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"quedan" poems
Matilde, dónde estás? Noté, hacia abajo, entre corbata y corazón, arriba, cierta melancolía intercostal: era que tú de pronto eras ausente. Me hizo falta la luz de tu energía y miré devorando la esperanza, miré el vacío que es sin ti una casa, no quedan sino trágicas ventanas. De puro taciturno el techo escucha caer antiguas lluvias deshojadas, plumas, lo que la noche aprisionó: y así te espero como casa sola y volverás a verme y habitarme. De otro modo me duelen las ventanas.
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Soneto lxv
Te he aprendido a amar con tus imperfecciones, pues tú has aprendido a amarme con las mías. Has cautivado cada parte de mi ser. Esa curvatura insaciable que conjuga tu estatura de almirante. Mi iris se centra en ti, en tu mirada penetrante, cada vez que soy parte de tu horizonte. Te he aprendido a amar con tus marcas de combate y las he apreciado como si hubiesen sido talladas por el más pretigiado escultor. Haces que de mi rostro reluzca un símbolo de paz, esa risa coqueta que solo se presenta cuando tú estás. Tus dedos forman parte de la más perfecta obra musical, mis oídos se percatan de cada nota que en el aire flota. Te he aprendido a amar en las peores circunstancias y orgullosa me siento por haber sido ese necesitado sustento que siempre has merecido. Seré tu camino al placer por el tiempo que desees, al igual que seré tu mejor amiga cuando sientas que tu pecho desahogar debes. No me importa tu cuerpo, ni nada que la sociedad clasifique como algo "imperfecto", la belleza corporal se va y quienes se quedan son los sentimientos. Esa gentileza y sentido del humor fueron los que me inclinaron hacia ti, eres mi musa, mi inspiración. Sobre ti puedo contar las más grandes aventuras. Te he aprendido a amar, en todos los aspectos, duele cuando dudas sobre lo que por ti siento. Aunque los años pasen y nuestros seres ya no sean encontrados, mis sentimientos por ti permanecerán intactos.
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Apr 17, 2015
Apr 17, 2015 at 1:25 PM UTC
Piel morena, ojos café
Pan dulce se sienta en un plato de pastelería en mi cocina Rara vez tocado, pero siempre admirado Fresco y colorido y lleno de variedad. Los panes delicados quedan sin comer Todavía los compro como recordatorio de Mi familia en otra tierra a un mundo de distancia Parece más cercano cuando estoy rodeado por el sabor, los olores y las texturas de la casa de mi padre biológico. Mi Familia Mi casa en Mexico
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Mar 15, 2021
Mar 15, 2021 at 11:05 PM UTC
Home
El dolor se vuelve mudo pero me agita sin avisar, y corta. Las lagrimas se quedan presas, y no puedo dejarlas pasar. El pasado y el presente los diviso sin distinción Me hago daño como si sirviera de consolación. Y el sol quema, y mi piel pálida arde. No tengo claro que estoy haciendo, si algo es cierto es que me estoy destruyendo. Fin
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Jul 21, 2014
Jul 21, 2014 at 5:34 PM UTC
lagrimas prisioneras
Con él su vida entera coincidía, Toda promesa y realidad iguales, La mocedad austera vuelta apenas Gozosa madurez, tan demoradas Como día estival. Así olvidaste, Amando su existir, temer su muerte. Pero su muerte, al allegarle ahora, Calló la voz que cerca nunca oíste, A cuyos ecos despertaron tantos Sueños del mundo en ti nunca vividos, Hoy no soñados porque ya son vida. Cuando para seguir nos falta aliento, Roto el mágico encanto de las cosas, Si en soledad alzabas la cabeza, Sonreír le veías tras sus libros. Ya entre ellos y tú falta de sombra, Falta su sombra noble ya en la vida. Usándonos a ciegas todo sigue, Aunque unos pocos, como tú, os digáis: Lo que con él termina en nuestro mundo No volverá a este mundo. Y no hay consuelo, Que el tiempo es duro y sin virtud los hombres. Bien pocos seres que admirar te quedan.
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In memoriam a.g.
Hombres veo que de hombres sólo tienen, sólo gastan el parecer y el cigarro, el pantalón y la barba. En el corazón son liebres, gallinas en las entrañas, galgos de rápido vientre, que en épocas de paz ladran y en épocas de cañones desaparecen del mapa. Estos hombres, estas liebres, comisarios de la alarma, cuando escuchan a cien leguas el estruendo de las balas, con singular heroísmo a la carrera se lanzan, se les alborota el ano, el pelo se les espanta. Valientemente se esconden, gallardamente se escapan del campo de los peligros estas fugitivas cacas, que me duelen hace tiempo en los cojones del alma. ¿Dónde iréis que no vayáis a la muerte, liebres pálidas, podencos de poca fe y de demasiadas patas? ¿No os avergüenza mirar en tanto lugar de España a tanta mujer serena bajo tantas amenazas? Un tiro por cada diente vuestra existencia reclama, cobardes de piel cobarde y de corazón de caña. Tembláis como poseídos de todo un siglo de escarcha y vais del sol a la sombra llenos de desconfianza. Halláis los sótanos poco defendidos por las casas. Vuestro miedo exige al mundo batallones de murallas, barreras de plomo a orillas de precipicios y zanjas para vuestra pobre vida, mezquina de sangre y ansias. No os basta estar defendidos por lluvias de sangre hidalga, que no cesa de caer, generosamente cálida, un día tras otro día a la gleba castellana. No sentís el llamamiento de las vidas derramadas. Para salvar vuestra piel las madrigueras no os bastan, no os bastan los agujeros, ni los retretes, ni nada. Huís y huís, dando al pueblo, mientras bebéis la distancia, motivos para mataros por las corridas espaldas. Solos se quedan los hombres al calor de las batallas, y vosotros, lejos de ellas, queréis ocultar la infamia, pero el color de cobardes no se os irá de la cara. Ocupad los tristes puestos de la triste telaraña. Sustituid a la escoba, y barred con vuestras nalgas la mierda que vais dejando donde colocáis la planta.
