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"prados" poems
Hoy he visto un seto cubierto de rosas Y he vuelto a mi casa loca de alegría. ¡Hoy he visto un seto cubierto de rosas! ¡Qué impresión de fiesta de amor, alma mía He vuelto a mi casa llena de contento Como cuando vemos de nuevo al amante, Por quién suspiramos a cada momento Y que hace ya mucho se hallaba distante. Yo que amo las selvas, los campos, los prados, Los largos caminos verdes y encantados, El amor sin trabas en la paz campestre, Sueño ya con dulces fiestas amorosas, Ante este temprano florecer de rosas Sobre la negrura de un cerco silvestre.
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Primeras rosas
La tinta verde crea jardines, selvas, prados, follajes donde cantan las letras, palabras que son árboles, frases que son verdes constelaciones. Deja que mis palabras, oh blanca, desciendan y te cubran como una lluvia de hojas a un campo de nieve, como la yedra a la estatua, como la tinta a esta página. Brazos, cintura, cuello, senos, la frente pura como el mar, la nuca de bosque en otoño, los dientes que muerden una brizna de yerba. Tu cuerpo se constela de signos verdes como el cuerpo del árbol de renuevos. No te importe tanta pequeña cicatriz luminosa: mira al cielo y su verde tatuaje de estrellas.
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Escrito con tinta verde
Plaza de Armas, plaza de musicales nidos, frente a frente del rudo y enano soportal; plaza en que se confunden un obstinado aroma lírico y una cierta prosa municipal; plaza frente a la cárcel lóbrega y frente al lúcido hogar en que nacieron y murieron los míos; he aquí que te interroga un discípulo, fiel a tus fuentes cantantes y tus prados umbríos. ¿Qué se hizo, Plaza de Armas, el coro de chiquillas que conmigo llegaban en la tarde de asueto del sábado, a tu kiosko, y que eran actrices de muñeca excesiva y de exiguo alfabeto? ¿Qué fue de aquellas dulces colegas que rieron para mí, desde un marco de verdor y de rosas? ¿Qué de las camaradas de los juegos impúberes? ¿Son vírgenes intactas o madres dolorosas? Es verdad, sé el destino casto de aquella pobre pálida, cuyo rostro, como una indulgencia plenaria, miré ayer tras un vidrio lloroso; me ha inundado en recuerdos pueriles la presencia de Ana, que al tutearme decía el «tú» de antaño como una obra maestra, y que hoy me habló con ceremonia forzada; he visto a Catalina, exangüe, al exhibir su maternal fortuna cuando en un cochecillo de blondas y de raso lleva el fruto cruel y suave de su idilio por los enarenados senderos...                                                           Más no sé de todas las demás que viven en exilio. Y por todas quiero. He de saber de todas las pequeñas torcaces que me dieron el gusto de la voz de mujer. ¡Torcaces que cantaban para mí, en la mañana de un día claro y justo! Dime, plaza de nidos musicales, de las actrices que impacientes por salir a la escena del mundo, chuscamente fingían gozosos líos de noviazgos y negros episodios de pena. Dime, Plaza de Armas, de las párvulas lindas y bobas, que vertieron con su mano inconsciente un perfume amistoso en el umbral del alma y una gota del filtro del amor en mi frente. Mas la plaza está muda, y su silencio trágico se va agravando en mí con el mismo dolor del bisoño escolar que sale a vacaciones pensando en la benévola acogida de Abel, y halla muerto, en la sala, al hermano menor.
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En la plaza de armas
Plaza de Armas, plaza de musicales nidos, frente a frente del rudo y enano soportal; plaza en que se confunden un obstinado aroma lírico y una cierta prosa municipal; plaza frente a la cárcel lóbrega y frente al lúcido hogar en que nacieron y murieron los míos; he aquí que te interroga un discípulo, fiel a tus fuentes cantantes y tus prados umbríos. ¿Qué se hizo, Plaza de Armas, el coro de chiquillas que conmigo llegaban en la tarde de asueto del sábado, a tu kiosko, y que eran actrices de muñeca excesiva y de exiguo alfabeto? ¿Qué fue de aquellas dulces colegas que rieron para mí, desde un marco de verdor y de rosas? ¿Qué de las camaradas de los juegos impúberes? ¿Son vírgenes intactas o madres dolorosas? Es verdad, sé el destino casto de aquella pobre pálida, cuyo rostro, como una indulgencia plenaria, miré ayer tras un vidrio lloroso; me ha inundado en recuerdos pueriles la presencia de Ana, que al tutearme decía el «tú» de antaño como una obra maestra, y que hoy me habló con ceremonia forzada; he visto a Catalina, exangüe, al exhibir su maternal fortuna cuando en un cochecillo de blondas y de raso lleva el fruto cruel y suave de su idilio por los enarenados senderos...                                                           Más no sé de todas las demás que viven en exilio. Y por todas quiero. He de saber de todas las pequeñas torcaces que me dieron el gusto de la voz de mujer. ¡Torcaces que cantaban para mí, en la mañana de un día claro y justo! Dime, plaza de nidos musicales, de las actrices que impacientes por salir a la escena del mundo, chuscamente fingían gozosos líos de noviazgos y negros episodios de pena. Dime, Plaza de Armas, de las párvulas lindas y bobas, que vertieron con su mano inconsciente un perfume amistoso en el umbral del alma y una gota del filtro del amor en mi frente. Mas la plaza está muda, y su silencio trágico se va agravando en mí con el mismo dolor del bisoño escolar que sale a vacaciones pensando en la benévola acogida de Abel, y halla muerto, en la sala, al hermano menor.
