"premio" poems
No esperaba y no quería
Rosas de compasión,
Dijiste que eran las gracias
Por lo que hemos pasado.
Me dio risa.
El premio de consolación?
Espera, pero tu cara era tierna,
Y las rosas si me gustan,
Y no fue otra cosa
Sólo tristeza;
En otra relación hubiera sentido
Felicidad y gusto,
Pero contigo solo fue
Otro recordatorio de que
No somos convencionalmente
Lo que yo quiero.
Pero esas rosas
Que yo pensaba despreciar,
Esas rosas me salvaron.
Yo pude hablar.
Y creo que entendimos,
Esta vez nos comprendimos
Y creo que te alcance,
Por fin te llegue.
Feb 16, 2013
Feb 16, 2013 at 10:50 PM UTC
Los sentimientos más tristes y pesados que he sentido los callé con un buen tango. Solía poner a Piazzolla y ahogar mi odio en sus melodías fuertes hasta quedarme sorda, y así mismo, ensordecer mi dolor.
Si pudiera recordar estos años en un futuro probablemente me lamentaría por siempre por haberlos desperdiciado envejeciendo la juventud con tantos malos sentimientos, pero si pudiera recordar los años pasados en este presente, añoraría lo que alguna vez fui.
Todo eso que fui se fue por fingir tanto.
Tantas tardes que fingí plenitud me llevaron al vacío.
Pesadas sombras que cargan mi pasado me comían minuto a minuto.
La casa, los calendarios viejos y los cuadros de acuarela se convirtieron en espacios sucios y cansados.
Las palabras, como sus recuerdos, huyeron de todo lugar en mi mente.
Había gastado ya cada lugar en esta ciudad: todos ya estaban sucios por algún momento que amarraba un recuerdo para ahuyentar mi estancia ahí. Sentía que mi cerebro se lo tragaba el drama y que nublaba toda vista de cualquier realidad alterna a la mía. ¿Cómo hacen todos para parecer tan lejanos a cualquier dolor ajeno? La respuesta hace varios meses la tenía en mi cabeza dando vueltas.
Me estaba pasando lo mismo.
De tanto dar,
perder,
esforzar
y desgastar por lo desconocido,
lo desconocido te hace ajeno a cualquier sentimiento.
La indiferencia es un premio que se gana por los años.
Bien dirán que el tiempo cura,
pero para mi que no es más que costumbre de pérdida
y pérdida de cualquier dolor futuro.
Jun 18, 2014
Jun 18, 2014 at 6:18 PM UTC
Divina Lysi mía:
perdona si me atrevo
a llamarte así, cuando
aun de ser tuya el nombre no merezco.
A esto, no osadía
es llamarte así, puesto
que a ti te sobran rayos,
si en mí pudiera haber atrevimientos.
Error es de la lengua,
que lo que dice imperio
del dueño, en el dominio,
parezcan posesiones en el siervo.
Mi rey, dice el vasallo;
mi cárcel, dice el preso;
y el más humilde esclavo,
sin agraviarlo, llama suyo al dueño.
Así, cuando yo mía
te llamo, no pretendo
que juzguen que eres mía,
sino sólo que yo ser tuya quiero.
Yo te vi; pero basta:
que a publicar incendios
basta apuntar la causa,
sin añadir la culpa del efecto.
Que mirarte tan alta,
no impide a mi denuedo;
que no hay deidad segura
al altivo volar del pensamiento.
Y aunque otras más merezcan,
en distancia del cielo
lo mismo dista el valle
más humilde que el monte más soberbio,
En fin, yo de adorarte
el delito confieso;
si quieres castigarme,
este mismo castigo será premio.
2.1k
por que me dices que me quieres
ya cuando no me tienes enfrente de ti.
Hasta cuando sera el dia
que te escuche pronunciar esas dos palabras
en mi cara.
Hasta cuando existirá tal reciprocidad?
Que valor tiene mi persona
al entrañar semejantes sensaciones.