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Los cobardes
Hombres veo que de hombres sólo tienen, sólo gastan el parecer y el cigarro, el pantalón y la barba. En el corazón son liebres, gallinas en las entrañas, galgos de rápido vientre, que en épocas de paz ladran y en épocas de cañones desaparecen del mapa. Estos hombres, estas liebres, comisarios de la alarma, cuando escuchan a cien leguas el estruendo de las balas, con singular heroísmo a la carrera se lanzan, se les alborota el ano, el pelo se les espanta. Valientemente se esconden, gallardamente se escapan del campo de los peligros estas fugitivas cacas, que me duelen hace tiempo en los cojones del alma. ¿Dónde iréis que no vayáis a la muerte, liebres pálidas, podencos de poca fe y de demasiadas patas? ¿No os avergüenza mirar en tanto lugar de España a tanta mujer serena bajo tantas amenazas? Un tiro por cada diente vuestra existencia reclama, cobardes de piel cobarde y de corazón de caña. Tembláis como poseídos de todo un siglo de escarcha y vais del sol a la sombra llenos de desconfianza. Halláis los sótanos poco defendidos por las casas. Vuestro miedo exige al mundo batallones de murallas, barreras de plomo a orillas de precipicios y zanjas para vuestra pobre vida, mezquina de sangre y ansias. No os basta estar defendidos por lluvias de sangre hidalga, que no cesa de caer, generosamente cálida, un día tras otro día a la gleba castellana. No sentís el llamamiento de las vidas derramadas. Para salvar vuestra piel las madrigueras no os bastan, no os bastan los agujeros, ni los retretes, ni nada. Huís y huís, dando al pueblo, mientras bebéis la distancia, motivos para mataros por las corridas espaldas. Solos se quedan los hombres al calor de las batallas, y vosotros, lejos de ellas, queréis ocultar la infamia, pero el color de cobardes no se os irá de la cara. Ocupad los tristes puestos de la triste telaraña. Sustituid a la escoba, y barred con vuestras nalgas la mierda que vais dejando donde colocáis la planta.
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No pudimos ser. La tierra no pudo tanto. No somos cuanto se propuso el sol en un anhelo remoto. Un pie se acerca a lo claro. En lo oscuro insiste el otro. Porque el amor no es perpetuo en nadie, ni en mí tampoco. El odio aguarda su instante dentro del carbón más hondo. Rojo es el odio y nutrido. El amor, pálido y solo. Cansado de odiar, te amo. Cansado de amar, te odio. Llueve tiempo, llueve tiempo. Y un día triste entre todos, triste por toda la tierra, triste desde mí hasta el lobo, dormimos y despertamos con un tigre entre los ojos. Piedras, hombres como piedras, duros y plenos de encono, chocan en el aire, donde chocan las piedras de pronto. Soledades que hoy rechazan y ayer juntaban sus rostros. Soledades que en el beso guardan el rugido sordo. Soledades para siempre. Soledades sin apoyo. Cuerpos como un mar voraz, entrechocado, furioso. Solitariamente atados por el amor, por el odio. Por las venas surgen hombres, cruzan las ciudades, torvos. En el corazón arraiga solitariamente todo. Huellas sin compaña quedan como en el agua, en el fondo. Sólo una voz, a lo lejos, siempre a lo lejos la oigo, acompaña y hace ir igual que el cuello a los hombros. Sólo una voz me arrebata este armazón espinoso de vello retrocedido y erizado que me pongo. Los secos vientos no pueden secar los mares jugosos. Y el corazón permanece fresco en su cárcel de agosto porque esa voz es el arma más tierna de los arroyos: «Miguel: me acuerdo de ti después del sol y del polvo, antes de la misma luna, tumba de un sueño amoroso». Amor: aleja mi ser de sus primeros escombros, y edificándome, dicta una verdad como un soplo. Después del amor, la tierra. Después de la tierra, todo.
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Después del amor
No pudimos ser. La tierra no pudo tanto. No somos cuanto se propuso el sol en un anhelo remoto. Un pie se acerca a lo claro. En lo oscuro insiste el otro. Porque el amor no es perpetuo en nadie, ni en mí tampoco. El odio aguarda su instante dentro del carbón más hondo. Rojo es el odio y nutrido. El amor, pálido y solo. Cansado de odiar, te amo. Cansado de amar, te odio. Llueve tiempo, llueve tiempo. Y un día triste entre todos, triste por toda la tierra, triste desde mí hasta el lobo, dormimos y despertamos con un tigre entre los ojos. Piedras, hombres como piedras, duros y plenos de encono, chocan en el aire, donde chocan las piedras de pronto. Soledades que hoy rechazan y ayer juntaban sus rostros. Soledades que en el beso guardan el rugido sordo. Soledades para siempre. Soledades sin apoyo. Cuerpos como un mar voraz, entrechocado, furioso. Solitariamente atados por el amor, por el odio. Por las venas surgen hombres, cruzan las ciudades, torvos. En el corazón arraiga solitariamente todo. Huellas sin compaña quedan como en el agua, en el fondo. Sólo una voz, a lo lejos, siempre a lo lejos la oigo, acompaña y hace ir igual que el cuello a los hombros. Sólo una voz me arrebata este armazón espinoso de vello retrocedido y erizado que me pongo. Los secos vientos no pueden secar los mares jugosos. Y el corazón permanece fresco en su cárcel de agosto porque esa voz es el arma más tierna de los arroyos: «Miguel: me acuerdo de ti después del sol y del polvo, antes de la misma luna, tumba de un sueño amoroso». Amor: aleja mi ser de sus primeros escombros, y edificándome, dicta una verdad como un soplo. Después del amor, la tierra. Después de la tierra, todo.