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Deus ama… Passarinhos em prados verdejantes, Papoilas, cores de encantar. Olhares de ateus e crentes, Janelas de par em par. A minúcia de ter sentido, Ser sempre perdido. Devoção a Deus que ama, A linda açucena. Riqueza e glória, Deus por ti chora. Amor adocicado, Destino e fado. Victor Marques
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Nov 29, 2011
Nov 29, 2011 at 1:58 PM UTC
Deus Ama
La Mancha y sus mujeres... Argamasilla, Infantes Esquivias, Valdepeñas, La novia de Cervantes, y del manchego heroico, el ama y la sobrina (el patio, la alacena, la cueva y la cocina, la rueca y la costura, la cuna y la pitanza), la esposa de don Diego y la mujer de Panza, la hija del ventero, y tantas como están bajo la tierra, y tantas que son y que serán encanto de manchegos y madres de españoles por tierras de lagares, molinos y arreboles.   Es la mujer manchega garrida y bien plantada, muy sobre sí doncella, perfecta de casada.   El sol de la caliente llanura vinariega quemó su piel, mas guarda frescura de bodega su corazón. Devota, sabe rezar con fe para que Dios nos libre de cuanto no se ve. Su obra es la casa -menos celada que en Sevilla, más gineceo y menos castillo que en Castilla-. Y es del hogar manchego la musa ordenadora; alinea los vasares, los lienzos alcanfora; las cuentas de la plaza anota en su diario, cuenta garbanzos, cuenta las cuentas del rosario.   ¿Hay más?  Por estos campos hubo un amor de fuego, dos ojos abrasaron un corazón manchego.   ¿No tuvo en esta Mancha su cuna Dulcinea? ¿No es el Toboso patria de la mujer idea del corazón, engendro e imán de corazones, a quien varón no impregna y aun parirá varones?   Por esta Mancha -prados, viñedos y molinos- que so el igual del cielo iguala sus caminos, de cepas arrugadas en el tostado suelo y mustios pastos como raído terciopelo: por este seco llano de sol y lejanía, en donde el ojo alcanza su pleno mediodía (un diminuto bando de pájaros puntea el índigo del cielo sobre la blanca aldea, y allá se yergue un soto de verdes alamillos, tras leguas y más leguas de campos amarillos), por esta tierra, lejos del mar y la montaña, el ancho reverbero del claro sol de España, anduvo un pobre hidalgo ciego de amor un día -amor nublóle el juicio: su corazón veía-.   Y tú, la cerca y lejos, por el inmenso llano eterna compañera y estrella de Quijano, lozana labradora fincada en tus terrones -oh madre de manchegos y numen de visiones-, viviste, buena Aldonza, tu vida verdadera cuando ta amante erguía su lanza justiciera, y en tu casona blanca ahechando el rubio trigo.Aquel amor de fuego era por ti y contigo.     Mujeres de la Mancha con el sagrado mote de Dulcinea, os salve la gloria de Quijote.
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La mujer manchega
La Mancha y sus mujeres... Argamasilla, Infantes Esquivias, Valdepeñas, La novia de Cervantes, y del manchego heroico, el ama y la sobrina (el patio, la alacena, la cueva y la cocina, la rueca y la costura, la cuna y la pitanza), la esposa de don Diego y la mujer de Panza, la hija del ventero, y tantas como están bajo la tierra, y tantas que son y que serán encanto de manchegos y madres de españoles por tierras de lagares, molinos y arreboles.   Es la mujer manchega garrida y bien plantada, muy sobre sí doncella, perfecta de casada.   El sol de la caliente llanura vinariega quemó su piel, mas guarda frescura de bodega su corazón. Devota, sabe rezar con fe para que Dios nos libre de cuanto no se ve. Su obra es la casa -menos celada que en Sevilla, más gineceo y menos castillo que en Castilla-. Y es del hogar manchego la musa ordenadora; alinea los vasares, los lienzos alcanfora; las cuentas de la plaza anota en su diario, cuenta garbanzos, cuenta las cuentas del rosario.   ¿Hay más?  Por estos campos hubo un amor de fuego, dos ojos abrasaron un corazón manchego.   ¿No tuvo en esta Mancha su cuna Dulcinea? ¿No es el Toboso patria de la mujer idea del corazón, engendro e imán de corazones, a quien varón no impregna y aun parirá varones?   Por esta Mancha -prados, viñedos y molinos- que so el igual del cielo iguala sus caminos, de cepas arrugadas en el tostado suelo y mustios pastos como raído terciopelo: por este seco llano de sol y lejanía, en donde el ojo alcanza su pleno mediodía (un diminuto bando de pájaros puntea el índigo del cielo sobre la blanca aldea, y allá se yergue un soto de verdes alamillos, tras leguas y más leguas de campos amarillos), por esta tierra, lejos del mar y la montaña, el ancho reverbero del claro sol de España, anduvo un pobre hidalgo ciego de amor un día -amor nublóle el juicio: su corazón veía-.   Y tú, la cerca y lejos, por el inmenso llano eterna compañera y estrella de Quijano, lozana labradora fincada en tus terrones -oh madre de manchegos y numen de visiones-, viviste, buena Aldonza, tu vida verdadera cuando ta amante erguía su lanza justiciera, y en tu casona blanca ahechando el rubio trigo.Aquel amor de fuego era por ti y contigo.     Mujeres de la Mancha con el sagrado mote de Dulcinea, os salve la gloria de Quijote.
