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"perversos" poems
Traigo sus ojos conmigo, los llevo para poder observar de cerca como él, para olvidarme, se aleja a toda prisa magullando y lastimando sus encogidas huellas, entre las espigas empalagosas, más allá de una vieja y arcaica alameda. El ya no huele a miel naranja en sus pupilas, tiene tantas mentiras arrastrando por ese campo! que las últimas primaveras que viva, las vivirá fingiendo, que ama los huecos de los árboles, cuando yo sé muy bien, que mueres por la alquimia filosofía. Un día cualquiera, lo sé, cuando el sol venza al fin su cansancio, oxigenará su monótona vida con alguna brisa perdida por el terruño, y me recordará. Me recordará en los murmullos opacos y casi con amargura en su piel, sabrá, que jamás pudo olvidarme, a mi, a su única quimera endemoniada, la que lo hacia encender vibrar, morir y vivir. Entonces, cuando los días se le acobarden en los orgasmos, clamara en silencio mis labios y se maldecirá por haber dicho tantas mentiras y por ocultar tantas verdades. Ya sabes que no te bendigo vida mía, porque siempre yo fui, una mujer con infiernos perversos, en los labios. LAS PALABRAS QUE PARTIERON Valentina de la Canal. copyleft Reserved 2008
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Feb 28, 2015
Feb 28, 2015 at 7:02 AM UTC
LAS PALABRAS QUE PARTIERON
Impregnada de tu olor me encuentro, en la posterioridad de tan excitante momento. Mi mente repite cada movimiento, el vaivén de caderas que majestaron nuestros cuerpos. Subiendo a tu boca lento, hasta que se mezclan nuestros alientos. Te deseo y siempre te pienso, eres una obra de arte que aún no se ha descubierto. ¿Quién me quita estos pensamientos? Al tenerte frente a mí, son los más perversos. Te he querido hace tiempo, pero anhelo de ese suceso uno perfecto. La postura ante ti mantengo, mas tu presencia provoca que eso sea un sufrimiento, al reflexionar sobre las causas del porqué dentro de mí no te tengo. Está oscureciendo y mis manos están enloqueciendo, cada parte de ti quieren ir conociendo, Existe una promesa y la tenemos que seguir manteniendo. Nuestra historia se está escribiendo y al pasar los años se verá el fruto de nuestro largo detenimiento. Habrá valido la pena tanto aplazamiento, nuevos libros serán creados relatando cada acontecimiento, mostrando la pasión que guardamos dentro.
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Apr 9, 2015
Apr 9, 2015 at 10:53 PM UTC
Ante ti
Cuánto vive el hombre, por fin? Vive mil días o uno solo? Una semana o varios siglos? Por cuánto tiempo muere el hombre? Qué quiere decir «Para Siempre»? Preocupado por este asunto me dediqué a aclarar las cosas. Busqué a los sabios sacerdotes, los esperé después del rito, los aceché cuando salían a visitar a Dios y al diablo. Se aburrieron con mis preguntas. Ellos tampoco sabían mucho, eran sólo administradores. Los médicos me recibieron, entre una consulta y otra, con un bisturí en cada mano, saturados de aureomicina, más ocupados cada dia. Según supe por lo que hablaban el problema era como sigue: nunca murió tanto microbio, toneladas de ellos caían, pero los pocos que quedaron se manifestaban perversos. Me dejaron tan asustado que busqé a los enterradores. Me fui a los ríos donde queman grandes cadáveres pintados, pequeños muertos huesudos, emperadores recubiertos por escamas aterradoras, mujeres aplastadas de pronto por una ráfaga de cólera. Eran riberas de difuntos y especialistas cenicientos. Cuando llegó mi oportunidad les largué unas cuantas preguntas, ellos me ofrecieren quemarme: era todo lo que sabían. En mi país los enterradores me contestaron, entre copas: -«Búscate una moza robusta, y déjate de tonterías». Nunca vi gentes tan alegres. Cantaban levantando el vino por la salud y por la muerte. Eran grandes fornicadores. Regresé a mi casa más viejo después de recorrer el mundo. No le pregunto a nadie nada. Pero sé cada día menos. Déjenme solo con el día. Pido permiso para nacer.
