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"pensada" poems
Tal vez soy un pedazo de madera. Un tronco que antaño fue encina, y ahora es nada más un pedazo del todo que me componía. Las agujas del pino que sigue en pie me caen en la cara, se sienten como arañas, pero son agujas que el pino deja caer sin mala intención. Las bellotas y las piñas de mis hermanos gigantes rebotan en medio de la noche. Caen miserables como yo yazgo miserable. Se cubren de tierra como yo me cubro de tierra. Y guardan silencio. Tal vez soy una avenida en silencio. Pavimento apaciguado y asfalto abandonado. Las pezuñas tranquilas de un venado pródigo me acarician por un momento, un brevísimo momento, el momento en que cruza de un campo a otro, de una arboleda a la otra, de ese mundo a mi izquierda y de ese otro a mi derecha. El frío cala hasta los huesos, las piernas se mueven ligeras mientras huyen de la luz; me extiendo ancha y larga como una carretera. Izquierda y derecha. Tal vez, y esto es más factible, soy una decisión. Me desdoblo en múltiples ramificaciones, opciones, alternativas, dilemas; me encuentro en una encrucijada para después encontrarme frente a otra encrucijada. Mi elección, en el primer segundo de que es pensada, me desarma y me vuelve a armar. Las piezas parecen estar en el mismo lugar pero no lo están. Mi pie, el primero en adelantarse, ya no me pertenece; mi mano se entrega a ese nuevo mundo sin miedo, y mis codos, mis rodillas, la nuca helada. La casi-luna ampara mi marcha. Pero más seguramente soy solamente el cielo nocturno. Aparentes pequeños puntos rutilantes, aparentes nubes quietas, aparente Luna Llena; un lienzo de apariencias, de tonalidades difuminadas, nunca de colores concretos, un manto oscurecido por las mentiras, por las verdades calladas, que se dicen en susurros a un centímetro de la oreja pero que se confunden con el sonido del viento, con las hojas de las árboles que bailan, con las nubes que corren febriles. Soy un sólo ojo atento. Siempre muy abierto. Soy el testigo del tronco de encina que abre los ojos y me mira, de la avenida aplastada por el mutismo, de las decisiones que se formulan detrás de los pulmones y no en la boca. Y hablan todos: “Y la única sensación era el peso del cielo en mi frente. Te preguntaba que era todo aquello y me respondías con una quieta mirada.” “No siento,” decían, “pero me muerdo los labios”.
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Jul 9, 2013
Jul 9, 2013 at 5:52 PM UTC
Pedazo de madera.
Tal vez soy un pedazo de madera. Un tronco que antaño fue encina, y ahora es nada más un pedazo del todo que me componía. Las agujas del pino que sigue en pie me caen en la cara, se sienten como arañas, pero son agujas que el pino deja caer sin mala intención. Las bellotas y las piñas de mis hermanos gigantes rebotan en medio de la noche. Caen miserables como yo yazgo miserable. Se cubren de tierra como yo me cubro de tierra. Y guardan silencio. Tal vez soy una avenida en silencio. Pavimento apaciguado y asfalto abandonado. Las pezuñas tranquilas de un venado pródigo me acarician por un momento, un brevísimo momento, el momento en que cruza de un campo a otro, de una arboleda a la otra, de ese mundo a mi izquierda y de ese otro a mi derecha. El frío cala hasta los huesos, las piernas se mueven ligeras mientras huyen de la luz; me extiendo ancha y larga como una carretera. Izquierda y derecha. Tal vez, y esto es más factible, soy una decisión. Me desdoblo en múltiples ramificaciones, opciones, alternativas, dilemas; me encuentro en una encrucijada para después encontrarme frente a otra encrucijada. Mi elección, en el primer segundo de que es pensada, me desarma y me vuelve a armar. Las piezas parecen estar en el mismo lugar pero no lo están. Mi pie, el primero en adelantarse, ya no me pertenece; mi mano se entrega a ese nuevo mundo sin miedo, y mis codos, mis rodillas, la nuca helada. La casi-luna ampara mi marcha. Pero más seguramente soy solamente el cielo nocturno. Aparentes pequeños puntos rutilantes, aparentes nubes quietas, aparente Luna Llena; un lienzo de apariencias, de tonalidades difuminadas, nunca de colores concretos, un manto oscurecido por las mentiras, por las verdades calladas, que se dicen en susurros a un centímetro de la oreja pero que se confunden con el sonido del viento, con las hojas de las árboles que bailan, con las nubes que corren febriles. Soy un sólo ojo atento. Siempre muy abierto. Soy el testigo del tronco de encina que abre los ojos y me mira, de la avenida aplastada por el mutismo, de las decisiones que se formulan detrás de los pulmones y no en la boca. Y hablan todos: “Y la única sensación era el peso del cielo en mi frente. Te preguntaba que era todo aquello y me respondías con una quieta mirada.” “No siento,” decían, “pero me muerdo los labios”.