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Hay un tropel de potros sobre la pampa inmensa. ¿Es Pan que se incorpora? No: es un hombre que piensa, es un hombre que tiene una lira en la mano: él viene del azul, del sol, del Océano. Trae encendida en vida su palabra potente y concreta el decir de todo un continente... Tal vez es desigual... (¡El Pegaso da saltos!) Tal vez es tempestuoso... (¡Los Andes son tan altos!...) Pero hay en este verso tan vigoroso y terso una sangre que apenas veréis en otro verso; una sangre que cuando en la estrofa circula, como la luz penetra y como la onda ondula... Pegaso está contento, Pegaso piafa y brinca, porque Pegaso pace en los prados del inca. Y este fuerte poeta de alma tan ardorosa sabe bien lo que cuentan los labios de la rosa, comprende las dulzuras del panel y comprende lo que dice la abeja del secreto del duende... Pero su brazo es para levantar la trompeta hacia donde se anuncia la aurora del Profeta; es hecho para dar a la virtud del viento la expresión del terrible clarín del pensamiento. Él sabe de Amazonas, Chimborazos y Andes. Siempre blande su verso para las cosas grandes. Va como Don Quijote en ideal campaña, vive de amor de América y de pasión de España; y envuelto en armonía y en melodía y canto, tiene rasgos de héroe y actitudes de santo. «¿Me permites, Chocano, que como amigo fiel, te ponga en el ojal esta hoja de laurel?» Tal dije cuando don J. Santos Chocano, último de los incas, se tornó castellano.
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Preludio
Y mi mano sacrílega se tiñe de tu sangre, ¡oh Imali, oh vestal mía! Mas no fue mi ternura, fue un furor... Si de nuevo, a mis ojos resurrecta, te pudiese inmolar, te inmolaría. ¿Ya ves, oh Imali, que no fue mi amor? Gozoso aún y pávido y tremente, hui a la sombra, la cerrada sombra que en su mudez acoge las iras y los vértigos. ¡Un hueco en tus entrañas, tierra dura! ¡Soledad, un refugio en tus entrañas! ¡Tu ojo sin vista, lobreguez impura! Mas la sangre fluía. en chorros de carbunclos. Ante el cadáver lívido, sin blandones, sin túmulo, todo estaba sangriento. -"Asesino", "Asesino" -susurraba y se iba el viento. En los prados del monte fueron crimen mis huellas. Como vírgenes desoladas me bañaron de llanto las estrellas. En las playas de luz mojadas di un alarido al ver el mar que hervía; y huyendo en pos, en pos de la noche que huía, me ensangrentó la sangre horrible del alba del día. -"Asesino", "Asesino" -susurraba y se iba el viento. Y los pastores me negarían sus cabañas. Las rocas me aplastarían en sus entrañas. La paz es mi enemigo violento y el amor mi enemigo sanguinario. ¿Y a qué tu sombra, oh noche del lúbrico ardimiento, si entre mi corazón ardía el tenebrario? Viajó mi alma en íntimas pasiones de Cristos coronados de congojas; ¡el pudor!, ¡el honor entre sayones! Fui rosa negra de mil rosas rojas del vicio en las ocultas floraciones... Mas el azul a mi dolor heroico abrió su abismo de fulgencias puras, soles remotos, nébulas, centellas y estuve opreso por las lumbres de ellas del hilo de oro de! collar del día; y un anhelar de espacio dio sus alas a mi desconcertada poesía. En la lluvia de gotas de mi sangre, tras el velo irisado de mis lágrimas, -vago sueño- sus brumas deshacía, -vago sueño- mi vaga Acuarimántima.
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Acuarimántima vii
Y mi mano sacrílega se tiñe de tu sangre, ¡oh Imali, oh vestal mía! Mas no fue mi ternura, fue un furor... Si de nuevo, a mis ojos resurrecta, te pudiese inmolar, te inmolaría. ¿Ya ves, oh Imali, que no fue mi amor? Gozoso aún y pávido y tremente, hui a la sombra, la cerrada sombra que en su mudez acoge las iras y los vértigos. ¡Un hueco en tus entrañas, tierra dura! ¡Soledad, un refugio en tus entrañas! ¡Tu ojo sin vista, lobreguez impura! Mas la sangre fluía. en chorros de carbunclos. Ante el cadáver lívido, sin blandones, sin túmulo, todo estaba sangriento. -"Asesino", "Asesino" -susurraba y se iba el viento. En los prados del monte fueron crimen mis huellas. Como vírgenes desoladas me bañaron de llanto las estrellas. En las playas de luz mojadas di un alarido al ver el mar que hervía; y huyendo en pos, en pos de la noche que huía, me ensangrentó la sangre horrible del alba del día. -"Asesino", "Asesino" -susurraba y se iba el viento. Y los pastores me negarían sus cabañas. Las rocas me aplastarían en sus entrañas. La paz es mi enemigo violento y el amor mi enemigo sanguinario. ¿Y a qué tu sombra, oh noche del lúbrico ardimiento, si entre mi corazón ardía el tenebrario? Viajó mi alma en íntimas pasiones de Cristos coronados de congojas; ¡el pudor!, ¡el honor entre sayones! Fui rosa negra de mil rosas rojas del vicio en las ocultas floraciones... Mas el azul a mi dolor heroico abrió su abismo de fulgencias puras, soles remotos, nébulas, centellas y estuve opreso por las lumbres de ellas del hilo de oro de! collar del día; y un anhelar de espacio dio sus alas a mi desconcertada poesía. En la lluvia de gotas de mi sangre, tras el velo irisado de mis lágrimas, -vago sueño- sus brumas deshacía, -vago sueño- mi vaga Acuarimántima.