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era de esas personas que se prenden, estallan en llamas naranjas y azuleadas, y todo lo que tocaba se incendiaba igual…. era de esas personas que iluminaban, encendían los pensamientos. el era asi, una vida de colores, una sonrisa traviesa, eso fue lo que era. era la luz que revoloteaba en su cabello, la lumbre que calentaba, y una combinación perfecta de pasión y calidez. pero el fuego se apaga de repente, quedan cenizas tibias, vuelan por el viento, dispersas… si el fue fuego, ahora entiendo: yo fui el aire, su oxigeno, que sin mi no se encendía.. pero el oxigeno con presión se convierte en viento, con un poco mas de energía mueve, y sin querer al abrazar, sofoca su calor. el era fuego, y yo aire; y de la pasión solo cenizas y un viento frió permanece aquí.
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Jan 8, 2013
Jan 8, 2013 at 12:52 AM UTC
Fuego
Te quiero porque tienes las partes de la mujer en el lugar preciso y estás completa. No te falta ni un pétalo, ni un olor, ni una sombra. Colocada en tu alma, dispuesta a ser rocío en la yerba del mundo, leche de luna en las oscuras hojas. Quizás me ves, tal vez, acaso un día, en una lámpara apagada, en un rincón del cuarto donde duermes, soy una mancha, un punto en la pared, alguna raya que tus ojos, sin ti, se quedan viendo. Quizás me reconoces como una hora antigua cuando a solas preguntas, te interrogas con el cuerpo cerrado y sin respuesta. Soy una cicatriz que ya no existe, un beso ya lavado por el tiempo, un amor y otro amor que ya enterraste. Pero estás en mis manos y me tienes y en tus manos estoy, brasa, ceniza, para secar tus lágrimas que lloro. ¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras me dirás que te amo? Esto es urgente porque la eternidad se nos acaba. Recoge mi cabeza. Guarda el brazo con que amé tu cintura. No me dejes en medio de tu sangre en esa toalla.
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Autonecrología v
Volver a los lugares donde el tiempo parece no haber pasado. Los rostros aún reflejan el cansancio de la tarde o la desolación de recuerdos que viajan. Son las esquinas de los parias que conocieron días de luces fugaces y se quedaron ahí en las milongas y los compases. Mas son también los lares donde muchas noches, ebrios de poesía y arte buscábamos los caminos del pensamiento y con el ingenio eternizábamos la fugaz tarde Los cubículos siguen allí, aunque han cambiado los nombres; se han ido los bohemios, los soñadores y los danzarines, pero, ¡oh, gran dolor!, sólo quedan suspicacias de malandrines. No se siente, sin embargo, la dolorosa nostalgia de los tiempos idos; los momentos fueron grandiosos y muy vívidos, mas como ahora ha llegado la primavera, el sol sigue brillando y las estrellas, cantando. (Jorge Gómez A. 1992) * Carabobo es una calle del antiguo Medellín.
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Sep 4, 2012
Sep 4, 2012 at 9:32 AM UTC
MEDELLÍN: CARABOBO* CON...
Una vívida y terrorífica alucinación me repito, tiritando de miedo desde el centro de la sala atravesado por el gélido arpón de la gravedad. Vamos flotando, por encima de los campos de verdes acres contemplado la geometría perfecta de la pitagórica ciudad vegetal Sobre una inmaculada orbe de papel nos precipitamos hacia el vacío, las formas y contornos del mundo quedan grabadas en la difusa calma oceánica de nuestras retinas Y una multitud, de acerbos rostros flemáticos nos da la bienvenida. Cual diminutas ánimas secretas, se agrupan en curiosos adarmes, la sombra que cruza el Atlántico ofusca sus vidas entre cenizas Ahogados bajo las llamas elevan ampollas de fuego en cada nota y en cada suspiro, oímos sirenas cantar
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Jul 17, 2015
Jul 17, 2015 at 11:59 PM UTC
Sueño de un domingo en la mañana: “Sobre la catástrofe del Dirigible Hindenburg”
Ya va a venir el día; da cuerda a tu brazo, búscate debajo del colchón, vuelve a pararte en tu cabeza, para andar derecho. Ya va a venir el día, ponte el saco. Ya va a venir el día; ten fuerte en la mano a tu intestino grande, reflexiona, antes de meditar, pues es horrible cuando le cae a uno la desgracia y se le cae a uno a fondo el diente. Necesitas comer, pero, me digo, no tengas pena, que no es de pobres la pena, el sollozar junto a su tumba; remiéndale, recuerda, confía en tu hilo blanco, fuma, pasa lista a tu cadena y guárdala detrás de tu retrato. Ya va a venir el día, ponte el alma. Ya va a venir el día; pasan, han abierto en el hotel un ojo, azotándolo, dándole con un espejo tuyo... ¿Tiemblas? Es el estado remoto de la frente y la nación reciente del estómago. Roncan aún... ¡Qué universo se lleva este ronquido! ¡Cómo quedan tus poros, enjuiciándolo! ¡Con cuántos doses ¡ay! estás tan solo! Ya va a venir el día, ponte el sueño. Ya va a venir el día, repito por el órgano oral de tu silencio y urge tomar la izquierda con el hambre y tomar la derecha con la sed; de todos modos, abstente de ser pobre con los ricos, atiza tu frío, porque en él se integra mi calor, amada víctima. Ya va a venir el día, ponte el cuerpo. Ya va a venir el día; la mañana, la mar, el meteoro, van en pos de tu cansancio, con banderas, y, por tu orgullo clásico, las hienas cuentan sus pasos al compás del asno, la panadera piensa en ti, el carnicero piensa en ti, palpando el hacha en que están presos el acero y el hierro y el metal; jamás olvides que durante la misa no hay amigos. Ya va a venir el día, ponte el sol. Ya viene el día; dobla el aliento, triplica tu bondad rencorosa y da codos al miedo, nexo y énfasis, pues tú, como se observa en tu entrepierna y siendo el malo ¡ay! inmortal, has soñado esta noche que vivías de nada y morías de todo...