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Y cuánto vive?
Cuánto vive el hombre, por fin? Vive mil días o uno solo? Una semana o varios siglos? Por cuánto tiempo muere el hombre? Qué quiere decir «Para Siempre»? Preocupado por este asunto me dediqué a aclarar las cosas. Busqué a los sabios sacerdotes, los esperé después del rito, los aceché cuando salían a visitar a Dios y al diablo. Se aburrieron con mis preguntas. Ellos tampoco sabían mucho, eran sólo administradores. Los médicos me recibieron, entre una consulta y otra, con un bisturí en cada mano, saturados de aureomicina, más ocupados cada dia. Según supe por lo que hablaban el problema era como sigue: nunca murió tanto microbio, toneladas de ellos caían, pero los pocos que quedaron se manifestaban perversos. Me dejaron tan asustado que busqé a los enterradores. Me fui a los ríos donde queman grandes cadáveres pintados, pequeños muertos huesudos, emperadores recubiertos por escamas aterradoras, mujeres aplastadas de pronto por una ráfaga de cólera. Eran riberas de difuntos y especialistas cenicientos. Cuando llegó mi oportunidad les largué unas cuantas preguntas, ellos me ofrecieren quemarme: era todo lo que sabían. En mi país los enterradores me contestaron, entre copas: -«Búscate una moza robusta, y déjate de tonterías». Nunca vi gentes tan alegres. Cantaban levantando el vino por la salud y por la muerte. Eran grandes fornicadores. Regresé a mi casa más viejo después de recorrer el mundo. No le pregunto a nadie nada. Pero sé cada día menos. Déjenme solo con el día. Pido permiso para nacer.
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Señora Muerte que se va llevando todo lo bueno que en nosotros topa!... Solos -en un rincón- vamos quedando los demás... ¡gente mísera de tropa! Los egoístas fatuos y perversos de alma de trapo y corazón de estopa...; manufactores de fugaces versos; poetas de cuadrícula y balanza, a toda pena, a todo amor adversos..: los que gimen patética romanza; lacrimosos que exhiben su película; versistas de salón y contradanza; cantores de la tórrida canícula; del polo frío, del canoso invierno... líricos de alma exánime y ridícula! Bardos que prostituyen el eterno jardín, y que florecen madrigales de un olor soporífero y externo... Vates ultra-sensibles y banales que ningún vaho de verdad anima. Gramáticos solemnes y letales... Malabaristas de estudiada esgrima! ¡Oh tristeza perenne de las cosas que no tienen sabor, -hechas a lima! ...En un rincón quedamos las tediosas gentes sin emoción, huecas y vanas... ¡Lléguense las nocturnas mariposas fúnebres, y que lloren las campanas...! Este fastidio que me está matando... ¿dónde las almas íntimas, hermanas...? ¡Señora Muerte se las va llevando!
