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"pecho" poems
Cuando tus manos salen, amor, hacia las mías, qué me traen volando? Por qué se detuvieron en mi boca, de pronto, por qué las reconozco como si entonces, antes, las hubiera tocado, como si antes de ser hubieran recorrido mi frente, mi cintura? Su suavidad venía volando sobre el tiempo, sobre el mar, sobre el humo, sobre la primavera, y cuando tú pusiste tus manos en mi pecho, reconocí esas alas de paloma dorada, reconocí esa greda y ese color de trigo. Los años de mi vida yo caminé buscándolas. Subí las escaleras, crucé los arrecifes, me llevaron los trenes, las aguas me trajeron, y en la piel de las uvas me pareció tocarte. La madera de pronto me trajo tu contacto, la almendra me anunciaba tu suavidad secreta, hasta que se cerraron tus manos en mi pecho y allí como dos alas terminaron su viaje.
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Tus manos
Qué tienes, qué tenemos, qué nos pasa? Ay, nuestro amor es una cuerda dura que nos amarra hiriéndonos y si queremos salir de nuestra herida, separarnos, nos hace un nuevo nudo y nos condena a desangramos y quemarnos juntos. Qué tienes? Yo te miro y no hallo nada en ti sino dos ojos como todos los ojos, una boca perdida entre mil bocas que besé, más hermosas, un cuerpo igual a los que resbalaron bajo mi cuerpo sin dejar memoria. Y qué vacía por el mundo ibas como una jarra de color de trigo sin aire, sin sonido, sin substancia! Yo busqué en vano en ti profundidad para mis brazos que excavan, sin cesar, bajo la tierra: bajo tu piel, bajo tus ojos nada, bajo tu doble pecho levantado apenas una corriente de orden cristalino que no sabe por qué corre cantando. Por qué, por qué, por qué, amor mío, por qué?
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El amor
Ves estas manos? Han medido la tierra, han separado los minerales y los cereales, han hecho la paz y la guerra, han derribado las distancias de todos los mares y ríos, y sin embargo cuanto te recorren a ti, pequeña, grano de trigo, alondra, no alcanzan a abarcarte, se cansan alcanzando las palomas gemelas que reposan o vuelan en tu pecho, recorren las distancias de tus piernas, se enrollan en la luz de tu cintura. Para mí eres tesoro más cargado de inmensidad que el mar y su racimos y eres blanca y azul y extensa como la tierra en la vendimia. En ese territorio, de tus pies a tu frente, andando, andando, andando, me pasaré la vida.
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La infinita
Circundada por selvas, bajo el cielo Siempre azulado, nuestra casa era Algo como el plumón y el terciopelo: Un tibio corazón de primavera. Se hablaba quedo en nuestra casa; Cierto que cobijaba tantas aves, Que nos salían las palabras suaves Como si las dijéramos a un muerto. Pero nada era triste: la dulzura Poníamos tan dócil armonía Que hasta el suspiro tenue presentía En sus patios sombreados de verdura. El mármol blanco de los corredores Parecía dormir un sueño largo. Las fuentes compartían su letargo. Soñaban las estatuas con amores. Cedían los sillones blandamente, Como un pecho materno, y era fino, Muy fino el aire, así como divino, Cuando filtraba el oro del poniente. ¡Cómo me acuerdo de la noche aquella En que entré sostenida por tu brazo! Moría casi bajo el doble abrazo De tu mirada y de la noche bella. ¡Moría casi! Me llevaste tierno Por largas escaleras silenciosas Y ni tuve conciencia de las cosas: Era un cuerpo cansado y sin gobierno. No sé cómo llegamos a una estancia. La penumbra interior, los pasos quedos, Tus besos que morían en mis dedos Me tornaron el alma una fragancia. Abriste una ventana: allá, lejano, Plateaba el río y el silencio era Dulce y enorme, y era primavera, Y se movía el río sobre el llano. Caminaba hacia el mar con tal dulzura Que parecía una palabra buena. Iba a darse sin fin; la quieta arena Mirábalo pasar con amargura. Y mi alma también rodó en el río, Se hundió con él en perfumadas frondas, Siguiéndolo hasta el mar cayó en sus ondas, Y suyo fue el divino poderío. Se curvó blanda en el enorme vaso, De allí se desprendió como un suspiro, Ascendió por los buques y el retiro De otras mujeres sorprendió de paso. Subió hasta las ciudades de otro mundo; Dormían todos, todo estaba blanco, Luego vio cada mundo como un banco De arena muerta en el azul profundo. Y desde aquel azul que todo abisma Miró en la tierra esta ventana abierta: ¿Quién era esa criatura medio muerta? Y se bajó a mirar. ¡Y era yo misma! Cuando volvió del viaje, envejecida De tanto haber vagado unos instantes La esperaban tus ojos suplicantes: Se hundió por ellos y encontró la vida. ¿Recuerdas tú? La casa era un arrullo, Un perfume infinito, un nido blando: Nunca se dijo la palabra cuándo. Se decía, muy quedo: mío y tuyo.
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La casa
Circundada por selvas, bajo el cielo Siempre azulado, nuestra casa era Algo como el plumón y el terciopelo: Un tibio corazón de primavera. Se hablaba quedo en nuestra casa; Cierto que cobijaba tantas aves, Que nos salían las palabras suaves Como si las dijéramos a un muerto. Pero nada era triste: la dulzura Poníamos tan dócil armonía Que hasta el suspiro tenue presentía En sus patios sombreados de verdura. El mármol blanco de los corredores Parecía dormir un sueño largo. Las fuentes compartían su letargo. Soñaban las estatuas con amores. Cedían los sillones blandamente, Como un pecho materno, y era fino, Muy fino el aire, así como divino, Cuando filtraba el oro del poniente. ¡Cómo me acuerdo de la noche aquella En que entré sostenida por tu brazo! Moría casi bajo el doble abrazo De tu mirada y de la noche bella. ¡Moría casi! Me llevaste tierno Por largas escaleras silenciosas Y ni tuve conciencia de las cosas: Era un cuerpo cansado y sin gobierno. No sé cómo llegamos a una estancia. La penumbra interior, los pasos quedos, Tus besos que morían en mis dedos Me tornaron el alma una fragancia. Abriste una ventana: allá, lejano, Plateaba el río y el silencio era Dulce y enorme, y era primavera, Y se movía el río sobre el llano. Caminaba hacia el mar con tal dulzura Que parecía una palabra buena. Iba a darse sin fin; la quieta arena Mirábalo pasar con amargura. Y mi alma también rodó en el río, Se hundió con él en perfumadas frondas, Siguiéndolo hasta el mar cayó en sus ondas, Y suyo fue el divino poderío. Se curvó blanda en el enorme vaso, De allí se desprendió como un suspiro, Ascendió por los buques y el retiro De otras mujeres sorprendió de paso. Subió hasta las ciudades de otro mundo; Dormían todos, todo estaba blanco, Luego vio cada mundo como un banco De arena muerta en el azul profundo. Y desde aquel azul que todo abisma Miró en la tierra esta ventana abierta: ¿Quién era esa criatura medio muerta? Y se bajó a mirar. ¡Y era yo misma! Cuando volvió del viaje, envejecida De tanto haber vagado unos instantes La esperaban tus ojos suplicantes: Se hundió por ellos y encontró la vida. ¿Recuerdas tú? La casa era un arrullo, Un perfume infinito, un nido blando: Nunca se dijo la palabra cuándo. Se decía, muy quedo: mío y tuyo.