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Los desgraciados
Ya va a venir el día; da cuerda a tu brazo, búscate debajo del colchón, vuelve a pararte en tu cabeza, para andar derecho. Ya va a venir el día, ponte el saco. Ya va a venir el día; ten fuerte en la mano a tu intestino grande, reflexiona, antes de meditar, pues es horrible cuando le cae a uno la desgracia y se le cae a uno a fondo el diente. Necesitas comer, pero, me digo, no tengas pena, que no es de pobres la pena, el sollozar junto a su tumba; remiéndale, recuerda, confía en tu hilo blanco, fuma, pasa lista a tu cadena y guárdala detrás de tu retrato. Ya va a venir el día, ponte el alma. Ya va a venir el día; pasan, han abierto en el hotel un ojo, azotándolo, dándole con un espejo tuyo... ¿Tiemblas? Es el estado remoto de la frente y la nación reciente del estómago. Roncan aún... ¡Qué universo se lleva este ronquido! ¡Cómo quedan tus poros, enjuiciándolo! ¡Con cuántos doses ¡ay! estás tan solo! Ya va a venir el día, ponte el sueño. Ya va a venir el día, repito por el órgano oral de tu silencio y urge tomar la izquierda con el hambre y tomar la derecha con la sed; de todos modos, abstente de ser pobre con los ricos, atiza tu frío, porque en él se integra mi calor, amada víctima. Ya va a venir el día, ponte el cuerpo. Ya va a venir el día; la mañana, la mar, el meteoro, van en pos de tu cansancio, con banderas, y, por tu orgullo clásico, las hienas cuentan sus pasos al compás del asno, la panadera piensa en ti, el carnicero piensa en ti, palpando el hacha en que están presos el acero y el hierro y el metal; jamás olvides que durante la misa no hay amigos. Ya va a venir el día, ponte el sol. Ya viene el día; dobla el aliento, triplica tu bondad rencorosa y da codos al miedo, nexo y énfasis, pues tú, como se observa en tu entrepierna y siendo el malo ¡ay! inmortal, has soñado esta noche que vivías de nada y morías de todo...
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Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos. Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida -no tú ni yo- la vida, sea para siempre. Ahora los científicos salen con su teoría del Big Bang... Pero ¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencias de viajes. A mí me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso que el otro día descubrí que ha hecho -frente al ataque de los antibióticos- ¡bacterias mutantes! Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo y de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble. Mueve una mano y hace el mar, y mueve la otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento. Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, y manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia -y se agita y crece- cuando Dios se aleja. Dios siempre está de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que soy. A mí me gusta, a mí me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios.
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Me encanta dios
Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos. Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida -no tú ni yo- la vida, sea para siempre. Ahora los científicos salen con su teoría del Big Bang... Pero ¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencias de viajes. A mí me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso que el otro día descubrí que ha hecho -frente al ataque de los antibióticos- ¡bacterias mutantes! Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo y de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble. Mueve una mano y hace el mar, y mueve la otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento. Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, y manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia -y se agita y crece- cuando Dios se aleja. Dios siempre está de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que soy. A mí me gusta, a mí me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios.
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Dice Julito que este soldadito de plomo que tiene en la mano recibió un balazo en la nuca y cuando estaba en el suelo vino una serpiente y le mordió la pierna. -Éste ya no sirve, dice, y lo coloca bocabajo y le echa unos trapos sucios encima. Los tres soldaditos que le quedan en las manos empiezan entonces a pelearse entre sí, y se dan de golpes y brincan, y uno de ellos monta un caballo por encima de escarpadas cajas de zapatos, hasta que cae a un río y hace "poch", y empieza a nadar por entre las flechas de los indios. Zumban las flechas y Julito saca su pistola y dispara dos o tres veces hasta que cae muerto. Con las piernas y los brazos abiertos y extendidos y la cabeza inmóvil sobre el hombro derecho, yace Julito con los ojos cerrados, la mano abierta y la pistola a un paso de su mano. ¡A almorzar, Julito! grita la mamá desde la cocina, y Julito brinca, se levanta como un resorte y montando un caballo que no conozco se aleja gritando: "voy mamá".