Hasta ahora he osado
en preguntarme
a donde chingados
me estoy dirigiendo?
Por que la pesada tristeza
y la pirámide de depresión?
Por que este dolor no me deja
en paz?
No es patética mi forma de ser?
Al dejar que un "problema" tan
estúpido
me provoque matar
o matarme
me duele el pecho de verdad
al pensar que me quieres a tu lado
cuando te has ido.
me duele el estomago al pensar
las mas de 7 veces que me rompiste
el corazón.
Me destruiste, me frustraste.
Nauseas y ansias,
fueron lo que me regalaste.
me rompiste a la mitad.
y a veces siento que no te importa.
Ni una pizca de importancia.
Solo te importas tu, tu y tu.
y tus propias grietas
tu umbral del dolor
la mano que has dejado ir.
el maldito lazo que te une
de por vida
al oscuro y persistente
reflejo en carne
del pasado.
sonríes cuando
tu verdugo
blande la guadaña
sobre tu corazón.
Simplemente me esta matando
que lo ames a el
tanto como te amo yo.
y el pobre enfermo que se llevara el premio mayor.
Quieres dejarme atrás.
May 21, 2014
May 21, 2014 at 1:09 PM UTC
¡Criollo, no: ¡Criollazo!
Canta en el tono que rasques.
Le llaman "El Amigazo",
Su nombre: ¡PORFIRIO VÁSQUEZ!
Escúcheme, por favor,
escúcheme aunque no quiera:
cómo canta marinera,
yo lo creo un trovador.
Soy su fiel admirador,
lo oí y le di un abrazo;
donde él fui pasito a paso
por sentir su melodía.
Le digo, desde ese día
¡criollo, no: ¡Criollazo...!
Es el adjetivo justo
que merece un decimista,
zapateador, jaranista,
compositor de buen gusto.
Perdóname si te asusto
pero por Dios, no me atasques,
que aunque la lengua me masques
repetiré que es tan ducho
que sin esforzarse mucho
canta en el tono que rasques.
Riqueza debía tener
mas Dios le dará otro premio,
pues por su alma de bohemio
como si fuera un deber,
gozó más con proteger
al que le tendió su brazo.
Hoy comentan este caso
los que de él han recibido,
y en un geto agradecido
le llaman "El Amigazo".
Cuando le llegue el momento...
-y esto no es un mal presagio-,
como póstumo sufragio
le haremos un monumento.
Ruego al que grabe el cemento
que con buen cincel recalque
y en un ángulo le marque,
donde la piedra resista,
para que por siempre exista
su nombre: ¡PORFIRIO VÁSQUEZ!
1k
Ya se han roto las ataduras,
sólo la noche me rodea,
me va robando la memoria,
me acuna para que me duerma.
Ahora que ya no la contemplo
para robarle su belleza.
Ahora que siento en mí el cansancio
de nuestras pobres razas viejas.
Ahora que lucho y me rebelo
contra su mansedumbre eterna
y me acuerdo de que algún día
fui tan sin tiempo como ella,
¡qué monólogo desbordado,
qué soliloquio sin respuesta,
qué deseo de renacerme,
de entender y de que me entienda,
de borrar pasado y futuro,
de segar mi memoria entera!
Luego, arrojar al ***** pozo
lo que de mí evoca y recuerda:
cojín de nieblas matinales
donde apoyaba la cabeza.
Repetimos las mismas cosas,
recorremos aquellas sendas
por donde todos los humanos
dejaron gritos, ecos, huellas.
Son las palabras angustiadas
que un día oyó al nacer la tierra:
«húmedo beso, vida, muerte,
nada importa, me voy y quedas,
ayer desnudos en el campo
y hoy se caen solas las cerezas».
Palabras viejas y cansadas
que nosotros creímos nuevas,
recién nacidas para el canto,
para una dicha siempre nuestra.
Y la noche me va matando,
me acuna para que me duerma.
En cada instante mío pone
siglos de luna, alta y sangrienta.