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Tengo el pecho lleno de calor, el aire me lo dijo y me canto una canción. Tengo el alma y grita a veces, aveces me oculto entre la gente, no por que tema a mostrarme, es que prefiero pasar inadvertido, para cuando el viento me señale, haberlo antes sorprendido. Las voces en mi mente susurran como las ramas de un arbol, me lo digo a mi mismo, y en mi interior resueno; aveces solo aveces sueño con ella, aún que ya no recuerdo su voz. Aún recuerdo la lluvia, el camino a mi casa, un suspiro, un minuto de alavanza y el dibujo de un sonrisa en mi cara. Si escribo es para romperme en pedazos, para que alguien, tan solo alguien comparta mi canto, por que no quiero volar solo, quiero surcar los cielos con un coro de voces que brillen voces oscuras, otros matices, que sigan mi vuelo o que me muestren el suyo.
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May 18, 2018
May 18, 2018 at 10:34 PM UTC
Me lo dijo el aire
Siguen los años Creo haberte superado Sin embargo Aún me haces daño No lo puedo soportar Y ni siquiera estas aquí para mirar Yo soy el que se ofrece a escribirte Masoquismo, me ganas sin piedad Eres como la respiración Cuando vienes te quedas Una corta asfixia Después te vas Y mi pecho se encoge Por la miseria de ese momento He desperdiciado mucho tiempo Llego siempre al mismo punto Por más grande que sea el mundo Siento que algún día te veré Y mis recuerdos volverán de golpe Me congelaré Y me culparé mil veces Por no haberme comportado de la peor manera Ya que fui demasiado bueno Tanto que di miedo y pena Odio llegar a lo mismo Lo repito sin parar Se vuelve tediosa Esta tristeza sin lugar Debes irte Debo dejar que te vayas Aunque me duela, lo se Pero entre nosotros no se ganó nada La vida me dice que ya pasó Que no puedo aferrarme a la misma imagen Todos cometemos errores Todos nos salimos del margen Vamos a mostrarle la cara a la mañana Para vivir un día normal Hasta que llegue el atardecer Y pueda volver a empezar.
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Apr 16, 2015
Apr 16, 2015 at 9:00 PM UTC
Volver a empezar.
Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda, verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, las cosas le están mirando y ella no puede mirarlas. Verde que te quiero verde. Grandes estrellas de escarcha, vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba. La higuera frota su viento con la lija de sus ramas, y el monte, gato garduño, eriza sus pitas agrias. ¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? Ella sigue en su baranda, verde carne, pelo verde, soñando en la mar amarga.Compadre, quiero cambiar mi caballo por su casa, mi montura por su espejo, mi cuchillo por su manta. Compadre, vengo sangrando, desde los montes de Cabra. Si yo pudiera, mocito, ese trato se cerraba. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Compadre, quiero morir decentemente en mi cama. De acero, si puede ser, con las sábanas de holanda. ¿No ves la herida que tengo desde el pecho a la garganta? Trescientas rosas morenas lleva tu pechera blanca. Tu sangre rezuma y huele alrededor de tu faja. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Dejadme subir al menos hasta las altas barandas, dejadme subir, dejadme, hasta las verdes barandas. Barandales de la luna por donde retumba el agua.Ya suben los dos compadres hacia las altas barandas. Dejando un rastro de sangre. Dejando un rastro de lágrimas. Temblaban en los tejados farolillos de hojalata. Mil panderos de cristal, herían la madrugada.Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas. Los dos compadres subieron. El largo viento, dejaba en la boca un raro gusto de hiel, de menta y de albahaca. ¡Compadre! ¿Dónde está, dime? ¿Dónde está mi niña amarga? ¡Cuántas veces te esperó! ¡Cuántas veces te esperara, cara fresca, ***** pelo, en esta verde baranda!Sobre el rostro del aljibe se mecía la gitana. Verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Un carámbano de luna la sostiene sobre el agua. La noche su puso íntima como una pequeña plaza. Guardias civiles borrachos, en la puerta golpeaban. Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar. Y el caballo en la montaña.
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Romance sonámbulo
Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda, verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, las cosas le están mirando y ella no puede mirarlas. Verde que te quiero verde. Grandes estrellas de escarcha, vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba. La higuera frota su viento con la lija de sus ramas, y el monte, gato garduño, eriza sus pitas agrias. ¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? Ella sigue en su baranda, verde carne, pelo verde, soñando en la mar amarga.Compadre, quiero cambiar mi caballo por su casa, mi montura por su espejo, mi cuchillo por su manta. Compadre, vengo sangrando, desde los montes de Cabra. Si yo pudiera, mocito, ese trato se cerraba. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Compadre, quiero morir decentemente en mi cama. De acero, si puede ser, con las sábanas de holanda. ¿No ves la herida que tengo desde el pecho a la garganta? Trescientas rosas morenas lleva tu pechera blanca. Tu sangre rezuma y huele alrededor de tu faja. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Dejadme subir al menos hasta las altas barandas, dejadme subir, dejadme, hasta las verdes barandas. Barandales de la luna por donde retumba el agua.Ya suben los dos compadres hacia las altas barandas. Dejando un rastro de sangre. Dejando un rastro de lágrimas. Temblaban en los tejados farolillos de hojalata. Mil panderos de cristal, herían la madrugada.Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas. Los dos compadres subieron. El largo viento, dejaba en la boca un raro gusto de hiel, de menta y de albahaca. ¡Compadre! ¿Dónde está, dime? ¿Dónde está mi niña amarga? ¡Cuántas veces te esperó! ¡Cuántas veces te esperara, cara fresca, ***** pelo, en esta verde baranda!Sobre el rostro del aljibe se mecía la gitana. Verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Un carámbano de luna la sostiene sobre el agua. La noche su puso íntima como una pequeña plaza. Guardias civiles borrachos, en la puerta golpeaban. Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar. Y el caballo en la montaña.
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Surgí en mi patria, tiempo después, bajo la luna de Xelajú, hoy te tengo en mis raíces quetzaltecas Y te llevo en la sangre por tus recuerdos gratos. Despierta patria en la que nací, pues tanta violencia te ha agotado, despierta pueblo, pues te a enfermado gente egoísta y corrupta. De las ruinas surge, más fuerte, patria mía despierta a aquellos que siguen nublados con los ojos sellados. Pueblo levántate, pueblo trabaja, pueblo llénate de sabiduría, no dejes que te olviden, ¡Guatemala levántate! Conciudadano, hermano mío, se honesto, fiel, honrado y no seas un ratón mas en en este nido de ilusiones. No dejo de cantar a mi patria, alzo mi canto junto a la bandera celeste y blanco, con el corazón en mi pecho gritando: ¡Guatemala despierta!
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Apr 4, 2017
Apr 4, 2017 at 7:36 PM UTC
¡Guatemala Despierta!