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Julito
Mujer de un funcionario romano, recorriste la tierra -sombra suya- de Gades a Palmira. Soles distintos te doraron, maduraron tu piel, fueron dejando seco tu corazón.                     Cómo sería tu cabeza, tu mano, lo que fue carne tibia, vestidura del alma y luego piedra silenciosa... Ahora la mano ya no está en la piedra. Y la cabeza fue limada, desfigurada y corroída por el agua que la albergó durante siglos. ¿Cómo serías? Imagino que el escultor, sumiso a los clientes, las rutinas, los tópicos vigentes en la Roma de los Césares, copió de ti la apariencia banal. ¿Serías verdaderamente -no quedan rasgos que dejen comprobarlo- matrona dura que mandaba sus hijos a la guerra, que prefería muertos valerosos, soledad y desolación, antes que amor, calor y compañía de cobardes? ¿O tu rostro impasible revelaría otra verdad? Ahora no tienes ojos, ni siquiera de piedra, para que en ellos se refleje y cante el mar, el mismo que rompía en tus ojos humanos y te vestía de llamas azules. (A la orilla del mar ocurriría aquel amor). Un legionario, un soñador, un triste, a la orilla del mar... Y le decías: «Ráptame, llévame contigo, da a mi vida sentido y esperanza, olvido y horizonte, dale vida a mi vida». (El fingiría indiferencia cuando subías con ofrendas al templo. Y te abrazaba, enloquecía, te daba vida y muerte cuando estabas con él a solas.) El día que marchaste, dócil al lado de tu esposo, a otro sol y otra tierra del Imperio, lloró desconsolado el que era fuerza tuya. Te hizo un collar de lágrimas el que bebió tus lágrimas. (Esto debió de suceder en la Imperial Tarraco). Ahora no tienes ojos, ni siquiera de piedra. El mar y el tiempo los borraron. (Dentro del mar se pudriría aquel amor). Sólo te queda la impasibilidad con que te imaginaron para edificación y pasmo de los hombres. Jamás podrá la piedra albergar un soplo de vida. Y entonces, dónde ha ido tanta vida, dónde está tanta vida que la piedra no puede contener, no puede imaginar y transmitir. Tanta vida que fue la salvadora del olvido y la nada, ¿habrá muerto contigo? Cómo puede morir lo que fue vida. Quién puede asesinar la vida. Quién puede congelar en estatua una vida. Qué hay en común entre este bulto -pliegues rígidos y elegantes, rostro esfumado, manos mutiladas- y aquella estatua de ola tibia, aquel pequeño sol poniente, aquel viento de carne pálida, aquella arena palpitante, aquel prodigio de rumores: o que tú fuiste un día, lo que eres para siempre en un punto del tiempo y del espacio, en el que escarbo inútilmente con el afán de un perro hambriento.
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Estatua mutilada
Mujer de un funcionario romano, recorriste la tierra -sombra suya- de Gades a Palmira. Soles distintos te doraron, maduraron tu piel, fueron dejando seco tu corazón.                     Cómo sería tu cabeza, tu mano, lo que fue carne tibia, vestidura del alma y luego piedra silenciosa... Ahora la mano ya no está en la piedra. Y la cabeza fue limada, desfigurada y corroída por el agua que la albergó durante siglos. ¿Cómo serías? Imagino que el escultor, sumiso a los clientes, las rutinas, los tópicos vigentes en la Roma de los Césares, copió de ti la apariencia banal. ¿Serías verdaderamente -no quedan rasgos que dejen comprobarlo- matrona dura que mandaba sus hijos a la guerra, que prefería muertos valerosos, soledad y desolación, antes que amor, calor y compañía de cobardes? ¿O tu rostro impasible revelaría otra verdad? Ahora no tienes ojos, ni siquiera de piedra, para que en ellos se refleje y cante el mar, el mismo que rompía en tus ojos humanos y te vestía de llamas azules. (A la orilla del mar ocurriría aquel amor). Un legionario, un soñador, un triste, a la orilla del mar... Y le decías: «Ráptame, llévame contigo, da a mi vida sentido y esperanza, olvido y horizonte, dale vida a mi vida». (El fingiría indiferencia cuando subías con ofrendas al templo. Y te abrazaba, enloquecía, te daba vida y muerte cuando estabas con él a solas.) El día que marchaste, dócil al lado de tu esposo, a otro sol y otra tierra del Imperio, lloró desconsolado el que era fuerza tuya. Te hizo un collar de lágrimas el que bebió tus lágrimas. (Esto debió de suceder en la Imperial Tarraco). Ahora no tienes ojos, ni siquiera de piedra. El mar y el tiempo los borraron. (Dentro del mar se pudriría aquel amor). Sólo te queda la impasibilidad con que te imaginaron para edificación y pasmo de los hombres. Jamás podrá la piedra albergar un soplo de vida. Y entonces, dónde ha ido tanta vida, dónde está tanta vida que la piedra no puede contener, no puede imaginar y transmitir. Tanta vida que fue la salvadora del olvido y la nada, ¿habrá muerto contigo? Cómo puede morir lo que fue vida. Quién puede asesinar la vida. Quién puede congelar en estatua una vida. Qué hay en común entre este bulto -pliegues rígidos y elegantes, rostro esfumado, manos mutiladas- y aquella estatua de ola tibia, aquel pequeño sol poniente, aquel viento de carne pálida, aquella arena palpitante, aquel prodigio de rumores: o que tú fuiste un día, lo que eres para siempre en un punto del tiempo y del espacio, en el que escarbo inútilmente con el afán de un perro hambriento.
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Dias en que no quiero escribir, no quiero pensar, no quiero vivir Lo dificil es planear tu vida y que eso no llegue a ocurrir Perder el control de ella Quiero vivir a mi manera, imagino lo que quiera Y que ganamos con esto? cumplir lo que queremos? A veces todo es tan complejo.. Siempre me quejo Si bailamos , reimos ,y lloramos ? Cuando nada te da satisfación, y todo se vuelve monótono Nacer de nuevo seria la solución? Gente viene y va, solo quedan los momentos y la edad. Pienso en el amor y si es una falsedad? Porque sentirse tan vacio cuando alguno no esta? Como hacer que te vuelva la bondad? la caridad ? la hermandad? Si sólo el egoismo reina en nuestra sociedad. Sonar cliche debe ser un delito, pero está tan arraigado en nosotros que nos vuelve adictos al sin fin de comunes que vivimos..
