cambio de ruta para recorrer tus caderas, vuelvo a empezar de nuevo, descansando en tu costado, miro pasar las nubes sobre tus labios rojos, digo adiós a los pájaros que cruzan por tu frente, y si cierras los ojos cierro también los míos, y me duermo a tu sombra como si siempre fuera verano, amor, pensando vagamente en el mundo inquietante que se extiende -imposible- detrás de tu sonrisa.
0
1.1k
En ti me quedo
De vuelta de una gloria inexistente, después de haber avanzado un paso hacia ella, retrocedo a velocidad indecible, alegre casi como quien dobla la esquina de la calle donde hay una reyerta, llorando avergonzado como el adolescente hijo de viuda sexagenaria y pobre expulsado de la escuela vespertina en la que era becario. Estoy aquí, donde yo siempre estuve, donde apenas hay sitio para mantenerse erguido. La soledad es un farol certeramente apedreado: sobre ella me apoyo. La esperanza es el quicio de una puerta de la casa que fue desarraigada de sus cimientos por los huracanes: quicio-resquicio por donde entro y salgo cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio), del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo), del todo (me hace daño) al nada (me lastima). No importa, sin embargo. Los aviones de propulsión a chorro salvan rápidamente la distancia que separa Tokio de Copenhague, pero con más rapidez todavía me desplazo yo a un punto situado a diez centímetros de mí mismo, de prisa, muy de prisa, en un abrir y cerrar de ojos, en sólo una diezmilésima de segundo, lo cual supone una velocidad media de setenta kilómetros a la hora, que me permite, si mis cálculos son correctos, estar en este instante aquí, después mucho más lejos, mañana en un lugar sito a casi mil millas, dentro de una semana en cualquier parte de la esfera terrestre, por alejada que os parezca ahora. Consciente de esa circunstancia, en muchas ocasiones emprendo largos viajes; pero apenas me desplazo unos milímetros hacia los destinos más remotos, la nostalgia me muerde las entrañas, y regreso a mi posición primera alegre y triste a un tiempo -como dije al principio: alegre, porque sé que tú eres mi patria, amor mío; y triste, porque toda patria, para los que la amamos, -de acuerdo con mi personal experiencia de la patria- tiene también bastante de presidio. Así, en ti me quedo, paseo largamente tus piernas y tus brazos, asciendo hasta tu boca, me asomo al borde de tus ojos, doy la vuelta a tu cuello, desciendo por tu espalda, cambio de ruta para recorrer tus caderas, vuelvo a empezar de nuevo, descansando en tu costado, miro pasar las nubes sobre tus labios rojos, digo adiós a los pájaros que cruzan por tu frente, y si cierras los ojos cierro también los míos, y me duermo a tu sombra como si siempre fuera verano, amor, pensando vagamente en el mundo inquietante que se extiende -imposible- detrás de tu sonrisa.
Continue reading...
73
Si hay hombres que contienen un alma sin fronteras, una esparcida frente de mundiales cabellos, cubierta de horizontes, barcos y cordilleras, con arena y con nieve, tú eres uno de aquellos. Las patrias te llamaron con todas sus banderas, que tu aliento llenara de movimientos bellos. Quisiste apaciguar la sed de las panteras, y flameaste henchido contra sus atropellos. Con un sabor a todos los soles y los mares, España te recoge porque en ella realices tu majestad de árbol que abarca un continente. A través de tus huesos irán los olivares desplegando en la tierra sus más férreas raíces, abrazando a los hombres universal, fielmente.
0
921
Al soldado internacional caído en españa
Como en un libro abierto leo de tus pupilas en el fondo. ¿A qué fingir el labio risas que se desmienten con los ojos?¡Llora!  No te avergüences de confesar que me quisiste un poco. ¡Llora!  Nadie nos mira. Ya ves; yo soy un hombre... y también lloro.