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En la amplitud benigna del contorno y rompiendo el mutismo del paisaje flotan como poema de consuelo las estrofas metálicas de las torres parleras; retratan el matiz de la llanura en su inmóvil pupila las vacadas dispersas en la margen del río que abandona en su corriente sus vellones de armiño y refleja del puente en las columnas su música de acentos virgilianos; y parece que el alma de las cosas más imponentes del nativo suelo me saluda con voces fraternales. El rumor de una interna clarinada resucita del fondo de mi mente a los preclaros héroes del terruño y me siento orgulloso de la sangre que hincha mis arterias juveniles; miro que están en pie los viejos muros de la casa paterna y con los hilos frágiles del sueño reconstruyo el momento de la dicha; las jardines fragantes disipan con sus prados luminosos las obstinadas nieblas de mi invierno, y con su nota azul me torna alegre la familiaridad de las montañas. Vuelvo otra vez a tu clemente asilo, tierra de amor donde mis ojos vieron de la existencia las primeras luces, y al llegar a tu abrigo me conforto con el sano perfume de tus brisas; en el mudo jardín de mi tristeza evocan las escenas de la infancia de la dicha los pájaros locuaces; oigo la voz solemne del pasado sonar alegremente en el silencio de mis desolaciones interiores; y al ver el apiñado caserío que guarda entre sus muros paternales a la mujer que iluminó mi senda haciendo que brotara mi cariño en románticas flores, miro apuntar la aurora sonriente en la noche sin fin de mi congoja, charlando en los aleros de mi alma la errante golondrina del recuerdo. ¡Oh tierra bendecida que idolatro con el más reverente de los cultos, con qué júbilo inmenso reconozco la religiosidad de tus matronas y la hidalga nobleza de tus hijos! En tu regazo amante se mitiga el rigor de mis duelos incurables, me das el dulce título de hermano y con ansias anhelo, como en un insinuante panteísmo, ser el bronce que suena en tus esquilas, una roca prendida en tus picachos o un álamo llorón junto a las tapias de tu dormido y grave cementerio.
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El suelo nativo
En la amplitud benigna del contorno y rompiendo el mutismo del paisaje flotan como poema de consuelo las estrofas metálicas de las torres parleras; retratan el matiz de la llanura en su inmóvil pupila las vacadas dispersas en la margen del río que abandona en su corriente sus vellones de armiño y refleja del puente en las columnas su música de acentos virgilianos; y parece que el alma de las cosas más imponentes del nativo suelo me saluda con voces fraternales. El rumor de una interna clarinada resucita del fondo de mi mente a los preclaros héroes del terruño y me siento orgulloso de la sangre que hincha mis arterias juveniles; miro que están en pie los viejos muros de la casa paterna y con los hilos frágiles del sueño reconstruyo el momento de la dicha; las jardines fragantes disipan con sus prados luminosos las obstinadas nieblas de mi invierno, y con su nota azul me torna alegre la familiaridad de las montañas. Vuelvo otra vez a tu clemente asilo, tierra de amor donde mis ojos vieron de la existencia las primeras luces, y al llegar a tu abrigo me conforto con el sano perfume de tus brisas; en el mudo jardín de mi tristeza evocan las escenas de la infancia de la dicha los pájaros locuaces; oigo la voz solemne del pasado sonar alegremente en el silencio de mis desolaciones interiores; y al ver el apiñado caserío que guarda entre sus muros paternales a la mujer que iluminó mi senda haciendo que brotara mi cariño en románticas flores, miro apuntar la aurora sonriente en la noche sin fin de mi congoja, charlando en los aleros de mi alma la errante golondrina del recuerdo. ¡Oh tierra bendecida que idolatro con el más reverente de los cultos, con qué júbilo inmenso reconozco la religiosidad de tus matronas y la hidalga nobleza de tus hijos! En tu regazo amante se mitiga el rigor de mis duelos incurables, me das el dulce título de hermano y con ansias anhelo, como en un insinuante panteísmo, ser el bronce que suena en tus esquilas, una roca prendida en tus picachos o un álamo llorón junto a las tapias de tu dormido y grave cementerio.
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Sobre el camino se ve la venta.         Risueño el valle, claveles rojos, olor de menta, de madreselvas y frondosa calle. En el corral amplio, vacas y perros         altos magueyes, el sol dorado de altos cerros, carros tirados por lentos bueyes. Frente a la casa, los barrizales         bajo madroños; sobre la vega, rubios maizales, y junto al plátano, verdes retoños. Marcando prados en las campiñas         se ven las zanjas; junto al vallado se alzan las piñas, y al gusto encintan ya las naranjas. Cuelgan los troncos fuertes y erectos         las níveas barbas, sobre las hojas vuelan insectos, bajo las hojas duermen las larvas. Entre los fondos, ***** al antiguo         trapiche humea, y por la cuesta, sendero exiguo que zigzagueando llevan a la aldea. Verán tus ojos en la verdura         y a donde vayas, los mararayes en la espesura, sobre las piedras, las pitahayas. Con sus pinceles la tarde pinta         vívido cromo; de plata el río semeja cinta, y el pozo, lejos manchas de plomo. Amarillento sobre la falda         se abre un barranco, y de los campos en la esmeralda Se alza, de techos, el humo blanco. Una flor roja, vivas oscila,         tiembla su estambre, y bajo cedros, en doble fila, sobre el camino, cerca de alambre. La azada al hombro, tardo el labriego         vuelve del campo. y en ella fulge, roca de fuego, del sol poniente vívido lampo. Gris una nube, pasando finge         velera barca; otra, un castillo, y otra, una esfinge, y un dragón otra, que el cuello enarca. El horizonte cortan los techos         las cumbres calvas, y en el remanso, por entre helechos, los pastos tienden sus plumas albas. Abre sus flores los alhelíes         cerca del río, y el café luce, como rubíes, sus rojos granos bajo el plantío. En las paredes de la posada         se ven letreros; son un recuerdo para la amada, o vanidades de pasajeros. Por los bardales se ven las rosas         sobre el camino; Pasan volando las mariposas, y a un canto, lejos responde un trino. ¡para el reposo, feliz quien halle         tu puerta franca! ¡qué paz más honda la de tu valle! ¡qué paz, la tuya, casita blanca!