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Feb 22, 2013
Feb 22, 2013 at 5:36 PM UTC
Dias Como Tu
Beso soy, sombra con sombra. Beso, dolor con dolor, por haberme enamorado, corazón sin corazón, de las cosas, del aliento sin sombra de la creación. Sed con agua en la distancia, pero sed alrededor. Corazón en una copa donde me lo bebo yo y no se lo bebe nadie, nadie sabe su sabor. Odio, vida: ¡cuánto odio sólo por amor! No es posible acariciarte con las manos que me dio el fuego de más deseo, el ansia de más ardor. Varias alas, varios vuelos abaten en ellas hoy hierros que cercan las venas y las muerden con rencor. Por amor, vida, abatido, pájaro sin remisión. Sólo por amor odiado, sólo por amor. Amor, tu bóveda arriba y no abajo siempre, amor, sin otra luz que estas ansias, sin otra iluminación. Mírame aquí encadenado, escupido, sin calor, a los pies de la tiniebla más súbita, más feroz, comiendo pan y cuchillo como buen trabajador y a veces cuchillo sólo, sólo por amor. Todo lo que significa golondrinas, ascensión, claridad, anchura, aire, decidido espacio, sol, horizonte aleteante, sepultado en un rincón. Esperanza, mar, desierto, sangre, monte rodador: libertades de mi alma clamorosas de pasión, desfilando por mi cuerpo, donde no se quedan, no, pero donde se despliegan, sólo por amor. Porque dentro de la triste guirnalda del eslabón, del sabor a carcelero constante, y a paredón, y a precipicio en acecho, alto, alegre, libre soy. Alto, alegre, libre, libre, sólo por amor. No, no hay cárcel para el hombre. No podrán atarme, no. Este mundo de cadenas me es pequeño y exterior. ¿Quién encierra una sonrisa? ¿Quién amuralla una voz? A lo lejos tú, más sola que la muerte, la una y yo. A lo lejos tú, sintiendo en tus brazos mi prisión, en tus brazos donde late la libertad de los dos. Libre soy. Siénteme libre. Sólo por amor.
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Antes del odio
Beso soy, sombra con sombra. Beso, dolor con dolor, por haberme enamorado, corazón sin corazón, de las cosas, del aliento sin sombra de la creación. Sed con agua en la distancia, pero sed alrededor. Corazón en una copa donde me lo bebo yo y no se lo bebe nadie, nadie sabe su sabor. Odio, vida: ¡cuánto odio sólo por amor! No es posible acariciarte con las manos que me dio el fuego de más deseo, el ansia de más ardor. Varias alas, varios vuelos abaten en ellas hoy hierros que cercan las venas y las muerden con rencor. Por amor, vida, abatido, pájaro sin remisión. Sólo por amor odiado, sólo por amor. Amor, tu bóveda arriba y no abajo siempre, amor, sin otra luz que estas ansias, sin otra iluminación. Mírame aquí encadenado, escupido, sin calor, a los pies de la tiniebla más súbita, más feroz, comiendo pan y cuchillo como buen trabajador y a veces cuchillo sólo, sólo por amor. Todo lo que significa golondrinas, ascensión, claridad, anchura, aire, decidido espacio, sol, horizonte aleteante, sepultado en un rincón. Esperanza, mar, desierto, sangre, monte rodador: libertades de mi alma clamorosas de pasión, desfilando por mi cuerpo, donde no se quedan, no, pero donde se despliegan, sólo por amor. Porque dentro de la triste guirnalda del eslabón, del sabor a carcelero constante, y a paredón, y a precipicio en acecho, alto, alegre, libre soy. Alto, alegre, libre, libre, sólo por amor. No, no hay cárcel para el hombre. No podrán atarme, no. Este mundo de cadenas me es pequeño y exterior. ¿Quién encierra una sonrisa? ¿Quién amuralla una voz? A lo lejos tú, más sola que la muerte, la una y yo. A lo lejos tú, sintiendo en tus brazos mi prisión, en tus brazos donde late la libertad de los dos. Libre soy. Siénteme libre. Sólo por amor.
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De vez en cuando la alegría tira piedritas contra mi ventana quiere avisarme que está ahí esperando pero me siento calmo casi diría ecuánime voy a guardar la angustia en un escondite y luego a tenderme cara al techo que es una posición gallarda y cómoda para filtrar noticias y creerlas quién sabe dónde quedan mis próximas huellas ni cuándo mi historia va a ser computada quién sabe qué consejos voy a inventar aún y qué atajo hallaré para no seguirlos está bien no jugaré al desahucio no tatuaré el recuerdo con olvidos mucho queda por decir y callar y también quedan uvas para llenar la boca está bien me doy por persuadido que la alegría no tire más piedritas abriré la ventana abriré la ventana.
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Piedritas en la ventana
He ido marcando con cruces de fuego el atlas blanco de tu cuerpo. Mi boca era una araña que cruzaba escondiéndose. En ti, detrás de ti, temerosa, sedienta. Historias que contarte a la orilla del crepúsculo, muñeca triste y dulce, para que no estuvieras triste. Un cisne, un árbol, algo lejano y alegre. El tiempo de las uvas, el tiempo maduro y frutal. Yo que viví en un puerto desde donde te amaba. La soledad cruzada de sueño y de silencio. Acorralado entre el mar y la tristeza. Callado, delirante, entre dos gondoleros inmóviles. Entre los labios y la voz, algo se va muriendo. Algo con alas de pájaro, algo de angustia y de olvido. Así como las redes no retienen el agua. Muñeca mía, apenas quedan gotas temblando. Sin embargo, algo canta entre estas palabras fugaces. Algo canta, algo sube hasta mi ávida boca. Oh poder celebrarte con todas las palabras de alegría. Cantar, arder, huir, como un campanario en las manos de un loco. Triste ternura mía, qué te haces de repente? Cuando he llegado al vértice más atrevido y frío mi corazón se cierra como una flor nocturna.