¿Quieres que hablemos?... Está bien... empieza: Habla a mi corazón como otros días... ¡Pero no!... ¿qué dirías? ¿Qué podrías decir a mi tristeza? No intentes disculparte... ¡todo es vano! Ya murieron las rosas en el huerto; el campo verde lo secó el verano, y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto.Amor arrepentido, ave que quieres regresar al nido al través de la escarcha y las neblinas; amor que vienes aterido y yerto, ¡donde fuiste feliz... ya todo ha muerto! ¡No vuelvas... Todo lo hallarás en ruinas!¿A qué has venido? ¿Para qué volviste? ¿Qué buscas?... &iexclNadie; habrá de responderte! Está sola mi alma, y estoy triste, inmensamente triste hasta la muerte. Todas las ilusiones que te amaron, las que quisieron compartir tu suerte, mucho tiempo en la sombra te esperaron, y se fueron... ¡cansadas de no verte!Cuando por vez primera en mi camino te encontré, reía en los campos la alegre primavera... toda esa luz, aromas y armonía.Hoy... &iexcltodo; cuán distinto! Paso a paso y solo voy por la desierta vía. -Nave sin rumbo entre revueltas olas- pensando en las tristezas del ocaso, y en las tristezas de las almas solas.En torno la mirada no columbra sino aspereza y páramos sombríos; los nidos en la nieve están vacíos, y la estrella que amamos ya no alumbra el azul de tus sueños y los míos.Partiste para ignota lontananza cuando empezaba a descender la sombra. ...¿Recuerdas? Te imploraba mi esperanza, ¡pero ya mi esperanza no te nombra!¡No ha de nombrarte!...¿para qué?... Vacía está el ara, y la historia yace trunca. ¡Ya para que esperar que irradie el día! ¡Ya para que decirnos: Todavía! Si una voz grita en nuestras almas: ¡Nunca!Dices que eres la misma; que en tu pecho la dulce llama de otros tiempos arde; que el nido del amor no esta desecho, que para amarnos otra vez, no es tarde.¡Te engañas!... ¡No lo creas!... Ya la duda echó en mi corazón fuertes raíces. Ya la fe de otros años no me escuda... Quedó de sueños mi ilusión desnuda, ¡y no puedo creer lo que me dices!¡No lo puedo creer!... Mi fe burlada, mi fe en tu amor perdida, es ansia de una nave destrozada, ¡ancla en el fondo de la mar caída!Anhelos de un amor, castos risueños, ya nunca volveréis... Se van... ¡Se esconden! ¿Los llamas?... ¡Es inútil!... No responden... ¡Ya los cubre el sudario de mis sueños!Hace tiempo se fue la primavera... ¡Llegó el invierno, fúnebre y sombrío! Ave fue nuestro amor, ave viajera, ¡y las aves se van cuando hace frío!
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A solas
¿Quieres que hablemos?... Está bien... empieza: Habla a mi corazón como otros días... ¡Pero no!... ¿qué dirías? ¿Qué podrías decir a mi tristeza? No intentes disculparte... ¡todo es vano! Ya murieron las rosas en el huerto; el campo verde lo secó el verano, y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto.Amor arrepentido, ave que quieres regresar al nido al través de la escarcha y las neblinas; amor que vienes aterido y yerto, ¡donde fuiste feliz... ya todo ha muerto! ¡No vuelvas... Todo lo hallarás en ruinas!¿A qué has venido? ¿Para qué volviste? ¿Qué buscas?... &iexclNadie; habrá de responderte! Está sola mi alma, y estoy triste, inmensamente triste hasta la muerte. Todas las ilusiones que te amaron, las que quisieron compartir tu suerte, mucho tiempo en la sombra te esperaron, y se fueron... ¡cansadas de no verte!Cuando por vez primera en mi camino te encontré, reía en los campos la alegre primavera... toda esa luz, aromas y armonía.Hoy... &iexcltodo; cuán distinto! Paso a paso y solo voy por la desierta vía. -Nave sin rumbo entre revueltas olas- pensando en las tristezas del ocaso, y en las tristezas de las almas solas.En torno la mirada no columbra sino aspereza y páramos sombríos; los nidos en la nieve están vacíos, y la estrella que amamos ya no alumbra el azul de tus sueños y los míos.Partiste para ignota lontananza cuando empezaba a descender la sombra. ...¿Recuerdas? Te imploraba mi esperanza, ¡pero ya mi esperanza no te nombra!¡No ha de nombrarte!...¿para qué?... Vacía está el ara, y la historia yace trunca. ¡Ya para que esperar que irradie el día! ¡Ya para que decirnos: Todavía! Si una voz grita en nuestras almas: ¡Nunca!Dices que eres la misma; que en tu pecho la dulce llama de otros tiempos arde; que el nido del amor no esta desecho, que para amarnos otra vez, no es tarde.¡Te engañas!... ¡No lo creas!... Ya la duda echó en mi corazón fuertes raíces. Ya la fe de otros años no me escuda... Quedó de sueños mi ilusión desnuda, ¡y no puedo creer lo que me dices!¡No lo puedo creer!... Mi fe burlada, mi fe en tu amor perdida, es ansia de una nave destrozada, ¡ancla en el fondo de la mar caída!Anhelos de un amor, castos risueños, ya nunca volveréis... Se van... ¡Se esconden! ¿Los llamas?... ¡Es inútil!... No responden... ¡Ya los cubre el sudario de mis sueños!Hace tiempo se fue la primavera... ¡Llegó el invierno, fúnebre y sombrío! Ave fue nuestro amor, ave viajera, ¡y las aves se van cuando hace frío!
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A estos peñascos rudos, mudos testigos del dolor que siento -que sólo siendo mudos pudiera yo fiarles mi tormento, si acaso de mis penas lo terrible no infunde lengua y voz en lo insensible-, quiero contar mis males, si es que yo sé los males de que muero; pues son mis penas tales, que si contarlas por alivio quiero, le son, una con otra atropellada, dogal a la garganta, al pecho espada. No envidio dicha ajena: que el mal eterno que en mi pecho lidia, hace incapaz mi pena de que pueda tener tan alta envidia; es tan mísero estado en el que peno, que como dicha envidio el mal ajeno. No pienso yo si hay glorias; porque estoy de pensarlo tan distante, que aun las dulces memorias de mi pasado bien, tan ignorante las mira de mi mal el desengaño, que ignoro si fue bien, y sé que es daño. Esténse allá en su esfera los dichosos: que es cosa en mi sentido tan remota, tan fuera de mi imaginación, que sólo mido, entre lo que padecen los mortales, lo que distan sus males de mis males. ¡Quién tan dichosa fuera, que de un agravio indigno se quejara! ¡Quién de un desdén llorara! ¡Quién un alto imposible pretendiera! ¡Quién negara, de ausencia o de mudanza, casi a perder de vista la esperanza! ¡Quién en ajenos brazos viera a su dueño, y con dolor rabioso se arrancara a pedazos del pecho ardiente el corazón celoso! Pues fuera menor mal que mis desvelos, el infierno insufrible de los celos. Pues todos estos males tienen consuelo o tienen esperanza, y los más sin iguales solicitan o animan la venganza; y sólo de mi fiero mal se aleja la esperanza, venganza, alivio y queja. Porque ¿a quién sino al cielo, que me robó mi dulce prenda amada, podrá mi desconsuelo dar sacrílega queja destemplada? Y él, con sordas, rectísimas orejas, a cuenta de blasfemias pondrá quejas. Ni Fabio fue grosero ni ingrato, ni traidor; antes, amante con pecho verdadero, nadie fue más leal ni más constante: nadie más fino supo, en sus acciones, finezas añadir a obligaciones. Sólo el cielo, envidioso, mi esposo me quitó; la Parca dura, con ceño riguroso, fue sólo autor de tanta desventura. ¡Oh Cielo riguroso, oh triste suerte, que tantas muertes das con una muerte! ¡Ay dulce esposo amado! ¿Para qué te vi yo? ¿Por qué te quise, y por qué tu cuidado me hizo, con las venturas, infelice? ¡Oh dicha, fementida y lisonjera, quién tus amargos fines conociera! ¿Qué vida es esta mía, que rebelde resiste a dolor tanto? ¿Por qué, necia, porfía, y en las amargas fuentes de mi llanto atenuada, no acaba de extinguirse, si no puede en mi fuego consumirse?