0
758
Rima xliv
El vago azar o las precisas leyes Que rigen este sueño, el universo, Me permitieron compartir un terso Trecho del curso con Alfonso Reyes. Supo bien aquel arte que ninguno Supo del todo, ni Simbad ni Ulises, Que es pasar de un país a otros países Y estar íntegramente en cada uno. Si la memoria le clavó su flecha Alguna vez, labró con el violento Metal del arma el numeroso y lento Alejandrino o la afligida endecha. En los trabajos lo asistió la humana Esperanza y fue lumbre de su vida Dar con el verso que ya no se olvida Y renovar la prosa castellana. Más allá del Myo Cid de paso tardo Y de la grey que aspira a ser oscura, Rastreaba la fugaz literatura Hasta los arrabales del lunfardo. En los cinco jardines del Marino Se demoró, pero algo en él había Inmortal y esencial que prefería El arduo estudio y el deber divino. Prefirió, mejor dicho, los jardines De la meditación, donde Porfirio Erigió ante las sombras y el delirio El Árbol del Principio y de los Fines. Reyes, la indescifrable providencia Que administra lo pródigo y lo parco Nos dio a los unos el sector o el arco, Pero a ti la total circunferencia. Lo dichoso buscabas o lo triste Que ocultan frontispicios y renombres: Como el Dios del Erígena, quisiste Ser nadie para ser todos los hombres. Vastos y delicados esplendores Logró tu estilo, esa precisa rosa, Y a las guerras de Dios tornó gozosa La sangre militar de tus mayores. ¿Dónde estará (pregunto) el mexicano? ¿Contemplará con el horror de Edipo Ante la extraña Esfinge, el Arquetipo Inmóvil de la Cara o de la Mano? ¿O errará, como Swedenborg quería, Por un orbe más vívido y complejo Que el terrenal, que apenas es reflejo De aquella alta y celeste algarabía? Si (como los imperios de la laca Y del ébano enseñan) la memoria Labra su íntimo Edén, ya hay en la gloria Otro México y otra Cuernavaca. Sabe Dios los colores que la suerte Propone al hombre más allá del día; Yo ando por estas calles. Todavía Muy poco se me alcanza de la muerte. Sólo una cosa sé. Que Alfonso Reyes (Dondequiera que el mar lo haya arrojado) Se aplicará dichoso y desvelado Al otro enigma y a las otras leyes. Al impar tributemos, al diverso Las palmas y el clamor de la victoria: No profane mi lágrima este verso Que nuestro amor inscribe a su memoria.
0
901
In memoriam
El vago azar o las precisas leyes Que rigen este sueño, el universo, Me permitieron compartir un terso Trecho del curso con Alfonso Reyes. Supo bien aquel arte que ninguno Supo del todo, ni Simbad ni Ulises, Que es pasar de un país a otros países Y estar íntegramente en cada uno. Si la memoria le clavó su flecha Alguna vez, labró con el violento Metal del arma el numeroso y lento Alejandrino o la afligida endecha. En los trabajos lo asistió la humana Esperanza y fue lumbre de su vida Dar con el verso que ya no se olvida Y renovar la prosa castellana. Más allá del Myo Cid de paso tardo Y de la grey que aspira a ser oscura, Rastreaba la fugaz literatura Hasta los arrabales del lunfardo. En los cinco jardines del Marino Se demoró, pero algo en él había Inmortal y esencial que prefería El arduo estudio y el deber divino. Prefirió, mejor dicho, los jardines De la meditación, donde Porfirio Erigió ante las sombras y el delirio El Árbol del Principio y de los Fines. Reyes, la indescifrable providencia Que administra lo pródigo y lo parco Nos dio a los unos el sector o el arco, Pero a ti la total circunferencia. Lo dichoso buscabas o lo triste Que ocultan frontispicios y renombres: Como el Dios del Erígena, quisiste Ser nadie para ser todos los hombres. Vastos y delicados esplendores Logró tu estilo, esa precisa rosa, Y a las guerras de Dios tornó gozosa La sangre militar de tus mayores. ¿Dónde estará (pregunto) el mexicano? ¿Contemplará con el horror de Edipo Ante la extraña Esfinge, el Arquetipo Inmóvil de la Cara o de la Mano? ¿O errará, como Swedenborg quería, Por un orbe más vívido y complejo Que el terrenal, que apenas es reflejo De aquella alta y celeste algarabía? Si (como los imperios de la laca Y del ébano enseñan) la memoria Labra su íntimo Edén, ya hay en la gloria Otro México y otra Cuernavaca. Sabe Dios los colores que la suerte Propone al hombre más allá del día; Yo ando por estas calles. Todavía Muy poco se me alcanza de la muerte. Sólo una cosa sé. Que Alfonso Reyes (Dondequiera que el mar lo haya arrojado) Se aplicará dichoso y desvelado Al otro enigma y a las otras leyes. Al impar tributemos, al diverso Las palmas y el clamor de la victoria: No profane mi lágrima este verso Que nuestro amor inscribe a su memoria.