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Poema 13
Para coger un pan sobre el morrillo Dando pecho y axila a los pitones, Juan, anónimo Juan, Juan Torerillo No recibiste clásicas lecciones. Para llevar a casa veinte duros Entre la chifla de inhumano coro Bebiste golpes, aspiraste apuros Y al aire al suelo al aire y siempre al toro. Del miedo, que es ingénito en el hombre, Nació el valor, congénito en el hambre; Así en la tauromaquia, Juan Sin Nombre Fue antítesis del gran José Raigambre. José, nieto de Venus y Vulcano Fue un semidiós con la esbeltez de Apolo (Frecuencia tuvo aquel Teseo hispano En liquidar seis Minotauros, solo). Mas Juan, el pobre Juan de carne y hueso, El más mortal de todos los mortales Opuso a sal valor, arrojo al seso Y "molinetes" contra "naturales". Tres siglos en la historia del toreo Se derrumbaron ante dos colosos: Del morisco e hispánico alanceo Hasta el futuro en los taurino cosos. Y Joselito muestra al horizonte Toda una enciclopedia en su percal. Y remata sus lances Juan Belmonte Con su "media verónica" renal... La Muerte se disfraza de capricho, Y en la más increíble paradoja Subsiste quien vivió a merced del bicho Y muere quien "¡no hay toro que lo coja!"... Quedan atrás los años de la infancia: Sevilla y su noctámbula capea... Como un Jasón, Juan, en su rica estancia Mira en la tauromaquia una Medea. Porque si en su niñez fue Juan Sin Suerte Y fue en su adolescencia Juan Sin Pan, Hoy, ya casi un anciano, es Juan Sin Muerte Porque la Muerte tuvo miedo a Juan. Y quien burló a la muerte en tantos ruedos, Mil veces sentenciado por suicida, Sólo cuando lo quiso, y con sus dedos Mató su muerte y se quitó la vida... A Juan, que no toreó por soleares, Muerto, no he de llorarlo en seguiriyas. Sean por martinetes mis cantares, Cante de yunque y fragua y herrerías: Cristo de la Expiración Cachorro de los trianeros, Bríndale tu absolución Al mejor de los toreros Cachorro, si en Viernes Santo Te faltara un penitente, Asóciate a nuestro llanto Que es Juan Belmonte el ausente...
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A la muerte de don juan belmonte
Para coger un pan sobre el morrillo Dando pecho y axila a los pitones, Juan, anónimo Juan, Juan Torerillo No recibiste clásicas lecciones. Para llevar a casa veinte duros Entre la chifla de inhumano coro Bebiste golpes, aspiraste apuros Y al aire al suelo al aire y siempre al toro. Del miedo, que es ingénito en el hombre, Nació el valor, congénito en el hambre; Así en la tauromaquia, Juan Sin Nombre Fue antítesis del gran José Raigambre. José, nieto de Venus y Vulcano Fue un semidiós con la esbeltez de Apolo (Frecuencia tuvo aquel Teseo hispano En liquidar seis Minotauros, solo). Mas Juan, el pobre Juan de carne y hueso, El más mortal de todos los mortales Opuso a sal valor, arrojo al seso Y "molinetes" contra "naturales". Tres siglos en la historia del toreo Se derrumbaron ante dos colosos: Del morisco e hispánico alanceo Hasta el futuro en los taurino cosos. Y Joselito muestra al horizonte Toda una enciclopedia en su percal. Y remata sus lances Juan Belmonte Con su "media verónica" renal... La Muerte se disfraza de capricho, Y en la más increíble paradoja Subsiste quien vivió a merced del bicho Y muere quien "¡no hay toro que lo coja!"... Quedan atrás los años de la infancia: Sevilla y su noctámbula capea... Como un Jasón, Juan, en su rica estancia Mira en la tauromaquia una Medea. Porque si en su niñez fue Juan Sin Suerte Y fue en su adolescencia Juan Sin Pan, Hoy, ya casi un anciano, es Juan Sin Muerte Porque la Muerte tuvo miedo a Juan. Y quien burló a la muerte en tantos ruedos, Mil veces sentenciado por suicida, Sólo cuando lo quiso, y con sus dedos Mató su muerte y se quitó la vida... A Juan, que no toreó por soleares, Muerto, no he de llorarlo en seguiriyas. Sean por martinetes mis cantares, Cante de yunque y fragua y herrerías: Cristo de la Expiración Cachorro de los trianeros, Bríndale tu absolución Al mejor de los toreros Cachorro, si en Viernes Santo Te faltara un penitente, Asóciate a nuestro llanto Que es Juan Belmonte el ausente...
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No te conozco Como quisiera Extranjera Hermosa, Pero en mi vida Como te extraño; Como un sueño Que uno acaba de tener Pero a los minutos se huye De los pensamientos, Estos sentimientos Me queman A pesar De ser solo cenizas, Tu rostro Me invade Detrás de las cortinas De mis ojos, En noches Como esta, Pienso en tu fantasma Como si fuese La mismísima sabana Que me resguarda, Pienso en ti Bella extraña, Y se me hace tan extraño Que te recuerde Con tan solo haberte Conocido unos pocos minutos Como granos en un desierto Pero cómo quedan En los zapatos sin querer… APAD13 – 114 © okpoet
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May 11, 2013
May 11, 2013 at 4:30 PM UTC
Extranjera...
Y ya ves: yo estoy solo, murmurando tu nombre, recordando los besos que te di y no te di, y acaso tú, esta tarde, le sonreíste a un hombre que ni siquiera se parece a mí. O puede suceder, quién sabe cuándo, que irás entre el gentío de una calle cualquiera, y yo sé de qué modo se le quedan mirando a una mujer bonita que pasa por la acera. Sí, tal vez siento celos, celos tristes, celos de no estar juntos, celos de no sé quién; celos de por qué sales y de cómo te vistes, que no quieren ser celos y son celos también. Y de repente no te siento mía, o estás como más lejos de repente, y tengo la tristeza de una casa sombría donde aún sopla el perfume de una mujer ausente. Afuera está la tarde, con su gris infinito; afuera está la lluvia, calladamente cruel, y quisiera decirte cómo te necesito... pero se me emborrona la tinta en el papel...