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La venta
Sobre el camino se ve la venta.         Risueño el valle, claveles rojos, olor de menta, de madreselvas y frondosa calle. En el corral amplio, vacas y perros         altos magueyes, el sol dorado de altos cerros, carros tirados por lentos bueyes. Frente a la casa, los barrizales         bajo madroños; sobre la vega, rubios maizales, y junto al plátano, verdes retoños. Marcando prados en las campiñas         se ven las zanjas; junto al vallado se alzan las piñas, y al gusto encintan ya las naranjas. Cuelgan los troncos fuertes y erectos         las níveas barbas, sobre las hojas vuelan insectos, bajo las hojas duermen las larvas. Entre los fondos, ***** al antiguo         trapiche humea, y por la cuesta, sendero exiguo que zigzagueando llevan a la aldea. Verán tus ojos en la verdura         y a donde vayas, los mararayes en la espesura, sobre las piedras, las pitahayas. Con sus pinceles la tarde pinta         vívido cromo; de plata el río semeja cinta, y el pozo, lejos manchas de plomo. Amarillento sobre la falda         se abre un barranco, y de los campos en la esmeralda Se alza, de techos, el humo blanco. Una flor roja, vivas oscila,         tiembla su estambre, y bajo cedros, en doble fila, sobre el camino, cerca de alambre. La azada al hombro, tardo el labriego         vuelve del campo. y en ella fulge, roca de fuego, del sol poniente vívido lampo. Gris una nube, pasando finge         velera barca; otra, un castillo, y otra, una esfinge, y un dragón otra, que el cuello enarca. El horizonte cortan los techos         las cumbres calvas, y en el remanso, por entre helechos, los pastos tienden sus plumas albas. Abre sus flores los alhelíes         cerca del río, y el café luce, como rubíes, sus rojos granos bajo el plantío. En las paredes de la posada         se ven letreros; son un recuerdo para la amada, o vanidades de pasajeros. Por los bardales se ven las rosas         sobre el camino; Pasan volando las mariposas, y a un canto, lejos responde un trino. ¡para el reposo, feliz quien halle         tu puerta franca! ¡qué paz más honda la de tu valle! ¡qué paz, la tuya, casita blanca!
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El cantor va por todo el mundo sonriente o meditabundo. El cantor va sobre la tierra en blanca paz o en roja guerra.Sobre el lomo del elefante por la enorme India alucinante. En palanquín y en seda fina por el corazón de la China;en automóvil en Lutecia; en negra góndola en Venecia;sobre las pampas y los llanos en los potros americanos;por el río va en la canoa, o se le ve sobre la proade un steamer sobre el vasto mar, o en un vagón de sleeping-car.El dromedario del desierto, barco vivo, le lleva a un puerto. Sobre el raudo trineo trepa en la blancura de la estepa.O en el silencio de cristal que ama la aurora boreal.El cantor va a pie por los prados, entre las siembras y ganados.Y entra en su Londres en el tren, y en asno a su Jerusalén.Con estafetas y con malas, va el cantor por la humanidad.En canto vuela, con sus alas: Armonía y Eternidad.
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El canto errante
Francisco encaminábase a Perusa y así le hablaba al compañero:                                               «Hermano *** oveja del Señor: si el fraile Más humilde, los nombres de los astros Todos supiera; y la virtud oculta Lograra descubrir, con don arcano, De las piedras, los árboles y el agua; y entendiera el idioma de los pájaros, Lo que hablan los insectos y las fieras y las greyes que pastan en los prados, Sabe que en eso no hay completa dicha». y prosiguió después:                                       «Óyeme, Hermano *** oveja del Señor: si el fraile Más humilde, las lenguas que se hablaron y se hablan en el mundo comprendiera; Si la ciencia que guardan los Sagrados Libros su mente atesorar lograra, y pudiera leer lo que los Santos y los ángeles piensan en el Cielo, y pudiera leer todo lo arcano, Sabe que en eso no hay completa dicha». y prosiguió después:                                       «Óyeme, Hermano *** oveja del Señor: si el fraile Más humilde, pudiera al solo tacto De las manos curar a los leprosos; y sanara a los cojos y los mancos, y a los ciegos la vista les volviera; y si, la Ley Divina predicando, Ablandara los duros corazones Que viven en la sombra del pecado, y a los infieles convirtiera a Cristo, Que a todos abre los amantes brazos, Sabe que en eso no hay dicha completa». y prosiguió después:                                       «Óyeme, Hermano *** oveja del Señor: si turba Hostil surgiera y nos cerrara el paso Cuando a Perusa entremos, y de pronto Hiciera de nosotros vil escarnio; Luego nos arrancara las capuchas, A los sayales nos lanzara fango, Y después, bajo piedras y garrotes En el arroyo exánimes quedáramos, Tan sólo en eso habrá completa dicha». Así decía, y se detuvo el Santo En mitad de la cumbre. Desde el Catria El sol iluminaba el hondo espacio. El rumor del torrente no se oía, Ni de las aves en el bosque el canto. Y para Fray *** aquel silencio Fue una pregunta en la quietud del campo; y tranquilo y humilde, hacia el Maestro Alzó los ojos y le dijo: «¡Vamos!»