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Liras
A estos peñascos rudos, mudos testigos del dolor que siento -que sólo siendo mudos pudiera yo fiarles mi tormento, si acaso de mis penas lo terrible no infunde lengua y voz en lo insensible-, quiero contar mis males, si es que yo sé los males de que muero; pues son mis penas tales, que si contarlas por alivio quiero, le son, una con otra atropellada, dogal a la garganta, al pecho espada. No envidio dicha ajena: que el mal eterno que en mi pecho lidia, hace incapaz mi pena de que pueda tener tan alta envidia; es tan mísero estado en el que peno, que como dicha envidio el mal ajeno. No pienso yo si hay glorias; porque estoy de pensarlo tan distante, que aun las dulces memorias de mi pasado bien, tan ignorante las mira de mi mal el desengaño, que ignoro si fue bien, y sé que es daño. Esténse allá en su esfera los dichosos: que es cosa en mi sentido tan remota, tan fuera de mi imaginación, que sólo mido, entre lo que padecen los mortales, lo que distan sus males de mis males. ¡Quién tan dichosa fuera, que de un agravio indigno se quejara! ¡Quién de un desdén llorara! ¡Quién un alto imposible pretendiera! ¡Quién negara, de ausencia o de mudanza, casi a perder de vista la esperanza! ¡Quién en ajenos brazos viera a su dueño, y con dolor rabioso se arrancara a pedazos del pecho ardiente el corazón celoso! Pues fuera menor mal que mis desvelos, el infierno insufrible de los celos. Pues todos estos males tienen consuelo o tienen esperanza, y los más sin iguales solicitan o animan la venganza; y sólo de mi fiero mal se aleja la esperanza, venganza, alivio y queja. Porque ¿a quién sino al cielo, que me robó mi dulce prenda amada, podrá mi desconsuelo dar sacrílega queja destemplada? Y él, con sordas, rectísimas orejas, a cuenta de blasfemias pondrá quejas. Ni Fabio fue grosero ni ingrato, ni traidor; antes, amante con pecho verdadero, nadie fue más leal ni más constante: nadie más fino supo, en sus acciones, finezas añadir a obligaciones. Sólo el cielo, envidioso, mi esposo me quitó; la Parca dura, con ceño riguroso, fue sólo autor de tanta desventura. ¡Oh Cielo riguroso, oh triste suerte, que tantas muertes das con una muerte! ¡Ay dulce esposo amado! ¿Para qué te vi yo? ¿Por qué te quise, y por qué tu cuidado me hizo, con las venturas, infelice? ¡Oh dicha, fementida y lisonjera, quién tus amargos fines conociera! ¿Qué vida es esta mía, que rebelde resiste a dolor tanto? ¿Por qué, necia, porfía, y en las amargas fuentes de mi llanto atenuada, no acaba de extinguirse, si no puede en mi fuego consumirse?
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Hoy me siento triste y despojado me siento tan infeliz, tan desolado no puedo creer que el destino me prohíba tenerte a mi lado. Una tras otra, cada noche espero tu promesa esperando a que me des una carta o un mensaje pero en vano , por un momento contigo, mi alma reza sin saber si en realidad tu piensas en mi, sin saber si tu das el mas mínimo suspiro por mi ser o mi existencia. Estoy solo, de nuevo, en esta noche de impotencia preguntándole a mi corazón la razón de esta locura que no me deja ni pensar ni vivir sin tu presencia. Cada vez que me niegas tus amistosas palabras siento como una daga mi pecho atraviesa tan profundo y tan doloroso como unas tijeras que cortan los lazos de mi amor hacia tu gentileza. Las noche sin ti es un interminable tormento sangra mi corazón herido y abierto me siento tan solo sin ti, tan frió, tan muerto, sin ti me quedo sin aliento y con ganas de que este sea mi ultimo momento. No puedo sacarte de mi pensamiento, tan fuerte siento sobre ti que mi cuerpo sufre en silencio por esa jugarreta del destino y mi intenso remordimiento de no haber actuado antes y de haber perdido la oportunidad de ganar tu corazón y tu aprecio. No sabes las ganas que tengo de oír tus palabras susurrarme en el oído, aunque me llenes el alma con falsa esperanza para que después esos sueños mueran en el olvido. Tus recuerdos y tus fotos me lastiman el alma al pensar que tus sonrisas yo no puedo experimentarlas el dolor estará dentro de mi hasta el día en que tu te intereses en mi o hasta el momento en que yo me olvide de ti.. En la ventana miro la cuidad muerta, tan solitaria como mi alma que grita por tu cariño pero tu solo le cierras la puerta sin saber que lo único que quiero es cumplir mi destino. He llevado mi sufrimiento a las calles de mi pensamiento se ven como un paisaje desolado, tan frías y tan turbulentas, al final de un callejón en mi mente veo como tu me huyes y sufro al sentir como mis ojos se llenan de lagrimas sangrientas. Tu silencio ha esculpido mi llanto el viento frío que ha dejado mí aliento, esta noche he querido llorarte, pero solo he conseguido esperarte. Tengo tantas ganas y deseos de llamarte pero tengo tanto miedo de molestarte y decirte que te quiero. Si pudiera hacer que me entendieras o que por un momento esta desesperación sintieras, el sufrimiento que mi corazón experimenta al sentir como el amor aumenta pero la persona que se quiere ni siquiera lo enfrenta.. Tonto es el corazón, que al saber que aunque no hay razón sigue queriendo con tanta pasión sin importar el dolor causado por el desamor.
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Apr 6, 2015
Apr 6, 2015 at 12:21 AM UTC
Estoico Sufrimiento
Hoy me siento triste y despojado me siento tan infeliz, tan desolado no puedo creer que el destino me prohíba tenerte a mi lado. Una tras otra, cada noche espero tu promesa esperando a que me des una carta o un mensaje pero en vano , por un momento contigo, mi alma reza sin saber si en realidad tu piensas en mi, sin saber si tu das el mas mínimo suspiro por mi ser o mi existencia. Estoy solo, de nuevo, en esta noche de impotencia preguntándole a mi corazón la razón de esta locura que no me deja ni pensar ni vivir sin tu presencia. Cada vez que me niegas tus amistosas palabras siento como una daga mi pecho atraviesa tan profundo y tan doloroso como unas tijeras que cortan los lazos de mi amor hacia tu gentileza. Las noche sin ti es un interminable tormento sangra mi corazón herido y abierto me siento tan solo sin ti, tan frió, tan muerto, sin ti me quedo sin aliento y con ganas de que este sea mi ultimo momento. No puedo sacarte de mi pensamiento, tan fuerte siento sobre ti que mi cuerpo sufre en silencio por esa jugarreta del destino y mi intenso remordimiento de no haber actuado antes y de haber perdido la oportunidad de ganar tu corazón y tu aprecio. No sabes las ganas que tengo de oír tus palabras susurrarme en el oído, aunque me llenes el alma con falsa esperanza para que después esos sueños mueran en el olvido. Tus recuerdos y tus fotos me lastiman el alma al pensar que tus sonrisas yo no puedo experimentarlas el dolor estará dentro de mi hasta el día en que tu te intereses en mi o hasta el momento en que yo me olvide de ti.. En la ventana miro la cuidad muerta, tan solitaria como mi alma que grita por tu cariño pero tu solo le cierras la puerta sin saber que lo único que quiero es cumplir mi destino. He llevado mi sufrimiento a las calles de mi pensamiento se ven como un paisaje desolado, tan frías y tan turbulentas, al final de un callejón en mi mente veo como tu me huyes y sufro al sentir como mis ojos se llenan de lagrimas sangrientas. Tu silencio ha esculpido mi llanto el viento frío que ha dejado mí aliento, esta noche he querido llorarte, pero solo he conseguido esperarte. Tengo tantas ganas y deseos de llamarte pero tengo tanto miedo de molestarte y decirte que te quiero. Si pudiera hacer que me entendieras o que por un momento esta desesperación sintieras, el sufrimiento que mi corazón experimenta al sentir como el amor aumenta pero la persona que se quiere ni siquiera lo enfrenta.. Tonto es el corazón, que al saber que aunque no hay razón sigue queriendo con tanta pasión sin importar el dolor causado por el desamor.