Nada me importa que yo siembre
y que otros cojan la cosecha.
Pero morirme sin rebelarme,
someterme sin resistencia,
ser por los siglos de los siglos
sólo luz o sólo tinieblas,
irme cegando de hermosura
hasta dejar de ser materia,
aunque mi premio sea un día
mirar por dentro las estrellas...
Hoja de chopo, onda de río,
sangre mezclada con la tierra.
Y que mi forma sea el barro
que una mano mortal modela.
Niño que juega desnudito,
mínima brizna de la hierba,
todos los peces de los mares,
los animales de la tierra.
Saber que vivo, que palpito,
que me enloquezco en la carrera,
que nado mares y anchos ríos,
que escalo cimas, salto cercas,
que desde el fondo de las noches
hay pesadumbre que me acecha.
Sentir en mí todos los soles,
todos los gozos y las penas,
todos los vientos que me mueven,
los dolores que en mí hacen presa…
Sentir, por fin, llegar el alba,
su melodía limpia y fresca,
y barrernos las sombras turbias
que oscurecen nuestras cabezas,
y beber las lejanas brisas
que nos alejan de la tierra
maniatados y adormecidos,
sin saber a dónde nos llevan...
1k
Pensó
ojalá que no
pero esta vez acaso sea la última.
Con el deseo más tierno que otras noches
tentó las piernas de la mujer nueva
que afortunadamente no eran de carrara
posó toda su palma sobre la hierbabuena
y sintió que su mano agradecía
viajó moroso y sabio por el vientre
se conmovió con valles y colinas
se demoró en el flanco y su hondonada
que siempre era su premio bienvenido
anduvo por los pechos eligiendo al azar
y allí se quedó un rato descifrando
con el pulgar y el índice reconoció los labios
que afortunadamente no eran de coral
y deslizó una mano por debajo del cuello
que afortunadamente no era de alabastro.
Pensó
ojalá que no
pero puede ser la última.
Y si después de todo
es la última vez.
Entonces cómo cómo haré mañana
de donde sacaré la fuerza y el olvido
para tomar distancia de esta orografía
de esta comarca en paz
de esta patria ganada
apenas y a penas
a tiempo y a dulzura
a ráfagas de amor.
892
Negra pupila, abierta y fulgurante,
Ancha y tersa la frente pensadora,
Reposado el andar, dulce el semblante,
La mano diminuta y tembladora;
Todo extrañando el peso del turbante,
Del blanco jaique y de la guzla mora:
Así le conocí, cuando sentía
Amor y juventud el alma mía.
Era... ya lo sabéis, el inspirado,
El egregio cantor de los amores;
El que hablaba el idioma delicado
De las brisas, las fuentes y las flores.
Semejaba, en el siglo, un desterrado
De las rondas de antiguos trovadores,
Que en alta noche el mandolín tañía
Al pie de la callada celosía.
Él cantaba el más tierno de los seres,
¡Encarnación de la belleza humana!
Hablaba de ilusiones y placeres,
De una dicha inmortal y soberana;
Del amor que derrama en las mujeres
Más luz que el sol brillando en la mañana,
Y cuyo beso, en alas de su anhelo,
Basta a juntar la tierra con el cielo.
Después... su frente pálida, abatida,
Una sonrisa lúgubre en su boca;
Su voluntad heroica ya vencida,
Semejaba, en lo ñrme, abrupta roca
Gastada por las olas de la vida;
En el vaivén de la fortuna loca...
El alma llena de esplendor y fuego,
Y sus ojos sin luz... ¡ya estaba ciego!
Ya sentada a sus puertas la pobreza,
Conociendo del mundo los rigores,
Hirió su altiva frenta la tristeza;
Cantó libre sus íntimos dolores,
Y halló en premio a sus sueños de grandeza
Tardes nubladas y marchitas flores;
Horas lentas, amargas, intranquilas,
Y la noche en el alma y las pupilas.