Continue reading...
64
Un Ofir imposible de perseguir cansado, De ese golfo risueño fundaste en la ribera, Donde plantó tu mano la española bandera, Una Cartago nueva en país ignorado. Quisiste que tu nombre quedara cimentado Sobre el suelo en que alzaste tu ciudad, y que fuera eternamente gloria de tu raza guerrera, ¡Mas tu anhelo escribiste sobre arena, oh soldado! Cartagena abrasada bajo ardiente azul puro, Ve sus grises palacios derrumbarse y su muro, En el mar que la costa cavando se dilata; Y hoy, Fundador, tan sólo brilla en tu alta cimera, Heráldico, testigo de tu ideal quimera, Bajo una palma de oro, blanca ciudad de plata.
0
739
A un fundador de ciudad
Si el amor es ciego, la pacíon se apaga... Si el corazón es ciego, el mundo nuestro muero. Si alguna vez me amastes, perdiste la ilucion. Si alguna vez me quisiste, tu corazón muerio. Si alguna vez me deceastes, me fallates. Pero si me amas. Solo estas confundida...
0
Oct 29, 2015
Oct 29, 2015 at 5:16 AM UTC
Alguna
Palabras que estás diciendo -"cariño... siempre...seguro... " - con voz lenta en gesto quieto. Ventanas dobles, vidrieras cerradas, encortinadas, guillotinan tentaciones. (Horizontes, aires, rumbos). El cielo es el techo, todo del color que tú quisiste, sin constelación ni guía. Entreabierta alcoba-tuya, mía-, renuncias desposa. Pero más allá de todo ¡qué claro se te ve el sino! Ni ese zapato de cuento, de cristal, frágil, altísimo, ni ese pelo ¡qué domado plano, doméstico, liso! me engañan. Ya se estremecen las tierras que estrenarás, el horizonte que rompas, el cielo por donde subas. Talón al aire te veo, aquí tan quieta conmigo, cabellera suelta al viento -¡manzanas que te echaría!- y luego el mito, ascensor antiguo, que te sube, allá, a la fábula.
0
539
44
Amar -nadie lo ignora- viene a ser como un juego: el juego de dos almas y el juego de dos vidas. Y hay quien gana y quien pierde. Tal vez lo sabrás luego, si yo logro olvidarte pero tú no me olvidas. Yo sé por qué lo digo. La vida tiene un modo sutil de detenerse mientras sigue adelante, y una mujer bonita puede olvidarlo todo menos su última cita con su primer amante. Por eso, allá... tan lejos... en tus tardes de hastío, puede ser que comprendas que el hombre a quien quisiste llenó de mariposas tu corazón vacío y de fechas alegres tu calendario triste. Y como tu pasado no pasó todavía tendrás que recordarme viendo en tu tocador aquellos espejuelos oscuros con que un día disimulaste un poco tus tijeras de amor. Y yo sé que otro día, de rezos y conjuros, te dirán que me he muerto  -yo sé que será así - y te pondrás los mismos espejuelos oscuros para que nadie sepa que lloraste por mí.