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Cantaba como un canario mi amada alegre y gentil, y danzaba al son del piano, del oboe y del violín. Y era el ruido estrepitoso de su rítmico reír, eco de áureas campanillas, són de lira de marfil, sacudidas en el aire por un loco serafín. Y eran su canto, su baile, y sus carcajadas mil, puñaladas en el pecho, puñaladas para mí, de las cuales llevo adentro la imborrable cicatriz.
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Abrojos - xviii
Desde la ventana de un casucho viejo abierta en verano, cerrada en invierno por vidrios verdosos y plomos espesos, una salmantina de rubio cabello y ojos que parecen pedazos de cielo, mientas la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo, marchan en dos filas pausados y austeros, sin más nota alegre sobre el traje ***** que la beca roja que ciñe su cuello, y que por la espalda casi roza el suelo.Un seminarista, entre todos ellos, marcha siempre erguido, con aire resuelto. La negra sotana dibuja su cuerpo gallardo y airoso, flexible y esbelto. Él, solo a hurtadillas y con el recelo de que sus miradas observen los clérigos, desde que en la calle vislumbra a lo lejos a la salmantina de rubio cabello la mira muy fijo, con mirar intenso. Y siempre que pasa le deja el recuerdo de aquella mirada de sus ojos negros. Monótono y tardo va pasando el tiempo y muere el estío y el otoño luego, y vienen las tardes plomizas de invierno.Desde la ventana del casucho viejo siempre sola y triste; rezando y cosiendo una salmantina de rubio cabello ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos, su seminarista de los ojos negros; cada vez que pasa gallardo y esbelto, observa la niña que pide aquel cuerpo marciales arreos.Cuando en ella fija sus ojos abiertos con vivas y audaces miradas de fuego, parece decirla:  -¡Te quiero!, ¡te quiero!, ¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo! ¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero! A la niña entonces se le oprime el pecho, la labor suspende y olvida los rezos, y ya vive sólo en su pensamiento el seminarista de los ojos negros.En una lluviosa mañana de inverno la niña que alegre saltaba del lecho, oyó tristes cánticos y fúnebres rezos; por la angosta calle pasaba un entierro.Un seminarista sin duda era el muerto; pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro, con la beca roja por cima cubierto, y sobre la beca, el bonete ***** Con sus voces roncas cantaban los clérigos los seminaristas iban en silencio siempre en dos filas hacia el cementerio como por las tardes al ir de paseo.La niña angustiada miraba el cortejo los conoce a todos a fuerza de verlos... tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos... el seminarista de los ojos negros.Corriendo los años, pasó mucho tiempo... y allá en la ventana del casucho viejo, una pobre anciana de blancos cabellos, con la tez rugosa y encorvado el cuerpo, mientras la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.La labor suspende, los mira, y al verlos sus ojos azules ya tristes y muertos vierten silenciosas lágrimas de hielo.Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo del seminarista de los ojos negros...
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El seminarista de los ojos negros
Desde la ventana de un casucho viejo abierta en verano, cerrada en invierno por vidrios verdosos y plomos espesos, una salmantina de rubio cabello y ojos que parecen pedazos de cielo, mientas la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo, marchan en dos filas pausados y austeros, sin más nota alegre sobre el traje ***** que la beca roja que ciñe su cuello, y que por la espalda casi roza el suelo.Un seminarista, entre todos ellos, marcha siempre erguido, con aire resuelto. La negra sotana dibuja su cuerpo gallardo y airoso, flexible y esbelto. Él, solo a hurtadillas y con el recelo de que sus miradas observen los clérigos, desde que en la calle vislumbra a lo lejos a la salmantina de rubio cabello la mira muy fijo, con mirar intenso. Y siempre que pasa le deja el recuerdo de aquella mirada de sus ojos negros. Monótono y tardo va pasando el tiempo y muere el estío y el otoño luego, y vienen las tardes plomizas de invierno.Desde la ventana del casucho viejo siempre sola y triste; rezando y cosiendo una salmantina de rubio cabello ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos, su seminarista de los ojos negros; cada vez que pasa gallardo y esbelto, observa la niña que pide aquel cuerpo marciales arreos.Cuando en ella fija sus ojos abiertos con vivas y audaces miradas de fuego, parece decirla:  -¡Te quiero!, ¡te quiero!, ¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo! ¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero! A la niña entonces se le oprime el pecho, la labor suspende y olvida los rezos, y ya vive sólo en su pensamiento el seminarista de los ojos negros.En una lluviosa mañana de inverno la niña que alegre saltaba del lecho, oyó tristes cánticos y fúnebres rezos; por la angosta calle pasaba un entierro.Un seminarista sin duda era el muerto; pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro, con la beca roja por cima cubierto, y sobre la beca, el bonete ***** Con sus voces roncas cantaban los clérigos los seminaristas iban en silencio siempre en dos filas hacia el cementerio como por las tardes al ir de paseo.La niña angustiada miraba el cortejo los conoce a todos a fuerza de verlos... tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos... el seminarista de los ojos negros.Corriendo los años, pasó mucho tiempo... y allá en la ventana del casucho viejo, una pobre anciana de blancos cabellos, con la tez rugosa y encorvado el cuerpo, mientras la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.La labor suspende, los mira, y al verlos sus ojos azules ya tristes y muertos vierten silenciosas lágrimas de hielo.Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo del seminarista de los ojos negros...