¡Gladiador del espíritu! ¿a qué meta
Pretendes ir así? ¿No te imaginas
Que si mirara tu pupila inquieta,
Vieras el jaramago en las rüinas?
Ya ciñes la corona del poeta,
Ya conoces su peso y sus espinas,
Ya del rebelde mundo en el proscenio,
Como un errante sol, brilló tu genio.
Mirad... el genio cruza este desierto,
Entre penas y lágrimas cautivo...
En la tierra es un vivo que está muerto,
Y en la tumba es un muerto que está vivo.
Amar, soñar, creer, mirar abierto
Un templo más allá, luchar altivo,
Y consumirse al fuego que lo abrasa,
Tras un aplauso que resuena y pasa.
Tu patria sabe honrarte, enaltecerte,
Para ser inmortal tienes derecho;
Nadie en tu derredor culpa a la suerte,
Ni sollozos exhala de su pecho;
En las nupcias del genio con la muerte,
La Historia es un hogar, la tumba un lecho,
Y ambas fulguran con eterna llama
Hoy que engendran un hijo de la Fama.
885
La sutil hilandera teje su encaje oscuro
Con ansiedad extraña, con paciencia amorosa.
¡Qué prodigio si fuera hecho de lino puro
Y fuera, en vez de negra la araña, color rosa!
En un rincón del huerto aromoso y sombrío
La velluda hilandera teje su tela leve.
En ella sus diamantes suspenderá el rocío
Y la amarán la luna, el alba, el sol, la nieve.
Amiga araña: hilo cual tú mi velo de oro
Y en medio del silencio mis joyas elaboro.
Nos une, pues, la angustia de un idéntico afán.
Mas pagan tu desvelo la luna y el rocío.
¡Dios sabe, amiga araña, qué hallaré por el
mío!
¡Dios sabe, amiga araña, qué premio me ****
701
La vida es un gran campo de combate:
Ved al hombre luchar de polo a polo;
Yo le llamo vencido al que se abate
Porque se ve sin armas y está solo.
Más nocivos que el buitre carnicero,
Y que la sierpe que veneno entraña,
Son el amigo hipócrita y artero,
El hijo ingrato y la mujer que engaña.
La verdad es la luz; el hombre vano
Que más la oculta, en su maldad se estrella;
Que no me extienda su alevosa mano,
Quien no me dé su corazón con ella.
Evitar a otros daños y amargura,
Ser en sus penas bálsamo y testigo,
Secar su llanto, darle la ventura
Y servirle sin premio, es ser su amigo.
No confundáis lisonja y alabanza;
Distinto son el lucro y el cariño;
No mueva el interés a la esperanza;
Amad como la madre o como el niño.
La experiencia es la hermana de la duda;
No es fiero todo aquel que está en campaña,
Ni amigo todo aquel que nos saluda,
Ni hermano todo aquel que os acompaña.
Abrid los ojos, pobres caminantes,
Sed del humano batallar testigos,
Que cual llegan a odiarse dos amantes,
Llegan hasta matarse dos amigos.
No contrariéis el propio sentimiento
Ni la noble verdad neguéis por nada,
Preferid a riquezas y talento
Franco carácter y palabra honrada.
721
Yo soy la movediza perenne; nunca dura
en mi una forma; pronto mi ser se transfigura,
y ya entre guijas de ónix cantando peregrino,
ya en témpanos helados detengo mi camino,
ya vuelo por los aires trocándome en vapores,
ya soy iris en polvo de todos los colores,
o rocío que asciende, o aguacero que llueve...
Mas Dios también me ha dado la albura de la nieve,
la albura de la nieve enigmática y fría
que cae de los cielos como una eucaristía,
que por los puntiagudos techos resbala leda
y que cuando la pisan cruje como la seda.
Cayendo silenciosa, de blanco al mundo arropo.
Subí, vapor, a lo alto, desciendo al suelo, copo;
subí gris de los lagos que la quietud estanca,
y bajo blanca al mundo... ¡Oh qué bello es ser blanca!