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Perfectum gaudium
Francisco encaminábase a Perusa y así le hablaba al compañero:                                               «Hermano *** oveja del Señor: si el fraile Más humilde, los nombres de los astros Todos supiera; y la virtud oculta Lograra descubrir, con don arcano, De las piedras, los árboles y el agua; y entendiera el idioma de los pájaros, Lo que hablan los insectos y las fieras y las greyes que pastan en los prados, Sabe que en eso no hay completa dicha». y prosiguió después:                                       «Óyeme, Hermano *** oveja del Señor: si el fraile Más humilde, las lenguas que se hablaron y se hablan en el mundo comprendiera; Si la ciencia que guardan los Sagrados Libros su mente atesorar lograra, y pudiera leer lo que los Santos y los ángeles piensan en el Cielo, y pudiera leer todo lo arcano, Sabe que en eso no hay completa dicha». y prosiguió después:                                       «Óyeme, Hermano *** oveja del Señor: si el fraile Más humilde, pudiera al solo tacto De las manos curar a los leprosos; y sanara a los cojos y los mancos, y a los ciegos la vista les volviera; y si, la Ley Divina predicando, Ablandara los duros corazones Que viven en la sombra del pecado, y a los infieles convirtiera a Cristo, Que a todos abre los amantes brazos, Sabe que en eso no hay dicha completa». y prosiguió después:                                       «Óyeme, Hermano *** oveja del Señor: si turba Hostil surgiera y nos cerrara el paso Cuando a Perusa entremos, y de pronto Hiciera de nosotros vil escarnio; Luego nos arrancara las capuchas, A los sayales nos lanzara fango, Y después, bajo piedras y garrotes En el arroyo exánimes quedáramos, Tan sólo en eso habrá completa dicha». Así decía, y se detuvo el Santo En mitad de la cumbre. Desde el Catria El sol iluminaba el hondo espacio. El rumor del torrente no se oía, Ni de las aves en el bosque el canto. Y para Fray *** aquel silencio Fue una pregunta en la quietud del campo; y tranquilo y humilde, hacia el Maestro Alzó los ojos y le dijo: «¡Vamos!»
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Es alegre el camino bajo las ramas Flexibles y doradas de las retamas, De tal modo floridas que es el sendero, Para los verdes prados, un pebetero. Las glotonas abejas viven de fiesta Bajo la joya viva de la floresta. ¿Qué buen mago en el valle pulió el tesoro De estas tan opulentas retamas de oro? Traigo las trenzas llenas de la fragante Lluvia de las corolas . Cuando mi amante Pose en ellas los labios llevará en ellos El perfume a retama de mis cabellos, Como un alma aromosa, radiante y loca, Que el sabor de la cita pondrá en su boca.
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Camino de la cita
Decid: ¿quién se queja? ¿Quién llora? ¿Quién grita? Es que está cantando La saboyanita. Mañana de enero, Con aire y con nieve, Si no llueve, sopla, Si no sopla, llueve. Bajo grises nubes, La tierra cubierta De blanco sudario, Parece una muerta. ¡Cuán solas las calles! iNi quién las resiste! ¡Qué invierno tan duro, Tan largo y tan triste! Heladas las fuentes, Heladas y mudas; Almendros sin hojas, Y acacias desnudas. ¡Ofrecen contrastes Risueños y francos, Los troncos tan negros, Los copos tan blancos! Hay sólo una niña Bajo mi ventana, Engendro hechicero De augur y gitana. Contando en diez años Diez siglos de pena; Los ojos oscuros, La frente morena, Muy ***** el cabello, De grana la boca, De vivos colores El traje y la toca. Los pies diminutos, Que Fidias quisiera, Los guarda en chapines De tosca madera. Del pobre pandero Que agitan sus manos Se visten y comen Sus tiernos hermanos. Con sólo escucharla, Aterra y conmueve, Y más, si la miran Hincada en la nieve. Por tarde y mañana Con hondos acentos, Que nunca sofocan Ni lluvias, ni vientos; Se queja, solloza, Suspira, reclama, Y al son del pandero Su llanto derrama. Su voz me perturba Y amarga mi día: iQué acento tan triste! iQué voz de agonía! Si algún compatriota A verme se llega, Oyendo esos cantos, La frente doblega. Sintiéndose triste, Convulso y herido, Recuerda aquel suelo Alegre y florido, Sus vírgenes selvas. Sus prados, sus montes, Y el azul eterno De sus horizontes. Con llanto en los ojos, El alma turbada, Muy lejos teniendo La patria adorada: ¡Qué voz!-me repite- ¡Qué acento! ¡qué grito! Sollozo de angustia, Clamor de proscrito, Lo más pavoroso Que en notas existe; ¡Qué agudo! ¡Qué lento! ¡Qué amargo! ¡Qué triste! ¡Oh Dios! ¿Quién se queja? ¿Quién llora? ¿Quién grita? Es que está cantando La saboyanita.