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Mi amada Daisy Ya no tengo quien me avise cuando hay alguien en la puerta Quien se acurruque en mi panza cuando estoy triste Quien me vea preocupada cuando estoy enferma Quien duerma junto a mí en la cama, tapada de pies a cabeza Era el paraíso despertar con un bultito tan bello y calientito Mi chiquitita, my tiny Tan fría que querías parecer, pero cuánto me querías Todo el día pegada a mí, todo el día en mis piernas Corrías a sentarte en el tapete para acompañarme hasta en el baño Sabías perfectamente cuando me iba a ir de viaje Te subías a mi maleta, y escuchaba tus lloridos desde la puerta Mi vaquita, mi chilpetina Ya no tengo quien me despierte en la mañana para ir al baño Jamás te hiciste en la cama, ladrabas para que te bajara y te abriera Ladrabas y corrías a tu platito de agua cuando querías agua O frente a tu platito de comida exigiendo que era hora de comer Solita lo aprendiste, "Such a smart puppy!" Mi tinky winky, my ****** twinkle Ya no tengo a quien soplarle en la carita Y que como respuesta me llene de besos No tengo con quien batallar para que coma Ni a quien ponerle tus vestiditos todos chiquitos A quien observar, morir de amor, e inevitablemente llenar de besos Mi bébe, my puppy Eras tan fuerte que jamás te quejaste de nada Ni siquiera cuando tus pequeños riñones empezaron a fallar Siempre estuviste alegre, moviendo tu colita Excepto en tus últimos días, apagada Sabías que ya habías cumplido tu misión, que ya era hora Mi preciosura GRACIAS por quererme, por hacerme feliz con sólo verte GRACIAS por cuidarme, por absorber mis males y tristezas GRACIAS por esperar a que llegara para irte GRACIAS por ser fuerte cuando tu cuerpo más débil estaba, para poder decirnos adiós estando juntas, en casa GRACIAS por escogerme como mamá Mi florecita bella Fuiste la mejor y más hermosa perrita del Universo Tenerte fue lo mejor que me pudo haber pasado ¡Qué bonito habernos encontrado en esta vida! No sabes lo inmensamente feliz que me hiciste Te amo tanto y lo sabes, porque te lo decía cada 3 segundos Mi pequeña angelita hermosa Nos quedamos dormidas abrazadas, y viste el momento Amaneciste aún abrazada a mi brazo, pegada a mi pecho Con una carita feliz, llena de paz... pero ya en el arcoiris Ya no tengo quien haga todas esas cosas aquí Pero en todas partes te veo, y escucho tus ladriditos tan bellos Te guardo en mi corazón mientras me esperas en el arcoiris Jugando, corriendo, observándome y cuidándome Espérame ahí, hasta que sea hora de que vaya a recogerte I love you forever, my tiny
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Jan 20, 2019
Jan 20, 2019 at 8:28 PM UTC
Daisy
Mi amada Daisy Ya no tengo quien me avise cuando hay alguien en la puerta Quien se acurruque en mi panza cuando estoy triste Quien me vea preocupada cuando estoy enferma Quien duerma junto a mí en la cama, tapada de pies a cabeza Era el paraíso despertar con un bultito tan bello y calientito Mi chiquitita, my tiny Tan fría que querías parecer, pero cuánto me querías Todo el día pegada a mí, todo el día en mis piernas Corrías a sentarte en el tapete para acompañarme hasta en el baño Sabías perfectamente cuando me iba a ir de viaje Te subías a mi maleta, y escuchaba tus lloridos desde la puerta Mi vaquita, mi chilpetina Ya no tengo quien me despierte en la mañana para ir al baño Jamás te hiciste en la cama, ladrabas para que te bajara y te abriera Ladrabas y corrías a tu platito de agua cuando querías agua O frente a tu platito de comida exigiendo que era hora de comer Solita lo aprendiste, "Such a smart puppy!" Mi tinky winky, my ****** twinkle Ya no tengo a quien soplarle en la carita Y que como respuesta me llene de besos No tengo con quien batallar para que coma Ni a quien ponerle tus vestiditos todos chiquitos A quien observar, morir de amor, e inevitablemente llenar de besos Mi bébe, my puppy Eras tan fuerte que jamás te quejaste de nada Ni siquiera cuando tus pequeños riñones empezaron a fallar Siempre estuviste alegre, moviendo tu colita Excepto en tus últimos días, apagada Sabías que ya habías cumplido tu misión, que ya era hora Mi preciosura GRACIAS por quererme, por hacerme feliz con sólo verte GRACIAS por cuidarme, por absorber mis males y tristezas GRACIAS por esperar a que llegara para irte GRACIAS por ser fuerte cuando tu cuerpo más débil estaba, para poder decirnos adiós estando juntas, en casa GRACIAS por escogerme como mamá Mi florecita bella Fuiste la mejor y más hermosa perrita del Universo Tenerte fue lo mejor que me pudo haber pasado ¡Qué bonito habernos encontrado en esta vida! No sabes lo inmensamente feliz que me hiciste Te amo tanto y lo sabes, porque te lo decía cada 3 segundos Mi pequeña angelita hermosa Nos quedamos dormidas abrazadas, y viste el momento Amaneciste aún abrazada a mi brazo, pegada a mi pecho Con una carita feliz, llena de paz... pero ya en el arcoiris Ya no tengo quien haga todas esas cosas aquí Pero en todas partes te veo, y escucho tus ladriditos tan bellos Te guardo en mi corazón mientras me esperas en el arcoiris Jugando, corriendo, observándome y cuidándome Espérame ahí, hasta que sea hora de que vaya a recogerte I love you forever, my tiny
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…Los besos comenzaron leves, estructurados. Sus manos trazaban rutas en mi piel, deslizándose por mi pecho. Lo deseaba, lo quería dentro de mí y la idea de tenerlo me excitaba; me senté frente a él y con delicadeza tome su mano y puse dentro de mi ropa interior. Su dedo hizo contacto con mi piel humedecida, podía sentir como su respiración se aceleraba y se le endurecía. Dibujaba círculos en mi clítoris mientras me observaba; sonrisas coquetas se me escapaban mientras iba subiendo el ritmo y gemidos cuando lo sentía dentro de mí. Íbamos perdiendo el control, no importaba quien nos viera, quien me escuchara; su boca permanecía en la mía, rozándome la lengua de vez en cuando. Me había recostado entre medio de sus piernas, dejándole la libertad de explorar con su boca, contraía mis piernas en su espalda, podía ver la vida con los ojos cerrados. Aquello era delicioso, cuando se detuvo rozo su dedo dentro de mí y lo metió en mi boca, volvió a meter sus dedos dentro de mí mientras me dejaba huellas en los pezones. El mundo fue perdiendo sonido, la vista se me había ido y todo mi cuerpo estaba tenso, y húmedo. Al despertar yacía en sus brazos, completamente sudada pero él, a él le brotaba una sonrisa tierna y caprichosa. -Es una delicia verte así. Me encantas. -Eres una delicia y me encanta ser tuya infinitas veces.
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Apr 16, 2015
Apr 16, 2015 at 9:40 PM UTC
Viernes ******
Cuando miro la forma de América en el mapa, amor, a ti te veo: las alturas del cobre en tu cabeza, tus pechos, trigo y nieve, tu cintura delgada, veloces ríos que palpitan, dulces colinas y praderas y en el frío del sur tus pies terminan su geografía de oro duplicado. Amor, cuando te toco no sólo han recorrido mis manos tu delicia, sino ramas y tierra, frutas y agua, la primavera que amo, la luna del desierto, el pecho de la paloma salvaje, la suavidad de las piedras gastadas por las aguas del mar o de los ríos y la espesura roja del matorral en donde la sed y el hambre acechan. Y así mi patria extensa me recibe, pequeña América, en tu cuerpo. Aún más, cuando te veo recostada veo en tu piel, en tu color de avena, la nacionalidad de mi cariño. Porque desde tus hombros el cortador de caña de Cuba abrasadora me mira, lleno de sudor oscuro, y desde tu garganta pescadores que tiemblan en las húmedas casas de la orilla me cantan su secreto. Y así a lo largo de tu cuerpo, pequeña América adorada, las tierras y los pueblos interrumpen mis besos y tu belleza entonces no sólo enciende el fuego que arde sin consumirse entre nosotros, sino que con tu amor me está llamando y a través de tu vida me está dando la vida que me falta y al sabor de tu amor se agrega el barro, el beso de la tierra que me aguarda.
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Pequeña américa
El hijo que la esclava ha concebido, dice el derecho que le pertenece al legítimo dueño que obedece la esclava madre, de quien es nacido. El que retorna el campo agradecido, opimo fruto, que obediente ofrece, es del señor, pues si fecundo crece, se lo debe al cultivo recibido. Así, Lysi divina, estos borrones que hijos del alma son, partos del pecho, será razón que a ti te restituya; y no lo impidan sus imperfecciones, pues vienen a ser tuyos de derecho los conceptos de una alma que es tan tuya.