¿Por qué soy blanca? En premio al sacrificio mío,
porque tirito para que nadie tenga frío,
porque mi lino todos los fríos almacena
¡y dios me torna blanca por haber sido buena!
¿Verdad que es llevadera la palma del martirio
así? Yo caigo como los pétalos de un lirio
de lo alto, y no pudiendo cantar mi canción pura
con murmurios de linfa, la canto con blancura.
La blancura es el himno más hermoso y más santo;
ser blanca es orar; siendo yo, pues, blanca, oro y canto.
Ser luminosa es otro de los cantos mejores:
¿No ves que las estrellas salmodian con fulgores?
Por eso el rey poeta dijo en himno de amor:
"El firmamento narra la gloria del Señor".
Se tú como la Nieve que inmaculada llueve
Y yo clamé: -¡Alabemos a Dios, hermana Nieve!
724
Mi tristeza es un mar; tiene su bruma
Que envuelve densa mis amargos días;
Sus olas son de lágrimas; mi pluma
Está empapada en ellas, hijas mías.
Vosotras sois las inocentes flores
Nacidas de ese mar en la ribera;
La sorda tempestad de mis dolores
Sirve de arrullo a vuestra edad primera.
Nací para luchar; sereno y fuerte
Cobro vigor en el combate rudo;
Cuando pague mi audacia con la muerte,
Caeré cual gladiador sobre mi escudo.
Llévenme así a vosotras; de los hombres
Ni desdeño el poder ni el odio temo;
Pongo todo mi honor en vuestros nombres
Y toda el alma en vuestro amor supremo.
Para salir al mundo vais de prisa.
¡Ojalá que esa vez nunca llegara!
Pues hay que ahogar el llanto con la risa,
Para mirar al mundo cara a cara.
No me imitéis a mí: yo me consuelo
con abrir más los bordes de mi herida;
Imitad en lo noble a vuestro abuelo:
¡Sol de virtud que iluminó mi vida!
Orad y perdonad; siempre es inmensa
Después de la oración la interna calma,
Y el ser que sabe perdonar la ofensa
Sabe llevar a Dios dentro del alma.
Sea vuestro pecho de bondades nido,
No ambicionéis lo que ninguno alcanza,
Coronad el perdón con el olvido
Y la austera virtud con la esperanza.
Sin dar culto a los frívolos placeres
Que la pureza vuestra frente ciña,
Buscad alma de niña en las mujeres
Y buscad alma de ángel en la niña.
Nadie nace a la infamia condenado,
Nadie hereda la culpa de un delito,
Nunca para ser siervas del pecado
Os disculpéis clamando: estaba escrito.
¡Existir es luchar! No es infelice
Quien luchando, de espinas se corona;
Abajo, todo esfuerzo se maldice,
Arriba, toda culpa se perdona.
Se apaga la ilusión cual lumbre fatua
Y la hermosura es flor que se marchita;
La mujer sin piedad es una estatua
Dañosa al mundo y del hogar proscrita.
No fijéis en el mal vuestras pupilas
Que víbora es el mal que todo enferma,
Y haced el bien para dormir tranquilas
Cuando yo triste en el sepulcro duerma.
Nunca me han importado en este suelo
Renombre, aplausos, oropeles, gloria:
Procurar vuestro bien, tal es mi anhelo;
Amaros y sufrir tal es mi historia.
Cuando el sol de mi vida tenga ocaso
Recordad mis consejos con ternura,
Y en cada pensamiento, en cada paso,
Buscad a Dios tras de la inmensa altura.
Yo anhelo que, al morir, por premio santo,
Tengan de vuestro amor en los excesos:
Las flores de mi tumba vuestro llanto,
Las piedras de mi tumba vuestros besos.
691
He vuelto a media noche a mi casa, y un canto
como vena de agua que solloza, me acoge...
Es el músico célibe, es el solista dócil
y experto, es el zenzontle que mece los cansancios
seniles y la incauta ilusión con que sueñan
las damitas... No cabe duda que el prisionero
sabe cantar. Su lengua es como aquellas otras
que el candor de los clásicos llamó lenguas arpadas.
