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"pasear" poems
Pequeño por fuera, enorme por dentro cazador de nacido, mañoso aprendido de orejas grandes y cola parada. El mejor amigo, mi mejor amigo distraído, te llamaba el instinto me querías y yo te quiero Solo espero que estés en un cielo donde vivan grillos y conejos donde comas como tanto te gustaba donde juegues hasta no poder, donde duermas como nunca, donde puedas darte un baños de sol donde el agua no te falte y tengas amigos con quien compartir. Si no hay cielo para perros ven a mi corazón que aquí te quiero. Ojala pudiera haber estado ahí para cuidarte y acariciarte, rascarte la panza y pasear contigo.
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Aug 20, 2018
Aug 20, 2018 at 11:40 PM UTC
Pequeño por fuera, enorme por dentro.
Yo también... ¡Sí! Yo tengo -¿por qué no confesarlo?- un pequeño fantasma, un duende de familia. No vaya a suponerse que mi pequeño duende sea un fantasma hierático, espectral, de castillo; uno de esos fantasmas que arrastran el espanto entre viejas panoplias y gritos coagulados, o delatan incestos dentro de una armadura. cuando el silencio calza las funerarias mallas con que a Hamlet le place pasearse entre las tumbas. Mi fantasma es doméstico, recatado, apacible. Jamás le he sorprendido actitudes de almena, ni lo he visto hospedarse en la caja de un péndulo, para que sus entrañas se pueblen de latidos. Cotidiano, tranquilo, modesto, de bolsillo, mi pequeño fantasma no ahuyenta los retratos, ni adopta almas de piedra o heráldicas posturas. Tal cual es, sin embargo, engalana mis noches y es el único lujo de mis horas vacías. Ya sé que con frecuencia revuelve mis papeles, esconde alguna carta, empaña mis anteojos, me humilla al obligarme a buscar los gemelos debajo de la cómoda, me esconde la boquilla; pero es él quien mitiga la fiebre del insomnio, quien impide que pierdan el compás las canillas, quien oprime las llagas de las puertas pintadas y conforta el silencio, la soledad, el frío, al pasear por los cuartos su incorpórea presencia de fantasma benigno, de duende que vigila las sombras y los ruidos.
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Confidencia prosaica
Quisiera esta tarde divina de octubre pasear por la orilla lejana del mar; que la arena de oro, y las aguas verdes, y los cielos puros me vieran pasar. Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera, como una romana, para concordar con las grandes olas, y las rocas muertas y las anchas playas que ciñen el mar. Con el paso lento, y los ojos fríos y la boca muda, dejarme llevar; ver cómo se rompen las olas azules contra los granitos y no parpadear; ver cómo las aves rapaces se comen los peces pequeños y no despertar; pensar que pudieran las frágiles barcas hundirse en las aguas y no suspirar; ver que se adelanta, la garganta al aire, el hombre más bello, no desear amar... Perder la mirada, distraídamente, perderla y que nunca la vuelva a encontrar: y, figura erguida, entre cielo y playa, sentirme el olvido perenne del mar.
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Dolor
pasear por la calle a la hora de la noche nadie más sólo tú y tu amor desconectado de todo manos a manos charlando por un rato unos minutos estar juntos se les hace feliz unos minutos que tienen los dos..