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Soneto
Hoy me siento triste y despojado me siento tan infeliz, tan desolado no puedo creer que el destino me prohíba tenerte a mi lado. Una tras otra, cada noche espero tu promesa esperando a que me des una carta o un mensaje pero en vano ... por un momento contigo, mi alma reza sin saber si en realidad tu piensas en mi, sin saber si tu das el mas mínimo suspiro por mi ser o mi existencia. Estoy solo, de nuevo, en esta noche de impotencia preguntándole a mi corazón la razón de esta locura que no me deja ni pensar ni vivir sin tu presencia. Cada vez que me niegas tus amistosas palabras siento como una daga mi pecho atraviesa tan profundo y tan doloroso como unas tijeras que cortan los lazos de mi amor hacia tu gentileza. Las noche sin ti es un interminable tormento sangra mi corazón herido y hambriento me siento tan solo sin ti, tan frió, tan muerto, sin ti me quedo sin aliento y con ganas de que este sea mi ultimo momento. No puedo sacarte de mi pensamiento, tan fuerte siento sobre ti que mi cuerpo sufre en silencio por esa jugarreta del destino y mi intenso remordimiento de no haber actuado antes y de haber perdido la oportunidad de ganar tu corazón y tu aprecio. No sabes las ganas que tengo de oír tus palabras susurrarme en el oído, aunque me llenes el alma con falsa esperanza para que después esos sueños mueran en el olvido. Tus recuerdos y tus fotos me lastiman el alma al pensar que tus sonrisas yo no puedo experimentarlas el dolor estará dentro de mi hasta el día en que tu te intereses en mi o hasta el momento en que yo me olvide de ti.. En la ventana miro la cuidad muerta, tan solitaria como mi alma que grita por tu cariño pero tu solo le cierras la puerta sin saber que lo único que quiero es cumplir mi destino. He llevado mi sufrimiento a las calles de mi pensamiento se ven como un paisaje desolado, tan frías y tan turbulentas, al final de un callejón en mi mente veo como tu me huyes y sufro al sentir como mis ojos se llenan de lagrimas sangrientas. Tu silencio ha esculpido mi llanto el viento frío que ha dejado mí aliento, esta noche he querido llorarte, pero solo he conseguido esperarte. Tengo tantas ganas y deseos de llamarte pero tengo tanto miedo de molestarte y decirte que te quiero. Si pudiera hacer que me entendieras o que por un momento esta desesperación sintieras, el sufrimiento que mi corazón experimenta al sentir como el amor aumenta pero la persona que se quiere ni siquiera lo enfrenta.. Tonto es el corazón, que al saber que aunque no hay razón sigue queriendo con tanta pasión sin importar el dolor causado por el desamor.
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Jan 28, 2015
Jan 28, 2015 at 10:52 PM UTC
Ignorancia
Hoy me siento triste y despojado me siento tan infeliz, tan desolado no puedo creer que el destino me prohíba tenerte a mi lado. Una tras otra, cada noche espero tu promesa esperando a que me des una carta o un mensaje pero en vano ... por un momento contigo, mi alma reza sin saber si en realidad tu piensas en mi, sin saber si tu das el mas mínimo suspiro por mi ser o mi existencia. Estoy solo, de nuevo, en esta noche de impotencia preguntándole a mi corazón la razón de esta locura que no me deja ni pensar ni vivir sin tu presencia. Cada vez que me niegas tus amistosas palabras siento como una daga mi pecho atraviesa tan profundo y tan doloroso como unas tijeras que cortan los lazos de mi amor hacia tu gentileza. Las noche sin ti es un interminable tormento sangra mi corazón herido y hambriento me siento tan solo sin ti, tan frió, tan muerto, sin ti me quedo sin aliento y con ganas de que este sea mi ultimo momento. No puedo sacarte de mi pensamiento, tan fuerte siento sobre ti que mi cuerpo sufre en silencio por esa jugarreta del destino y mi intenso remordimiento de no haber actuado antes y de haber perdido la oportunidad de ganar tu corazón y tu aprecio. No sabes las ganas que tengo de oír tus palabras susurrarme en el oído, aunque me llenes el alma con falsa esperanza para que después esos sueños mueran en el olvido. Tus recuerdos y tus fotos me lastiman el alma al pensar que tus sonrisas yo no puedo experimentarlas el dolor estará dentro de mi hasta el día en que tu te intereses en mi o hasta el momento en que yo me olvide de ti.. En la ventana miro la cuidad muerta, tan solitaria como mi alma que grita por tu cariño pero tu solo le cierras la puerta sin saber que lo único que quiero es cumplir mi destino. He llevado mi sufrimiento a las calles de mi pensamiento se ven como un paisaje desolado, tan frías y tan turbulentas, al final de un callejón en mi mente veo como tu me huyes y sufro al sentir como mis ojos se llenan de lagrimas sangrientas. Tu silencio ha esculpido mi llanto el viento frío que ha dejado mí aliento, esta noche he querido llorarte, pero solo he conseguido esperarte. Tengo tantas ganas y deseos de llamarte pero tengo tanto miedo de molestarte y decirte que te quiero. Si pudiera hacer que me entendieras o que por un momento esta desesperación sintieras, el sufrimiento que mi corazón experimenta al sentir como el amor aumenta pero la persona que se quiere ni siquiera lo enfrenta.. Tonto es el corazón, que al saber que aunque no hay razón sigue queriendo con tanta pasión sin importar el dolor causado por el desamor.
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Margarita está linda la mar, y el viento, lleva esencia sutil de azahar; yo siento en el alma una alondra cantar; tu acento: Margarita, te voy a contar un cuento:Esto era un rey que tenía un palacio de diamantes, una tienda hecha de día y un rebaño de elefantes, un kiosko de malaquita, un gran manto de tisú, y una gentil princesita, tan bonita, Margarita, tan bonita, como tú.Una tarde, la princesa vio una estrella aparecer; la princesa era traviesa y la quiso ir a coger.La quería para hacerla decorar un prendedor, con un verso y una perla y una pluma y una flor.Las princesas primorosas se parecen mucho a ti: cortan lirios, cortan rosas, cortan astros. Son así.Pues se fue la niña bella, bajo el cielo y sobre el mar, a cortar la blanca estrella que la hacía suspirar.Y siguió camino arriba, por la luna y más allá; más lo malo es que ella iba sin permiso de papá.Cuando estuvo ya de vuelta de los parques del Señor, se miraba toda envuelta en un dulce resplandor.Y el rey dijo: -«¿Qué te has hecho? te he buscado y no te hallé; y ¿qué tienes en el pecho que encendido se te ve?».La princesa no mentía. Y así, dijo la verdad: -«Fui a cortar la estrella mía a la azul inmensidad».Y el rey clama: -«¿No te he dicho que el azul no hay que cortar?. ¡Qué locura!, ¡Qué capricho!... El Señor se va a enojar».Y ella dice: -«No hubo intento; yo me fui no sé por qué. Por las olas por el viento fui a la estrella y la corté».Y el papá dice enojado: -«Un castigo has de tener: vuelve al cielo y lo robado vas ahora a devolver».La princesa se entristece por su dulce flor de luz, cuando entonces aparece sonriendo el Buen Jesús.Y así dice: -«En mis campiñas esa rosa le ofrecí; son mis flores de las niñas que al soñar piensan en mí».Viste el rey pompas brillantes, y luego hace desfilar cuatrocientos elefantes a la orilla de la mar.La princesita está bella, pues ya tiene el prendedor en que lucen, con la estrella, verso, perla, pluma y flor.Margarita, está linda la mar, y el viento lleva esencia sutil de azahar: tu aliento.Ya que lejos de mí vas a estar, guarda, niña, un gentil pensamiento al que un día te quiso contar un cuento.