No serían los clásicos minuciosos psicólogos,
pero atinaban con el mundo elemental
y daban a las cosas sus nombres...
Sigo oyendo
la musical tarea del zenzontle, y lo admiro
por impávido y fuerte, porque no se amilana
en el caos de las lóbregas vigilias, y no teme
despertar a los monstruos de la noche. Su pico
repasa el cuerpo de la noche, como el de una
amante; el valeroso pico de este zenzontle
va recorriendo el cuerpo de la noche: las cejas,
y la nuca, y el bozo. Súbitamente, irrumpe
el arpegio animoso que reta en su guarida
a todas las hostiles reservas de la amante...
¿Hay acaso otro solo poeta que, como éste,
desafíe a las incógnitas potestades, y hiera
con su venablo lírico el silencio despótico?
Respondamos nosotros, los necios y cobardes
que en la noche tememos aventurar la mano
afuera de las sábanas...
El zenzontle me lleva
hasta los corredores del patio solariego
en que había canarios, con el buche teñido
con un verde inicial de lechuga, y las alas
como onzas acabadas de troquelar. También
había por aquellos corredores, las roncas
palomas que se visten de canela y se ajustan
los collares de luto... Corredores propicios
en que José Manuel y Berta platicaban
y en que la misma Berta, con un gentil descoco,
me dijo alguna vez: «Si estos corredores
como tumbas, hablaran ¡qué cosas no dirían!»
Mas en estos momentos el zenzontle repite
un silbo montaraz, como un pastor llamando
a una pastora; y caigo en la lúgubre cuenta
de que el zenzontle vive castamente, y su limpia
virtud no ha de obtener un premio en Josafat.
Es seguro que al pobre cantor, que da su música
a la erótica letra de las lunas de miel,
lo aprisionaron virgen en su monte; y me apena
que ignore que la dicha de amar es un galope
del corazón sin brida, por el desfiladero
de la muerte. Deploro su castidad reclusa
y hasta le cedería uno de mis placeres.
Mas ya el sueño me vence... El zenzontle prolonga
su confesión melódica frente a las potestades
enemigas, y corto aquí mi panegírico
para el zenzontle impávido, virgen y confesor.
490
¡Qué perezosos pies, qué entretenidos
Pasos lleva la Muerte por mis daños!
El camino me alargan los engaños,
Y en mí se escandalizan los perdidos.
Mis ojos no se dan por entendidos;
Y por descaminar mis desengaños,
Me disimulan la verdad los años
Y les guardan el sueño a los sentidos.
Del vientre a la prisión vine en naciendo,
De la prisión iré al sepulcro amando,
Y siempre en el sepulcro estaré ardiendo.
Cuantos plazos la Muerte me va dando,
Prolijidades son que va creciendo,
Porque no acabe de morir penando.
445
Yo andaba entre la sombra,
cuando como un fulgor llegaste tú; de pronto,
con el último amor.
Pero bastó un efluvio de antiguas primaveras
para reconocerte, para saber quién eras.
Y eras la misteriosa mujer desconocida
que entristeció de un sueño lo mejor de mi vida;
la de las tardes grises y los claros de luna,
la que busqué entre tantas y no encontré en ninguna.
Y hoy tal vez como un premio, tal vez como un castigo,
lo mejor de mi vida será morir contigo.
He pensado esta noche, sintiéndote tan mía
que así como llegaste, pudieras irte un día.
Lo he pensado eso es todo, pero si sucediera,
dejaré que te vayas sin un adiós siquiera.
Y cuando te hayas ido -yo que nunca me quejo-,
me vestiré de luto y aprenderé a ser viejo.
Pero si me muriera sin poder olvidarte
y después de la muerte se llega a alguna parte;
preguntaré si hay sitio, para mí, junto a ti.
Y Dios, seguramente, responderá que sí.
300