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Señora muerte
Sí, yo he escrito estos Abrojos tras largas penas y agravios, ya con la risa en los labios, ya con el llanto en los ojos. Tu noble y leal corazón, tu cariño, me alentaba cuando entre los dos mediaba la mesa de redacción. Yo, haciendo versos, Manuel, descocado, antimetódico, en el margen de un periódico, o en un trozo de papel. Tú , aplaudiendo o censurando, censurando o aplaudiendo como crítico tremendo, o como crítico blando. Entonces, ambos a dos, de mil ambiciones llenos, con dos corazones buenos y honrados, gracias a Dios, hicimos dulces memorias, trajimos gratos recuerdos, y no nos hallamos lerdos en ese asunto de glorias. Y pensamos en ganarlas paso a paso y poco a poco... Y ya huyendo el tiempo loco de nuestras amigas charlas, nos confiamos los enojos, las amarguras, los duelos, los desengaños y anhelos... y nacieron mis Abrojos. Obra, sin luz ni donaire, que al compañero constante le dedica un fabricante de castillos en el aire. Obra sin luz, es verdad, pues rebosa amarga pena; y para toda alma buena la pena es oscuridad. Sin donaire, porque el chiste no me buscó, ni yo a él; ya tú bien sabes, Manuel, que yo tengo el vino triste.Juntos hemos visto el mal y en el mundano bullicio, cómo para cada vicio, se eleva un arco triunfal. Vimos perlas en el lodo, burla y baldón a destajo, el delito por debajo y la hipocresía en todo. Bondad y hombría de bien, como en el mar las espumas, y palomas con las plumas recortadas a cercén. Mucho tigre carnicero, bien enguantadas las uñas, y muchísimas garduñas con máscaras de cordero. La poesía con anemia, con tisis el ideal, bajo la capa el puñal y en la boca la blasfemia. La envidia que desenrosca su cuerpo y muerde con maña; y en la tela de la araña a cada paso la mosca... ¿Eres artista? Te afeo. ¿Vales algo? Te critico. Te aborrezco si eres rico, y si pobre, te apedreo. Y de la honra haciendo el robo e hiriendo cuanto se ve, sale cierto lo de que el hombre del hombre es lobo.No predico, no interrogo. De un sermón ¡qué se diría! Esto no es una homilía, sino amargo desahogo. Si hay versos de amores, son las flores de un amor muerto que brindo al cadáver yerto de mi primera pasión. Si entre esos íntimos versos hay versos envenenados, lean los hombres honrados que son para los perversos. Y tú, mi buen compañero, toma el libro; que en verdad de poeta y caballero, con mis Abrojos no hiero las manos de la amistad.
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Prólogo
Sí, yo he escrito estos Abrojos tras largas penas y agravios, ya con la risa en los labios, ya con el llanto en los ojos. Tu noble y leal corazón, tu cariño, me alentaba cuando entre los dos mediaba la mesa de redacción. Yo, haciendo versos, Manuel, descocado, antimetódico, en el margen de un periódico, o en un trozo de papel. Tú , aplaudiendo o censurando, censurando o aplaudiendo como crítico tremendo, o como crítico blando. Entonces, ambos a dos, de mil ambiciones llenos, con dos corazones buenos y honrados, gracias a Dios, hicimos dulces memorias, trajimos gratos recuerdos, y no nos hallamos lerdos en ese asunto de glorias. Y pensamos en ganarlas paso a paso y poco a poco... Y ya huyendo el tiempo loco de nuestras amigas charlas, nos confiamos los enojos, las amarguras, los duelos, los desengaños y anhelos... y nacieron mis Abrojos. Obra, sin luz ni donaire, que al compañero constante le dedica un fabricante de castillos en el aire. Obra sin luz, es verdad, pues rebosa amarga pena; y para toda alma buena la pena es oscuridad. Sin donaire, porque el chiste no me buscó, ni yo a él; ya tú bien sabes, Manuel, que yo tengo el vino triste.Juntos hemos visto el mal y en el mundano bullicio, cómo para cada vicio, se eleva un arco triunfal. Vimos perlas en el lodo, burla y baldón a destajo, el delito por debajo y la hipocresía en todo. Bondad y hombría de bien, como en el mar las espumas, y palomas con las plumas recortadas a cercén. Mucho tigre carnicero, bien enguantadas las uñas, y muchísimas garduñas con máscaras de cordero. La poesía con anemia, con tisis el ideal, bajo la capa el puñal y en la boca la blasfemia. La envidia que desenrosca su cuerpo y muerde con maña; y en la tela de la araña a cada paso la mosca... ¿Eres artista? Te afeo. ¿Vales algo? Te critico. Te aborrezco si eres rico, y si pobre, te apedreo. Y de la honra haciendo el robo e hiriendo cuanto se ve, sale cierto lo de que el hombre del hombre es lobo.No predico, no interrogo. De un sermón ¡qué se diría! Esto no es una homilía, sino amargo desahogo. Si hay versos de amores, son las flores de un amor muerto que brindo al cadáver yerto de mi primera pasión. Si entre esos íntimos versos hay versos envenenados, lean los hombres honrados que son para los perversos. Y tú, mi buen compañero, toma el libro; que en verdad de poeta y caballero, con mis Abrojos no hiero las manos de la amistad.
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