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A margarita debayle
Margarita está linda la mar, y el viento, lleva esencia sutil de azahar; yo siento en el alma una alondra cantar; tu acento: Margarita, te voy a contar un cuento:Esto era un rey que tenía un palacio de diamantes, una tienda hecha de día y un rebaño de elefantes, un kiosko de malaquita, un gran manto de tisú, y una gentil princesita, tan bonita, Margarita, tan bonita, como tú.Una tarde, la princesa vio una estrella aparecer; la princesa era traviesa y la quiso ir a coger.La quería para hacerla decorar un prendedor, con un verso y una perla y una pluma y una flor.Las princesas primorosas se parecen mucho a ti: cortan lirios, cortan rosas, cortan astros. Son así.Pues se fue la niña bella, bajo el cielo y sobre el mar, a cortar la blanca estrella que la hacía suspirar.Y siguió camino arriba, por la luna y más allá; más lo malo es que ella iba sin permiso de papá.Cuando estuvo ya de vuelta de los parques del Señor, se miraba toda envuelta en un dulce resplandor.Y el rey dijo: -«¿Qué te has hecho? te he buscado y no te hallé; y ¿qué tienes en el pecho que encendido se te ve?».La princesa no mentía. Y así, dijo la verdad: -«Fui a cortar la estrella mía a la azul inmensidad».Y el rey clama: -«¿No te he dicho que el azul no hay que cortar?. ¡Qué locura!, ¡Qué capricho!... El Señor se va a enojar».Y ella dice: -«No hubo intento; yo me fui no sé por qué. Por las olas por el viento fui a la estrella y la corté».Y el papá dice enojado: -«Un castigo has de tener: vuelve al cielo y lo robado vas ahora a devolver».La princesa se entristece por su dulce flor de luz, cuando entonces aparece sonriendo el Buen Jesús.Y así dice: -«En mis campiñas esa rosa le ofrecí; son mis flores de las niñas que al soñar piensan en mí».Viste el rey pompas brillantes, y luego hace desfilar cuatrocientos elefantes a la orilla de la mar.La princesita está bella, pues ya tiene el prendedor en que lucen, con la estrella, verso, perla, pluma y flor.Margarita, está linda la mar, y el viento lleva esencia sutil de azahar: tu aliento.Ya que lejos de mí vas a estar, guarda, niña, un gentil pensamiento al que un día te quiso contar un cuento.
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Te he aprendido a amar con tus imperfecciones, pues tú has aprendido a amarme con las mías. Has cautivado cada parte de mi ser. Esa curvatura insaciable que conjuga tu estatura de almirante. Mi iris se centra en ti, en tu mirada penetrante, cada vez que soy parte de tu horizonte. Te he aprendido a amar con tus marcas de combate y las he apreciado como si hubiesen sido talladas por el más pretigiado escultor. Haces que de mi rostro reluzca un símbolo de paz, esa risa coqueta que solo se presenta cuando tú estás. Tus dedos forman parte de la más perfecta obra musical, mis oídos se percatan de cada nota que en el aire flota. Te he aprendido a amar en las peores circunstancias y orgullosa me siento por haber sido ese necesitado sustento que siempre has merecido. Seré tu camino al placer por el tiempo que desees, al igual que seré tu mejor amiga cuando sientas que tu pecho desahogar debes. No me importa tu cuerpo, ni nada que la sociedad clasifique como algo "imperfecto", la belleza corporal se va y quienes se quedan son los sentimientos. Esa gentileza y sentido del humor fueron los que me inclinaron hacia ti, eres mi musa, mi inspiración. Sobre ti puedo contar las más grandes aventuras. Te he aprendido a amar, en todos los aspectos, duele cuando dudas sobre lo que por ti siento. Aunque los años pasen y nuestros seres ya no sean encontrados, mis sentimientos por ti permanecerán intactos.
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Apr 17, 2015
Apr 17, 2015 at 1:25 PM UTC
Piel morena, ojos café
Mi sombra va silenciosa por el agua de la acecia.   Por mi sombra están las ranas privadas de las estrellas.   La sombra manda a mi cuerpo reflejos de cosas quietas.   Mi sombra va como inmenso cínife color violeta.   Cien grillos quieren dorar la luz de la cañavera.   Una luz nace en mi pecho, reflejado, de la acequia.
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Debussy
I dreamt you today. I dreamt that I went to see you. I wanted to surprise you while you were sleeping But, when you woke up you caught me trying to go inside. You told me to come lay next to you. I laid my head next to your chest and we were just talking. We held hands. We cuddled. I fetlt safe by your side I knew that everything was okay I knew that I loved you even more We wrestled for a bit, you let me win each time. I looked at you whenever you weren´t looking and I was thankful that you were mine. But then I woke up and I then knew it was just a dream. I went back on feeling that same emptiness inside my heart. I´d rather go back on dreaming knowing that you´re close when I dream about you. I love you. Te soné hoy Soné que te fui a ver Te quería dar una sorpresa mientras dormías Pero te despertaste y me cachaste tratando de entrar Me dijiste que me acueste a tu lado Puse mi cabeza en tu pecho y solo estuvimos platicando Nos agarramos de la mano Nos dimos cariño Me sentí segura a tu lado Sabia que todo iba estar bien Sabia que te quería MAS Jugamos de luchar un poco, pero me dejabas ganar cada vez Te miraba cada vez que no me estabas viendo y pensé que suerte tengo en tenerte Pero después me desperté  y sabia que solo era un sueno. Regrese en sentir ese sentimiento de solitez dentro de mi pecho Prefiero regresar a sonar, porque se que estas cerca cuando te sueno. Te quiero.
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Jan 12, 2015
Jan 12, 2015 at 1:14 PM UTC
Dream (sueño)
Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras: los astros y los hombres vuelven cíclicamente; los átomos fatales repetirán la urgente Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras. En edades futuras oprimirá el centauro con el casco solípedo el pecho del lapita; cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita noche de su palacio fétido el minotauro. Volverá toda noche de insomnio: minuciosa. La mano que esto escribe renacerá del mismo vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo. (David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa). No sé si volveremos en un ciclo segundo como vuelven las cifras de una fracción periódica; pero sé que una oscura rotación pitagórica noche a noche me deja en un lugar del mundo que es de los arrabales. Una esquina remota que puede ser del Norte, del Sur o del Oeste, pero que tiene siempre una tapia celeste, una higuera sombría y una vereda rota. Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres trae el amor o el oro, a mí apenas me deja esta rosa apagada, esta vana madeja de calles que repiten los pretéritos nombres de mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez... Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas, las repúblicas, los caballos y las mañanas, las felices victorias, las muertes militares. Las plazas agravadas por la noche sin dueño son los patios profundos de un árido palacio y las calles unánimes que engendran el espacio son corredores de vago miedo y de sueño. Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras; vuelve a mi carne humana la eternidad constante y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante: «Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...»
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La noche cíclica
Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras: los astros y los hombres vuelven cíclicamente; los átomos fatales repetirán la urgente Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras. En edades futuras oprimirá el centauro con el casco solípedo el pecho del lapita; cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita noche de su palacio fétido el minotauro. Volverá toda noche de insomnio: minuciosa. La mano que esto escribe renacerá del mismo vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo. (David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa). No sé si volveremos en un ciclo segundo como vuelven las cifras de una fracción periódica; pero sé que una oscura rotación pitagórica noche a noche me deja en un lugar del mundo que es de los arrabales. Una esquina remota que puede ser del Norte, del Sur o del Oeste, pero que tiene siempre una tapia celeste, una higuera sombría y una vereda rota. Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres trae el amor o el oro, a mí apenas me deja esta rosa apagada, esta vana madeja de calles que repiten los pretéritos nombres de mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez... Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas, las repúblicas, los caballos y las mañanas, las felices victorias, las muertes militares. Las plazas agravadas por la noche sin dueño son los patios profundos de un árido palacio y las calles unánimes que engendran el espacio son corredores de vago miedo y de sueño. Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras; vuelve a mi carne humana la eternidad constante y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante: «Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...»
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Pequeña rosa, rosa pequeña, a veces, diminuta y desnuda, parece que en una mano mía cabes, que así voy a cerrarte y a llevarte a mi boca, pero de pronto mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios, has crecido, suben tus hombros como dos colinas, tus pechos se pasean por mi pecho, mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada línea de luna nueva que tiene tu cintura: en el amor como agua de mar te has desatado: mido apenas los ojos más extensos del cielo y me inclino a tu boca para besar la tierra.
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En ti la tierra