0
461
Poema para olvidarte
Maldiciendo su destino como Glauco, el dios marino, mira, turbia la pupila de llanto, el mar, que le debe su blanca virgen Scyla.Él sabe que un Dios más fuerte con la sustancia inmortal está jugando a la muerte, cual niño bárbaro. Él piensa que ha de caer como rama que sobre las aguas flota, antes de perderse, gota de mar, en la mar inmensa.En sueños oyó el acento de una palabra divina; en sueños se le ha mostrado la cruda ley diamantina, sin odio ni amor, y el frío soplo del olvido sabe sobre un arenal de hastío.Bajo las palmeras del oasis el agua buena miró brotar de la arena; y se abrevó entre las dulces gacelas, y entre los fieros animales carniceros...Y supo cuánto es la vida hecha de sed y dolor. Y fue compasivo para el ciervo y el cazador, para el ladrón y el robado, para el pájaro azorado, para el sanguinario azor.Con el sabio amargo dijo: Vanidad de vanidades, todo es negra vanidad; y oyó otra voz que clamaba, alma de sus soledades: sólo eres tú, luz que fulges en el corazón, verdad.Y viendo cómo lucían miles de blancas estrellas, pensaba que todas ellas en su corazón ardían. ¡Noche de amor!Y otra noche sintió la mala tristeza que enturbia la pura llama, y el corazón que bosteza, y el histrión que declamaY dijo: Las galerías del alma que espera están desiertas, mudas, vacías: las blancas sombras se van.Y el demonio de los sueños abrió el jardín encantado de ayer. ¡Cuán bello era! ¡Qué hermosamente el pasado fingía la primavera, cuando del árbol de otoño estaba el fruto colgado, mísero fruto podrido, que en el hueco acibarado guarda el gusano escondido!  ¡Alma, que en vano quisiste ser más joven cada día, arranca tu flor, la humilde flor de la melancolía!
0
468
El poeta
Maldiciendo su destino como Glauco, el dios marino, mira, turbia la pupila de llanto, el mar, que le debe su blanca virgen Scyla.Él sabe que un Dios más fuerte con la sustancia inmortal está jugando a la muerte, cual niño bárbaro. Él piensa que ha de caer como rama que sobre las aguas flota, antes de perderse, gota de mar, en la mar inmensa.En sueños oyó el acento de una palabra divina; en sueños se le ha mostrado la cruda ley diamantina, sin odio ni amor, y el frío soplo del olvido sabe sobre un arenal de hastío.Bajo las palmeras del oasis el agua buena miró brotar de la arena; y se abrevó entre las dulces gacelas, y entre los fieros animales carniceros...Y supo cuánto es la vida hecha de sed y dolor. Y fue compasivo para el ciervo y el cazador, para el ladrón y el robado, para el pájaro azorado, para el sanguinario azor.Con el sabio amargo dijo: Vanidad de vanidades, todo es negra vanidad; y oyó otra voz que clamaba, alma de sus soledades: sólo eres tú, luz que fulges en el corazón, verdad.Y viendo cómo lucían miles de blancas estrellas, pensaba que todas ellas en su corazón ardían. ¡Noche de amor!Y otra noche sintió la mala tristeza que enturbia la pura llama, y el corazón que bosteza, y el histrión que declamaY dijo: Las galerías del alma que espera están desiertas, mudas, vacías: las blancas sombras se van.Y el demonio de los sueños abrió el jardín encantado de ayer. ¡Cuán bello era! ¡Qué hermosamente el pasado fingía la primavera, cuando del árbol de otoño estaba el fruto colgado, mísero fruto podrido, que en el hueco acibarado guarda el gusano escondido!  ¡Alma, que en vano quisiste ser más joven cada día, arranca tu flor, la humilde flor de la melancolía!
Continue reading...
42
Te acordarás un día de aquel amante extraño que te besó en la frente para no hacerte daño. Aquel que iba en la sombra con la mano vacía, porque te quiso tanto que no te lo decía. Aquel amante loco que era como un amigo, y que se fue con otra para soñar contigo. Te acordarás un día de aquel extraño amante, profesor de horas lentas, con alma de estudiante. Aquel hombre lejano que volvió del olvido sólo para quererte como nadie ha querido. Aquel que fue ceniza de todas las hogueras, y te cubrió de rosas, sin que tú lo supieras. Te acordarás un día del hombre indiferente que en las tardes de lluvia te besaba en la frente; viajero silencioso de las noches de estío, que sembraba en la arena su corazón tardío. 1 Te acordarás un día de aquel hombre lejano, del que más te ha querido, porque te quiso en vano. Quizás, así, de pronto, te acordarás un día de aquel hombre que a veces callaba y sonreía. Tu rosal preferido se secará en el huerto, como para decirte que aquel hombre se ha muerto. Y él andará en la sombra, con su sonrisa triste. Y únicamente entonces sabrás que lo quisiste.