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Carta de amor ii
Cerraron sus ojos que aún tenía abiertos, taparon su cara con un blanco lienzo, y unos sollozando, otros en silencio, de la triste alcoba todos se salieron. La luz que en un vaso ardía en el suelo, al muro arrojaba la sombra del lecho; y entre aquella sombra veíase a intérvalos dibujarse rígida la forma del cuerpo. Despertaba el día, y, a su albor primero, con sus mil rüidos despertaba el pueblo. Ante aquel contraste de vida y misterio, de luz y tinieblas, yo pensé un momento: -¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! De la casa, en hombros, lleváronla al templo y en una capilla dejaron el féretro. Allí rodearon sus pálidos restos de amarillas velas y de paños negros. Al dar de las Ánimas el toque postrero, acabó una vieja sus últimos rezos, cruzó la ancha nave, las puertas gimieron, y el santo recinto quedóse desierto. De un reloj se oía compasado el péndulo, y de algunos cirios el chisporroteo. Tan medroso y triste, tan oscuro y yerto todo se encontraba que pensé un momento: -¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! De la alta campana la lengua de hierro le dio volteando su adiós lastimero. El luto en las ropas, amigos y deudos cruzaron en fila formando el cortejo. Del último asilo, oscuro y estrecho, abrió la piqueta el nicho a un extremo. Allí la acostaron, tapiáronle luego, y con un saludo despidióse el duelo. La piqueta al hombro el sepulturero, cantando entre dientes, se perdió a lo lejos. La noche se entraba, el sol se había puesto: perdido en las sombras yo pensé un momento: -¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! En las largas noches del helado invierno, cuando las maderas crujir hace el viento y azota los vidrios el fuerte aguacero, de la pobre niña a veces me acuerdo. Allí cae la lluvia con un son eterno; allí la combate el soplo del cierzo. Del húmedo muro tendida en el hueco, ¡acaso de frío se hielan sus huesos...! ¿Vuelve el polvo al polvo? ¿Vuela el alma al cielo? ¿Todo es sin espíritu, podredumbre y cieno? No sé; pero hay algo que explicar no puedo, algo que repugna aunque es fuerza hacerlo, el dejar tan tristes, tan solos los muertos.
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Rima lxxiii
Cerraron sus ojos que aún tenía abiertos, taparon su cara con un blanco lienzo, y unos sollozando, otros en silencio, de la triste alcoba todos se salieron. La luz que en un vaso ardía en el suelo, al muro arrojaba la sombra del lecho; y entre aquella sombra veíase a intérvalos dibujarse rígida la forma del cuerpo. Despertaba el día, y, a su albor primero, con sus mil rüidos despertaba el pueblo. Ante aquel contraste de vida y misterio, de luz y tinieblas, yo pensé un momento: -¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! De la casa, en hombros, lleváronla al templo y en una capilla dejaron el féretro. Allí rodearon sus pálidos restos de amarillas velas y de paños negros. Al dar de las Ánimas el toque postrero, acabó una vieja sus últimos rezos, cruzó la ancha nave, las puertas gimieron, y el santo recinto quedóse desierto. De un reloj se oía compasado el péndulo, y de algunos cirios el chisporroteo. Tan medroso y triste, tan oscuro y yerto todo se encontraba que pensé un momento: -¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! De la alta campana la lengua de hierro le dio volteando su adiós lastimero. El luto en las ropas, amigos y deudos cruzaron en fila formando el cortejo. Del último asilo, oscuro y estrecho, abrió la piqueta el nicho a un extremo. Allí la acostaron, tapiáronle luego, y con un saludo despidióse el duelo. La piqueta al hombro el sepulturero, cantando entre dientes, se perdió a lo lejos. La noche se entraba, el sol se había puesto: perdido en las sombras yo pensé un momento: -¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! En las largas noches del helado invierno, cuando las maderas crujir hace el viento y azota los vidrios el fuerte aguacero, de la pobre niña a veces me acuerdo. Allí cae la lluvia con un son eterno; allí la combate el soplo del cierzo. Del húmedo muro tendida en el hueco, ¡acaso de frío se hielan sus huesos...! ¿Vuelve el polvo al polvo? ¿Vuela el alma al cielo? ¿Todo es sin espíritu, podredumbre y cieno? No sé; pero hay algo que explicar no puedo, algo que repugna aunque es fuerza hacerlo, el dejar tan tristes, tan solos los muertos.
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No sé lo que he soñado en la noche pasada. Triste, muy triste debió ser el sueño, pues despierto la angustia me duraba. Noté al incorporarme húmeda la almohada, y por primera vez sentí al notarlo, de un amargo placer henchirse el alma. Triste cosa es el sueño que llanto nos arranca, mas tengo en mi tristeza una alegría... ¡Sé que aún me quedan lágrimas!
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Rima lxviii
Palacio, buen amigo, ¿está la primavera vistiendo ya las ramas de los chopos del río y los caminos? En la estepa del alto Duero, Primavera tarda, ¡pero es tan bella y dulce cuando llega!...¿Tienen los viejos olmos algunas hojas nuevas?Aún las acacias estarán desnudas y nevados los montes de las sierras.¡Oh mole del Moncayo blanca y rosa, allá, en el cielo de Aragón, tan bella!¿Hay zarzas florecidas entré las grises peñas, y blancas margaritas entre la fina hierba?Por esos campanarios ya habrán ido llegando las cigüeñas.Habrá trigales verdes, y mulas pardas en las sementeras, y labriegos que siembran los tardíos con las lluvias de abril. Ya las abejas libarán del tomillo y el romero.¿Hay ciruelos en flor? ¿Quedan violetas?Furtivos cazadores, los reclamos de la perdiz bajo las capas luengas, no faltarán. Palacio, buen amigo,¿tienen ya ruiseñores las riberas?Con los primeros lirios y las primeras rosas de las huertas, en una tarde azul, sube al Espino, al alto Espino donde está su tierra...
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A josé maría palacio