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Jul 23, 2017
Jul 23, 2017 at 7:47 AM UTC
Pa' dar un paseito
¿se fue por el aire o era una invención de cuello verde Isidoro Ducasse de Lautréamont se fue por el aire o era: una invención de cuello verde un Isidoro del otro amor que comía rostros podridos melancolías desesperos penas blanquitas tristes furias y erguía entonces su valor y reemplazaba la desdicha por unos cuantos resplandores el sudamericano magnífico de algas en la boca ¿dónde encontraba resplandores? los encontró en rostros podridos melancolías desesperos penas blanquitas tristes furias que le tocaron corazón como se dice lo pudrieron desesperaron atristaron se lo vio como un pajarito en Canelones y Boul' Mich' pasear a la Melanco Lía como una noviecita pura disimulando violaciones cometidas en el quartier "oh dulce novia" le decía clavándola contra sus brazos abiertos y una especie de mar le salía a Lautréamont por la mirada por la boca por las muñecas por la nuca "a ver cómo te mueres" le decía "bella" le decía mientras la amaba especialmente y la desarmaba en París como una fiesta como un fuego ayer crepita todavía en un cuarto de Poissonières que huele a suda mericano ea Ducasse Latréamont montevideano ea ea en vide o monte de ta mort parecía una bola de oro una calor desenvainada la tristeza decapitó la furia desenfureció se fue por el aire o era un Isidoro Ducasse muerto solamente por esta vez o como lluvia de otro amor mojó a Nuestra Dama de la Comuna armada y amada con la belleza que subía de su cuello verde podrido en mil nueve sesentisiete por la barranca de los loros se lo oyó como que volaba o parecía crepitar contra la selva agujereada los desesperos del país las melancolías más gordas pero fue el otro que cayó solamente por esta vez mientras Ducasse descansaba en un campamento de sombras
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Sudamericanos
¿se fue por el aire o era una invención de cuello verde Isidoro Ducasse de Lautréamont se fue por el aire o era: una invención de cuello verde un Isidoro del otro amor que comía rostros podridos melancolías desesperos penas blanquitas tristes furias y erguía entonces su valor y reemplazaba la desdicha por unos cuantos resplandores el sudamericano magnífico de algas en la boca ¿dónde encontraba resplandores? los encontró en rostros podridos melancolías desesperos penas blanquitas tristes furias que le tocaron corazón como se dice lo pudrieron desesperaron atristaron se lo vio como un pajarito en Canelones y Boul' Mich' pasear a la Melanco Lía como una noviecita pura disimulando violaciones cometidas en el quartier "oh dulce novia" le decía clavándola contra sus brazos abiertos y una especie de mar le salía a Lautréamont por la mirada por la boca por las muñecas por la nuca "a ver cómo te mueres" le decía "bella" le decía mientras la amaba especialmente y la desarmaba en París como una fiesta como un fuego ayer crepita todavía en un cuarto de Poissonières que huele a suda mericano ea Ducasse Latréamont montevideano ea ea en vide o monte de ta mort parecía una bola de oro una calor desenvainada la tristeza decapitó la furia desenfureció se fue por el aire o era un Isidoro Ducasse muerto solamente por esta vez o como lluvia de otro amor mojó a Nuestra Dama de la Comuna armada y amada con la belleza que subía de su cuello verde podrido en mil nueve sesentisiete por la barranca de los loros se lo oyó como que volaba o parecía crepitar contra la selva agujereada los desesperos del país las melancolías más gordas pero fue el otro que cayó solamente por esta vez mientras Ducasse descansaba en un campamento de sombras
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Este armazón de huesos y pellejos, de pasear una cabeza loca se halla cansado al fin, y no lo extraño, pues, aunque es la verdad que no soy viejo, de la parte de vida que me toca en la vida del mundo, por mi daño he hecho un uso tal, que juraría que he condensado un siglo en cada día. Así, aunque ahora muriera, no podría decir que no he vivido; que el sayo, al parecer nuevo por fuera, conozco que por dentro ha envejecido. Ha envejecido, sí, ¡pese a mi estrella! Harto lo dice ya mi afán doliente, que hay dolor que al pasar, su horrible huella graba en el corazón, si no en la frente.
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Rima lvii
En Londres o Madrid, Ginebra o Roma, ha sorprendido, ingenuo paseante, el mismo taedium vitae en vario idioma, en múltiple careta igual semblante. Atrás las manos enlazadas lleva, y hacia la tierra, al pasear, se inclina; todo el mundo a su paso es senda nueva, camino por desmonte o por rüina. Dio, aunque tardío, el siglo diecinueve un ascua de su fuego al gran Baroja, y otro siglo, al nacer, guerra le mueve, que enceniza su cara pelirroja. De la rosa romántica, en la nieve, él ha visto caer la última hoja.
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Pío baroja