0
385
Te acordarás un día
Si de pronto no existes, si de pronto no vives, yo seguiré viviendo. No me atrevo, no me atrevo a escribirlo, si te mueres. Yo seguiré viviendo. Porque donde no tiene voz un hombre allí, mi voz. Donde los negros sean apaleados, yo no puedo estar muerto. Cuando entren en la cárcel mis hermanos entraré yo con ellos. Cuando la victoria, no mi victoria, sino la gran victoria llegue, aunque esté mudo debo hablar: yo la veré llegar aunque esté ciego. No, perdóname. Si tú no vives, si tú, querida, amor mío, si tú te has muerto, todas las hojas caerán en mi pecho, lloverá sobre mi alma noche y día, la nieve quemará mi corazón, andaré con frío y fuego y muerte y nieve, mis pies querrán marchar hacia donde tú duermes, pero seguiré vivo, porque tú me quisiste sobre todas las cosas indomable, y, amor, porque tú sabes que soy no sólo un hombre sino todos los hombres.
0
375
La muerta
Fuensanta, dulce amiga, blanca y leve mujer, dueña ideal de mi primer suspiro y mis copiosas lágrimas de ayer; enlutada que un día de entusiasmo soñé condecorar, prendiendo, en la alborada de las nupcias, en el gro mobiliario de tu pecho una fecunda rama de azahar; dime: ¿es verdad que ha muerto mi quimera, y el idólatra de tu palidez no volverá a soñar con el milagro de la diáfana rosa de tu tez? (Así interrogo en la profunda noche mientras las nubes van cual pesadillas lóbregas, y gimen, a distancia, unos huérfanos sin pan). De las cercanas torres bajo el fúnebre son de un toque de difuntos, y Fuensanta clama en un gesto de desolación: «¿No escuchas las esquilas agoreras? »¡Tocan a muerto por nuestra ilusión! Me duele ser crüel y quitar de tus labios la última gota de la vieja miel. »Mas el cadáver del amor con alas con que en horas de infancia me quisiste, yo lo he de estrechar contra mi pecho fiel, y en una urna presidirá los lutos de mi hogar». (Hemos callado porque nuestras almas están bien enclavadas en su cruz. Me despido... Ella guía, llevando, en un trasunto de Evangelio, en las frágiles manos una luz. Pero apenas llegados al umbral -suspiro de alma en pena o soplo del Espíritu del mal-, un golpe de aire mata la bujía... Aúlla un perro en la calma sepulcral). Fue así como Fuensanta y el idólatra nos dijimos adiós en las tinieblas de la noche fatal...
0
380
El adiós
¡Parece mentira que hayas existido! Te veo tan lejos... Tu mirada, tu voz, tu sonrisa, me llegan al fondo de un pasado inmenso... Eras más sutil que mi propio ensueño; eres el fantasma de un fantasma, eres el espectro de un espectro... Para reconstruír tu imagen remota he menester ya de un enorme esfuerzo. ¿De veras me quisiste? ¿De veras me besabas? ¿De veras recorrías la casa, hoy en silencio? ¿De veras, en diez años, tu cabecita rubia reposó por las noches, confiada en mi pecho? ¡Ay qué perspectivas esas de la muerte! ¡Qué horizontes tan bellos! ¡Cuál os divinizan, oh difuntas jóvenes, con sus lejanías llenas de misterio! ¡Qué consagraciones tan definitivas las que da el Silencio!... ¡Cuál os vuelve míticas, casi fabulosas! ¡Qué tristes mujeres de carne y de hueso, con sus pobres encantos efímeros, podrían venceros? Tenéis un augusto prestigio de estatua, y por un fenómeno de rareza lleno, mientras más distantes, más imperïosas vais agigantandoos en el pensamiento.
0
362
Vii. lejanía
Aún alegran tu calle los viejos mediodías y la sombra del álamo refresca tu portal, todo está como entonces, cuando tú me querías, pero ya no me quieres, y todo sigue igual. Sin embargo, no importa, yo sé que me quisiste más allá de aquel beso, de aquel que no te di, y sé que alguna noche te irás quedando triste al ponerte un vestido que me gustaba a mí.
0
302
Pequeña canción 2