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Huye del triste amor, amor pacato, sin peligro, sin venda ni aventura, que espera del amor prenda segura, porque en amor locura es lo sensato. Ese que el pecho esquiva al niño ciego y blasfemó del fuego de la vida, de una brasa pensada, y no encendida, quiere ceniza que le guarde el fuego. Y ceniza hallará, no de su llama, cuando descubra el torpe desvarío que pedía, sin flor, fruto en la rama. Con negra llave el aposento frío de su tiempo abrirá. ¡Desierta cama, y turbio espejo y corazón vacío!
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Soneto v
Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia, fieramente existiendo, ciegamente afirmado, como un pulso que golpea las tinieblas,cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte, se dicen las verdades: las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.Se dicen los poemas que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, piden ser, piden ritmo, piden ley para aquello que sienten excesivo.Con la velocidad del instinto, con el rayo del prodigio, como mágica evidencia, lo real se nos convierte en lo idéntico a sí mismo.Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto, para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. Estamos tocando el fondo.Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.Hago mías las faltas.  Siento en mí a cuantos sufren y canto respirando. Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas personales, me ensancho.Quisiera daros vida, provocar nuevos actos, y calculo por eso con técnica qué puedo. Me siento un ingeniero del verso y un obrero que trabaja con otros a España en sus aceros.Tal es mi poesía: poesía-herramienta a la vez que latido de lo unánime y ciego. Tal es, arma cargada de futuro expansivo con que te apunto al pecho.No es una poesía gota a gota pensada. No es un bello producto. No es un fruto perfecto. Es algo como el aire que todos respiramos y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.Son palabras que todos repetimos sintiendo como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.
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La poesía es un arma cargada de futuro
Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia, fieramente existiendo, ciegamente afirmado, como un pulso que golpea las tinieblas,cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte, se dicen las verdades: las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.Se dicen los poemas que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, piden ser, piden ritmo, piden ley para aquello que sienten excesivo.Con la velocidad del instinto, con el rayo del prodigio, como mágica evidencia, lo real se nos convierte en lo idéntico a sí mismo.Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto, para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. Estamos tocando el fondo.Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.Hago mías las faltas.  Siento en mí a cuantos sufren y canto respirando. Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas personales, me ensancho.Quisiera daros vida, provocar nuevos actos, y calculo por eso con técnica qué puedo. Me siento un ingeniero del verso y un obrero que trabaja con otros a España en sus aceros.Tal es mi poesía: poesía-herramienta a la vez que latido de lo unánime y ciego. Tal es, arma cargada de futuro expansivo con que te apunto al pecho.No es una poesía gota a gota pensada. No es un bello producto. No es un fruto perfecto. Es algo como el aire que todos respiramos y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.Son palabras que todos repetimos sintiendo como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.
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ver como tu mirada quemaba cada parte de mi, ver como tus labios alimentaba el ansia en mi ser, era algo inexplicable lo que hacías conmigo, era algo que no se podía expresar con palabras, era algo que iba mas allá; eramos como dos cuerpos que se necesitaban el uno al otro; como tener un candando sellado sin una llave que lo abra eras esa luz al fondo del carril, eras una fantasía nunca pensada
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Jan 8, 2015
Jan 8, 2015 at 3:45 PM UTC
ansiedad...
En los libros de Cortázar juega el autor, juega el narrador, juegan los personajes y juega el lector, obligado a ello por las endiabladas trampas que lo acechan a la vuelta de la página menos pensada.