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La saboyanita
Decid: ¿quién se queja? ¿Quién llora? ¿Quién grita? Es que está cantando La saboyanita. Mañana de enero, Con aire y con nieve, Si no llueve, sopla, Si no sopla, llueve. Bajo grises nubes, La tierra cubierta De blanco sudario, Parece una muerta. ¡Cuán solas las calles! iNi quién las resiste! ¡Qué invierno tan duro, Tan largo y tan triste! Heladas las fuentes, Heladas y mudas; Almendros sin hojas, Y acacias desnudas. ¡Ofrecen contrastes Risueños y francos, Los troncos tan negros, Los copos tan blancos! Hay sólo una niña Bajo mi ventana, Engendro hechicero De augur y gitana. Contando en diez años Diez siglos de pena; Los ojos oscuros, La frente morena, Muy ***** el cabello, De grana la boca, De vivos colores El traje y la toca. Los pies diminutos, Que Fidias quisiera, Los guarda en chapines De tosca madera. Del pobre pandero Que agitan sus manos Se visten y comen Sus tiernos hermanos. Con sólo escucharla, Aterra y conmueve, Y más, si la miran Hincada en la nieve. Por tarde y mañana Con hondos acentos, Que nunca sofocan Ni lluvias, ni vientos; Se queja, solloza, Suspira, reclama, Y al son del pandero Su llanto derrama. Su voz me perturba Y amarga mi día: iQué acento tan triste! iQué voz de agonía! Si algún compatriota A verme se llega, Oyendo esos cantos, La frente doblega. Sintiéndose triste, Convulso y herido, Recuerda aquel suelo Alegre y florido, Sus vírgenes selvas. Sus prados, sus montes, Y el azul eterno De sus horizontes. Con llanto en los ojos, El alma turbada, Muy lejos teniendo La patria adorada: ¡Qué voz!-me repite- ¡Qué acento! ¡qué grito! Sollozo de angustia, Clamor de proscrito, Lo más pavoroso Que en notas existe; ¡Qué agudo! ¡Qué lento! ¡Qué amargo! ¡Qué triste! ¡Oh Dios! ¿Quién se queja? ¿Quién llora? ¿Quién grita? Es que está cantando La saboyanita.
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O universo é uma obra sublime da criação   Pai,Filho, Espírito em comunhão, Houve luz,água e o firmamento do céu, Sol, lua , estrelas e branco véu. As plantas e os prados verdejantes, Terra e suas sementes. Animais, aves com vontade de voar, Peixes, rios e o mar... Criou o homem e a mulher para se amar, Serem felizes e se multiplicar. Criou a vida, o amor e o perdão, Dando nos cérebro e coração. Criou tudo com sabedoria sublime de forma única e exemplar, Dando poder a tudo para sempre se ressuscitar.... Victor Marques
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Apr 19, 2023
Apr 19, 2023 at 6:47 AM UTC
Criação do mundo de Deus
Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales cargados de perfume, y el campo enverdecido, abiertos los jazmines, maduros los trigales, azules las montañas y el olivar florido; Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles; y al sol de abril los huertos colmados de azucenas, y los enjambres de oro, para libar sus mieles dispersos en los campos, huir de sus colmenas; yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares, barriendo el cierzo helado tu campo empedernido; y en sierras agrias sueño -¡Urbión, sobre pinares! ¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!-Y pienso: Primavera, como un escalofrío irá a cruzar el alto solar del romancero, ya verdearán de chopos las márgenes del río.¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas, y la roqueda parda más de un zarzal en flor; ya los rebaños blancos, por entre grises peñas, hacia los altos prados conducirá el pastor.   ¡Oh, en el azul, vosotras, viajeras golondrinas que vais al joven Duero, rebaños de merinos, con rumbo hacia las altas praderas numantinas,  por las cañadas hondas y al sol de los caminos hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo, montañas, serrijones, lomazos, parameras, en donde reina el águila, por donde busca el cuervo su infecto expoliario; menudas sementeras cual sayos cenicientos, casetas y majadas entre desnuda roca, arroyos y hontanares donde a la tarde beben las yuntas fatigadas, dispersos huertecillos, humildes abejares!...   ¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano cercado de colinas y crestas militares, alcores y roquedas del yermo castellano, fantasmas de robledos y sombras de encinares!   En la desesperanza y en la melancolía de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía, por los floridos valles, mi corazón te lleva.
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Recuerdos
Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales cargados de perfume, y el campo enverdecido, abiertos los jazmines, maduros los trigales, azules las montañas y el olivar florido; Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles; y al sol de abril los huertos colmados de azucenas, y los enjambres de oro, para libar sus mieles dispersos en los campos, huir de sus colmenas; yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares, barriendo el cierzo helado tu campo empedernido; y en sierras agrias sueño -¡Urbión, sobre pinares! ¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!-Y pienso: Primavera, como un escalofrío irá a cruzar el alto solar del romancero, ya verdearán de chopos las márgenes del río.¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas, y la roqueda parda más de un zarzal en flor; ya los rebaños blancos, por entre grises peñas, hacia los altos prados conducirá el pastor.   ¡Oh, en el azul, vosotras, viajeras golondrinas que vais al joven Duero, rebaños de merinos, con rumbo hacia las altas praderas numantinas,  por las cañadas hondas y al sol de los caminos hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo, montañas, serrijones, lomazos, parameras, en donde reina el águila, por donde busca el cuervo su infecto expoliario; menudas sementeras cual sayos cenicientos, casetas y majadas entre desnuda roca, arroyos y hontanares donde a la tarde beben las yuntas fatigadas, dispersos huertecillos, humildes abejares!...   ¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano cercado de colinas y crestas militares, alcores y roquedas del yermo castellano, fantasmas de robledos y sombras de encinares!   En la desesperanza y en la melancolía de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía, por los floridos valles, mi corazón te lleva.
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Camina Don Boyso mañanita fría a tierra de moros a buscar amiga. Hallóla lavando en la fuente fría. -¿Qué haces ahí, mora, hija de judía? Deja a mí caballo beber agua fría. -Reviente el caballo y quien lo traía, que yo no soy mora ni hija de judía. Soy una cristiana que aquí estoy cativa. -Si fueras cristiana, yo te llevaría y en paños de seda yo te envolvería, pero si eres mora yo te dejaría. Montóla a caballo por ver qué decía; en las siete leguas no hablara la niña. Al pasar un campo de verdes olivas por aquellos prados qué llantos hacía. -¡Ay, prados! ¡Ay, prados! prados de mi vida. Cuando el rey, mi padre, plantó aquí esta oliva, él se la plantara, yo se la tenía, la reina, mi madre, la seda torcía, mi hermano, Don Boyso, los toros corría. -¿Y cómo te llamas? -Yo soy Rosalinda, que así me pusieron porque al ser nacida una linda rosa n'el pecho tenía. -Pues tú, por las señas, mi hermana serías. Abre la mi madre puertas de alegría, por traerla nuera le traigo su hija.