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Dec 24, 2014
Dec 24, 2014 at 4:10 PM UTC
Untitled
Como tras de sí misma va esta línea por los horizontales confines persiguiéndose y en el poniente siempre fugitivo en que se busca se disipa -como esta misma línea por la mirada levantada vuelve todas sus letras una columna diáfana resuelta en una no tocada no oída ni gustada mas pensada flor de vocales y de consonantes -como esta línea que no acaba de escribirse y antes de consumarse se incorpora sin cesar de fluir pero hacia arriba: los cuatro chopos.                                 Aspirados por la altura vacía y allá abajo, en un charco hecho cielo, duplicados, los cuatro son un solo chopo y son ninguno.                           Atrás, frondas en llamas que se apagan -la tarde a la deriva- otros chopos ya andrajos espectrales interminablemente ondulan interminablemente inmóviles. El amarillo se desliza al rosa, se insinúa la noche en el violeta. Entre el cielo y el agua hay una franja azul y verde: sol y plantas acuáticas, caligrafía llameante escrita por el viento. Es un reflejo suspendido en otro. Tránsitos: parpadeos del instante. El mundo pierde cuerpo, es una aparición, es cuatro chopos, cuatro moradas melodías. Frágiles ramas trepan por los troncos. Son un poco de luz y otro poco de viento. Vaivén inmóvil. Con los ojos las oigo murmurar palabras de aire. El silencio se va con el arroyo, regresa con el cielo. Es real lo que veo: cuatro chopos sin peso plantados sobre un vértigo. Una fijeza que se precipita hacia abajo, hacia arriba, hacia el agua del cielo del remanso en un esbelto afán sin desenlace mientras el mundo zarpa hacia lo obscuro. Latir de claridades últimas: quince minutos sitiados que ve Claudio Monet desde una barca. En el agua se abisma el cielo, en sí misma se anega el agua, el chopo es un disparo cárdeno: este mundo no es sólido. Entre ser y no ser la yerba titubea, los elementos se aligeran, los contornos se esfuman, visos, reflejos, reverberaciones, centellear de formas y presencias, niebla de imágenes, eclipses, esto que veo somos: espejeos.
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Cuatro chopos
Como tras de sí misma va esta línea por los horizontales confines persiguiéndose y en el poniente siempre fugitivo en que se busca se disipa -como esta misma línea por la mirada levantada vuelve todas sus letras una columna diáfana resuelta en una no tocada no oída ni gustada mas pensada flor de vocales y de consonantes -como esta línea que no acaba de escribirse y antes de consumarse se incorpora sin cesar de fluir pero hacia arriba: los cuatro chopos.                                 Aspirados por la altura vacía y allá abajo, en un charco hecho cielo, duplicados, los cuatro son un solo chopo y son ninguno.                           Atrás, frondas en llamas que se apagan -la tarde a la deriva- otros chopos ya andrajos espectrales interminablemente ondulan interminablemente inmóviles. El amarillo se desliza al rosa, se insinúa la noche en el violeta. Entre el cielo y el agua hay una franja azul y verde: sol y plantas acuáticas, caligrafía llameante escrita por el viento. Es un reflejo suspendido en otro. Tránsitos: parpadeos del instante. El mundo pierde cuerpo, es una aparición, es cuatro chopos, cuatro moradas melodías. Frágiles ramas trepan por los troncos. Son un poco de luz y otro poco de viento. Vaivén inmóvil. Con los ojos las oigo murmurar palabras de aire. El silencio se va con el arroyo, regresa con el cielo. Es real lo que veo: cuatro chopos sin peso plantados sobre un vértigo. Una fijeza que se precipita hacia abajo, hacia arriba, hacia el agua del cielo del remanso en un esbelto afán sin desenlace mientras el mundo zarpa hacia lo obscuro. Latir de claridades últimas: quince minutos sitiados que ve Claudio Monet desde una barca. En el agua se abisma el cielo, en sí misma se anega el agua, el chopo es un disparo cárdeno: este mundo no es sólido. Entre ser y no ser la yerba titubea, los elementos se aligeran, los contornos se esfuman, visos, reflejos, reverberaciones, centellear de formas y presencias, niebla de imágenes, eclipses, esto que veo somos: espejeos.
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"Sabiendo nada más que vivir es estar a solas con la muerte" sabiendo que palpita en la sien la rabia de la vida no descrita, tal vez pensada. Sabiendo la amargura, de la muerte los colores y la sangre. ¿Somos felices? // "Knowing that living is being alone with death nothing more" knowing that in the temples pulses the rage of life not described, maybe thought. Knowing the bitterness, of death the colors and the blood. Are we happy?
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Aug 17, 2018
Aug 17, 2018 at 6:07 PM UTC
¿Somos felices? // Are we happy?
¿Hablando de la leña, callo el fuego? ¿Barriendo el suelo, olvido el fósil? Razonando, ¿mi trenza, mi corona de carne? (¡Contesta, amado Hermeregildo, el brusco; pregunta, Luis, el lento!) ¡Encima, abajo, con tamaña altura! ¡Madera, tras el reino de las fibras! ¡Isabel, con horizonte de entrada! ¡Lejos, al lado, astutos Atanacios! ¡Todo, la parte! Unto a ciegas en luz mis calcetines, en riesgo, la gran paz de este peligro, y mis cometas, en la miel pensada, el cuerpo, en miel llorada. ¡Pregunta, Luis; responde, Hermenegildo! ¡Abajo, arriba, al lado, lejos! ¡Isabel, fuego, diplomas de los muertos! ¡Horizonte, Atanacio, parte, todo! ¡Miel de miel, llanto de frente! ¡Reino de la madera, corte oblicuo a la línea del camello, fibra de mi corona de carne!
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Terremoto