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Romance de don boyso
My precious velvet donkey, my dreamt plush toy, pure poetry, a cotton skin, so soft. As tender as a warm cloud, that dreamlike Platero, pure jet black, as sweet as an angel's sky. Oh, to have a Platero in my life, to walk beside me in green meadows, to mingle among wildflowers, to lie down with me, to be my friend. Oh, to have such a sweet little donkey in paradise, all beauty and tenderness, love in its purest form, to caress you and feed you, ambrosia for my friend. Together through the world of perfumed earth, trotting in nature's heaven. How I wish I could have held you in my lap, my little donkey, together in that world. A gentle world, where all is good, in the world of my dreams, where we are all so happy, where that other Platero and I reside. --- Mi precioso burrito de terciopelo, mi peluche soñado, pura poesía, piel de algodón, tan suave. Tan tierno como una nube cálida, ese soñado Platero, puro azabache, tan dulce como el cielo de ángeles. Quién tuviera un Platero en mi vida, que me acompañara en verdes prados, que se confundiera con flores silvestres, que se recostara conmigo, que fuera mi amigo. Quién tuviera un burrito, tan dulce, en el paraíso, todo bello y tierno, el amor en estado puro, para acariciarte, y darte de comer, ambrosía para mi amigo. Juntos por el mundo de la tierra perfumada, trotando en ese cielo de la naturaleza. Ojalá te hubiera podido recostar conmigo en mi regazo, con mi burrito, juntos en ese mundo. Un mundo amable, donde todo es bueno, en el mundo de mis sueños, donde todos somos tan felices, donde vive ese otro Platero y yo.
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Jul 17, 2025
Jul 17, 2025 at 6:49 AM UTC
PLATERO
My precious velvet donkey, my dreamt plush toy, pure poetry, a cotton skin, so soft. As tender as a warm cloud, that dreamlike Platero, pure jet black, as sweet as an angel's sky. Oh, to have a Platero in my life, to walk beside me in green meadows, to mingle among wildflowers, to lie down with me, to be my friend. Oh, to have such a sweet little donkey in paradise, all beauty and tenderness, love in its purest form, to caress you and feed you, ambrosia for my friend. Together through the world of perfumed earth, trotting in nature's heaven. How I wish I could have held you in my lap, my little donkey, together in that world. A gentle world, where all is good, in the world of my dreams, where we are all so happy, where that other Platero and I reside. --- Mi precioso burrito de terciopelo, mi peluche soñado, pura poesía, piel de algodón, tan suave. Tan tierno como una nube cálida, ese soñado Platero, puro azabache, tan dulce como el cielo de ángeles. Quién tuviera un Platero en mi vida, que me acompañara en verdes prados, que se confundiera con flores silvestres, que se recostara conmigo, que fuera mi amigo. Quién tuviera un burrito, tan dulce, en el paraíso, todo bello y tierno, el amor en estado puro, para acariciarte, y darte de comer, ambrosía para mi amigo. Juntos por el mundo de la tierra perfumada, trotando en ese cielo de la naturaleza. Ojalá te hubiera podido recostar conmigo en mi regazo, con mi burrito, juntos en ese mundo. Un mundo amable, donde todo es bueno, en el mundo de mis sueños, donde todos somos tan felices, donde vive ese otro Platero y yo.
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manchado está el camino pisamos los pétalos de flores con los pies lodosos pasamos por prados marrones que solían vibrar con el verde más limpio y recordamos lo que no fue
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Jan 22, 2019
Jan 22, 2019 at 10:51 AM UTC
Untitled
Brilla el cielo. Deslízase la barca en arenales. Los jardines florecen y el rocío argentino ya no irisa los prados al albor matutino. Huyen de los establos los bueyes y zagales. Todo renace, y úrgennos ráfagas sepulcrales, y sólo el día es cierto para ti en tu camino, en que no han de indicarte los dados, el destino de ser rey de las mesas con sus goces triunfales. Como la vida es breve, gocémosla. Ya artera la edad  nos aniquila. En la región oscura y fría de las Sombras jamás hay primavera. ¡Ven! El campo sonríe, festín de vida franco, Ya es tiempo de que inmoles a Fauno, en la espesura, un chivo, o gorda oveja que luzca vellón blanco.
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A sextio
Ahora soy zagala que apacenta un rebaño De estrellas. ¡Dios lo libre de todo mal y daño! Y si rondan los lobos, y si amaga la peste, ¡Dios haga invulnerable mi rebaño celeste! Amor que de los cielos dio fuga a las centellas Para que yo formara mi rebaño de estrellas, Las piedras de la senda con sus manos alisa Y pone entre mis labios la flauta de la risa. -¿.Adónde vas, pastora de mirada encantada? -Voy a prados de rosas a pacer ni¡ majada. Y trina, trina, trina la flauta de cristal Y se apiada la gula del lobo y el chacal. -Mañana... -Mas, ¿quién piensa de veras en mañana? -Tu rebaño de estrellas pastora sobrehumana... -¡Oh. cállate, profeta! No adelantes el mal. (Y da una nota falsa la flauta de cristal).
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La pastora